
Todavía
El sentido de los sueños interrumpidos en el Apocalipsis (7,1-17; 10,1-11,14)
Leif E. Vaage
Este artículo intenta profundizar el significado de las dos “interrupciones programadas” en el libro del Apocalipsis entre el sexto y el séptimo sello en 7,1-17 y en 10,1-11,14 entre la sexta y la séptima trompeta. Se propone que estas “interrupciones programadas” reflejen el poder de la imaginación utópica comprometida para interrumpir la lógica aparentemente inexorable del imperialismo político y económico y los procesos de destrucción que éste crea. Al lector actual latinoamericano las mismas “interrupciones programadas” le ofrecen un modelo de un soñar socio-teológico que podría ayudar a animar y promover la resistencia al presente reino de la muerte a pesar de ser un momento que algunos han llamado “postrevolucionario”.
This article discusses the possible meaning of the two breaks in the book of Revelation between the sixth and seventh seal in 7,1-17 and between the sixth and seventh trumpet in 10,1-11,14. It is suggested that these breaks reflect the power of the engaged utopian imagination to interrupt the otherwise relentless logic of political and economic imperialism and the processes of destruction that these produce. The same breaks thus provide the contemporary Latin American reader with a model of social-theological “dreaming” that may help to encourage continuing resistance to the present reign of death at a time said by some to be “postrevolutionary”.
I
Los sueños son un elemento importante en la vida de muchos pueblos latinoamericanos. La gente cree mucho en el papel “prognóstico” de los sueños. Por los sueños se piensa vislumbrar el porvenir. Por lo menos se da un presentimiento. Por ejemplo, la expresión: “anoche me soñé con” fulano tal. Si la persona con la cual se ha soñado está viva todavía, quiere decir que a la persona que ha soñado le está necesitando. Que a uno le buscan o están con ciertos problemas. Si la persona que aparece en el sueño ya se ha muerto, quiere decir que a su alma no le va bien, quizá le hace falta una misa. Así, de todos modos, la creencia.
A nivel socio-político, los sueños son las utopías por las cuales se espera superar el presente orden injusto. En su premiado libro, Buscando un inca: identidad y utopía en los Andes, el conocido historiador peruano, Alberto Flores Galindo, describe el caso muy interesante de un hombre, Gabriel Aguilar, originario de Huánuco, quien fue ahorcado el 5 de diciembre de 1805 en Cuzco por haber intentado “organizar una conspiración para asaltar el cuartel, posesionarse de la ciudad e iniciar un proceso que debía culminar con la expulsión de los españoles” del Perú. El caso de Aguilar ocurre en la víspera de la guerra de independencia contra la corona española y el siguiente establecimiento de la República del Perú. El historiador Flores Galindo se interesa por el caso, porque piensa “abordar la comprensión de una época a partir de la subjetividad, del mundo interior, de la manera peculiar como el acontecimiento es vivido por los protagonistas” . Los sueños de Aguilar sirven, pues, como puerta de entrada en el mundo “prerevolucionario” de la resistencia popular y la aspiración de vivir otra realidad.
Actualmente en América Latina se vive el problema de los sueños interrumpidos, es decir, las utopías suspendidas y, cuando uno se siente decaído, aparentemente echadas al suelo. El nuevo “orden” mundial con sus mortíferos “ajustes estructurales” sigue imponiéndose. Muchos proyectos de alternativa se ven cortados en medio caminar. Se presenta la tentación del fracaso. ¿Cómo contestarle? ¿Cómo mantener la esperanza y la voluntad para seguir resistiendo en medio de tanta pesadilla? Leamos el libro del Apocalipsis.
II
El libro del Apocalipsis es casi todo tipo sueño. Me refiero al discurso onírico o sea, simbólico del libro. La obra, mejor dicho, se desarrolla como una serie de sueños. Una serie de varios complejos de sueños, cada uno de los cuales - por lo menos, los más notorios -están construidos en base a una serie de siete momentos.
