www.claiweb.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

“POR MEDIO DE EL, EL DESIGNIO DE DIOS
HA DE TRIUNFAR” 1

Sandro Gallazzi

 

Es común pensar en los exiliados, pero difícilmente pensamos en las exiliadas. Sin embargo, con certeza las había. Las mujeres exiliadas son saqueo, son despojo, son botín. Hacen parte de lo que debe ser repartido entre los soldados. ¿Y los hijos...? No son ni babilonios ni judíos. Son bastardos para unos, impuros para los otros. ¿Cuál es su genealogía? ¡Bastardos! ¡Naciones! Es de este grupo de excluidos y excluidas que surge la buena noticia, surge una teología nunca pensada de esta manera. Lo nuevo pasa por la boca de la mujer violentada y despreciada. Una nueva forma de pensar la naturaleza: amiga, solidaria, desmitizada, casa de la vida de la gente. Se experimenta también una nueva divinidad: creadora, llena de ternura, fuerte, amiga y redentora. Es una divinidad única, aunque “completa”, suma de todo lo que sea elemento de vida, de seguridad, de esperanza para los pobres. Es una divinidad de las naciones. Es poderosa porque es capaz de hacer que el esclavo, el excluido, la víctima de la violencia, se haga el mediador de la nueva alianza.

We often think of exiled persons, but seldom of exiled women. But surely there were exiled women! Exiled women are the spoils, the booty, the pickings. They are part of what the soldiers  divy up among themselves. The children...? They are neither Babylonians nor Judahites. To some they are bastards; to others, impure. What is their genealogy? Bastards! The Nations! And it is from this group of excluded men and women that the good news arises, a theologie that had never been thought through in this manner. What is new comes from the mouth of a woman who has been violated and humiliated. A new way  to think about nature: a friend, an ally, demythologized, a home where people live. A new divinity is also experienced: creator, full of tenderness, strong, friend and redeemer. This is a single but ‘complete’ divinity, the summation of every thing of evey kind that serves as an element of live, of security, of hope for the poor. This is a divinity of the nations. She is powerful because she is able to make the slave, the excluded person, the victim of violence into the mediator of the new covenant.

 

1. La creación gime

Aun aquí, en medio de la exuberancia de la floresta amazónica, escucho este gemido. Un gemido que asume interminables sonidos: el ruido ensordecedor de las motosierras cortando troncos y troncos de madera que irán a formar largas balsas, traídas hasta los aserraderos por los barcos con sus motores monótonamente bulliciosos.
Es el ruido leve y desgarrador del facón cortando la palmera para sacar el palmito, transformando la comida básica de nuestro pueblo, en un elemento sofisticado de la cocina francesa: coeur de palme, corazón de palmera: sin corazón nada vive. Es el inaudible gemido de nuestros ríos envenenados por el mercurio, a cambio de oro, en minas donde la vida humana vale mucho menos que una pepita.
Es fuerte el rugido de los motores de las embarcaciones frigoríficas que, con sus redes, llevan el camarón, el grande, a las mesas estadounidenses, y arrojan fuera toneladas de pescado arruinado.
Es el llanto de las madres, el sollozo sofocado de los padres al ver a sus pequeños menguar a causa de la malaria, del sarampión, enfermedades invencibles para quien no gana nada. Es la rabia sorda y silenciosa del agricultor, explotado como esclavo por su patrón.
Un gemido continuo, constante, permenentemente mezclado con el canto de los pájaros, con el alboroto de los monos, con el rugido del jaguar, con el rumor de las hojas mecidas por el viento, con las canciones festivas de nuestra gente.
Tierra y pueblo gimiendo y cantando juntos, siempre, como sólo ellos lo saben hacer, en esta sinfonía que produce la vida.
Me parece estar cerca, estar sumergido en este mundo que por largo tiempo fue también el mundo de la Biblia, cuando la naturaleza era tratada como un “tú” y no como un “eso”, y con ella se entraba en un diálogo personal y próximo 2: Dios/ses, el pueblo, la tierra, formaban un trinomio indisoluble llamado vida. Esta no existía al faltar uno de los elementos.
Para defender este orden habían surgido los mitos, los tabúes, lo sagrado. Una visión “religiosa” de la realidad para explicar y garantizar objetivos y relaciones, para explicar y evitar conflictos y legitimar estructuras sociales. Lluvia y rocío, sol y luna, aguas y tierra, mares y abismos, animales y fieras, así como reyes, jefes, sacerdotes... todo era representación de fuerzas celestiales y terrenas, uránicas, para garantizar la fecundidad, la fertilidad, la vida.
Cada clan, cada casa, cada grupo, tenía su divinidad, y por eso su orden y su lugar en la naturaleza, en la sociedad y en la casa de los dioses y de las diosas. Hasta que alguien más fuerte, después de una zafra mejor que llenó su depósito más que el de los otros, circundó su almacén con un muro, construyó su palacio, montó su cuartel y edificó un templo. Nació así la ciudad, el Estado dominador: la obra de Caín después de matar a Abel (Gn. 4, 17).
En la boca de la ciudad y de su templo, los mitos se transformaron en trampas legitimadoras de todo tipo de opresión y empezó el gemido de la creación. Hasta YHWH, el Dios de la historia, de los gestos liberadores contra la ciudad y su dominación, fue transformado en un mito legitimador de la monarquía davídica y del templo salomónico. Todo fue puesto al servicio de los poderosos: la naturaleza ya no era garantía de vida para el pueblo, sino tributo pesado para el palacio del rey, y holocaustos, sacrificios, oblaciones, para los altares de los sacerdotes. A cambio de la vida del pueblo, decían.
Comenzó de este modo el círculo vicioso: para tener más vida, tengo que renunciar a mi vida para dar vida al rey, hijo de Dios, y al sacerdote, su representante. Gente ésta de un hambre insaciable, permanente: un leviatán gigantesco que todo lo engullía, que engullía siempre. Imágenes de Dios a las cuales era sacrificada cotidianamente la vida del pueblo. Naciones, reinos, imperios, que se engullían uno a otro, de forma constante, destruyendo la casa del pueblo para construir la casa de los poderosos.
Los profetas intentarán detener esta destrucción progresiva, denunciando todos estos abusos contra el pueblo y la naturaleza. Hablarán de viñas arrancadas, de calzados militares pisando los campos, de gente acumulando tierra, de vides transformadas en espinos, de montes convertidos en matorrales, de armas, de arcos, de guerra, de sangre derramada, de jueces corruptos, de balanzas alteradas, de violencia, mucha violencia contra el ser humano y su casa.
Despertarán la memoria en YHWH de los ejércitos, recordando Egipto, la lucha contra el Estado opresor, y amenzarán con la destrucción y el castigo. Hasta llegarán a pensar que mejor que YHWH en las manos de los poderosos era el baal de las casas campesinas. Y soñarán, continuarán soñando con lluvia, con fertilidad, con trigo, con aceite y vino nuevo, con mesas llenas de comida y de fiesta, con niñitos brincando con serpientes, con osos pastando con vacas, con jaguares corriendo con cabritos.
Nadie hará el mal ni destrucción ninguna en todo mi santo monte, porque la tierra quedará llena del conocimiento de YHWH, como las aguas llenan el mar (Is. 11, 9). Soñarán con un viejo tronco cortado echando un brote nuevo, volviendo a vivir.
No escucharon la voz de los profetas. La lógica de la dominación y de la explotación continuó imperando: ¡la destrucción llegó! El exilio de Babilonia significó un mojón decisivo en la historia del pueblo de Israel. La destrucción de Jerusalén, el desmoronamiento de las certezas basadas en la dinastía davídica, el fin del glorioso templo salomónico, el exilio de la corte de Joaquín, el confinamiento de la élite judía en las colonias babilónicas, la redistribución de las tierras de Judá a los pobres, significarán un cambio generalizado en la manera de pensar y de situarse frente a la historia y los acontecimientos. Hablar de judaísmo como de algo monolítico, será imposible después del exilio de Babilonia. Los grupos se multiplicarán, los pensamientos se diferenciarán, diversas propuestas y teologías antagónicas entrarán en conflicto entre sí.
En este coro complejo va a emerger una voz excepcional, casi única, cantando un solo interesantísimo y que quedará como una perla preciosa encrustada en la memoria del pueblo más pobre. Es el grito de los excluidos, de las mayores víctimas del cautiverio de Babilonia, el grito de las mujeres que fueron capaces de recrear un nuevo mito, de pensar una nueva lógica capaz de devolver la esperanza, las razones de vivir; capaz de dar una nueva dirección a las relaciones sociales; capaz de garantizar la vida, mucha vida.

