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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

Experiencia de lectura bíblica desde la perspectiva de la mujer negra

María Cristina Ventura y
Denisse Pichardo

La realidad de opresión y marginación, que vivimos las mujeres negras en los diferentes países de América Latina y Caribe, nos obliga a hacer una lectura de la Biblia, que no sólo tenga en cuenta nuestra clase social y nuestro género, sino también, nuestra raza. Las mujeres negras vamos descubriendo que la Palabra de Dios, contenida en la Biblia, también nos dice algo a nosotras y que, a la vez, desde la realidad concreta de nuestra cultura tenemos la capacidad y el derecho de decir muchas cosas a la Biblia,. Como mujeres negras, queremos compartir la experiencia que con los lectores de RIBLA, vamos teniendo de la Lectura Popular de la Biblia. El Cantar de los Cantares nos ha motivado y nos está ayudando en esta tarea, no sólo porque nos habla de la sulamita, mujer “negra”, sino también, porque nos ayuda a entender cómo las mujeres en la Biblia resisten para poder sobrevivir dentro de unas estructuras sociales, políticas y religiosas que las oprimen y marginan. Y, a la vez, nos da luces para la búsqueda de alternativas liberadoras.

The reality of opression and exclusion that we, black women, live in Latin America and the Caribbean, is forcing us to make a reading of the Bible that not only takes into account our social class and gender but also our race. As black women we are discovering that the word of God, which is found in the Bible, also has something to tell us and, at the same time, we have the capacity and the right, from the concrete reality of our culture, to say many things to the Bible. As black women we want to share with the readers of Ribla the experience that we are having in the Popular Reading of the Bible. The book of Song of Songs has motivited and is helping us in this task. This book tells us not only about the Shulam, a “black” woman, but helps us to understand how the women in the Bible have to resist in order to survive within certain social, political and religious structures, which opress and exclude them. It also sheds light in our constant search for liberating alternatives.

 

“Negra soy, pero graciosa hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, como los pabellones de Salem. No se fijen en que soy morena; es que el sol me ha quemado. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a cuidar sus viñas, ¡mi viña la descuidé!” (Ct 1,5-6).

El presente trabajo nos permite compartir una de las reflexiones, que un grupo de mujeres negras, venimos realizando para analizar nuestra realidad a la luz de la Palabra, partiendo de la experiencia de lectura en el Equipo Bíblico y en las CEBs de nuestra tierra dominicana.
           
Para realizar estas reflexiones, partimos del ver: ¿Qué dice el texto? ¿cuál es el contexto del texto? ¿qué mensaje tiene para nosotras en el contexto de hoy? ¿qué podemos decir a Dios hoy? ¿a qué compromiso nos lleva conocer este texto? Esperamos que este esfuerzo sirva para fortalecer nuestra identidad de mujeres negras, así como, para fortalecer la fe en el Dios de la vida, que nunca quiere que sus hijas e hijos vivan en la marginación y el olvido.

Hemos escogido este texto (Cantares 1,5-6), entre muchos, para algunas de nuestras reflexiones, porque en esta ocasión es la misma mujer quien habla y precisamente una mujer de piel negra. Una mujer que se impone ante el estado de marginación y de hostilidad del cual es víctima. A pesar de no ser un problema racial el que se plantea, para nosotras es de gran estímulo, ver como una mujer negra se atreve a hablar y más en el momento en que lo hace. En esta época del post-exilio es cuando se implanta el “sacrificio por el pecado”, que divide a las personas, a la naturaleza y a toda vida, en “puros e impuros”. Las más oprimidas por esta nueva situación económica e ideológica fueron las mujeres, definidas “impuras” a partir de sus cuerpos y de su filosofía .

Esta mujer se atreve a expresar de manera poética y erótica todo aquello que siente, mostrando que tiene derecho a expresarse igual que su compañero. Este gesto es novedoso y desafiante para la época. Ella al igual que otras mujeres es: profetisa, mensajera de la paz y busca crear una sociedad de iguales.

