
“Estos son los descendientes
de TEraj”
Introducción a Génesis 12-25
Milton Schwantes
La promesa de Yahvé pone al clan de Téraj, en particular a Sara y a Abraham, en camino a la tierra nueva. Gn. 12-25 son, pues, narrativas en camino. Cada historia tiene su modo propio. Tiene su origen peculiar en el mundo judaico, entre la gente del interior de Judá. Los coleccionadores pusieron todo bajo las luces de las promesas de Yahvé, de las promesas de la tierra y de la libertad (11,27—12,20).
Yahweh’s promise puts Terah’s clan, especially Sarah and Abraham, on the way to the new land. Gn. 12-25 are, then, narratives of the “way”. Each story has its own twist. It has its peculiar origin in the Judahite world, among the people of the territory of Judah. The compilers put it all where it would be seen in the light of Yahweh’s promise, the promises of land and of liberty (11,27—12,20).
1. ¿Historias de Téraj?
Las historias de Abraham terminan en el capítulo 25 1. Eso es evidente. A final de cuentas, ahí se menciona la muerte de Abraham: “expiró Abraham” (v. 7). En este mismo capítulo 25 comienza un nuevo conjunto. Hablará básicamente de Jacob. Hasta el capítulo 36 tenemos tales narraciones sobre Jacob, en rigor hasta el final del libro del Génesis, hasta el capítulo 50.
Ahora bien, en 25,19 estos cuentos que se refieren a Jacob llevan el título: “estos son los descendientes de Isaac”. ¿No se tratará ahí de algún engaño? ¿Este título no debería mencionar a “Jacob” en vez de a “Isaac”?
Pareciera que no, pues en 37,2 las narraciones sobre José, de manera semejante, son iniciadas bajo el título que anuncia historias/genealogías de Jacob. Las historias de José son intituladas como si fuesen de Jacob. Las de Jacob como si se refirieran a Isaac.
Y, no sólo eso, las narraciones que comúnmente llamamos “historias de Abraham”, y que llegan a su final en el capítulo 25, nos son introducidas como si fuesen de Téraj. Es lo que leemos en 11,27: “estos son los descendientes de Téraj”. Es, pues, muy evidente que los cuentos sobre Abraham se inician en 11,27 y no en 12,1. ¡Y ahí son presentados como si fuesen de Téraj!
Las historias sobre Abraham empiezan en 11,27 y van hasta 25,18. Y llevan el título: “descendientes/historias de Téraj”. En esta perspectiva, en rigor, no existen “historias de Abraham” en el Génesis, en la Biblia.
Cuando nos referimos a 11,27 hasta 25,18 como “historias de Abraham”, en sí le atribuimos a estos capítulos un título “inadecuado”, obviamente no sólo porque 11,27 le da otro encabezado (“descendientes de Téraj”), sino por un motivo incluso más significativo que percibiremos en el propio encaminamiento de los contenidos de estos nuestros capítulos.
Ahora bien, las historias son de Téraj, porque en la trayectoria de sus hijos —Abram, Najor y Harán— continúa vivo el propio padre. El presente celebra al antepasado. Conmemora a los padres y, en la medida que consideramos los contenidos de los capítulos 12-25, a las madres. Es como si las escenas vividas por los hijos y por las hijas fuesen un homenaje a sus ancestros.
Y eso tiene un significado religioso y ecuménico de primer orden. La historia de Israel comienza como historia de ancestros. Conviene que ahora observemos, en esta perspectiva, los diversos textos de estas “historias de Téraj”.
2. Pequeñas historias
Los textos que se sitúan entre 11,27 hasta 25,18 no constituyen una historia continua, escrita de modo continuo. Se descomponen en breves episodios. Conviene que antes de nada, busquemos darnos cuenta de estas parcelas en que se subdividen nuestros capítulos. ¡Veamos!
Parece que 11,27—12,9 2 forman una cierta unidad. Sin duda es compleja. No deja de ser un cierto amontonamiento de pequeñas parcelas, de breves memorias.
