
EL POBRE Y EL RICO EN SANTIAGO
Y EN EL PASTOR DE HERMAS
José Adriano Filho
Resumen
En la presentación que Santiago y el Pastor de Hermas hacen de la relación entre el pobre y el rico en la comunidad, los pobres son los verdaderos favorecidos delante de Dios. No obstante, mientras Santiago condena con vehemencia a los ricos pues ellos son los responsables por la desgracia del pobre, en Hermas ellos son denunciados pero su condenación nunca es definitiva, consistiendo ésta básicamente en una invitación al arrepentimiento y en un llamamiento a usar la riqueza en favor de los pobres y necesitados. Hermas entiende la riqueza como una dádiva de Dios que debe ser usada en favor del pobre.
Abstract
In the presentation which James and the Shepherd of Hemas make of the relation between rich and poor within the community, the poor are truly the ones favored before God. At the same time, where James condemns the rich vehemently as those responsible for the misfortune of the poor, in Hermas the rich are denounced but with a condemnation that is never definitive, consisting basically of an invitation to repentance and an encouragement to use their wealth in favor of the poor and those in need. Hermas understands wealth as a gracious gift of God which must be used in favor of the poor.
Santiago y el Pastor de Hermas tienen como uno de sus temas comunes la relación entre el rico y el pobre en la comunidad. Sin embargo, aun cuando el privilegio de los pobres delante de Dios permanezca como un factor de la teología social de estos dos libros, ellos contienen algunas diferencias en los respectivos abordajes que presentan del tema. En Santiago, los pobres, identificados con la comunidad, son los verdaderos favorecidos que triunfarán cuando Dios invierta el orden del mundo en el juicio final. Los ricos, en cambio, entre los cuales se encuentran los que juran falsamente (5,12), oprimen al huérfano y a la viuda (1,27) y no pagan el salario de los trabajadores (5,4), son condenados de manera vehemente y no hay para ellos oportunidad de salvación1.
El Pastor de Hermas, por su parte, el cual tiene su origen en las comunidades de Roma en la primera mitad del segundo siglo de la era cristiana (e. C.), fuertemente anclado en la tradición de la profecía cristiana, privilegia a los pobres, si bien no los identifica totalmente con la comunidad cristiana2. Presenta denuncias contra los ricos pero su juicio es condicional, siendo en esencial una invitación al arrepentimiento y no una condenación a la destrucción. Ocurre un cambio de enfoque y los ricos, quienes participan de modo completo en la vida de la comunidad, reciben gran atención. Por un lado, el libro afirma la responsabilidad del rico de ayudar al pobre; por otro, la preferencia tradicional por el pobre es confrontada con la convicción de que no es un mal ser rico, pues las riquezas son un medio importante de servir a Dios.
1. El pobre y el rico en Santiago
En Santiago, el tema del “rico” y el “pobre” es tratado en tres pasajes: 1,9-11; 2,1-7; 4,13-5,6 que tienen como contexto temático la inversión escatológica que ocurrirá en el día del juicio inminente de Dios, un día en el cual “los que ahora se exaltan serán humillados, mas los que se humillan serán exaltados”.
1.1. El rico no permanecerá para siempre
Santiago 1,9-11, el primer texto que habla sobre el rico y el pobre, se localiza en la introducción de la carta donde ocupa un lugar importante. La introducción de Santiago, 1,2-12, presenta el momento en que ocurrirá la intervención escatológica de Dios, así como el tema de la purificación de la comunidad y la manera en que el fiel debe vivir en el presente a la luz de este evento inminente3. Ella contiene una estructura quiástica, la cual puede ser fácilmente identificada:
A - 1,2-4: La prueba del fiel
B - 1,5-11: Dos temas relacionados con el fiel
B. 1: Sabiduría (1,5-8)
B. 2: Inversión escatológica (1,9-11)
A’ - 1,12: La prueba del fiel
Como podemos observar, esta estructura se mueve en torno a las conexiones lingüísticas y temáticas entre A y A’, que describen la prueba y la perseverancia del fiel y forman una inclusión para la sección B. Esta, a su vez, se subdivide en dos partes. La primera de ellas, 1,5-8, trata de la sabiduría, de la fe, de la necesidad de firmeza al aproximarse a Dios. La segunda, 1,9-11, se refiere a la inversión escatológica que ocurrirá cuando los orgullosos cambiarán de lugar con aquellos que ahora han sido humillados4.
Una observación atenta muestra que Isaías 40,6-8 es un pasaje importante en el desarrollo y en la interpretación de Santiago 1,9-11. Los paralelos entre los dos textos indican eso5:
Que el hermano de condición modesta se ufane de su elevación y el rico, de su rebajamiento, porque él pasará como la flor de los prados.
Pues el sol se levantó con el siroco y secó la hierba, cuya flor cayó, y cuya bella apariencia desapareció.
Así también se marchitará el rico en sus empresas (Santiago 1,9-11).
Una voz dice: “¡Proclama!”, la otra dice: “¿qué proclamaré?”.
“Toda carne es hierba
y toda su constancia es como flor de los campos:
la hierba se seca, la flor se marchita,
cuando el soplo del Señor viene sobre ellas en ráfaga. Sí, el pueblo es hierba:
la hierba se seca, la flor muere, mas la palabra de nuestro Dios subsistirá para siempre!” (Isaías 40,6-8).
Santiago afirma, a partir de las imágenes de Isaías, que el rico pasará como la flor de la hierba, puesto que
...el sol se levantó con el siroco [“el calor ardiente, pero también el viento seco del desierto”: Génesis 31,40] y secó la hierba, cuya flor cayó, y cuya bella apariencia desapareció.
Es importante observar que Isaías 40 vincula, al igual que Santiago, este tema al rebajamiento. En el contexto de Isaías, el profeta anuncia al pueblo de Israel que su humillación llegó al fin y ordena que las montañas sean rebajadas para preparar el camino para el pueblo del Señor (Isaías 40,3-4). En las dos ocasiones el rebajamiento se relaciona con la intervención de Dios en la historia y la comparación subraya la dimensión escatológica de Santiago 1,9-11. La comparación denota que de la misma forma que Jerusalén fue humillada en el exilio, el “hermano humilde” ha sido humillado actualmente, y del mismo modo que las montañas fueron aplanadas, el rico será aplanado y el “hermano humilde” exaltado. Estos paralelos no dejan dudas de que el texto contempla la inversión escatológica inminente, mostrando tanto el lugar del “hermano humilde” cuanto el del rico cuando ella ocurriera6.
