
PALABRA DE YAVÉ - DE EZEQUIEL A CHIAPAS
José Luis Calvillo Esparza
En base a un análisis estrictamente literario del texto de Ez. 37,1-14, yuxtapuesto a un texto del movimiento zapatista de Chiapas, México —teniendo como finalidad encontrar puentes hermenéuticos entre los textos bíblicos y los vivenciales indígenas— este artículo trata de apreciar los nuevos horizontes de sentido contenidos en textos como éste, que con frecuencia han sido mal entendidos, o utilizados ideológicamente. Los pueblos indígenas en lucha por su liberación pueden encontrar, en la plataforma de Ezequiel, pueblos hermanos en estrecha alianza.
Through the juxtaposition of Ez. 37, 1-14 and a text of the Zapatista movement of Chiapas, México —and trying to find hermeneutical bridges between the biblical texts and the vivential ones of the aborigines— this article attempts to highlight the new horizons of meaning enclosed in texts such as this one, which have frequently been either badly understood or ideologized. On Ezequiel’s platform, the indigenous peoples, struggling for liberation, may find other brother-peoples in close alliance.
Introducción
Hay un resurgimiento de la dignidad y conciencia india. Se va desarrollando una auténtica teología, con características, métodos, fuentes, y sujetos propios, indígenas. El campo bíblico, como lo muestra este número más de RIBLA1, también se ha visto enriquecido. Vamos entendiendo que no se trata más de hacer exégesis para beneficiar a los indígenas, llevándoles la palabra de Dios. Sino, más bien, de reconocer claramente y asumir honestamente el hecho de que la palabra indígena se va encontrando con la palabra bíblica. En ese encuentro la Palabra de Dios sorprende al mostrarse también como palabra indígena. Así, en igualdad de palabra, se establece el diálogo: de palabra india a palabra bíblica. Palabra indígena y palabra bíblica, juntas, en diálogo de búsqueda de la Palabra. Ninguna de las dos palabras tiene por qué anular a la otra. Ni la Palabra puede anular a ninguna de las dos. Aquí se cumple aquello de que el respeto a la alteridad y la apertura refuerzan la identidad propia. Así, los pueblos indios se van haciendo sujetos auténticos de la Palabra. Se van haciendo hombres y mujeres, pueblos, de palabra verdadera.
Preguntas para este camino nuevo
¿Cómo hacer exégesis bíblica de tal manera que los pueblos indígenas de hoy se vean invitados a ver en los pueblos de la Biblia pueblos hermanos en búsqueda de los mismos ideales de vida, de libertad?
¿Cómo hacer esa exégesis de tal manera que nuestros pueblos se vean invitados a hacer exégesis de la vida diaria, mezcla de sufrimiento y de alegre esperanza?
¿Cómo hacer exégesis rigurosamente científica sin, por eso, sacrificar la alianza de los/las biblistas con las luchas de los pueblos que se debaten valientemente para que la Palabra de veras acontezca en el libro de la vida diaria?
Intentaremos hacer un ejercicio de lectura exegética desde los pliegues más diminutos de la literalidad del texto con la vista puesta en los horizontes de esperanza que los/las pobres, pueblos indígenas de nuestro continente, han abierto. Pedimos se nos acompañe en las cuatro etapas de este caminar por el texto:
1. ¿Cómo tener puentes de entendimiento mutuo?
2. Limpeza del texto de Ez. 37,1-14: una traducción.
3. Texto con muchas sorpresas: comentario.
4. Les damos la palabra a los indígenas zapatistas.
Entremos, pues, de lleno.
1. ¿Cómo tener puentes de entendimiento?
1.1. Tener actitudes adecuadas
Antes de acercarnos al texto que escogimos de Ezequiel me parece que debemos afinar dos actitudes básicas: primera, no perder de vista el hecho de que estamos delante de un texto cuyo tejido cultural, lingüístico, imaginario, simbólico, histórico etc., nos es ajeno. Esta primera actitud nos es necesaria, pues, aceptando la diferencia y la alteridad del texto —al que reconocemos como interlocutor en diálogo diferenciado— evitaremos asimilarlo, y despojarlo así, de su identidad, colocándole la nuestra para acabar en un diálogo con nosotros mismos. Esta primera actitud básica es indispensable y debe quedar como desafío. De paso digamos que en nuestro diálogo con el mundo indígena esta actitud es igualmente necesaria. Hay que oír al otro y a la otra como otro y otra, pues.
