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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

SER LIBRES COMO PAJAROS
Una meditación ecológica
de Lucas 12, 22-31

José Cárdenas Pallares

 

La ambición y la miseria degradan el ambiente, destruyen la naturaleza. Ambas son fruto del reinado del dinero. La fe en el reinado de Dios que llega con Jesús es un medio poderoso para vencer este poder que sólo acarrea destrucción y muerte.

Greediness and misery degrade the enviroment, destroy nature. Both are fruit of the money’s reign. Faith in the kingdom of God that arrives with Jesus is a powerful tool to overcome this power that only brings destruction and death.

Yo vivo cerca de dos espléndidas bahías. En medio de las dos hay por lo menos cuatro playitas encantadoras. Si de los cerros cercanos al mar uno se pone a contemplar el panorama, uno goza al ver belleza por donde quiera. Además el mar da alimento y la tierra es generosa.
Esto es casi el paraíso... Pero resulta que en este paraíso hay demasiadas serpientes.
Las nubes sucias de dos industrias afean el cielo y acarrean enfermedades en las vías respiratorias, además de dañar a las plantas.
Hay una playa en la que es arriesgado bañarse por los desechos de los barcos y de los humanos. Hay cerros talados porque los campesinos no tienen otros sitios para sembrar.
Este drama se repite en todas partes. La causa de esta ruina es siempre la misma: un sistema económico que produce la acumulación de dinero. En este tipo de sociedad, por dinero baila el perro. Y así destruimos la naturaleza, y nos destruimos a nosotros mismos.
Por eso es necesario preguntarle al Evangelio, si es posible otra clase de vida.

 

1. Una prohibición desconcertante

Jesús dice a sus oyentes: “No anden agobiados”. “¿Para qué se agobian?”. Y con otras palabras les dice: “¿Qué ganan con agobiarse?”.
Esto es relativamente fácil aceptarlo. Esto ya lo recomendaban los sabios antiguos (Sir. 30, 23-31; Qohélet 11, 10; Pv. 11, 25). Lo que resulta francamente desconcertante es que Jesús pida que no se preocupen por las necesidades vitales, ni se atormenten por la búsqueda de la comida y del vestido.
Esto lo dice a gente muy necesitada. Muchos de ellos no tienen ni que comer, ni con qué vestirse (Lc. 1, 53; 3, 11). Esta escasez afecta a sus discípulos más allegados (6, 1).
Esto lo dice Jesús en una sociedad en donde los dirigentes religiosos “devoran” el patrimonio de las viudas (20, 47), y en donde el sistema religioso exprime hasta la última gota a la gente más desamparada (21, 1-4). Los funcionarios extorsionan (3, 14) o cobran más de lo ordenado (3, 13), y la usura es moneda corriente (6, 34).
Esto lo dice en una época muy dura:

El problema básico de toda la vida de un pueblo en la antigüedad era el margen estrecho entre la subsistencia y la hambruna. Los altos réditos y los impuestos sólo extremaban este margen estrecho. Por supuesto, muchos campesinos vivían bajo constante ansiedad por la subsistencia 1.

O sea, que Jesús está hablando a los que ni siquiera tienen la comida del día siguiente asegurada (Mt. 20, 1-15), y que lógicamente van a experimentar la angustia y la zozobra.
Esto parece estar incluso en  contra de la sensatez recomendada por la Sagrada Escritura:

 ...anda a ver a la hormiga, perezoso; fíjate en lo que hace y aprende; aunque no tiene jefe ni guía, ni gobernante, acumula grano en verano y reúne provisiones durante la cosecha (Pv. 6, 6-8).
Si se le hace caso a Jesús, por lo visto no se podrá cumplir con lo que aconseja el sabido inspirado:

Honra a Dios con tus riquezas, con la primicia de todas tus ganancias, y tus graneros se colmarán de grano, tus lagares rebosarán de mosto (Pv. 3, 9-10).