Todo, en este texto, gira alrededor del humillarse. El rico de la comunidad probablemente se enorgullecía de su condición, sin embargo él es derrumbado por Dios, mientras que el fiel es exhortado a ser humilde. Santiago 1,9-11 deja claro que quien tiene derecho a enorgullecerse es el pobre, porque él es objeto de salvación. El rico se puede enorgullecer, pero de su humillación. Existe una yuxtaposición entre la exaltación del hermano humilde y la humillación del rico y la expectativa de que cada uno debe enorgullecerse de eso:
Que el hermano de condición modesta se ufane de su elevación y el rico, de su rebajamiento, porque él pasará como la flor de los prados.
Esta afirmación, resultado de un irónico juego de palabras, es radical, “pues el rico está siendo eliminado de sus caminos”. Santiago anuncia el juicio sobre el rico y la salvación sobre el pobre al invertir la posición de ambos7.
1.2. “Llorad y lamentad por causa de las miserias que vendrán...”
Santiago 4,13-5,6, el segundo texto que abordaremos, es una parénesis escatológica, estructurada lógicamente a partir de los destinos paralelos del tapeinos (“humilde”) y del plousios/uperefanos (“rico/orgulloso”)8. El texto se localiza en la conclusión de la carta (4,6-5,12), la cual puede ser dividida de la siguiente manera:
A - 4,6-12: Exhortaciones a la comunidad
B - 4,13-5,6: Denuncia del rico/orgulloso
A’ - 5,7-12: Exhortaciones a la comunidad
Como podemos observar, la sección A, 4,7-12, contiene un llamamiento al arrepentimiento dirigido a la comunidad, basado en la cita de Proverbios 3,34: “Dios se opone a los soberbios, mas concede gracia a los humildes”. El concepto de inversión escatológica, presente en la cita, fundamenta las varias unidades de la conclusión. En 4,9: “sentid vuestras miserias, lamentad y llorad; tórnese vuestra risa en llanto y vuestra alegría en tristeza”, los destinatarios son exhortados a “lamentar y llorar”, ya que, a la luz de 4,6, “Dios se opone a los soberbios”. En 5,1, él se dirige a los ricos al afirmar: “Llorad y dad alaridos por las desgracias que os esperan”. Vemos que la misma expresión usada para dirigirse a la comunidad es ahora dirigida al rico, lo que hace que estas unidades estén conectadas por medio del tema de la inversión escatológica9.
En este contexto, Santiago 4,13-5,6, la sección central de la conclusión, presenta, en sus dos partes, una denuncia contra el rico/orgulloso. La expresión que inicia cada una de las partes de la sección: age nun (“atended, ahora”: 4.13; 5,1), tiene origen en la disputa de los profetas con sus oponentes10. En el Antiguo Testamento, el profeta, frecuentemente usando un lenguaje irónico, condena al impío porque él abandonó la alianza con Dios. El discurso de juicio profético fundamenta 4,13-5,6: el rico es soberbio y permanece bajo el juicio de Dios, pero el humilde y contrito de espíritu se puede alegrar porque la salvación se aproxima.
Es interesante observar, en primer lugar, la conexión entre “comercio”, “riqueza” y “jactancia” en Santiago 4,13-17. Los mercaderes orgullosos no reconocen la soberanía de Dios11. En segundo lugar, las expresiones “humilde/humillar”, “ser orgulloso”, “enorgullecerse/vanagloria”, “vanagloria/riqueza”, están agrupadas en torno del tema de la inversión escatológica, de donde emerge el siguiente modelo: “los que son ahora humillados, serán exaltados sobre los soberbios y orgullosos en el día del juicio”. Inversión, jactancia, humildad, orgullo, riqueza y comercio están juntos en la presentación del juicio esperado para el día del Señor (5,7).
Santiago espera el momento en que Dios invertirá el orden presente. En este día, los orgullosos serán rebajados y recibirán la debida recompensa por su actitud para con Dios. De esa forma, la referencia al desvanecerse del impío: “No obstante, no sabéis qué sucederá mañana. ¿Qué es vuestra vida? Sois un vapor que aparece un momento y luego se desvanece” (4,14), no significa la brevedad de la vida en general, sino que en su contexto de denuncia señala la brevedad de la vida del impío arrogante. Así, tanto 1,9-11, con sus metáforas vegetales, cuanto 4,13-17 enfatizan la insignificancia del rico y la naturaleza rápida de su desaparecimiento en el día del juicio final12.
Santiago 5,1-6, por su parte, afirma que el rico ha sido ávido y opresivo. Por tanto, él permanece bajo juicio. En 5,1 el uso de las expresiones: “gritad”, “lamentad” y “miserias”, derivadas del lenguaje profético, no significan un lamento de arrepentimiento sino el de un funeral: el funeral del rico arrogante13. En 5,4 hallamos la mención del “grito de los segadores que alcanza los oídos del Señor de los Ejércitos”. En 5,5 la referencia al día de la matanza, claramente una mención de Jeremías 12,3, invoca el tema del juicio, de modo particular matar los becerros gordos y listos para ser inmolados. El rico ha oprimido al pobre, pero él se hizo gordo y su destrucción ocurrirá14.
Así pues, la manera como Santiago 4,13-5,6 denuncia a los ricos consiste en un eco de la larga línea de las denuncias proféticas acerca del tratamiento del pobre por el rico. De forma clara, el texto presenta un contraste entre la arrogancia de los comerciantes y los trabajadores que no pueden planear ni el día siguiente y entre la actitud del rico prepotente que ha oprimido al pobre. Su primera denuncia está dirigida contra los comerciantes por causa de su arrogancia, puesto que ellos pretenden dominar sobre el tiempo de la vida y planean lucros y negocios (4,13-17). La segunda, con su lenguaje profético, denuncia a los ricos arrogantes por oprimir al justo, condenarlo y asesinarlo, y proclama la inminente destrucción de aquéllos en el día del juicio que Dios realizará15.