No puedo discutir en este artículo la estructura literaria de todo el libro del Apocalipsis. Personalmente, pienso que se la puede representar, groso modo, con el siguiente esquema:
A. Los principios
1. Prólogo 1,1-20 El profeta Juan
2. Las siete cartas 2,1-3,22 Las comunidades
3. La realidad celestial 4,1-11 Dios
B. Los procesos conflictivos
4. Los siete sellos 5,1-8,1
5. Las siete trompetas 8,2-14,20
6. Las siete fuentes 15,1-19,10
C. Los finales
7. El triunfo/juzgamento 19,11-20,15
8. La nueva tierra 21,1-22,5
9. Epílogo 22,6-21
Cada una de estas divisiones tiene sus subdivisiones, y varias quizás podrían ser tema de debate. En el presente artículo, sin embargo, son los tres procesos conflictivos que definen el corazón del libro los que nos interesan mayormente. Y de estos tres procesos son los dos primeros que serán el enfoque principal del artículo.
Importante para el esquema anterior es la conclusión de que el séptimo instante de cada serie de siete sellos, trompetas y fuentes se abre hacia la siguiente secuencia de eventos y visiones y así, en el caso de las trompetas y las fuentes, también incluye en su proceso a los diversos materiales posteriores. En el caso del séptimo sello, el silencio que es el único resultado de la apertura de este último sello (8,1) se llena de una vez - a partir del próximo versículo (8,2) -con el sonarse de las siete trompetas.
La séptima fuente da lugar a varios acontecimientos superlativos: un terremoto más grande que cualquier otro en la memoria de la humanidad (16,18); la desaparición de toda isla y de toda montaña (16,20); una plaga de granizo que cae del cielo como si estuviera lloviendo balas de cañón (16,21). En medio de esta tremenda convulsión se nota que “la gran ciudad se hizo en tres partes, y las ciudades de los pueblos cayeron, y Babilonia fue despertada ante Dios para darle el vaso del vino de la furia de su ira” (16,19 - to poterion tou oinou tou thymou tes orges autou). Y después, en 17,1-19,10, se va detallando esta misma caída de la gran ciudad de Babilonia. Así que la “zona narrativa” de la séptima fuente se extiende desde 16,17 hasta 19,10.
La séptima trompeta presenta un caso parecido. Al sonar la séptima trompeta, primero se escuchan en el cielo “voces fuertes”, las cuales anuncian que “el reino cósmico de nuestro Señor y de su Cristo ha llegado a ser y reinará para siempre” (11,15). Los 24 ancianos alaban al “Señor Dios todopoderoso” y le dan gracias por haber asumido el gobierno del universo (11,16-18). Después, el templo de Dios en el cielo se abre, se ve el cofre de su pacto (he kibotos tes diathekes autou), y de ahí una serie de otros signos más, todos relacionados con el proceso de lucha y salvación, la cual se prolonga hasta 14,20.
La tercera serie de las siete fuentes de la ira de Dios en 15,1-16,17ss se despliega una trás otra sin pausa alguna. No se da ninguna interrupción en el desarrollo de la secuencia. Pero así no es con la primera y la segunda secuencia de los siete sellos y las siete trompetas en 5,1-8,1 y 8,2-11,15ss. En cada uno de estos dos conjuntos de sueños se interpone antes del último instante otro momento, donde se presenta una visión alternativa o sea, hay un desfase entre el sexto y el séptimo instante. La secuencia se corta y se coloca en el espacio “entrecortado” un nuevo discurso. Queremos profundizar el sentido de estos “cortes”.
En su totalidad el libro del Apocalipsis representa el sueño del triunfo final del proyecto de Dios - el reino del cordero - en contra de cualquier otro imperio de este mundo. A partir de la realidad local de unas (siete) comunidades cristianas primitivas ya identificadas con este proyecto - aunque no todas lo hagan con la misma trasparencia, según Juan, o lo hagan con ciertos conflictos internos -, el libro del Apocalipsis anticipa con mucha imaginación y confianza el desmantelamiento definitivo del sistema económico-político reinante y la llegada de otra realidad.
Esta nueva realidad, de la cual el Apocalipsis sueña tan intensamente, será un reino tan “terrenal” como el anterior, aunque su novedad y su bondad se expresan como bajada de los cielos. El libro enfatiza cada vez más la caída asegurada del presente sistema enemigo - Babylon he megale - y su reemplazo por “la nueva Jerusalén,” donde no habrá ninguno de los males vividos hasta ahora. Así es la visión utópica - el sueño básico - del Apocalipsis en sí.
