
Ruina y reorganización
- El conflicto campo - ciudad en Miqueas1
Haroldo Reimer
Este artículo procura analizar el conflicto campo - ciudad en Miqueas. La base textual son fundamentalmente los capítulos 1-3. En estos textos, el profeta Miqueas articula una crítica radical contra la ciudad y activa proféticamente la utopía de la organización clánica y tribal de los campesinos judaítas en el antiguo Israel, en especial en el siglo VIII a.C.
This article attempts to analyse the conflict farmland-city in Micah. The base text is fundamentally chapters 1-3. In these texts, the prophet Micah articulates la radical criticism against the city and prophetically activates the utopia of the clan and tribe organization of the Judaite peasant farmers in ancient Israel, especially in the eighth century.
1. El libro de Miqueas: piedras brutas y piedras preciosas
El libro del profeta Miqueas es uno de los libros bíblicos más difíciles y tal vez uno de los más controvertidos entre los libros proféticos de nuestra Biblia. El libro contiene pasajes muy lindos, que acostumbramos usar en los cultos, en homilías, etc.. Acordemonos del texto de una visión universal, que dice que las personas “transformarán sus espadas en azadones y sus lanzas en podaderas; una nación no levantará la espada contra otra nación, ni se prepararán más para la guerra” (Mi 4,3). También acostumbramos, usar el texto, en el que se habla del contraste entre una religión de culto sacrificial y una religión de vida ética, de justicia y humildad delante de Dios (6,8). Se habla también de una figura mesiánica, que vendrá de la periferia, de la menor de las aldeas de Judá y, a partir de ahí, reorganizará la vida del pueblo (5,1-5*).
De Miqueas, sin embargo, nosotros también conocemos palabras de dura crítica social, en especial contra la explotación de campesinos a través del Estado (3,1-4.9-12) y contra un proceso de acumulación de tierra, de concentración de lotes de tierra cultivable en manos de pocos (2,1-5). Tanto aquellos cuanto estos pasajes son “joyas”2 de la teología del libro de Miqueas, que parecen dar brillo para el conjunto.
Pero, en la investigación exegética del libro de Miqueas nos enfrentamos también con muchas dificultades. Hay partes bastante oscuras. Éstas están básicamente relacionadas con la estructura general del libro. Hay tensiones y contradicciones dentro del propio libro. Utilizando la figura de las joyas o piedras preciosas, podríamos decir que, en el libro, también hay muchas piedras brutas, que necesitan ser pulidas o labradas. Por causa de esas contradicciones, hay exegetas y biblistas que afirman que no todo lo que podemos leer en el libro de Miqueas, proviene de la boca del profeta con este nombre. Por ejemplo: ¿Cómo podría el mismo profeta hablar de la destrucción total de la ciudad de Jerusalén, incluyendo ahí el santo templo en Sión (3,12), e inmediatamente después hablar de que justamente Jerusalén será el lugar de la peregrinación de los pueblos y que de Sión saldrá la ley (4,1)? Estas y otras contradicciones han llevado estudiosos a proponer diferentes teorías sobre la estructura y el origen del material textual del libro de Miqueas. Algunos hablan de la existencia de un profeta crítico y radical del siglo VIII a. C., semejante a Amós o Isaías, a cuyo material se habrían añadido, en tiempos posteriores, textos que hablan de esperanza y reorganización, constituyendo así relecturas de Miqueas. Otros inclusive pretenden identificar dos profetas distintos, tal vez hasta con el mismo nombre, cuyos materiales habrían sido agrupados en un solo libro.3
En el espacio de este artículo no vamos a poder discutir estos problemas literarios. Vamos a enfocar un tema más específico: el conflicto ciudad - campo, en el libro de Miqueas. Para eso vamos a recurrir a textos que, con mayor probabilidad, son del profeta Miqueas, que actuó en Judá en el 8º siglo a.C.4 En términos generales podemos considerar como tales las unidades 1,2-16; 2,1-11; 3,1-12; 5,1-5 y tal vez también 6,1-7,7.5
Pero, ¿qué sabemos del mensaje de este profeta?
2. Mensaje y contexto de Miqueas
Estamos en la feliz situación de tener una memoria popular de época posterior a la actuación, que nos informa sobre el mensaje del profeta.
