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¿QUÉ PROVECHO TIENE ADÁN DE TODO SU TRABAJO CON QUE SE FATIGA BAJO DEL SOL? (ECL 1,2)

Jorge Luis Rodríguez Gutiérrez

Resumen
Este artículo considera el tema del trabajo que no rinde para la vida del propio trabajador, en la perspectiva del autor del Eclesiastés. El poder aprovechar la plenitud de la vida a través de la propia tarea es un don de Dios, mientras que el trabajo inútil se vuelve un suplicio sin fin.

Abstract
This article considers the theme of work; that it does not suffice for the worker him/herself; from the point of view of Qohelet. The capacity to enjoy the fulness of life through the fruits of ones own work is a gift of God, while unworthwhile work becomes an endless suffering.

 

1.            El amargo sabor del trabajo inútil: Qohélet, el Sísifo semítico

El libro de Eclesiastés empieza afirmando que todo es hebel. Hebel es la palabra hebrea que tradicionalmente ha sido traducida por vanidad. Pero esta palabra, en hebreo, tiene una gama de significados mucho más amplia que el concepto vanidad. Algunos de estos significados son: soplo, viento, suspiro, vacío, nada, vaciedad, irrealidad, ilusión, fatuidad, fantasma e ídolo. El término vanidad viene del latín vanus y significa: vacío, hueco, inútil, ineficaz, nulo. La Septuaginta tradujo hebel por mataiótes que significa inútil o ineficiente.
Por eso, debe ser afirmado que el termino vanidad —tan típico de Qohélet y característico de su pensamiento— debe ser comprendido con el sentido de inutilidad o de algo inestable y poco duradero, y no en el sentido más común que tiene la palabra vanidad en nuestra cultura, esto es, el deseo inmoderado de atraer admiración u homenajes, ni mucho menos en el sentido de presunción, frivolidad o futilidad.
Además, y lo que es tal vez lo más interesante en esta palabra, exactamente la misma palabra fue usada para llamar al hijo de Eva. Esto significa que el hijo de Eva fue llamado soplo, vacío, viento. En varios momento el lenguaje de Qohélet nos remitirá al Génesis.
Sin embargo, la afirmación sobre el hebel está precedida de una pregunta de Qohélet. Pregunta que, como veremos, debe ser respondida a la luz de la afirmación inicial sobre el hebel. Qohélet pregunta: ¿Qué provecho tiene Adán de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol? (Ecl 1,2) La palabra fatiga también nos remite al mito de la caída descrito en Génesis.
De esta manera, luego de la fuerte afirmación sobre el hebel, Qohélet pone una pregunta que tiene que ver con el sentido del trabajo. El trae a tono la situación de millones de trabajadores que día a día se fatigan desde el amanecer hasta el anochecer.
¿Qué provecho? o sea, ¿Qué nos queda después del trabajo? ¿Tan solo el cansancio? ¿Hay un sueldo? ¿Que sueldo?; ¿Qué provecho?, puede también ser dicho de la siguiente manera: ¿Cuánto será nuestro sueldo al fin de mes?
