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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Comunidad y autoridad en Filemón

Uwe Wegner

 

Resumen

El artículo parte de la constatación de que Pablo poseía, como apóstol, una fuerte autoridad en relación a los/las fieles (v. 8). En Filemón, sin embargo, él abdica de esa autoridad y prefiere solicitar la, liberación de Onésimo “en nombre del amor” (v. 8). El artículo entiende que esa opción de Pablo no es mero discurso táctico para condicionar mejor a Filemón a la obediencia (v. 21), sino que tiene relación con la naturaleza propia del amor generado en la fe: la fraternidad cristiana es contraria a las relaciones construidas en la superioridad o en la submisión entre las personas.

Abstract

The article starts with the understanding that Paul had, as an apostle, a strong authority in relation to the faithful (v.8). In Philemon he, however, abdicates from this authority and prefers to ask the freedom of Onesimus “in the name of love” (v.8). The article understands that this option of Paul is not a mere tactical measure to condition Philemon to obedience (v.21), but that it has to do with the own nature of love that is generated by faith: the Chistian fraternity is contrary to all relationships that are build upon the superiority or submission among persons.

 

Caracterizar las relaciones de autoridad en la carta a Filemón es tarea que necesita hacerse con un cierto grado de inseguridades, sobretodo porque no conocemos exactamente las condiciones vigentes dentro de “la iglesia” existente en la casa de Filemón (v. 2). Se trata, seguramente, de una “iglesia doméstica”. Algunas de sus características se pueden deducirse a partir de otras comunidades paulinas. A pesar de ello, no es posible presentar un perfil más exacto de esta comunidad en la casa de Filemón, simplemente por la falta de datos más concretos.

 

1.  La autoridad apostólica que posee Pablo

En la carta, Pablo no emplea el título “apóstol”. Sin embargo hay dentro de ella evidencias de que Pablo actuaba como apóstol, es decir, como alguien vocacionado personalmente (Ga 1,1.11-12; 1 Co 1,1; 2 Co 1,1) y enviado por el Señor (Rm 1,5; 2 Co 5,20), Pablo tenía una cierta autoridad que ejercía en relación a las comunidades y que también podía ejercer en relación a Filemón. De esto da prueba sobretodo el v. 8 e, indirectamente, también la introducción en el v. 1.

En el v. 8 Pablo afirma que posee plena libertad en Cristo para ordenar  a Filemón lo que conviene. El tipo de autoridad contenida en este verbo ordenar (en griego: epitásso) queda clara cuando consideramos el verbo que le corresponde en el versículo inmediatamente posterior, o sea solicitar: “prefiero, sin embargo, solicitar en nombre del amor… en favor de mi hijo Onésimo” (v. 9-10). Una solicitud busca tener en cuenta la libertad de la persona a quien solicita algo; la ordenación apostólica, al contrario, parece estar totalmente comprometida con la persona en nombre de quien se ordena o solicita, a saber, el Señor de la Iglesia, Jesús. La ordenación apostólica se orienta, por tanto, más por su origen, menos por su destinatario/a. De ahí su carácter fuertemente imperativo y parcialmente impositivo. Es curioso que Pablo no emplee ese verbo en ninguna otra parte de sus escritos. También el sustantivo correspondiente, orden  (en griego: epitage), solo es usado por Pablo en relación con Jesús, no consigo mismo (1 Co 7,6.25; 2 Co 8,8)1. De esto se deduce que Pablo entiende su autoridad para ordenar como si fuera, en verdad, la autoridad de Cristo, de quien es el embajador (2 Co 5,20).