En el libro de Jeremías, capítulo 26, donde el profeta Jeremías hace una severa y radical crítica profética contra el templo y la ciudad de Jerusalén, hay una referencia al mensaje de Miqueas. Esta palabra de Jeremías es del tiempo del rey Yoyaquim, que reinó en Judá entre los años 605 y 598 a. C. Veamos el texto:
“Y se levantaron algunos hombres de los ancianos de la tierra
y hablaron a toda la congregación del pueblo reunida:
‘Miqueas de Moreset era profeta en los días de Ezequías,
rey de Judá, y dijo para todo el pueblo de Judá:
‘Así dice el Señor de los ejércitos:
Sión será arada como un campo,
Jerusalén se hará un montón de ruinas,
y el monte del templo, un otero de matorral.”
(Jr 26,17-19)
Este texto del libro de Jeremías permite sacar algunas conclusiones:
a) En primer lugar, hay una datación más segura de la actuación profética de Miqueas. Ella está situada en los tiempos de Ezequías, rey de Judá. Ezequías reinó en Judá entre 725 y 697. Este período, por lo tanto, es una fecha confiable para la actuación de Miqueas, la cual también es corroborada por datos en el inicio del libro. En Mi 1,1 se afirma que, además de Ezequías, el profeta habría actuado también bajo los reyes Jotam (750-736) y Ajaz (736-725). A partir de algunos textos de Miqueas, su actuación más probable debe haber sido entre los años 725 hasta 701 a.C. El texto que abre el libro, 1,2-7, es una palabra contra Samaria, capital del Reino del Norte, destruida por los asirios en 722 a.C. Inmediatamente después tenemos, en 1,8-16, un lamento sobre la destrucción de ciudades y pueblos en la región natal de Miqueas, lo que probablemente debe haber sucedido en 701 a.C. durante la invasión y el cerco por el ejército de los asirios.
b) En segundo lugar, el texto afirma que los ancianos de la tierra, esto es, el pueblo de la tierra, apoyó a Jeremías.6 Tenemos aquí el registro de una memoria popular, de una de las principales palabras de Miqueas. Podemos suponer que los ancianos son los guardianes y transmisores de sus palabras. En términos sociológicos, podríamos decir que son el “grupo de soporte”, la organización popular campesina que guarda y transmite la profecía.
Las indicaciones en el inicio del libro afirman que, el profeta Miqueas es de Moreset - Gat, una pequeña ciudad a cerca de 35 km al sur de la capital, Jerusalén. Su tierra natal es la región llamada Sefelá, una región de colinas de aproximadamente 400 metros de altitud entre la Planicie Litoránea y la Sierra de Judá, donde se localizaba la capital (con casi 1000 metros de altitud).
La Sefelá es una región fértil, con mucha producción de cereales y con rebaños de ovejas. Es también una región con fuerte presencia militar. En un rayo de 10 km alrededor de la aldea natal de Miqueas había nada menos que cinco fortalezas militares. Donde la producción es grande, los intereses del Estado - ciudad se hacen más fuertes a través del control del pueblo y de la recolección de tributos.
Miqueas probablemente era un “anciano” (zaqen en hebreo). Era una especie de título honorífico para un jefe popular, dirigente de clan o tribu o jefe campesino. Como tal podía irse a Jerusalén y lanzar sus críticas a la clase dirigente del país.
El nombre de Miqueas significa “¿Quién es como Dios?”. Él se siente llamado por Javé y afirma que está lleno de fuerza / poder, derecho y coraje (3,8). Son tres atributos importantes. El poder (hebreo: coah) significa que la persona que así se presenta, tiene los bienes materiales o un número significativo de personas por tras de sí. El derecho (mixpat en hebreo) puede tener la significación de sentencia jurídica, pero también indicar el conocimiento del orden social justo y tendencialmente igualitario. El atributo coraje (geburah en hebreo) significa usualmente alguien que tiene coraje militar; es el atributo necesario del guerrero, del valiente. Así se presenta Miqueas. Sin embargo, hay un cuarto atributo, pronto después de coraje, donde se habla del Espíritu del Señor. Esta indicación rompe la secuencia del texto hebreo y tal vez sea una explicación de tiempos posteriores, que quiere afirmar que el coraje es la acción del Espíritu de Dios en la persona.