 

1.         El texto (Cantares 1,5-6)

1.1. Negra soy y graciosa

En este texto la protagonista es una joven campesina, Sulamita, de piel negra, quien esta realzando su condición de negra hermosa y graciosa. Se compara con las tiendas de Quedar y Selma , tejidas con los pelos de las ovejas negras. Esta mujer se llama a sí misma negra y graciosa y muestra orgullo de serlo.

Este es un canto de amor donde la Sulamita realza su belleza, tratando de conquistar a su amado. Está enamorada y quiere que él se fije en ella, que se dé cuenta de que existe. Le dice que no se fije en que es morena, es que el sol la ha quemado. Ella desea que él, además, se dé cuenta que tiene una viña a su cuidado; ella asume esta viña con mucho cariño.

La belleza que está resaltando va más allá de lo físico, tiene que ver con la gracia que Dios da a sus hijas e hijos. Ella conoce esa gracia: se reconoce hermosa y de mucho valor. Está orgullosa de ser responsable de su viña y exige su propia identidad, ser respetada y querida tal como es; por eso se reconoce ella misma como negra y hermosa.

Esta insistencia de la Sulamita en resaltar su hermosura a través de todo el texto, a nuestro parecer, parte de la hostilidad que hay hacia ella por parte de sus hermanos que tratan de cumplir el papel represor: controlándola, vigilándola, disminuyéndola por ser mujer, ser extranjera y, hasta podríamos añadir, por ser negra.

Sin embargo, esta mujer asume su pasión y su cuerpo, enfrentando la censura a nivel familiar y la represión y violencia social .

1.2. Contexto del texto

Este texto fue escrito en la época del post-exilio, cuando regresaron los del cautiverio apoyados por Ciro, rey del Imperio Persa. Para este rey, era fundamental tener un grupo de confianza en Judá, que le permitiera mantener su poderío. El apoya que regresen los que les interesa la reconstrucción del templo, la codificación de las leyes y estatutos, la institucionalización cada vez más jerarquizada de lo sagrado y del sacerdocio.           

Para los que regresaron (los hijos del cautiverio), los que se quedaron (el pueblo de la tierra) eran llamados los “impuros”, pues se habían casado con mujeres extranjeras (Esdras 9,10-12). Esto era usado como arma ideológica para expropiarles la tierra y entregarla a los hijos del cautiverio.

En el 455 aC, 100 años después que se inicio el regreso, los que llegaron del exilio, sufrieron hambre y humillación (tenían que trabajar duro). Jerusalén seguía sin reconstruirse, y los llamados “impuros” tenían el control de la tierra.

A Esdras, un reconocido escriba, ligado a la administración persa, se le encomienda la misión de realizar el proyecto de conquistar la tierra. Para lograr esto, él se apoya en la teología de la retribución individual. Dios pasa a ser el Dios de los cielos, un Dios distante. El templo es el intermediario entre Dios y el pueblo. La ley de Dios es la ley del rey (Esd 7,25-26). La justicia deja de ser un esfuerzo de las personas, pues Dios se encargará de ésta. Aparece el concepto de “pureza”, no solamente como algo ético, sino que representa una posición social y de género. Los únicos “puros” son los varones hebreos (Si 25,26), los que no se han mezclado, los que llegaron. La mujer no tiene posibilidad de ser pura, por eso está marginada.

A partir de este momento, ya no hay más profetas, la profecía pasa a ser controlada por un grupo de sabios, entre los que se encuentran: rabinos, maestros y escribas, quienes son los únicos que pueden hablar de Dios. Es el momento en que los del “pueblo de la tierra” son desplazados(as) por los de la diáspora (Esd 10,8). Pierden el control de la tierra; pero no pierden la memoria profética.

Las mujeres que pertenecen a este grupo, que pierden la tierra, son muy creativas; muchas de ellas surgen como profetisas. Hablan de manera popular, sencilla y fácil, sin grandes palabras; pero reflejan la resistencia denunciando este sistema. Dios acompaña al pueblo a través de estas mujeres (Ruth, Esther, Judith, Susana y otras). Ellas son las que representan a Dios en sus luchas; no se callan, a pesar de ser consideradas impuras.

