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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

La teología del éxito en un mundo desigual - Relectura de Proverbios

Elsa Tamez

Resumen
La autora analiza el libro de Proverbios desde la perspectiva del éxito económico y encuentra que es imposible tomar este libro como fundamento para la teología de la prosperidad. Inicia su escrito relacionando la ideología del éxito del mercado neoliberal y la teología de la prosperidad.

Abstract
The author analyses the book of Proverbs from the perspective of economic success and realizes that it is imposible to take this book as a basis for the theology of prosperity. He begins his writing in relation to the ideology of the success of the neoliberal market and the theology of prosperity.

 

En este artículo me centraré principalmente en una relectura de algunas partes del libro de Proverbios. Escojo este libro porque de la tradición sapiencial se han tomado textos para fundamentar una corriente llamada teología de la prosperidad, enfatizando lo económico.
Voy a empezar por relacionar el mercado neoliberal y la teología del éxito, después me introduciré en el mundo de los Proverbios para entender las propuestas sobre el éxito o prosperidad, y terminaré con una invitación a la sensatez para el mundo de hoy.

1.            El mercado neoliberal y la teología del éxito

Una de las características más marcadas de nuestro mundo actual es la competitividad exacerbada en todos los niveles. Esta competitividad es promovida sin cesar por los medios de comunicación, los cuales, llegan a todas las partes del mundo por el fenómeno de la globalización. Se habla aquí y allá de triunfar en la vida y tener éxito en los negocios. Todos y todas estamos siendo convocados a ser ganadores y no perdedores. La meta es ser el número uno en esto o en aquello. El lenguaje que dominan los medios masivos de comunicación, como la radio, televisión, periódicos y revistas es un lenguaje atractivo y prometedor para la gente. Se dan mil consejos de cómo tener éxito y prosperar económicamente. No es difícil encontrar en supermercados y librerías, manuales de cómo hacer negocios para prosperar y ser un triunfador. No pocas películas exhiben la tan trillada trama de cómo alguien se hizo inmensamente rico al esforzarse desde abajo.
Esta ideología del éxito muy marcada en la cultura norteamericana, está formando parte ya de casi todos los pueblos de la tierra donde haya electricidad para conectar la radio o la televisión. La globalización del mercado a través de los medios de comunicación hace posible que ahora todos tengamos los mismos deseos, sueños, modelos de vida y cosas.
Ya que es el orden del mercado libre quien exige la competitividad para aumentar la producción dirigida a los consumidores, y así aumentar las ganancias, la medida del éxito o prestigio se da solo al nivel de la posesión de riquezas y poder. Por eso es que hoy por hoy el espacio privilegiado del éxito está en el mundo de los negocios, sea productivo o financiero, y en la tecnología orientada por las políticas del mercado.
Siempre ha habido corrientes teológicas en sintonía con ideologías reinantes. El caso de la ideología del éxito no es una excepción. Hay un eco de esta ideología en la llamada Teología o Evangelio de la prosperidad, o también en la llamada Confesión Positiva. Como es sabido, básicamente en ella se afirma que los cristianos somos hijos del Rey y que por lo tanto debemos vivir lujosamente como reyes. Cristo trae prosperidad no solo espiritual sino también física y material
Reconocemos que la propuesta de esta teología es muy atractiva. No solo para quienes ya poseen riquezas, sino también para pobres y enfermos. A todos nos gusta tener comodidades y salud, y es agradable contar con ellas. Qué decir de aquellos desempleados que no encuentran trabajo cada mañana que salen a buscar. Si Dios da prosperidad en todo y a todos, sin excepción, por supuesto que cualquiera elige esa oferta religiosa. Creer en Dios y hacer su voluntad y por ello alcanzar el éxito económico es hacer un buen negocio, una buena transacción.
