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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Para entender el libro del Deuteronomio
¿Una ley a favor de la vida?

Shigeyuki Nakanose

 

El libro del Deuteronomio es considerado por las comunidades como el “código de leyes de derechos humanos”. La presente reflexión quiere situar este libro dentro de su contexto histórico-social y de la cotidianidad de las personas que construyeron la historia en cuestión. Es un estudio que apunta a discernir la función de las leyes ahí contenidas a partir de la pregunta fundamental: ¿tales leyes son a favor o en contra de la vida?

The book of Deuteronomy is considerer by many to be a “code of law for human rights”. This reflection to study this book from within its historical and social context and the day to day experience of those who constructed the historical reality in question. It is a study that wishs to discern the function of the laws in relation to a fundamental question: such laws are in favour of or against life?

 

Introducción

Al abrir el libro del Deuteronomio, el lector atento y crítico percibe pronto que está frente a un texto fruto de un largo proceso redaccional. La complejidad de los temas tratados, las variaciones de estilo, las repeticiones, las diferencias de escenarios, la presencia de unidades autónomas, las varias frases introductorias (1,1; 4,44; 6,1; 12,1; 28,69; 33,1) y el cambio de pronombres (“usted”: 1,6—5,5; “tú”: 5,6-21), nos indican que ese libro se formó lentamente. De acuerdo con los estudios más recientes, el proceso de redacción del Deuteronomio duró cerca de 350 años: desde Jeroboán II hasta la reforma de Esdras (750 a. C. al 400 a. C.).
Existen varias teorías sobre la composición del libro, su estructura, autores, lugar y fecha 1. En el poco espacio de que disponemos no es posible abordar todas ellas. Optamos entonces por las teorías más acordes con la línea que viene asumiendo el estudio del Deuteronomio en América Latina, dada nuestra realidad social, económica, política, ideológica y religiosa. Para eso trabajaremos el texto dentro de su contexto histórico-social. Como ningún texto es neutro, podemos sospechar de las informaciones contenidas en él a partir del estudio de la sociedad que se halla detrás y de la cotidianidad de las personas que construyeron la historia en cuestión. Ese esfuerzo nos pondrá frente a frente con el uso y abuso que se puede hacer de las leyes de la teología y de la religión para justificar posiciones y empresas. Esperamos que estas reflexiones nos den pistas para la utilización de este libro en la pastoral de hoy.
El título del libro: “Deuteronomio”, proviene de una interpretación equivocada hecha por la traducción griega de los Setenta (de la LXX) de Dt. 17,18, donde la expresión “copia de la ley” es traducida por “segunda ley” (la primera es la del Sinaí). En 1805, Wilhelm M. L. de Wette, en el estudio de la crítica de las fuentes, muestra la vinculación entre el “libro de la ley”, encontrado en el Templo de Jerusalén en la época de la reforma de Josías (2R. 22,8) y el núcleo más antiguo del Deuteronomio (capítulos 12-26 en su casi totalidad), que es denominado por algunos estudiosos como “Protodeuteronomio”. Esa teoría es desarrollada y profundizada con muchas modificaciones. Los últimos estudios sobre el tema afirman que el material contenido en el núcleo central del Deuteronomio o “Protodeuteronomio”, tiene su origen en el período pre-estatal. Ese material recibe agregados en el transcurso de la historia y es especialmente retrabajado en el Norte a mediados del siglo VIII. Con la caída de Samaria muchos israelitas vienen al Sur y traen sus tradiciones. Entre ellas viene el material del Deuteronomio que sirve de plataforma para las reformas de Ezequías y de Josías. En esas reformas los escribas de la corte revisan, amplían y editan el núcleo antiguo y lo transforman en 4,44—26,68. Más tarde, en el exilio y el post-exilio, ese texto es retrabajado y recibe una introducción: los capítulos 1-4, y una conclusión: los capítulos 29-34, a fin de responder a las nuevas situaciones y ser incluido en el conjunto del Pentateuco. A partir de ahí el Deuteronomio se convierte casi en un “puente”: el punto final del Pentateuco y el comienzo de la Historia Deuteronomista (Josué a Reyes). Veamos los pasos de ese proceso redaccional.

 

1. Quién escribe el libro
     y para qué es escrito éste

¿Quién escribe el libro del Deuteronomio, dónde y cuándo? Al situarnos frente a este libro surgen estas preguntas, tan simples y tan complejas para ser respondidas.
El libro pasa por un largo proceso de crecimiento y, probablemente, su evolución es de dentro hacia afuera. Por lo tanto no tiene un único autor, sino varios autores o grupos sociales con intereses, situaciones, lugares y momentos históricos diferentes. No es posible precisar cada momento de ese proceso. Por una cuestión didáctica vamos a destacar seis etapas principales:

1) período pre-estatal;
2) reino del Norte, mitad del siglo VIII a. C.;
3) reforma de Ezequías;
4) reforma de Josías;
5) redacción exílica;
6) redacción post-exílica.

 

1.1. Período pre-estatal

La simiente de las leyes más antiguas presentes en el Deuteronomio, ciertamente nace en la tierra fértil de la vida de las familias, clanes y tribus en el período pre-estatal. El espíritu de esas leyes es fruto de la experiencia de esclavitud, pobreza, miseria, simbolizada por el éxodo (Dt. 24,18.22). Dentro de ese sufrimiento el pueblo clama a Dios; Dios oye su clamor y “desciende para liberar” (Ex. 3,7). Dios no sólo libera, sino que hace alianza con el pueblo pobre, débil y maltratado, por pura gratuidad y amor (Ex. 19). La experiencia de pobreza, liberación y alianza crea en el pueblo una gran sensibilidad para con los pobres, los huérfanos y las viudas (Dt. 14,28s), y un profundo espíritu de gratitud hacia el Dios vivo y liberador, presente en la vida del pueblo (Ex. 3,14s).
Cuando el pueblo comienza a formar una nueva sociedad ese espíritu estaba presente en su manera de vivir. Su convivencia fraterna es caracterizada por una organización igualitaria, descentralizada, pautada por la práctica de la justicia (Dt. 15,1-18). En ese nuevo tipo de organización nadie era excluido: los pobres tenían acogida, espacio y derechos defendidos. Las características de la nueva organización comunitaria se transparentan en los textos del Deuteronomio: “abre la mano en favor de tu hermano, de tu humilde y de tu pobre” (Dt. 15,11). La palabra pobre viene cargada de afecto, cariño y compromiso: “ni cerrarás la mano a tu hermano pobre” (Dt. 15,7.9.11). El texto muestra que la fidelidad al Dios de la vida, el Dios liberador que hace alianza, exige compromiso con aquellos que por algún motivo están privados de la vida.
La liturgia era la fuente de abastecimiento de la memoria de la liberación (Dt. 16,1.3.6.12) y del compromiso de la alianza. Así, en el corazón de la vida del pueblo las leyes son preservadas como expresión de su fe en el Dios de la vida y en sí mismo. Como memoria de la liberación de una situación de injusticia para una situación de fraternidad, la liturgia se vuelve un espacio de concientización y apertura a las cuestiones sociales: el compartir y la solidaridad son las consecuencias de la alianza con Dios. La gratitud al Dios vivo y liberador tiene que ser expresada no sólo con el culto, sino con el servicio a los hermanos más pobres y necesitados: el extranjero, el pobre, el huérfano y la viuda (Dt. 24,4s), para concretar una sociedad en la que no haya pobres (Dt. 15,4). La participación en el culto integra a la comunidad —siervos, siervas, esclavos, levitas—; todos son convocados a festejar y alegrarse delante del Dios de la vida (cf. Dt. 12,12). La memoria de la situación de esclavitud y del acto liberador de Dios es expresado en leyes o mandamientos que ayudan al pueblo a vivir la alianza (Dt. 15,15). Con el paso del tiempo, esas leyes son releídas y reciben añadidos en dos dimensiones: en la línea profética de la defensa del pobre y oprimido, y en la línea del Estado que se apropia de ellas y las manipula según sus intereses.
Al inicio, la transmisión de esas leyes y principios tribales era hecha oralmente en las familias (Ex. 12,25-27), en las celebraciones (Dt. 26,5-10), y tenía como base de sustentación la memoria de la liberación de Egipto. Textos posteriores presentan señales de esa memoria:

Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué son estos dictámenes, estos preceptos y estas normas que Yahvéh nuestro Dios os ha prescrito?”, dirás a tu hijo: “Eramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahvéh nos sacó de Egipto con mano fuerte” (Ex. 6,20s).

Con el paso del tiempo, una norma o ley surgida en un grupo es copiada y aplicada en otros (Dt. 22,6s). Esas leyes eran guardadas en las familias y en los santuarios, por ejemplo en Siquem (Jos. 24), donde se hacían las reuniones, se discutía la práctica jurídica y se resolvían los problemas. En los santuarios también se trataban los asuntos referentes al culto como sacrificios, ofrendas, y se hacía fiestas. Las ceremonias de renovación de la alianza, donde se recitaban las leyes, eran espacios privilegiados para mantener viva la memoria de las tradiciones. La teología que cataliza esa experiencia primitiva es la llamada tradición efraimita, que se mantiene y expande en medio del pueblo a través de los padres, ancianos y levitas —un tipo de predicador catequista—, encargados de enseñar la ley. En el transcurso de la historia esas leyes son transmitidas y modificadas para responder a las nuevas realidades.
En el Deuteronomio encontramos muchas leyes civiles y religiosas que retoman leyes antiguas que se transparentan en el decálogo (Ex. 20) y en el código de la alianza (Ex. 20,22s.33), y que presentan señales de agregados y relecturas. Tomemos algunos textos para ejemplificar esto:

Ex. 23,10s          año sabático                           Dt. 15,1-11
Ex. 21,2-11        leyes acerca de los esclavos   Dt. 15,12-18
Ex. 22,28s          primicias y primogénitos        Dt. 15,19-23

En Ex. 23,10s el año sabático se refiere al descanso de los campos, en tanto que en Dt. 15,1-11 se habla del perdón de deudas, lo que supone una evolución a la economía financiera. Ex. 21,2-11 explica la cuestión de la compra de esclavos y legisla acerca del tiempo y el modo de prestación de servicios. Dt. 15,12-18 trata de una situación en la que la esclavitud es aceptada por cuestiones financieras. Ex. 22,28s trae la ley sobre la oferta de las primicias de la tierra, el primer hijo y los primogénitos de los animales. El texto de Dt. 15,19-23 describe detalladamente las condiciones para ofrecer los primogénitos de los animales e incluye la ley de la centralización del culto.
Aparte de esas diferencias, lo que nos llama la atención es que la ley de la centralización (Dt. 12,5) se distancia de las antiguas leyes que indicaban y posibilitaban diferentes lugares de culto (Gn. 28,18; 35,14; Ex. 20,24; 24,4; Jos. 24,26). Se trata de una clara evolución de las leyes a causa de la evolución social. Según los estudiosos, el núcleo antiguo del Deuteronomio o “Protodeuteronomio” que contiene esas leyes, es retrabajado en el Norte a mediados del siglo VIII.

 

1.2. Reino del Norte: mediados
       del siglo VIII a. C.

El reino del Norte gana en estructura con Omrí (885-874 a. C.) y con su hijo Ajab (874-853), quienes consolidan el sistema urbano (1R. 16,24). En su política comercial con Tiro, en Fenicia, ellos importan productos sofisticados de metales, cedro y artículos de lujo, y junto con esto “importan” la religión de Baal. Llegan a construir un gran templo para éste en la ciudad-capital de Samaria (1R. 16,31-33; 2R. 10,18-27). La política mercantilista implantada por la Casa de Omrí para mantener la aristocracia de las ciudades produce un profundo conflicto con los campesinos, quienes reaccionan por medio de los grupos proféticos que conservaban la tradición efraimita, las leyes humanitarias de la sociedad tribal: Elías, Eliseo, Miqueas de Yimlá (cf. 1R. 22,1-28) y otros. Para sustentar y mantener viva la esperanza del pueblo, esos grupos desarrollarán las leyes de defensa del pobre en el contexto de la alianza con el Dios de la vida, Yahvéh liberador. Tenemos entonces la confrontación de dos fuerzas: el grupo profético efraimita con las leyes de defensa del pobre en función del pueblo masacrado, y el grupo de la corte que explotaba al pueblo.
Ese conflicto camina con la historia. En el 841 a. C., Jehú (2R. 9-10), jefe de los carros de guerra, apoyado por el movimiento profético de Eliseo, promueve una sangrienta revuelta. Acaba con la dinastía de Omrí, destruye los templos de Baal y asume el trono (841-814). A primera vista parece un triunfo total de Yahvéh, pero en realidad Jehú hace de la religión yahvista una fuerza de sustentación del Estado. En otras palabras, él baaliza a Yahvéh (cf. Dt. 11,16s). A partir de ese episodio, Eliseo y su grupo de sacerdotes y profetas levíticos pasan a desempeñar un importante papel en la corte, convirtiéndose en consejeros del rey (cf. 2R. 13,14-19). La profecía se institucionaliza. A través de ellos la tradición profética efraimita portadora del “Protodeuteronomio” entra en la corte, la cual se apropia de las leyes ahí contenidas y las pone a su favor.
El crecimiento que el núcleo antiguo del Deuteronomio sufre en el ámbito de la corte aparece en varios textos, como la ley sobre el rey (Dt. 17,14-20). La concepción de la monarquía y la alerta contra la posibilidad de un rey extranjero (Dt. 17,15) presentes en ese texto corresponden a la situación del reino del Norte, porque en el Sur la dinastía de David mantiene el dominio del trono prácticamente todo el período del reinado, excepto el tiempo de la reina Atalía (2R. 11). En ese contexto también podemos percibir cómo la ley en defensa del pobre es cooptada por la corte, al presentar al rey como defensor de esa ley.
Con Jeroboam II (783-743 a. C.) tenemos el apogeo político y económico de Israel. Jeroboam reconquista desde Jamat hasta el Mar Muerto (2R. 14,25). El reino del Norte alcanza casi las mismas dimensiones del Reino Unido del tiempo de David y Salomón. Es una época de gran prosperidad. El comercio y la industria se desarrollan de manera acelerada. Aumenta la diferencia social. Crece la clase urbana y rica a costas del empobrecimiento de gran parte de la población, sobre todo la del campo, la mayor víctima de la injusticia y la explotación (Am. 2,6-16). Para mantener sus intereses socio-económicos, Jeroboam II intensifica una política de centralización. El Estado requiere del producto del campo para la mantención de la corte, la ciudad y el comercio. Para eso utiliza la ley de la centralización que obliga al pueblo a entregar su producto en un lugar único que, en el caso, es el santuario de Betel, llamado “el santuario del rey” (Am. 7,13), en detrimento de los santuarios populares del interior, como Siquem. Ese tipo de centralización necesita de un Dios oficial fuerte, y por eso la persecución de otras religiones y la advertencia contra la apostasía de la fe en Yahvéh (2R. 10,18-27; Dt. 13,13-16). Es probable que la ley de la centralización presente en el Deuteronomio haya surgido en ese contexto (cf. Dt. 12).
La reacción a todo ese proceso acontece especialmente a través de los grupos de resistencia portadores de la tradición popular profética efraimita. Esos grupos hacen una fuerte oposición a la monarquía y a sus bases de sustentación. Para eso mantienen viva la memoria tribal. Insisten en la alianza con el Dios de la vida y en la práctica del proyecto igualitario. Sustentan la esperanza del pueblo con la imagen del Dios vivo. Un Dios muy próximo —Padre-Madre— que camina en medio del pueblo (cf. Os. 11,1-4; 13,7s). Entre esos grupos destacamos el de Amós, quien vive durante el reinado de Jeroboam II, y el grupo de Oseas, que acompaña los últimos acontecimientos de ese período.
Después de la muerte de Jeroboam II, el escenario de Israel cambia por completo. Es el inicio del expansionismo del imperio asirio. Frente a la presión asiria el poder central de Israel es cada vez más débil. Las continuas revueltas internas, la guerra sirio-efraimita (734-732 a. C.) y la caída de la monarquía (722), hacen que mucha gente emigre a Judá llevando las diversas tradiciones del reino del Norte.