La época de Miqueas está marcada por la presencia de los asirios como fuerza de ocupación extranjera. Desde la mitad del siglo VIII a.C., los asirios promueven una política de expansión y conquista. Su objetivo es llegar al Mar Mediterráneo y controlar la ruta comercial que pasa por la Planicie Litoránea de la Tierra de Israel. Esta presencia extranjera lleva a los dirigentes de Judá, por su lado, a promover una política de fortificación de sus ciudades-fortaleza e implementar una política de almacenamiento de alimentos en la ciudad. Todo eso a costa de los campesinos productores. Aún así, a pesar de esta política, y tal vez justamente por causa de ella, en el 701 a.C. el general asirio Senaquerib conquista 46 ciudades de Judá y lleva más de 20.000 deportados.7
En medio de las perturbaciones por la ocupación extranjera, la clase dirigente de Judá saca provecho de la situación para agraviar aún más la vida de los campesinos. Por un lado, debemos contar con negocios de préstamos entre campesinos enriquecidos con gente empobrecida (cf. Am 2,6; 8,6)8. Y, a través de sus ciudades militarizadas, el Estado va recogiendo tributos y tasas en especie, como vino, aceite, ovejas, artesanías y otras cosas más. También fomenta la leva, esto es, el trabajo forzado por tiempo indeterminado. También el templo central en Jerusalén pide ofrendas regulares, que, además de beneficiar a la clase sacerdotal, ayudan a engordar los almacenes del Estado. Frente a esta situación, muchos campesinos van empobreciendo, muriendo. Hay viudas, huérfanos, esclavos por deudas, migrantes, etc.
Es en este contexto que surgen las palabras de crítica social de Miqueas. Veamos.
3. La crítica social de Miqueas
De las palabras de crítica social de Miqueas, vamos concentrarnos en los capítulos 1 a 3. El capítulo 3 es como un folleto profético contra la ciudad; en este capítulo tenemos una protesta contra un proceso de concentración de tierras.
3.1. Análisis y lamento (Mi 1)
El capítulo 1 se constituye básicamente de dos unidades. En 1,2-7 tenemos una palabra programática de disputa contra Samaria y Judá, en la que, después de la descripción de la teofanía y intervención de Javé en la historia (1,2-3), se destaca en 1,5 la tesis principal: Samaria es la “transgresión” (hebreo: pexa’) de Jacob y Jerusalén es el “pecado” (hebreo: hata’ah)9 de Judá. En 1,8-16 tenemos un lamento nativo sobre la destrucción de varias ciudades de la Sefelá por los asirios: el mal llegó hasta Judá, hasta la puerta de “mi pueblo”. La tierra natal está en ruinas.
3.2. Contra la concentración de tierras (Mi 2,1-5)10
Este texto de denuncia está encabezado por la partícula “ay” (hebreo: hoi), que proviene del lamento fúnebre. Según la simbología profética, cuando un “ay” es entonado sobre personas que todavía viven, eso significa que en estas personas ya está el germen de la muerte.
“¡Ay!
¡Los que planean iniquidad,
y los que traman mal sobre sus lechos!
A la luz del amanecer lo ejecutan,
porque está en el poder de sus manos hacerlo.
Y codician campos y los roban,
y cargan casas
y oprimen un hombre y su casa,
un hombre y su herencia de tierra.” (Mi 2,1-2)
¿Quiénes son los acusados? De ellos se afirma que planean y ejecutan iniquidad, que codician, deportan y oprimen. Hacen eso, “porque está en poder de sus manos hacerlo” (v. 1b). Muy probablemente se trata de funcionarios militares alojados en alguna de las fortalezas militares de la Sefelá.11 Como tales, sin embargo, continúan también ligados a sus clanes y los respectivos derechos fundiarios. Aquí se aprovechan de un clima de instabilidad social frente a la presencia de los dominadores asirios para interferir negativamente en las relaciones de propiedad de las familias campesinas. Esto puede darse con el reclutamiento de hombres y también de mujeres para trabajos forzados, a consecuencia de lo que muchos deben haber perdido su vida (cf Mi 3,10). Es eso lo que significan las expresiones: “oprimir un hombre y su familia” y “cargan = deportan casas”. Las estructuras clánicas están siendo desmanteladas.