Pasajes como 2 Co 10,8 y 13,10 muestran que este tipo de autoridad apostólica está íntimamente relacionada con la tarea de la edificación de las comunidades, contrapuesta a su destrucción. En función de esta edificación del cuerpo de Cristo en las varias células eclesiales, Pablo tiene la autoridad para exigir la obediencia de los fieles. Es justamente en este sentido, en el que debemos entender su propósito de llevar a los gentiles a “la obediencia de la fe” (Rm 1,5; 6,16-17; 15,18; 16,19.26), como de “llevar cautivo el pensamiento a la obediencia de Cristo” (2 Co 10,5). Pablo podía y sabía ser bastante áspero cuando el Evangelio de la fe y del amor de Cristo predicado por él corría el peligro de ser adulterado o desconsiderado en las comunidades: cf. 1 Co 16,22; 2 Co 10,10-12; 13,10; Ga 1,8-9; 4,20 etc. Esa aspereza hizo que muchos de sus intérpretes lo caracterizasen como fuertemente “autoritario” o con serias tendencias hacia la “intransigencia”2. Es necesario darse cuenta, por lo tanto, que cuando el apóstol interviene en situaciones comunitarias, con firmeza, vigor y rigor (cf. 2 Co 10,10-12; 13,10), él, en verdad, no está defendiendo su autoridad personal, sino la validez del evangelio de Cristo. El evangelio era, en la perspectiva de Pablo, algo demasiado precioso para que se lo menospreciase o se lo adulterase. Ese matiz de la autoridad apostólica preservó el evangelio de Jesús de ser simplemente diluido como un plato entre otros más o menos iguales del mercado religioso de su época. El ejercicio de la autoridad apostólica, en esos casos, nos parece muy semejante al ejercicio de la autoridad de los profetas del Antiguo Testamento. Para ambos, la riqueza de la fe y del amor es demasiado sagrada para quedar a merced de la indiferencia o del irrespeto. No se dan las cosas santas a los perros, ni se echa las perlas a los puercos, decía Jesús (Mt 7,6). El aspecto impositivo de la autoridad apostólica nos parece que quiere preservar justamente el carácter sagrado del amor, de la fe y de la verdad en un mundo de indiferencia, desamor, mentira y corrupción. Esto explica también sus palabras empleadas en relación a Filemón en el v. 21: “te escribí, ya que estoy convencido de tu obediencia”. En este versículo, la obediencia de Filemón no se refiere primariamente a aquella que él le debe al propio Pablo, sino la que él debe a su fe en Cristo Jesús y al amor que resulta de ahí (cf. v. 5-7).

La segunda evidencia de que Pablo escribe como “apóstol” de Jesús, es la forma de su presentación en el v. 1, que reaparece todavía en el v. 9: Pablo se define como prisionero de Cristo Jesús. Este título quiere indicar que se encuentra en la prisión por causa de su predicación del Evangelio de Cristo. El hecho le da una autoridad singular, puesto que, a semejanza del propio Cristo crucificado, participa de la autoridad apostólica en la calidad de un débil. Él mismo lo explica en 2 Co 12,10: “por lo que siento placer, en las debilidades, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por amor de Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Pablo no se presenta casualmente con el título de “prisionero de Cristo Jesús”. Recuerda sus debilidades (cf. Col 4,18) para dar mayor autoridad a su petición, ya que lo identifica a él como un enviado fiel y comprometido con el Evangelio.

 

2.  La autoridad apostólica que tiene Pablo, pero a la cual renuncia

Después que subrayó que, como apóstol, tendría la autoridad para ordenar a Filemón cosas en relación a Onésimo (v. 8), Pablo afirma que antes sería de su deseo y agrado pedir o solicitarle (en griego, el verbo es: parakalo) (v. 9). Pablo, aparentemente, es de la opinión de que no conviene “dar órdenes” a Filemón. Tal vez sea esta la razón para haber omitido el título “apóstol” en la introducción a la carta, diferente de lo que hace en Rm 1,1 o Ga 1,1, por ejemplo. La pregunta que se nos presenta es: ¿Por qué el apóstol prefiere solicitar que ordenar en este caso?

Una primera respuesta sería en el sentido de suponer que la “solicitud” del apóstol es solo un recurso táctico. Con una “solicitud” él valoriza más a Filemón y lo predispone mejor para que acepte lo que Pablo desea. En verdad, a pesar, de ello, la solicitud no dejaría de ser una orden, lo que se comprueba por el recurso a la obediencia de Filemón en el v. 21 (“te escribí, porque estoy seguro de tu obediencia”). Esta hipótesis depende mucho de como se interpreta el término “obediencia” del v. 21. Si se presupone la obediencia al apóstol, realmente la solicitud a Filemón podría ser mero recurso táctico. Pero, como ya indicamos arriba, se puede entender también la obediencia del v. 21 como referida a “obediencia de fe” y ligarla, directamente, al amor o a Cristo (cf. Rm 1,5; 16,19; 2 Co 7,15; 9,13; 10,5, etc).