La segunda actitud que se hace necesaria, me parece, es la de una humildad suficiente para reconocer y respetar el misterio vital contenido en toda obra humana, en especial en la obra literaria. Los textos no son meras palabras y frases escritas. La fuerza del lenguaje viene de las vivencias, conflictos, esperanzas, preguntas angustiantes, horizontes de utopías que se concretizaron en palabras. Las palabras, aun las de menor tamaño, son, en realidad, contenedores de, a veces, enormes vivencias. Y las palabras nos son significativas en la medida en que su contenido vivencial nos llega a tocar y en la medida en que nosotros, por nuestra parte, nos dejamos tocar.
1.2. Dejar que los textos hablen por sí mismos
Este trabajo consiste en un intento de exégesis de Ez. 37,1-14 (texto ampliamente reconocido como unidad literaria) a través de una lectura minuciosa de la literalidad del mismo. Con diccionarios, concordancias y léxicos2 como principales recursos instrumentales, pero, más que nada, con un esfuerzo de no perder la sensibilidad que posibilite al texto hablar por sí mismo, pretendemos liberar sentidos contenidos en su interioridad. Notemos bien, vamos a evitar a toda costa poner o “dar” sentido al texto. Intentaremos percibir los sentidos que el texto da por sí mismo. No serán ciertamente sentidos doctrinales o ideológicos. Nos interesan los sentidos vivenciales. Estos nos servirán de gancho para el diálogo entre el pueblo de Ezequiel y nuestros pueblos indígenas que buscan, en su cotidianidad, vida renovada y, en la Biblia, alianzas de esperanza para el aquí y el ahora. Si, como veremos, los huesos secos le otorgaron a Ezequiel su madurez como profeta y a Yavé su señorío sobre la vida, ojalá la recuperación de este hermoso texto ayude a los pueblos indígenas a recuperar su palabra verdadera. Y, con humildad y pequeñez, a nosotros nos ayude a hacernos “hombres y mujeres verdaderos”, utopía indígena, según se habla ahora en Chiapas.
1.3. Devolver la palabra a quien le pertenece
Nuestro punto de referencia para pensar el mundo indígena no es ni el antropológico, ni el cultural, ni otros pertinentes, sino el que viene del fenómeno de lucha zapatista que está aconteciendo en México. Tratamos de poner a dialogar la palabra de Ezequiel con la palabra zapatista. Ojalá que, por esta vez, la simple yuxtaposición que hacemos de los textos, el de Ezequiel y el del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional), nos ayude a intuir la presencia revolucionaria de la Palabra siempre mayor.
2. Limpieza del texto de Ez. 37, 1-14: una traducción
2.1. En los obstáculos linguísticos está la riqueza
Como lo muestra la frecuencia de lectura y estudios de este texto3, estamos ante una riqueza de sentidos enorme. Pero ahí también se encuentra acechando una tentación. La de apresurarnos a hacer aplicaciones a nuestra realidad vivenciada, a veces tan carente de sentido. Una lectura reposada y atenta nos mostrará que el texto guarda, por un lado, obstáculos linguísticos no fácilmente superables, y, claro, por el otro, riquezas insospechadas a primera vista. Los textos tienen sus límites y sus alcances propios. Y creo que así hay que respetarlos.
Otra gran ventaja de leer con cuidado los textos de culturas diferentes a la occidental consiste en que el respeto a las dificultades que los textos presentan en sí mismos nos proporciona la oportunidad de fascinarnos ante lo diferente que desafía nuestra identidad. Así es el misterio del Dios siempre mayor de la Biblia y de esa fascinación participan las diferentes expresiones de su Palabra como se va revelando en la realidad de nuestros pueblos.
Espero, pues, que, lejos de hastiarnos, la lectura minuciosa que vamos a hacer del texto nos ayude a percibir las dimensiones infinitas que contiene la realidad humana en sus pliegues más íntimos.
2.2. Veamos una traducción de Ez. 37, 1-14
1 Estuvo sobre mí la mano de Yavé
y (él) me hizo salir
en el espíritu de Yavé
y (él) me acomodó
en medio de la llanura
y ella (la llanura) (estaba) llena de huesos.
2 Y me hizo pasar sobre/alrededor de ellos
una y otra vez;
Y, he aquí, abundantes en exceso
sobre la superficie de la llanura;
y, he aquí, secos en exceso.
3 Y me dijo: hijo de hombre,
¿acaso vivirán estos huesos?
Yo dije: mi-Señor Yavé, tú sabes.
4 Me dijo: realízate-como-profeta sobre estos huesos
y dí-les: ¡huesos secos,
escuchen la palabra de Yavé!