Este horizonte de un futuro diferente es el que constituye el marco general - la linea ideológica - dentro del cual hay que leer cualquier texto particular del Apocalipsis. Será, pues, como parte de esta lógica de la esperanza inquebrantable que los sueños cataclismáticos del Apocalipsis en la primera parte del libro (5,1-8,1; 8,2-11,15ss) también se interrumpen. ¿Por qué? ¿Puede darse aquí también, en este aspecto del libro, un motivo más de ánimo y perseverancia para quienes ahora en América Latina experimentan que los horizontes se cierran y se va postergando la llegada de las utopías?
Los estudiosos del libro del Apocalipsis han solido hablar de estas interrupciones como “interludios” o “intervalos.” A mi modo de ver, es un lenguaje demasiado pacificador y dormidero. Por lo menos, no invita a encontrar en estos espacios intercalados una forma de intervenir en los procesos desastrosos circundantes. No son vistos como otra cara de la lucha permanente por la vida, sino se los trata como si fueran instantes de un escape visionario, tipo salida vacacional, por caricaturizarlo así. Obviamente, no me parece una interpretación adecuada.
III
Después de las siete cartas a las siete comunidades cristianas en los capítulos 2-3 pasamos por una puerta celestial (4,1) primero a una visión del trono de Dios y su majestad (4,2-11) y de ahí a otra visión de un libro con siete sellos “a la mano derecha del sentado sobre el trono” (5,1) y el cordero capaz de abrírselos “en medio del trono y los cuatro animales” (5,6). En 6,1-17, el cordero va abriendo los sellos del libro.
El resultado de la apertura de estos sellos es una serie de graves problemas. Parece seguir la trayectoria de todo proyecto imperial. Primero, se da la conquista (6,1-2), un caballo blanco con su jinete, un arco - se supone con flechas - y una corona. Sale “conquistando y para conquistar” (6,2). Segundo, la paz se pierde y empiezan las matanzas (6,3-4): se asoma un caballo rojo de fuego, un proceso de aniquilación mutua (hina allelous sfaxousin) y una espada grande. Tercero, el fruto económico de este nuevo orden: los precios elevados - joinix sitou denariou kai treis joinikes krithon denariou (6,5-6).
Cuarto, aparece el reino de la muerte montada sobre un caballo verde. El color no es aquí el de la vida, sino de la gangrena y otra putrefacción semejante (6,7-8). La muerte y su discípulo el infierno se apoderan de 25% de la tierra y quedan autorizados para matar como puedan: “con la espada, con hambre, con enfermedad y con las fieras de la tierra” (6,8 - en romfaia kai en limo kai en thanato kai hypo ton therion tes ges). Quinto, se vive el martirio y la plena falta de justicia (6,9-11). Aunque las almas de los mártires hayan pasado directamente al templo - se encuentran bajo el altar - en el cielo (6,9) y su ropa blanca confirme su inocencia (6,11), están todavía esperando el juicio de sus opresores. Y se les dice que descansen un ratito más, porque primero tendrá que haber otros como ellos. No sorprende, pues, al abrirse el sexto sello que se presenta el colapso “ecológico” o total del cosmos (6,12-17). El mundo ya se ha vuelto un caos. Todo queda in extremis. Ha llegado el gran día de la ira divina, y nadie anda impune (6,17).
El séptimo sello auspicia un silencio “como de media hora” (8,1). No pasa nada al final. Del breve momento de calma pasamos directamente a la segunda serie de siete trompetas (8,2). El séptimo sello no es, pues, sino la entrada a otro ciclo de desastres. No termina nada, sino da lugar a la próxima vuelta de dolor y dificultad.
El séptimo sello será como los períodos efímeros de supuesta “recuperación” económica o sea, descanso inflacionario que de vez en cuando se dan por un tiempito en la cultura capitalista tardía internacional, antes de reanudar el descenso acelerado hacia más desigualdad, desequilibrio y sufrimiento. No representa el haber llegado por fin al destino, sino simplemente el retorno a la locura de siempre.
El descanso verdadero se dio entre el sexto y el séptimo sello. Ahí se ha experimentado otra realidad. Existe un verdadero “plan de emergencia” creado con anticipación y capaz de rescatar a todos los (144,000) hijos e hijas de Israel. Este compromiso se confirma con otro sello puesto en la frente de los elegidos.