En ese contexto, Santiago presenta un llamado a los destinatarios en la exhortación final de la conclusión (5,7-12). Allí sustenta que, a la luz de la inversión escatológica que ocurrirá, los fieles deben esperar con paciencia (5,7-8.10-11). Presenta tres ejemplos de paciencia y tres referencias a la venida del Señor (5,7-9) para significar que ella ocurrirá dentro de poco tiempo. Junto con esas referencias, el tema del juicio está presente en dos versos (5,9.12). A la luz de los temas paciencia, retorno y juicio, se hace evidente que Santiago procura instruir a los fieles para que permanezcan firmes y pacientes, ya que el retorno del Señor y el consecuente juicio acontecerán pronto16.
1.3. Discriminación social en la comunidad
En los textos anteriores vimos que tanto en la yuxtaposición entre la exaltación del “hermano humilde” y la humillación del rico y el hecho de que cada uno debe enorgullecerse de su posición (1,9-11), cuanto en la denuncia contra el rico arrogante en 4,13-5,6, Santiago anuncia el juicio sobre el rico y la salvación sobre el pobre al invertir la posición de ambos. Sin embargo, en la exhortación de 2,1-7 encontramos una situación concreta de conflicto entre ricos y pobres, afirmada a partir de un ejemplo práctico:
En efecto, si entra en vuestra asamblea un hombre con anillos de oro, trajeado magníficamente; si entra también un pobre andrajoso: si os interesáis por el hombre vestido de trajes magníficos y le decís: “Tú, siéntate en este lugar de realce”; si al pobre le decís: “Tú, quédate de pie”, o “Siéntate allí, al pie de mi escabel”; ¿no harías discriminación entre vosotros? ¿No os tornaríais jueces con criterios criminales? (vv. 2-4).
Esta exhortación, dirigida a toda la comunidad, muestra de forma muy manifiesta la discriminación social existente en ella, en vista de que se refiere al hecho de que una persona bien vestida es colocada en un lugar de realce en la sinagoga, mientras que el pobre es colocado en una posición inferior. Por medio de contrastes, el lenguaje utilizado distingue al rico del pobre: “el rico tiene ropa lujosa, pero el pobre trajes andrajosos”; y, en tanto el “pobre da el mejor lugar en la sinagoga para el rico, el rico arrastra al pobre a los tribunales”. Tenemos una contraposición de esferas: la del rico es el tribunal que oprime, la del pobre es la sinagoga, lugar de salvación. Santiago es irónico con aquellos que favorecen al rico y que, al favorecerlo, se vuelven jueces de sentencias criminales:
...pero vosotros, privasteis al pobre de su dignidad. ¿No son los ricos los que os oprimen? ¿Ellos también los que os arrastran delante de los tribunales? ¿No son ellos los que difaman el bello nombre que se invoca sobre vosotros? (vv. 6-7).
De esa forma, en un primer momento Santiago muestra la división interna que la actitud de los cristianos revela. En un segundo momento, al referir las actitudes diferentes que la comunidad ha tomado para con unos y otros en función de su origen social, denuncia la alteración de las relaciones entre los miembros de la comunidad. Los cristianos no deben ser parciales en el juicio y privilegiar al rico, ya que quien debe recibir consideración especial es el pobre17.
La tradición de la comunidad de Santiago identifica a los pobres con los escogidos de Dios y condena a los ricos vehementemente. La cita del v. 5:
Escuchad, hermanos míos muy amados: ¿No fue Dios quien escogió a los que son pobres a los ojos del mundo para tornarlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?,
deriva de la tradición bíblica del proscrito despreciado. Los pobres son en verdad los favorecidos que triunfarán cuando Dios invierta el orden del mundo en el juicio final18. En general, la hostilidad de la comunidad hacia el rico lleva a la conclusión de que la comunidad y los pobres escogidos son idénticos, pero los ricos son identificados con los opresores y perseguidores. La carta de Santiago fue dirigida a aquellos que se entienden a sí mismos como los pobres de Dios, los cuales fueron escogidos para heredar el Reino de Dios.
2. El pobre y el rico en el Pastor de Hermas
Aunque el Pastor de Hermas tenga como tema principal el arrepentimiento, el tema “pobre/pobreza” y “rico/riqueza” ocupa bastante espacio en el libro19. Este, escrito en épocas diferentes, contiene cinco visiones, doce mandamientos y diez parábolas, y presenta dos agentes reveladores que transmiten a Hermas, un cristiano de Roma, un mensaje divino. El primer agente, una figura femenina de la iglesia, aparece en las primeras cuatro visiones (las cuales contienen un lenguaje apocalíptico particular y presuponen la gran tribulación). De la quinta visión hasta la décima parábola, que presupone una persecución pasada que produjo apostasía, encontramos al Pastor como agente revelador de un mensaje que ocupa la mayor parte del libro.
En el libro se destacan varias palabras y expresiones como: ploutos (“riqueza”), plousios (“rico”) y plotéw (“ser rico”: Visiones 1,1.8; 3,6.5-7; Mandamientos 8,3; Parábolas 1,8-10; 8,9.1), oi gauriwntes en tw ploutw (“los que se vanaglorían de la riqueza”: Visiones 1,1.8; 3,9.6), oi exwntes (“los que tienen”), en oposición a oi usteroumenoi (“los necesitados”: Visiones 3,9.4) y oi uperexwntes (“los que tienen mucho”), en oposición a oi peinwtes (“los hambrientos”: Visiones 3,9.5), para describir el rico y la riqueza. Por su parte, el pobre y el necesitado son descritos con las palabras y expresiones ptwxos y penes (“pobre”: Parábolas 2), endees (“alguien económicamente pobre o necesitado”: Mandamientos 8,10) y puxai tribomenoi (“vidas afligidas, oprimidos”: Parábolas 1,8). Hermas también menciona a las viudas y huérfanos y los vincula con el pobre y necesitado o con la víctima de abuso (Mandamientos 8,10; Parábolas 1,8; 5,3.7; 9,26.2)20. De manera diferente a Santiago, que en general condena a los ricos, algunos aspectos importantes se destacan en la descripción que Hermas presenta de la relación entre el rico y el pobre.
2.1. Denuncias e invitación al arrepentimiento
Hermas denuncia a los ricos, no obstante también los invita al arrepentimiento. Una de las razones para la condenación de los ricos se debe al hecho de que ellos se alegran con las riquezas terrenas y no con las cosas celestiales:
...aquellos, sin embargo, que son malos en el corazón, solo atraen para sí la muerte y la prisión, sobre todo aquellos que se pasan la vida vanagloriándose de sus riquezas y no se interesan por los bienes futuros (Visiones 1,1.8).