¿O quería Jesús que la gente volviera a un estado primitivo en el que se desconociera la agricultura y la más elemental forma de artesanía?
No hay que amansar el texto; esto no lo dice Jesús a un grupo selecto. ¡No! Lo dice Jesús a todos sus discípulos.
Se trata de que leamos el evangelio sin glosa alguna, con la audacia conmovedora con que lo hizo San Francisco de Asís, y al mismo tiempo se trata de leer el evangelio con toda la inteligencia que Dios nos da, y por lo tanto de no achacarle a Jesús ningún romanticismo enfermizo.
Lo que Jesús nos dice no es un optimismo aniñado, porque él sabe y dice que la hierba se marchita y se quema (12, 28), y que los humanos somos malos (11, 13). Tampoco ve Jesús la vida “en rosa”, ya que enseña a pedir a Dios que nos dé el alimento día tras día (11, 3), señal de que para él éste no es cosa segura.
Por otra parte, Jesús afirma que el trabajador merece su recompensa (10, 7), es decir, que él no desconoce ni la necesidad ni la grandeza del trabajo.

 

2. Razón de esta prohibición

Jesús hace esta prohibición: “No anden agobiados”, y da dos argumentos:

1.   a)   ¿No vale más —literalmente “no es más”— la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?
      b)   Fíjense en los cuervos que... y Dios los alimenta. ¿No son más ustedes que los pájaros?

2.   a)   ¿Si con agobio no pueden hacer crecer su estatura, entonces ¿por qué se agobian por el vestido? 2.
      b)   Fíjense cómo crecen los lirios que... Y si Dios los viste así, “no lo hará mucho más con ustedes, gentes de poca fe?

Como conclusión de estos argumentos que apoyan a la prohibición, vuelve a repetir: “No anden agobiados”, y da razones que pueden resumirse en una sola: eso es propio de paganos, no de ustedes que tienen claro que Dios es su padre.
Por último, culminando todo lo dicho, da una orden: “más bien busquen el reino de Dios”, pero esta vez no da ninguna razón, sino que hace una promesa: “estas cosas les serán dadas por añadidura”.
En realidad esta es la razón por la que no hay que agobiarse ni siquiera por las necesidades más vitales. A un discípulo de Jesús lo que realmente le debe importar, lo que debe ocupar su vida entera es la búsqueda del Reino de Dios.
La insistente prohibición anterior está dicha en función de esta orden.
Esto lo dice Jesús a los que aceptan que con él llega el reinado de Dios; a los que aceptan que con él se manifiesta la definitiva e irrevocable voluntad de Dios de establecer su reinado, que beneficiará a los pobres (6, 20-21), a los pecadores (7, 34. 36-50), a los maltrechos y humillados de toda clase (7, 22).
Esta fe en el reinado de Dios es la razón por la que los discípulos de Jesús toman conciencia de que Dios es padre de ellos, que los cuida y que los quiere entrañablemente.
Esta superación de la angustia ante la inseguridad total por el mañana es fruto de la fe en el reinado de Dios, proclamado (4, 17-21), explicado (15, 11-32; 18, 10-14) y manifestado (7, 22) en Jesús de Nazaret. Es fruto de la fe

...en el poder soberano de Dios para librar de todos los poderes que subyugan (11, 20; 17, 20-21) y para conceder una vida que no engulle la muerte (20, 27-38) 3. 

No es la pura observación de la naturaleza ni siquiera la fe en la creación, sino la aceptación del menaje central de Jesús, de su revelación del reinado de Dios como totalmente cercano lo que da esta visión y esta serenidad fuera de serie, ya que los que aceptan la definitiva intervención salvadora de Dios sólo pueden verlo como padre y por ello se confían totalmente a El.
Ni los cuervos, animales que consideraban impuros (Lv. 11, 15; Dt. 14, 14), ni los lirios, proverbiales por su caducidad (Sal. 37, 2; 90, 5; 102, 12), por sí solos dicen algo. Es Jesús quien los hace ver como muestras del cuidado que Dios tiene por sus criaturas. Es Jesús quien hace el futuro, y por lo tanto también el presente, con ‘los ojos’ de Dios. Unicamente así es como podremos ver lo absurdo de una vida que nos parece lógica y normal. Estas directivas, que rompen todos los límites de nuestra capacidad, las da Jesús a los que aceptan que con él está llegando el reinado de Dios, y están en contraposición total radical al reinado del ídolo llamado gran dinero (16, 13).
Más que órdenes, lo que da Jesús son palabras de consuelo, de paz y de aliento a los que creen que con Jesús llega el reinado de Dios, la gran fiesta de Dios para todos, incluso para los rechazados (5, 34).
Jesús lo dice muy claro: el reino de Dios es para los que padecen hambre, para los pobres, para los afligidos (6, 20-21), esto es, para las víctimas de la prepotencia y de la injusticia (6, 24-25). Jesús ha dicho sin rodeos que el reino de Dios acaba con las situaciones de opresión y de tristeza provocadas por el reinado del dinero (4, 17-21), y crea otra situación que provoca la alegría (Is. 61- 1-3). Para Jesús el reinado de Dios es una fiesta en la que toman parte los ciegos, los inválidos, los enfermos incurables y demás desamparados, en palabras de ahora, el reinado de Dios es fiesta para los que económica y socialmente no cuentan para nada (14, 16-23). Es la fuerte convicción de Jesús y es su clara enseñanza          —más que enseñanza es invitación a la alegría provocada por Dios— de que en el reino de Dios las riquezas no cuentan (12, 21). Lo que cuenta es lo que se haya hecho en favor del desamparado (16, 19-31).