El sello alternativo (7,3) que asegura al pueblo de Dios - los hijos e hijas de Israel - es un sello tanto personal como masivo que contradice la lógica destructiva de los demás sellos, a pesar de compartir con ellos la misma instrumentalidad simbólica. Nótase que se revela dentro del mismo proceso cataclismático, ya bastante avanzado, la otra cara de la moneda (es decir, del sello). El código del procedimiento escatológico “legalizado” por los siete sellos que nadie supuestamente podía tocar ni alterar (5,4ss), el que debía regir el porvenir del mundo, se ve interrumpido por otro proceso también identificado con su sello. Las armas del mal se cooptan para promover la vida.
Las doce tribus de Israel, cada una con sus doce mil integrantes, son los nombres que representarán a todo el pueblo de Dios (7,4-8). Pero para que no esté mal entendido este símbolo de conjunto completo, sigue de inmediato la aclaración de que tal pueblo “militante” tiene como contraparte a una muchedumbre “triunfante” sin número “de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos” (7,9 - ek pantos ethnous kai fulon kai laon kai glosson).
La liberación, de la cual se sueña aquí en medio de un proceso de deterioro absoluto apocalíptico, no es un “tribalismo” exclusivo que busque reemplazar el imperio actual por otro propio. Tampoco es un proyecto “universalista” que anhele borrar del mapa las particularidades de cada agrupación local. Más bien, es un espacio de encuentro y de gozo que va forjándose y que se define más que nada por haber resuelto los problemas de la comida y el agua y por su práctica de compasión (7,15-17).
Llama la atención que el lenguaje de esta sección sea tan cúltico. Es aquí en el contexto de la visión de los siete sellos donde más la tradición de la oración cristiana primitiva sale a la vista. Me hace preguntar, si un papel importante de la oración cristiana - un rol quizá no siempre apreciado o aprovechado suficientemente - no será el de interrumpir el discurso “sellado” del imperialismo con el “sueño” alternativo de otro mundo, donde “ya no sufrirán hambre ni sed, ni los quemará el sol, ni el calor los molestará; porque el cordero, que está en medio del trono, los cuidará como un pastor y los guiará a manantiales de agua de vida, y Dios secará toda lágrima de sus ojos” (7,16-17).
El espacio social definido por tal práctica litúrgica no sólo será un modo de contradecir el (des)orden cosmopolítico reinante, sino también una forma de ir concretizando la nueva realidad anticipada. El sentido de esta “interrupción programada” será, pues, para plasmar aquí y ahora la alternativa utópica que ha de venir. Claro, mejor que esta realidad alternativa se impusiera de una vez. No queremos hacer del mal vivido y resistido una educación moral. Pero tampoco vale la pena insistir que sea un cambio total e inmediato o nada que ver. Además, puede que la alternativa utópica, de la cual se está soñando, no deba imponerse, es decir, simplemente llegar, sino tenga que brotar e ir formándose desde los primeros esfuerzos de imaginársela que se dan cuando aún están en camino. Por eso en el Apocalipsis pasamos por tres ciclos completos de múltiples etapas, en los cuales la visión final del nuevo cielo y la nueva tierra se va articulando.
Veamos la próxima serie de siete trompetas (8,2 - 11,19). Esta segunda secuencia de escenas apocalípticas puede dividirse en dos grupos. El primero corresponde a las cuatro primeras trompetas (8,7-12); el segundo, a las tres últimas. El primer grupo relata la destrucción de un tercio de todo: un tercio de la tierra y de los árboles y todo el pasto verde (8,7); un tercio del mar y de todos los seres (con alma) en el mar más un tercio de las naves (8,9); un tercio de los ríos y de las demás aguas con la muerte de muchas personas (8,10-11); un tercio del sol y de la luna y de las estrellas y de la luz en sí (8,12). Así se retoma el tema del colapso ecológico que fue el enfoque del sexto sello.
Del segundo grupo, cada una de las tres últimas trompetas representa un acontecimiento propio y más complejo que cualquiera de las cuatro trompetas y los siete sellos anteriores. Así que a las tres últimas trompetas y sus “ayes” se les da, en 8,13, una pequeña introducción aparte. Nótase la triple repetición “ouai ouai ouai” en el mismo versículo (8,13) y después la referencia al completarse del primer “ay” en 9,12 y del segundo “ay” en 11,14.