Provecho es la traducción de la palabra hebrea yithron. Palabra que también puede significar: ganancia, superávit y ventaja. El origen de este término debe ser buscado en el medio comercial. Era un término técnico usado en el momento de hacer un balance.
La pregunta de Qohélet tiene que ver con la utilidad o inutilidad del trabajo, Pues no hay nada peor que el trabajo inútil y —como veremos luego— monótono. Trabajar inútilmente sabiendo con anticipación que el trabajo no tendrá frutos. Será estéril. No alcanzará ni para echarle algo a la olla. No alcanzará para educar los hijos. No alcanzará para nada...
Los griegos ya sabían que uno de los peores castigos era trabajar inútilmente y, para ejemplificarlo, ellos contaban una historia acerca de un hombre llamado Sísifo, que había sido condenado por los dioses a empujar por toda la eternidad, sin descanso, una enorme piedra hasta la cumbre de una montaña. Cuando él llegaba arriba tenía que dejar rodar la piedra montaña abajo. Y así repetir eso por toda la eternidad. Albert Camus, filósofo argelino ganador del premio Nobel de 1957, comenta sobre eso que los dioses pensaron, por alguna razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Y aunque Camus nos dice que es necesario imaginar a Sísifo feliz, también nos dice que algunas veces la tristeza se apodera de ese héroe absurdo que es Sísifo y que el inmenso infortunio es demasiado pesado para que lo pueda cargar.
Los griegos ya sabían de la tragedia del trabajo inútil. Por eso cuando los dioses tuvieron que castigar a Sísifo con un castigo ejemplar lo obligaron eternamente a cargar esa piedra, montaña arriba, para después dejarla rodar y empezar todo otra vez.
Algunas veces, Qohélet —como Sísifo— siente en la garganta la amarga inutilidad de lo que está haciendo. Del mismo modo, cuando habla de la monotonía del trabajo del día a día, las eternas vueltas del Sísifo griego recuerdan las eternas vueltas del Qohélet semítico. Sísifo con su roca, Qohélet con las vueltas del viento/espíritu (1,6), de las aguas (1,7), de las generaciones (1,4), del Sol (1,5) y de la propia vida (1,9). Nada nuevo hay debajo del Sol. Para uno y para otro la felicidad y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables.
Pero Sísifo es un trabajador que está en los infiernos, su castigo no está en esta tierra, acontece después de su muerte. Mientras que Qohélet pretende hablarnos de lo que está debajo del Sol, de este mundo. Ésta es una diferencia fundamental entre ellos.
No hay nada peor que el trabajo inútil. Ese que no nos lleva a ninguna parte. Ése en el que el trabajador —el que se fatiga— nunca ve los frutos. Otros se llevan la ganancia.
El libro de Eclesiastés es claro sobre ese asunto y su autor nos dejó sus reflexiones sobre lo absurdo del trabajo que es realizado para que otro viva mejor, mientras que quien trabaja está cada vez peor.
¿De qué sirve? ¿Qué ganaremos con eso? Son pregunta que se hacen miles de trabajadores que se sienten trabajadores inútiles, no porque lo que hacen sea inútil, sino porque el fruto del trabajo —sueldo— es inútil.

