Téngase en cuenta la frase del Padrenuestro que hace referencia a la prueba, a la tentación. De hecho cuando rezamos la oración que Jesús enseñó a sus discípulos/as decimos en nuestra lengua: “no nos dejes caer en la tentación”. Sin embargo en el texto griego original, transmitido por Mateo (6,13) y Lucas (11,4) se dice: “no comiences a llevarnos a la tentación” (kai me eisenegkes emas eis peirasmon). El verbo utilizado – eisphero - está en la forma verbal griega del aoristo ingresivo y significa comenzar a llevar, introducir. Esto quiere decir que, según la mentalidad de los que escribieron la fuente Q, original que utilizarían Mateo y Lucas, Dios no sólo probaba a sus seguidores/as, sino que lo llevaba a la tentación para comprobar su fidelidad. Naturalmente, creemos que la postura de Jesús de Nazaret con relación a este tema estaría mejor expresada en la afirmación de Santiago, según la cual Dios no prueba a nadie, sino que cada uno/a es probado/a por el mal que lleva dentro (Stgo 1,13).
3.2 - Comunidad que une fe y vida, palabra y praxis
Si aceptamos la hipótesis de que la carta de Santiago es un escrito tardío, posterior a la destrucción de Jerusalén, cuando se produce la ruptura definitiva entre judíos y cristianos, cuando el conflicto entre la comunidad de los/as seguidores de Jesús y los/as seguidores de los fariseos se hizo más intenso , podemos entender la insistencia que hace la carta en la necesidad de vivir una vida realmente religiosa que sepa unir fe y vida, convicción creyente y praxis de solidaridad.
La verdadera religión se define por la actitud que se tiene frente a los/as huérfanos/as y a las viudas; es decir respecto a los/as últimos/as de la sociedad, los/as que no suelen contar de cara a los/as que tienen poder y dinero (1,27). Conservarse incontaminado del mundo significa, según Santiago, renunciar a vivir según el estilo de vida de aquéllos/as que acumulan riquezas (5,3) a costa de oprimir a los/as obreros/as, cuando ni siquiera les pagan el reducido salario por el duro trabajo realizado.
La comunidad de los/as seguidores/as de Jesús debe renunciar a vivir según los criterios de una sociedad que valora a las personas según las riquezas que posean. Por eso no debe discriminar al pobre, privilegiando al rico (2,1-6). Cuando esto ocurre se renuncia a vivir según los criterios del Dios identificado con los humildes; de hecho Dios ha escogido a los pobres/as, según los criterios mundanos, para hacerlos ricos en la fe, protagonistas y herederos de su proyecto de vida alternativa (2,5).
Santiago denuncia la actitud de aquéllos/as que se llaman creyentes, pero menosprecian a los/as pobres (2,6). Y esta es una gran contradicción, porque sólo aquellos/as que son guiados/as por la ley de libertad, por el mandamiento del amor solidario, sólo aquéllos/as que tienen compasión, los/as miseri-cordiosos/as (los/as que sienten en el corazón la situación de los/as míseros/as de la tierra) pueden mostrarse como verdaderos/as seguidores/as del Jesús compasivo que demostró tener un corazón solidario de cara a los/as empobrecidos/as, los/as humildes y oprimidos/as sociales.
En medio de una polémica sobre lo que significa realmente tener fe, la comunidad de Santiago opta por identificarse con aquellas personas que creen que la fe (pistis) sin obras (erga) está muerta; pues sólo se puede demostrar la fe que uno tiene con acciones concretas de amor solidario.
La comunidad de Santiago entiende la fe como experiencia comprometida con la defensa de la vida. De tal manera que la fe que no produce frutos de amor, justicia y solidaridad, no existe, no es fe; está muerta (2,17-26). Y es que el Proyecto de Dios exige un compromiso vital fundamentado en unos determinados valores: “Frutos de justicia se siembra en la paz para los que procuran la paz” (3,18).
El error fundamental que puede cometer un/a cristiano/a es no hacer lo que debe por dejadez, miedo o cobardía. Quizás no haya pecado más grave ante Dios que los llamados pecados de omisión. Lo que se deja de hacer colabora con el mantenimiento de una sociedad injusta, que condena a la muerte prematura a millones de niños/as inocentes y de personas explotadas en el mundo del “libre comercio” que promueve el sistema neo-liberal.