La probabilidad mayor está en una segunda hipótesis. Y ésta parte de la relación existente entre Pablo y Filemón. Pablo caracteriza a Filemón como un “hermano” (v. 7.20), una persona “amada” (v. 1), un “cooperador” (v. 1), y “compañero” (v. 17) en la difusión del Evangelio. Además, en los v. 5-7, Pablo da un testimonio muy claro sobre lo útil que representa el amor y la fe de Filemón para todos los/as fieles de la comunidad. Todo esto indica: la relación fraterna y amorosa entre el apóstol y Filemón es el principal factor que inhibe a un tipo de ejercicio de la autoridad impositiva entre ambos. Pablo no exige, sino solicita, porque esta es la forma de tratarse y relacionarse que conviene a las personas que se dicen y consideran hermanas unas de otras y que, por este hecho, viven en un régimen de amor. Por eso él pide, exactamente, “en nombre del amor” (v. 9). La autoridad impositiva es contraria a las relaciones solidarias. No se puede amar “por obligación” (v. 14). La imposición de la solidaridad consigue generar más justicia, pero no conseguirá evitar nunca un aumento cruel de la frialdad y de la apatía entre las personas3.

Actuando de la manera como lo hizo, Pablo ofrece a cada creyente un espacio de libertad en su actuación ética. Esa libertad para una decisión autónoma hace parte de la naturaleza de la fe4. El apóstol no puede ser el señor sobre la fe de las personas (2 Co 1,24), sino únicamente el Espíritu. Y, como “donde está el Espíritu, hay libertad” (2 Co 3,17), ¡no cabe que el apóstol decida por Filemón! Pablo, a propósito, testimonia en prácticamente todas sus cartas ese respeto por la libertad a un juicio ético autónomo de los/as cristianos/as (cf. Rm 12,2; 14,21-23; 1 Co 11,28-29; 2 Co 13,5; Ga 6,4; Flp 1,9-10; 1 Ts 5,21-22)5.

 

3.  Relaciones de autoridad entre Filemón y Onésimo

En Ga 3,28 Pablo había declarado que en Jesús son abolidas las barreras socio-económicas entre señores y esclavos: “ya no hay más diferencia entre… esclavo y hombre libre…” La justificación que se da es que, por la fe, todos somos justificados en Jesús y aceptados por un mismo Padre, lo que nos hace a todos/as hermanos y hermanas (Ga 3,26). La fraternidad deroga el régimen de la esclavitud.

En Filemón se nota que Pablo está interesado en dejar claro que las viejas relaciones autoritarias existentes entre Filemón y su antiguo esclavo Onésimo han sido cambiadas radicalmente, una vez asumida la fe cristiana. Los indicadores presentados por la carta en esa dirección son los siguientes6:

a) Así como Pablo no usa en Flm el título de “apóstol” para sí, él tampoco emplea ni una vez el título “señor” en relación a Filemón. Dentro de la lógica de la época, Filemón era el “señor” de su esclavo Onésimo. En la lógica de la carta, hay un solo “Señor de todos” y éste es Jesús (v. 3.5.16.20.25).

b) La vieja autoridad de señor sobre un esclavo que poseía Filemón sobre Onésimo, se elimina por la fraternidad generada a través de la fe. Pablo había convertido a Onésimo para el cristianismo en la prisión (v. 10) y se consideraba como su padre/madre en la fe. Una vez convertido a la fe en Cristo, Onésimo se transformaba en hermano de todos/as cristianos, incluso de Pablo y del propio Filemón (v. 16). Para el apóstol eso significaba que Onésimo ya no podría regresar como el mismo para la casa de su antiguo señor. En calidad de cristiano, él ya no podría volver como esclavo y sí, “muy por encima de esclavo, como hermano queridísimo, especialmente por mí, y con mayor razón, por ti…” (v. 16). Cristo hermana a desiguales; la fraternidad elimina las relaciones de autoritarismo entre las personas.

c) La radicalidad de la transformación en las relaciones entre Filemón y su antiguo esclavo aparece al final del v. 16. En éste, el apóstol espera que Filemón pueda recibir a Onésimo como hermano, “en el Señor y en la carne”. Recibirlo como hermano en el Señor implica que, dentro de la esfera eclesial, las relaciones pasen de superioridad (Filemón) e inferioridad (Onésimo) hacia la igualdad fraterna. Si Pablo desea que Onésimo sea recibido también como “hermano en la carne”, él es más pretensioso. Espera que esa igualdad en la fe pueda hacerse realidad también en la vida social y pública, o sea, espera que Onésimo sea liberado de su condición jurídica de esclavo7.