1a. y 2a. etapas: núcleo antiguo del Dt. 12-26: contiene leyes humanitarias y leyes centralizadoras 

 

1.3. Reforma de Ezequías (716-687 a. C.)

El padre de Ezequías, el rey Ajaz, gobierna Judá entre el 736 y el 716 a. C. (2R. 16). Durante su reinado ocurre la llamada guerra sirio-efraimita (734). Para combatir a Israel y Damasco en esa guerra, Ajaz hace alianza con Asiria y se somete a ella como vasallo (2R. 16,5-9). Ajaz tiene como sucesor a Ezequías quien, conforme al relato de 2R. 18 y 2Cr. 29-31, es el primer rey de Judá después de la destrucción del reino del Norte por Asiria en el 722. Como Asiria entra en crisis después de la muerte de Sargón II (705), Ezequías, en unión con Egipto y Babilonia, hace un pacto anti-asirio. Aprovechando ese vacío en el poder internacional, él emprende una reforma político-religiosa que intenta unificar de nuevo a Judá e Israel. Para justificar su reforma Ezequías convoca a la nación a renovar la alianza con el Yahvéh oficial, sacramentando de este modo su política nacionalista.
En la corte de Ezequías había escribas especialistas en sabiduría y leyes del Antiguo Oriente, al igual que en Egipto y Asiria (Pr. 25,1). Ese grupo, que más tarde recibirá el nombre de deuteronomistas, es el encargado de legitimar las reformas. Ellos acogen con mucho interés las tradiciones venidas del Norte y las adaptan al proyecto de la corte davidista. En la revisión de las leyes del Deuteronomio y otras tradiciones, utilizan tres elementos: la teología davídica, la figura de Moisés como autoridad de la tradición del éxodo, y el nombre de Dios como el autor y promulgador de la ley. Ese material recibe la estructura de los tratados del antiguo Cercano Oriente, en especial de los tratados de vasallaje asirios. Además de eso, tal documento debería ser depositado en el Templo y leído períodicamente en público para fortalecer todavía más la autoridad del rey ante el pueblo.
Las leyes de centralización contenidas en el núcleo antiguo del Deuteronomio (Dt. 12-26) vienen al encuentro de la propuesta de la teología davídica, cuyo objetivo es dar sustentación ideológica al rey. El instrumento es el culto centralizado. En la época de Ezequías cesan los sacrificios en los santuarios (cf. 2Cr. 31; 2R. 18-20). Los argumentos usados en esa teología son: la realeza de Yahvéh, la filiación divina del rey, la figura de Moisés y el propio Yahvéh. En el primer argumento, Yahvéh es presentado como el Dios único, patrono de la dinastía davídica, lo que deslegitima otras manifestaciones religiosas populares, como es el caso de la diosa Aserá (Dt. 16,21). La alianza de las tribus entre sí y con Yahvéh es transformada en alianza entre Yahvéh y David y sus descendientes (Sal. 89,4s.27s.35-37). El segundo argumento que completa el primero es: el rey es hijo de Dios, escogido por Yahvéh para defender los intereses de los pobres y oprimidos (Sal. 2,7-9; Sal. 72,1-4.12s). La relación Dios-pueblo es sustituida por Dios-rey, lo que está en contra de la teología Dios Padre-Madre desarrollada en el Norte, por ejemplo por Oseas (Os. 11,1-4; 13,7s). Otro elemento usado en la organización redaccional del Deuteronomio es la figura de Moisés y del propio Yahvéh. La escuela deuteronomista coloca en el antiguo material una introducción (4,44—9,6; 10,12—11,32) y una conclusión (26,16—28,68). En esos agregados se destaca la presencia de Moisés como portador de la tradición del éxodo. Es importante observar que en la presentación del decálogo es el propio Yahvéh quien habla como autor de la ley. Con esa introducción, el texto quiere evidenciar que todo el Deuteronomio es palabra divina y expresa la voluntad de Yahvéh.
La reforma de Ezequías es interrumpida por la invasión de Senaquerib (701 a. C.). A la muerte de Ezequías, su hijo Manasés ocupa el trono (687-642). Durante su gobierno rehace la alianza con Asiria, con lo que crea una situación complicada (2R. 21; 2Cr. 33) que debe haber llevado a los reformistas a “esconder” en el Templo los textos del Deuteronomio, el “libro de la ley”. Tenemos entonces el retorno de la alianza Asiria-Judá.