 

2. Fueron llevados como despojo
(Is. 42, 22)

Es común pensar en exiliados, pero difícilmente pensamos en las exiliadas. No obstante, con certeza las había.
Los hombres exiliados eran propiedad del Estado: ellos fueron establecidos en las colonias agrícolas, donde tuvieron una cierta autonomía para organizarse y donde, pronto, consiguieron incluso un nivel de vida tan razonable que muchos no quisieron regresar cuando terminó el exilio. Otros, sobre todo los de la nobleza davídica, lograron un lugar importante en la corte, de los babilónicos primero, y de los persas más tarde.
Pero había gente que después de casi cincuenta años, todavía no se había adaptado a la vida en Babilonia; gente que aún quería volver, que soñaba con la vuelta y con el castigo de los dominadores:

Mientras, este pueblo fue despojado y saqueado, todos ellos están presos en cavernas, están retenidos en calabozos. Fueron sometidos al saqueo, y no hay quien los libere; fueron llevados como despojo y nadie decía: “¡devuelve!” (Is. 42, 22).

Las mujeres exiliadas son saqueo, son despojo, son botín, hacen parte de lo que debe ser repartido entre los soldados. No tienen ningún derecho, son simples objetos, como la plata, el oro, las haciendas:

 ¿Porventura no hallarían y repartirían despojos? ¿Una o dos doncellas a cada hombre? ¿Para Sísara paños coloridos, una o dos piezas bordadas para el cuello de la esposa? (Jc. 5, 30).

Sin hacer mucho esfuerzo, recordando los horrores de todas las guerras, viendo lo que acontece en Bosnia, lo que aconteció en Angola, en Etiopía, en Ruanda, en Vietnam, lo que aconteció en los quinientos años de conquista de nuestro continente, podemos percibir lo que ocurrió con las mujeres llevadas después de la destrucción de Jerusalén, aquéllas que la Biblia designa simplemente como el resto de la población de la ciudad (2R. 25, 11). Ni dignatarios, ni artesanos, ni soldados, ni siquiera desertores: el resto. ¡Mujeres y esclavos! 3.
Despojo, saqueo, botín, violencia sobre violencia: golpes, abusos sexuales, objetos de taras y perversiones. Pisadas, destruidas en su dignidad, a ellas no les puede ser aplicada la ley del rescate, nadie reclama su libertad. Si para los babilonios son una presa insignificante a ser usada y abusada, también para los judíos en el exilio ellas cuentan poco. ¿Qué se hace con mujeres ya violentadas? Se siente mucha pena, mucha pena, pero ¿cuántos se van a querer casar con ellas, cuántos van a querer adoptar para sí los hijos bastardos nacidos de esta violencia?
Los hijos... ni babilonios ni judíos: bastardos para unos, impuros para los otros. ¿Circuncisos o incircuncisos? Usados como esclavos, como eunucos en las casas de las señoras de Babilonia: ¿qué será de ellos cuando termine el exilio? ¿A qué pueblo pertenecerán? (Is. 56, 3-4). ¿Cuál es su genealogía? ¡Bastardos! ¡Naciones!
Hasta las madres podrían llegar a olvidar esta señal viva y permanente de la violencia sufrida: ¿podría una mujer olvidar al hijo que todavía mama, no compadecerse del hijo de su vientre? (Is. 49, 15). Hijos que fueron sacados de los brazos de las madres (49, 20); mujer sin hijos (49, 21); madre abandonada por sus hijos que no quieren extenderle la mano (51, 18).
Ellas mismas, las mujeres, vendidas, repudiadas (50, 1); estériles, rechazadas (49, 21); madres solteras, abandonadas con sus hijos... mocedad vergonzosa... oprobio de la viudez (54, 1.4).
Gente oprimida: jóvenes fatigados cuyos pies tropiezan (40, 29-30); pobres e indigentes que buscan agua (41, 17), tienen miedo, pavor (41, 10), y sufren la cólera de los enemigos (41, 11-12): esclavos de tiranos, despreciados y vilipendiados (49, 7); gente que se anda desmayando en las calles (51, 20). Pueden ser fácilmente llamados esclavos, bichillos, más gusanos que gente, llenos de dolores y sufrimientos (41, 8.14; 53, 2-8).
Se trata de gente que se fatiga en vano, inútilmente (49, 4), aterrorizados frente al opresor (51, 13); gente vendida, llevada, dominada (52, 3.5); gente que no tiene pan (51, 14) ni dinero para comprar un vaso de agua (55, 1). Nada que ver con el grupo del rey Joaquín, reabilitado junto al emperador, comiendo y vistiendo a costa del erario de Babilonia (2R. 25, 27-30). Y también nada que ver con la casa de Israel, de Ezequiel, que en Tel Aviv mantenía una cierta autonomía de movimiento, de organización y hasta de negocios, preocupados con ganancias, préstamos y prendas, e irritadísimos al saber que sus tierras, en Judá, habían sido “ocupadas” por pobres agricultores (Ez. 18, 7-8; 33, 24-29.31).
Esclavas e hijos de esclavas. ¡Siervos! Tan humillados, que incluso se preguntaban si no pasarían desapercibidos a los ojos del propio YHWH (40, 27).