 

2.            Hora del balance: ¿qué quedó de toda nuestra fatiga?

La palabra yithron —ganancia, superávit, ventaja, provecho— es una palabra exclusiva de Qohélet. Esto significa que no es usada por ningún otro escritor de la Tanak . Esta palabra aparece 9 veces en Qohélet. Es típica de él. Es una palabra del medio económico . Del balance. El escritor sabe eso. Y usa esta palabra para hacer el balance del trabajo, a partir de un contexto existencial. No se trata simplemente de la ganancia. Sino de la propia vida. De la existencia. Del día a día. Tiene que ver con las cuentas finales de la vida.
Así, cuando él mira para atrás y recuerda su trabajo, sus fatigas, lo cotidiano cansador, cuando considera todas las obras hechas por sus manos, y la fatiga que le había costado realizarlas, se da cuenta que no sobró nada, que todo es absurdo y hambre de viento, que nada tiene valor debajo del Sol (2,11).
Sin embargo, a la hora del balance, hay una seguridad: vale más (yithron) la sabiduría que la necedad, como vale más (yithron) la luz que las tinieblas (2,13). Esa sabiduría tendrá que ser usada en varios casos. Qohélet coloca algunos ejemplos: si el machete no está afilado es ventajoso (yithon) usar sabiduría, ya que el machete sin filo resulta en doble fatiga (10,10). Hasta usa un poco de ironía: si la serpiente no se deja encantar y muerde, el encantador no tendrá ganancia (yithron) (10,11).
A pesar de todo, la pregunta fundamental permanece. La misma pregunta que fue hecha en el comienzo (1,3) será repetida en 3,9: “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se fatiga?” Esta pregunta es aún más radical cuando se piensa en el balance final. En el fin de la vida. No solo en el sueldo de fin de mes, o en el pago después de una jornada de trabajo. Qohélet coloca la pregunta de la manera más radical posible. Si se piensa en qué nos quedará después de una vida de trabajo, la respuesta es: ¡nada! No sobrará nada. No quedará nada. Y esto sí que es un mal terrible. Qohélet no hace ninguna concesión a la ilusión. Él quiere ser consciente hasta las últimas consecuencias. Quiere mirar el fin en toda su belleza existencial. Y así él afirma: “como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino” (5,15). Y la pregunta otra vez se repite, “¿Y de qué le aprovechó fatigarse en vano?” (5,16b). Y la respuesta es corta, clara y cruda: viento. Eso mismo, viento. El ruah, que es tan solemne en Génesis, adquiere en las palabras de Qohélet la fina ironía de un maestro.
Sin embargo, sus palabras todavía no se detienen. Frente al sombrío panorama de lo que quedará al final, comienza a hablar de sombras. Que como sabemos, solo pueden existir si hay Sol. Dos sombras: la del dinero y de la sabiduría. Él afirma (en 7,12) que la sombra de la sabiduría protege como la sombra del dinero. Sombra, en hebreo sel, es lo opuesto al Sol.
Pero, y siempre los peros cuando llega el momento del balance, Qohélet afirma que es más ventajoso el saber, pues la sabiduría permite ver el Sol (vivir) a quien la tiene. Y aún da un consejo: en los días del bien goza el bien; y en los días de la adversidad considera (7,14a). Considera, o sea, reflexiona. Felicidad y tristeza, bien y adversidad, son obras de Elohim, creadas por Él a fin de que Adán no pueda conocer el futuro (7,14b). Días de bien y días de adversidad se suceden en la existencia bajo el frío mirar de la ocasión y del destino. Ocasión que puede ser entendida como azar. Así, Qohélet afirma en 9,11 que todo es tiempo y azar (pega) . Sin embargo, y aquí está la sabiduría de Qohélet, en los días de adversidad no hay que ser infeliz, hay que considerar y reflexionar. De este modo, el sabio debe ser feliz en los días de bien y calmo y reflexivo en los días adversos. Basta a cada día su propio mal, enseñará Jesús siglos más tarde (Mt 6,34).
Mas, la sombra de la sabiduría y del dinero solamente tienen sentido si Adán está vivo. Ellas permiten vivir, pero ellas están también bajo el signo del hebel. La vida no se agota en la sabiduría y el dinero. Hay algo más, hay mucho más. Sabiduría y riqueza, de acuerdo como lo entendían las escuelas de sabiduría tradicional , eran regalos divinos. Lo que las transforma en palabras claves en la teología de la retribución. Es evidente que con sabiduría y dinero la vida es mucho más fácil y agradable. Sin embargo, para Qohélet hay un don divino aún más grande. En medio del hebel que rodea toda la existencia, hay una parte en la vida dada por el propio Elohim para Adán, con el fin de que pueda tener algún descanso en los duros caminos de la vida.
Pero para poder comprender en qué consiste esa parte en la vida, ese don divino, deben permanecer en nuestros oídos las palabras, o mejor dicho el imperativo, de Qohélet: en los días del bien goza el bien.

 

