
Presentación
Pautas para una hermenéutica feminista de la liberación
Nancy Cardoso Pereira
Como tierra que pide ser arada, así es la Biblia para las mujeres. Biblia, tierra difícil, con partes endurecidas, a veces pantanosas… pero con innumerables lugares fértiles que pueden ser trabajados. Descubrir la fecundidad liberadora del texto bíblico es la tarea de mujeres y varones que creen que es posible recrear las relaciones sociales de género. Hay que trabajar la Biblia como se trabaja la tierra: con ahínco, determinación, sabiduría y placer.
La lectura feminista de la Biblia es compleja. Las mujeres nos enfrentamos a un texto muy antiguo, que refleja culturas, costumbres, épocas, relaciones, lenguas y gramáticas diferentes. Nos enfrentamos además de todo, con textos patriarcales y lecturas patriarcales –androcéntricas– que se han acumulado por siglos. Por eso, la hermenéutica que asume las relaciones sociales de género como lugar privilegiado de lectura, debe ser atrevida, ir más allá de los cánones tradicionales de la ciencia exegética. La hermenéutica de la sospecha ha de abarcar todas las áreas: textos, interpretaciones, tradiciones, traducciones y métodos exegéticos.
Las teorías de género son herramientas de análisis, que permiten deconstruir o destejer el texto, sacando a la luz las relaciones que aparecen estructuradas en el discurso, lo que hace posible construir un nuevo texto que busca ser liberador, también en las relaciones de género. Creemos que estos son los deseos de la divinidad creadora del hombre y la mujer, a su imagen y semejanza.
1. El cuerpo como categoría hermenéutica
Por muchos siglos la importancia del cuerpo, de lo material, fue relegado. Importaba “el alma” de las personas o, en otro proceso de generalización, “la persona en la estructura sociopolítica”, en los procesos económicos. Pero constatamos en la historia, que el cuerpo ha sido el mayor espacio de opresión y apropiación de la mujer: violación, agresión, negación, abuso, manipulación, idealización –así como también han sido otros grupos dominados indígenas, negros–. Por eso mismo, el cuerpo no puede ser dejado de lado en una lectura que se pregunta por las relaciones de género. La vida o muerte se manifiesta a través de los cuerpos. Recuperar los cuerpos concretos es parte fundamental de la afirmación de la vida concreta y sensual.
El texto es un cuerpo que se muestra y se oculta a sus lectoras/es. Aquellos y aquellas que leen, también son cuerpos vivientes que entran en diálogo y lucha con otro cuerpo: el texto. Ambos muestran sus propios tejidos: cuerpos individuales y sociales, femeninos y masculinos. En el proceso hermenéutico desde una perspectiva corporal, a veces los cuerpos se encuentran y celebran el encuentro como cuando se recoge con alegría la buena cosecha de la tierra. A veces se detestan mutuamente, por la decepción de la ausencia de los frutos o la imposición de un fruto amargo que no sirve para nada. Y, a veces, uno de los cuerpos queda con los brazos extendidos, esperando ser correspondido por el otro cuerpo… y nada.
Entender el texto como cuerpo, fruto de relaciones sociales de género, entender el proceso de interpretación también a partir de las relaciones concretas de los cuerpos, trae nuevas luces para la comprensión del discurso. El cuerpo como criterio hermenéutico, ofrece alternativas de lecturas nuevas que invitan a vivir nuevas relaciones entre mujeres y hombres: en la teología, en las iglesias, en la casa, en la cama y en la vida.
Leer la pasión y la resurrección de Jesucristo desde los cuerpos descuartizados de América Latina, exige volver la mirada hacia los cuerpos violentados de mujeres, varones, niños y niñas, y a la urgencia de la resurrección de sus cuerpos, ahora. La recreación del cuerpo como lugar de revelación de lo sagrado, significa asumir y afirmar la dinámica liberadora del gozo, del placer sin los límites de la vergüenza, de los estereotipos ni censuras opresivas.
2. Los sujetos y sus historias cotidianas en el proceso hermenéutico
Si nos aproximamos a la Biblia como tierra a ser trabajada, es preciso buscar una reaproximación de nuestras vidas cotidianas: hay partes fértiles, otras llenas de piedras, de desiertos y pantanos… pero también muy fecundas.
Una hermenéutica feminista de la liberación que articula las relaciones sociales de género, en su acercamiento al texto, descubre a las personas en sus realidades, con su subjetividad, historia, cultura, particularidad. Toda la vivencia cotidiana lee, interroga e interpreta a los textos.
No somos lectoras ni lectores imparciales; somos personas con cuerpos, color, sexo, edad; cuerpo que trabaja, que sufre y goza, un cuerpo que nos gusta o no, un cuerpo en el que los otros se deleitan con él o no.
Nos acercamos al texto con nuestras vidas que, en la mayoría de las veces, son tan comunes, banales, sin hazañas que merezcan ser contadas: los trabajos domésticos, el cuidado de los hijos e hijas, las preocupaciones por la comida, la salud y la sobrevivencia; el cansancio, la rutina; la sexualidad pasivamente aceptada. Los sueños por una vida más humana: de amor y pasión, de alegría por el nacimiento de los hijos e hijas; de una relación sexual que se goza con la pareja. Una victoria sobre la lucha, un trabajo digno, una amistad solidaria.