 

3. ¡Oigan, naciones; escuchen islas!

Es de este grupo de excluidos y excluidas que surge la buena noticia. A partir de la experiencia de este grupo, desde el fondo del pozo surge una teología con dimensiones completamente nuevas, inauditas, nunca pensadas de esta manera (Is. 43, 19). Cosas nuevas pero que vienen aconteciendo desde el principio, desde siempre (Is. 41, 26). Cosas nuevas que deben ser gritadas, proclamadas, cantadas, con alegría, anunciadas por el mensajero de Sión, gritadas en alta voz por el mensajero de Jerusalén:

Sube a un alto monte,
mensajera de Sión,
eleva tu voz con vigor,
mensajera de Jerusalén;
elévala, no temas;
di a las ciudades de Judá:
“¡Ahí está vuestro Dios!” (40, 9).
El grito de esta mujer traspasará los siglos y se juntará al anuncio de la resurrección de Jesús, que otras mujeres fueron encargadas de llevar. Lo nuevo pasa por la boca de la mujer.
Por primera vez los destinatarios de este anuncio no son solamente “mi pueblo”, o Jerusalén, o el “corazón de Jerusalén”, sino todas las naciones, hasta las más lejanas, hasta las islas del mar:

Toda carne, de una sola vez, la verá (40, 5).

Las islas esperarán en mí,
en la protección de mi brazo pondrán su confianza (51, 5).

Nunca un mensaje fue tan universal. La costumbre de los profetas anteriores al exilio era denunciar a las naciones. Los “oráculos contra las naciones” hacen parte del género literario profético. El libro del Deuteronomio destacaba, como señal de fidelidad a la ley de Dios, la separación total de las naciones. YHWH tenía su tamaño circunscrito al tamaño de Israel, al tamañito de Judá. Aun cuando Ezequiel lo hace dejar Jerusalén para ir a habitar en Babilonia, lo hace habitar junto con la casa de Israel. Dios de una nación, Dios de un pueblo, según la corrupta visión de una monarquía nacionalista que manejaba el templo nacional y real de este Dios.
Estas mujeres violentadas, con sus hijos bastardos en el cuello, abren los horizontes, divisan lejos, consiguen ver lo nuevo que el nacionalismo anterior tenía escondido. Dios es un Dios de todos, incluso de los hijos de madre soltera, de los sin casa, de los sin genealogía, de los sin pueblo, de las culturas oprimidas, excluidas, marginadas, sea por las naciones como por el “pueblo”:

¡Ay de aquél que litiga con el que lo formó,
tiesto entre los tiestos de la tierra!
Por acaso dirá la arcilla a aquél que la modela:
“¿Qué estás haciendo?,
¡tu obra no está hecha con destreza!
¡Ay de aquél que dice a su padre:
“¿Qué has engendrado?”.
Y a una mujer: “¿Qué has dado a luz?”.
Así dice YHWH,
el Santo de Israel, su creador:
Me piden señales respecto de mis hijos,
¡quieren darme órdenes respecto de las obras de mis manos! (Is. 45, 9-11).

De improviso YHWH aumenta de tamaño, se agiganta, toma todo el espacio posible:

 Fui yo quien hizo la tierra
y crié a la humanidad sobre ella.
Fueron mis manos las que extendieron los cielos,
yo soy el que da órdenes a todo su ejército (Is. 45, 12).

El mide los cielos con la palma de sus manos, él pesa las naciones de la tierra en una balanza. Delante de él las naciones todas no pasan de moléculas de polvo, de gotas de agua que caen de un balde (Is. 40, 12-17). Ni Israel, ni Judá, ni siquiera el universo entero puede contenerlo. No cabe en ellos.
Todos son hijos de él, hasta los frutos de la violencia, de la guerra y de la deportación:

Volveos a mí y seréis salvos,
todos los confines de la tierra,
porque yo soy Dios y no hay ningún otro...
ante mí se doblará toda rodilla,
toda lengua jurará por mí,
diciendo: ¡Sólo en YHWH
hay justicia y fuerza! (45, 23-24).

¡El tamaño de Dios es el tamaño inconmensurable del útero violado de estas madres!

 

4. Tu creador

Dios comienza a ser visto como la gran madre, la única madre generadora de la vida de todos y de todo: “Yo te formé... yo te hice... yo te crié... yo te modelé... yo te tomo por la mano... yo te ayudo... yo estoy contigo... yo te doy fuerzas...”.
El mito antiguo empieza a ser repensado. El Dios creador es fuerte, poderosísimo, delante de él todos los pueblos son como nada (40, 17). Sin embargo, este Dios tan grande no está lejos de nosotros: con cariño de madre y de padre, él está a nuestro lado, garantizando nuestros pasos, asegurando nuestras manos, evitando que vacilemos, que caigamos desfallecidos de cansancio, o de miedo (40, 26-31).
Nunca en la Biblia este rostro materno de Dios quedó tan evidente:

Por mucho tiempo me callé,
estuve en silencio y me contuve.
Como una mujer que está de parto yo gemía,
suspiraba, respiraba jadeante (42, 14).

De este parto divino, por su espíritu, al mismo tiempo abrasador y vivificador, creador y destructor, va a salir la vida, toda forma de vida.
La naturaleza deja de ser vista como un conjunto de fuerzas míticas, antagónicas, producida por los conflictos de los dioses/fuerzas del bien y del mal. A partir de ahora la naturaleza tiene dueño, tiene sentido, utilidad. La naturaleza: nuestra casa.
Dios es creador porque es capaz de vencer todo lo que en la naturaleza nos da miedo, para que ésta sea de verdad nuestra casa: tinieblas, aguas del abismo, desierto. Los “enemigos” que no dejan que nuestra casa sea bonita, segura, habitable. Tinieblas, abismos y desierto: es todo de lo que tenemos miedo, los actores de la muerte. Lo son en sí mismos, y no lo que ellos simbolizan: el exilio, la opresión, los enemigos. Desierto como Egipto, tinieblas como Asiria, aguas del abismo como Babilonia.
Tinieblas, abismo y desierto, como descripción de la situación desesperada en que se encuentran los protagonistas de estas reflexiones. La acción del Dios creador es una lucha vencedora contra todo eso:

Todo comenzó cuando Dios creó los cielos y la tierra.
La tierra estaba desierta y vacía,
las tinieblas cubrían el abismo
y un soplo de Dios aleteaba sobre las aguas (Gn. 1, 1).