La mujer del texto es una Sulamita, una que no era judía, pero formaba parte del “pueblo de la tierra”. Por eso, aunque es de otra raza y es negra, resalta su hermosura. Es graciosa, no solo desde el punto de vista físico, sino porque también tiene una viña a su cuidado, ella es responsable de ésta. Hay que fijarse en ella es hermosa y trabajadora, sin complejos ni por negra ni por ser mujer.

Este texto es una critica al proyecto de la ciudad, y de los puros, donde a la mujer se le censura todo lo que hace; es mala, no tiene alma, es culpable de todos los males (Si 25,19-24). Aquí es la propia sulamita la que busca y provoca a su amado, a su amor; “mi amado, mi querido”. Es el proyecto del amor, del encuentro, de la ternura, es el proyecto para la liberación. Es un símbolo de resistencia.

1.3. Mensaje teológico

Es el mismo pueblo quien animado por el Dios cercano, tiene derecho a buscar la justicia. Para relacionarse con Dios no necesita de intermediarios. Es una relación que rompe con los esquemas del sistema dominante y afirma, que tanto las mujeres como los hombres de ese pueblo tienen acceso a Yahveh. Dios se vale de una mujer y precisamente de una mujer negra extranjera, para llevar el mensaje de que no está de acuerdo con lo que el pueblo está viviendo y al mismo tiempo, anima a su pueblo a recuperar la tierra, a confiar en la acción dinámica de Dios para rehacer el mundo. Yahveh mantiene una relación especial con los grupos vulnerables del pueblo, entre estos, las mujeres, quienes por ser hijas poseen la gracia y la hermosura que El derrama.

 

2.         Nuestro contexto

Las mujeres caribeñas y latinoamericanas, tenemos una historia y una vida de explotación y marginación dentro de esta sociedad de estructuras patriarcales, clasistas y androcéntricas, la que nos ha colocado en un nivel de segunda, y en la mayoría de los casos, nos ha reducido a lo privado y al silencio.

Esta situación de discriminación y empobrecimiento, la sentimos con mayor agresividad las mujeres negras, pues nos han obligado a renunciar a nuestra identidad, a los valores culturales y religiosos, al modo que tenemos las negras y negros de pensar, de ver la vida, de producir, alimentarnos, danzar , reír y llorar. “Estos valores, que entrañan la identidad del negro y forman parte vital de las culturas nacionales respectivas, al ser negados, se está recortando la propia identidad de cada país latinoamericano y caribeño” .

El hablar de una experiencia de lectura bíblica, desde la perspectiva de la mujer negra, nos ha hecho tocar algunos aspectos de nuestra historia, para poder entender mejor el mensaje liberador para la mujer negra de hoy. Fue bastante iluminador conocer que, con la llegada de los españoles en 1492, al inicio de la conquista, llega la esclavitud de hombres y mujeres, primero de la raza indígena, que en menos de 40 años la exterminaron, y más tarde en 1502 traen negros y negras del África.

La institución de la esclavitud se inicia en la Isla con el permiso oficial de los reyes católicos. Para 1513, había ya algunas negras, las cuales eran traídas desde Sevilla, conocidas como negras ladinas .

Las negras y los negros africanos eran traídos esclavizados(as), para trabajar en el cultivo de la caña de azúcar. Tanto los Padres Jerónimo como Bartolomé de las Casas, sugirieron al Cardenal Cisneros traer africanos(as) para mantener la producción: “con la licencia del Rey de Portugal el que por el dicho rescate vayan allí los navíos, y traigan todos los negros y negras que pudieran haber bozales, de edades de 15 a 18 años; y veinte años y hacerse han en esta isla a nuestras costumbres; y ponerse han en pueblos donde estarán casados con sus mujeres” .