La fe es don y compromiso que envuelve la fe del/de la creyente. Sólo se puede demostrar que se ha acogido el don de la fe cuando se convierte en compromiso solidario con los/as hermanos/as más empobrecidos/as. Por eso el autor afirma explícitamente: “El hombre -y la mujer- es justificado por las obras y no por la fe solamente (2,24) .
La comunidad de discípulos/as tiene el desafío de escuchar la Palabra de Dios con docilidad, desde las exigencias de su realidad, y convertirla en proyectos de solidaridad como el único camino para encontrar sentido a la vida, para encontrar la verdadera felicidad (1,22-25). Y las obras tienen que ver con la comida y con el vestido de los/as débiles; es decir, con las necesidades fundamentales de los/as más empobrecidos/as.
3.3 - La oración como elemento que refuerza la resistencia
Para poder vivir de una forma adecuada el/la creyente debe distinguirse por su sabiduría, por su capacidad de discernir en cada momento de la existencia lo que Dios pide. Y como la sabiduría es un don de Dios, es necesario saber pedirla a El (1,5) y hacerlo con fe, sin vacilar (cf. 1 Re 3,9-11).
La oración debe estar en conexión con la voluntad de Dios y con su proyecto de vida plena para todos/as. Por eso Dios no escucha la oración de aquéllos/as que se llaman creyentes y sólo le piden que les conceda riquezas y propiedades con la intención de malgastarlas para satisfacer las propias pasiones (edonai) (4.3).
Cuando se quiere vivir con fidelidad al Proyecto de Dios entonces vienen las dificultades, los conflictos y el sufrimiento. En la hora del sufrimiento la oración se conviene en una fuerza que nos ayuda a mantenernos firmes, tal como lo hizo Jesús, el Maestro, en el huerto de Getsemaní, en uno de los momentos más difíciles de su vida (cf. Mc 14,34-36).
La oración del/de la creyente debe ser asidua, debe acompañar cada momento, cada situación vital. Por ello cuando en el corazón hay júbilo es necesario cantar salmos y cánticos alegres (5,13). Y cuando se está enfermo es necesario contar con la oración de la comunidad cristiana; oración solidaria que reanima la vida, que devuelve la esperanza y es portadora de salvación.
La oración crea el clima necesario para hacer la intercesión de unos/as por los/as otros/as, para confesar mutuamente los pecados, para perdonar a los/as hermanos/as, como condición necesaria para ser perdonados/as por Dios.
La comunidad de Santiago está convencida de que la oración del justo tiene mucho valor, como sucedió con los grandes profetas Moisés y Elías (cf. Ex 32,11; 1 Re 17,21-24). Y es que la oración es diálogo confiado con el Dios liberador que sostienen aquéllos/as que están comprometidos/as con la causa de la justicia. Para éstos/as la oración se convierte en fuerza de resistencia creativa en la búsqueda de la voluntad de Dios, en la construcción de una sociedad alternativa, partiendo de los desafíos de la realidad en la que se vive.
4 - Un intento de actualizar el mensaje de Santiago
Como comunidad de fe nos acercamos a la Biblia para buscar luz para el caminar cotidiano. La Palabra, leída desde la Vida, se convierte en fuente de resistencia. Esta resistencia forma parte de nuestra espiritualidad latinoamericana y es generadora de actitudes que promueven un proyecto alternativo de sociedad.
Nos detenemos ahora a considerar algunos compromisos que, comunidad cristiana, deberíamos asumir y que ayudarían a ir creando las bases sobre las cuales debe construirse una sociedad alternativa .
4.1 - Perder el miedo al conflicto
Para vivir con dignidad, desde nuestra condición de excluidos/as sociales, tenemos que tomar conciencia que la creación de mejores condiciones de vida pasa necesariamente por el conflicto, por la confrontación, por la lucha por conseguir nuestros derechos.
En muchas ocasiones nuestros hombres y mujeres han sido reprimidos/as por los militares que, siendo, en su mayoría, miembros del pueblo empobrecido, están al servicio de los poderosos que defienden, a cualquier precio, el “libre” comercio y su proyecto neo-liberal . Por otra parte, somos amantes de las luchas solidarias no violentas. No queremos responder con la misma violencia con la que nos tratan los/as defensores de los intereses de la minoría social enriquecida. Ellos/as, por lo general, se imponen por la fuerza y condenan a la muerte prematura a millones de niños/as.
Como existe una violencia estructural, necesitamos tomar conciencia de que nuestras luchas deben estar dirigidas a desarticular dicha violencia y no sólo a resolver el problema a nivel local, o nacional.