5 Así dijo mi-Señor Yavé
a estos huesos:
He aquí: hago venir sobre ustedes
espíritu y vivirán.
6 Pondré sobre ustedes nervios
haré crecer sobre ustedes carne
y extenderé sobre ustedes piel
y pondré en ustedes espíritu y vivirán
y sabrán que yo (soy) Yavé.
7 Me realicé-como-profeta, como me fué ordenado;
hubo un sonido conforme-yo-me-realizaba-como-profeta;
y, he aquí, un temblor;
y se juntaron los huesos,
un hueso con el otro.
8 Yo vi y, he aquí, que (había) sobre ellos
nervios y carne creció
y se extendió sobre ellos piel por encima,
mas espíritu no había en ellos.
9 Me dijo: realízate-como-profeta al espíritu,
realízate-como-profeta, hijo de hombre,
y dile al espíritu:
Así dijo mi-Señor Yavé:
¡de los cuatro vientos (espíritus), ven, espíritu!
¡y sopla sobre estos masacrados, que vivan!
10 Y me-profeticé, como fuí ordenado;
y vino sobre ellos el espíritu y vivieron;
se levantaron sobre sus pies:
¡un ejército grande, enorme!
11 Me dijo, hijo de hombre,
estos huesos (son) toda la casa de Israel,
ellos dicen:
se secaron nuestros huesos,
se destruyó nuestra esperanza,
han cercenado el cordón de nuestra vida.
12 Por eso, realízate-como-profeta y dí-les:
Así dijo mi-Señor Yavé:
He aquí que yo abro sus sepulcros
y los hago subir de sus sepulcros,
pueblo mío,
y los hago llegar a ustedes a la tierra de Israel.
13 Y sabrán que yo soy Yavé
conforme abra sus sepulcros y
conforme los haga subir de sus sepulcros,
pueblo mío.
14 Pondré mi espíritu en ustedes
vivirán y los acomodaré en su tierra
y sabrán que yo Yavé hablé e hice:
palabra de Yavé.
3. Texto con muchas sorpresas: comentario
3.1. Peculiaridades del texto
3.1.1. Causa perplejidad
El inicio del v.1, que se traduciría a nuestras lenguas latinas simplemente como “estuvo sobre mí la mano de Yavé”, y que en hebreo se expresa en cinco palabras, de entrada, nos prepara dificultades para seguir leyendo el resto del versículo; pues, mientras que en esta primera frase, el género del verbo ‘estar’ corresponde al género del sujeto ‘la mano’, que en hebreo, como en nuestras lenguas, es palabra de género femenino, el género del verbo ‘me hizo salir’ ya es masculino. Es como si dijéramos: ‘estuvo (ella) sobre mí la mano de Yavé y Él me hizo salir’. Por lo menos se sorprende uno al leer que, primeramente, es la mano del señor la que hace salir y que, de repente, se habla más bien, no de la mano sino del dueño de la mano, Yavé, como quien hace salir al profeta.
Pocas veces en la Biblia, la palabra ‘mano’ es masculina: Éx. 17, 12: ‘las manos de Moisés estaban pesados’; 2 Sm. 4, 1; Sof. 3, 16; 2 Cro. 15, 7; Ne. 6, 9: todas estas veces se habla, sí, de ‘manos’, pero refiriéndose al debilitamiento del ánimo.
Pero, entonces, ¿quién viene siendo el sujeto de los verbos ‘me hizo salir’ y ‘me hizo reposar’? Si se dijera que es Yavé y que hablar de la mano y del espíritu es una forma de hablar de la parte refiriéndose, de hecho, al todo, la confusión seguiría pues la diferencia de género entre el supuesto sujeto y el verbo permanece.
Las correspondencias de género son fielmente respetadas en todos los otros casos: ‘llanura’, que es femenino; ‘huesos’, palabra que en hebreo es de género común, guardan siempre sus correspondencias. La pregunta sigue en pie con respecto a la identificación de quién es el sujeto de todos los verbos que mueven a Ezequiel en los tres primeros versículos: ‘él me hizo salir’, ‘él me hizo reposar’, ‘él me hizo pasar’. Al principio del v.3 la incógnita sigue: “él me dijo”. ¿Quién?
¿Qué explicaciones puede tener este desfase? Tal vez esa frase sea un título que el uso convirtió en parte del texto, lo cual no es privativo del texto que nos ocupa. Por cierto, en otros tres lugares del mismo libro sucede el mismo fenómeno literario. ¿Cuáles son esas otras instancias en Ezequiel en las que se usa la misma fórmula literaria?