Me parece que esta teología corre paralela y articuladamente a la ideología del éxito que promueve el mercado neoliberal. Es más, bien puede ser su legitimación teológica. El mercado se presenta como la alternativa para dar la felicidad y prosperidad material que todos desean, y la teología de la prosperidad anuncia esa felicidad y prosperidad material como un derecho adquirido a quien acepta a Jesucristo como Salvador. En el primero la condición es la entrega a la libre competencia, sin regulaciones, en el segundo es la entrega a hacer la voluntad de Dios. La promesa de ambas propuestas es la prosperidad.
No habría problema si las promesas se cumplieran. Pero la realidad es otra. Los efectos no-intencionales del mercado neoliberal tales como el desempleo, la pobreza creciente, la deshumanización, la violencia imparable —por la despiadada competencia—, y el deterioro del ambiente, ponen en evidencia la imposibilidad del proyecto del libre mercado de dar prosperidad a todos. Es verdad que da prosperidad y mucha, pero solo a los ganadores. Muchos son los perdedores, especialmente los débiles, en el actual mundo de la competencia.
Y en cuanto a la promesa de la prosperidad y bienestar para quienes se entregan a Jesucristo. Tampoco se logra como se propone, o sea, vivir lujosamente y contar con muchos productos del mercado. Pues no se puede prosperar con magia. La teología habrá que ponerla en práctica en el medio concreto del contexto, y para quien quiera enriquecerse hoy día el vehículo actual es el de someterse a las reglas del mercado libre. Si el cristiano quiere prosperar materialmente tendrá que entrar a la competencia en el mundo del mercado. Sin embargo, como dijimos arriba, no solo no se le garantiza el triunfo, sino que también le es imposible hacer la voluntad de Dios en ese terreno. Pues los triunfadores del mercado son quienes en la competencia solo piensan en sí mismos. El amor al prójimo no entra bajo ninguna circunstancia. Para prosperar tendrá que aplastar a otros, que le amenazan con llevarle la delantera. En el mercado no se conoce ni la gracia ni la misericordia.
Fuera del mercado está solamente la lotería, en la cual, no olvidemos, unos pocos son los de la suerte de pegarle al gordo. También está la herencia, pero para pocos, por supuesto.
Este es el mundo perverso en el cual vivimos.
Pero el problema no solo está en que las promesas de prosperidad difícilmente se cumplen para todos. Sino en que se ve en quienes no prosperan el mundo de los pecadores, aquellos poseídos por el demonio. Este es el problema fundamental. Pues la misma discriminación que genera el mercado de quienes son incapaces de competir, la hacen aquellos cristianos al considerar a los pobres como los pecadores. Si unimos el mercado con su lógica de exclusión, a la sentencia de los teólogos de la prosperidad con respecto a los excluidos, éstos, los excluidos del mercado, son catalogados como pecadores endemoniados. Y esta afirmación no solo es errónea desde todo punto de vista, sino inhumana.
Es verdad que la pobreza es una manifestación del mal, del pecado estructural, del demonio. Lo cual es muy diferente de catalogar a los pobres como endemoniados, a quienes hay que exorcizar. La pobreza es una manifestación del mal, el cual está en aquella lógica del mercado que no tiene como criterio el bienestar de todas las personas, sino solamente el lucro a menor costo y tiempo posible. La pobreza creciente es una manifestación del pecado estructural, vivificado por las leyes autoreguladas del libre mercado. No se trata de exorcizar a los pobres sino de condenar la lógica actual del mercado y buscar una lógica en el cual las personas estén primero y haya cabida para todos y todas.
La teología del éxito utiliza textos bíblicos como referencia para sus razonamientos. Emplea sobre todo textos de la literatura sapiencial para llegar a afirmaciones tales como: “el progreso económico es una bendición de Dios. Los justos tendrán bienestar, salud y larga vida”. De hecho se trata de una fuerte tradición bíblica sapiencial que debe ser considerada, sobre todo si está siendo manejada de manera irreflexiva y fuera de contexto por los teólogos de la prosperidad.