3.            La economía y la felicidad: disfrutar el producto del trabajo

Miles de trabajadores tienen horarios extenuantes. Despiertan temprano para quedarse todo el día en el trabajo. Los sueldos son bajos para la mayoría. Apenas alcanza para comer. La vida es dura para muchos obreros. Hombres y mujeres se cansan día tras día en trabajos agotadores y monótonos. Pero, a pesar de todo, nada de eso impide ratos de felicidad. El almuerzo de los días domingo, la rueda de amigos en el bar, la botella de vino, el asado, el fútbol, la televisión, la novia, la esposa, el esposo, la fiesta, el cumpleaños de la hija, la fiesta de bautismo... etc. Todas estas son ocasiones en las cuales hay alegría. El hecho de que el trabajo sea agotador no es motivo para que no se tengan buenos momentos de verdadera alegría. La vida está hecha de trabajo y de alegría, de fiestas y de momentos difíciles. En esas ocasiones las personas siempre se las arreglan para tener momentos de felicidad.
De este modo, intentando responder a la pregunta de Qohélet acerca de qué fue lo que quedó después de tanto trabajo fatigoso, la respuesta podría ser: el recuerdo de los buenos momentos. Fue en ellos que la vida nos pareció más agradable y nuestras fuerzas fueron renovadas. Fue en esos momentos en que pudimos descansar de nuestra piedra (recordemos Sísifo) y pensar que la vida no es tan mala. No importa que haya sido por un momento y que después hayamos tenido que volver a subir montaña arriba.
Teniendo todo esto en cuenta, es que las palabras de Qohélet sobre alegrarse, sobre la fiesta y sobre comer y beber se tornan significativas.
En 2,24, después de sus reflexiones sobre el cosmos, la vida, sus quehaceres y la existencia en general, que tuvieron como conclusión que todo era hebel, Qohélet afirma que no hay otro bien para Adán que comer, beber y disfrutar el producto de su trabajo. Y, lo que es más sorprendente, Qohélet afirma que todo eso es don de Elohim.
La frase “producto de su trabajo”, del párrafo anterior es la traducción del término hebreo amal. Es conveniente aclarar esto ya que la palabra amal tiene como principal significado fatigarse, cansarse, afanarse, atarearse, esforzarse y trabajar. Como nombre verbal significa fatiga (del trabajo), el propio trabajo, cualquier penalidad o una penalidad infligida injustamente. O sea, en un primer momento esta palabra tiene relación con trabajo, labor, fatiga, afán, esfuerzo y sudores.
Sin embargo, la traducción de amal en 2,24 ha causado históricamente un poco de polémica. Robert Gordis nos informa que el exégeta judío del siglo XII, Rabbi Samuel ben Meir tradujo este versículo como su dinero por el cual él trabajó , y que Ginsberg, en su comentario Qohélet , llevó la traducción del exégeta medieval a una posición extrema afirmando que amal casi siempre tiene el significado de posición y riqueza o posición y adquisición. Y que el verbo amal casi siempre tendría el significado de adquirir y conseguir. Gordis tomó partido frente a estas afirmaciones y escribió que la moderación, o sea, haber restringido este significado solamente a 2,24, de Rabbi Samuel ben Meir, es mucho más justificable que la extrema posición adoptada por Ginsberg.
Por detrás de estas traducciones está, como bien afirmó Gordis, un importante principio semántico del hebreo: el mismo término puede ser usado para expresar una cualidad o acto y la consecuencia de esa cualidad o acto. Esto permite traducir amal por riqueza, mas, esto no significa que amal puede ser traducido de una manera única en Qohélet. Fuera de Qohélet, amal tiene el significado de riqueza, fruto del trabajo solo en Sal 105,44.
Tratando de sistematizar, Gordis afirmó que el estudio de amal tiene como resultado que su utilización puede ser encuadrado en cinco principales categorías:

a. El primero es cuando esta palabra tiene el significado de trabajo-riqueza. Como por ejemplo en 2,24.
b. El segundo es cuando el significado riqueza es preferible. Como por ejemplo 2,18-19; 5,18.
c. El tercero es cuando el significado riqueza es posible, pero no necesario. Como por ejemplo 2,10.20.21; 6,7.
d. El cuarto es cuando el significado riqueza es inferior a trabajo. Como por ejemplo 4,8, donde el primer amal y el último se refieren más a trabajo que a riqueza.
e. El quinto es cuando el significado riqueza es prácticamente imposible. Aquí están todas las otras veces que amal se encuentra en Qohélet.