Otro texto denuncia su egoísmo e insensibilidad para con el necesitado:
Ved el juicio que está por venir. Vosotros que tenéis mucho, socorred a los que tienen hambre, mientras la torre no esté terminada, porque, después de terminada, aunque quisieras hacer el bien, no tendréis más ocasión. Atención, por tanto vosotros que os enorgullecéis de vuestras riquezas, para que los necesitados no giman y su gemido llegue hasta el Señor, y seáis excluidos, junto con vuestros bienes, fuera de la puerta de la torre (Visiones 3,9.5-6; ver Santiago 5,1-6).
En el contexto de este pasaje, los que se enorgullecen de sus riquezas son advertidos de que los gritos de los afligidos llegan hasta Dios y lo influencian para que él pueda echar la riqueza fuera de la torre (en Hermas, una figura de la iglesia) que está en construcción.
Otra denuncia ocurre en la asociación entre la riqueza y los negocios. El confundirse (o perturbarse) en los negocios puede llevar a la negación del Señor:
“Señora, ¿y quiénes son las piedras blancas y redondas que no se adaptan a la construcción?”. Ella me respondió: “¿Hasta cuándo serás ignorante y sin buen sentido? Preguntarás todo sin comprender nada por ti mismo? Son aquellos que tienen fe, mas conservan las riquezas de este mundo. Cuando llega la tribulación, por causa de sus riquezas y negocios, ellos reniegan de su Señor” (Visiones 3,6.5).
El décimo mandamiento afirma que quienes creen, pero no procuran la comprensión de las cosas divinas debido a su involucramiento en negocios, riquezas, amistades paganas y otras ocupaciones de este mundo, no entienden las parábolas divinas:
Ella continuó: “Escucha. Los que nunca investigaron la verdad, ni indagaron sobre la divinidad, que se limitaron a creer, quedan presos en sus negocios, riquezas, amistades paganas y otras numerosas ocupaciones de este mundo. Todos esos, que solo viven para eso, son incapaces de comprender las parábolas respecto de la divinidad. Quedan oscurecidos por esas actividades, se corrompen y quedan áridos” (Mandamientos 10,1.4).
De acuerdo con estos textos, algunos de los fieles son ricos y están envueltos en muchos negocios. No obstante, ellos no son condenados definitivamente como en Santiago, sino apenas considerados un tipo de personas problemáticas en la comunidad21.
Por su parte, la primera parábola afirma que es peligroso acumular riqueza, en particular propiedades. En vez de eso, dice que la riqueza debe ser gastada en el rescate de los afligidos, de las viudas y los huérfanos y de los que están en dificultad:
En lugar de campos, rescatad a los oprimidos, conforme cada uno pudiere; visitad a las viudas y a los huérfanos y no los despreciéis. Gastad vuestras riquezas y todos vuestros bienes, que recibisteis de Dios en esos campos y casas. De hecho, el Señor os enriqueció para que prestéis a ellos tales servicios... mejor adquirir casas y campos, bienes y casas, que reencontrarás en tu ciudad cuando ahí retornares. Esa inversión es noble y alegre, no produce tristeza, ni miedo, sino alegría. No procuréis la inversión de los paganos, peligrosa para los siervos de Dios. Haced vuestras propias inversiones, con las cuales podéis alegraros. No cometáis fraude, ni toquéis los bienes de otros, ni los deséis, porque es malo desear los bienes ajenos. Realiza tu tarea y seréis salvo (Parábolas 1,8-11).
Según este texto la riqueza puede ser útil, pues por medio de ella los ricos pueden realizar buenas obras en el presente. En otra parte, el mandamiento para ayunar incluye la orientación de dar el dinero economizado con el ayuno a una viuda, un huérfano o alguien en necesidad:
Y ayunarás del siguiente modo: después de cumplir lo que fue escrito, en el día en que ayunares, no tomarás nada, a no ser pan y agua. Calcularás el precio de los alimentos que podrías comer en ese día y lo pondrás aparte para dar a una viuda, a un huérfano o necesitado y, de ese modo, te tornarás humilde. Gracias a esa humildad, quien haya recibido quedará saciado y rogará al Señor por ti (Parábolas 5,3.7).
Sin embargo, en el contexto general de Hermas todas esas deficiencias son condicionales, ya que a pesar de que algunos pasajes sugieren la necesidad de la remoción de la riqueza para que los ricos se vuelvan útiles y que Visiones 3,9.5-6 presenta alguna similitud con la condenación del rico de Santiago 5,1-6, en estos textos no hallamos la hostilidad que Santiago presenta en relación a los ricos. Estos son llamados al arrepentimiento y animados a dar al pobre y al necesitado, a las viudas y los huérfanos:
Sé reservado. Con reserva no hay mal tropiezo, sino que todo es plano y alegre. Realiza el bien y, del producto del trabajo que Dios te concede, da con simplicidad a todos los necesitados, sin preocuparte a quien darás o no. Da a todos, porque Dios quiere que sus propios bienes sean dados a todos (Mandamientos 2,4)22.
2.2. “Hacerse inferior a todos” y “no oprimir al endeudado o necesitado”
Un pasaje de gran importancia en el tratamiento del tema “pobre/rico” se encuentra en el octavo mandamiento. Este mandamiento contiene dos catálogos de vicios y dos de virtudes (v. 3.5.9.10), pero lo que lo hace relevante es que en el segundo catálogo de virtudes se destacan dos importantes expresiones: “hacerse inferior a todos” y “no oprimir a los deudores y necesitados”:
Escucha ahora las obras que siguen a ésas: asistir a las viudas, visitar a los huérfanos y necesitados, rescatar de la esclavitud a los siervos de Dios, ser hospitalario (pues en la hospitalidad se encuentra a veces la ocasión de hacer el bien), no crear obstáculos para nadie, ser calmo, hacerse inferior a todos, honrar a los ancianos, practicar la justicia, conservar la fraternidad, soportar la violencia, ser paciente, no nutrir rencor, consolar a los afligidos en el alma, no apartar de la fe a los escandalizados sino convertirlos y darles ánimo, corregir a los pecadores, no oprimir a los deudores y necesitados y otras acciones semejantes (v. 10).