3.1.2. Pero tiene armonía
Son cuatro las veces que el libro de Ezequiel usa la frase: “estuvo sobre mí la mano de Yavé”. ¿Dónde?
Ez. 1, 3: inicio de todo el libro;
Ez. 3, 22: inicio del ministerio profético, después de su vocación (2, 1-3, 21);
Ez. 37, 1: momento culminante del ministerio profético;
Ez. 40, 1: inicio del otro libro de Ezequiel: la nueva torá.
Viendo así la disposición de los textos donde aparece la frase que nos ocupa, se puede inferir que dicha fórmula introductoria de textos proféticos cumple una función estructural. Es decir, es una frase muy importante para toda la construcción del libro.
Notemos primero que ‘la mano de Yavé’ no viene a cada momento. Sólo en ocasiones marcantes del libro. Inicio de la vocación y culmen da la misma. Por cierto el principio y el culmen de su vocación de profeta acontecen en un valle, biq’ah, en hebreo. De las únicas cinco veces que aparece la palabra biq’ah, “valle”, en todo el libro de Ezequiel, en 3, 22.23 (2 veces) como en 37, 1.2 (2 veces) se trata del escenario donde acontece algo central para Ezequiel y para su mensaje; mientras que en 8, 4 se trata de una referencia general a la visión fundante del libro, a saber, de la gloria de Yavé (1, 28).
Sería muy importante, aunque no oportuno en este artículo, hacer la comparación minuciosa de los dos textos centrales en esta estructura que estamos proponiendo como eje del libro. A saber, 3, 22-27 y 37, 1-14. Con esa comparación todos los aspectos peculiares del profetismo de Ezequiel nos quedarían admirable y provechosamente claros.
Y, por último, notemos que tanto el principio del libro de Ezequiel como el principio del libro, así llamado, de la torá de Ezequiel (caps. 40-48), tienen correspondencias hábilmente trabajadas. Tampoco es el momento para detenernos en ellas.
3.1.3. Y lo que parecía desechable resultó pieza esencial
Tenemos, entonces, por resultado, que la frase que en un principio nos parecía desentonar en la sintaxis del primer versículo de nuestro texto, ahora, además de reconocerla como introducción a un oráculo importante, tiene la función de servir de argamasa para conformar la estructura de todo el libro. Esa frase que, por cierto, es corregida frecuentemente por los traductores, sirve de cuadro para esbozar los trazos de la personalidad de Ezequiel como profeta que lleva a cabo su misión profética alrededor de la situación histórica de su pueblo.
Los pueblos indígenas no se sentirían extraños en un diálogo con este Ezequiel, tan rico en simbolismo y colorido, pero difícil.
3.2. Cantera de piedras muy dóciles
Tenemos un texto armónico y rico en material utilizable. Se parece a las narraciones y gestas indígenas. Veamos algo más de esa riqueza.
3.2.1. El profetismo de Ezequiel tiene cuño muy propio
Después del cap. 13 (en que el profetismo de Ezequiel se opone al de los/las profetas dominadores del pueblo), el nuestro es el que más usa el verbo ‘profetizar’. Resulta fácil decir que Ezequiel era profeta; pero ¿de qué tipo de profeta hablamos a final de cuentas? Creo que sólo percibiendo los matices del texto lo dejaremos a él mismo definirse.
De las 86 veces que aparece el verbo ‘profetizar’ en el Antiguo Testamento, 34 veces aparece en Ezequiel, sólo superado con una vez por Jeremías. En nuestro texto el verbo aparece 7 veces. Por su contenido, y no sólo por su morfología, este verbo admite únicamente 2 formas verbales, nif`al (pasivo simple) y hitpa`el (reflexivo). Esos dos únicos modos los usa nuestro texto. Nunca es verbo transitivo. La acción del verbo hebreo ‘profetizar’ queda muy identificada con el sujeto del verbo. Ver nuestra traducción. Por cierto, puede parecer pedantería tecnicista, pero hay que penetrar el sentido.
¿Y qué sacamos de eso? Si aceptamos la relación propuesta por algunos comentaristas4 de este capítulo con la vocación de Ezequiel en 3, 22-27, entonces, podría ser que Ezequiel se constituye profeta en plenitud precisamente delante de los huesos. En el cap. 3 fué llamado (3, 22: “y estuvo [verbo hebreo ‘estar’ en imperfecto, con waw conversivo] sobre mí la mano de Yavé”) y ahora los huesos lo están haciendo profeta (37, 1: misma frase con verbo en tiempo perfecto). El montón de huesos secos es el escenario del ápice profético de Ezequiel. Quien quiera asumir un profetismo semejante, ya sabe adonde dirigirse.