De este modo, en Qohélet amal no siempre significa riqueza. Todo lo contrario, en esta obra amal tiene prácticamente toda la variedad de significados expuestos anteriormente, en el comienzo de esta parte, cuando expusimos las posibles opciones dadas por el diccionario de Schökel.
Ahora, después de estas importantes consideraciones sobre amal, podemos volver al tema de comer y beber que, como ya hemos dicho, es típico de Qohélet.
Las afirmaciones encontradas en 2,24, y que serán repetidas en varias partes del libro , llegan a su formula más clara en 9,7-9: “anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; por que tus obras ya son agradables a Elohim. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. Goza la vida con una mujer amada, todos los días del hebel de tu vida. Que Él te da debajo del Sol, todos los días del hebel de tu vida. Porque ésta es tu parte en la vida, y en el trabajo (amal) con que te fatigas (amal) debajo del Sol”.
 En este texto (7,7-9) la voz de Qohélet cambia. Él para su sombría reflexión sobre el destino de Adán —tan igual en su final— y sobre el absurdo de la vida. Ahora, sus palabras despojadas del pesimismo anterior, se vuelven más suaves. Ellas ya no tienen el aire altanero y seguro de la Sabiduría, sino la dulce melancolía de quien ya no está seguro de nada, abandonó sus certidumbres (si es que en algún momento las tuvo), y ya no tiene falsas esperanzas. Después de haber descrito el mundo de los muertos, le llegó la hora de describir y valorizar los ratos de felicidad de la existencia. A las sombras de la muerte contrapuso las firmes y profundas alegrías de la vida debajo de Sol. El terror de la tumba (7,5-6) puede ser sobrellevado con la felicidad y la alegría que el hebel de la vida deja aflorar de vez en cuando. A la certidumbre de la muerte Qohélet responde con hambre de vivir. Sus palabras sobre lo terrible del mundo de los muertos son seguidas por otras sedientas de vida. Si la tumba es nada, la existencia debe ser todo. Vida, muerte, felicidad y hebel se juntan en el mensaje del autor, para concluir que la felicidad es posible a pesar de lo absurdo que rodea todo.
Comer y beber con alegría, ungirse y usar ropas blancas, gozar la vida con una mujer amada , son los existenciales consejos de Qohélet. Una serena invitación para ser feliz a pesar del cansancio de la vida.
Por eso puede ser afirmado que dentro de lo absurdo de la vida hay una salida, no una salida final y definitiva: ella es solo un poco de lluvia en medio de la sequía. Hay una porción de felicidad merecida por los que se fatigan debajo del Sol: pequeños y cotidianos momentos de alegría y felicidad.
El trabajo y el cansancio de los años de la vida no pueden ser disminuidos con argumentos intelectuales (sabiduría, conocimiento, proyectos), como enseñaban los optimistas maestros de la Sabiduría tradicional. Qohélet ironiza ese tipo de pensamiento, pues las relaciones fidelidad=recompensa e infidelidad=castigo, eran inútiles para explicar los aspectos absurdos de la existencia humana. Pero, por otra parte, Qohélet tampoco tiene una propuesta de interpretación alternativa. Su respuesta es mucho más práctica y existencial. Él aconseja hacer todo mientras todavía hayan fuerzas “porque en el sepulcro adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (9,10). Por eso la peor tragedia es estar viviendo en el sepulcro (xeol) anticipadamente.

4.            ¿Y Dios?

Todo lo que Qohélet puede sentir de Dios es una mirada de agrado cada vez que él puede alcanzar un poco de la parte de felicidad que le toca en esta tierra. Él intuye que, desde alguna parte, Dios comparte sus alegrías y que estará a su lado —posiblemente en silencio— cuando tenga que atravesar la línea que separa la niebla de la vida, el hebel, de la muerte. Por lo menos, es lo que parece que significa el texto de 12,7: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Mas, el realismo de Qohélet lo hace inmediatamente exclamar, en el versículo siguiente, lo que vino repitiendo por casi todo el libro: “todo es hebel, todo es hebel” (12,8).
Pues Qohélet sabía, mucho antes que Kierkegaard y Chestov, que Dios es la paradoja absoluta, es lo desconocido, y en Él están reunidos (pensemos por ejemplo en Job), todos los atributos de lo absurdo. Y algunas veces parece injusto, inconsecuente e incomprensible. En Él la paradoja choca, de una manera impetuosa y violenta, tomando la forma de miedo. Y ese miedo/temor de Dios es, posiblemente, la característica más semítica de Qohélet. Pero esto ya es tema para otro artículo.
Por ahora, y para terminar, solo quedémonos con algunas palabras de Qohélet 2,10:

“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan,
ni aparté mi corazón de placer alguno,
porque mi corazón gozó en todo mi trabajo,
y esa fue mi parte en todo mi cansancio”.