 

3. Causa de un nuevo modo de vida

Por eso, ante la aceptación del reinado de Dios, o sea, ante la aceptación del futuro regalado por Dios, que es perdón (5, 27-32), que es alegría (5, 33-34), que es fiesta (7, 34) y defensa de toda clase de pisoteados (6, 1-5. 6-10), se imponen prioridades y valores muy distintos a los que predominan en una sociedad regida por la prepotencia (9, 46-48), la ambición (18, 15-17), el hambre de dinero (18, 24-30) y de dominio (22, 25-27). Es otro el sentido de Dios (15, 3-7.8-10.11-32), es una realidad muy distinta al dinero lo que da seguridad a la vida (12, 16-21).
Ante la aceptación de esta realidad proclamada y hecha cercana en Jesús se requiere otro estilo de vida (9, 48; 18, 17.22; 22, 26-27). Es otra visión de la realidad; es el mundo visto a la luz de la fe en el reinado de Dios que con Jesús está llegando (11, 20; 12, 22-31.32).  Son los ojos de la fe en el reinado de Dios que nos hacen ver la vida, el mundo (12, 22-31) y la salvación (18, 10-14a) como puro regalo de Dios.
Gracias a esta fe se ve que ni la vitalidad ni el cuerpo dependen de la preocupación de uno, del agobio de uno. Por esta fe uno es capaz de ver que la grandeza y la belleza de la vida dependen de Dios. Por esta fe se llega a ver en la naturaleza la presencia del sabio amor de Dios. Por ella se da el paso de la esclavitud que produce el miedo y la incertidumbre a la libertad que da la confianza en Dios, que nos regala el futuro y el presente.
Al creer en Dios, proclamado y revelado en Jesús, como señor del presente, uno ve la vida como regalo de Dios. Por eso lo que realmente debe absorber el interés del discípulo de Jesús es la aceptación de los valores y del estilo de vida de Jesús, manifestación del reinado de Dios, y no debe el discípulo permitir que nada, ni siquiera la preocupación por la subsistencia, le estorbe en esta búsqueda.
La razón de esta actitud es para Jesús muy clara. Si de los cuervos, animales que no se comían por impuros (12, 24), y de las flores silvestres, de poca duración y que servían como combustible a la gente más pobre (12, 27-28a), Dios cuida con tanta esplendidez, ¡cuánto más va a cuidar de los que esperan ardientemente su intervención salvadora! (12, 24d. 28b). Si Dios ya ha decidido darles su reino (12, 32), una realidad de veras nueva, ¡cuánto más cuidará de ellos día tras día!
El futuro no lo podemos asegurar (12, 25) ni con acumulación de bienes materiales (12, 16-21). Por otra parte, el futuro que éstos aseguran en realidad no es futuro; es más de lo mismo lo que realmente es futuro, es lo que Dios nos ofrece en Jesús de Nazaret (5, 37-38). De esto hay que preocuparse. Esto es lo que hay que buscar, seguros de que Dios no abandona a sus hijos (12, 7.24.28.30).
El reinado de Dios, del que Jesús es la revelación, es el triunfo del perdón (18, 10-14a), del amor gratuito (15, 4-7. 8-10.11-32), de la entrañable misericordia (1, 78) de Dios, nuestro padre (12, 30).
El reinado de Dios es el triunfo de la bondad inmerecida de Dios sobre toda maldad (11, 17-22), de Dios, ternura desbordante (15, 11-32), a quien Jesús con confianza absoluta llama ‘papá’ (Mc. 14, 36; Lc. 10, 21) y a quien nos enseña a verlo (11, 11-13) y a llamarlo con el nombre de padre (11, 2). Y Jesús invita a dedicar a esta realidad la vida entera.
Al agobio por los bienes presentes, Jesús opone la búsqueda del reino de Dios, del futuro realmente futuro, es decir de la situación dfinitiva creada por la justicia de Dios. Y si ésta es regalo de Dios, también lo es la vida.
Y si lo que de veras importa es regalo de Dios, ¿por qué vivir agobiados? ¿Por qué dejar que el agobio por lo que ni da ni es la vida, no los deje recibir el don mayor de Dios?, dice Jesús a sus discípulos.
Jesús los invita a aceptar sus valores, su estilo de vida, manifestación del reinado de Dios. Los invita a una búsqueda desprovista de ansiedad, a