Queda como tarea mostrar cómo las correspondencias literarias de estos dos textos son impresionantes.
3.2.2. Profetismo en riguroso diálogo comunitario
Este nuestro pasaje presenta un profetismo de mucho diálogo comunitario. Ya en otros capítulos anteriores del libro (8-11; 12, 9; 14, 1-3; 17, 2.12; 20, 1-3.31; 21, 6-7; 24, 18-19; 33, 30-33) se puede ver esa misma dinámica dialogal comunitaria muy propia de Ezequiel. Si nos fijamos bien, todo el trecho del que nos ocupamos es un diálogo donde todo el mundo interviene con preguntas, respuestas, autoevaluaciones, interpretaciones. El punto más alto del diálogo se encuentra en los vv. 12-13, en que Yavé se dirige al pueblo, con toda ternura, recuperando la alianza perdida, llamándolo ‘pueblo mío’. Sin embargo este punto alto es provocado por tres pequeñas frases, tristísimas, que pronuncia este pueblo de conciencia profunda de su destrucción: “nuestros huesos se secaron, pereció nuestra esperanza, fuimos cercenados de nuestro cordón de vida”.
Aquí se me antojaría lanzar esta sospecha: estas tres frases reveladoras de la autoconsciencia de destrucción del pueblo ¿no serán la semilla de todo el texto? ¿No será que Ezequiel desarrolló su texto a partir de frases germinales tomadas de la boca del pueblo? Tengamos en cuenta que otras palabras proféticas de Ezequiel tenían su fuente, precisamente, en lo que andaba diciendo el pueblo en su vida diaria y concreta (12, 22; 13, 10-16; 18, 2.19.25; 25, 3; 26, 2). Sea lo que fuere, el profetismo de Ezequiel tiene rasgos muy peculiares y el diálogo comunitario es uno de los más originales de él.
3.2.3. El profetismo de Ezequiel es, no sólo peculiar, sino, además, osado
El profeta que encarna Ezequiel tiene como oyente, no sólo a los huesos secos, sino al mismo Espíritu y, de hecho, a todos los espíritus. Aquí tenemos a un espíritu totalmente dócil a la palabra del profeta. La presencia activa, disponible a la voz profética, del espíritu, se concentra en los v.8-10. Isaías y Ezequiel son los libros que más usan la palabra ruaj, 51 veces, cada uno. En Ezequiel, este capítulo se lleva la delantera en el uso de ruaj: 10 veces.
Y aquí, aunque pueda ser tedioso, vale la pena constatar la riqueza que sueltan los textos cuando la interpretación se hace a partir de un minucioso análisis linguístico. La palabra hebrea ruaj normalmente se traduce por ‘espíritu’ o ‘viento’. Si penetramos pacientemente en la raiz verbal de la palabra ¿arrojaría otro sentido?
En efecto, la raíz verbal rawaj tiene que ver con la percepción de las cosas, acciones y personas a través del olor, del olfato. Tiene que ver con la delicia, con el gozo, de oler algo. En el Sl. 115, 6 se les niega a los Dioses diferentes a Yavé la capacidad de oler. ¡Yavé es Dios verdadero, entre otras cosas, porque sí tiene olfato! Uno diría que esos son detalles sin importancia, pero no. Veamos. Las alianzas y bendiciones fundantes de la Biblia comienzan con aromas agradables percibidos. Se dice en Gén 8, 21: “y el Señor olió el suave olor y dijo el Señor en su corazón: no volveré otra vez a maldecir la tierra por causa del hombre”; y en Gén 27, 27-28 se dice que Isaac bendice a Jacob de la siguiente manera: “se acercó (Jacob) y lo besó; entonces (Isaac) olió el olor de sus vestidos, y lo bendijo, y dijo: ¡el olor de mi hijo es como el olor del campo, que el Señor bendijo!: Que así te dé Dios del rocío de los cielos, y de las gorduras de la tierra, y abundancia de trigo y vino”. Admirémonos: el verbo hebreo para ‘oler’ es rawaj, raíz de la palabra ruaj, la misma que Ezequiel usa abundantemente en nuestro texto. ¡El ruaj de estos versículos prepara una nueva bendición, continuadora de las anteriores, fundantes del pueblo de Israel!