 

1.4. Reforma de Josías  (640-609 a. C.)

En el período del reinado de Josías, Asiria estaba en declive y Babilonia aún no emergía en el escenario internacional. Todo favorecía una tentativa de expansión del reino de Judá. Josías ocupa el espacio vacío. Reconquista parte del antiguo territorio israelita para Judá (2R. 23). El rey rompe la alianza con Asiria y convoca nuevamente a la nación a rehacer la alianza con el Yahvéh oficial, dentro del esquema contractual de vasallaje organizado por los deuteronomistas. Da continuidad a la reforma iniciada por Ezequías, y lleva hasta las últimas consecuencias la centralización del culto 2. Hace de Jerusalén el centro político-religioso. Destruye el santuario de Betel y los santuarios yahvistas del interior, así como los lugares de culto cananeos (cf. Dt. 12; 2R. 22-23). El “libro de la ley”, falsamente encontrado en el Templo (2R. 22,3-10), se convierte en la base de sus reformas. Tales reformas, descritas en 2R. 23,1-24, tienen muchos puntos en común con el código de Dt. 12-26.
La reforma de Josías tiene varias consecuencias que benefician a unos y perjudican a otros. Jerusalén, la ciudad-capital, se convierte en el gran centro. Allá está el Templo, corazón de la centralización de Josías. Todo el pueblo de las pequeñas ciudades del interior es obligado a venir al gran centro, hacer peregrinación, prestar culto, participar de las fiestas. La centralización posibilita arrancar más tributo a los campesinos, aumentar el lucro por el control de las rutas, intensificar el comercio. Luego, los que más lucran con la reforma josiánica son: la casa real, los sacerdotes sadoquistas de la corte, los comerciantes y el “pueblo de la tierra”.
¿Y quién paga el precio de ese cambio? Veamos la otra “cara” de la reforma: ella perjudica a mucha gente, sobre todo al pueblo del interior que pierde su lugar de culto y la libertad religiosa, ve aumentar sus gastos con las peregrinaciones, lo que posibilita al Estado ampliar su dominio y explotación, lo que significa a su vez un peso más en las espaldas de los campesinos expoliados. Otro grupo profundamente afectado por las reformas josiánicas es el de los sacerdotes levitas del interior. Sus santuarios son cerrados y destruidos, y ellos son rebajados a “clero” de segunda categoría en la organización del culto en Jerusalén (2R. 23,8s). Es importante recordar que los sacerdotes levitas eran los guardianes de los santuarios del interior, donde había mucho pluralismo religioso. Entre los nombres de los dioses y diosas venerados en esos santuarios destacamos el de la diosa Aserá (2R. 23,4b), quien pese a que era adorada junto a Yahvéh, no aparece en las duras críticas de Amós y de Oseas. Como podemos observar, la reforma josiánica fue un triunfo del yahvismo oficial sobre la religiosidad popular. Tenemos además a los samaritanos o antiguos israelitas, cuyas ciudades fueron anexadas a Judá por Josías. Ellos no tenían motivos para aceptar un rey davídico, y mucho menos un santuario único en Jerusalén.
La avalancha de reformas hechas por Josías provoca resistencias en los grupos afectados por ellas. En respuesta, la escuela deuteronomista hace una revisión de la historia de Israel, desde la conquista de la tierra hasta la reforma religiosa, según los intereses de la casa josiánica. Es la llamada Historia Deuteronomista. El libro del Deuteronomio o el “libro de la ley”, encontrado en el Templo por el sumo sacerdote Jilquias y bendecido por la profetisa Juldá, estaba incluido en esa reedición de la historia. Según todo indica, las leyes más radicales sobre la centralización (Dt. 12,13-19.26s; 18,6-8; etc.) y las leyes de la guerra para justificar la conquista del Norte por Josías y reclutar al pueblo para la guerra (Dt. 20; 23,10-15) provienen de ese período. La presentación del “libro de la ley” es una forma eficaz de legitimar la reforma. Otro elemento de justificación de ésta, como en el tiempo de Ezequías, es la teología davídica que proclamaba al rey como “hijo de Dios”, “padre y defensor de los pobres”. Eso le daba derecho a cobrar tributos en especie y en forma de servicio militar.
El gran objetivo de la Historia Deuteronomista es mostrar la sobrevivencia de Judá gracias a la fidelidad de Yahvéh a la alianza con David y sus descendientes (2Sm. 7). Josías es presentado como un rey piadoso que sigue en todo a “su padre David” (2R. 22,1s). Por eso es aclamado por todo el pueblo de Israel como rey de Judá (cf. 2Sm. 5,1-6). De acuerdo con la Historia Deuteronimista, la causa de la destrucción de Israel fue el pecado de Jeroboam I, quien había colocado a Betel como lugar de culto y hecho los becerros de oro (1R. 12,28-33). Los deuteronomistas insisten en mostrar que Jerusalén es el lugar escogido por Dios para su morada (2R. 22-23).
Esa redacción tiene como propósito hacer propaganda a la dinastía davídica y demostrar que ella tiene futuro, pues está en plena expansión según los caminos de Yahvéh. No obstante, al cabo de tres décadas la historia muestra lo contrario. Viene el exilio y con él la destrucción tan bien descrita en las Lamentaciones y en el libro de Jeremías. El pueblo comienza a dudar del poder de Yahvéh (Lm. 5,20; Jr. 30,14). ¿Cuáles serán las causas de tanta desgracia? ¿Por que Yahvéh destruye la tierra (Dt. 29,22-24)? El pueblo estaba perdido en la maraña del dolor y de la oscuridad (cf. Lm. 2,14; 5,7; Sal. 137; Ez. 18,2).

3a. y 4a. etapas: texto revisado, ampliado y reeditado en ese período de reformas: 4,44—28,68     

 

