
ALIANZA POR LA VIDA
Una lectura de Rut a partir de las culturas
Mercedes Lopes
El artículo subraya algunos aspectos del libro de Rut, que presenta la alianza entre dos mujeres pobres y viudas en favor de la vida. Superando el odio y la exclusión, Rut y Noemí rescatan la memoria histórica, la fe y los derechos de los pobres. A partir de la amistad, ellas animan la esperanza e inventan el futuro del pueblo de la Biblia. Su acción nos invita a acoger la propuesta de los pueblos originarios y a asumir un compromiso, desde abajo y con los de abajo, por la vida de todos.
The article highlights various aspects of the Book of Ruth, which presents the covenant between two poor widows in favor of life. Overcoming hatred and exclusion, Ruth and Naomi rescue the historical memory, the faith and the rights of the poor. Through their friendship, they give hope and create a future for the people of the Bible. Their action invites us to embrace the viewpoint of native peoples and assume a commitment, from below and with those who are below, for the life of all.
1. Marco de referencia
En 1990, los indígenas de la amazonia boliviana realizaron la “Marcha por el territorio y la dignidad”, caminando desde el Beni hasta La Paz, durante 32 días. Recorrieron aproximadamente 600 kilómetros y subieron hasta 4.650 metros de altura, para atravesar las cumbres heladas de la Cordillera de los Andes.
Con esta marcha, los indígenas de la amazonia buscaban sensibilizar a la opinión pública y al gobierno por la situación de exterminio y de olvido a la que están condenados. Su marcha era la expresión de una lucha permanente por conseguir el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, que buscan preservar sus vidas, sus valores y su historia.
La marcha causó un impacto muy fuerte en la sociedad boliviana y en las iglesias, generando una solidaridad sin igual, entre todos los pobres del país1. En esa ocasión se celebró una alianza histórica entre el pueblo andino y el pueblo amazónico, sellada con el rito de la “Wilancha”, en la parte más alta de la Cordillera.
Celina, una mujer de la tribu moseten, que participó de esta marcha, comparte su visión de la alianza celebrada en la cumbre: “el rito de los aymaras y quechuas es una expresión de la alianza entre las diversas razas de Bolivia, por la vida de los pobres”2.
Es a partir de este marco de referencia que haré una lectura del libro de Rut. La alianza entre Rut y Noemí (Rt 1,15-18) expresa un compromiso concreto por un pueblo, cuya vida estaba amenazada por el hambre, la pobreza (1,1) y la codicia de los ricos (4,3-4).
La alianza entre estas dos mujeres se basa en relaciones profundas de amistad y de amor, que superan las diferencias de raza y de cultura. Es la experiencia transformadora de amistad que lleva Rut a proclamar ante Noemí: “tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (1,16).
Rut va a poner toda su vida en la realización de un proyecto que defiende la vida del pueblo de Noemí, rescatando su historia, su identidad y sus derechos, en consecuencia del compromiso asumido.
2. Una historia popular
A manera de una historia sencilla, ingenua y popular, el libro de Rut presenta una salida valiente para superar la crisis del pueblo israelita, sumido en el tunel del postexilio. En la construcción literaria del libro, el autor o autora usa varios recursos, mezclando crítica refinada con propuesta inteligente. Los nombres de los personajes, las repeticiones, las cuidadosas ligaciones entre los capítulos, los contrastes o la retrospectiva histórica, son detalles que tienen tanto significado como la secuencia de los hechos y las relaciones entre los personajes.
El libro se abre con el drama de la vida del pueblo, indicando también las causas de la crisis. Noemí y Elimelec emigran a Moab, empujados por el hambre. Allá sus dos hijos se casan con muchachas extrajeras, pero luego de la muerte del padre también mueren, sin dejar descendencia. Las tres mujeres se quedan viudas y sin hijos (1,1-5). Entonces empiezan los pasos para la reconstrucción: Noemí decide volver a su país. Rut la acompaña, haciendo una alianza incondicional con ella (1,6-22). Las dos deciden rescatar los derechos de los pobres (2,1-23). El amor humano bendice la búsqueda y confirma la esperanza en el futuro (3,1-18). Rut se casa con Booz, la tierra es rescatada, toda la gente se alegra y celebra la vida que renace (4,1-22).
3. En la Casa del Pan se pasa hambre
Es curioso el contraste que el libro nos presenta, cuando nos indica la situación del pueblo de Noemí: en Belén (casa del pan) hay una gran hambruna (Rt 1,1).