Con esto ejemplos simplemente quiero insistir en que esta meticulosidad no es, de ninguna manera, prurito de tecnicismo; es, más bien, una reiteración de la necesidad de abrirnos al lenguaje de la Biblia como un texto de gente de cultura, imaginación, simbología etc., totalmente diferente a nosotros. Es el otro que nos desafía a entenderlo en su alteridad. Y en nuestra preocupación por insertar la lectura de la Biblia en el mundo indígena me parece que debemos tener cuidado de no perder de vista el respeto a la alteridad. Los textos leídos con paciencia nos ayudarán a vencer la tentación de domesticar a la gente que los escribió. A final de cuentas, la Biblia también es indígena.
Aquí vale proponer el desafío de un estudio, con ojos nuevos, más minucioso, de la presencia del espíritu en este texto ligado al profetismo y su acción con el pueblo. Notemos aquí también que la correspondencia de género es sumamente respetada, en un capítulo que, como vimos, se toma sus libertades a este respecto. Los imperativos de los verbos ‘venir’ y ‘soplar’ son hermosamente femeninos, como lo es la palabra ruaj.
3.2.4. Y ¿qué hacían ahí tantos huesos juntos?
El espíritu es comandado a soplar sobre huesos que tienen la peculiaridad de ser restos que, según el lenguaje de Ezequiel, son resultado de una gran matanza. La traducción que presentamos dice: ‘sopla fuertemente sobre los masacrados estos’. Pues la raíz verbal jarrag, que da origen a la palabra hebrea bajaruguim, ‘sobre los masacrados’, significa ‘padecer una matanza’, ‘ser matado’. No se trata entonces de huesos sacados de un osario o de una capilla donde esperan los difuntos “tranquilamente la resurrección”, como hablan ahora las propagandas comerciales religiosas de criptas funerales. La fuerza de la palabra remite, por ella misma, al sentido profundo que tienen esos huesos: se trata de huesos de pueblo masacrado; no de cualesquier huesos.
Con este sentido recuperado, también la palabra ‘llanura’ de los v.1 y 2 adquiere su profundo sentido. No se trata de la visión de un paisaje bucólico, sino de la visión de un campo de batalla donde el pueblo había sido vencido y masacrado. Ahora, según Ezequiel, llega el espíritu, recogido de los cuatro vientos, para hacer la venganza. La venida-venganza del espíritu, en este texto, no puede tener otra connotación inmediata que la de un levantamiento militar como paso indispensable para la resurrección. Creo que no podemos sacarle la vuelta a la fuerza de sentido de estas expresiones.
3.2.5. Ezequiel 37: ¿crítica y superación del deuteronomismo de Josías?
Ezequiel, a quien todo el mundo ubica a unos 30 años de distancia del rey Josías y del punto más alto del deuteronomismo, sistema preocupado por la pureza, consigue, en poquísimo tiempo, dar un vuelco a los parámetros de juicio de los acontecimientos históricos.
Lo que en tiempos de Josías fue instrumento y símbolo de maldición, en el acontecimiento, Ezequiel se transforma en base de bendición y principio de vida plena, vigorosa. Para explicarme pido que se haga una comparación de nuestro texto con 2 Re. 23, 1-20.
¿Y qué tiene que ver Ezequiel con eso? Veamos. La reforma de Josías, incluída la celebración de la pascua, se ha analizado y entendido últimamente como siendo, para los pueblos contrarios a esa reforma, violencia y represión5. Es impactante que en el proceso de represión que Josías implementó los huesos tienen un papel importante. Los lugares que iban siendo descalificados como lugares de culto fuera de Jerusalén iban siendo maldecidos. Y la maldición tenía su ritual litúrgico: se esparcía sobre ellos huesos de gente. En los vv. 14-20 los huesos juegan un papel importante.
Si se quiere, esto que señalamos aquí es sólo un detalle; pero es también una punta del hilo para seguir investigando lo que Ezequiel significa como una etapa de superación en las propuestas históricas de su pueblo.
¡Qué distinto papel de los huesos se percibe en Ezequiel! Los huesos, aunque secos y amontonados, adquieren, en Ezequiel, otro carácter. Yavé les habla. Son sus interlocutores. Los huesos se hacen sujetos. Los huesos escuchan (shama‘ ) la Palabra de Yavé. Reciben espíritu (ruaj ). Los huesos comienzan a hablar (Kol). Los huesos reconocen a su compañero. Los huesos se hacen comunidad. Y, finalmente, son la base de la nueva creación. Aunque huesos, nunca perdieron lo humano.