2.            ¿Qué dice el libro de Proverbios al respecto?

El libro de Proverbios es un valioso repertorio de dichos, sentencias, proverbios, y algunos poemitas que representan varias colecciones de distintas épocas. Se recogen dichos y consejos de la tradición oral de épocas anteriores a la monarquía, de tiempos de la monarquía; antes del exilio y postexílicos. La composición final se haría alrededor del siglo III, aproximadamente, en tiempos del helenismo. Consejos y proverbios son patrimonio de todas las culturas, reflejan los hechos de la vida. Su fuente de origen es primeramente la experiencia de la vida. Los sabios maestros tendrán la tarea de recogerlos, readaptarlos a los oyentes de su tiempo para profundización de la reflexión y para la educación más formal.
Ya que el material refleja la observación de los acontecimientos de la vida cotidiana, se encontrarán contradicciones. Y es que la vida es contradictoria y compleja. Es por eso que no es posible absolutizar una afirmación proverbial, u obtener un dogma de las colecciones.
Me concretaré entonces a reflexionar sobre aquellos textos que dan pie a desarrollar una teología de la prosperidad.

2.1.         La doctrina de la retribución

Hay bastantes textos en Proverbios que reafirman la retribución o recompensa de los seres humanos de acuerdo a sus obras. Es decir, el obrar con justicia lleva inevitablemente a la felicidad y el obrar con maldad a la desdicha, al fracaso. La felicidad incluiría bienestar material, y la desdicha, la ruina. Para la época en la cual se escribió Proverbios, la retribución acontecía durante la vida aquí en la tierra. Más tarde, por la falta de verificación de esta afirmación, y con la ayuda de nuevas categorías en las cuales se afirma una existencia más allá de la muerte, la retribución se haría efectiva después de la muerte (cf Sab 3,1-4).
Los proverbios más antiguos del libro (10-22,16; 25-29) tienden a ser de carácter más universal. Aparecen en casi todas las culturas y reflejan simplemente las consecuencias propias de un comportamiento. En español hay un dicho que dice “lo que siembres eso cosecharás”. En Proverbios encontramos “Quien siembra injusticia cosecha miseria” (22,8), “Quien busca el bien, se procura favor, quien va tras el mal, le saldrá al encuentro” (11,27); “Crisol para la plata, horno para el oro, el hombre vale según su reputación” (27,21).
En el pensamiento hebreo la felicidad va unida a la justicia (tsedek). Las recompensas, fruto de sus obras, son la vida: “Al que establece justicia, la vida, al que obra el mal, la muerte” (11,19); honor: “Quien va tras la justicia y el amor, hallará vida, justicia y honor” (21,21; 10,7); alegría: “A los pecadores los persigue la desgracia, los justos son colmados de dicha” (13,21; cf 10, 28); y prosperidad material: “La casa del justo abunda en riquezas, en las rentas del malo no falta inquietud” (15,6), “Ninguna desgracia le sucede al justo pero los malos están llenos de miserias” (12,21; cf 13,25; 14,11).
Los israelitas ven en Yahvé el sujeto de la retribución. Yahvé es quien observa las acciones (15,3) y favorece las del justo; “Yahvé no permite que el justo pase hambre, pero rechaza la codicia de los malos” (10,3). En algunos textos se enfatiza con gran convicción la idea de la retribución: “De cierto que el malo no quedará impune, más la raza de los justos quedará a salvo” (11,21); “Si el justo recibe su recompensa en la tierra, ¡cuánto más el pecador y el malo!” (11,31); “Jamás el justo será conmovido, pero los malos no habitarán la tierra” (10,30). Esta manera de pensar continuó aun después del exilio, lo encontramos en la primera parte de Proverbios (1-9, postexílico): “Por eso has de ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos. Porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella; pero los malos serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales.” (2,20-22).
A pesar de estas afirmaciones tan convincentes, coexisten otras que las matizan. En el mismo libro de Proverbios a veces no acontece como se espera: Ej. “Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía solo para venir a menos” (11,24). Habría que entender que la afirmación proviene de una observación de la vida cotidiana, la cual es compleja. Sorprende sobre todo la relativa frecuencia de textos, en donde ya no depende automáticamente un resultado correspondiente a determinada acción sino que se deja a Dios el resultado final: “Al hombre, los planes pero de Yahvé, la respuesta” (16,16; cf 16,2.9.33; 19,21; 21,2.31). También hay textos en los cuales se reconoce la dificultad del ser humano de discernir sus propias acciones o reconocerse como justo: “¿Quién puede decir: Purifiqué mi corazón, estoy limpio de mi pecado?” (20,9) o “De Yahvé dependen los pasos del hombre, ¿cómo puede el hombre comprender su camino?” (20,24; cf 21,2).
La contradicción de estos textos, es decir, la convicción de la retribución exacta y el azar o gracia de Dios (así como también la confrontación radical de Job contra la doctrina de la retribución por la falta de verificación histórica), indican posturas o actitudes coexistentes.
La teoría de la retribución tiene su valor cuando se considera como una promesa o un deber ser. ¿Quién estaría de acuerdo en que los injustos queden impunes mientras los que obran bien pasen por sufrimientos injustos?. El ser humano necesita aferrarse a una fe en un orden en el cual reine la justicia. Se necesita afirmar la recompensa del justo a pesar de que no se vea por ningún lado. Es una necesidad humana. El problema ocurre cuando se considera la fe en la retribución un dogma; entra en crisis la fe o la sabiduría y se vuelve una teoría desfasada de la realidad. Esta es la crítica de Job y Qohélet. Además, cuando la teoría de la retribución es asumida como dogma, se va más allá de una declaración de esperanza, y se ve a los pobres como los pecadores y a los ricos como los benditos. En estos casos, ya dicha doctrina no tiene nada que ver ni con el origen de los proverbios, ni con la actitud de Yahvé, siempre misericordiosa. Esta problemática ha estado presente desde la antigüedad.