En este contexto o quizás en el contexto de relaciones de deudas por préstamo, estos aprovechadores se adueñan de la parte de tierra que pertenecía al hombre (hebreo: geber y ’ix). Según el derecho fundiario clánico en el antiguo Israel, la tierra era dada en herencia por Dios y su posesión era predominantemente comunitaria. A cada familia o casa patriarcal (hebreo: bayit), representada por el hombre12, cabía una parte de la tierra comunitaria (hebreo: nahalah). De tiempos en tiempos, tal vez de siete en siete años (cf Éx 23), las partes eran nuevamente sorteadas en una asamblea festiva. Estas relaciones tradicionales, clánicas o tribales, son ahora perturbadas por la codicia de los acusados.
En Mi 2,4-5, el profeta anuncia como castigo un nuevo sorteo de las partes de la tierra comunitaria. En este anuncio propone que estas familias ambiciosas estarán excluidas del sorteo de redistribución de la tierra.13
“Aquel día se levantará contra vosotros
una canción satírica y una lamentación.
¡Aconteció! Se dirá:
‘¡Fuimos devastados!
¡La porción (de tierra) de mi pueblo será repartida!
¿Cómo puede alejarse de mí?
Para rebelde nuestro campo será dividido.’
Por eso
no habrá nadie para ti que lance el cordel de sorteo
en la asamblea del Señor.”
Aquí se trabaja con la utopía clánica campesina para enfrentar los problemas y los conflictos en aquel tiempo. Es una utopía de resistencia, que parte de una lógica distinta. Parte de la lógica de la familia, de los campesinos, de la lógica de la tribu. Así se propone hacer justicia, hacer con que nuevamente haya un equilibrio en las relaciones de posesión de la tierra. El elemento cultural tradicional es activado proféticamente para hacer frente a los nuevos desafíos y conflictos.
Mi 2,6-11 es un texto con serios problemas de transmisión literaria. Recientemente, Jorge Pixley procuró, con base en la versión del texto griego de la LXX, entender sobretodo 2,8-10 como un “llamado a la insurrección”14. El texto estaría describiendo la acción activa de campesinos contra los urbanos y palaciegos, lo que se adecua perfectamente al mensaje en Mi 1-3. Esa situación está ampliamente descrita en el panfleto del capítulo 3.
3.3. Un panfleto contra la ciudad (Mi 3,1-12)
El capítulo 3 de Miqueas es un conjunto de denuncias y anuncios contra los dirigentes de Judá. El estilo del texto es variado. Hay una alternancia entre frases en plural y frases en singular. Pero, visto en su conjunto, Mi 3 puede ser entendido como un panfleto contra la ciudad - estado Jerusalén.
En este capítulo tenemos tres sub-unidades: v. 1-4, v. 5-7 y v. 9-12. Entre la segunda y la tercera unidad hay una frase acerca de la vocación de Miqueas con los tres atributos ya referidos. Veamos el primer bloque:
“Escuchad, cabezas de Jacob, y comandantes de la casa de Israel:
¿No es incumbencia vuestra conocer el derecho?
Vosotros que odiáis el bien y amáis el mal,
que arrancáis violentamente la piel de sobre ellos,
y su carne de sobre sus huesos,
y que comieron la carne de ‘mi pueblo’,
y la piel de sobre ellos arrancaron
y los huesos de ellos despedazaron
y los arreglaron como en la olla
como carne en el medio de la caldera.” (Mi 3,1-3)
En este texto, el profeta se dirige a los dirigentes del país. Los llama “cabezas” y “comandantes” de Judá e Israel. Estos deberían conocer el mixpat, que probablemente quiere decir el orden justo de la sociedad. Sigue una tesis general: estos, al contrario, abominan el bien y aman el mal. Esta afirmación es seguida de una denuncia, en la que predomina el lenguaje metafórico. Se habla de acciones violentas. El verbo hebreo gazal significa siempre un arrancar con violencia, estando muchas veces vinculado con robo y con muerte. Aquí todos los elementos de muerte y violencia física están presentes. Se les arranca la piel. La metáfora recuerda el genocidio de culturas indias. Las acciones son ejecutadas contra una grandeza social que el profeta llama de “mi pueblo” (hebreo: ‘ammi). Como la continuación en 3,9-19 va a mostrar, aquí debe tratarse de campesinos oprimidos por trabajo forzado y explotados por las instancias religiosas.15
En cima de esta denuncia, el profeta trae un anuncio negativo de desgracia dirigido a los autores de las acciones violentas (v.4):
“Por eso gritarán para Javé y no les responderá,
y esconderá de ellos su rostro,
en aquel tiempo,
porque hicieron mal en sus obras”.