Desde el comienzo, desde cuando todo comenzó, Dios está lidiando victoriosamente contra los enemigos de nuestra casa. Su palabra vence y transforma todo eso en algo maravilloso, habitado por nosotros.
Los pensamientos de estas mujeres violentadas y de sus hijos esclavos y despreciados van lejos y producen una página increíble, tal vez la página más conocida de toda la Biblia, justamente aquella que va a ser la primera.
Los primeros tres días serán los días en los cuales los enemigos serán derrotados:

Día    Enemigo inicial      Resultado final
1º       tinieblas                     luz
2º       aguas del abismo     firmamento: aguas de arriba y de abajo
3º       desierto                      tierra fértil: verdor y árboles

Luz, firmeza, seguridad y fertilidad. La casa está lista para ser habitada. Este va a ser el trabajo de los otros tres días 4:
Días     Nueva creación    Sus habitantes
4º         luz                            sol, luna, estrellas del cielo
5º         aguas del cielo       pájaros, peces y monstruos marinos
             y de la tierra
6º         tierra fértil              animales domésticos y salvajes,  ‘adam

El pueblo de la luz, el pueblo de las aguas, el pueblo de la tierra: ¡señales supremas del dominio de Dios!
Y en el medio, como conclusión, ‘adam, la humanidad, al mismo tiempo imagen de Dios y producto de la tierra fértil/’adamah. ‘Adam: macho y hembra, creado/os para ser los herederos del dominio de Dios sobre la tierra. Dominio que no quiere decir el poder de hacer lo que queremos, sino la capacidad de continuar, a lo largo de los siglos, tomando cuenta de nuestra casa, luchando para siempre contra las tinieblas, los desiertos y las aguas de los abismos. Hasta que todos podamos vivir bien en esta casa, garantizando que todos podamos comer de los frutos de esta tierra. Sólo así la humanidad será la imagen verdadera de la divinidad. El dominio es de Dios, el dominio es de ‘adam, del ser humano, de la mujer y del hombre.
Los viejos mitos caen en pedazos, así como van a caer en pedazos los poderosos que en ellos se sustentan (40, 22-24). Nada de dioses celestiales y de fuerzas terrenas, nada de sagrado, ni el mismo sol, ni la misma luna, reducidos a una lámpara grande y a otra pequeña. Nada de fuerzas positivas y negativas, del bien y del mal: todo es bueno, hasta los monstruos marinos y las fieras salvajes.
Y, sobre todo, nada de representaciones divinas en conflicto. Solamente un Dios en el cielo, y su ‘adam en la tierra, su imagen, con su poder. Dios y la ‘adamah/tierra, produciendo juntos la única realidad que se parece a Dios: el ser humano. No los reyes, los sacerdotes, los grandes, sino el varón y la mujer. ¡Idolos, nunca más!
La dominación de Babilonia, sus abusos y opresiones, van a llevar a Dios a obrar, una vez más, contra las tinieblas, las aguas de los abismos y el desierto.
Contra las tinieblas:

Para abrir los ojos de los ciegos,
a fin de sacar de la cárcel a los presos,
y de la prisión a los que habitan en las tinieblas (42, 7).

Yo modelo la luz y creo las tinieblas,
aseguro el bienestar y creo la desgracia (45, 7).

A fin de decir a los cautivos: ¡salid!
A los que están en las tinieblas: ¡apareced! (49, 9).

Contra las aguas enemigas:

Cuando pasares por el agua,
estaré contigo;
cuando pasares ríos,
ellos no te sumergirán (43, 2).

YHWH, el que abrió un camino por el mar,
una vereda en las aguas impetuosas (43, 16).

 ¿No eres tú el que secó el mar,
las aguas del gran abismo
e hizo del fondo del mar un camino
a fin de que los rescatados pasasen? (51, 10).

Es sabido que con un gesto seco el mar,
reduzco los ríos a un desierto,
sus peces se deterioran,
por falta de agua mueren de sed (50, 2).

Contra el desierto:

El transformará su desierto en un Edén
y sus estepas en un jardín de YHWH (51, 3).

Haré brotar agua en el desierto,
ríos en los lugares yermos (43, 20).

Derramaré aguas sobre el suelo sediento
y corrientes sobre la tierra seca.
Derramaré mi Espíritu sobre tu pueblo
y mi bendición sobre tus descendientes (44, 3).

Ellos brotarán entre la hierba,
como sauces junto a corrientes de agua (44, 4).

Ellos no tuvieron sed cuando los condujo por el desierto,
porque él hizo brotar agua de la roca para su uso,
partió la roca y el agua brotó (48, 21).

La memoria del éxodo, de la primera victoria de YHWH contra el Faraón, es “estirada” al máximo: desde siempre, desde el comienzo, él sabe cómo lidiar con las aguas, el desierto y las tinieblas. Lo que aconteció en Egipto fue apenas una señal menor de lo que va a acontecer ahora, de lo que va a acontecer siempre que el pueblo de Dios se encuentre frente a tinieblas, desierto y agua que impidan una vida digna y plena:
Así dice YHWH, el creador de los cielos,
él es Dios, el que modeló la tierra y la hizo,
él la estableció, no la creó como un desierto,
sino que la modeló para ser habitada.
Yo soy YHWH; no existe ningún otro (45, 18).

El “caos”, el mítico tohu de los orígenes, no es lugar de YHWH:

Yo no he dicho a la descendencia de Jacob:
buscadme en el caos (45, 19).

Tinieblas, desierto/nada, aguas, son el destino de los que oprimen al pueblo:

Siéntate en silencio,
refúgiate en las tinieblas,
hija de los caldeos (47, 5).

Desierto y nada, cosa inexistente, son los que quieren contender con YHWH:

Todas las naciones son como nada,
delante de él no pasan de cosa vana e irreal (40, 17).

El reduce los príncipes a la nada
y hace de los jueces de la tierra una cosa vana (40, 23).

Sí, todos ellos nada son,
sus obras no son cosa alguna,
sus ídolos no pasan de un soplo y de una ilusión (41, 29).

Los escultores de ídolos nada son,
sus obras preciosas, no traen ningún provecho...
ellas nada son y nada saben (44, 9).

La obra de la creación no terminó con el famoso sábado, de origen sacerdotal (Gn. 2, 1-4a). La creación es un proceso constante, de generación, reproducción y defensa de la vida y de la casa de ‘adam y del pueblo. No es un hecho acabado, sino una dimensión constante de nuestra lucha hasta que nunca más haya tinieblas, aguas del abismo y desierto.

 

5. El santo de Israel

No hay lugar para dos dioses de este tamaño. ¡No caben! Por primera vez la reflexión de esta gente humillada y sufrida, llega a hablar de YHWH como el único. No es solamente el “nuestro”. El es el “único”.
Yo soy el primero y el último,
fuera de mí no hay Dios (44, 6b).

Por ventura, ¿existe otro Dios fuera de mí?
No existe otra Roca: yo no conozco ninguna (44, 8b).

No hay otro Dios fuera de mí,
Dios justo y salvador de existe, a no ser yo (45, 21; también 45, 14).