...orientar enteramente su espíritu a un bien futuro (Col. 3, 12; Hb. 11, 13-16), a fijar su mente en el reino que les ha sido prometido y que todavía no han obtenido 4.

O sea, que les invita a vivir en función de esa increíble esperanza que en él empieza a volverse realidad. Si de esta manera orientan su vida, aunque no se agobien por la comida y el vestido, éstos les serán dados por añadidura:

Estos serán concedidos como una añadidura no con respecto a los que tienen o a lo que ya han recibido, sino con respecto a aquello de lo que se preocupan 5.

 

4. ...Qué Jesús inculca con insistencia

Jesús insiste en este tema. Repite la prohibición de no estar agobiado (Mt. 7, 25.31; Lc. 17, 22). San Lucas dirá: “No anden con el alma en vilo” (12, 29). Hace ver la inutilidad del agobio (12, 25-26). Emplea dos argumentos para reforzar la prohibición (Lc. 12, 23-24; Mt. 6, 26 y Lc. 12, 25-28; Mt. 7, 27-30). En los dos, al menos en lo que parece la versión más antigua, usa el recurso ‘de mayor a menor’ y el de ‘menor a mayor’. Dos veces menciona el cuidado de Dios por creaturas insignificantes (12, 24.28). También dos veces hace ver a sus discípulos que ellos para Dios valen más (12, 24), mucho más (12, 28) que esas creaturas. Más aún, concluirá su enseñanza con una referencia al cuidado paternal que hacia ellos tiene Dios (12, 30). Sin embargo aquí no termina todo: al agobio por las necesidades vitales contrapone la búsqueda del Reino de Dios.
Tanta insistencia y tanta variedad de argumentos muy pocas veces la encontramos en boca de Jesús; sólo en casos que él considera de vida o muerte, como la fe en la resurrección (20, 27-28; Mc. 12, 18-27) y que chocan diametralmente con el universo mental que nos hemos construido.
Así como la infidelidad está fuertemente enraizada en nosotros y somos incapaces de concebir una fidelidad inquebrantable como la de Dios, así también está enraizada en nosotros la ansiedad. Como la infidelidad, “nuestras ansiedades son un enemigo muy poderoso al que hay que atacar, porque son muy profundas” 6. Por eso Jesús insiste tanto en esta nueva actitud, requerida por la nueva situación que provoca la cercanía del reino de Dios que con él se da.
Los discípulos de Jesús no son paganos, no son esclavos de la moira —del destino ciego y despiadado; son hijos de Dios, quien ha decidido reinar en favor de todos los desposeídos (12, 30), y que en Jesús, heraldo del reino, nos muestra su verdadero rostro; su ser de padre bondadoso. Por eso no deben dejarse guiar ni por la angustia (12, 22.26.29), ni por la avidez (12, 30) que genera la escasa nula fe (12, 38), sino por la confianza en Dios (12, 30b) quien les ofrece su reino (12, 32), esto es, inimaginables bendiciones en Jesús su hijo (10, 21).
Por esto, Jesús les está pidiendo otra manera de enfrentar el presente y el futuro.