2.2.         El éxito económico

La corriente actual de la teología de la prosperidad enfatiza sobre todo lo material -riqueza y salud-, como bendición de Dios.
En Proverbios encontramos esta prosperidad, pero siempre como consecuencia de acciones de justicia. Por eso se perciben medios de prosperidad aprobados, y medios reprobados; y algunos consejos para prosperar. Algunos dichos, no muchos, simplemente describen el éxito que le sigue cuando se da un buen regalo, por ejemplo, (17,8; 18,16) o se es audaz (11,16). Se trata de descripciones de lo que se observa en la vida diaria, ni se aprueba ni se condena.
Para ser más precisos, en Proverbios no se trata el éxito económico como se concibe ahora, sino simplemente se habla de salir bien, con dignidad; de prosperar sin pasar miserias. Muchos de los consejos provienen mas que todo del área rural y pareciera ser que tienen que ver originalmente con salvaguardar la casa en un sistema tributario. La mayoría son contra la pereza o, en otras palabras, el trabajo hace prosperar. “Todo trabajo produce abundancia, la charlatanería sólo indigencia” (14,23); “Quien cultiva la tierra, se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato” (12,11; 28,19) . Otros textos: 6,6-11; 10,4; 12,27; 13,4; 19,15; 20,13; 26,13-15; 24,30-34). Más que una recomendación de éxito económico se recomienda la moderación: “No es bueno comer mucha miel, ni buscar más gloria y más gloria” (25,27). “Dos cosas te pido, no me las rehuses antes de mi muerte: Aleja de mí la mentira y la palabra engañosa; no me des pobreza ni riqueza, déjame gustar mi bocado de pan, no sea que llegue a hartarme y reniegue, y diga “¿Quién es Yahvé?”; o no sea que siendo pobre, me dé al robo, e injurie el nombre de mi Dios”. (30,7-9). El dar es otro mecanismo que atrae bendición económica (11,25). Más tarde, cuando los escribas eran muy activos en la producción de instrucciones, aparece la importancia de dar las primicias a Yahvé para honrarle, lo cual traería como consecuencia la prosperidad. Ocurre solo una vez y en la parte tardía de Proverbios (3,9-10).
No hay nada de originalidad en los consejos para no caer en la pobreza: no ser perezoso, como lo vimos arriba, no despilfarrar en vino y glotonerías (23,20-21); o con prostitutas (29,3). No se recomienda ser fiador con los extraños (6,1-5; 22,26-27; 20,16; 17,18).
Consejos detallados aparecen en 27,23-27: Conocer bien los bienes y su estado, en este caso el ganado, trabajar bien la tierra; comprar un campo con los propios recursos (con los machos cabríos) para producir sustento (leche de las cabras) para todos los de la casa y vestido (de los corderos). Conducirse así es ser sabio; la felicidad está en que se disfruta de sus propios productos. El famoso poema final, Prov. 31,10-31 retoma esta sabiduría y la expande en todas las dimensiones de la casa y la comunidad: personificada como una mujer, la sabiduría perfecta se plasma en trabajo, prudencia, audacia, discreción, discernimiento y misericordia. Ésa es la manera aprobada del éxito, según Proverbios.