¿Cuáles son las causas de esta hambruna? Hacía unos 100 años que el pueblo había regresado del cautiverio de Babilonia. Los proyectos de reconstrucción fallaron (cf. Ne 5,1-5; 13,10-21), porque no tomaban en cuenta la vida concreta del pueblo, sino que respondían a las ideas que los dirigentes tenían (Esd 5,1-2; 9,1-2; 10, 2.10).
En este contexto, los ricos se aprovechaban de la situación de miseria y de hambruna para comprar la tierra de los pobres (Rt 4, 3-4). Las personas se fueron dispersando. Ya no podían vivir en sus comunidades originarias, que les daba fuerza e identidad. Tenían que emigrar en busca de pan (Rt 1,1).
Dejando la comunidad o clan, ellos perdían algo que era fundamental para sus vidas, ya que el pueblo de Rut era esencialmente un pueblo comunitario. Era en la comunidad que encontraban la identidad y la fuerza para luchar, celebraban su fe y compartían la alegría de vivir. La emigración causó la dispersión y debilitó al pueblo.
En el extranjero mueren el marido y los dos hijos de Noemí (Rt 1, 3-5). Ella, que era graciosa = Noemí, vuelve del extranjero amargada = Mara, vacía, sintiéndose condenada y desgraciada (Rt 1,21).
4. Chivos expiatorios
Ante esta situación de empobrecimiento, dispersión, debilitamiento, muerte y vacío, los dirigentes del pueblo buscan chivos expiatorios. Según ellos, los culpables de la desgracia eran los extranjeros, sobre todo las mujeres. La solución para el problema sería separarse de todos aquellos que no eran de su raza o que no hicieron la experiencia del exilio, y abandonar a las mujeres extranjeras con sus hijos. “Ahora reconozcan su pecado ante Yavé, Dios de sus padres y, para cumplir su voluntad, sepárense de la gente de esta tierra y de las mujeres extranjeras” (Esd 10,11).
En vez de ir al fondo del problema, buscan salidas discriminatorias y excluyentes, que marginan al “otro”, al diferente. Relacionan la diferencia con el peligro, con la amenaza de una mancha o de una pérdida. Con eso van perdiendo su dimensión humana, pues el ser humano se constituye como persona en relación con el “otro”, en el diálogo con la diferencia. Fue el descubrimiento de una relación posible con la “alteridad” que generó el Pueblo de la Biblia, en la liberadora experiencia del éxodo (Éx 12,38; 18,1; Lv 24,10). Fue esta experiencia la que hizo posible la asamblea de Yavé, conformada por diferentes grupos de oprimidos (Jos 24,19-27).
En vez de proponer un proyecto de construcción, y de cambio de las estructuras, rescatando las leyes que defienden la vida de los pobres y abrazando las diferencias para juntos poder construir un nuevo futuro, ellos proponen la exclusión como salida. Esta salida que encontraron generó todavía mayor sufrimiento y debilitó aún más el pueblo.
5. Superar la exclusión y defender la vida
En cambio, Rut, mujer extranjera y excluida, fue capaz de hacer una propuesta que respondía al problema de fondo. El amor lleva a Rut a rescatar la identidad, el sentido comunitario, la alegría de vivir, la fe, la esperanza y el futuro del pueblo de Noemí (Rt 4, 11-16). Ella, la excluida, entrega su vida en la reconstrucción de un pueblo extranjero, que asume como propio. En la alianza que pactó con Noemí, ella asume el destino de este pueblo, que también pasa a ser el suyo. Lo hace por amistad y también por la profunda solidaridad que une a los pobres.
“No me obligues a dejarte, yéndome lejos de tí, pues adonde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, allí también quiero morir yo y ser enterrada. Que el Señor me castigue como es debido si no es la muerte la que nos separe” (Rt 1,16-17).
- “Adonde tú vayas, iré yo.”
En la historia del pueblo de la Biblia encontramos a un extranjero que tiene una fidelidad semejante. Itaí de Gat hace una alianza incondicional con David, en un momento muy duro de crisis, cuando el rey tuvo que escapar de Jerusalén para salvar la propia vida y la del pueblo (2 Sm 15,21).
Para el autor o autora del libro de Rut, es una mujer extranjera la que rescata la memoria histórica del pueblo y garantiza el futuro de la casa de David. Y eso lo hace por fidelidad a su gran amiga Noemí. Por detrás del relato está la propuesta de un nuevo proyecto de vida mucho más amplio que el de Esdras y Nehemías, el proyecto de una sociedad donde quepan todos, participando activamente en su construcción.