La negras africanas esclavizadas, igual que el hombre, las traían de diferentes lugares del Africa, atadas y hacinadas. Al llegar, eran vendidas en el mercado para los trabajos domésticos y las haciendas. Eran robustas y fuertes para la procreación de futuras esclavas y esclavos.

Con la trata negrera, se organizó la llamada economía de plantaciones, “la cual era una empresa movida por el afán de ganancias de su propietario y puesta al servicio del mercado, que Europa iba articulando internacionalmente” . En las plantaciones, la mujer negra fue sometida a trabajos duros y fuertes, sobrevivía al hambre, a la enfermedad y a la falta de sueño. Sufrían el dolor de ver que su hijo(a) era vendido(a) en el mercado, además, eran obligadas a acostarse con el amo para satisfacer sus placeres.

Además de ser arrancadas(os) de su tierra, África, fueron reducidos(as) a raza inferior. Los blancos esclavistas les impusieron su cultura y su religión, pero la negra y el negro esclavizados(as), fueron capaces de entender su nuevo entorno social y “unieron sus seres y deidades a los santos y santas de la Iglesia Católica, pero jamás subordinaron sus creencias a esta” .

Es interesante poder descubrir que estas mujeres a pesar de tanta opresión, al igual que en los tiempos del texto de la Sulamita, lucharon como compañeras al lado del hombre negro, igual que ellas esclavizado, contribuyendo en todos los niveles a la realización del sueño de volver a su tierra, tener justicia y libertad. Lo acompañó a los “manieles” , sembraba las semillas para los alimentos del fugitivo, era espía para el negro y era la confianza del “cimarrón” para poder huir a las montañas. Ellas seguían la suerte de estos, con sus cantos, danzas y rezos, en fin con su cultura; y así mantenían vivo el espíritu y la esperanza del pueblo. Estas mujeres, compañeras, solidarias y resistentes nos recuerdan a las mujeres que estuvieron con Jesús desde su pasión, muerte y resurrección (Mc 15,40-41).

Hoy día, a pesar de la invisibilidad a la que hemos estado sometidas por la sociedad, a pesar de ocultarnos el rostro femenino y negro de Dios, de estar ausentes en la mayoría de las reflexiones bíblico-teológicas. Hemos sabido recrear y animar, a través de la resistencia, la fe y la esperanza de nuestros pueblos. El leer la Palabra de Dios en la vida, ha hecho que nos descubramos a nosotras mismas y denunciemos la opresión de la que hemos sido víctimas. Al mismo tiempo nos ha ayudado a reconocer los aportes, que desde la cotidianidad, hemos hecho y estamos haciendo a la historia.

Sabemos que aún falta mucho por recorrer para hacer visible todo lo invisible, para poner en total evidencia la marginalidad y el dolor que se sufre cuando se es una mujer negra hoy día, en la calle, en la escuela, en el trabajo, en los medios de comunicación, en el campo y en la cuidad. Para poder resistir en este ambiente de menosprecio y discriminación racial, hemos tenido que asimilar, en muchos casos, la ideología del blanco, en la que, ser bella o graciosa es tener el pelo lacio, la piel blanca, los ojos azules, etc. Entre otras cosas, para hacernos sentir inferiores, nos han hecho interiorizar refranes como:

“El negro y el mulo son, según se dice, parientes,
el mulo por su resabio, el negro por creerse gente.

Yo no me caso con un(a) negro(a) por no caer en desgracia y
tener en pleno día la noche oscura en mi casa.

Negra(o) pata de arepa,  narices de berenjena, aunque Dios
baje del cielo, el negro no es cosa buena .

Por mucho tiempo nos han hecho sentir basura, hasta el punto que nosotras mismas hemos llegado a despreciarnos, hemos tratado de ocultar nuestra identidad y queremos parecernos cada vez más a las blancas. “Cuando éramos niñas, cuánto pedíamos a Dios el que nos pusiera el rostro y la piel igual que la Virgen que colocaban en la Capilla del pueblo” , porque lamentablemente la misma iglesia jerárquica ha colaborado con esta sociedad discriminatoria, cuando en nuestro país el 84% es de raza negra; los templos católicos están llenos de imágenes blancas, ojos azules, lo que hace pensar a nuestra gente (en su mayoría muy religiosa) que Dios no nos quiere; que en verdad somos inferiores, que somos malas(os), que no poseemos la gracia y la belleza que El da a sus hijas.