4.2 - Mantener una cierta austeridad
Las personas que formamos parte de las comunidades cristianas del sur de nuestro país pertenecemos, en su mayoría, al grupo de los/as empobrecidos/as sociales. Sin embargo, corremos el riesgo de contaminarnos con la forma de vivir de la misma gente que nos oprime. De hecho los dueños de los grandes negocios viven invitándonos, estimulándonos, por sus poderosos medios de comunicación (televisión, radio…) a que consumamos más. Nos invitan a que nos endeudemos para así competir con el/la vecino/a que se compró tal electrodoméstico, aun cuando en nuestras casas haya necesidades más urgentes.
Rechazamos las condiciones de vida que nos han sido impuestas, pero al mismo tiempo creemos en la necesidad de una vida austera como condición indispensable para ser solidarios/as y generosos/as, para así poder compartir lo mucho que somos y lo poco que tenemos; al mismo tiempo que denunciamos, como comunidad de fe, que el lujo de unos pocos se convierte en un insulto a la miseria en la que viven tantos/as hermanos/as nuestros/as.
4.3 - Hacer opción por el grupo solidario, por la comunidad inserta y comprometida
Los desafíos de la realidad en la que tenemos que subsistir son muchos y variados. Si intentamos afrontar la realidad solos/as difícilmente lograremos los objetivos que puedan crear mejores condiciones de vida para las mayorías empobrecidas. Por eso consideramos conveniente y necesario compartir la vida en espacios y colectivos de solidaridad ya sean comunidades cristianas de base, grupos populares, organizaciones de mujeres, juntas de vecinos, organizaciones no gubernamentales...
Como seguidores/as de Jesús de Nazaret valoramos el espacio de la comunidad cristiana como lugar privilegiado para realizar un compromiso con la defensa de la vida. Al mismo tiempo nos convertimos en memoria profética dentro de nuestras iglesias en la que muchos/as de sus miembros olvidan poner en práctica el mandamiento del amor solidario y se comportan igual que aquéllos/as que en la sociedad sólo buscan su propio bienestar, poder y dinero, convirtiéndose en antitestimonio en medio de las comunidades en las que viven.
4.4 - Descubrir el valor gratuito de la acción
El autor de la carta de Santiago ha afirmado varias veces que la fe sin obras está muerta. Sin embargo, así como la fe es un don gratuito, así debemos tener en cuenta la gratuidad de las acciones solidarias con las que estamos comprometidos/as.
Muchas veces nos preguntamos: ¿Estamos haciendo algo realmente eficaz? Nuestras luchas y nuestros esfuerzos, ¿realmente sirven para algo? En ocasiones tenemos la impresión de que los largos años de lucha por lograr mejores condiciones de vida no han dado el resultado esperado. A veces nos sentimos frustrados/as.
¡Cuánto tiempo parece que se pierde por conseguir un poco de democracia real en nuestro país! Lo que tenemos es una democracia de nombre, formal, en donde las mayorías empobrecidas no tienen mucha posibilidad de influir en las decisiones que podrían crear mejores condiciones de vida para todos/as.
Necesitamos tomar conciencia de que la praxis solidaria la hacemos dentro del contexto de nuestro compromiso con el Proyecto de Dios (Reino de Dios). Este está ya presente en nuestra historia; se está desarrollando en el esfuerzo cotidiano por ser coherentes con la fe que profesamos. Sin embargo, es sólo Dios el que hace producir lo que sembramos cuando él quiera (cf. 1Co 3,6).
La gratuidad de la acción nos pide la capacidad de trabajar, de ser solidarios/as sin esperar ningún tipo de recompensa. La gratuidad de nuestras obras de amor solidario se convertirán en un testimonio creíble, en medio de una sociedad en la que muchas personas sólo buscan el interés personal a cualquier precio.
4.5 - Integrar la acción solidaria con la acción política
El compromiso con el Proyecto de Dios nos exige tomar muy en serio la necesidad de asumir un compromiso socio-político. En nuestras comunidades cristianas, como ocurre con muchas otras comunidades del Continente, desarrollamos proyectos de economía solidaria, de salud alternativa; nos preocupamos también por la situación de los servicios públicos, puesto que vivimos al margen de la ciudad y los recursos del municipio local se quedan, por lo general, en el centro donde vive la gente que tiene más recursos económicos. Y estamos consciente de que todo lo que hacemos en este sentido es conveniente y necesario.