La primera expresión, “hacerse inferior a todos”, además de ser poco común usa la palabra endees para describir a la persona humilde: endeesteron ginesthai panton antrwpon. En la literatura antigua, endees significa el necesitado, aquel que desea algo y a quien falta alguna cosa. Esta expresión era usada no solamente en sentido económico, sino también simbólico. El uso del comparativo endeesteros (“inferior”), en el sentido positivo, ocurre asimismo en el décimo primer mandamiento:
En primer lugar, quien tiene el espíritu que viene de lo alto es calmo, sereno y humilde. El se abstiene de todo mal y de todo deseo vano de este mundo; él se considera inferior a todos y, cuando es interrogado, nada responde a nadie y no habla en particular. El Espíritu Santo no habla cuando el hombre quiere, sino cuando Dios quiere que él hable (Mandamientos 11,8).
En ese contexto, la expresión es usada de manera simbólica y expresa la teología del pobre piadoso. Ella también refleja una de las tentativas bíblicas de trabajar teológicamente con el misterio de la flaqueza e infortunio de los fieles, lo que ubica a Hermas en la tradición cristiana representada por las bienaventuranzas23.
Con relación a la segunda expresión: “no oprimir al endeudado y necesitado”, es interesante observar que el lenguaje parenético y las imágenes tradicionales utilizadas son aplicadas para la función más específica de prestar dinero y para la relación acreedor/deudor24. Como parénesis, este material tiene origen en Deuteronomio (15,3-4.7-8.10-11). No obstante, debemos considerar que el contexto del Deuteronomio y el de Hermas son muy diferentes. En el Deuteronomio y en las tradiciones proféticas el “pobre” es miembro de una categoría religiosa, el ebyon, y es oído precisamente por causa de su pobreza y desamparo en manos de los opresores. En Deuteronomio 15 el deudor hace parte del grupo de los pobres de Dios. Hermas, en cambio, refleja el mundo financiero del Imperio Romano, donde prestar dinero era común entre todas las clases y, además, prestar dinero con intereses era considerado parte de las inversiones.
Podemos decir que el octavo mandamiento presenta el mismo concepto religioso en un contexto social y religioso diferente: el pobre, el necesitado y el deudor son aún objetos de explotación humana y, por ende, reciben cuidado especial de parte de Dios25.
2.3. La dependencia mutua entre el rico y el pobre
Otro aspecto importante acerca de la relación entre el pobre y el rico en Hermas es la dependencia mutua entre ellos. En la segunda parábola, la del olmo y de la viña, leemos:
Caminaba yo hacia mi campo y, observando un olmo y una vid, reflexionaba sobre esos árboles y sus frutos. Entonces el Pastor se me apareció y dijo: “¿Qué piensas sobre el olmo y la vid?”. Respondí: “Señor, pienso que ellos se complementan perfectamente”. El dijo: “Esos dos árboles existen para servir de modelo a los siervos de Dios”. Yo pedí: “Desearía saber el modelo que pueden ofrecer esos árboles de los cuales habla”. El preguntó: “¿Ves el olmo y la vid?”. Respondí: “Sí, señor” (vv. 1-2).
En el desarrollo de la parábola percibimos que sus dos elementos simbólicos, el olmo y la viña, constituyen una referencia al rico y al pobre en la comunidad:
El continuó: “La vid produce frutos, pero el olmo es estéril. No obstante, si esa vid no se prende al olmo queda extendida en el suelo y no producirá frutos. Los frutos que produciría se pudrirían si ella no estuviese suspendida en el olmo. Ves, por tanto, que el olmo también da muchos frutos, no menos que la vid, y hasta más”. Pregunté: “¿Por qué más, Señor?”. El respondió: “Porque la vid suspendida en el olmo da muchos frutos bellos, en tanto que extendida en el suelo únicamente produce frutos podridos y pocos. Esa parábola vale para los siervos de Dios, el pobre y el rico” (vv. 3-4).
La aplicación de la parábola sigue de inmediato con la afirmación de que el rico es pobre espiritualmente, pero que el pobre, sin recursos materiales, es rico espiritualmente. Sin embargo, según el v. 8, cuando el rico, de sus riquezas, suple la necesidad material del pobre y el pobre ora en favor del rico, ambos realizan la obra de Dios:
Para los hombres, el olmo parece no producir fruto. Ellos ignoran y no comprenden que, si viniera la sequía, el olmo, que conserva el agua, nutre la vid y ésta, continuamente provista de agua, produce el doble de frutos, para ella misma y para el olmo. De la misma forma, los pobres, rezando al Señor por los ricos, aseguran el pleno desarrollo de las riquezas de éstos. Por su parte, los ricos, atendiendo las necesidades de los pobres, dan satisfacción a su alma26.
Los dos grupos son definidos con claridad y considerados actuales. Delante de Dios, el rico es considerado pobre:
El respondió: “Escucha. El rico tiene muchos bienes, mas a los ojos de Dios él es pobre, porque se distrae con sus riquezas. La oración y la confesión al Señor no le son importantes y, si él las hace, son breves, débiles y sin ningún poder. Con todo, si el rico se vuelve hacia el pobre y atiende sus necesidades, creyendo que el bien que él hace al pobre podrá encontrar su retribución junto a Dios (porque el pobre es rico por su oración y confesión, y su oración tiene gran poder junto a Dios), entonces el rico atiende sin vacilación las necesidades del pobre (v. 5).
El rico, no obstante, recibió su riqueza del Señor:
Y el rico, sin duda, da al pobre la riqueza que recibió del Señor. Esa es una acción noble y bien acogida por Dios, porque el rico comprendió perfectamente el sentido de su riqueza y compartió con el pobre los dones del Señor, cumpliendo así, convenientemente, su tarea (v. 7b).
Con la riqueza, el rico puede realizar un gran y aceptable trabajo y el pobre puede igualmente hacerlo, puesto que “él es rico por su oración y confesión, y su oración tiene gran poder junto a Dios” (v. 5c)27.
En ese sentido, en la segunda parábola tenemos una presentación de la relación de dependencia mutua entre el pobre y el rico. Cada uno de estos grupos cumple un papel importante y realiza su tarea: “Por tanto, ambos participan de la acción justa” (v. 9a). Este aspecto contrasta con lo que fue presentado con anterioridad en el libro, pues no es solamente el rico quien tiene obligación de ayudar al pobre, sino que el pobre tiene asimismo una obligación complementaria:
Así, el pobre, socorrido por el rico, reza por él y agradece a Dios por su bienhechor; éste, a su vez, redobla el celo para con el pobre, para que no le falte nada en la vida, puesto que sabe que la oración del pobre es bien acogida junto a Dios. De ese modo, ambos cumplen su tarea: el pobre lo hace mediante su oración, que es su riqueza recibida del Señor. El la devuelve al Señor en la intención de aquel que lo ayuda. Por consiguiente, ambos participan de la acción justa. Quien obra así no será abandonado por Dios, sino que será inscrito en el libro de los vivientes (vv. 6-7a.9)28.