1.5. Redacción exílica (598-538 a. C.)

En la coyuntura de la destrucción en la que el pueblo pierde toda esperanza, los redactores elaboran la segunda edición de la Historia Deuteronomista. En ese trabajo intentan armonizar el triunfalismo de la primera redacción con la crisis causada por la destrucción e intervención de Babilonia (Dt. 29,22). Su argumento es: la alianza ha sido quebrada. Y el gran culpable es el pueblo por no observar los mandamientos de Yahvéh, instalar la monarquía (1Sm. 8) y adorar otros dioses (1R. 11,1-13). Ahora está siendo juzgado justamente, dado que se le había avisado de forma muy clara (cf. Jc. 6,10; 9,7-15; 1Sm. 12,25; 2R. 17,14.40; 21,9): todas las veces que él abandonaba a Yahvéh para adorar divinidades extranjeras, Yahvéh lo castigaba. El camino de reconstrucción propuesto por la Historia Deuteronomista para el pueblo es aceptar la justicia del juicio de Yahvéh y sus consecuencias, lo que debería llevar al arrepentimiento y a la conversión al Dios único (Dt. 4,39; 1R. 8,46-51). El exilio no es el fin de la historia. Se trata de clamar a Yahvéh pidiendo socorro, como hicieran “nuestros padres en Egipto” (1Sm. 12). Empeñarse en una seria revisión del camino hecho, corregir los errores y... continuar andando.
En la segunda redacción de la Historia Deuteronomista, que abarca el período desde la conquista de Canaán hasta el exilio (Jos., Jc., 1 y 2R.), los escribas se dedican al estudio del Deuteronomio y de los profetas, principalmente Jeremías y Ezequiel. Tenemos aquí la quinta etapa del proceso de redacción del Deuteronomio, donde son añadidos textos para explicar el motivo del exilio, las consecuencias y las posibilidades de salida: el abandono de la alianza de Yahvéh para servir a otros dioses (Dt. 29,25s); la consecuencia es la ira o la cólera de Yahvéh (Dt. 29,20.24.27s), su negativa a perdonar (Dt. 29,20) y las maldiciones (Dt. 29,20.27). Para los deuteronomistas, la salida de esta situación está condicionada al arrepentimiento y a la vuelta a Yahvéh en una actitud de obediencia y entrega, confiando en su misericordia y en su fuerza (Dt. 4,29-40; 30,1-10). ¡Es el pueblo quien ha quebrado la alianza, es el pueblo quien tiene que hacer el camino de vuelta!
La instrucción de Yahvéh a Moisés cuando el pueblo se encontraba en las proximidades de la tierra prometida, adquiere realce en la redacción exílica. Dios promete tierra y ley (Dt. 4,1-7). El promete y cumple, porque es el único Dios, creador del cielo y de la tierra (Dt. 4,32-40). El pueblo, a su vez, abandona la alianza para adorar otros dioses. Eso ya estaba previsto en la instrucción de Yahvéh: el rompimiento de la alianza por parte del pueblo y la consecuente cólera y abandono de Yahvéh (Dt. 31,16s.20). De este modo, los deuteronomistas justifican el exilio como consecuencia de la quiebra de la alianza y de la fidelidad a la palabra de Yahvéh. Pese a los insistentes avisos de Yahvéh, el pueblo es de cerviz dura, abandona la alianza y se desvía del camino (Dt. 4,9-20).
Dos caminos se abren frente al pueblo: la vida y la muerte. Aceptar o rechazar la propuesta: el arrepentimiento y la obediencia total a Yahvéh y a su ley (Dt. 30,15-20) como el camino cierto que conduce a la liberación del exilio. Los deuteronomistas insisten:

...he aquí que hoy estoy colocando ante ti la vida y la felicidad, la muerte y la infelicidad... Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30,15.19b).

1.6. Redacción post-exílica (cerca del 400 a. C.)

En el tiempo de Esdras los escribas hacen una última redacción del Pentateuco. En ese período la totalidad del texto del Deuteronomio recibe varios retoques para entrar en el conjunto de esa obra. Tenemos entonces la sexta etapa o “sexta edición” del Deuteronomio, con los agregados (1,3; 31,14-23; 32,48-52; 34) que hacen de este libro una especie de “puente” entre el Pentateuco y la Historia Deuteronomista. Y así la elaboración del Deuteronomio llega a su fase final. En esta redacción la figura central del libro en términos literarios es Moisés. El Deuteronomio contiene los discursos de Moisés, sus últimas palabras exortando al pueblo a la fidelidad a Yahvéh, y finalmente su muerte. En su último discurso Moisés recuerda el pasado (Dt. 1-4). Orienta acerca de cómo debe ser la vida en la tierra conquistada (Dt. 5-8), traza las bases de la nueva alianza en Moab y pasa la misión a Josué (Dt. 29-31), hace su cántico y bendición (Dt. 32-33), sube al Monte Nebo, ve de lejos la tierra prometida... y muere. El conjunto del libro quiere ser un llamado a la conversión al Dios oficial, a su ley y a la unidad del pueblo elegido, Israel, en la sociedad teocrática de Nehemías y Esdras.
Todo eso hace del libro del Deuteronomio un don de Dios ofrecido por Moisés como testamento al término de su vida. Los judaítas siempre lo tuvieron en gran estima, tanto que Esdras hace de él el eje para la elaboración de sus leyes sobre lo puro e impuro y sobre la raza elegida.

5a. y 6a. etapas: revisión, reedición de 4 a 28 y ampliación: 1-4 y 29-34

 

2. Estructura

Acabamos de presentar las etapas históricas de la formación del libro del Deuteronomio, resaltando, grosso modo, los textos que surgen en cada etapa. Podemos preguntarnos: ¿esos textos son reunidos intencionalmente o son una simple superposición de capas? De hecho, existen varias tentativas de los exégetas por determinar las estructuras que sustentan esos textos.
Para algunos estudiosos el libro del Deuteronomio sigue el patrón de una celebración litúrgica de culto donde se hacía la renovación de la alianza 3. Más tarde, otros especialistas en el asunto constatan que el esquema del libro es muy semejante a los tratados de vasallaje del Cercano Oriente y que con certeza, en el tiempo de Ezequías y de Josías, los escribas deuteronomistas de la corte usan ese esquema para trabajar los textos del Deuteronomio que habían llegado a sus manos 4. Según las investigaciones recientes, cada una de esas teorías comprueba una etapa de la redacción del libro. Reafirman el texto como producto histórico-social. O sea, la fórmula de la celebración de la alianza, que viene de las celebraciones cúlticas de la época tribal, así como el esquema de los tratados de vasallaje  del Cercano Oriente, son retomados por los redactores de las diversas ediciones. Siendo así, nosotros seguimos el proceso de desarrollo histórico del libro desde su nacedero, respetando la última redacción.

2.1. Estructura general del Deuteronomio

1-4: exílico y post-exílico
             5-11: corte de Ezequías y de Josías
                         12-26: código deuteronómico
             27-28: corte de Ezequías y de Josías
29-34: exílico y post-exílico

2.2. Estructura detallada del libro

I. Discurso introductorio (1-11)
             A. Primer discurso de Moisés (1,1—4,40) 
                         1. Introducción que liga el Deuteronomio al         Pentateuco (1,1-5)
                         2. Discurso introductorio (1,6—4,40; [4,41-43: añadido])
             B. Segundo discurso de Moisés (4,44—11,32)
                         1. Introducción histórica (4,44-49)
                         2. Segundo discurso (5,1—11,32 [...] 26,16—28,68)

II. Código deuteronómico (12-26)
             A. Relaciones con Dios: leyes cultuales (12,1—16,17)
                         1. Introducción (12,1)
                         2. El lugar del culto (12,2—13,1)
                         3. Alerta contra la idolatría (13,2-19)
                         4. Pureza del culto (14,1-21)
                         5. Fiestas y diezmos (14,22—16,17)
             B. Relaciones con las mediaciones: leyes sobre las autoridades (16,18—                                     18,22)
                         1. Los jueces, escribas y leyes de culto (16,18—17,7)
                         2. Los jueces y levitas (17,8-13)
                          3. La ley del rey (17,14-20)
                         4. El sacerdocio levítico, adivinos, magos y profetas (18,1-22)
             C. Relaciones sociales: leyes civiles (19,1—25,19)
                         1. Respeto por la vida del hombre (ser humano) (19,1—21,9)
                         2. Leyes sobre la familia-derechos sociales (21,10—25,19)
             D. Prescripciones rituales y conclusión (26,1-19)
                         1. Las primicias (26,1-11)
                         2. El diezmo trienal (26,12-15)
             3. Conclusión-fin del segundo discurso (26,16-19)