Cuan implosivo según Pablo es el régimen de solidaridad provocado por la fe contra las estructuras de autoridad seculares, trasciende también del v. 21b, en que el apóstol manifiesta su seguridad de que Filemón, como hermano de Pablo y, sobre todo, de Onésimo, hará todavía más de lo que él le está solicitando. El apóstol se muestra audaz en nombre del amor. Pero, no sin razón. Pues la sola liberación jurídica de un esclavo, cuando no era acompañado de un oferta de condiciones para sobrevivir como liberto, podría fácilmente colocarlo en situación peor que la anterior. Esto equivale a dar tierra a los agricultores que no la poseen, pero sin ofrecerles simultáneamente una estructura viaria para el transporte y venta de los productos, los subsidios agrícolas para la plantación, recogida y almacenamiento. Expresando su confianza de que Filemón realice más de lo que le pidió, Pablo apela para que su solidaridad sea creativa dentro de la nueva relación de igualdad generada a partir de la fe.

En un sentido semejante creemos poder interpretar también la preocupación de Pablo en quitar la deuda que Onésimo tiene con Filemón (v. 18-19). Pablo intuye muy bien que la lógica de la deuda es la lógica de la dependencia y que esta última es el camino más usado por el autoritarismo. El endeudamiento cercena la libertad sea de personas, sea de pueblos o continentes. Una relación igualitaria entre Filemón y Onésimo presupone que se quite la deuda de Onésimo. Sin quitar la deuda, la relación de autoridad no será recíproca entre hermanos (cf. Rm 1,11-12)8.

 

4.  Comunidad y autoridad

El asunto de la carta es un asunto personal. El interés en el asunto, sin embargo es comunitario. Pablo, por lo menos, lo entiende así. Es por eso que él no dirige su carta únicamente a Filemón, y sí, también a Apia, Arquipo y a toda la iglesia  que se reúne en la casa de Filemón. Procediendo así, Pablo consigue implicar a la colectividad en la cuestión particular entre Onésimo y su señor Filemón; él da al asunto, por así decirlo, una dimensión de publicidad. De esta forma, se invita a la comunidad para juzgar junto a Filemón la propuesta y solicitud del apóstol. Esto da a la comunidad una madurez y autoridad que, algunas veces, obstina en de restringir a individuos y a personas aisladas. Este hecho es tanto más importante, cuanto más se percibe que Filemón, como persona, seguramente provocaba mucho respeto en los fieles de la comunidad de su casa, sobre todo, en función del gran amor y servicio prestado a los santos del lugar (v. 5-7). Su autoridad le venía de su fidelidad y de su abnegación. Es posible que, como dueño de la casa anfitriona, ejerciese también parcialmente un liderazgo natural sobre los demás cristianos9. En calidad de “cooperador” de Pablo y Timoteo y de “compañero” de Pablo (v. 1.17) podemos presuponer que Filemón tenía, inclusive, tareas de evangelización en su localidad o en su región. A pesar de todo eso, Pablo no restringe su carta a esa persona, sino la destina al colectivo eclesial. La comunidad no es ignorante para el apóstol. Por estar animada por el Espíritu Santo (1  Co 2,6-16), ella tiene, en principio, el mismo poder de juzgar y de evaluar –o sea, la misma autoridad– que Filemón.

Merece destacarse la referencia a la hermana Apia en la introducción de esta carta. En otras cartas suyas, el apóstol se refiere a mujeres en la mitad o en el final de lo que escribe. La citación por nombre de una mujer en el prefacio y saludo inicial de una carta, es algo inédito en Pablo. Ello difícilmente se explica solo porque Apia eventualmente fuese la esposa de Filemón, lo que de cualquier forma no es seguro. La mención de Apia se debe probablemente al hecho de que ella, como mujer, desempeña, al lado de Filemón y de Arquipo, un papel destacado en la comunidad10. J. Bortolini constata el gran cambio que se estableció para la participación de las mujeres con el desplazamiento de las celebraciones de las sinagogas hacia las iglesias domésticas: “en las sinagogas, ellas no poseían ninguna fuerza o liderazgo. De hecho, para constituir una comunidad sinagogal, era necesario un número determinado de hombres. Las mujeres, por más numerosas que fuesen, no llegaban a representar a un hombre. En las casas las cosas eran diferentes: las mujeres asumían un papel decisivo en el liderazgo de la comunidad”11. De forma semejante se manifiesta Cañaveral: “Apia es aquí el símbolo de la igualdad y la presencia de las mujeres en las asambleas cristianas, en relación de hermana y compañera; con nombre, dignidad e identidad propias. Ella está presente en el mismo lugar de los grandes misioneros y testigos de Cristo Jesús”12.