Así, no es casual que en las subdivisiones de nuestras biblias la unidad comienza en 12,1. Se inicia con unas palabras bien programáticas de Dios: “Y dijo Yahvé a Abram: ‘Sal...”. Pero aunque este v. 1 presente su contenido con una fuerza tan especial, no me parece ser éste el comienzo. Lo encuentro antes, en 11,27, donde tenemos la presentación del personaje, de Abram, al cual justamente es dicho 12,1. En verdad, 12,1 no puede ser el comienzo de una unidad narrativa, pues la persona a la cual se refieren estas palabras no era conocida.
Con todo, este breve debate en cuanto a la identidad de esa nuestra primera unidad ya muestra que debemos estar frente a un conjunto muy especial, puesto ahí en el comienzo de todo, hasta un poco en tensión con las reglas usuales. Su asunto son los caminos recorridos por los descendientes de Téraj, y la promesa dada a Abram.
Una escena propia y concluida en sí tenemos en 12,10-20. Su asunto es el secuestro de Saray para el palacio de faraón. Por lo demás, un secuestro consentido por parte de Abram.
El conflicto entre Abram y Lot es el asunto del capítulo 13. El temario del conflicto es concluido dentro de este capítulo. Sin embargo, otro asunto es encaminado en él, el de la aproximación de Lot a Sodoma, la ciudad que tendrá nuevos desdoblamientos en los capítulos 14 y 18-19. Aun así, la cuestión planteada por la historia del capítulo 13, el conflicto entre Abram y Lot debido a la falta de espacio para sus rebaños, es plenamente solucionada y concluida dentro del capítulo 13.
El capítulo 14 está en cierta continuación con el capítulo 13, pues de nuevo estaremos en compañía de Abram y de Lot, pero su énfasis es completamente otro: se trata del rescate de Lot por el libertador Abram. En este rescate Abram no lucra.
Un nuevo asunto es el del capítulo 15 3. Su punto de partida es la queja de Abram: “continúo sin hijos” (v. 2). Y eso lleva a las promesas de tierra y de pueblo. No hay casi ninguna ligazón aparente con el capítulo anterior, el 14.
Lo mismo se da en relación al capítulo 16 4: casi nada lo liga con el anterior. Su asunto es la rebeldía de Agar contra su dueño y su patrona. Su huída a la libertad torna, justamente a la esclava, la interlocutora de Dios, aquel del pozo.
También el capítulo 17 5 no liga con el anterior, si bien se asemeja bastante al capítulo 15. De nuevo Abram y Dios son los personajes únicos. Las promesas de la alianza, en especial la del pueblo, son el asunto.
En el capítulo 18 tenemos dos unidades. En 18,1-16 se cuenta la visita de tres hombres a Abraham y, al final, principalmente a Sara. Este cuento tiene cierta continuidad en la próxima unidad, 18,16-33, la intercesión profética de Abraham por la ciudad, por Sodoma. En el v. 16, por otra parte, ambas escenas se encuentran, se entrelazan. Pero aunque estén así interligadas, las dos unidades son bastante autónomas. La primera, 18,1-16, nada tiene que ver con Sodoma, más bien recuerda elementos del capítulo 16.
El capítulo 19, este sí, está en continuidad con la segunda parte del capítulo 18. La destrucción de Sodoma es el asunto en 19,1-29. Y aquí llega a su conclusión lo que se iniciara en el capítulo 13, lo que da a esta narración sobre la ciudad que acogiera a Lot, una importancia especial.
El final del capítulo 19 todavía es parte de esta composición que viene desde el capítulo 13. No obstante, 19,22-33 también ya sigue sus encaminamientos específicos. El cuento de las dos hijas de Lot, que dan continuidad a la familia en medio de las muchas ruinas, son un desafío para la interpretación: nos habíamos acostumbrado a entender a las hijas de Lot como símbolo de decadencia, pero para el capítulo 19 ésta no es la tónica.
En el capítulo 20 claramente es retomado 12,10-20: otro secuestro de Sara. Esta vez, los énfasis, aparte de reforzar el evento anterior, siguen por senderos propios, incluso bastante simpáticos, al rey extranjero, víctima de Abraham tanto como de Sara.
Los capítulos 21-22 6, evidentemente se relacionan bajo la temática de la defensa del niño.
—En 21,1-21 el episodio es el de la protección de Ismael, un niño rechazado.