En la segunda parábola no existe condenación de los ricos en virtud de su conducta, ni se espera que ellos dejen sus riquezas, pero, sí, que las usen de forma correcta. Ella yuxtapone, paradójicamente, la riqueza del pobre y la pobreza del rico. Ambos, el pobre que ora bien y el rico que comparte su riqueza, recibirán la promesa de bendición: ellos no son abandonados por Dios, sino recordados en el libro de la vida. El pobre tiene ventaja espiritual, sin embargo a ambos, el pobre y el rico, les son dadas oportunidades de salvación29. La afirmación decisiva de este punto ocurre en el último verso, el cual presenta una bienaventuranza dirigida a los ricos que entienden que su riqueza viene del Señor, porque aquel que comprende eso será capaz de realizar buenas acciones:
Felices los que poseen y comprenden que el Señor preserva sus riquezas, pues aquel que lo comprende podrá también prestar buenos servicios (v. 10).
3. Comparación entre Santiago y el Pastor de Hermas
En Santiago, el lenguaje “pobre/humilde”, “rico/orgulloso”, altamente estilizado, derivado de la tradición profética de denuncia del rico, afirma la enemistad tradicional entre estos dos grupos y declara la inversión que ocurrirá en el día del juicio final. Este lenguaje, que puede estar o no estar referido a los ricos que son miembros de la comunidad y a la autopercepción que la comunidad tiene de ellos, refleja las condiciones sociales reales de la comunidad y sus enemigos. De cualquier forma, los ricos son obviamente los oponentes de la comunidad y el antagonismo que existe entre estos dos grupos queda evidenciado en la presentación que la carta hace de cada uno de ellos. La hostilidad de la comunidad hacia los ricos lleva a la conclusión de que ésta y los pobres escogidos son idénticos, mientras que los ricos son identificados con los opresores y perseguidores.
Santiago no dirige ninguna invitación de arrepentimiento a los ricos, sino que proclama su fin inevitable. En la sección de 4,13-5,6, aunque la conexión entre los negocios y la riqueza sea clara, tenemos una distinción entre la actitud de los comerciantes y la de los ricos. Los comerciantes son condenados por ser arrogantes y no tener conciencia de su contingencia y dependencia de Dios en el día del juicio (4,13-17). Los ricos serán castigados porque retienen el salario del pobre, viven en lujuria desordenada, no asisten al necesitado, lo explotan y asesinan (5,1-6). Ya la identificación de los pobres con los escogidos de Dios, la cual deriva de la tradición bíblica del proscrito despreciado, indica que para Santiago los pobres son en verdad los favorecidos que triunfarán cuando Dios invierta el orden del mundo en el juicio final. La carta es dirigida a aquellos que se entienden a sí mismos como los pobres de Dios, que fueron escogidos para heredar el Reino30.
Ahora bien, si en Santiago los ricos son definitivamente condenados, esto no ocurre en Hermas. Este libro presenta otra perspectiva de la relación de estos grupos en la comunidad. En general, los ricos son denunciados, pero su juicio es condicional, siendo en esencia una invitación al arrepentimiento y no una condenación o destrucción como en Santiago. En un primer momento, el libro afirma que el rico es responsable de ayudar al pobre y el necesitado. Los pobres son protegidos por Dios, quien escuchará sus gritos. Las dos cláusulas del octavo mandamiento: “hacerse inferior a todos” y “no oprimir al endeudado y necesitado”, importantes para una investigación de la constitución de la composición social de la comunidad de Hermas, explican no solo la teología del pobre piadoso, sino que reflejan asimismo unas de las tentativas bíblicas de trabajar teológicamente con el misterio de la debilidad y el infortunio de los fieles. El uso simbólico de estas expresiones en esta parte del libro muestra que para Hermas, al igual que para muchos otros autores cristianos, los pobres son, en algún grado, sinónimo de fieles.
La segunda parábola, por su parte, sobrepasa el deber tradicional del rico de dar al pobre al presentar la dependencia mutua entre ellos. Los ricos tienen un papel relevante en la vida de la comunidad precisamente como ricos. La preferencia tradicional por el pobre es confrontada con la convicción de que no es malo ser rico, ya que las riquezas son un medio importante de servir a Dios. La tensión teológica entre el valor de ser rico y ser pobre es resuelta por el compromiso que, en vez de combinar la debilidad de los dos lados, enfatiza la fuerza de cada uno de ellos. El rico, pobre a los ojos de Dios, no es condenado por ser rico en vista de que recibió su riqueza del Señor con un objetivo, y el pobre, sin recursos materiales, es rico espiritualmente. No obstante, cuando el rico, de sus riquezas, suple la necesidad material del pobre, y el pobre ora en favor del rico, ambos realizan la obra de Dios: el rico suple al pobre en lo material y el pobre suple al rico intercediendo de manera efectiva por él ante Dios. La riqueza del pobre y la pobreza del rico están paradójicamente yuxtapuestas de tal forma que ambos son esenciales para el trabajo común y cada uno para el otro31.
Vemos así que el retrato presentado de la relación entre el rico y el pobre en la comunidad en el Pastor de Hermas es radicalmente diferente al de Santiago. Este identifica a los pobres con los que confían plenamente en Dios, sujetos al abuso y la persecución de parte del rico y poderoso, y a los ricos como los que abusan de los fieles. Las razones teológicas de Hermas se originan en esa misma tradición: la tradición del pobre piadoso, en la cual el pobre y el humilde son preferidos y protegidos por Dios. Para Hermas, los pobres son preponderantemente aquellas personas que los ricos deben ayudar, sin embargo la segunda parábola presenta una relación de dependencia mutua entre ellos. Cada uno soporta al otro con la fuerza que posee, sea ella económica o espiritual. En general podemos afirmar que los datos presentados por Hermas no describen la situación de toda la iglesia de Roma en el segundo siglo de la era cristiana. No obstante, la manera como el libro presenta la relación entre los pobres y ricos en la comunidad representa uno de los caminos de la iglesia antigua en la búsqueda de una existencia viable dentro de su contexto social propio, en un momento en que personas de grupos sociales más elevados comenzaban a participar de la iglesia32.