Antes de mí ningún Dios fue formado
y después de mí no habrá ninguno (43, 10).

Y, ¿los otros? No existe otro. Son nada, vacío, desierto: ¡tohu! El mismo tohu/caos que YHWH está acostumbrado a derrotar desde que todo comenzó, ¡bereshit!
Los otros dioses, que no existen, son representados por imágenes/ídolos que no pasan de ser obra humana, no siempre bien hecha, vacilante, que requiere ser sujetada con cadenas de metal para que no se caiga (40, 19-20). Ya no es necesario gritar contra la idolatría, o emprender campañas violentas para derrumbar a los ídolos. Basta la sutil ironía de quien sabe que ellos no son ni representan nada  5.
Pero es preciso entender una cosa: esta unicidad de YHWH nada tiene que ver con el precedente esfuerzo monolátrico realizado por el palacio de Josías, orientado a transformar el templo de Jerusalén en un símbolo de unidad nacional. Como tampoco nada tiene que ver con el sesudo monoteísmo que, en el futuro, marcará la restructuración del segundo templo. Este Dios pasará a ser visto casi únicamente como el juez supremo, inaccesible, innominable e incansable aplicador de todos los preceptos de la ley, inclusive el de no usar su santo nombre en vano. YHWH será visto como tan grande, tan lejano, tan altísimo, que el uso de su nombre será prohibido a todos, menos al Sumo Sacerdote, y esto una sola vez al año.
La unicidad del Dios de esta gente sufrida es diferente: es un sólo Dios, aunque con una increíble cantidad de facetas. Hablaría de un verdadero sincretismo de los oprimidos, si los sensibles oídos dogmáticos me permiten esta expresión. Todo lo que es fuente de vida para el pobre cansado y desanimado, hace parte del rostro de este Dios que es único, si bien para cada uno de los pobres asume un rostro diferente, capaz de generar vida.
Nunca en la Biblia se usarán tantas imágenes diferentes, incluso antagónicas, para hablar del mismo, del único Dios. Todas ellas tienen su origen en las dos experiencias básicas de estas madres despreciadas por todos: la del Dios creador, de la que hablamos antes, y la del Dios redentor, de la que hablaremos luego. Enlistar todas estas imágenes nos permite ver el brillo resplandeciente y ofuscante de este diamante divino, labrado en mil facetas por la teología de esta gente sufrida.
“Consolad, consolad a mi pueblo” (40, 1). Esta figura del Dios que se inclina para enjugar las lágrimas de su pueblo substituye la imagen del Dios castigador anunciada por los profetas del exilio, y que veía al pueblo como hierba seca y marchita, debajo del soplo/espíritu abrazador de YHWH (40, 7-8).
El al mismo tiempo es:

Aquél que viene con poder,
su brazo le asegura el dominio (40, 10),

y:

Un pastor que apacienta su rebaño,
con su brazo reúne los corderos,
los carga en su regazo,
conduce cariñosamente a las ovejas que amamantan (40, 11).

El es el Creador supremo, incomparable e incansable (40, 12-18.25-28) que, simultáneamente:

Reduce los príncipes a nada,
y hace de los jueces de la tierra una cosa vana (40, 23),

y:

Da fuerzas al cansado,
y prodiga vigor al debilitado (40, 29).

Es un Dios guerrero que, por medio de su siervo,

...sujeta a los reyes,
su espada los reduce a polvo,
y su arco los convierte en paja llevada por el viento (41, 2b).

Pero es también:

El primero
y con los últimos aún seré el mismo (41, 4b),

capaz de ser amigo, de llamar desde los confines de la tierra, de escoger, de fortalecer, ayudar, sustentar a los suyos (41, 8-10), como asimismo de reducir a la nada, hacer perecer, avergonzar, humillar, a los que combaten y hacen la guerra a su pueblo (41, 11-12).
El no abandona a los indigentes y a los pobres que buscan agua sin encontrarla, pues es capaz de transformar el desierto en un manantial de aguas frescas y en un oasis beneficioso (41, 17-20).
Un Dios que sabe gritar:

Como un héroe guerrero,
como si fuese un guerrero su celo se inflama,
él levanta el grito de guerra, sí, él grita al ataque,
se arroja victoriosamente contra los enemigos (42, 13),

y de inmediato grita:

Como una mujer que está de parto, yo gemía,
suspiraba, respirando jadeante (42, 14).

Nada de más antagónico y de más sincrético: ¡un guerrero y una mujer en la hora del parto! Grito de muerte y de vida al mismo tiempo.
Un Dios que derrama su furor y su ira sobre Israel, que no escuchó su voz (42, 18-25), pero increíblemente cariñoso con el mismo Israel:

No temas...
tú eres mío...
tú eres precioso a mis ojos,
yo gusto de ti, yo te amo...
Yo estoy contigo...
Todos tus hijos son llamados por mi nombre,
los que crié, formé e hice, para mi gloria (43, 1-7).

¡Cómo es de profunda esta declaración explícita de amor y de paternidad asumida! Nuestros oídos, acostumbrados a escuchar la disposición deuteronómica: amarás a YHWH tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu vida, con todas tus fuerzas (Dt. 6, 5), escuchan ahora su declaración de amor: yo gusto de ti, yo te amo.
Como ha hecho desde que todo comenzó, Dios va a derramar su soplo/espíritu sobre el pueblo, su bendición sobre los descendientes (44, 3).
Nuestro Dios afirma:

Soy yo el que frustro las señales de los augures
y hago delirar el espíritu de los adivinos,
confundo a los sabios
y convierto su ciencia en locura (44, 25).

Sin embargo, a la vez asegura:
Soy yo el que confirmo la palabra de mi siervo
y aseguro el éxito del consejo de mis mensajeros (44, 26).
También la mano de YHWH tiene una múltiple funcionalidad:

En la sombra de mi mano te escondí,
para extender los cielos y fundar la tierra,
para decir a Sión: “Tú eres mi pueblo” (51, 16).

Este “sincretismo popular” consigue integrar elementos de la mitología pagana. El Baal cananeo, Dios de la lluvia y del rocío fecundante:

Destilad, oh cielos, allá de lo alto,
derramen las nubes la justicia,
ábrase la tierra y produzca la salvación,
haga la tierra brotar la justicia (45, 8).

Como descienden la lluvia y la nieve del cielo
y allá no vuelven sin haber regado la tierra,
tornándola fecunda y haciéndola germinar,
dando simiente al sembrador y pan al que come,
así la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí sin fruto (55, 10-11).

El alfarero modelador de la mitología babilónica (45, 9), así como el dominador de los mares agitados (51, 15), sirven igualmente para entender qué es nuestro Dios. No obstante, de manera fuerte sobresale la figura de la diosa madre, tan común a todas las culturas semitas:

Vosotros, a quienes cargo desde el vientre,
a quienes cargo desde el útero.
Hasta vuestra vejez yo seré el mismo,
hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os cargaré (46, 3-4).

