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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

EDITORIAL

Sandro Gallazzi

  

 

Invito a todos nuestros lectores a pasear con nosotros por las páginas de este número de RIBLA para que, en compañía de varias amigas y amigos de esta nuestra patria grande, Abya Yala, podamos saborear el gusto de la tierra, del pan, del agua, del placer, de la vida. Una vida que debe ser amada, vivida y defendida, para que un día cese todo lo que, con las fuerzas de la muerte, hace gemir a toda la creación.
Ecología: no como los falsos programas financiados por el Banco Mundial que intentan mantener artificialmente viva la naturaleza, con sus hipócritas políticas de desarrollo. Ecología como selva palpitante en nuestra vida, como fe en la vida en esta ciudad llena de muerte, como compromiso con la vida de todo y de todos, en especial de los indefensos, de los pequeños, de los últimos.
Ivone Gebara, nordestina querida y compañera, nos toma de la mano y nos conduce en el primer paso de nuestro caminar, cuestionando, provocando, estimulando, como sólo ella lo sabe hacer. Nos ayuda a repensar la creación desde nuevas referencias. La creación no como un momento del pasado, de un ayer bonito y después estropeado, sino como un proceso constante, capaz de recomenzar a cada instante en nosotros y con nosotros.
En la perspectiva eco-feminista, Ivone nos ayuda a criticar toda una lectura patriarcal de la Biblia que por largo tiempo ha justificado la violencia contra la mujer, la naturaleza y la vida, y nos hace repensar a nosotros mismos como elementos participantes del único cuerpo que es la vida, que es la naturaleza, que es Dios, y no como dominadores, superiores, señores del universo. Nos desafía, a pesar de las incertidumbres y de las dudas, a una nueva alianza, aunque no siempre en los moldes bíblicos, en la tentativa de que seamos fieles a las personas de nuestro tiempo, a nuestra historia, a nuestro cuerpo, a nosotros mismos.
José Severino Croatto, maestro desde los campos que circundan la linda Buenos Aires, nos brinda un interesantísimo ensayo que nos lleva a reflexionar sobre las prácticas de guerra de los asirios, egipcios y babilonios. A partir del análisis de las implicaciones de opresión económica y política de esta práctica concluye, en sintonía con Ivone, que el poder, para lograr manifestarse, necesita destruir la naturaleza, subyugándola a sus intereses. El hacha de ayer y el napalm devastador de hoy, provocan el mismo gemido de la naturaleza que lamenta sus heridas, y de pueblos enteros inmolados a los deseos de dominación de los más fuertes. Severino va más al fondo buscando mostrar cómo el modelo mitológico de Gilgamesh, del héroe conquistador y civilizador, es justamente el del destructor de bosques, el arrasador de campos. Este modelo guió la actuación de los poderosos y fue asumido también por los reyes de Judá e Israel, lo que provocó la resistencia profética. Interesantes son asimismo las reflexiones conclusivas acerca de las amenazas de una intervención, muchas veces “anti-ecológica”, del poder justiciero de Dios. Es la inversión de la práctica de los poderosos de la tierra para que la vida pueda triunfar sin más amenazas y miedos.
Sandro Gallazzi, sumergido en medio de la selva amazónica, se pone a la escucha del gemido sofocado de las “exiliadas”, las mujeres víctimas, desde siempre, de los horrores de tantas, de todas las guerras, y del llanto de los hijos “bastardos”, generados por úteros violentados y despreciados. Y nos acompaña, estupefacto, a ver transformarse este grito en palabras de consuelo, de esperanza. El grito se convierte en fuente de una nueva teología, capaz de multiplicar los rostros de un único Dios, tan único y tan múltiple que es también Dios de mujeres violentadas, de hijos bastardos, de naciones despreciadas. En las palabras del Segundo Isaías, Sandro nos hace ver el sueño de una vida reconstruida, rehecha, sin más caos, tinieblas, desiertos y abismos asustadores, sueño de úteros fértiles, de senos hartos, de tiendas abiertas, de casas llenas de hijos, de vida, de pan repartido. Sueño que convive, como nos enseña la experiencia milenaria de los pobres, con el dolor, el sufrimiento y hasta la muerte de quien, hecho esclavo de Yavé, se obstina en soñar que este sueño es para todos y es posible: dar la vida para que todos tengan vida.
Nuestro caminar continúa pasando por la literatura post-exílica. Tres amigos nos van a llevar por estos senderos.
Marcelo de Barros Souza, desde el monasterio de Nuestra Señora de la Paz, allá en la meseta goiana, tierra rica y sufrida, eternamente disputada, tierra de sudor y de cercas, de peones ganaderos, de ricos hacendados y de trabajadores esclavos, nos encanta con su reflexión sobre los Salmos. Cantar la naturaleza, cantar sus fenómenos es dejar cantar a la naturaleza, es abrir nuestros oídos para escuchar este canto nuevo que es escuchado por todos los pueblos. Es el universo que canta el nombre de Dios (Sal. 8). Marcelo nos hace saborear salmos pre-israelitas, memorias de cultos a las fuerzas de la naturaleza, a la fertilidad de la tierra y al poder del sol, y nos lleva a una comprensión más ecuménica de la alianza que une a Dios y a los pueblos, y a éstos entre sí, en un compromiso mayor con la vida. Una verdadera espiritualidad ecológica en sus dimensiones ecuménica, humana, liberadora, amorosa y contemplativa.
Leif Vaage, con su larga experiencia peruana, nos escribe desde las frías tierras de Canadá y nos sorprende. Su propuesta de lectura del libro de Job vuelve al revés nuestras interpretaciones y se impone como una novedad estimulante que, con certeza, marcará presencia. Leif rechaza usar la clave clásica del justo e inocente Job, representante de los oprimidos que sufren, que cuestiona y derrumba la teología sapiencial de la retribución. La respuesta de Dios, desde la tempestad, es provocadora y cuestiona profundamente la queja de Job, que sólo ve esclavitud, impotencia, desilusión. No es verdad que a sus criaturas Dios “les cierra el camino por todos lados”. Dios creó libertad, autonomía, fuerza para luchar. El caballo de guerra no teme ni se acobarda frente a la espada, el asno salvaje no se somete a los arreos, el búfalo no duerme en el establo, y hasta el leviatán “si llegas a tocarlo con tu mano, te hará una guerra que no olvidarás, y nunca más volverás a hacerlo”. La libertad de la naturaleza es un llamado a la dignidad. Sólo el ser humano y los animales “civilizados” aceptan la esclavitud. Lejos de llorar y cuestionar a Dios, Job necesita convertirse y cuestionarse a sí mismo. Leif cuestiona así nuestras lecturas que pretenden ser liberadoras, pero que no siempre desafían a las personas a descubrir dentro de ellas las simientes de libertad que el Creador dejó como su marca mayor.
Ana Maria Rizzante, compañera de caminata y partícipe en el amor y en el compromiso con este pueblo mestizo de la embocadura del río Amazonas, nos deleita, trabajando el Cantar de los Cantares, encontrando en él la eterna lucha de la mujer contra los querubines, asustadores leones de granja, que nos prohíben el acceso al paraíso y al arca de la palabra santa, controlados por los poderosos. Es la búsqueda de la paz, del bien, de la satisfacción, del gozo, alcanzados haciendo el amor,