Por otro lado, con el surgimiento en América Latina y el Caribe, de la iglesia de los pobres y su expresión privilegiada, en las Comunidades Eclesiales de Base, se pone de relieve la presencia significativa de las mujeres en las actividades principales y cotidianas de la iglesia. Aunque las mujeres son las que siempre hemos sobrellevado la mayor parte del trabajo pastoral, hasta el momento no se nos reconoce como sujetos. En nuestro país, estas mujeres, que mayoritariamente llevan el trabajo de convocar, animar y celebrar, son mujeres negras, que con su mística y espiritualidad de resistencia están presentes en las comunidades.

En la comunidad, las mujeres no solo identifican las causas y mecanismos que provocan el empobrecimiento del pueblo, sino también las causas y mecanismos de su subordinación como mujeres, y en nuestro caso también, como mujeres negras. Aunque hemos llenado las iglesias, y realizado la mayor parte del trabajo pastoral, nos seguíamos sintiendo inferiores, marginadas, y por supuesto feas, por ser negras. No habíamos tomado conciencia que nuestro aporte lo veníamos dando por medio de nuestra fe, la cual estaba relacionada con la vida, con el deseo de libertad, con la alegría y la solidaridad comunitaria. Tampoco habíamos caído en la cuenta que nuestra belleza y nuestra gracia va más allá de los ideales y perfección física, creados por los cánones de la moda y la belleza impuestos por la sociedad racista, machista y dominante.

Así en la actualidad, en muchos momentos hemos sabido luchar junto al pueblo por nuestros derechos y reivindicaciones, como fue el ejemplo que dio la líder negra, campesina, Florinda Soriano, “Mama Tingó”, muerta por enfrentar al amo opresor en la defensa de la tierra. Esta mujer animó la comunidad con la organización, recreó la fe con el toque de atabales en las noches de velas y en las caminadas, como líder de las cofradías religiosas.

El ejemplo de esta negra campesina y de otras tantas, que no aparecen en los medios de comunicación, nos animan a romper las cadenas que nos atan por ser mujeres y mujeres negras.

El texto del Cantar de los Cantares nos ha ayudado a reconocer todos estos aportes, cuando vemos cómo la Sulamita se expresa: sin miedo, con orgullo de ser mujer, y teniendo la piel negra, no la oculta, como nos ha enseñado esta sociedad que nos discrimina y nos vuelve tímidas y acomplejadas.

Esta mujer del texto, se siente hermosa y graciosa. Ella nos desafía, no únicamente a sentirnos bellas y hermosas desde el punto de vista físico, sino desde algo más fundamental, a entender “la belleza como la epifanía del ser y la prueba de lo que uno es, en su más propia originalidad” . Por otro lado, también nos desafía a luchar por poseer la viña. Una viña que para nosotras, se traduce en poseer todos los derechos para vivir con dignidad, con la dignidad que Dios quiere para sus hijas e hijos: Derecho a un trabajo digno, salud y educación, derecho a poseer la tierra para poder vivir, derecho a ser nosotras mismas, a reír a llorar y a cantar sin prejuicios, derecho a valorar lo nuestro. Y con todo esto, tendremos el derecho de ser realmente bellas.

Al igual que la Sulamita, quien tuvo que desatender su viña porque la pusieron a atender a otras, así también nosotras, en muchas ocasiones nos sentimos atendiendo otra viña, pues para poder sobrevivir, primeramente tenemos que despreciarnos a nosotras mismas y a las y los que son de nuestra raza; tenemos que considerarnos inferiores y asimilar, como normales, los prejuicios de esta sociedad racista.