Del segundo grupo, la quinta trompeta deja abrir la puerta del pozo del abismo del que sale una nube de humo del que sale una multitud de langostas migratorias. Nótase que el humo que se escapa del pozo se caracteriza como “el humo de un gran horno” (9,2). ¿Por qué se caracteriza así? ¿Podría ser otra referencia al mundo económico antiguo, igual que los precios elevados del tercer sello (6,5-6) tienen como trasfondo socio-histórico el problema actual de la inflación y que la caída de Babilonia en 18,1ss significa la condena del presente sistema económico-comercial? En este caso, el colapso ecológico que es el contenido del sexto sello (6,12-17) y de las cuatro primeras trompetas y que también las langostas migratorias representan en cuanto amenazantes para la sobrevivencia humana, sería directamente ligado al modo de producción que el “horno” simboliza, por ejemplo, el de la metalurgia y la industria de los armamentos. De todas maneras, el resultado de este reino - breve, pero intenso - de las langostas migratorias resulta peor que la muerte.
Interesante es que las langostas migratorias no deban comer ninguna de las plantas que suelen comer, sino sólo hacerle daño a los seres humanos que no tengan en su frente el sello alternativo que fue el tema de la previa “interrupción programada” (7,3). Además, no deben matar a estas personas, sino “sólo” darles tormento mientras las langostas migratorias estén presentes, es decir, durante los 5 meses de su ciclo vital. Será un tormento “como el tormento que da un alacrán...y en esos días las personas buscarán la muerte y no la encontrarán y querrán morirse y la muerte se escapará de ellos” (9,5-6).
Ahora me pregunto, si ésta no será precisamente la situación social y sentimental de que son los destinarios, es decir, los blancos de los varios proyectos de “desarrollo” y enriquecimiento de cualquier poder imperial. En un contexto como el actual latinoamericano, donde se sufre de la “mordida” penosa del látigo de la labor forzada y el tributo obligatorio en el “horno” económico del progreso y la modernización, no es tan descomún, en ciertos momentos, sentir que la muerte sería mejor que la vida que se lleva así tan cargada de pena. Pero ni el descanso de la muerte, es decir, una muerte que da alivio se encuentra.
Del segundo grupo, la sexta trompeta retoma del primer grupo el tema de la destrucción por tercios. En este caso, se trata de la destrucción de un tercio de la humanidad. Pero a pesar de tanta muerte, no hay arrepentimiento. Todo sigue igual en medio de las plagas cada vez peores.
Lo que mata aquí es “el fuego y el humo y el azufre” (9,17-18). Nótase que el humo aparece de nuevo como parte de la maquinaria de la muerte. El fuego y especialmente el azufre acompañan el humo, tal vez como fuente (el fuego) y resultado (el azufre). De todos modos, la sexta trompeta nos lleva así al borde del naufragio de la civilización humana, pero sin que se cambie un pito el ritmo de todos los días: no se arrepiente “de matar, ni de envenenar, ni de hacer inmoralidades sexuales, ni de robar” (9,21 - ek ton fonon auton oute ek ton farmakon auton oute ek tes porneias auton oute ek ton klemmaton auton).
Otra vez se interpone entre la penúltima y la última trompeta en 10,1-11,14 una realidad distinta a la serie circundante de desastres. Esta vez el espacio intercalado se llena de un discurso que trata el papel de la profecía durante los tiempos de crisis. A pesar del mundo convulsionado por la peste en todas sus formas, no se pierde la voz propia ni el testimonio de otra realidad.
Ahora bien, esta visión profética no se desarrolla apartada de las luchas o libre de los dolores del presente. El librito que el visionario del Apocalipsis dice haberse comido estuvo dulce en su boca, pero se vuelve amargo una vez tragado en el estómago (10,10). La profecía también tiene su precio. Así que a los dos testigos en 11,3ss, a los cuales les es dado el poder de defenderse ante las amenanzas de sus enemigos y acompañar su profecía con hechos espantosos (11,5-6), la bestia que sube del abismo también logra matarlos al final (11,7) y a sus cuerpos los dejan otros en desgracia (11,8-9).