El verbo gritar (hebreo: za‘aq) significa el grito existencial de gente que está siendo oprimida. Así es usado con referencia a la situación de los hebreos en el Egipto (Éx 3). En el juicio aquí anunciado, los verdugos de hoy serán también oprimidos; podrán clamar, pero no tendrán respuesta positiva de la parte de Dios. ¡Aquí no hay perdón!
En seguida, en Mi 3,5-7, hay una palabra crítica contra los profetas, los cuales “hacen errar a mi pueblo”. Se trata de una especie de asesores de la élite gobernante. Son presentados como ideólogos de las prácticas malas. Cuando tienen algo en sus dientes, claman “paz”. Pero contra los que no quieren o no pueden darles según sus exigencias, “santifican una guerra”. Esto quiere decir que legitiman ideológicamente la violencia, la rapiña, la explotación por parte de la élite. De estos profetas, Miqueas también habla en 2,6-11, diciendo que ellos buscan silenciar las palabras críticas que provienen del campesinado.
Para estos profetas, asesores y ideólogos del gobierno, Miqueas anuncia una desgracia estructural y existencial. Les serán quitados los dones de ser mediadores. Ya no habrá respuesta de parte de Dios. Esto será su castigo.
El tercer bloque de este folleto contra la ciudad (3,9-12) retoma el llamado para oír y se repite la tesis que los cabezas y comandantes “detestan el derecho y todo lo que es recto ellos distorsionan” (v. 9). A eso sigue una serie de denuncias contra los varios grupos dirigentes en la capital (v. 10-11):
“El que construye Sión con sangre
y Jerusalén con injusticia.
Sus jefes por soborno juzgan,
y sus sacerdotes por salario enseñan
y sus profetas por dinero adivinan
y sobre Javé se basan, diciendo:
‘¿No está Javé en nuestro medio?
¡No vendrá mal alguno sobre nosotros!’”
En estos versículos se trata de dos cuestiones: a) del tema del trabajo forzado de campesinos en obras públicas, b) de la cuestión de la justificativa ideológica de esas prácticas llevadas a cabo por personas ligadas a la estructura del Estado.
El versículo 10 cumple claramente la finalidad de denunciar el reclutamiento de campesinos para trabajos forzados. En 2 Reyes 20,20 tenemos la información de que el rey Ezequías fomentó una serie de trabajos de construcción (acueductos, fortificaciones en las fortalezas de la Sefelá y muros internos en Jerusalén). Miqueas hace alusión a estas prácticas, que probablemente estuvieron acompañadas de castigos físicos e inclusive de muertes. Aquí, en el v. 10, se presenta concretamente lo que había sido denunciado metafóricamente en los v. 2 b-3.
En el v. 11, el profeta ataca tres grupos sociales intrínsecamente ligados al Estado y ubicados en la ciudad (cf. el sufijo femenino singular: “de ella”). Los jefes de la ciudad juzgan por soborno; sus sacerdotes enseñan por salario, y sus profetas vaticinan por dinero. y todos juntos se basan en Javé, diciendo que, si Javé mora en el templo en Jerusalén, en el medio de la ciudad, mal ninguno podrá afectarla. Aquí tenemos una clásica expresión de la llamada “teología de Sión”, que exalta la ciudad y afirma el pacto de Dios con los crímenes que en ella ocurren.
Frente a esto, Miqueas descarga su tesis programática, afirmando que por causa de las prácticas y acciones de esta clase dirigente, Jerusalén en breve estará en ruinas:
“Por eso, por causa de vosotros:
Sión será arada como campo,
y Jerusalén ruinas será,
y el monte del templo, otero de matorral.” (Mi 3,12).