...porque nada hay más importante, más serio, más sagrado, más divino que pueda ser hecho, que estar juntos, estar desnudos, ser carne una del otro, sin tener ninguna vergüenza...

El Cantar como fe en la posibilidad de reconstruir el paraíso sin dominación, sin violencia, ni dolor, sin palacio, templo, contratos, reglas de pureza y de comportamiento. El Cantar como nueva manera de hacer profecía: viña como mujer, viña como tierra, no para el lucro de los hermanos o del rey, sino “para la vida, para el placer, para el juego, para el amor”. ¡Mi viña es sólo mía! El Cantar como pascua, como primavera capaz de fecundar, de gestar, de parir un jardín que con certeza vencerá contra las fuerzas de la muerte. El Cantar como proclamación de que Dios tiene cuerpo y rostro de mujer capaz de ser para todos sus amados “una fuente de agua viva”, “una mensajera de paz”. Es la más pura ecología: la reconstrucción del jardín primitivo y definitivo.
Allá del norte, cerca del muro de acero que todavía resiste en pie y divide a ricos y pobres, allá, de las sufridas tierras de México y de Guatemala, nos llegan más presentes y riquezas.
Elisa Estévez busca en los sinópticos los

...elementos que sustentan nuestra opción para vivirnos en armonía con todo el cosmos, sintiéndonos parte de la creación, es decir, “criaturas con”.