- “Tu pueblo será mi pueblo.”
En el pasado, el pueblo de Noemí había prohibido la entrada de los moabitas (el pueblo de Rut) en la asamblea de Yavé. La prohibición era tan estricta que los moabitas no serían admitidos “ni aun después de la décima generación” (Dt 23,4-5). Se justifica la exclusión y el odio, recordando viejos resentimientos: cuando los israelitas iban a ocupar la tierra de Canaán, los moabitas no salieron a su encuentro con pan y agua (Dt 23,5) e intentaron maldecirles a través de Balaán (Nm 22,2-24,25).
La propuesta del libro de Rut no toma en cuenta este odio del pasado, ni la exclusión del presente. Sabe que el perdón es fundamental para construir un nuevo tiempo de paz y de esperanza. Por eso nos informa que Rut amaba tanto a su suegra Noemí, que superó el odio que separaba históricamente a los pueblos de Moab y de Judá, entregando su propia vida para rescatar la esperanza del pueblo de su amiga. También Noemí, contrariamente a la actitud del tiempo de Esdras, acoge su nuera extranjera como hija, cobijándola bajo la protección del Dios de Israel (Rt 2,12; Sl 17, 8).
- “Tu Dios será mi Dios.”
El amor lleva Rut a asumir también el Dios del “otro”. Es decir, la experiencia religiosa del pueblo de Noemí pasa a ser la experiencia religiosa de Rut. De esta manera ella asume el aspecto más hondo de la identidad y de la vida cotidiana de un pueblo: su religión y sus ritos. Asume su tradición y su sueño, su pasado y su futuro.
Rut va a generar otra vez el pueblo, tal como lo hicieron Raquel y Lía, en el pasado (Rt 4,11). Su acción llevará a las mujeres de Judá a decir llenas de alegría:”bendito sea Yavé” (Rt 4,14). Ahora se habla bien de Dios, por causa de Rut. En el comienzo, Noemí decía que el Todopoderoso la había llenado de amargura (Rt 1,21). En el final, Yavé es bendecido por la amistad de Rut hacia Noemí. Dios es alabado en la comunidad por causa de Rut, la nuera extranjera que vale más que siete hijos (Rt 4,15).
6. En total gratuidad
Rut asume a un pueblo que se encuentra en una situación crítica de hambre, debilidad y muerte (Rt 1,1-5.21). Este compromiso le exige una gran renuncia y gratuidad. Rut deja la posibilidad de tener un esposo y vivir tranquila en su país, para poder seguir a Noemí (Rt 1,9). Una gran amistad la lleva a abandonar su tierra, su pueblo y sus proyectos para asumir el pueblo, la tierra y el Dios del “otro”.
Pero, lo más grave es que el pueblo de Noemí no tenía mucho futuro. Las comunidades o clanes estaban cada vez más débiles e indefensos. La familia de Noemí era un retrato de la situación de su pueblo: El marido de Rut murió sin dejar hijos (Rt 1,5). Su hermano también. Noemí estaba vieja para casarse de nuevo y tener hijos (Rt 1,12). La familia estaba amenazada de extinción.
Rut abandonó todo: padre, madre, tierra, posibilidad de casarse con alguien de su pueblo para seguir a Noemí, haciendo con ella una alianza por la vida de su pueblo, asumiendo su historia, sus tradiciones y su Dios. Juntas buscarán hacer que un pueblo amenazado de muerte adquiera de nuevo la alegría de vivir y la esperanza en el futuro.
7. La solidaridad eficaz
Cuando leemos los cuatro capítulos del libro de Rut tenemos la impresión de que toda la acción se desarrolla dentro de un conjunto armónico. Parece que Rut y Noemí tenían conciencia de que había una gran ligación entre ellas y su contexto. Se nota claramente en la lectura del libro que hay una fuerza de vida conduciendo los hechos a buen resultado. El texto nos informa que una feliz casualidad llevó a Rut a recoger espigas justamente en los campos de Booz (Rt 2,3), que regresaba en aquel momento de Belén (2,4), y se enamoró inmediatamente de la extranjera (2,14).