Qué interesante. Mientras que el deshacerse de huesos le ayudó a Josías a buscar la hegemonía de poder, a Ezequiel los huesos lo hacen profeta dador de vida. Pero, más interesante aún es que, si Josías, con huesos, trató de anular a todos aquellos pueblos, llamémoslos indígenas, Ezequiel, de los huesos restituye y revigoriza al pueblo en su peculiaridad propia.
4. Les damos la palavra a los indígenas zapatistas
4.1. Palabra indígena: palabra militante
Siempre me he preguntado si este texto de Ezequiel realmente tiene relación con la resurrección y cómo. Walther Zimmerli6 señala que fueron los escritos de los Santos Padres de la Iglesia los que le dieron ese amarre. Algunos comentaristas actuales, para salvar esta relación con la resurrección, han llegado a relacionarla con la idea más primitiva de resurrección que vendría del zoroastrianismo7. ¿Será necesario ir tan lejos? A nuestro alcance tenemos llaves de sentido muy eficaces que no hemos apreciado suficientemente ni siquiera en México mismo. Consideremos ésta que ofrezco.
4.2. Ezequiel y zapatistas, de la mano: ¿qué tal?
Los indígenas zapatistas de Chiapas, México, representan, hoy por hoy, una alternativa de proyecto indígena que supera lo simplemente cultural y que llega a la propuesta de un proyecto nacional desde el mundo indígena. Desde los proyectos así llamados de izquierda, el movimiento zapatista, a través de una exitosa y permanente comunicación escrita con el mundo, encarna un sistema de símbolos y discurso que superan en mucho al discurso típico, anquilosado, sea de marxistas, de socialistas, o de izquierda clásica, en general.
Con frecuencia se describen como “los muertos de siempre, muriendo otra vez, pero ahora para vivir”. Se autodefinen como hombres y mujeres de palabra verdadera: “nuestra palabra empezó a caminar desde siglos y no se apagará nunca más”. Creo que ellos, los muertos con palabra que da vida, nos proporcionarían llaves excelentes de entendimiento de este texto. No tendríamos que recurrir al zoroastrianismo.
A veces se juega con palabras diciendo que no se trata de resurrección, sino de insurrección. Quiero presentar una versión mexicana de la visión de ese pueblo-masacrado-convertido-en-ejército que tuvo Ezequiel. Se trata de una carta a un niño en la que se explica porqué los indígenas zapatistas tuvieron que recurrir a la violencia. Algunos obispos y gente del gobierno los habían llamado “profesionales de la violencia”. Aquí explican también por qué y cómo los muertos se convirtieron en soldados. ¿Resurrección? ¿Insurrección? Veamos.
4.3. ¿En qué se parecen Ezequiel y los indígenas de Chiapas?
Sierra Lacandona, 6 de marzo 1994.
Al niño Miguel A. Vázquez Valtierra,
La Paz, Baja California Sur
Miguel:
Tu mamá me entregó tu carta junto con la foto donde sales con tu perro. Escribo estas líneas apresuradas que, tal vez, no alcances a entender todavía. Sin embargo, estoy seguro que algún día entenderás que es posible que existan hombres y mujeres como nosotros, sin rostro y sin nombre, que lo dejan todo. Hasta la vida misma, para que otros (niños como tú y que no son como tú) puedan levantarse cada mañana sin palabras que callar y sin máscaras para enfrentar el mundo. Cuando ese día llegue, nosotros, los sin rostro y sin nombres, podremos descansar, al fin, bajo tierra..., bien muertos, eso sí, pero contentos.
Nuestra profesión: la esperanza.
Ya casi se muere el día en los brazos nocturnos de los grillos y entonces viene esa idea de escribirte para decirte algo que viene de eso de “profesionales de la violencia” que tanto se nos ha achacado.