Aquí viene a flote la radicalidad de un conflicto básico en el antiguo Israel: el conflicto entre campo y ciudad. Aquí el profeta propone el aniquilamiento total de esta grandeza sociológica. Eso es la esperanza utópica de la profecía. Aquella que es considerada el pecado de Judá será totalmente destruida. Aquí es importante notar que en la primera frase, cuando se habla que Sión será arada como un campo, se usa el verbo hebreo harax, que siempre tiene el agricultor o campesino como sujeto.16 Podemos deducir que Miqueas está aquí proponiendo una acción activa de los campesinos. En la estructura social del antiguo Israel la ciudad es el problema principal para el campo. La profecía radical de Miqueas propone su destrucción para así crear la posibilidad de un nuevo equilibrio de fuerzas entre el campo y la ciudad. El imaginario profético sueña con un campo sin la dominación de la ciudad.
4. El conflicto campo - ciudad en el antiguo Israel
La profecía radical de Miqueas debe ser leída con el trasfondo de un conflicto campo - ciudad, que atraviesa casi todos los siglos de los tiempos bíblicos.
En la investigación bíblica ya nos acostumbramos a analizar la realidad del conflicto con el instrumental teórico del “modo de producción tributario”.17
El pueblo de Israel vivió aproximadamente doscientos años en una confederación de tribus antes de ser implantado el Estado monárquico bajo Saúl, David y Salomón. El modo de producción dominante en este período fue el tribalismo. La organización económica de la sociedad tribal se caracterizaba por la ausencia de la propiedad individual/privada. La tierra era básicamente posesión colectiva. El clan o la tribu detenían la posesión. El individuo y su familia tenían acceso a una parte a través de la pertenencia como miembro de la tribu. Los intercambios son regulados por relaciones de parentesco, y el liderazgo era ejercido por jefes de familias. Los encargos religiosos son también básicamente de la competencia de los líderes familiares o clánicos.
Con la institución del Estado monárquico en Israel, las comunidades del campo continúan siendo la base productiva. Pero se impone una nueva y fuerte contradicción: una clase dirigente se apropia de una parte de la producción campesina sin interferir directamente en las relaciones de producción. Esta apropiación se da a través del cobro de tributos regulares a cambio de servicios como la defensa, obras públicas, y otras. Estos tributos son dados en especie (vino, aceite, animales, artesanías, etc.), pero también bajo la forma de trabajos forzados (fr. corvée). Esta relación es regulada por un contrato. Pero, paulatinamente, esta relación contractual va transformándose en una relación obligatoria y, muchas veces, arbitraria. La mayoría productiva de los campesinos tiene la obligación de entregar una parte considerable de la producción. Esta parte no siempre se limita al excedente, a las sobras, sino se quita del necesario para una vida digna.
El tributo va empobreciendo a los campesinos. Dos son las fuerzas principales del Estado monárquico en los tiempos bíblicos: el ejército regular y la religión centralizada en el templo de la capital y también en los templos del interior. El ejército tiene la función y el poder de controlar el cumplimiento de las entregas de tributos. La religión, a través de los funcionarios del templo, por lo tanto, de los sacerdotes y profetas ligados al culto, asume la función de legitimar las prácticas del Estado tributario.
Ese modo de producción perdura por casi todo el período bíblico. El conflicto central se da alrededor del tributo. Esto constituye la base del conflicto entre la ciudad y el campo. La forma de disminuir la opresión del Estado tributario sobre el campo es la debilitación o merma de las estructuras de poder establecidas en la ciudad. Esto solía ocurrir a través de revoluciones o de levantamientos de grupos de gente del campo. Solamente esto crea las condiciones para un reequilibrio de las relaciones entre el campo y la ciudad. Y esto se verifica en la profecía de Miqueas con los anuncios de destrucción, pero también con la utopía de reorganización campesina, clánica o tribal, que se trasluce en sus dichos.
5. Reorganización
Leyendo Miqueas 1-3 va quedando claro que estamos delante de palabras proféticas bien radicales. En el trasfondo está un conflicto básico entre campo y ciudad. Se verifica también un choque cultural. Desarollos culturales y aculturaciones dentro del mismo y proprio pueblo entran en choque.