 

5. Y que tuvo repercusión
en las comunidades cristianas de Palestina

Esta enseñanza de Jesús cayó de perlas a los predicadores ambulantes de las primeras generaciones cristianas, “a los que el reino por venir determinaba el contenido y la meta de su existencia de mensaje-   ros” 7, y que eran enviados a correrías misioneras con la consigna de no llevar ni morral, ni pan, ni dinero (9, 3), ni siquiera sandalias (10, 4), que corrían el riesgo de que sus anfitriones se enemistaran con ellos (11, 37-53), o de que no les dieran hospedaje (9, 52-53; 10, 10-11), por lo que estaban expuestos

...al miedo y a la angustia que surge tanto de la hostilidad de los extraños como de la falta de seguridad respecto a las provisiones básicas de la vida 8.

A ellos se les recuerda la insistencia con la que Jesús pide no tener miedo (12, 4.7.32), no agobiarse (12, 11.22.25.29), tomar conciencia de que ante Dios, que cuida hasta de las creaturas más insignificantes (12, 6.24.27), ellos valen mucho (12, 7.24.25), y que por consiguiente Dios no los dejará morir de hambre (12, 22-31), ni quedarán confundidos en los tribunales (12, 11-12), ni la muerte los separará de la providencia amorosa de Dios (12, 4.7), que es padre de ellos (12, 30), y a quien en medio de tanto

...fracaso (10, 13-15) que los hunde en el desasosiego, Jesucristo les asegura que ya son el rebañito del Padre y los herederos declarados del Reino 9.

A ellos se les recuerda que hay que vivir sin miedo ni angustia, en la fidelidad al Hijo del Hombre, porque en ella se juega su relación eterna con Dios (12, 8-9). Y esto es lo que cuenta (12, 31).

 

6. La aportación de San Lucas

San Lucas hizo cambiar de estilo (12, 23.24c), de vocabulario (12, 24a.27a) y de ideas (12, 25.29), para hacer más accesible el mensaje de Jesús al oído y a la mentalidad helenistas.
Pero sobre todo es significativo el contexto en que pone él esta enseñanza. Con esto le da un nuevo sentido; la pone inmediatamente después de la advertencia contra toda clase de avidez (12, 15) y del ejemplo del rico tonto (12, 16-21).
A la construcción de muchos graneros por el rico (12, 18), se opone el hecho de que los cuervos no tienen granero (12, 24). Al espejismo del rico tonto de tener muchos bienes (12, 18), se contraponen las promesas de Jesús a los que buscan el reino de que “esas cosas les serán dadas por añadidura” (12, 31b), y a la avidez (12, 15) contrapone la generosidad absoluta (12, 23).
Por ende, “el lector debe leer estos aforismos de Jesús en la perspectiva del ejemplo narrado” (12, 16-21), ya que “con los aforismos sobre la preocupación, que Lucas añade como enseñanza a los discípulos (v. 22a), saca él las consecuencias ético-prácticas de los hechos expues-tos” 10.
A gente de medio urbano San Lucas les hace consecuencias prácticas de creer en el reinado de Dios, que se nos revela en Jesús.
Si no aceptan este mensaje de Jesús y sus consecuencias para la vida diaria, los discípulos muestran ser gentes de poca fe (12, 28), ser tontos (12, 20) y no ser ricos ante Dios (12, 21).
Al ser discípulo de Jesús, ya no se trata de acumular para sí y de quitar, sino de dar (12, 33). Así, el discípulo no solamente verá (12, 24.27.30), sino que será un medio por el que se manifieste el cuidado paternal de Dios. Con esto se consigue la verdadera y duradera riqueza (12, 34), la que vale ante Dios (12, 21). Sólo así Dios es la máxima riqueza de ellos, sólo así está en Dios su corazón (12, 34). Sólo así gozarán de la carencia de agobios (12, 22.55) porque saben que su seguridad está basada en el amor paternal de Dios (12, 30b).
De lo contrario, si el dinero es lo que en realidad cuenta para ellos, si ése es su tesoro y por lo tanto ahí está su corazón (12, 34), si los bienes materiales no están al servicio de los más necesitados (12, 33; 18, 22), si lo que en verdad les importa es ser ricos, se llenarán de tristeza (18, 24-25), no entrarán en el reino de Dios (18, 24-25), no encontrarán calor humano ni verdadera hermandad en la iglesia (18, 29-30a). Asfixiarán en ellos la semilla plantada por Jesús, palabra de vida (8, 14). No tendrán parte en la vida de Dios (18, 30b) y, como el rico tonto, no valdrán nada ante Dios y perderán miserablemente la vida (12, 16-21).