Según el texto, los katoikountes epi tes ges se alegran y están de fiesta por la destrucción de estos dos testigos (11,10). Su alegría se manifiesta en hacerse regalos unos a otros. Es una notita muy llamativa. El fallecimiento de los dos testigos se celebra a nivel de los que “ocupan la tierra” por medio de un intercambio renovado de bienes económicos, el cual tendrá como motivo principal el reforzar, a través de los vínculos de amistad, la red de poder que aparentemente ha sido inquietada por el testimonio de los dos testigos.
El texto no nos dice en qué o cómo es que los dos testigos habían molestado (ebasanisan) a los que se han hecho dueños de la tierra. Pero evidentemente fue por su profeteia (11,6; cf. también 11,3) y marturia (11,6; cf. también 11,3). El insistir en hablar - el no dejarse silenciar - parece suficiente, especialmente cuando lo dicho no está de acuerdo con la lógica del presente orden imperial, para fastidiar y perturbar a los que se sienten “en casa” en el mundo tal como está.
Por eso vale la pena seguir cantando una nueva canción - el sueño de un mundo liberado de los poderes del pecado y la muerte - , porque tal canto por su mero cantar basta para desestabilizar a los que pretenden dominar la tierra. Y tal capacidad de contestar y, aún más importante, de ir perfilando otro horizonte diferente resulta el primer grito de la liberación que está por venir. Por eso la muerte no tendrá la última palabra. Por eso se puede anticipar, en 11,11-13, el resurgimiento decidido de la vida y el reconocimiento debido de sus hostilizados representantes.
IV
En este artículo se ha buscado profundizar el sentido de los sueños interrumpidos del Apocalipsis. El enfoque del artículo ha sido particularmente el significado de los dos “interludios” que se dan entre el sexto y el séptimo sello en 7,1-17 y en 10,1-11,14 entre la sexta y la séptima trompeta. En medio de los procesos conflictivos escatológicos que los siete sellos y las siete trompetas representan, y precisamente cuando su pesadilla está por acabar, es decir, llevarnos a la nada, se interpone una visión alternativa que será el sueño decidido de otra realidad.
En la boca del lobo y aún entre los dientes de un sistema imperial que se va agrandando y terminándose a la vez, se vive en el culto mesiánico y el testimonio comprometido la esperanza de otro mundo nuevo, donde “ya no sufrirán hambre ni sed... y Dios secará toda lágrima de sus ojos” (7,16-17) y donde la muerte no tendrá la última palabra (11,11-12). No es sólo en el momento glorioso del triunfo final que el gran sueño de un futuro diferente del Apocalipsis se realiza, sino también - y quizás, en el presente momento, aún más importante - dentro del proceso mismo de la agonía apocalíptica. En este caso, la palabra “todavía” no se refiere a la postergación del cambio, sino más bien a la capacidad todavía intacta de mirar lejos e ir articulando un horizonte distinto.
En medio del tumulto de los “ajustes estructurales” actualmente impuestos por los intereses capitalistas internacionales, los cuales no piensan más allá de la ganancia del próximo cuarto del año, el libro del Apocalipsis con sus interrupciones programadas en 7,1-17 y 10,1-11,14 nos ofrece un modelo de un soñar socio-teológico que podría ayudar a animar y promover la resistencia al presente reino de la Muerte a pesar de ser un momento que algunos han llamado “postrevolucionario”.
Leif E. Vaage
75 Queen’s Park Cres. E.
Toronto ON M6G 1Y2
Canadá
Véase Alberto Flores Galindo, Buscando un inca: identidad y utopía en los Andes (3ª ed.; Lima: Horizonte, 1988) p.177-178. El libro examina las utopías populares (indígenas) en el Perú desde la conquista. El cuarto capítulo se llama “Los sueños de Gabriel Aguilar”.
Véase Flores Galindo, Buscando un inca, p.176.
El número 7 de RIBLA trata el tema de la “Apocalíptica: esperanza de los pobres”, pero no trata el libro del Apocalipsis, salvo de paso. Véase, por ejemplo, Jorge Pixley, “Las persecuciones: el conflicto de algunos cristianos con el imperio”, RIBLA 7 (1990) p.93. El presente artículo pretende ser una contribución más a esta relectura de la apocalíptica bíblica.