—Le sigue en 21,22-34 un episodio de disputa del pozo de Abraham con Abimélek. Y aquí estamos en la continuidad del capítulo 20, donde igualmente estuvimos en compañía del filisteo Abimélek.
—En 22,1-19 el paralelo con 21,121 es obvio. Allá estaba en juego la vida de Ismael, aquí se trata de la defensa del niño Isaac, un cuento paradigmáticamente anti-sacrificial.
—Me parece que 22,20-24, aunque “sólo” sean genealogías, tiene su valor propio. Concluye los capítulos 21-22 y remite al capítulo 25. ¡Las historias que hablan de atentados a la vida de niños culminan en genealogías, en vidas!
Una unidad típicamente propia es el capítulo 23 7. La sepultura de Sara es su asunto desde el inicio al final. Hay semejanzas con el capítulo 20.
De nuevo, el capítulo 24 es otro cuento. El casamiento de Isaac viene a ser la narrativa más larga de toda la composición de las “genealogías de Téraj”. Es como si ahí se completase el ciclo generacional. Hay una ligazón, al menos indirecta, entre el capítulo 23 y el 24, si se considera que este último es contado como si Rebeca (capítulo 24) fuese una “sustituta” de Sara (capítulo 23).
Y, de ningún modo, el capítulo 25 es secundario: 25,1-18 establece propiamente las generaciones de Abraham en nuevas perspectivas, volcadas a los parientes en el Oriente. Además, son estas enumeraciones al final de nuestra amplia composición las que dan el desenlace final al sentido de la vida de Téraj, a través de Abraham, Najor y Harán.
Es muy evidente: en todos estos capítulos no nos es presentada ninguna historia continua. Lo que tenemos son genealogías, historias, cuentos, narraciones episódicas, cuyo alineamiento les da una cierta continuidad. Sin embargo, las pequeñas historias de ninguna forma viven de tales continuaciones. Lo que les da vida es, precisamente, el hecho de que llevan, cada vez, sus asuntos hasta su final. Lo que las hace interesantes es que tienen pies y cabeza. En su autonomía está su elegancia. Por eso tuvieron fuerza para volverse literatura. No es el hecho de ser literatura aparentemente continua, toda vez que están encarriladas una después de otra, lo que les da valor y sentido. Su riqueza reside mucho antes en su dinamismo interno. Su tesoro está en que son cuentos, breves, acabados, autónomos, notables.
Tenemos, pues, las siguientes unidades menores que, en general, podríamos llamar cuentos, narraciones, ‘sagas’ (como decía un estudioso 8), mitos, como diríamos en sintonía con los hermanos y las hermanas africanas: 11,27—12,9; 12,10-20; 13; 14; 15; 16; 17; 18,1-16; 18,16-33; 19,1-29; 19,30-38; 20; 21,1-21; 21,22-34; 22,1-19; 22,20-24; 23; 24; 25,1-18.
Pienso que una función más especial cabe a aquellas unidades que hacen las veces de ‘puertas’ y de ‘puentes’. Tales puertas serían la de entrada (11,27—12,9) y la de salida (25,1-18). En ellas se ha de manifestar un mayor interés composicional. Eso ha de valer también para 22,20-22, que debe estar dirigido hacia el capítulo 25, lo que habrá de elucidar un estudio más minucioso. En las demás prevalece de manera amplia el interés de ser unidades propias, autónomas, que, sin duda, también son las que acabo de mencionar, aunque presten asimismo un mayor servicio a la totalidad de la composición.
Y, con esto, ya nos hallamos en la pregunta por la composición del conjunto de los capítulos 12-25. Nuestro próximo asunto.
3. Estructurando estas historias
Las pequeñas historias son autónomas. Funcionan por sí. Pero eso no quiere decir que estén ahí en una secuencia accidental.
Después de todo, son cuentos sobre personas. La propia biografía de cada persona exige cierta secuencia. Se habla, es obvio, de los orígenes antes de hablar de los asuntos de la vida adulta o de la propia muerte. (Las fotografías del casamiento del hijo sólo han de venir después de su nacimiento, de su confirmación en los peligros de la vida. Sí, la propia biografía empuja hacia la organización de las fotos, de las escenas y de los episodios de la vida).