Miqueas anuncia que la élite urbana, así como la misma ciudad junto con el templo, tendrán un fin inminente (cap. 3). Habrá como que un “vacuo de poder”. Y la élite campesina latifundiaria será despojada de sus bienes y de la posesión de sus partes de tierra. Estas familias serán excluidas de la “reforma agraria” propuesta (Mi 2,4-5). Estamos aquí delante de “sueños revolucionarios”18.
Es evidente que la ruina será grande. En el campo la profecía reactiva el potencial cultural tribal e incendia la utopía de organización sin explotación execiva. La gente del campo se reorganizará según su cultura tradicional (redistribución de la tierra por sorteo, forma de vida aldeana, etc.).
¿Y el poder urbano? La ciudad sucumbirá. Su fin está anunciado. Sufrirá una devastación total, en la que los campesinos tendrán el papel de protagonistas (cf 3,12 y también 2,8-10). Sobrarán ruinas encubiertas por matorral. En el imaginario profético de Miqueas, sin embargo, parece traslucirse también un chance de reorganización de un poder central. Eso parece estar presente en un fragmento de Miqueas en el capítulo 5:
“Y tú, Belén de Efratá,
pequeña demás para figurar entre los miles de Judá,
de ti saldrá
aquel que habrá de gobernar en Israel.
Su origen es desde los tiempos antiguos,
desde los días de la eternidad.” (Mi 5,1-2).
El texto tiene aires mesiánicos. Miqueas prevé un nuevo gobernante. Este saldrá de la aldea más insignificante de Judá, de donde nadie sería reclutado para participar del poder del Estado. Y donde probablemente también nadie estaría corrompido por el bacilo del poder. Miqueas prevee el resurgimiento de un gobernante como David.19 En eso él se revela como adepto del linaje davídico, tal vez hasta monarquista como Isaías (Is 11,1-9), sin embargo, con una perspectiva de un “davidismo campesino”20. Después de la ruina, la reorganización tendrá nueva calidad en las relaciones de poder.
Haroldo Reimer
Alameda Alcides 102
Niterói - RJ
24230-120
Brasil.
1 Este artículo refleja los estudios y las discusiones durante el CIB-95 / Curso Intensivo de Biblia-1995, los días 13 a 18 de noviembre de 1995, en Bolivia. En una versión simplificada, el texto fue presentado como conferencia en el Curso Público y Ecuménico “Biblia y Culturas”, en 15.11.95, en La Paz. Agradezco a las contribuciones de los y de las participantes de los cursos.
2 La expresión está tomada de Jorge PIXLEY, “Miquéias - profecia e insurreição”, en: A teologia se fez terra [“Miqueas - profecía e insurrección”, en: La teología se hizo tierra], São Leopoldo / Rio de Janeiro, Editora Sinodal / CEDI, 1991, p. 72-81, especialmente p. 72.
3 Vea al respecto en José L. SICRE, A justiça social nos profetas [La justicia social en los profetas], São Paulo, Ed. Paulinas, 1990, p. 337-425 y Luis ALONSO SCHÖKEL / José L. SICRE DIAZ, Profetas. Comentario, v. 2, Madrid, Ed. Cristiandad, 1980, p. 1033 - 1072.
4 Aquí también ahora recurrir al comentario de Júlio P. T. ZABATIERO, Miquéias: voz dos sem-terra [Miqueas - voz de los sin-tierra], Petrópolis / São Leopoldo, Vozes / Sinodal, 1997 (Serie: Comentário Bíblico).
5 Cf. también Euclides M. BALANCIN / Ivo STORNIOLO, O livro de Miquéias. Um profeta contra o latifúndio [El libro de Miqueas. Un profeta contra el latifundio], São Paulo, Ed. Paulinas, 1990, especialmente p. 7-9 (Serie: Como ler a Bíblia).
6 Sobre el “pueblo de la tierra” en Jeremías cf. Ágabo Borges de SOUZA, “O ‘povo da terra’ no livro de Jeremias” [El ‘pueblo de la tierra’ en el libro de Jeremías]. In: Estudos Bíblicos, n.44, Petrópolis/São Leopoldo, Ed. Vozes / Ed. Sinodal, 1994, p. 53 - 58.
7 Detalladas informaciones históricas se pueden encontrar en USSISHKIN, David, The Conquest of Lachish by Sennacherib, Tel Aviv, 1982, 135 p.