Es un lugar común que el número siete (7) sirve en el Apocalipsis como un principio de la organización literaria del libro. En cuanto a los varios conjuntos de sueños o visiones, es interesante la posibilidad de que cada serie de siete corresponda al lapso de tiempo en una semana. Los acontecimientos que representan los dolores y la lucha por el advenimiento de un nuevo orden - el nuevo cielo y la nueva tierra (21,1ss) más la nueva ciudad exemplar, Jerusalén (21,9ss) - se darán de acuerdo con un horario semanal. Pero todavía no queda aclarado, cuál será el significado de los 3 grupos o sea, las 3 semanas de siete “días.”
Esta sección (11,15-14,20) que definiría la “zona narrativa” de la séptima trompeta merece su propio análisis. Nótase, por ejemplo, el vínculo entre la descripción extensa en 13,1-18 de las dos bestias que suben del mar (13,1ss) y de la tierra (13,11ss) y la primera y breve referencia a la bestia que sube del abismo en 11,7.
Según Charles H. Talbert, The Apocalypse: A Reading of the Revelation of John (Louisville, Kentucky: Westminster/John Knox, 1994), aparte de las siete cartas a las siete comunidades cristianas en los capítulos 2-3 del libro del Apocalipsis, hay siete conjuntos de visiones del fin de los tiempos en 4,1-22,5, los cuales serían: 4,1-8,1; 8,2-11,18; 11,19-13,18; 14,1-20; 15,1-16,21; 17,1-19,5; 19,6-22,5. Según Talbert, los “interludios” se dan no solo en 7,1-17 y 10,1-11,14, sino también (pero después del tercer instante) en 14,13 y 15,5-7. No hay ninguna interrupción así en 11,19-13,18; 17,1-19,5; 19,6-22,5.
No me parece suficiente el comentario de Talbert, The Apocalypse p.34-35: “The catastrophes preceding the end in Revelation 6 are similar to those found in the Synoptic apocalypse (Mark 13//Luke 21//Matt. 24)... Of the three versions of the Synoptic apocalypse, Luke 21 is closest to Rev. 6,1-17. Such comparisons show beyond any doubt that the depiction of the tribulation in Rev. 6,1-17 employs a conventional agenda.” Véase, también, J. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction, Translation and Commentary (Garden City, NY: Doubleday, 1975) p.104.
¿Por qué quedan sin tocarse el aceite y el vino? Según M. Eugene Boring (Revelation [Louisville, Kentucky: John Knox, 1989] p.122), porque fueron el privilegio de los ricos: “The wealthy continue to live as usual; the crisis hurts the poor (6,5-6).” Massyngberde Ford (Revelation p.98-99,107-108) hace referencia a otras explicaciones políticas y cúlticas.
No se mencionan las tribus de Dan y Efraim, quizás por su conocida tradición de “idolatría”.
Igual que el quinto y el sexto sello tienen una explicación más elaborada que los cuatro anteriores.
¿Cuál será el significado del hecho de que no se hace esta referencia al completarse del tercer “ay”?
Sobre el trasfondo económico-comercial en 18,1ss, véase Dagoberto Ramírez Fernández, “El juicio de Dios a las transnacionales. Ap 18,” RIBLA 5-6 (1990) p.55-74.
Nótase que las langostas migratorias que se imponen son descritos en 9,7-9 como unos caballos armados para la guerra. Cf. Joel 2,4-11. Su líder se llama “Apollyon”. Según algunos estudiosos, el nombre se refiere al dios griego “Apollo”.
El período del reino de las langostas migratorias es de 5 meses (9,5). Según Talbert (The Apocalypse p.42), este tiempo corresponde al ciclo vital de estos insectos.
La última - séptima - trompeta ya se ha tocado arriba. A diferencia de las seis trompetas y los siete sellos anteriores, la séptima trompeta no tiene como primera consecuencia una catástrofe más, sino sorpresivamente un acto de alegría y de gozo.
Según Elizabeth Schüssler Fiorenza (Revelation: Vision of a Just World [Minneapolis: Fortress, 1991] p.74-79), la visión tiene 6 secciónes: 10,1-4; 10,5-7; 10,8-10; 10,11-11,2; 11,3-12; 11,13-14.
Así entiendo la frase extraña en 11,10: hoi katoikountes epi tes ges. Serían los que se sienten “en casa” (katoikountes) en el mundo tal como está (epi tes ges).
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