Podemos asegurar, que las vivencias de las CEBs, las reflexiones bíblicas, los diferentes movimientos culturales y las reflexiones feministas, junto al ejemplo que nos dejó Mamá Tingó, nos van ayudando a sentirnos personas visibles y a aceptarnos como negras. Vamos aprendiendo a valorar nuestra identidad. Hemos caído en la cuenta de que Dios también se ha revelado y continúa revelándose, en la historia del pueblo negro. Pero también, nos vamos dando cuenta de que este Dios, que se revela en nuestra realidad, nos hace ver que no es gracia ni belleza la miseria y los cuerpos desgastados de tantas mujeres que se les ha arrebatado su propia epifanía . Esta realidad nos invita a mantenernos en pie de lucha para transformar la fealdad y la desgracia en la belleza y la gracia que nos hace dignos y dignas ante el Dios de la vida y la esperanza.

 

3.         Un clamor a Dios

Tenemos motivos para alabar a Dios, porque en toda la historia de la humanidad, donde se han vivido y se viven las injusticias, desigualdades y los conflictos deshumanizantes, Dios, por su gracia y misericordia, siempre se solidariza con los que más sufren, con los débiles y discriminados. Por eso, Dios es solidario con la mujer, tan discriminada en todos los tiempos por su género y por su raza.

* Damos gracias a Dios porque ha estado en medio del dolor y el sufrimiento de los hombres y las mujeres negras, animando la denuncia de la opresión.

* Elevamos nuestro clamor como mujeres negras, pidiendo justicia ante los atropellos que se cometen contra nosotras, por ser mujeres, pobres y negras.

* Levantamos nuestro clamor, porque en la realidad de opresión en la que nos encontramos, nos han arrebatado el derecho de ser bellas, de tener gracia, nos han hecho tímidas y encorvadas (Lc 13,10-17), hasta el punto de prohibirnos el mostrarnos así: negras, como somos.

* Elevamos una firme protesta ante el irrespeto contra las manifestaciones religiosas, propias de nuestra cultura, consideradas como brujerías o hechicerías.

* Damos gracias a Dios porque ha permitido que en la comunidad, la mujer negra, en medio del sufrimiento y la esperanza, pueda distinguir la belleza en la memoria de sus tradiciones ancestrales, su canto, su poesía, sus representaciones simbólicas, sus palabras y sus silencios.

* Pedimos a Dios Padre y Madre, que continúe abriendo los corazones para que todos y todas podamos entender que las negras y los negros somos seres humanos con igual dignidad que las demás personas. ¡Qué también somos hijos e hijas de El!     
 
* Queremos que nos miren a nuestros ojos y a nuestros corazones y allí contemplaran la belleza que poseemos, no en la perfección física creada por la imaginación de los hombres y mujeres, que se guían por los cánones de belleza de una sociedad inhumana, sino en nuestro propio ser y nuestra propia originalidad. Exigimos esto, como lo hizo la mujer Sulamita del texto.

 

4.         Compromiso

Tenemos el firme propósito de fomentar la reflexión bíblica desde la perspectiva de la mujer negra, partiendo de nuestras vivencias en el Equipo Bíblico, en las Comunidades Eclesiales de Base y en las organizaciones populares.

El clamor de tantos hombres y mujeres nos exige, que motivemos las reflexiones bíblicas a partir de los acontecimientos cotidianos y a no usar jamás la Biblia como herramienta de opresión.

El compromiso teológico de hacer una lectura desde los y las más pobres, nos llevará a escudriñar el aporte que mujeres y hombres campesino(a)s negra(o)s hacen a la religión afro-caribeña en las comunidades.

A la vez hemos de exigir que estos valores y aportes sean tomados en cuenta en la pastoral, especialmente en la manera de animar y celebrar la vida.

Este texto de la Sulamita nos compromete a presentarnos así negras como somos, sin necesidad de recurrir a los arquetipos masculinos y racistas que nos presenta esta sociedad inhumana. Y, desde ese autovalorarnos, reclamar el respeto y la dignidad que como hijas de Dios tenemos.