III. Preparación y conclusión de la alianza (27-34)
             A. Primeros bloques de discursos de despedida (27,1—28,68)
                         1. Maldición (27,1-26)
                         2. Bendición y maldición (28,1—28,68)
             B. Segundo bloque de discursos de despedida (28,69-31,8)
                         1. Alianza de Horeb y Moab (28,69—30,10)
                         2. Proximidad de la ley (30,11—31,8)
             C. Conclusión del Pentateuco. Apéndices (31,9—34,12)
                         1. Lectura de la ley cada siete años (31,9-30)
                         2. Cántico de Moisés (32,1-52)
                         3. Bendición de Moisés (33,1-29)
                             himno (33,2-5.26-29) y dichos tribales (33,5-25; cf. Gn. 49)
                         4. Muerte de Moisés (34,1-12)

La propia estructura muestra al libro del Deuteronomio como un proceso histórico. Esa constatación excluye por sí la hipótesis antigua que consideraba a Moisés como autor del libro, conforme nos indican a primera vista las informaciones contenidas en el capítulo 31,9.19.22.28s. Eso refuerza la teoría de que la inclusión de Moisés como autor del texto, es hecha por los redactores para dar autoridad al libro y hacer de éste un “puente” entre el Pentateuco y la Historia Deuteronómica, de la que hacía parte al inicio de su redacción.

 

3. Claves de lectura     

3.1. Estructura

La estructura del texto vista antes es ya una clave de lectura. Ella muestra cómo el libro es escrito dentro del proceso histórico-social. Por esa razón, el primer paso consiste en el análisis del texto dentro de la sociedad en que es escrito. No se trata de un texto neutro, tenemos que sospechar de las informaciones que emergen a primera vista. Para eso se hace necesario describir la sociedad en que surge el texto y cuáles son las circunstancias que dan origen a los hechos y el porqué de los mismos. Es fundamental explicar la interrelación entre un texto y su contexto socio-político-económico-religioso.

 

3.2. Consolidación del sistema urbano

La escuela deuteronomista reelabora las leyes contenidas en el Deuteronomio en función de las reformas de la corte, con vistas a consolidar la política del sistema urbano. Por lo tanto, la macroestructura del Estado puede ser una puerta de entrada para la comprensión del Deuteronomio.

3.2.1. Aspecto económico
a) Fiesta centralizadora: la fiesta como elemento aglutinador del pueblo es apropiada por el Estado para acrecentar la recaudación a través de las ofrendas y del crecimiento del comercio (Dt.16; 26).
b) Sistema fiscal (diezmos): la escuela deuteronomista establece un sistema fiscal en función del aumento de la recaudación del Estado (Dt. 14,24s).

3.2.2. Aspecto social
a) Relacionamiento social: el Estado transforma el relacionamiento tribal, familiar, en un relacionamiento formal rey-súbdito (Dt. 17,15).
b) Nueva clase: en la escuela deuteronomista se destacan los escribas, especialistas en sabiduría y profundos conocedores de las leyes de la corte del Cercano Oriente antiguo. Ellos forman el grupo deuteronomista desde el tiempo del rey Ezequías y comienzan a redactar la historia de Israel en la perspectiva de la corte. Dentro de ese conjunto de escritos elaboran la primera “edición del Deuteronomio”, que significativamente tiene su “última edición” con los escribas del tiempo de Nehemías y Esdras (cf. Dt. 1,15). El legalismo ahí presente atraviesa toda la historia hasta la época del cristianismo.
3.2.3. Aspecto político
a) Ley del rey: en Dt. 17,14-20 encontramos la ley del rey, la cual no se encuentra en ningún otro texto del Pentateuco. El hecho de aprobar la existencia de un rey, legitima la organización socio-política del Estado.
b) Ley de la guerra: se constata en Dt. 7,1s (ley del anatema) y en Dt. 20,10-20 la legitimación de la “limpieza étnica” mediante la destrucción de los pueblos vecinos, lo que facilita la acción militar de la conquista.
c) Ley de la “seguridad nacional”: el texto presenta leyes que denotan represión política (Dt. 13,2-19; 17,2-7).

3.2.4. Aspecto ideológico y religioso
a) Nacionalismo: la nación elegida tiene la pretensión de volver a tener un gran territorio a semejanza del Reino Unido de los tiempos de David y de Salomón (Dt. 11,24; 15,6).
b) Pueblo elegido: la elección hace de Israel un pueblo santo y separado (Dt. 7,6), propiedad exclusiva del Señor su Dios. Esa elección gratuita por parte de Yahvéh debe ser correspondida por la fidelidad del pueblo, excluyendo de su medio dioses y cultos extranjeros (Dt. 7,5). Ese espíritu nacionalista acrecentado con la mentalidad de raza elegida crea una restricción para los extranjeros: de ellos se podía cobrar intereses (Dt. 23,21); ellos no tenían el amparo del perdón de las deudas previsto en la ley del año sabático, esto es, estaban expuestos a la explotación de la esclavitud (Dt. 15,1-3); no se podía nombrar un rey extranjero (Dt. 17,15c). En suma, podemos decir que al extranjero le estaba vedado el derecho de gozar de la ley del pueblo de Dios. El ápice de la teología de la “raza elegida” lo hallamos en la ley de lo puro e impuro del tiempo de Esdras (Esd. 9-10).
c) Yahvéh, Dios único: la unicidad de Dios es el principal “dogma” del Deuteronomio, proclamado desde el inicio (Dt. 6,4). El sistema urbano se apropia de la imagen de Yahvéh para combatir el sincretismo religioso, las prácticas que se siguen de él, y dar unidad nacional a Israel. Los reformistas se proponen acabar con las diferentes manifestaciones religiosas, muy comunes en la vida del pueblo del interior. En ese contexto los reformistas ligan la diosa Aserá a Baal, como un medio para extinguir su culto. El objetivo de esa posición es reforzar la autoridad real (2R. 23,4-7).
d) Yahvéh baalizado: las características de Baal como dios que controla las lluvias, fecunda la tierra, son ahora incorporadas a Yahvéh (Dt. 11,10-17).
e) Yahvéh, único rey: los escribas deuteronomistas reelaboran el yahvismo según los esquemas del Cercano Oriente antiguo, donde el rey exigía fidelidad y obediencia exclusiva por parte de los súbditos (Dt. 17,2-7). La exigencia de fidelidad a Yahvén llega al punto de hacer de los padres delatores de sus propios hijos (Dt. 21,18-21).
f) Yahvéh celoso y vengativo (Dt. 6,14-19; 28,15-46): los deuteronomistas presentan un rostro de Dios que contrasta con la imagen del Dios Padre-Madre. Es un Dios violento, sin misericordia, que manda matar hasta al hermano, el hijo, la hija, la mujer, el amigo, si éstos intentan seducir a alguien a seguir otros dioses (Dt. 13; 19). Ese rostro de Dios se opone a la experiencia del Dios de la vida que hallamos en los grupos proféticos de Oseas, el Segundo Isaías y otros.