Descubrimos como necesario seguir trabajando los procesos de concientización socio-política, a fin de que las personas tengan plena conciencia de los derechos que le corresponden. La persona que, por ejemplo, se beneficia de los servicios que ofrece nuestro dispensario médico parroquial, no debería desconocer que tiene derecho a que el Estado le ofrezca un servicio adecuado de salud, en donde haya médicos/as que atiendan a las personas como se lo merecen, y en donde haya medicinas para curar las dolencias de las personas más empobrecidas.
Las acciones solidarias que desarrollamos se convierten en testimonio creíble, en medio de una sociedad estructuralmente injusta. Dichas acciones van acompañadas de nuestras luchas por participar en las decisiones que tienen que ver con la vida de las mayorías excluidas por los/as que tienen el poder económico-político.
4.6 - Integrar la dimensión afectiva en la acción transformadora
La lucha por la supervivencia, por alimentar y educar a nuestros/as hijos/as, así como los trabajos comunitarios, nos agobian hasta perder en ocasiones la alegría y la ilusión de vivir. En este sentido somos conscientes de lo difícil que es encontrar un adecuado equilibrio entre la confianza en nosotros/as mismos/as , la aceptación misma de la vida y su disfrute con la acción transformadora.
La comunidad necesita tener momentos de encuentros y de celebración en los que se manifieste la alegría de vivir, en los que se comparta la amistad y los pequeños logros que vamos obteniendo en medio de la dureza del camino.
Descubrimos que es necesario dedicar tiempo para compartir con los/as amigos/as las dificultades, los problemas, pero también las ilusiones. En este sentido las celebraciones comunitarias son un momento adecuado para alimentar el espíritu y para fortalecer nuestra “terca” esperanza.
Insertos/as en la lucha diaria por la sobrevivencia nos podemos convertir en máquinas. Nos despersonalizamos. Por eso descubrimos como necesario saber disfrutar los pequeños placeres: compartir el alimento en familia, escuchar una canción que nos agrada, compartir un baño en el mar Caribe, dar un paseo por la montaña…
Intentamos incluir nuestras relaciones afectivas a nivel de pareja dentro de nuestros proyectos de solidaridad; estamos conscientes de que el amor que compartimos con la persona amada se convierte en fuente de felicidad y de resistencia que nos ayuda a enfrentar cada día la dureza de la vida.
4.7 - Conservar la memoria histórica
Creemos que la resistencia, como actitud vital, se hace muy difícil de mantener para aquellas personas que no tienen memoria histórica, para quien no tiene identidad definida por no haber asumido conscientemente la realidad en la que vive en su dimensión personal y comunitaria.
Los/as que quieren globalizar el proyecto neo-liberal intentan darnos anestésicos por medio de sus poderosos medios de comunicación, sobre todo la televisión y la radio; quieren imponer a todos/as la forma norteamericana de vivir y entender la vida (the american way of life). Para ello hacen todo lo posible por imponer la cultura dominante -la de los países del Norte- produciéndose un choque cultural que desvaloriza la cultura de los/as débiles y los/as pequeños/as de la tierra.
Estamos convencidos/as de que sólo desde nuestra identidad afro-caribeña y latinoamericana podemos enfrentarnos con dignidad ante aquéllos/as que quieren dominarnos, precisamente tentándonos para que abandonemos nuestros valores de solidaridad, honestidad, acogida, fraternidad, y servicio, para poner en el centro de nuestros intereses al lucro, al dios dólar y vivir según los valores de los Estados Unidos de América, una sociedad con muchos síntomas de enfermedad social, donde uno de los principales productos de exportación son las armas para destruir vidas y uno de los principales productos de importación son las drogas que necesita para subsistir al menos el 6% de la población norteamericana.
4.8 - Mirar y analizar la realidad con ojos compasivos
Uno de los elementos fundamentales de nuestra praxis comunitaria es el continuo análisis de la realidad. Sin embargo nuestro acercamiento a la realidad no es como el de los científicos sociales o de los políticos partidistas. Nos acercamos a ella con ojos creyentes; que intentan ver lo que acontece con los ojos de Dios y queremos tener, como El, un corazón compasivo y misericordioso (que está atento a la situación del “miser”, del pobre).
La realidad se convierte en el lugar privilegiado desde donde Dios nos habla, desde donde él nos compromete con la transformación de las relaciones humanas, para dar nuestro aporte en la construcción de una sociedad alternativa .