Ya se mencionó arriba que 11,27—12,20 ha de ser un conjunto especial e intencional. Hace las veces de puerta de entrada. Por un lado, nos coloca frente a temas especialmente relevantes de los capítulos subsecuentes. En 11,27—12,9 el asunto que prevalece es el de la tierra en cuanto promesa, un énfasis que se repite en varios de los capítulos que siguen, por ejemplo en 13-14 + 18-19. En 12,10-20 tenemos la oposición a la esclavización de las personas, a la ‘venta’ de la mujer para el harén del señor faraón. Ahí es cultivada lo que nosotros, hoy, llamaríamos libertad, un énfasis que se repite en varios capítulos, como se ve de manera particular en el capítulo 16. Por otro lado, tenemos en 11,27 hasta 12,20 el trazado en que se desarrolla la historia de Israel: el arco va desde Mesopotamia por Canaán a Egipto, para luego retornar a Canaán. He aquí el espacio geográfico de la historia de Israel. Por lo tanto, en términos temáticos y por el itinerario geográfico, 11,27 hasta 12,20 es la puerta de entrada para los capítulos subsecuentes, como mínimo hasta el capítulo 25, pero, en rigor, mucho más allá de éste.
A esta puerta de entrada de 11,27—12,20 corresponde 25,1-18 como puerta de salida. En 11,27—12,20 el trazado geográfico incluye, como vimos, Egipto y Mesopotamia. Allí faltan los parientes del Oriente (la península arábiga). Es lo que realza 25,1-18. Mientras que las vinculaciones con Egipto y Mesopotamia son las relaciones típicas de Israel y Judá en el pre-exilio, las relaciones con los parientes de Oriente, los hijos de Queturá (= perfume), serán características del post-exilio.
Podemos, pues, constatar que los capítulos 12-25 tienen una puerta de entrada y una de salida bien definidas. A partir de esto, el texto ya evidencia cierta estructura. Esta característica de estructura se evidencia todavía mejor cuando miramos con atención los capítulos 13-19.
Estos ciertamente tienen estructura.
El capítulo 13 (ampliado por el capítulo 14) tiene continuidad en los capítulos 18-19. Sus personajes son Abraham y Lot. Su tema es la tierra de la promesa, como tierra de montaña. Lot, quien va a la planicie, a Sodoma, se aparta de las tierras de promesa, en las montañas.
Estos capítulos 13-14 + 18-19 forman un arco alrededor de los capítulos 15-17. Y éstos, a su vez, dejan entrever una clara interrelación: el capítulo 15 y el 17 como que repiten los mismos énfasis: en ambos sólo actúan Yahvé y Abraham; en ambos el tema es la tierra y el pueblo. De cierto modo son textos paralelos. En su centro está el capítulo 16: Agar y su hijo Ismael.
Observando todos los capítulos del 13 al 19, se percibe una figura concéntrica. En el centro están Agar y su hijo Ismael (capítulo 16), alrededor del cual se hallan las promesas de pueblo y tierra a Abraham en los capítulos 15 + 17, circundados por los capítulos 13-14 + 18-19.
Por lo visto, hay una estructura muy nítida en éstos nuestros capítulos.
Al final del capítulo 19 llega a su término el temario iniciado en el capítulo 13: Abraham y Lot (y los hijos de éste) están separados.
¡El capítulo 20 recomienza! ¡No es casual que su asunto remita de vuelta a 12,10-20!
¿Qué estructura tenemos en los capítulos 20-24(25)? Pienso que la respuesta es diferente de la que podíamos dar en relación a la primera parte (a los capítulos 13-19).
En todo caso, es evidente que los capítulos 21-22 componen una sola unidad. Las amenazas a la vida de Ismael (21,1-21) y a la de Isaac (22,1-19), corren paralelas y circundan la disputa por los pozos/tierras entre Abraham y Abimélek (21,22-32).