José Adriano Filho
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1 Santiago describe a los ricos a partir de expresiones derivadas de las tradiciones bíblica e intertestamentaria. En el Antiguo Testamento, orgullo, riqueza e impiedad son características constantes de los poderosos. En 1 Enoc 94-104, la opresión del justo por los pecadores es descrita a partir de una estructura social más amplia: los impíos, ricos y poderosos abusan del justo, con la connivencia de los gobernantes. Véase Barton, J. The Oracles of God. London-Darton, Longman & Todd, 1986, págs. 154-178; Nickelsburg, George, W. E. Resurrection, Inmortality and Eternal Life in Intertestamental Judaism. Cambridge, Cambridge University Press, 1972, págs. 112-130.
2 Heiling, J. Hermas and Christian Prophecy. A Study on the Eleventh Mandade. Leiden, E. J. Brill, 1973; Vielhauer, Philipp. Historia de la literatura cristiana primitiva. Los apócrifos y los padres apostólicos. Salamanca, Sígueme, 1991, págs. 529-537.
3 Como introducción, Santiago 1,2-12 proporciona el principio estructurante para la carta, porque indica los temas que serán elaborados en el cuerpo principal de ella. Las conexiones verbales y temáticas entre la introducción y la conclusión de la carta en 4,6-5,12, como “perseverancia” (1,3.4/5,10-11), “perseverar” (1,12/5,11), “mente doble” (1,8/4,8), “ser humilde” (1,9-10/4,6.10), “rico” (1,10.11/5,1), “ser exaltado” (1,9/4,10), “bienaventurado” (1,12/5,11), “enorgullecerse” (1,9/4,16), “vida” (1,8/4,14), “alegría” (1,2/4,9), así como los temas “perseverancia en medio de la prueba” (1,2-4. 12; 5,7-11) y “ser humilde” y el rico (1,9-11; 4,6-5,6), indican que estas dos unidades están relacionadas estructuralmente entre sí. Santiago 1,2-12 no solo presenta los temas y palabras que serán discutidos en el resto de la carta, sino que sus conexiones lingüísticas y temáticas con 4,6-5,12 señalan que estas dos unidades forman una inclusión para el cuerpo principal de la carta y una referencia para una lectura de toda ella. Santiago 1,2-12 también presenta paralelos en relación a los temas presentados en el cuerpo de la carta (1,13-4,5): “tentación/tentar” (1,2.12/1,13-14); “fe/creer” (1,3.6/2,1.5.14-26); “fin/objetivo” (1,4/1,17.25; 2,8.22; 3,2); “sabiduría” (1,5/3,13.15.17); “dar” (1,5/2,16; 4,6; 5,18); apei y cognatos (1,5.6/4,2-3); “amar” (1,12/2,5); akatastatos (1,8/3,8.16). Véase Penner, Tood C. The Epistle of James and Eschatology. Sheffield, Sheffield Academic Press, 1996, págs. 133-149.
4 Los temas de la introducción pertenecen al contexto de vindicación (reivindicación) y juicio de Dios en la parusía, que es comprendido como un proceso que purifica al pueblo de Dios y lo prepara para participar de la comunidad escatológica. Por ejemplo, “perseverancia” significa permanecer firme en las “pruebas” que preceden el juicio de la humanidad, las cuales constituyen no solamente un preludio del fin, sino también parte de su inauguración. En este sentido, la “perseverancia” es resultado de la prueba que está ocurriendo en los “últimos días”, cuyo objetivo es probar que la fe de alguien es pura y sin falta y que llevará a la salvación en el día del juicio. Véase Penner, op. cit., págs. 145s.; Lamar Cope, O. “To the close of the age: The Role of Apocalyptic Thought in the Gospel of Matthew”, en Apocalyptic and the New Testament. Marcus, Joel-Soards, Marion L. (eds.). Sheffield, Sheffield Academic Press, 1989, págs. 113-124.
5 Dibelius, Martin-Greeven, Heinrich. James. Hermeneia. Philadelphia, Fortress Press, 1975, págs. 86s.
6 Grundmann, Walter. “Tapeinos”, en Theological Dictionary of the New Testament III, págs. 1-26 (1-5); Vouga, François. A Carta de Tiago. São Paulo, Edições Loyola, 1996, págs. 53-55. Véase también Krüger, René. “La proclama de una inversión total. La estructuración de Lucas 6,20-26”, en RIBLA (San José, DEI) No. 8 (1991), págs. 27-38.
7 Nogueira, Paulo, “O grito do salário. Conflito no mundo do trabalho em Tiago 4,13-5,6”, en Estudos Bíblicos No. 44 (1994), págs. 79s.; Dibelius-Greeven, op. cit., págs. 84s.
8 Algunos elementos estructurales demuestran que Santiago 4,6—5,12 es la conclusión de la carta. Santiago 4,6 proporciona la transición para las imágenes proféticas que concluyen la carta, uniéndolas a lo que viene antes y está explícitamente conectado con lo que sigue. Presenta asimismo varios paralelos con 1,2-12: “humilde” (1.9-11/4,6); “humilde” y “rico” (1,9-11); “soberbios” y “humildes” (4,6). En 1,9-10 el humilde es exaltado y el rico humillado. De forma similar, en 4,6 los soberbios se oponen a Dios, sin embargo al humilde se le concede gracia. Hay también conexiones entre 4,6 y 5,6: los dos pasajes son paralelos y marcan el comienzo y el final del discurso de advertencia y juicio. Finalmente, el uso de “por tanto” (5,7) liga 5,7-12 con 5,1-6 y hace de 5,7-12 no la conclusión de la carta sino del argumento que se extiende de 4,6 a 5,6, cuyo tema es la denuncia escatológica de los ricos. La quiebra del pensamiento que ocurre en 5,13 al cambiar el asunto hacia el bienestar de los destinatarios, inicia la conclusión epistolar. Véase Penner, op. cit., págs. 149-158; Alonso Schökel, L. “James 5,2 and 4,6”, en Biblica No. 54 (1973), págs. 73-76.
