
Pixley, Jorge. Vida en el Espíritu.
El proyecto mesiánico de Jesús después de la resurrección. Managua, CIEETS, 1993, 246 págs.
Elsa Tamez
Vida en el Espíritu es una obra excelente de Jorge Pixley. A través de sus 246 páginas conduce a los y las lectores a mirar desde el Espíritu Santo, de Dios y de Cristo (una nueva experiencia de Dios desde el Cristo Jesús resucitado), toda la historia revelada y relatada en las Sagradas Escrituras. Lo hace con la rigurosidad de un biblista serio que toma en cuenta no sólo el contexto que produce el texto, sino las diferentes perspectivas de los autores bíblicos. Y al mismo tiempo lo realiza con un lenguaje accesible y una redacción agradable. Es por ello que el lector y la lectora se sienten motivados a concluir el libro de una sola sentada. La curiosidad de saber el contenido de lo que sigue, capítulo tras capítulo, hace difícil interrumpir la lectura para otros momentos. Pero eso no quiere decir que la obra sea simplemente una lectura interesante y coyuntural. Puede considerarse como una obra de consulta. Pixley, pareciera ser, no deja fuera ningún texto bíblico que hable sobre el Espírito.
El libro consta de seis capítulos, cuyo hilo conductor es la presencia fundamental del Espíritu como aquel que da vida, libertad, dinamismo y sabiduría a las personas y comunidades que se dejan orientar por él. No contiene una introducción y conclusión generales, pero cada capítulo inicia con una introducción, la cual a su vez interrelaciona los capítulos de manera que los y las lectores no se pierden del hilo conductor.
El primer capítulo es clave. Trata sobre la experiencia del Espíritu en el movimiento formado por Jesús, el Cristo, muerto y resucitado. Busca entender la experiencia del Espíritu en el movimiento mesiánico después de la muerte del Mesías. Lo hace a partir de los cuatro evangelios y de Pablo. Para Pixley, según las Escrituras, el Espíritu es la continuidad entre el Mesías pre-pascual y las iglesias cristianas que recibieron el Espíritu Santo después de la resurrección del Mesías. Estas siguen afirmando que Jesús es el Mesías, pero viven un “mesianismo espiritual” o “mesianismo por el Espiritu” que difiere en la base social del movimiento galileo, pues el Espíritu de Jesús suscita un nuevo pueblo que va más allá de la etnia judía. Las comunidades cristianas compuestas por todos los pueblos, continúan la misión mesiánica afirmada em la resurrección de Jesús con la presencia vivificadora del Espíritu. Gracias a la resurrección, puente de continuidad, la conciencia mesiánica se amplía.
En el segundo capítulo Pixley hace una relectura de las Sagradas Escrituras de Israel desde las primeras comunidades cristianas, fundadas por el Espíritu. Se trata de una “lectura espiritual” o cristiana hecha sobre la primera lectura de la experiencia del pueblo de Israel, sin invalidarla. En su relectura queda clara la participación primordial del Espíritu durante el tiempo de los jueces y la monarquía (ésta a través de los profetas), y en toda la historia de Israel reflejada en el Pentateuco, la historia deuteronomista, la historia cronista y la sabiduría, sin pasar por alto el Espíritu en la vida devocional. En este capítulo queda plasmado el vasto conocimiento del autor como especialista del Antiguo Testamento.
El tercer capítulo es un estudio sobre el Espíritu desde la antropología bíblica. Examina el espíritu del ser humano y su relación con el Espíritu de Dios. Inicia su labor aclarando algunos errores muy comunes en la concepción dicotómica actual. Analiza los términos ruaj, nefesh, jayya y concluye con un análisis del Espíritu, vida y comunidad, tanto en el Antiguo como en Juan y Pablo del Nuevo Testamento. Queda plasmada en Pablo la relación intrínseca entre la vida de la persona y su comunidad. Templo del Espíritu está presente tanto en el cuerpo de la persona (1Co. 6,15-19), como en el cuerpo de la comunidad (1Co. 3,16s).
En el cuarto capítulo Jorge Pixley presenta la elaboración trinitaria de la experiencia cristiana de Dios, que nace de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo. Incluye la experiencia cristiana apostólica y concluye con las formulaciones de los grandes concilios ecuménicos. En ellos analiza el lugar del Espíritu Santo en el proceso de elaboración de los dogmas presentes en las conclusiones de los concilios.
El quinto capítulo se pregunta acerca de la importancia del Espíritu Santo en la vida práctica secular orientada por la ciencia. El interés en saber qué dice el Espíritu a la filosofía, la economía, la política y la teología. Pasa someramente por el deísmo, el ateísmo y el materialismo histórico.
En el último capítulo, sexto, el autor describe el significado de la vida en el Espíritu en las iglesias cristianas. Vivir en el Espíritu es afirmar la vida en un contexto como el latinoamericano: “ancho y ajeno”; es vivir en libertad; es hablar con palabra profética; es crecer en una vida comunitaria; es participar en la comunión de Dios Trino y vivir en seguimiento de Jesucristo quien da testimonio del Espíritu.
Hoy día los teólogos, teólogas y biblistas estamos buscando nuevas maneras de hablar de Dios. La recomposición del mundo político, económico y religioso lo exige. Jorge, a través de su obra, ofrece pistas importantísimas para un discurso teológico nuevo y relevante. En verdad la reseña se queda corta frente a la riqueza de detalles de su texto.
Recomendamos su obra como una lectura obligatoria para todos y todas, y en especial para quienes debemos responder desde la Biblia y la teología a los desafíos actuales. A excepción de uno que otro párrafo que desentona (esto ocurre cuando habla directamente de la situación política actual, no por el contenido, sino por el lenguaje trillado que emplea) su texto es una delicia. Gracias, Jorge.
Elsa Tamez
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