Una vez vista esta mutua pertenencia en que se encuentran los capítulos 21-22, se percibe también que los capítulos 20 y 23 se conectan a éstos justamente a través de la disputa de los pozos/tierras entre Abraham y Abimélek: 21,22-32 es una continuación, inclusive narrativa, del capítulo 20. Y el capítulo 23 se enlaza ahí a través del tema de la tierra: Sara necesita de un sepulcro, de una tierra. En 21,22s los pozos establecen derechos a la tierra, en el capítulo 23 la tumba cumple el mismo papel. En ambos cuentos, la sagacidad de Abraham consigue llevar las negociaciones a buen término para él y sus necesidades.
Y el capítulo 24 es parte del 23. La relación entre ambos se asemeja a la que se percibe entre los capítulos 13 y 14. El final del capítulo 24 afirma de manera expresa la pertenencia al capítulo 23: “así Isaac se consoló de la muerte de su madre” (v. 67).
Por consiguiente, en tanto la primera parte, los capítulos 13-19, está compuesta de forma concéntrica, la segunda, capítulos 20-24, está organizada de forma más lineal. En todo caso, observamos que nuestros capítulos sobre Sara y Abraham se hallan muy bien estructurados 9.
4. Origen de las historias
Ciertamente, es muy difícil trazar la trayectoria y el origen de las historias y genealogías de nuestros capítulos. Toda solución no pasa de aproximaciones. Aun así, conviene al menos intentar encontrar algunas pistas.
Al respecto propongo comenzar por el origen social. Tengo la impresión de que en este particular hasta se puede hacer una propuesta de buena aceptabilidad.
Estamos en Judá. Todos los cuentos en Gn. 12-25 se refieren a gente judaica. Identifican a sus grupos internos. Indican sus relaciones externas, con sus vecinos. Sugiero tomar estos capítulos como expresión de la cultura y de la vida de Judá. Expresan la identidad de Judá, la identifican. (Los capítulos 23-36 del Génesis son diferentes; en ellos, con excepción de algunos agregados, tenemos la expresión de la gente del norte, de Israel, en particular de Gileade).
Típico de nuestros capítulos es, por ejemplo, el temario de la tierra. Menciono algunos pasajes que dejan entrever este énfasis temático. “Vete a una tierra que te mostraré...” (12,1), encabeza nuestros capítulos. En muchos otros pasajes esta cuestión de la tierra es notoria 10). Ella apunta hacia el origen judaico de nuestros capítulos; a final de cuentas, la gente judaica tenía en la temática de la tierra uno de sus intereses mayores (ver en especial los capítulos 15 y 23).
Igualmente llama la atención que una serie de capítulos tematizan la relación con los grupos y pueblos vecinos: ismaelitas (capítulos 16 y 21), filisteos (capítulos 20 y 21,22-34), moabitas y amonitas (capítulo 19), heteos (capítulo 23), arameos (capítulo 24), etc. Esta preocupación por los vecinos es vista desde una perspectiva judaica.
El modo de referirse, indirectamente, a Jerusalén y sus tradiciones, tiene también el modo de Judá. Pienso en la referencia a Jerusalén en 14,18-20 y, de manera indirecta, en 22,2 (tierra de Moria). Ella es hecha en la óptica de Judá, de quien va a Jerusalén y allí paga tributo y sacrifica. Pienso asimismo en 12,1-3 donde tenemos referencias, al menos implícitas, a la monarquía (“de ti haré una gran nación y te engrandeceré el nombre”). Aquí se transparentan los intereses interioranos (“en ti serán benditos todos los clanes”) más que los de la capital.
Ciertamente, estas evidencias todavía necesitan y pueden ser ampliadas. No obstante, ellas ya nos permiten suponer que Judá, el ‘interior’, sea el espacio de nuestros capítulos.
Se junta a esto nuestra observación inicial de que estos nuestros capítulos no son un texto continuo, sino mucho antes unidades pequeñas, memorias breves, perícopas. No deberíamos, pues, querer localizar el origen de los textos en un escritor, sino más bien en un coleccionador. Cada pequeña historia, cada perícopa, tiene su origen específico.
La memoria de Agar en el capítulo 16 parece tener su origen junto a las fuentes del desierto (vv. 13s), semejante al capítulo 21. Diferente es el capítulo 15, cuya preocupación por el pueblo y la tierra nos lleva antes a la región de la Sefelá judaica. De manera semejante, cada capítulo tiene su pecualiaridad en términos de origen. Aquí no conviene generalizar. El origen de las historias de Gn. 12-25 es diverso en el ámbito de Judá.