 ¿Acaso una mujer se olvidará de su niño de pecho?
¿No se compadecerá ella del hijo de su vientre?
Pues aunque esas mujeres se olvidasen,
yo no me olvidaría de ti (49, 15).

Beten/vientre, útero, y una vez rehem/útero, símbolos de la maternidad divina, son palabras que ocupan un lugar marcante en este texto (beten: 44, 2.24; 46, 3; 48, 8; 49, 1.5.15; rehem: 46, 3).
Todo eso, sin embargo, sin olvidar nada de la memoria popular ligada al nombre de YHWH: Jacob, Abraham (41, 8); Israel y Judá (48, 1); Abraham y Sara (51, 2); Noé (54, 9); la promesa (48, 9); el pueblo con pescuezo de hierro (48, 4); y, sobre todo, la memoria del Exodo, de Egipto, del desierto (43, 16-20; 48, 21; 51, 9-10). El Dios de los ejércitos de la memoria de Amós y de los profetas, es siempre el mismo para Israel (44, 6; 45, 13; 47, 4; 48, 2; 51, 15; 54, 5). Es una divinidad única, aunque “completa”: todo lo que fuere elemento de vida, de seguridad, de esperanza para los pobres, ella lo reúne, ella lo suma, ella lo engloba. Verdaderamente elohim: Dioses, pero una sola divinidad, buena, materna, protectora, consoladora para toda esta gente sufrida.
“¿A quién me asemejaré?”, es el desafío que Dios lanza constantemente (40, 18.25; 44, 7; 46, 5) sin miedo de comparaciones, sin miedo de confrontación. Los otros dioses no existen: si fuesen de los pobres, ya están contenidos en él; si fuesen de los opresores, ¡no son nada/tohu!

 

6. Tu redentor

Babilonia tiene la misma pretensión. Ella también quiere ser la “única”:

¡Yo soy, y fuera de mí no hay nada! (47, 8).

Así dijiste en tu corazón: “¡Yo soy, y fuera de mí no hay nada!” (47, 10).

Dos así no caben. ¡O Dios, o Babilonia! Los dos se disputan la posesión de este pueblo.
Babilonia compró: esas mujeres y sus hijos son saqueo, despojo, botín de guerra. Pertenecen “de derecho” a los babilonios que los aplastan y oprimen como quieren. Violadas, bastardos, “naciones”, ellos ya no tienen quien se disponga a pagar el rescate, a comprarlos de vuelta para la vida y la libertad (42, 22). Es la desesperación de una perspectiva de esclavitud perpetua: tinieblas, desierto, abismo. Es la falta de la vida.
Pero, nuestro Dios, único, creador y santo, no puede dejar que eso acontezca. Sólo produciendo vida él prueba que es lo que es. De lo contrario, Babilonia tiene razón de gritar: ¡fuera de mí no hay nada! Y la prueba cabal de que Dios es Dios es la vida del condenado, del pobre, del excluido. El Santo es el Redentor, quien paga por tu vida y por tu libertad.
¡Cuántas veces esta palabra “redentor/rescatador/goel” aparece en este texto (41, 14; 43, 14; 44, 6.24; 47, 4; 48, 17; 49, 26; 54, 5.8)! Nadie antes había tenido la osadía de llamar a Dios con este nombre. Llamar goel a Dios es reivindicar un derecho que el oprimido tiene, y que la casa, la tribu, deben atender. El derecho del pobre que perdió su tierra y su libertad de encontrar alguien de su sangre dispuesto a pagar el “rescate” por él. Era una ley antigua, de los tiempos tribales, para mantener el equilibrio de las relaciones sociales6, para restablecer el shalom, una situación de paz y de justicia.
Ya nadie se consideraba más pariente/redentor de esta gente sin importancia que había perdido toda su dignidad de gente, y por ello sus derechos que le venían de pertenecer a una casa, a un clan, a una tribu. Ahora no pertenecían a más nadie, sino a sus amos, más gusanos que gente:

Como una persona a quien todos esconden el rostro;
despreciado, no hacíamos caso de él (53, 3).

A todas estas personas el aviso del Redentor, encontrado en quien quedó como su último y único pariente: Dios: “¡No tengan miedo!”. Esta expresión es repetida, hecha refrán en este Déutero-Isaías (40, 9; 41, 10.13.14; 43, 1.5; 44, 2.8; 51, 7.12; 54, 4.14); este aviso indica la certeza de la presencia liberadora de YHWH:

Yo, YHWH, los atenderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré (41, 17).

Yo te rescaté, te llamé por tu nombre: tú eres mío (43, 1).

Por tu rescate di Egipto, Kus y Seba (43, 3).

Israel, tú no serás olvidado...
¡vuélvete a mí, porque yo te rescaté! (44, 21-22).

YHWH rescató a Jacob, y se gloría en Israel (44, 23).

Podríamos continuar con muchos otros textos. Lo importante es ver a YHWH estar del lado de quien grita y llora; una vez más él no resiste y se pone como salvador del excluido, del desposeído, del violentado.
La situación de terrible violencia sufrida por las mujeres cautivas, ayudó a ver un rostro nuevo de Dios, o mejor, tantos rostros del mismo Dios. La situación de estas mujeres nos va a ayudar también a soñar, a concretar la acción de nuestro Redentor:

—Los hijos considerados bastardos, tendrán un padre legítimo y poderoso:

Traeré a mis hijos de lejos
y a mis hijas de los confines de la tierra (43, 6).

Derramaré mi espíritu sobre tu simiente
y mi bendición sobre tus descendientes...
Este dirá: “Yo soy de YHWH”...
aquél otro escribirá en su mano: “De YHWH”
y recibirá el nombre de Israel (44, 5).
¡Tu descendencia será como la arena;
los salidos de tus entrañas, como sus granos!
Su nombre no será cortado ni extirpado delante de mí (48, 19).

Tus hijos de que estabas privada,
todavía dirán a tus oídos...
cédeme lugar para que yo tenga donde morar.
Entonces dirás en tu corazón: ¿quién me dio a luz todos éstos?
Yo estaba sin hijos y estéril, exilada y rechazada.
A éstos ¿quién los creó?
Yo había sido dejada sola. ¿Dónde estaban éstos? (49, 20-21).

—Las mujeres violentadas, heridas, abofeteadas, privadas de sus hijos, aquéllas que “no tenían belleza que atrajese la mirada, ni hermosura que nos diese placer” (53, 2), volverán a tener su belleza:

Tú te ceñirás con ellos como una novia (49, 18).

¡Ponte tus vestidos de gala, oh Jerusalén, ciudad santa! (52, 1).

Voy a establecer tus cimientos sobre zafiros,
haré de rubí tus baluartes
y de cuarzo tus puertas,
de piedras preciosas todas tus murallas (54, 11-12).