Las vidas e historias que nunca serán “historia”, pero que son las que construyen y sustentan el tejido social, sus cambios y resistencias. Aun cuando son objeto de los sistemas y estructuras de poder y gobierno, pueden ser lugar de obstinada y creativa resistencia y esperanza que sobrevive a todas las masacres.
Así nos acercamos a los textos, con toda esta diversidad y riqueza de nuestras historias cotidianas, con esta aparente ausencia de cientificidad y parcialidad. Lo cotidiano forma parte de la dinámica estructuradora de los textos, su tejido más profundo y escondido del texto, pero que no han sido abordadas por las lecturas super estructuradas, super objetivas y super sociológicas.
Al igual que la vida, los textos también presentan y son productos de las relaciones cotidianas marcadas por mecanismos de dominación: de un sexo sobre otro, de una clase sobre otra, de una etnia sobre otra, de una generación sobre otra. Es imposible intentar reducir estas relaciones a una sola categoría o intentar jerarquizarlas. Es necesario trabajar con esta pluralidad de dimensiones y sistemas que aparecen en los textos y en nuestras vidas. Se descubre así lo visible e invisible del texto, se evidencian las múltiples crisis y diferencias que asumen rostro, voz, cuerpo… esto es lo que construye y condiciona la historia/as; así como nuestra lectura y hermenéutica.
3. Hermenéutica de la deconstrucción y reconstrucción
¿Cómo descubrir la fecundidad de la tierra? Cuando se permite que la vida crezca y germine. Para eso habrá que arrancar de lo sembrado, lo que no ayude a la tierra a ser fecunda, lo que rompa el equilibrio o sea obstáculo a su fertilidad. Entonces será posible volver a sembrar y a trabajar para recibir el fruto de la vida.
A la Biblia, como tierra, nos acercamos a trabajar con instrumentos que nos ayudan en esta labor. Además de los métodos exegéticos, con sus límites y posibilidades, las teorías de género son fundamentales para que podamos conocer la tierra en la que trabajamos, sus fertilidades y esterilidades.
Las teorías de género desnaturalizan los papeles, las identidades, funciones y relaciones que determinada sociedad atribuye a los hombres y mujeres entendiendo que estas atribuciones son construcción social que pueden ser demolidas y construidas sobre otras bases y criterios. Una hermenéutica feminista de género ayudará en el acercamiento al texto a elaborar preguntas tales como: ¿Cómo se dan en el texto las relaciones entre los géneros? ¿Cuáles son las relaciones invisibles? ¿Cómo se han construido las identidades de las mujeres y los varones? ¿Qué atributos reciben? ¿Qué estereotipos están presentes? ¿Cuáles son las condiciones concretas de vida?
Hay que trabajar en diversos niveles, tratando de percibir las motivaciones y tentativas de normatización que pasan de cerca en los textos: lo que es narrado expresa una lectura y comprensión de lo que es vivido por quien narra; no hay que asumir lo que aparece en el texto como una realidad de vida de las mujeres. Muchas veces los textos proyectan mujeres ideales y mujeres malditas como realidades opuestas y fijas. Textos que son aparentemente favorables a las mujeres, pueden ser sustentados por estereotipos de identidad (mujer seductora, madre sacrificada, etc).
Este es el proceso de deconstrucción. Partimos del presupuesto de que el texto está genéricamente construido, esto es, es cautivo de intereses y relaciones asimétricas que subordinan a las mujeres y, por eso mismo, precisa ser deconstruido.
Es preciso que este acercamiento considere las relaciones de poder y las estructuras sociales y literarias de modo dinámico para que no se caiga en una perspectiva victimizadora de las mujeres. El desafío es entender y analizar las circunstancias de poder en una determinada estructura social y literaria: el poder no es una instancia absoluta y estática, sino un conjunto de fuerzas que se mueven entre/contra/sobre los diversos sujetos sociales. Las mujeres también ejercen poder, muchas veces de resistencia y sobrevivencia, pero nunca son solamente víctimas de los hombres y estructuras. Pueden también ser copartícipes de su propia subordinación.
El análisis de las relaciones sociales de género pregunta por esta circulación del poder entendiendo aquí la confluencia no solo de las relaciones de sexo, sino también étnicas, de clase, culturales, generacionales que atraviesan las diferentes parcelas de la humanidad en toda su complejidad.
Algunos textos se muestran estériles para las mujeres, textos en los que aparentemente no hay posibilidad de germinación. En la deconstrucción del texto, al abrir y limpiar la tierra, se descubre aquellos insumos que han estado allí por años, que al removerlos se descubre que solo producían esterilidad para esta tierra. Hay que arrancarlos. A partir de allí la tierra necesita recibir otros insumos, precisa ser mezclada y removida, restaurando su equilibrio y, quien sabe, su capacidad para germinar frutos de vida. Excavando y profundizando van surgiendo historias de mujeres, cuerpos mutilados que estaban escondidos y enterrados por siglos.