 

3.3. Experiencia del exilio y el post-exilio

Con el exilio el pueblo de Israel hace una de las experiencias más duras de su historia. La destrucción de todos los símbolos que sustentaban su identidad: la tierra, el Templo, el culto, etc. En ese contexto, para explicar la destrucción y mostrar las posibilidades de salida, los redactores deuteronomistas reescribirán la historia desde la conquista de la tierra hasta la reforma religiosa de Josías, incluyendo el libro del Deuteronomio. Esa redacción es marcada por la teología oficial desarrollada por Ezequiel y su grupo. Los elementos fundamentales de esa teología son: el Templo (Dt. 31,11), la tierra (Dt. 4,38; 30,16), la raza elegida (Dt. 4,37; 29,13), la ley de lo puro e impuro (Dt. 7,1-16), la teología de la retribución (Dt. 7,9-11). Todos esos elementos son retomados y reforzados en la última edición de la historia, en el post-exilio, por el grupo de escribas de Esdras para respaldar la teocracia dirigida por sacerdotes y levitas. La observancia de la ley (Dt. 31; 32,45-47) gana relevancia en el período de Nehemías y Esdras, funcionarios de Persia:
Y a todo aquel que no observe la ley de Dios —que es la ley del rey—, será castigado rigurosamente, con la muerte o el destierro, con multa o prisión (Esd. 7,26).

 

3.4. Estilo

3.4.1. Lenguaje exhortativo
El Deuteronomio tiene un lenguaje propio en la línea exhortativa, en contraste con todos los códigos hebraicos. Este estilo inflamado, típico de los profetas, es apropiado por los deuteronomistas de la corte de Ezequías y Josías, y acrecentado por los redactores exílicos y post-exílicos para convencer al oyente (Dt. 32,44-47).

 

3.4.2. Lenguaje de sabiduría y de los tratados
La palabra amor aparece muchas veces acompañada de la palabra temor, con un llamado a la fidelidad (Dt. 6,4-9; 30,6). Tal palabra tiene una ligazón estrecha con alianza, símbolo del compromiso de Dios con el pueblo y de éste con Dios. El término es apropiado por los reyes como base de su política manipuladora. Para los escribas deuteronomistas, especializados en el lenguaje de los contratos de Oriente, esa expresión está vinculada a la obediencia del súbdito al rey.

 

3.4.3. Estilo litúrgico
Son muy comunes en el Deuteronomio expresiones como: “recuerda que fuiste esclavo en Egipto” (Dt. 10,19; 24,22); “en el lugar que tu Dios hubiese escogido” (Dt. 12,18; 16,7.11.15); “escucha, Israel” (Dt. 5,1; 6,4; 9,1; 33,7). En la liturgia se renueva la alianza y se liga a la ley. En la ley estaban presentes la defensa de la justicia, la protección del pobre, del huérfano y de la viuda. Muchas veces esa lectura debe haber ocasionado tensión con la clase dominante que tenía otros intereses.

 

3.5. Cotidianidad

3.5.1. Instancia doméstica
Para una lectura provechosa de la Biblia, no basta el análisis del texto y la crítica a la macroestructura. Es menester llegar al nivel de las relaciones humanas que atraviesan los textos, explícita e implícitamente. Es fundamental rescatar lo que hay de más primitivo, pues en los orígenes del texto se halla una sociedad tribal. Es preciso detectar las leyes más simples que nos reportan la vida en el campo (Dt. 22,6s), a la sociedad igualitaria (Dt. 16,11.14) donde nadie es excluido, donde la fraternidad es expresada en términos de solidaridad: “tu hermano pobre” (Dt. 15,7.9.11). La experiencia de esclavitud, liberación y alianza con Dios y entre sí, crea en el pueblo sensibilidad para con los pobres, huérfanos y viudas, y gratitud para con Dios (Dt. 10,18-20). Esa manera de obrar es cultivada en los grupos proféticos como el de Amós, Oseas y otros, y atraviesa los testos del Deuteronomio. En lenguaje de hoy es lo que llamamos “opción por los pobres”, que constituye uno de los temas preferidos de la teología latinoamericana y ha sido objeto de innumerables investigaciones 5.

 

3.5.2. El cuerpo                                   
La lectura del texto bíblico a partir del cuerpo es una lectura incluyente que ve a la persona como un todo, como un haz de relaciones. La pregunta originaria: ¿cuerpo de quién?, nos lleva a otras preguntas sobre género (sexo), etnia (raza), generación (edad), clase (pobre, rico, etc.). Ese tipo de lectura arroja luz sobre los capítulos 19 a 25, que tratan de la cuestión de la vida familiar. Aparentemente, esos capítulos presentan a la mujer libre del dominio del hombre, sea esposo, sea padre. Pero en la óptica vista arriba, la mujer entra en el esquema de concentración del Estado en detrimento de la influencia interior, como es el caso de los consejos de ancianos. Ella sale de la influencia de la relación de sangre y pasa a ser controlada por la corte. Sin la defensa de la familia, ella se tiene que auto-defender. Normalmente eran muertas, pues estaban a merced de la corte y sus leyes 6 (Dt. 22,13-21.23-27).

 

3.5.3. Religiosidad popular
La religiosidad popular de los agricultores estaba marcada por el sincretismo y la participación comunitaria. Una de sus características era la fiesta, que reunía familias, vecinos, etc. (Dt. 12,12). Ahí había espacio para todos: mujeres, niños, viejos y enfermos. Con la consolidación del Estado, la religión oficial concentra la manifestación religiosa en el culto realizado en el Templo, en la ciudad (Dt. 16,11). El combate a la religión popular invade el día a día del pueblo. El establecimiento del yahvismo oficial, que en su origen era una religión de pastores con fuertes rasgos patriarcales, restringe el espacio de las mujeres. El pueblo pierde el derecho de expresar su fe al ver destruidos sus símbolos y limitados sus espacios.