Y resulta que sí, que somos profesionales. Pero nuestra profesión es la esperanza. Nosotros decidimos un buen día hacernos soldados para que un día no sean necesarios los soldados. Es decir, escogimos una profesión suicida porque es una profesión cuyo objetivo es desaparecer: soldados que son soldados para que un día ya nadie tenga que ser soldado. Porque eso que llamamos patria no es una idea que vaga entre letras y libros, sino en el gran cuerpo de carne y hueso, de dolor y sufrimiento, de pena, de esperanza en que todo cambie, al fin, un buen día. Y la patria que queremos habrá de nacer también de nuestros errores y tropiezos. De nuestros despojos y rotos cuerpos habrá de levantarse un mundo nuevo. ¿Lo veremos? ¿Importa si lo veremos? Creo yo que no importa tanto como el saber a ciencia cierta que nacerá y que en largo y doloroso parto de la historia algo y todo pusimos: vida, cuerpo y alma. Amor y dolor, que no sólo riman, sino que se hermanan y juntos marchan. Por esto somos soldados que quieren dejar de ser soldados. Pero resulta que, para que ya no sean necesarios los soldados, hay que hacerse soldado y recetar una cantidad discreta de plomo, plomo caliente escribiendo libertad y justicia para todos, no para uno o para unos cuantos, sino para todos, todos, los muertos de antes y de mañana, los vivos de hoy y de siempre, los de todos a quienes llamamos pueblo y patria, los sin nada, los perdedores de siempre antes de mañana, los sin nombre, los sin rostro.
Y ser un soldado que quiere que ya no sean necesarios los soldados es muy simple; basta responder con firmeza al pedacito de esperanza que en cada uno de nosotros depositan los más, los que nada tienen, los que todo lo tendrán. Por ellos hay que tratar de veras de cambiar y ser mejores cada día. Acumular odio y amor con paciencia. Cultivar el fiero árbol del odio al opresor con el amor que combate y libera. Cultivar el poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana, no el amor pequeño y egoísta, el grande sí, el que mejora y engrandece. Cultivar entre nosotros el árbol del odio y el amor, el árbol del deber. Y en ese cultivo poner la vida toda, cuerpo y alma, aliento y esperanza.
Recibe mi mejor abrazo y este tierno dolor que siempre será esperanza. Salud, Miguel.
Desde las montañas del Sureste mexicano.Subcomandante Insurgente Marcos.
P.D. Acá nosotros vivíamos peor que los perros. Tuvimos que escoger: vivir como animales o morir como hombres dignos. La dignidad, Miguel, es lo único que no se debe perder nunca... nunca.8
Esta carta es del Subcomandante Marcos. Su contenido es fruto de la riqueza indígena: “lleno de referencias simbólicas y con poesía nata que le viene de sus estructuras pensadas en las lenguas mayas de la región”. Ni dudar que los verdaderos autores son los indígenas. Que no tengamos que responder a lo que uno de ellos preguntaba un día “atropelladamente con palabras en dialecto y en ‘castilla’: ¿Por qué siempre nos piensan como niños chiquitos? ¿Por qué para ellos nosotros no podemos pensar solos y tener buen pensamiento con buen plan y buena lucha? ¿Acaso la inteligencia sólo llega en su cabeza de ladino? ¿Acaso nuestros abuelos no tuvieron bueno su pensamiento cuando ellos eran?”9.
José Luis Calvillo Esparza
Apartado postal 1236
62000 Cuernavaca, Morelos
México
1 RIBLA ha tenido esta preocupación de modo permanente. Ver los números 9, 11, 16, por ejemplo.
2 L. Alonso Schökel, Diccionario bíblico hebreo-español. Madrid, Trotta, 1994, 908 págs.; L. Köhler - W. Waumgartner, Lexicon in Veteris Testamenti Libros. Leiden, E.J. Brill, 1985, 1138 págs.; Fr. Brown, The New Brown-Driver-Briggs-Gesenius Hebrew and English Lexicon. Peabody, Hendrickson Publishers, 1979, 1176 págs.; G. Lisowsky, Konkordanz zum hebräischen Alten Testament. Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft. 1981, 1672 págs.
3 Todos los volúmenes de la Bibliografía Bíblica Latino-Americana muestran la preferencia de los estudios por este capítulo.
4 G.A. Cooke, The book of Ezekiel. A critical and exegetical commentary. Edinburgh, T. & T. Clark, 1936, págs. 396-397; W. Zimmerli, Ezekiel. A Commentary on the Book of the Prophet Ezekiel, I-II. Philadelphia, Fortress Press, 1979., 509 y 606 págs., cf. II, pág. 259.
5 Cf. S. Nakanose, Josiah’s Passover. Sociology and the Liberating Bible. New York, Orbis Books, 1993, 192 págs.
6 Ibidem, I, pág. 264.
7 B. Lang, “Street Theater, Raising of the Dead, and the Zoroastrian Connection in Ezekiel’s Prophecy”, en J. Lust (ed.), Ezekiel and His Book. Leuven, University Press, 1986. págs. 297-316.
8 A. García de León (ed.), EZLN - documentos y comunicados. México, Ediciones Era, 1994, pág. 191.
9 Ibidem, pág. 108.
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