7. ¿Es actual esta enseñanza?

De este tema y esta forma únicamente pueden hablar Jesús y sus verdaderos seguidores.
Sólo quien cree en serio en el reinado de Dios, y no en el del dinero, puede ver el presente y el futuro como regalo de Dios y puede exigir en esta sociedad cochina absoluta confianza en Dios, sin caer en la más burda hipocresía.
Esta visión de la vida exige una nueva sociedad en donde el motor, la meta y el criterio de toda actividad no sea el dinero.
Esta visión exige que entre los seguidores de Jesús, la manera de relacionarse entre sí no esté dirigida ni sancionada por el dinero (18, 28-30; Hch. 4, 32-37). Esto exige que

...la iglesia entera sea esa nueva sociedad que ya no vive de la violencia, de la rivalidad y del miedo, sino de la no violencia, de la reconciliación y de la confianza 11.

De lo contrario, todo este discurso será puro cuento; sería “abrumar a las gentes con cargas insoportables, mientras nosotros no las intentamos ni con un dedo” (11, 46).

 

8. ¿Esta enseñanza tiene algo que ver
con el gemido de la creación?

Durante la Colonia, los bosques cercanos a Tlapujahua, como los de otras tantas regiones de México, fueron talados para mantener en servicio las calderas de las minas. Lo que extrajeron de las minas no dejó ningún beneficio a la gente nativa, solamente dejó socavones y desperdicios.
En la época “revolucionaria” y en la “modernización” actual, en los ríos Marabasco y Atenquique, entre otros, se acabó la pesca que completaba la alimentación de las poblaciones ribereñas. Ahora, en lugar de peces hay desechos industriales y pobredumbre.
La costante destrucción de los bosques de Michoacán no ha aportado ningún beneficio ni a los purépechas ni a los mestizos.
Estos son apenas botones de muestra de una retahila interminable de horrores, y sólo en este reducido rincón de mi país.
La causa de esta desolación irreparable es la avidez, es la esclavitud al dinero.
Lo único que puede acabar a fondo con el reinado del dinero, la realidad más fuerte que este demonio destructor, es el reinado de Dios que en Jesús ha llegado a nosotros (11, 20-23).
Con una esperanza insobornable en una utopía creadora, con la aceptación de un futuro realmente futuro, con la fe en el reinado de Dios que en Jesús ‘se adelanta’, es posible ver el mundo como regalo de Dios, es posible ver las plantas y los animales como manifestación del cuidado de Dios, del esplendor de la bondad divina, y no como meros medios de enriquecimiento que por consiguiente se pueden disfrutar sin miramientos.

José Cárdenas Pallares
Capilla del Rosario
Lázaro Cárdenas 140
28.869 Salahua, Col.
México

 

1 D. E. Oakman. “The Countryside in Luke-Acts”, en The Social World of Luke-Acts. Hendrickson Publishers, 1991, pág. 167.
2  Cfr. R. J. Dillon. “Ravens, Lilies and the Kingdom of God”, en Catholical Biblical Quarterly (1991), págs. 616s.
3  G. R. Beasley-Murrav. “Matthew 6, 33: The Kingdom of God and the Ethics of Jesus”, en Neues Testament und Ethik/Festschrift für R. Schnackenburg. Herder, 1989, pág. 93.
4  J. Dupont. Les Béatitudes. Gabalda, 1973, pág. 287.
5  Ibid., pág. 298.
6  R. C. Tanehill. The Sword of His Mouth. Scholar Press, 1975, pág. 61.
7  Cfr. P. Hoffmann. “Jesu Verbot des Sorgens und seine Nachgeschichte in der synoptischen überlieferung”, en Jesu Rede von Gott und ihre Nachgeschichte im frühen Christentum. Festschrift für W. Marxsen. Gerd Mohr, 1989, págs. 126s.
8  R. C. Tannehill. The Narrative Unity of Luke Acts. Fortress Press, 1986, págs. 244s.
9  J. Schlosser. Le régne de Dieu dans les dits de Jésus. Gabalda, 1980, pág. 583.
10  P. Hoffmann, op. cit., pág. 133.
11  G. Lohfink. Wem gilt die Bergpredigt. Herder, 1988, pág. 131.

 

 
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