8 Sobre eso ver Haroldo REIMER, “Agentes y mecanismos de opresión y explotación en Amós”. In: Revista de Interpretação Bíblica Latino-Americana, n. 12, Petrópolis, 1992, p. 51 - 60.
9 En Mi 1,5 tenemos un problema de crítica literaria. Donde la Biblia Hebraica lee bamot = altos (de Judá), la Septuaginta leyó hé amartía (= pecado). Es posible que en el texto-base hebreo de la LXX haya constado hata’ah, lo que fue modificado para bamot para así solamente dar una información adicional sobre la localización geográfica de Jerusalén (= en los montes). Cf. al respecto PIXLEY, Jorge. op. cit., p. 72-73.
10 Hay un estudio detallado sobre el texto, cf. HAHN, Noli Bernardo, Mi 2,1-5: profecia e luta pela terra - uma leitura da influência da situación histórico-social, nas últimas décadas do VIIIº século a.C., em Judá na vida da antiga ordem tribal, [Miqueas 2:1-5: profecía y lucha por la tierra - una lectura de la influencia de la situación histórico-social, en las últimas décadas del VIIIº siglo a. C., en Judá en la vida de la antigua orden tribal] Disertación de maestría, Faculdade de Teologia Nossa Senhora da Assunção, São Paulo, 1992. Cf. reseña en Bibliografia Bíblica Latino-Americana, v. 5, São Bernardo do Campo, Instituto Metodista de Ensino Superior, 1992, p. 237.
11 Así HAHN, Noli B., op. cit.
12 La estructura del texto es claramente patriarcal. Los conceptos “campos”, “casa”, “heredad de tierra” están agrupados alrededor de los términos geber y ’ix, que designan al hombre.
13 Sobre el texto hay un ensayo clásico de Albrecht ALT, “Miquéias 2,1-5. A redistribuição da terra em Judá” [Miqueas 2,1-5. La redistribución de la tierra en Judá] (1955). In: A. ALT, Terra prometida. Ensaios sobre a história do povo de Israel, São Leopoldo, Ed. Sinodal, 1987, p. 9-18.
14 Cf. PIXLEY, Jorge, op. cit., p. 78-81.
15 Cf. Milton SCHWANTES, Igreja como povo - “Meu povo” em Miquéias [Iglesia como pueblo - “Mi pueblo” en Miqueas], Belo Horizonte, 1989 (Serie: Palavra na Vida, 15) (el original es de 1979).
16 Aún en sentido figurado, el verbo remite a la función del agricultor. Cf Dt 22,20; Jz 14,18; 1 Sm 8,12; 1 Rs 19,19; Is 28,24; Os 10,11.13; Am 6,12; 9,13; Sl 129,3; Jo 1,14; Pv 20,4. “O verbo tem o sentido básico de lavrar com os bois” [El verbo tiene el sentido básico de arar con los bueyes] cf. HAMP, V. Voz harax. En: Theologisches Wörterbuch zum Alten Testament, v. 3, Stuttgart et al., Ed. Kohlhammer, 1978, p. 234 - 238.
17 Sobre eso ver el texto de Milton SCHWANTES, Apontamentos sobre modos de produção e desenvolvimento histórico, religião e literatura na história de Israel [Apuntes sobre modos de producción y desarrollo histórico, religión y literatura en la historia de Israel], São Leopoldo, 1985. Cf. también Milton SCHWANTES / Carlos MESTERS, Profeta: saudade e esperança [Profeta: añoranza y esperanza], Belo Horizonte, 1989, especialmente p. 16-17 (Serie: A Palavra na Vida, 17/18).
18 PIXLEY, Jorge, op. cit. p. 79.
19 Cf. Haroldo REIMER, “Sair da crise - Anotações a partir do imaginário dos profetas menores do séc. VIII a.C.”.[Salir de la crisis - Notas a partir del imaginario de los profetas menores del siglo VIII a. C.] En: Estudos Bíblicos, n. 42, Petrópolis / São Leopoldo, Ed. Vozes / Ed. Sinodal, 1994, p. 28-36.
20 Cf. Marcos Paulo BAILÃO, “O davidismo camponês”.[El davidismo campesino] In: Estudos Bíblicos, n. 44, Petrópolis / São Leopoldo, Ed. Vozes / Ed. Sinodal, 1994, p. 29 - 35.
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