Claro está, en el caso de que la teoría documental, la de las fuentes literarias (yahvista, elohísta y sacerdotal) fuese aceptada, el cuadro se puede alterar. Después de todo, esta teoría de las fuentes explica el origen de los textos a partir de las características diferentes que tendría cada una de estas fuentes literarias. Y en el caso de que eso fuese así, nuestros actuales textos serían, antes que nada, creación de autores literarios más o menos individuales.
Sin embargo, esta teoría literaria que atribuye los capítulos 12-25 del Génesis al yahvista, al elohísta y al escrito sacerdotal 11, ya no alcanza a obtener mucha aceptación en la exégesis bíblica, aun cuando le sean agregadas innovaciones continuas 12. No me parece que los estudios que parten de la hipótesis de la teoría de las fuentes literarias sean muy fructíferos.
En fin, ciertamente ninguna palabra muy conclusiva se puede decir, hoy, sobre el origen de Gn. 12-25. Aun así, me parece que es útil partir de las unidades menores, buscando situarlas en la sociedad interiorana de Judá, tanto del pre como del post-exilio.
5. Enfasis de contenido
Estos nuestros capítulos son una verdadera fuente. Abastecen muchas vidas con su saber. De ellos deriva mucha inspiración teológica para judíos, cristianos y musulmanes.
Destaco tres énfasis en la brevedad de este espacio.
La cuestión de la familia es central. En rigor, su bendición es uno de los temas que, a partir de 12,3, encabeza la colección (“en ti serán benditos todos los clanes”). Sus conflictos internos dinamizan los capítulos. Hay discrepancia entre hermanos (Abraham y Lot). Hay cariño hacia los niños que juegan (21,9). Hay defensa de niños (capítulos 21-22). Los conflictos entre hombres y mujeres llevan a personajes al borde de la muerte. Estos y otros temas de las familias traspasan las escenas. Sí, las genealogías de las familias llegan a constituir el hilo conductor que ‘construye’ la unidad y da la secuencia a todos los capítulos. Digamos de pasada, que en este artículo no llegamos a dar mucho realce a las genealogías. Pero ellas son vitales para entender la propia constitución, la vida expresa de estas historias 13. El clan y la familia son uno de los ejes temáticos.
Aquí cabe poner en relieve las ópticas que son destacadas. Por un lado, en especial en el segundo bloque (capítulos 20-25), pero no sólo en él, los niños son centrales. Ellos son, si quisiéramos valernos aquí del lenguaje isaiánico, “señales y maravillas” (Is. 8,18), focos de lectura de los capítulos. Recuerdo en particular los capítulos 21-22, los más enfáticos en la defensa del niño. Junto a esta óptica y con realce todavía mayor tenemos la defensa de las mujeres. En 12,10-20, la tradición del éxodo llega a ser releída justamente en función y a partir de la mujer y su no-esclavización en harenes. La reaparición de este tema en el segundo bloque (capítulos 20-24), le da un valor hermenéutico particular. Los coleccionadores quisieron que la defensa de la mujer —Sara y también Agar, esclava y extranjera— fuese una óptica central de la lectura 14.
Además de eso, los estudios futuros deberían resaltar con corazones más abiertos el tema de la amistad, la cuestión de los vecinos, tan central en las historias. El estudio de Gn. 12-25 ha de ser una contribución a la paz. Se ha olvidado prestar atención a que las escenas narradas quieren bien a los vecinos, sean ellos ismaelitas/edomitas, amonitas/moabitas, filisteos o egipcios, cananeos o arameos. Se sabe de las diferencias entre los judíos y estos vecinos, sin embargo no se cultiva, ni siquiera en 19,30-38, rencor y enemistad. Más bien hay aproximación, en medio de la conflictividad de la vida y de pueblos. La tierra de Sara y Abraham es tierra de paz. La exégesis se ha olvidado demasiado de esta vocación de nuestros capítulos.