2.3.         La prosperidad injusta

La prosperidad económica alcanzada injustamente no es prosperidad, porque finalmente lleva a la muerte. Hay riquezas obtenidas indebidamente, las cuales no pueden ser consideradas como bendición de Yahvé. Dice 10,2: “Tesoros mal adquiridos no aprovechan, más la justicia libra de la muerte” (cf 11,4). Modos indebidos en la adquisición de bienes son: Las balanzas falsas, o tener dos pesas, esto es abominable a los ojos de Yahvé (11,1; 16,11; 20,10.23). Varios textos atacan la fortuna rápida. Al parecer siempre hay injusticia en su adquisición. “El hombre leal será muy bendecido, quien se hace rico aprisa, no quedará impune” (28,20; cf también 13,11; 19,2; 20,21; 21,5). La usura: “El que aumenta su riqueza por usura e interés, la amontona para el que se compadece de los pobres” (28,8) . La especulación: “El pueblo maldice al que acapara el trigo; bendición para la cabeza del que vende” (11,26). El robo y el soborno: “Quien se da al robo, perturba su casa, quien odia los regalos, vivirá” (15,27; cf 17,23). La apropiación de tierras: “No desplaces el lindero antiguo, no entres en el campo de los huérfanos” (23,10). La charlatanería: “Hacer tesoros con la lengua engañosa, es vanidad furtiva de quienes buscan la muerte” (21,6).

2.4.         Relatividad de las riquezas

Aunque se hable de prosperidad económica como retribución a quien hace la justicia, las riquezas finalmente son relativizadas en bastantes textos de Proverbios. Éstas son siempre atracción para los malos y finalmente, por confiar en ellas, es su perdición (11,28; 28,22). La relativización ocurre en los proverbios de valoraciones, iniciados con la expresión “Más vale...” o “Mejor es...”: “Más vale poco, con justicia, que mucha renta sin equidad” (16,8), “Mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad, que casa llena de sacrificios de discordia” (17,1; cf 15,17; 16,19). La riqueza es pasajera, y no debe controlar la vida de las personas, dice el sabio: “No te fatigues por enriquecerte, deja de pensar en ello. Pones tus ojos en ello y no hay nada. Porque se hace alas como águila, y se vuela hasta el cielo” (23,4-5). Una de las atracciones de la riqueza es que atrae amigos, pero justamente por puro interés. Al pobre, en cambio lo abandonan los amigos (14,20; 19,4; 19,7), pues no tiene qué le puedan sacar. Por otro lado, la riqueza puede también ser tentación para los secuestradores, si el texto de 13,8 lo entendemos en ese sentido: “El precio de la vida de un hombre es su riqueza; pero el pobre no hace caso a la amenaza”. Se prospera económicamente utilizando la sabiduría (14,24), pero no siempre van juntas sabiduría y riqueza; “El rico se cree sabio, pero el pobre inteligente, lo desenmascara”, dice Prov 28,11. En todo caso la literatura sapiencial siempre coloca a la sabiduría por encima de las riquezas, el oro, la hacienda. “Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro; adquirir inteligencia es preferible a la plata” (16,16; cf 8,18-21)