Las raíces milenarios de los mayas ayudan a descubrir cómo los elementos de la naturaleza sirven como símbolos, sacramentos de la experiencia del Dios encarnado en la historia. Cuatro son los temas que Elisa trabaja en este ensayo. La casa es símbolo del espacio de acogida, de solidaridad y de comunicación. La criatura, alimentada por el cuidado amoroso de Dios, se torna señal viva de una relación no prepotente del ser humano con el resto de la creación. El monte es vivido como el lugar sagrado, como espacio de comunión con la divinidad, como experiencia de la proximidad de lo divino. La luz y las tinieblas son elementos de la naturaleza que nos ayudan a conocer el perenne conflicto entre la vida y la muerte, e indican los rumbos de una lucha permanente en favor de la vida.
José Cárdenas Pallares, desde sus “playitas encantadoras” en la orilla del Pacífico, ve aproximarse un tipo de sociedad que, por dinero, está destruyendo inexorablemente la naturaleza y auto-destruyéndose, y se pregunta si es posible otra manera de vivir. Dirige esta pregunta al evangelio de Lucas 12, 22-31, y busca alternativas en él: “No se preocupen...”. José, al trabajar esta perícopa lucana, encuentra la propuesta más dura y radical de Jesús frente a la situación de su tiempo. La búsqueda del reinado de Dios es lo que realmente debe importar. No se trata de una simple fe en la creación, ni en la madre naturaleza, esto es, en los pájaros y en las flores del campo. Se trata de creer en una propuesta que abarca todas las dimensiones de nuestra vida y nos hace sujetos de la construcción de la fiesta, del perdón, de la alegría. Los valores son puestos no por los poderosos, y sí a partir de los débiles. ¡No se puede servir a dos señores! Por cierto, nadie garantiza su futuro con acumulaciones, o ricos planes de jubilación. El futuro es don de Dios. La vivencia de estos valores es la que nos permite garantizar la vida, la de la naturaleza, y la nuestra en ella y con ella.
Raúl Lugo Rodríguez, un amigo más de este México tan sufrido, muro de Berlín del neoliberalismo, nos hace sentir su voz cargada de ternura y de esperanza. El nos conduce por medio de palabras duras de entender: palabras de destrucción del mundo, de los cielos, de la tierra y de la promesa apocalíptica de reconstrucción de nuevos cielos y nuevas tierras. Las palabras de 2 Pedro 3, 5-13, presentadas con conocimiento y detalles exegéticos, pasan a resonar en nuestros oídos como la respuesta, dura, pero llena de esperanza, a quien, como nosotros, ya no enchufa con la parusía, no hace del fin un elemento de su espiritualidad. Dos destrucciones: la de las aguas, ayer, la del fuego, mañana, en el fin. Destrucción de relaciones de muerte y de estructuras de injusticia. Entre las dos destrucciones se da nuestro caminar. Raúl nos desafía, a los cristianos, junto con todos los seres humanos, “a conservar y hacer crecer esta casa común que Dios creó para todos”. Pues los nuevos cielos y la nueva tierra serán la vida definitiva de todo lo que de bueno sabremos construir nosotros, nuestros antepasados, los que nos sucederán. Con las palabras del padre Jorge, Raúl nos explica el cielo:

¡Imaginen! Llegar allá y poder ver de nuevo Chichén Itzá en su majestuoso esplendor. ¡Ah... lo veremos, no obstante, en su ambiente natural, sin este desmatamiento asesino que transformó el lugar de culto de nuestros abuelos en un espectáculo insulso para turistas gringos.

Y, para terminar, del corazón de nuestra Abya Yala, de los altos de los Andes bolivianos y aymaras, oiremos la voz de Diego Irarrázabal que nos hace pensar a partir de las categorías andinas. Este estudio, fruto del quinto encuentro de teología andina, nos presenta la cultura andina como lugar teológico donde, a partir de la milenaria experiencia de estos pueblos, son repensadas y redefinidas realidades como palabra, cuerpo, reino, espíritu, comunidad y que, después de esta mezcla cultural, se nos presentan con un rostro más rico, pluridimensional, concreto, que nos permite “reconocer a Cristo presente en el modo de vivir quechua, aymara, mestizo”. La interacción entre pachamama y cuerpo de Cristo, entre “fies-ta” y Reino de Dios, entre pequeñines y eklesia, entre ritos andinos y espíritus, entre casa y universo, clarifican, apuntan hacia nuevos rumbos, abren puertas a una comprensión holística del misterio y de la vida. Diego nos ayuda a “que seamos fieles a lo que cada uno y todos somos o ansiamos ser”. Y nos hace superar el “falso dilema entre ser andino o ser moderno, entre ser andino o ser cristiano”.
Este número termina brindándonos dos reseñas. Jorge Pixley nos presenta la Introducción al Antiguo Testamento de Antonio R. Ceresko, resultado de cursos impartidos sobre el asunto, en una clave liberadora. Con Dagoberto Ramírez tenemos la oportunidad de conocer mejor el interesante trabajo de Ched Myers, Evangelho de São Marcos, que busca ser una lectura política al servicio de la lucha de las “periferias”.
La lectura atenta de estos textos nos llevará a sentir juntos nuestra responsabilidad común por la vida y nos desafiará a una coherencia ecológica y comunitaria para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia.
A todos quienes colaboraron para que este trabajo se realizase, nuestro agradecimiento.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.