—La mujer sin derechos, despreciada, humillada, vuelve a tener lugar, a tener la experiencia más rica del amor:

Tu esposo es tu creador (54, 5).

 ...llevado a ti por un amor eterno (54, 8).

Mi amor no cambiará (54, 10).

7. Tú eres mi esclavo 7

No obstante, en el momento en que los excluidos toman conciencia de este nuevo rostro de Dios, se llegan a conocer mejor a sí mismos también. Su identidad se va aclarando, toma consistencia: ellos son los esclavos de YHWH, escogidos para realizar el derecho y la justicia sobre la tierra. El todo-poder de Dios se manifiesta justamente en el hecho de ser capaz no sólo de crear los cielos y la tierra, sino de tomar el desecho, el tiesto, el rastrojo, y convertirlo en instrumento de su proyecto 8:

Deformado... despreciado y humillado... acostumbrado al dolor... gente de quien se esconde el rostro... víctima de todos nuestros males... molido por nuestras iniquidades, maltratado, siempre callado... incapaz de despertar la atención de sus contemporáneos... (Is. 53, 2-8).

Es una descripción violenta de la situación de humillación y de abandono de esta gente que, verdaderos excluidos, ni después de muertos reciben sepultura junto con su pueblo:

Le dieron sepultura con los impíos,
su tumba está con los malhechores (53, 9).

Esclavos, sin derecho, sin personalidad: “Ni gente parecía” (52, 14).
Esa gente proclama la grandeza de Dios, asumiendo un nuevo papel: el de ser los esclavos de Dios, listos a prestar servicio a su voluntad. Y los servicios son muchos:

1. He aquí que haré de ti un trillo capaz de machacar,
nuevo y bien cortante.
Triturarás los montes, reduciéndolos a polvo...
Tú los cribarás y el viento los dispersará...
Tú te regocijarás en YHWH,
en el Santo de Israel te gloriarás (41, 15-16).

2. El traerá el derecho a las naciones...
No vacilará hasta... que establezca el derecho sobre la tierra...
Yo te llamé para el servicio de la justicia (42, 1-6).

3. Vosotros sois mis testigos, oráculo de YHWH,
vosotros sois el esclavo que escogí,
a fin de que sepáis y creáis en mí
y que podáis comprender que yo soy:
antes de mí ningún Dios fue formado
y después de mí no habrá ninguno...
Vosostros sois mis testigos, oráculo de YHWH,
yo soy Dios, desde toda la eternidad yo soy (43, 10-12).

4. ¡Salid de Babilonia, huid entre los caldeos,
con voz de júbilo anunciad, proclamad esto,
esparcidlo hasta los confines de la tierra!
Decid: ¡YHWH redimió a su esclavo Jacob! (48, 20).

5. YHWH me modeló desde el vientre materno para ser su esclavo,
para reconducir a Jacob a él,
para que él reúna a Israel...
También te establecí como luz de las naciones,
a fin de que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra (49, 5-6).

6. YHWH me dio una lengua de discípulo
para que yo supiese traer al cansado una palabra de aliento (50, 4).

7. El ofrecerá su vida como indemnización por el pecado...
por medio de él el proyecto de Dios ha de triunfar...
Por su conocimiento, el justo, mi esclavo,
justificará a muchos y llevará sobre sí sus transgresiones (53, 10-11).

Nunca se habló de tantas tareas juntas. Este es el servicio del esclavo de Dios. Será también el servicio de Jesús. En esto hay asimismo una novedad, una gran novedad. La figura del esclavo como el realizador del designio de Dios se proyecta como una verdadera alternativa a la teología, ahora obsoleta, del palacio y del templo. David y el santuario, clásicos “mediadores” de la alianza entre YHWH y su pueblo, son substituidos por el esclavo. El profeta igualmente desapareció, o mejor, como David, él se colectivizó, adquirió dimensión de pueblo, de clase:

Haré con vosotros una alianza eterna,
asegurandoos las gracias prometidas a David (55, 3).

Yo te puse como alianza del pueblo (42, 6).

Ninguna pretensión de restaurar la monarquía davídica.
El templo también, con todo su esquema de sacrificios y ofrendas, quedó superado  9. Siguiendo el pensamiento de casi todos los profetas pre-exílicos, nuestro texto no considera voluntad de Dios el conjunto de los ritos sacrificiales, que estima incapaces de pagar las transgresiones del pueblo:

No me trajiste los corderos de tus holocaustos,
no me honraste con tus sacrificios.
No te obligué a servirme con tus oblaciones,
ni te cansé con pedidos de ofrenda de incienso,
no me compraste con dinero caña aromática,
no me saciaste con la grasa de tus sacrificios (43, 23-24).

El esclavo sí, con su vida victimada por la violencia, se torna la única realidad capaz de conseguir el verdadero perdón de Dios:

Por sus heridas fuimos curados... (53, 5).

Llevó sobre sí los pecados de muchos
e intercedió por los transgresores (53, 12).

El ofrece su vida como indemnización por el pecado (53, 10).

El uso de la palabra litúrgica ‘asham/indemnización por el pecado, no nos debe llevar a la idea de sacrificio vicario, que será aplicada después a la muerte de Jesucristo.
El, el esclavo, esta gente aplastada, son la señal viva de hasta dónde llega el conjunto de nuestros pecados. En ellos se acumulan todas las iniquidades de nuestra sociedad; somos capaces de producir tan gran sufrimiento y, más aún, para justificarnos decimos que eso es “castigo de Dios”:

Nosotros lo teníamos como víctima del castigo,
herido por Dios y humillado.
Pero él fue traspasado por causa de nuestras transgresiones,
molido en virtud de nuestras iniquidades (53, 4-5).

No obstante, es justamente eso lo que mueve el poder de Dios creador quien, al ver tal injusticia, no permanece indiferente. Su intervención liberadora se hace necesaria, cuando para su esclavo no existe ya ninguna alternativa. Nuestro Dios, a quien la grasa de los sacrificios no consigue saciar, no aguanta frente al dolor. La salvación de Dios llega para y por su esclavo.
Nadie necesita más del templo: “Destituí a los jefes del santuario” (44, 28). Sin intermediarios, sin mediadores. Dios no requiere de eso para manifestar su poder salvador. El esclavo de YHWH sabe que el profundo amor que Dios le tiene, mayor que el de una madre, lo alcanza directamente.
Entre los dos, Dios y su pueblo, se establece un lenguaje hecho de un inmenso cariño y de una gran ternura, sin interferencias, ni siquiera la del profeta que, por primera vez en este texto, desaparece como persona. O mejor, el trabajo del profeta fue el poner a los dos cara a cara para que se entendiesen, sin nadie más en el medio perturbando. Y el esclavo de YHWH se yergue como verdadera imagen de Dios, verdadero anti-ídolo, para manifestar a todos que nuestro Dios es el único, el Señor, la Madre, la Mujer, el Redentor, el Creador, el Santo, aquél que nos toma por la mano, nos estimula a no tener miedo y nos transforma, a los pobres, a los excluidos, en instrumento esencial de su justicia para todos: “Por su medio, el designio de Dios ha de triunfar” (53, 10).
El mito se transforma en historia, el Dios creador tiene su imagen en el esclavo de YHWH que se levanta sin más miedo, presto a dar vida para continuar siempre en la lucha contra las tinieblas, el abismo y el desierto que trituran la vida de la gente y de la naturaleza. La creación no terminó, nunca termina, pues los esclavos de YHWH serán siempre capaces de “dar la vida”, “para que todos tengan vida y la tengan en abundancia”.