9 Por esa razón, es claro que en la exhortación a ser paciente y esperar la venida del Señor, Santiago anticipa el juicio escatológico inminente. Dios espera que su pueblo esté preparado y humilde. El se opondrá al soberbio y el fiel será encontrado humilde (4,7-12). La tentativa de usurpar el lugar de Dios es el pecado del soberbio y Dios se opone a él también. En este contexto, la exhortación a la pureza consiste en un llamado a la salvación a la luz del juicio inminente de Dios, en el cual ocurrirá la inversión del orden presente. Los fieles deben garantizar que estén en el lugar exacto cuando llegue el día del juicio: alguien, para ser exaltado en aquel día, debe ser hallado humilde. Véase Penner, op. cit., págs. 160s.
10 Westermann, Claus. Basic Forms of Prophetic Speech. Philadelphia, Fortress Press, 1977, págs. 129-198.
11 El lenguaje comercial de Santiago 4,13 es una reminiscencia de Ezequiel 27-28, un texto donde el comercio está unido con el orgullo y la arrogancia. Precisamente por causa de la riqueza, el arrogante rechaza cualquier poder sobrenatural sobre su vida. En Apocalipsis 18, la ruina de Babilonia es resultado de su propio orgullo, orgullo y soberbia que nacen de saber que se tiene el poder político y el poder económico totales, los cuales se ostentan sin reconocer ningún tipo de poder superior. Véase Nogueira, Paulo. “La realización de la justicia de Dios en la historia”, en RIBLA (San José, DEI) No. 11 (1992), págs. 113ss.; Penner, op. cit., págs. 172-174.
12 Vouga, François, A Carta de Tiago. São Paulo, págs. 133-137.
13 Croatto, José Severino, “El discurso de los tiranos en textos proféticos y apocalípticos”, en RIBLA No. 8 (1991), págs. 39-53.
14 La noción de un día de matanza, en el cual Dios vendrá y festejará sobre sus enemigos, es un tema profético común (Isaías 34,5-8; Jeremías 50,25-27; Ezequiel 39,17-20; 1 Enoc 94,8-9; Apocalipsis 19,17-18). De forma similar, Santiago 5,5 se refiere al tiempo del juicio que ellos están preparando para sí mismos. Véanse Dibelius-Greeven, op. cit., págs. 238s.; Vouga, op. cit., págs. 142s.
15 Nogueira. “O grito do salário...”, op. cit., págs. 83s.
16 Penner, op. cit., págs. 175-181; Vouga, op. cit., págs. 139-144.
17 Nogueira. “O grito do salário...”, op. cit., pág. 85; Vouga, op. cit., pág. 81.
18 Dibelius-Greeven, op. cit., págs. 39s.
19 Heiling, op. cit., págs. 21-26; Osiek, Carolyn. Rich and Poor in the Shepherd of Hermas. An Exegetical-Social Investigation. The Catholical Biblical Quarterly Monography Series, s. d, págs. 6-14.
20 Osiek, op. cit., págs. 39-45; Hauck, Friedrich-Kasch, Wilhelm. “Ploutos, plousios, plotew”, en Theological Dictionary of the New Testament VI, págs. 330-332.
21 Véanse Sirácida 15,1-8; 1 Clemente 23,1-5; Hermas Visiones 3,3.2; 3.3.4; 3.4.3; 3,10.9; 4,1.4; 4,2.4.6; Mandamientos 9,10.1-2; 11,1.13; Parábolas 6,1.2; 8,9.4; 8,11.3; 9,21.2; Didajé 4,4; Bernabé 19,5; 1 Clemente 11,2; 2 Clemente 19,2… Es interesante observar que los pasajes que vinculan las riquezas y los negocios están ligados con la preocupación ética fundamental de Hermas, dipsykia. En el contexto de Hermas, dipsykia parece significar la incapacidad para decidir y obrar en un camino u otro, en favor o contra el Señor. Santiago 1,5-8 también usa la expresión dipsychos y afirma la necesidad de tener fe y no dudar, pues el que duda es dipsychos, inestable en sus caminos. En Santiago dipsychos significa lo opuesto de ser perseverante y fiel a Dios en las pruebas. Dipsychos es alguien a quien falta fe y perserverancia. Tal persona no persevera hasta el fin y, en consecuencia, permanece bajo juicio. Igualmente, a esta persona le falta sabiduría, una característica esencial de los que perseveran, lo que la hace permanecer en el mismo nivel del rico/arrogante. Véanse Seitz, Oscar. “Relationship of the Shepherd of Hermas to the Epistle of James”, en Journal of Biblical Literature No. 77 (1944), págs. 131-140; Porter, Stanley E. “Is dipsychos (James 1,8; 4,8) a ‘Christian World’”, en Biblica No. 71 (1990), págs. 469-498.
22 Osiek, op. cit., págs. 47-55.
23 La realidad social de la relación acreedor/deudor es utilizada para describir la relación entre el rico y el necesitado en la comunidad cristiana. Véase Osiek, op. cit., págs. 65-68. Véase también Keck, Leander C. “The poor among the saints in the New Testament”, en Zeitschrift für die neutestamentlich Wissenschaft No. 56 (1965), págs. 100-129.
24 Véanse Mateo 18,23-25; 21,12-13; 25,41-46; Lucas 16,19-31; Didajé 5,2; Bernabé 20,2.
25 La aprehensión de los bienes y la esclavización por causa de deudas todavía prevalecía, en especial para aquellos que se habían vuelto débiles socialmente. En el contexto de Hermas, la economía era muy dependiente del flujo inmediato de préstamos e inversiones en todos los niveles de la sociedad. De este modo, Hermas habla teológicamente de su situación y retoma las Escrituras Hebreas, donde halla un tema que refleja las mismas circunstancias de la comunidad fiel. Véase Osiek, op. cit., págs. 68-86.
26 1 Clemente 38,2: “El fuerte cuide del débil y el débil respete al fuerte; el rico socorra al pobre y el pobre agradezca a Dios porque le dio alguien para suplir su indigencia”, se asemeja al lenguaje y el pensamiento de la segunda parábola cuando habla de que el rico debe ayudar al pobre, sin embargo no habla de la contribución recíproca del pobre para con el rico.
27 Osiek, op. cit., págs. 84s.
28 Osiek, op. cit., págs. 85s.
29 Osiek, op. cit., págs. 87s.
30 Dibelius-Greeven, op. cit., págs. 39-44.
31 Osiek, op. cit., págs. 88s.
32 Osiek, op. cit., págs. 91-135; Hengel, Martin. Property and Riches in Early Churches. Philadelphia, Fortress Press, 1974. |