Al inventarse maneras de sobrevivencia, las dos mujeres se dan cuenta de que no están solas. Ellas descubren que hacen parte de una historia que viene de lejos (2,20-21). Están también ligadas a muchas otras familias, que en el presente están luchando por la sobrevivencia. La alianza se amplía. Ahora ellas se sienten responsables por la vida de la comunidad. Se solidarizan con el sueño de vida de los pobres de Judá (4,11). Reflexionan sobre las posibilidad de salida en el contexto del postexilio. Descubren que en este momento los pobres han perdido sus derechos y se comprometen a rescatarlo.
En el pasado, recoger lo que sobraba de las cosechas era un derecho de los emigrantes, de las viudas y de los huérfanos (Dt 24,19-22). No era un favor que les hacía el dueño de la tierra, sino que venía de la religión de los campesinos, que dejaban la sobra de las cosechas para la divinidad. Ahora bien, para el pueblo de la Biblia estas sobras eran de Yavé, el Dios de los pobres. Por eso, los pobres tenían el derecho de recogerlas sin pedir permiso a nadie.
Pasó el tiempo, y este derecho de los pobres fue olvidado. Ahora solamente podían recoger las sobras de las cosechas si el dueño de la tierra les daba permiso para ello (Rt 2,2). Aquello que antes había sido un derecho, pasó a ser una limosna3.
Cuando Rut decidió ir a recoger las espigas de la cebada detrás de los segadores, estaba realizando no solamente una acción que le garantizara la sobrevivencia, junto con la suegra. La importancia de la acción que realiza se expresa en la abundante repetición de las palabras “recoger espigas” (Rt 2,2.3.7.8.16.17.19.23). Rut no recoge las espigas como una menesterosa, sino con toda la dignidad de quien conoce los derechos y las leyes (2,3). Fue esta acción la que desencadenó una serie de hechos importantes para el futuro del pueblo de Noemí.
8. Afirmar lo imposible
Hoy, como ayer, el proyecto de los jefes presenta la exclusión como salida. Quienes no tienen condiciones de entrar en el mercado, no cuentan, no existen. Tendrán que vivir arrinconados en sus pequeños proyectos de sobrevivencia, sin ninguna expresión a nivel más amplio. Sumergidos en el miedo, en el individualismo y en el aislamiento, tendrán que aguantar en silencio las masacres y los exterminios en masa, sea por las armas o por las medidas económicas. Un repliegue conservadurista y moralizante paraliza las iglesias. ¿Ya no hay lugar para la esperanza, el sueño, la utopía?
Desde el comienzo de los años 90, vamos tomando una mayor conciencia de que los pueblos originarios son sujetos históricos en un mismo proceso de lucha por la justicia, por los derechos humanos, políticos y civiles. Reconocemos su esfuerzo para rescatar su memoria histórica y analizarla críticamente, encontrando otra vez la fuerza para la lucha.
Aunque las circunstancias sean contrarias, los pueblos originarios no abandonan sus convicciones, y de manera creativa renuevan su militancia, alimentada por el sueño de una vida buena y digna; por sus valores comunitarios y por su mística.
El libro de Rut nos invita a acoger su propuesta y hacer con los pueblos originarios una alianza por la vida de todos los pobres de nuestro continente. Una alianza basada en relaciones de amor y de respeto, de admiración y de acogida. Es justamente cuando más somos tentados a la exclusión, que necesitamos profesar nuestra fe en el Dios de la vida, abrazando las diferencias y afirmando lo imposible. El libro de Rut, la amiga, nos dice que todavía es tiempo de utopía, porque es tiempo de amar y el amor es el más grande generador de utopías.
Mercedes Lopes
Rua Barra do Piraí 3
Japuíba
Angra dos Reis - RJ
23900-000
Brasil
1 En 1996, una marcha realizada por las mujeres desde el Chapare hasta La Paz causó todavía más impacto. Quizás no hayan logrado los objetivos que tenían a corto plazo, como el cambio de la postura del gobierno en cuanto a la erradicación de la hoja de coca. Pero sí han logrado un despertar en las masas urbanas alienadas por los MCS, provocando una discusión seria sobre la sobrevivencia de las poblaciones autóctonas de Bolivia.
2 Mercedes Lopes, “Un nuevo éxodo”, en Biblia y Resistencia Popular, El Pueblo Hace Camino, año 4, nº 7 (1991) pág. 8. Un grupo de mosetenes hace una lectura de la Marcha.
3 Carlos Mesters, Como ler o livro de Rute. Pão, Família, Terra!. 2ª edición, Paulus, São Paulo, 1991, pág. 37. |