 

5. Autoridad compartida: Pablo y sus cooperadores/as en el evangelio

Un último aspecto, sobre el cual nos gustaría llamar la atención, se refiere al gran número de cooperadores citados en Filemón. Pablo no es el autor exclusivo de la misiva: Timoteo es su segundo autor. De la misma forma, el apóstol tampoco es el único que envía sus saludos al final de la carta. Se mencionan como cooperadores suyos a Epafras, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas.

La mención de este gran número de cooperadores/as en el evangelio muestra que el apóstol no tiene ningún interés en centralizar el poder y la autoridad que le confiere Jesús como ministro y embajador de su Evangelio. El poder del Evangelio quiere ser, a su entender, un poder compartido y dividido entre varios/as hermanos/as. Esto viene de su seguridad de que, a pesar de que muchos/as puedan plantar y regar, el crecimiento viene únicamente de Dios (1 Co 3,6-7). Respecto a esto, escribe Bortolini: “Como se puede ver, Pablo es un agente de pastoral que sabe trabajar en equipo. Esto se comprueba por el hecho de que Pablo quiere comprometer inmediatamente a Onésimo con el grupo de acción pastoral, y por los nombres de los colaboradores que mandan y reciben saludos en sus cartas. Además de eso, los nombres de sus colaboradores revelan que su equipo no tiene fronteras: algunos son judíos, otros son paganos. Un equipo internacional”, pero fraterno y solidario13.

 

Bibliografia

BORTOLINI, José. A carta a Filemon - Em Cristo todos são irmãos. São Paulo, Paulus, 1995

BRANICK, Vincent. A igreja doméstica nos escritos de Paulo. São Paulo, Paulus, 1994

CASTILLO, José Maria. O discernimento cristão. Em busca de uma consciência crítica. São Paulo, Paulinas, 1989

CAÑAVERAL, Anibal. Carta a Filemón. Bogotá, CEDEBI, 1995

COMBLIN, José. Epístola aos Colossenses e Epístola a Filêmon. Petrópolis/São Bernardo do Campo/São Leopoldo, Vozes/Metodista/Sinodal, 1986

HAINZ, Josef. Ekklesia. Strukturen paulinischer Gemeinde-Theologie und Gemeinde-Ordnung. Regensburg, Friedrich Pustet, 1972

HARNISCH, Wolfgang. “‘Toleranz’ im Denken des Paulus?”. In: Evangelische Theologie, Gütersloh, 1996, p.64-82

MARTIN, Ralph P. Colossenses e Filemon. São Paulo, Vida Nova, 1984

PETERSEN, Norman R. Rediscovering Paul. Philemon and the Sociology of Paul’s Narrative Word. Philadelphia, Fortress, 1985

STUHLMACHER, Peter. Der Brief an Philemon. Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1975

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Notas

1 En las deutero-paulinas diatage aparece dos veces como “orden de Dios” (1 Tm 1,1 y Tt 1,3) y una vez como recomendación de Pablo y Timoteo: “exhorta y reprende con toda la autoridad”.
2 Cf. sobre el asunto Wolfgang HARNISCH, “‘Toleranz’ im Denken des Paulus?”, p. 64-82.
3 Cf. José COMBLIN, Epístola aos Colossenses e epístola a Filêmon, p. 101ss.
4 Cf. a ese respecto José COMBLIN, Epístola aos Colossenses e epístola a Filêmon, p. 88-90.
5 Cf. José María CASTILLO, O discernimento cristão, p. 105-143.
6 Cf. para lo que sigue Norman R. PETERSEN, Rediscovering Paul, p. 93ss.
7 Cf. José COMBLIN, op. cit., p. 99. Ralph P. MARTIN muestra inseguridad en cuanto a esta interpretación: “não é certo se a manumissão e a liberdade de Onésimo são subentendidas nesta asseveração” “No es seguro si la manumisión y la libertad de Onésimo se subentienden en esta aseveración” (Colossenses e Filêmon, p. 172).
8 Cf. Aníbal CAÑAVERAL, Carta a Filemón, p. 49-50, 67, 76-77.
9 Cf. Vicent BRANICK, A igreja doméstica nos escritos de Paulo, p. 19-20, 74-75, 91-93.
10 Cf. Vicent BRANICK, op. cit., p. 20.
11 Cf. José BORTOLINI, A carta a Filêmon, p. 10.
12 Cf. Aníbal CAÑAVERAL, Carta a Filemón, p. 44.
13 Cf. José BORTOLINI, op. cit., p. 39.

 

 
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