 

Bibliografía

ALBERT BATISTA, Celsa, Mujer y esclavitud en Santo Domingo, Ediciones CEDEE, 1990.

DAVIS, Martha Ellen, La otra ciencia, el vudú dominicano como religión y medicina popular, Editora Universitaria. Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD 1987.

DEIVE, Carlos Esteban, El vudú en Santo Domingo, Ediciones Fundación Cultural Dominicana, 1992.

DEIVE, Carlos Esteban, El indio, el negro y la vida tradicional dominicana, Ediciones Museo del Hombre Dominicano, 1978.

ESPÍN, Orlando, Evangelización y religiones negras. Propuesta de modelo de evangelización para la pastoral en la República Dominicana, 1984 (tesis).

FRANCO, Franklin, Los negros, los mulatos en la nación dominicana, 1969.

AA.VV., Cultura negra y teología. Editorial DEI, San José 1986.

TUJIBIKILE, Muamba, La resistencia cultural del negro en América Latina. Lógica ancestral y celebración de la vida. Editorial DEI, San José Costa Rica 1990.

VEGA, Bernardo, DOBAL, Carlos, Ensayos sobre cultura dominicana. Tercera Edición, Editora Fundación Cultural Dominicana, 1990

                               

 

María Cristina Ventura                                                          
Apartado 3502
Santo Domingo
República Dominicana

Denisse Pichardo
Manzana No 1, Ed.15, Apartamento 2B
Parque del Este
Santo Domingo
República Dominicana

 

      Rizzante G., Ana María, “La joven sitiada. Una lectura de Judith a partir de Dina”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, v.15 (1993), p. 49.

      Quedar y Salem son dos tribus nómadas árabes. Cfr. Notas de la Biblia de Jerusalén, Cantar de los Cantares.

      Pereira, Nancy Cardoso, “!Ah!... Amor en delicias”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, v.15 (1993) p. 68.

      En el proyecto rural, contrario al urbano, la mujer tiene un papel más protagónico. Los esquemas masculinos de la sociedad, son sentidos con más fuerza en la ciudad.

      En Santo Domingo, con la fusión oficial Iglesia y Estado y los prejuicios de cada
sector, en 1862 se prohibió el vodú y en 1878 la resolución del ejército, prohibió el baile de palos, en su mayoría por motivos religiosos. Cfr. Davis, Martha Ellen. La otra ciencia. El vodú como religión y medicina popular. Ed. Universitaria, UASD 1987, p. 35.

      AA.VV., Cultura negra y teología. Editorial DEI, San José 1986, p. 13.

      Albert Batista, Celsa, Mujer negra y esclavitud, Ed. CEDEE, Santo Domingo 1990, p. 13.

      Albert Batista, Celsa, op. cit. p. 12.

      Galeano, Eduardo, Las venas abiertas de América Latina, 35ª edición, Editores S.A., Buenos Aires 1983.

     Pichardo, Denisse, 500 Años resistiendo a la opresión y levantando la voz, Carpeta de Reflexión. Ediciones CEDEE, 1992.

     Manieles. Fue el refugio de los negros cimarrones en Santo Domingo.

     Cimarron. Es el nombre dado a los esclavos fugitivos por analogía con el ganado salvaje en Santo Domingo.

     Aquino, María Pilar, Nuestro clamor por la vida, Editorial DEI, San José 1992, p. 222.

     Deive, Carlos Esteban, El indio, el negro y la vida tradicional dominicana, Ed. Museo del Hombre Dominicano, 1978, p. 160.

     Testimonio de Martha Batista, mujer negra, campesina dominicana, animadora de CEB y de grupos de mujeres.

     Es una manifestación del sincretismo de la religiosidad popular del pueblo dominicano.
Consiste en la presentación de un ritual ya sea a la memoria de un difunto, o a un santo(a) caracterizado por el toque de palos.

     Aquino, María Pilar, Op. cit. , p. 225.

     Ibidem, p. 226.

 

 
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