¡Islas, oidme!
¡Pueblos distantes, prestad atención!
Desde el útero materno YHWH me llamó,
desde el útero de mi madre pronunció mi nombre.
De mi boca hizo una espada cortante,
me abrigó en la sombra de su mano;
hizo de mí una saeta afilada,
me escondió en su aljaba.
Me dijo: “Tú eres mi esclavo, Israel,
en quien me gloriaré”.
Pero yo decía: “Fue en vano que me fatigué,
inútilmente/tohu gasté mis fuerzas”.
Y sin embargo mi derecho está con YHWH,
mi salario está con mi Dios... (49, 1-4).

Ofrecí mis espaldas a los que me herían
y mis mejillas a los que me mesaban la barba.
No oculté el rostro a las injurias y a los salivazos.
El Señor YHWH vendrá en mi socorro,
he aquí por qué no me siento humillado,
he aquí por qué puse mi rostro duro como piedra
y tengo la certeza de que no quedaré confundido.
Cerca está aquél que me defiende...
Es el Señor YHWH que me socorrerá... (50, 6-9).

Bibliografía

Estudo sobre Isaías Júnior. São Paulo, Edições Paulinas.
Croatto, Severino. Isaías. Petrópolis, Editora Vozes, 1994 (Comentário Bíblico, volumen II).
Gorgulho, Maria Laura. O servo de Yahweh nos escritos de Dêutero-Isaías. Uma contribução à história do tema do “justo sofredor” na literatura sapiencial do Oriente Antigo. Rio de Janeiro, PUC, 1989, 618 págs. (tesis de doctorado).
Mesters, Carlos. Missão do povo que sofre. Petrópolis, Editora Vozes, 1981, 194 págs.
Schwantes, Milton. Sofrimento e esperança no exílio. São Paulo, Edições Paulinas, 1987, 134 págs.
Sobrino, Jon. “Os povos crucificados, atual servo sofredor de Javé. Memória de Ignácio Ellacuría”, en Concilium (Petrópolis, Editora Vozes) 223 (1990), págs. 117-127.
Steinmann, J. O livro da consolação de Israel. São Paulo, 1976, 331 págs.

 

Sandro Gallazzi
Caixa Postal 12
68906-970 Macapá (AP)
Brasil

 

1  Véase en cuanto al título Is. 53, 10. Muchas de estas reflexiones fueron hechas durante el encuentro nacional de asesorías del CEBI en noviembre de 1994. Devuelvo este ensayo a todas las compañeras de caminata bíblica, y espero de ellas contribuciones y correcciones.
2 Echegaray, Joaquim Gonzales. O crescente fértil e a Bíblia. Petrópolis, Editora Vozes, 1995, pág. 231.
3 Ver Valdivieso, Mercy-Andrade, William. Uma releitura do Dêutero-Isaías a partir do corpo do escravo e das mulheres de Guayaquil. Santiago de Chile, CIB/Curso Intensivo de Biblia, 1993, 26 págs.; Zabatiero, Júlio. “Servo do império. Uma análise da servidão no Dêutero-Isaías”, en Estudos Bíblicos (Petrópolis, Editora Vozes) 18 (1988), págs. 37-43.
4 Esta página es tenida como de origen sacerdotal. Me parece que esta atribución es exagerada. Es mi hipótesis que los sacerdotes, que posiblemente hicieron la redacción final de esta página, hayan agregado el día del sábado, del descanso. La total ausencia del sábado en el Déutero-Isaías me hace creer que la conclusión de la acción de Dios (el 7º día) fuese, al inicio, la creación de ‘adam y la bendición a la humanidad. En la lógica de este texto Dios no se puede cansar ni fatigar, no precisa de shabat: 
Yahvéh es un Dios eterno,
creador de las regiones más remotas de la tierra.
El no se cansa, ni se fatiga...
Es él quien da fuerza al cansado y vigor al debilitado (Is. 40, 28-29).
Lo mismo dirá Jesús: “Mi padre trabaja siempre y yo también trabajo” (Jn. 5, 17).
5 Los detalles irónicos con que nuestro texto habla de la confección de las imágenes idolátricas (44, 9-20), nos hacen pensar que había en el grupo personas, artesanos, obligados por los patrones a esculpir, o fundir, estas imágenes. Este hecho debe haber ayudado a redimensionar el imaginario religioso, basado en la distancia y en la sacralización de los elementos cultuales. Aproximó, desmitificó.
6 Inicialmente era el “vengador de la sangre” en el caso de homicidio (Nm. 35, 19; Dt. 19, 6.12; Js. 20, 3.5.9), y después alguien que pagara el rescate de las tierras (Lv. 25, 25-26). Ver pormenores en el No. 18 de RIBLA, dedicado a la temática del goel:Goel: solidaridad y redención”.
7 La reflexión sobre esta figura recibió un impulso y una clave hermenéutica significativa gracias a las reflexiones de Carlos Mesters, sistematizadas en su obra A missão do povo que sofre (Petrópolis, Editora Vozes, 1981, 194 págs.). Esta reflexión marcó a toda América Latina y el Caribe, y estimuló a decenas de amigos a reflexionar, escribir, cantar, esta figura. Sería imposible citar a todos.
8 No nos parece correcto limitar nuestra reflexión a los clásicos cuatro “Cánticos del Siervo”, justamente aquellos donde el siervo no tiene nombre. Esta nos parece una selección ideológica y reduccionista, que apunta a dar importancia a una lectura mesiánica. Hay que tomar en consideración también los demás textos del siervo para que tengamos una visión teológica de este texto.
9 La referencia directa a la reconstrucción del santuario que aparece en 44, 28 es muy probablemente una adición posterior, en el tipo de la profecía ex-evento. Tengo la sospecha de que eso también diga respecto al nombre Ciro, que aparece en este mismo texto y en el siguiente (45, 1). En general, casi todo lo que es dicho de Ciro es dicho igualmente del esclavo de YHWH y del pueblo de Israel, por eso esta segunda figura no sería necesaria. Pero es apenas una sospecha. 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.