2.5.         El éxito en el mundo desigual

El mundo socio-económico dibujado en Proverbios no es ideal, hay impíos que maquinan para hacer el mal, y pobres que sufren su violencia. Prov 1,10-19 y 6,12-15 los describe a estos con gran vivacidad. En ese mundo se da la invitación a acoger la sabiduría, aquella que lleva a la vida. Una sabiduría inteligente que discierne todos los ámbitos de la vida digna, en sus tiempos micros y macros. Sabiduría que llama a una posición firme frente a la ola de quienes siguen sus propios intereses avaros y mezquinos, dominados por su codicia. Proverbios es, como diría el exégeta Alonso Schökel, “una oferta de sensatez”, en un mundo insensato. Aunque por los textos que aluden a la retribución pareciera que es fácil caminar por las sendas de justicia, no lo es. El mismo libro lo reconoce: “Hay caminos que parecen rectos, pero al cabo, son caminos de muerte”. (14,12; 16,25).
En Proverbios se reconoce el mundo desigual, es más “Yahvé da luz a los ojos del opresor y del pobre” (29,13), pues viven en el mismo mundo. Sin embargo, como los débiles llevan la de perder en ese mundo, Yahvé se levanta como su defensor. “Quien oprime al débil, ultraja a su hacedor, mas el que se apiada del pobre, le da gloria” (14,31; cf 17,5; 15,25; 19,17; 22,22-23).
Ésta es la luz que guía al íntegro; en un mundo desigual, Dios se apiada de los débiles y aprueba los caminos de quien hace la justicia (11,20; 15,8-9,29).
La dimensión del temor de Dios —como principio de sabiduría— marca la línea que le permite a los humanos ser humanos y tratar a los demás como humanos. Obviamente no significa tener miedo de Dios, sino simplemente reconocer con respeto que las vidas humanas pertenecen a Dios. El temor de Dios condiciona las actitudes, intenciones y acciones en la vida diaria, en el trato con los demás. El temor de Dios es el reconocimiento —por fe— de que en este orden desigual, Dios pone linderos invisibles en defensa de quienes “no tienen éxito” material. Temor de Dios es reconocer que el ser humano no es Dios, y que por lo tanto no tiene poder sobre la vida de los demás. El temor de Dios dice 14,27 es “fuente de vida, para apartarse de las trampas de la muerte”; “Quien anda en rectitud teme a Dios, el de torcido camino lo desprecia” (14,2); “Con el temor de Yahvé se evita el mal” (16,6).
Ya vimos arriba los consejos de la tradición oral y de los sabios para salir adelante de manera holgada, contando con lo necesario; en ninguna parte se habla de lujos innecesarios. Esto es porque en Proverbios, el éxito mayor está en preservar la dignidad humana, más que las riquezas. Por eso muchos de los textos en proverbios son dedicados a la integridad. Es decir, la capacidad del ser humano de ser justamente humano, con sentido de pertenencia, dueño de sus actos. Transparente y sincero en su palabra, pensamiento y obra. Un ser humano íntegro en el cual la misericordia forma parte intrínseca de su ser, en ese mundo desigual. El íntegro es aquel que actúa en consonancia con el actuar de Yahvé, su creador. La integridad se hace visible en el proceder sabio, el cual es sinónimo del temor de Dios, el principio de la sabiduría. Muchos son los proverbios en los que encontramos las cualidades del íntegro. Este es aquel que se mantiene en la verdad: “Adquiere la verdad y no la vendas” (23,23; 12,17), no anda por dos caminos (28,18), es dueño de sí (16,32). Domina su propio ánimo (25,28). Va derecho y seguro, no anda con rodeos (16,9), no le quita la razón al justo, (18,5), ni dice que el malo es justo (cf 17,15). No hace acepción de personas para venderse por un bocado de pan (28,21). Los íntegros son quienes conservan su dignidad y han dejado que “la lámpara de Yahvé sea su hálito que le explora hasta el fondo de su ser” (20,27), por eso no se engañan a sí mismos. En fin, los íntegros son quienes no hablan falsedad, miran de frente y saben caminar con firmeza por los caminos de la justicia (4,24-27). Mantener la dignidad humana es aquí alcanzar el éxito.
Por la relación indisoluble entre justicia-sabiduría-temor de Dios-integridad humana, entendemos entonces que la prosperidad se hace manifiesta cuando repercute directamente no solo en el individuo, sino en la familia, la comunidad, el pueblo. La prosperidad pues beneficia a la colectividad. Por eso: “Con el bien de los justos, la ciudad se regocija, con la caída de los malos, grita de alegría” (11,10); “Con la bendición de los rectos, se levanta la ciudad; la boca de los malos la destruye” (11,11).
Dicho eso es posible entender que la misericordia y la generosidad marcan el camino de la prosperidad y del éxito: “El alma generosa será colmada, y el que sacia a otro la sed, también será saciado” (11,25); “El que da a los pobres no conocerá la indigencia, para el que se tapa los ojos abundante maldición (28,27; cf 22,9; 11,17; 14,21; 21,13). Misericordia manifestada hasta con el enemigo (25,21-22). Conducirse de esta manera solo es posible por medio de la sabiduría y el temor de Dios.