Y, por último, resalto todavía la temática de la tierra 15. No obstante, ella no es meramente parte de lo que es dado de hecho. Es promesa. En el Pentateuco, la tierra no es una propiedad por la cual se lucha de forma encarnizada. Es horizonte. Es deseo. Está más en los ojos que en las manos poseedoras. Yahvé es el don de la promesa de la tierra. La teología está ligada, en los capítulos 12-25, de manera estrecha a la tierra; el Dios que habla es el Dios que hace volver los ojos a una nueva tierra (12,1-3). Pero ésta es una dádiva de promesa, no es simplemente un hecho bruto por el cual se lucha con uñas y dientes, con violencia desmedida. Esta tierra es espacio de nuevas relaciones, es suelo de nuevas gentes.
“Sal de tu tierra”, es la palabra del inicio. Y, en el Dios de la promesa, ella permanece.
Milton Schwantes
Rua Faria de Lemos 84
07094-200 Guarulhos-SP
Brasil
1 Ver Carlos Mesters, Sara e Abraão. Petrópolis, Editora Vozes, 1989 (7a. ed.), 130 págs.; Milton Schwantes, La familia de Sara y Abraham. Caracas, Acción Ecuménica, 1993, 128 págs.
2 Ver Schwantes, op. cit., págs. 110-127.
3 Ver Fausto Franco y Milton Schwantes, “Génesis 15. Promesa de Dios y tarea nuestra”, en ibid., págs. 84-108.
4 Ver Mercedes Brancher, Dos olhos de Agar aos olhos de Deus. Gênesis 16,1-16. Tesis de maestría. São Bernardo do Campo, 1995, 152 págs.
5 Ver Milton Schwantes, “Teologia na resistência. Texto e contexto em Gênesis 17”, en Milton Schwantes, A família de Sara e Abraão. Texto e contexto em Gênesis 12-25. Petrópolis, Editora Vozes, 1986, págs. 51-84.
6 Ver Milton Schwantes, “No extiendas tu mano contra el niño (Reflexiones sobre Génesis 21 y 22)”, en RIBLA No. 10 (1991), págs. 27-45.
7 Ver Mercedes Brancher, “Gênesis 23 e o povo da terra”, en Estudos Bíblicos (Petrópolis, Editora Vozes) No. 44 (1994), págs. 17-28.
8 Ver Hermann Gunkel, Genesis. Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1969 (8a. ed.), pág. VII (la primera edición es de ¡1901!).
9 Ver sobre el asunto también Claus Westermann, Genesis. Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1977, págs. 139-148 (Biblischer Kommentar/Altes Testament, v. I/2).
10 Ver Gerhard von Rad, “Tierra prometida y tierra de Yahvé en el hexateuco”, en Estudios sobre el Antiguo Testamento. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1976, págs. 81-93.
11 Los resultados de la teoría documental de las cuatro fuentes (yahvista, elohísta, escrito sacerdotal y ley deuteronómica) pueden ser verificados, por ejemplo, en la traducción de la Biblia de Jerusalén. La síntesis más perfeccionada de esta teoría nos viene de una publicación del siglo pasado (¡1866!): Julius Wellhausen, Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des Alten Testaments. Berlin, 1963 (4a. ed.).
12 Como las de Erhard Blum, Die Composition der Vätergeschichte. Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1984, 564 págs. (Wissenschaftliche Monographien zum Alten und Neuen Testament, v. 57).
13 Al respecto, ver Milton Schwantes, “Histórias de Sara e de seu filho”, en A família..., op. cit., 31-43; Projetos de esperança. Meditações sobre Gênesis 1-11. Petrópolis, Editora Vozes, 1989, págs. 85-93.
14 Existe, ahora, una excelente obra dedicada a la investigación de los textos en perspectiva feminista: Irmtraud Fischer, Die Erzeltern Israels. Feminisch-theologische Studien zu Genesis 12-36. Berlin, Walter de Gruyter, 1994, 396 págs. (Beihefte zur Zeitschrift für die alttestamentliche Wissenschaft, v. 222).
15 Ver José Severino Croatto, “Una promesa aún no cumplida. La estructura literaria del Pentateuco”, en Revista Bíblica (Buenos Aires) No. 44 (1982), págs. 193-206.
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