Somos consciente de cómo los/as que tienen el poder económico-político quieren imponernos su forma de ver la realidad; e incluso nos engañan creyéndonos niños/as ingenuos/as, que no conocen a profundidad lo que pasa al rededor de ellos/as.
Para nosotros/as es de vital importancia realizar periódicos análisis de la realidad, para tomar conciencia de lo que sucede, para denunciar la trama de los/as opresores/as y descubrir los rayos de luces que se hacen presente en medio de tanta oscuridad.
Queremos enfrentarnos con responsabilidad ante la realidad. No queremos ser como aquellas personas que viven encerradas en su pequeño mundo, preocupadas sólo por sus intereses personales y/o los de su familia. No queremos compartir la actitud de muchas personas de las comunidades en las que vivimos que ante la dureza de la realidad se refugian en los vicios, en las drogas, en el alcohol. Queremos, por el contrario, vivir con los ojos atentos, con los oídos abiertos, con el corazón compasivo y con una voluntad decidida a caminar por los senderos de la vida solidaria.
4.9 - Luchar por construir la democracia participativa y económica incluyente
Nuestras comunidades cristianas forman parte del grupo social que ha sido excluido de las principales decisiones que tienen que ver con su realidad vital. Nosotros/as sólo contamos para los/as políticos partidistas en tiempos de elecciones cuando éstos/as quieren conseguir nuestro voto. Cuando pasa el período de elecciones ni siquiera se acercan por nuestros barrios marginados y comunidades rurales empobrecidas. Como repite nuestro amigo, el viejo Antonio, un hombre lleno de sabiduría popular: “Los políticos cuentan con nosotros/as los/as pobres para conseguir el poder y con los ricos y los guardias para mantenerlo”.
No es cierto lo que nos dicen, según lo cual los/as pobres y excluidos/as sociales no estamos preparados/as para vivir la democracia; quienes realmente no están preparados/as son, por lo general, nuestros/as políticos/as para permitir la participación de la mayoría que ayude a pasar de una democracia representativa, formal, a otra de tipo participativo y democrático.
Hasta ahora nuestra élites han entendido la democracia como el poder de decisión de unos pocos, ligados a los intereses de los sectores más enriquecidos de la sociedad, para imponer sus reglas de juego a las mayorías, haciéndose indiferentes a su situación de pobreza y de miseria. Y creemos que mientras haya una miseria que contrasta con la abundancia y el lujo de unos pocos, no podemos hablar de real democracia.
Como comunidad de fe comprometida con la defensa de la vida creemos en la democracia participativa y económica. Luchamos para que las organizaciones populares, las que realmente representan los intereses de las mayorías, tengan poder de decisión para lograr que los recursos económicos que son de todos/as estén distribuidos con equidad.
Desde nuestras comunidades luchamos por participar en el gobierno local, donde se toman las decisiones que influyen en nuestra vida cotidiana. Al mismo tiempo que somos defensores/as de la descentralización del Estado, con la convicción de que lo que se puede decidir a nivel local, no debe ser llevado a una instancia superior.
4.10 - Construir un bloque popular planetario que globalice la solidaridad
En medio de un mundo que globaliza la injusticia y el “libre” mercado, es necesario globalizar la esperanza y la solidaridad, como único camino que permitirá a los/as excluidos/as de nuestras comunidades vivir con dignidad.
Creemos que mientras la organización injusta de la sociedad se siga globalizando, es necesario pensar en la posibilidad de una alternativa de civilización que beneficie a las grandes mayorías empobrecidas. Esto supone un bloque latinoamericano y transnacional con el poder de la solidaridad que rompa las fronteras, como lo hace el neo-liberalismo para imponer sus reglas de juego. Es lo que el teólogo G. Girardi ha llamado un frente popular planetario que tenga como eje a todos/as los/as excluidos/as .
La creación de este bloque transnacional exige que las personas comprometidas con la causa de los pobres de la tierra de los países del Norte luchen para que en sus tierras se priorice la ética sobre los intereses económicos inmediatos. Al mismo tiempo exige que en el Sur se organicen formas alternativas de sobrevivencia entre los/as excluidos/as.