3.            Proverbios: “Una oferta de sensatez”

Como hemos observado, el éxito en Proverbios no tiene nada que ver con el éxito o prosperidad que propone el mercado libre ni la teología de la prosperidad. En primer lugar, no hay ninguna llamada a la competitividad para alcanzar el éxito, cosa indispensable en el mundo actual. No se invita a nadie a ser el primero. Hay prosperidad cuando se hace manifiesta en la colectividad. En segundo lugar, la práctica de la justicia, la integridad, la verdad y la misericordia, orientadas por el temor de Dios y la sabiduría, son la condición indispensable para alcanzar el éxito. Hoy día cuando se habla de teología de la prosperidad no aparecen ninguno de estos condicionamientos. Se enfatiza más bien buscar a Dios y reclamarle los bienes por “pertenecer a Cristo”. Se trata aquí de una “transacción mercantil” en donde se ora y asiste a la iglesia para que Dios bendiga. El íntegro, de Proverbios, no hace justicia premeditadamente para merecer las bendiciones materiales, simplemente actúa como humano en armonía con el sentir de Yahvé. Como consecuencia de su actuar prospera porque se beneficia a sí mismo y a quienes le rodean. El justo es justo porque sí, por gracia, porque ha acogido el don de la Sabiduría. Querer ser tratado como rey por ser hijo de Cristo el Rey, es arrogancia. Proverbios arremete contra la arrogancia (16,5; 16,18), pues no es de sabios (15,12). Además está muy lejos de la actitud de Jesús.
Proverbios nos invita a ser sensatos en este mundo de hoy en donde gobierna la mentira de los gobernantes (cf 14,15), donde el mercado totalitario somete con sus reglas a los seres humanos para que se combatan entre sí buscando los primeros lugares —con el miedo permanente de ser perdedores— y para que, sin control ni dominio propio, se consuman todos sus productos novedosos. En fin, este libro nos invita a ser sensatos, andar despacio y meditar profundamente, para discernir por dónde va el camino de la vida y el camino de la muerte. Si se acoge la sabiduría y se come como panal dulce, dice el 24,13-14 “...hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada”.