Conclusión

Iniciamos este estudio con la pregunta: ¿una ley a favor de la vida? Una vez recorrido el camino, volvemos a ella de nuevo. Mirando de cerca el libro del Deuteronomio percibimos un fuerte contraste: leyes minuciosas que defienden la vida humana, la naturaleza (Dt. 22,1-13), y leyes que son nítidamente contra la vida, que mandan hasta a exterminar pueblos vecinos (Dt. 20,17). Tenemos por lo tanto, en el mismo libro, la tradición popular y la ideología oficial. Esa ambigüedad exige de nosotros discernimiento. Y el gran criterio de discernimiento es la vida. Eso significa que para situarnos de manera adecuada frente al texto, dos cosas se hacen necesarias: la opción concreta por los pobres y marginados y el estudio del texto en su contexto histórico, verificando las circunstancias que dieron origen a los hechos y su porqué. Esa descripción nos va mostrar el juego de poder, la influencia de personas o grupos en la sociedad en cuestión, y viceversa. Sin embargo es preciso ir más lejos, es decir, ir a la cotidianidad, al día a día de las personas que están detrás del texto y establecer empatía con ellas. Ahí es posible sentir lo que Dios siente, esto es, hacer una experiencia del Dios vivo que habla en el texto a través de la vida y percibir cuáles son las leyes que ayudan al pueblo a vivir y cuáles las que lo desvían del camino de la vida.
El libro del Deuteronomio siempre fue importante en la vida de las comunidades. Las comunidades de Mateo y de Lucas presentan al Espíritu venciendo a Satanás, en el bautismo de Jesús, con pasajes del Deuteronomio (Mt.4 y Lc. 4). Para nuestras comunidades hoy, el libro del Deuteronomio es el “código de derechos humanos”. Esas consideraciones nos comprometen a hacer una lectura seria de ese libro para que podamos beber de la misma fuente generadora de vida que sustentó al pueblo ayer y lo puede sustentar hoy.

 

Bibliografía

1. Lectura comunitaria

Este estudio es fruto del diálogo con los asesores/as y colaboradoras/es del Centro Bíblico Verbo: Carlos Mesters, Enilda de Paula Pedro, Francisco Orofino, Luiz Dietrich, Maria Antonia Marques, Nancy C. Pereira, Valmor da Silva. Un agradecimiento especial para Enilda por la ayuda en la revisión del texto.

 

2. Bibliografía básica producida en América Latina

Anderson, Ana Flora-Gorgulho, Gilberto da S. “O Deus vivo liberta e reúne o povo dos pobres. O Deuteronomio”, en Revista Eclesiástica Brasileira (Petrópolis) Vol. 41, Fasc. 164 (Dezembro, 1981), págs. 660-671.
Bonilla A., Plutarco. “Biblias de estudio. El tema de la pobreza y temas afines en el Deuteronomio”, en Traducción de la Biblia. San José, 1993, V. 25, No. 66, págs. 137-148.
Dreher, Carlos A. “Las uvas del vecino”, en RIBLA (San José) No. 14 (1993), págs. 23-39.
Kramer, Pedro. “O órfão e a viúda no livro do Deuteronômio”, en Estudos Bíblicos (Petrópolis) No. 27 (1990), págs. 20-28.
Dias Mateos, Manuel. “Teu irmão pobre. Dt. 15, 7”, en Perspectiva Teológica (Belo Horizonte) No. 66 (1993), págs. 137-148.
Mitchell, Bill. “En torno a la lectura del Deuteronomio: reflexiones andinas”, en Boletín Teológico (Florida) V. 25, No.50 (1993), págs. 87-93.
Nakanose, Shigeyuki. Josiah’s Passover. Sociology and the Liberting Bible. Maryknoll, Orbis Books, 1993.
Orofino, Francisco. “Contigo yo golpearé al caballo y al caballero, al carro y al conductor”, en RIBLA No. 4 (1989), págs. 35-45.
Pinzeta, Inácio. “Um projeto de defesa aos estrangeiros: a proposta do Deuteronômio”, en Estudos Bíblicos No. 27 (1990), págs. 29-37.
Storniolo, Ivo. Como ler o livro do Deuteronômio. Escolher a vida ou a morte. São Paulo, Paulinas, 1990.
Zabatiero, Júlio Paulo Tavares. Adoração e solidariedade. A reorganização econômica de Judá. Exegese sócio-crítica de Dt. 14,22—15,23. São Leopoldo, Instituto Ecumênico de Pós-Graduação, 1995 (disertación de maestría).

 

3. Bibliografía con informaciones importantes   

Benjamin, Don C. Deuteronomy and City. Lanham, Md., University Press of America, 1983.
Claburn, William E. Deuteronomy and Collective Behavior. Ph. D. Diss. Princeton University, 1968.
Gottwald, Norman K. Introdução Socioliterária à Bíblia Hebraica. São Paulo, Paulinas, 1988.
Klein, Ralph W. Israel no Exilio. São Paulo, Paulinas, 1990.
Lohfink, Norbert. Grandes manchetes de ontem e de hoje. São Paulo, Paulinas, 1984.
López, Félix G. O Deuteronômio. São Paulo, Paulinas, 1992.
Olyan, Saul M. Asherah and the Cult of Yahweh in Israel. Atlanta, Scholars Press, 1988.
Schmidt, Werner H. Introdução ao Antigo Testamento. São Leopoldo, Sinodal, 1994.
Sicre, José Luis. Introdução ao Antigo Testamento. Petrópolis, Vozes, 1994.
Steinberg, Naomi. “The Deuteronomic Law Code and the Politics of State Centralizacion”, en  N. K. Gottwald-R. H. Horsley (eds.). The Bible and Liberation. Maryknoll, Orbis Books, 1993, págs. 365-375.
Thompson, J. A. Deuteronômio. Introdução e comentário. São Paulo, Mundo Cristão, 1991, págs. 11-79.

 

4. Comentarios importantes en inglés

Christensen, Duane L. Deuteronomy 1-11. Dallas, Word, 1991.
Driver, S. R. A Critical Exegetical Commentary on Deuteronomy. Edimburgh, T. & T. Clark, 1986.
Mayes, A. D. H. Deuteronomy. Michigan, Eerdmans, 1981.
Rad, Gerhard von. Deuteronomy. Philadelphia, The Westminster Press, 1966.

 

Shigeyuki Nakanose
Rua Verbo Divino 993
04719-001 São Paulo-SP
Brasil

1 J. A. Thompson. Deuteronômio. Introdução e comentário. São Paulo, Mundo Cristão, 1982, págs. 11-79.
2 Shigeyuki Nakanose. Josiah’s Passover. Sociology and the Liberting Bible. Maryknoll, Orbis Books, 1993.
3 Gerhard von Rad. The Problem of the Hexateuch and Other Essays. London, ET, 1984.
4 Moshe Weinfeld. “The Loyalty Oath in the Ancient Near East”, en Ugarit Forschung, Vol. 8 (1969), págs. 379-414.
5 Carlos A. Dreher. “Las uvas del vecino”, en RIBLA (San José) No. 14 (1993), págs. 23-39.
6 Naomi Steinber. “The Deuteronomic Law Code and the Politics of State Centralization”, en N. K. Gottwald-R. H. Horsley (eds.). The Bible and Liberation. Maryknoll, Orbis Books, 1993, págs. 365-375. 

 

 
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