En los países del Norte surgen grupos de solidaridad con los países del Sur que buscan concientizar a su gente y que se han convertido en críticos del sistema establecido. Crece el número de organizaciones no gubernamentales que apoyan proyectos de desarrollo comunitario en los diferentes países del Sur. En el Sur se están abriendo entre los excluidos algunos proyectos de solidaridad y diferentes alternativas: económicas, ecológicas, políticas, jurídicas, culturales, organizaciones continentales como el movimiento indígena, negro, popular, las organizaciones de mujeres…
Todos los miniproyectos de solidaridad que se están dando tanto en los países del Norte como en los del Sur necesitan coordinarse, articularse y convertirse en un gran frente planetario que vaya haciendo posible la globalización de la solidaridad y la creación de un mundo justo, hecho a medida humana, aunque estemos conscientes de que no se trata de una tarea fácil .
4.11 - Integrar la utopía
Por utopía entendemos algo que no tiene lugar aquí y ahora. En ese sentido muchas acciones humanas tienen un ingrediente utópico, en la medida que buscan algo que no se en el momento (un proyecto, un amor, un viaje…).
Creemos en la utopía, en lo que todavía no se ha alcanzado, porque estamos conscientes de que el Proyecto de Dios se realiza tarde o temprano. Según la promesa de nuestro Dios, “esperamos cielos nuevos y tierra nueva donde habite la justicia” (2 Pe 3,13).
Los/as defensores del proyecto neo-liberal quieren convencernos de que no hay otro camino que la globalización de la búsqueda individual del interés personal. Algunos de sus ideólogos hablan de que con el desarrollo de dicho proyecto se estaría dando el final de la historia, para hacernos creer que no tenemos nada más que buscar. Por eso se hace necesario reafirmar nuestra fe en la utopía. Como afirma R.H. Lugo, “Es tarea importante y urgente no dejar de alimentar el sueño de una sociedad nueva, donde la justicia y la igualdad campeen, donde todos tengamos derecho a ser felices y la oportunidad de ser hermanos. Negar esta utopía es matar toda posibilidad de resistencia. Anunciarla es, por el contrario, negar el fracaso del Reino y acicatear la esperanza constructiva de los/as cristianos/as. La confianza en que Jesús es el Señor de la historia y la conduce hacia la comunión final del Reino en plenitud, puede ayudarnos a superar las crisis que se derivan de esta nueva avanzada de la ideología conservadora y su aparente triunfo” .
Creemos firmemente que no es imposible que se pueda erradicar la miseria y el hambre en el mundo. La dificultad radica en la ausencia de una fuerza social solidaria unida que obligue a los potentes de la tierra a compartir con los/as miserables parte de los bienes que injustamente han conseguido.
Permitir la muerte de la utopía, sería renunciar a vivir según la “ley perfecta de la libertad” de la que nos ha hablado Santiago en su carta . Sería renunciar a buscar el sentido de la vida en el amor solidario, para convencernos, como lo defienden los propulsores del neoliberalismo, de que no tenemos posibilidad de organizar la sociedad de otra manera.
A modo de conclusión
La consigna fundamental para la hora histórica que vivimos es la resistencia ante nuestras propias pasiones que nos impulsan a establecer relaciones de dominio con los/as hermanos/as y ante el desarrollo del proyecto neo-liberal que impone su dictadura económica a los países del Sur empobrecido, provocando la muerte prematura de millones de personas. La resistencia se convierte así en un rasgo fundamental de nuestra espiritualidad latinoamericana y caribeña. No tenemos otra forma digna de vivir, sino es desde la resistencia ante la codicia y asumiendo el compromiso con la creación de un proyecto alternativo de sociedad en donde los/as excluidos/as sociales puedan vivir como seres humanos.
Esa resistencia cotidiana es encarnada sobre todo por las mujeres de nuestras comunidades . Ellas como nadie tienen que sufrir el peso de una sociedad estructuralmente injusta. Ellas están más en contacto con sus hijos e hijas y son generadoras de proyectos de solidaridad. Mientras la mayor parte de los hombres sólo se preocupan por su propio bienestar y el de sus familias, ellas saben crear espacios alternativos de solidaridad y miniproyectos para la sobrevivencia.
Se nos pide ser fieles en el día a día . Con la fidelidad diaria vamos alimentando nuestra utopía. Nos convertimos en personas que, con el testimonio, cuestionan la forma injusta de la organización de la sociedad en la que vivimos y , al mismo tiempo, en referencia para aquellas personas que han perdido la esperanza de que existe la posibilidad de una vida alternativa, en justicia y solidaridad.
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Frank Pimentel
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