Termino con la invitación del poema de Prov 8,1-11.

“¿No está llamando la Sabiduría?
y la Prudencia no alza su voz?.
En las cumbres de la colina que hay sobre el camino,
en los cruces de sendas se detiene;
junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
a la entrada de los portales, da sus voces:
“A vosotros, humanos, os, llamo,
para ustedes es mi voz.
Entended, simples, la prudencia
y vosotros, necios, sed razonables.
Escuchad; voy a decir cosas importantes
y es recto cuanto sale de mis labios.
Porque verdad es el susurro de mi boca
y mis labios abominan la maldad.
Justos son todos los dichos de mi boca,
nada hay en ellos astuto ni tortuoso.
Todos están abiertos para el inteligente
y rectos para los que la ciencia han encontrado.
Recibid mi instrucción y no la plata,
la ciencia más bien que el oro puro.
Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas,
ninguna cosa apetecible se le puede igualar”.

 

Elsa Tamez
Apartado 901
1000 San José
Costa Rica

Cf Martín Ocaña, “Guerreros y Banqueros de Dios. Un análisis teológico de la guerra Espiritual y de la Teología de la Prosperidad”, Ponencia presentada en la Fraternidad Teológica Latinoamericana, el 17 de octubre de 1997. San José, Costa Rica.

Cf L. Lovett, “Positive Confession theology, en Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements, Grand Rapids; Regency, 1989, pp. 718-720.

Cf Enrique Schäfer, “Fundamentalism: Power and the Absolute”, Exchange, 23, 1994, pp. 1-24.

Cf Perfiles Teológicos, J. Duque, Ed., San José: DEI, 1997.

No hay acuerdo en el número de colecciones, pero posiblemente haya alrededor de nueve. Asumimos la división de Vilchez: Prólogo: 1,1-7; Primera colección: 1,8-9,19; Segunda Colección: 10,1-22,16; Tercera colección 22,17-24,22; Parte cuarta: 24,23-34; Quinta colección 25-29; Sexta colección: 30,1-14; Séptima colección: 30,15-33; Octava colección: 31,1-9; Novena parte: 31,10-31. Son fácilmente distinguibles no solo por el encabezamiento de las series, sino por la diferencia de estilo. Cf Alonso Schökel-J.Vilchez, Proverbios, Madrid: Ed. Cristiandad, 1984, pp. 97-103.

Claus Westermann, Roots of Wisdom, The Oldest Proverbs of Israel and Other Peoples, Luiswille: Westminster John Knox Press, 1995, p. 133

Me parece que no hay que ser tan estrictos en distinguir una evolución muy marcada del pensamiento sapiencial.

El libro de Job —y posiblemente también el de Qohélet— ya existía en el tiempo de la composición final de Proverbios.

Así, Ana Flora Anderson y Fr. Gilberto Gorgulho, Os sábios na luta do pobo, manuscrito, 1987.

Tal vez en este texto se observe una pugna entre los de tareas agrícolas contra aquellos que se sentían atraídos con la novedad extendida del comercio en la ciudad, como sucedió con el helenismo.

El proverbio retoma la creencia de que la fortuna acumulada por los malos, al final será para los pobres o los justos.

Obsérvese el contraste entre el rechazo del soborno o regalo —con intención corrupta— en estos textos, y la comprobación cotidiana de que un regalo abre caminos en 17,8: “el obsequio es un talismán, para el que puede hacerlo; dondequiera que vaya tiene éxito. Cf también 18,16.

Alonso Schöckel y J. Vilchez lo interpretan de esa manera, op. cit., p.302.

Alonso Schökel-J.Vilchez, op. cit., p.17

Término de A. Schökel.

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.