 

 

Jorge Luis Rodríguez Gutiérrez
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Traducción del texto hebreo para el griego hecha en Alejandría entre los siglos III-I a.C.

Termino hebreo para Eclesiastés.

Hemos analizado la palabra hebel en un artículo anterior: Rodríguez, Jorge Luis. A Ley, a Fadiga e o Vazio no livro de Qohélet. Estudos Bíblicos, 51, 1996.

Como ejemplos podemos decir que en el primer capítulo de Qohélet son mencionados el Sol, las aguas, el viento (espíritu), Adán, Elohim y el propio Abel, términos que también forman parte del léxico de los primeros capítulos del Génesis.

Hemos preferido dejar la palabra hebrea Adán, y no traducirla. Generalmente esta palabra es traducida por hombre. Pero es claro que esta palabra se refiere al género humano: hombres y mujeres. También, manteniendo Adán hemos mantenido el recuerdo del Génesis, tan típico de Qohélet.

Camus, Albert. Le Mythe de Sisyphe. Paris, Gallimard, 1943.

Ver, por ejemplo: Ecl 3,16; 4,1; 5,7.

Tanak es la palabra hebrea para el Antiguo Testamento. Es una palabra formada por las letras iniciales de las tres partes que componen la Biblia Hebrea: Torá (cinco libros de la Ley), Neviim (Profetas) y Ketuvim (Escritos).

Ver: 1,3; 2,11; 2,13; 3,9; 5,8; 5,15; 7,12; 10,10; 10,11.

Los traductores de la Septuaginta tradujeron esta palabra por perisseia: abundancia excesiva, ventaja, superioridad, superfluidade.

El tema del azar en el libro de Qohélet será tema de futuros artículos, pues, en la actualidad estoy escribiendo una tesis de doctorado sobre ese tema.

Estamos conscientes de la ambigüedad del término sabiduría tradicional como también de las relaciones de ese tipo de sabiduría con una determinada clase social.

En hebreo: heleq.

Me permito hacer un recuerdo personal: cuando trabajaba en Cubatão y Cota 200, en el estado brasileño de San Pablo, los miembros de la comunidad hacían una lista para que me reciba una familia cada domingo para almorzar. Eran personas humildes, trabajadoras, con sueldos bajos, pero siempre me sorprendió la abundancia de comida en la mesa y la alegría que había en esos almuerzos.

Ver: Alonso Schökel, Luis. Diccionario Bíblico Hebreo-Español. Editorial Trotta.

La palabra amal también fue analizada en el mismo artículo citado en la nota nº 3.

Ver: Jo 5,7; 7,3; Ecl 1,3; 2,10ss. 19s; 3,13; 4,4.6.8; 6,7; 10,15; Jr 20,18; Sal 10,14.

Gordis, Roberto. Koheketh - The Man and His World. New York, Schoken Booksp, 1968. p. 418. Parte D, del Additional Notes on The Text of Koheleth que está bajo él título Qohélet On The Meaning of AMAL in Koheleth.

His money for which he toiled.

Ginsberg, H. L. Qoheleth. Tel Aviv-Jerusalem, 5721=1961, p. 14.

La palabra amal se encuentra 55 veces en el conjunto de los 36 libros de la Tanak, de todas esas veces, 22 están en Qohélet. Esto justifica la afirmación de que es una palabra típicamente qohelética.

Ver: 2,24-26; 3,12-13; 3,22; 5,17-19; 8,15; 9,7-9 y 11,7ss.

Esto es reafirmado por el libro de Proverbios: “Alégrate con la mujer de tu juventud“ (Pr 5,18).

 
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