En el proceso de deconstrucción se recurre a otros elementos hermenéuticos como a la intertextualidad (más datos entre otros textos), intratextualidad (textos dentro del texto) y la extratextualidad (documentos extra-canónicos: por ejemplo, evangelios gnósticos).
En este trabajo de agricultoras/es no basta únicamente limpiar y conocer el texto… es necesario continuar el trabajo preguntándonos por la posibilidad de germinación. Se inicia entonces el proceso de reconstrucción que sería, ante todo, la reformulación de los paradigmas de interpretación, más aún, la novedad de paradigmas que permitan otras conclusiones del mensaje o mensajes del texto.
El hecho de reconstruir otro texto, el que por años ha sido tomado como ley o usado para distorsionar y limitar la libertad de las mujeres en su participación en la historia, coloca a la hermenéutica feminista de la liberación en una situación desafiante ante los esquemas tradicionales de la teología y de la estructura de las iglesias. En este sentido, una hermenéutica feminista es una reconstrucción de la historia y participación de las mujeres que ya no aceptan convivir como minorías, sino que se sienten dueñas de su pedazo de tierra: su cuerpo, su mente, sus decisiones, su dignidad.
Las mujeres y los hombres que leen los textos, desde sus experiencias cotidianas, sus historias particulares y comunitarias, desde el cruce de relaciones y caminos, asumen el compromiso de la deconstrucción y de la reconstrucción del sentido del texto de tal modo que pasa a ser lugar de humanización, de integración entre las personas. Esto no significa eliminar las ambigüedades u homogeneizar estilos y recursos de los textos… reconstruir el texto es volverlo liberador procurando mantener alternativas de interpretación que inviabilicen cualquier tentativa de control del texto y su mensaje.
4. Una hermenéutica que cuestiona el concepto de autoridad bíblica
En la Biblia como en la tierra hay revelación de Dios… Sin embargo ni la Biblia ni la tierra son Dios. La divinidad es un misterio inescrutable. Nuestros acercamientos a la divinidad son aproximaciones humanas, mediatizadas por la cultura y por nuestra historia cotidiana. Nadie puede definir el misterio y declarar la verdad absoluta. El texto tiene palabra de Dios pero no es la Palabra de Dios; porque la palabra de Dios trasciende el texto escrito.
Para las mujeres es fundamental reconocer que en la Biblia hay textos que no son normativos sino meramente circunstanciales. Un texto patriarcal que justifique la discriminación de la mujer no pueden ser normativo porque es contrario al espíritu liberador del evangelio. También los aspectos de la tradición cultural y social opresores, de aquellos que interpretan el texto no pueden ser proyectados como punto normativo del texto.
La revelación es buena nueva, por ser concreta, dinámica y cambiante. No se limita al texto sino al posible encuentro de la Palabra de Dios en el texto, con la Palabra de Dios presente en la vida cotidiana de comunidades, mujeres, varones, niñas, niños… presente en la vida de los pueblos en las distintas culturas y tradiciones religiosas. De allí la importancia de discernir en la revelación contextualizada cuáles son los elementos particulares del contexto original del texto y cuáles elementos expresan principios válidos para otros contextos.
La revelación entonces, se manifiesta en la recreación del texto, producto del encuentro liberador entre los cuerpos del texto y los cuerpos de sus lectores y lectoras.
La hermenéutica feminista de la liberación no es un descubrimiento o exclusividad nuestra, es también fruto de un diálogo con los movimientos feministas y de liberación del continente latinoamericano y de otros continentes. Lo que sí desea ser es un aporte para que la tierra de la Biblia se convierta en una Abya Yala para todos y todas, tierra enriquecida y fecunda: el humus,tierra fértil de la palabra liberadora. Tierra que ya no es lugar de esterilidad y muerte, sino donde se cosechan los nuevos frutos de la fe y la espiritualidad.
Oímos que se dijo… ¡pero nosotras las mujeres decimos!
Este texto es fruto colectivo del Primer Encuentro Latinoamericano de Mujeres Biblistas, que se realizó en Bogotá, Colombia en febrero de 1995. Muchas mujeres contribuyeron para la organización de estas Pautas Hermenéuticas: Elsa Tamez, Mercedes Brancher, Ana María Rizzante Gallazzi, Nancy Cardoso Pereira, Rebeca Montemayor, Irene Foulkes, Alicia Winters, Luz Jiménez, Débora García, Violeta Rocha, Josefina Caviedes, Maribel Pertuz, Verónica Rozzotto. Este número de Ribla reúne la contribución de algunas de nosotras y de otras biblistas latinoamericanas.
Estamos en camino. Estamos aprendiendo a leer la Biblia siendo fieles a nosotras mismas, a nuestras luchas y movimientos de liberación, en especial de mujeres de nuestras iglesias y países. Además tenemos que luchar con las teorías y procedimientos, autoridades y límites. Los textos aquí reunidos expresan nuestros esfuerzos personales y colectivos y quieren ser parte de un diálogo para el caminar bíblico latinoamericano.
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