Para que la memoria histórica
de la resistencia de las mujeres sea guardada...
Génesis 38
Haidi Jarschel
Resumen
El artículo interpreta Gn 38 en un marco feminista de lectura del AT. Según la autora, Gn 38 refleja, simultáneamente, los mecanismos de exclusión de la casa patriarcal y las formas de resistencia sabias y subversivas encontradas por las mujeres —en el caso de Gn 38, por Tamar—para la garantía de la sobrevivencia y de una existencia digna.
Abstract
The article interprets the text of Gn 38 from a feminist perspective of the Old Testament reading. According to the author, Gn 38 reflects, simultaneously, the mechanisms of exclusion of the patriarchal household and the forms of wise and subversive resistance found by women —in the case of Gn 38, by Tamar— to guarantee their survival and a dignified existence.
En los fragmentos historiográficos sobre y de las mujeres, existe una discusión que permea la historia: su papel en la sociedad, en la pólis, en la ciudad... En la historiografía de los pueblos poco queda sobre la memoria de las mujeres en su “rol público”. Y cuando aparece ,es de forma negativa, peyorativa. En las sociedades de corte patriarcal los espacios de poder están vinculados al espacio público y a los hombres, que por allí circulan libremente y legitimados. La afirmación patriarcal de que las mujeres están ligadas a la naturaleza y a los hombres es hecha por la cultura, y parece tener sentido en esta lógica. La forma como se estructuran las sociedades en su dimensión político-cultural hace desaparecer a las mujeres de la participación de esta construcción. Y cuando ellas aparecen, generalmente están relacionadas con cuestiones “irrelevantes” a partir de la mirada y del enfoque masculinos.
El modelo de ciudadanía en las sociedades patriarcales excluye a las mujeres de la participación y de la comprensión de los sujetos sociales. Esto se refleja en la ausencia de las mujeres en la historiografía. Nos hacen creer que somos irrelevantes históricamente y que, como sujetos sociales, poco hemos creado, participado y contribuido. Pero tenemos fragmentos de memoria de la resistencia femenina desparramados por todos los rincones, de forma oral o escrita, con marcas de sangre o de mito. En el principio de la modernidad tenemos la más fuerte resistencia y organización de las mujeres en Francia, donde una de sus principales representantes fue llevada al patíbulo. Olympe de Gouges (1748-1793) escribe la primera Declaración de los Derechos de la Mujer, y en el artículo VI expone claramente la discusión sobre la ciudadanía de las mujeres dentro del principio de la Revolución Francesa de la Igualdad, Fraternidad y Libertad: “la ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos deben contribuir personalmente o a través de sus representantes a su formación: todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, siendo iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, lugares y funciones públicas, según sus capacidades y sin otras distinciones que aquellas que vienen de sus virtudes y de sus talentos”.1 Esta osadía, lucidez y coraje de las mujeres francesas las llevó al patíbulo por orden de los “ciudadanos” franceses...
En la tradición bíblica no es diferente. Todavía no había patíbulos pero sí apedreamientos y hogueras... para las mujeres que se atrevieran a escabullirse del espacio a ellas destinado, la bet-’ab (casa del padre) en el AT y el poder paterno en el NT. La sociedad tenía marcadamente un corte patriarcal y las memorias de las mujeres, en su mayoría, son memorias de las subversiones y desvíos en la dinámica patriarcal. La búsqueda de la ciudadanía a ellas negada está presente en los relatos o fragmentos de relatos del AT y del NT, y en los apócrifos.
El trabajo de edición y redacción final para guardar la memoria de todos los sectores de la sociedad, muchas veces, quiere hacer desaparecer las memorias de las mujeres, de los pobres, de los excluidos. Pero la presencia social de estos excluidos es más fuerte que el trabajo redaccional. Los fragmentos de memorias no pudieron ser borrados de la tradición. Muchos textos o fragmentos de textos nos revelan la presencia de las mujeres, más que su presencia, su actuación, para garantizar su existencia en una sociedad patriarcal. ¡Sus actos subversivos no pueden ser borrados del todo en la tradición de aquel pueblo!
El texto de Génesis 38 es un ejemplo bastante claro de estas tentativas. Se encuentra, aparentemente, descolocado respecto de la tradición de José que empieza en el capítulo 37. ¿Qué hace este texto en aquel lugar, aparentemente sin conexión con lo demás? El lugar de Gn 38 en este bloque que habla de la venta de José quiere justamente poner en relieve y evidencia las injusticias cometidas por la casa de Judá. El texto hace escuchar la memoria de mujeres que, a partir de esta narración, reflejan el mecanismo de exclusión de la bet-’ab y las formas encontradas por las mujeres para garantizar su sobrevivencia y una existencia digna. El texto es pura subversión y sabiduría del sector femenino excluido. La presencia de este texto muestra que no fue posible oscurecer la fuerza de la resistencia sabia de determinados grupos de mujeres. La crítica es dirigida a la casa de Judá— a la monarquía iniciada por David.
Me gusta este texto de Tamar, porque se ve en este relato a un grupo de mujeres que pone en evidencia, reflexiona y resiste a la orden patriarcal. Refleja no solamente la amenaza a su vida, sino también a la sociedad. La amenaza pesa sobre el cuerpo violado y excluido. La violencia y la garantía de vida atraviesa el cuerpo de esta mujer. Esta memoria se nos presenta en varios hechos, develando los mecanismos de la opresión contra Tamar y sus posibilidades de obstaculizar el orden establecido.
1er acto – El orden
En el texto de Gn 38 el orden social es patriarcal. La bet-’ab de Israel prevé su perpetuación a través de la producción y reproducción. Las mujeres tenían la función social de la reproducción que garantizaba la continuidad de la familia. La propiedad de la tierra estaba bajo el sistema hereditario patrilineal, por eso la centralidad del tema de la herencia y de la primogenitura masculina. La garantía de la vida se daba esencialmente por la tierra— el locus de la teología veterotestamentaria preexílica. La vida de hombres y mujeres en esta economía agraria dependía exclusivamente de la tierra. Empero, la discusión tiene otra veta antropológica y teológica para hombres y mujeres. La amenaza de la muerte para las mujeres era mayor que para los hombres.
La posibilidad de la sobrevivencia para las mujeres atraviesa su cuerpo. El acceso a la tierra para las mujeres pasaba por su capacidad reproductora. Desde el punto de vista del género no se puede hablar de tierra sin hablar de cuerpo. La distribución de la tierra, y el acceso o no a ella, pasa antropológicamente por las mujeres y políticamente por los hombres. Sin herederos no hay continuidad del clan, no hay herencia, no se garantiza la tierra. Estos herederos dependen de la capacidad reproductora de las mujeres. Recíprocamente, la garantía de sobrevivencia de ellas dependerá de que generen hijos que puedan heredar la tierra. El sistema de herencia y acceso a la tierra en este orden patriarcal es una amenaza social para todos, para las mujeres y para el clan que es el núcleo social básico. Y en este sistema las mujeres son pasadas de un lugar para el otro, quedando a la merced de las negociaciones políticas de los hombres. Los hombres negocian políticamente la pertenencia de sus mujeres, hijas, esposas, nueras, viudas... El orden social asegura a los hombres la negociación política de las propiedades.
La discusión del orden está entrelazada con la de la propiedad y del lugar social de las personas. ¿Quién puede tener acceso a la propiedad en este sistema en donde la tierra y el alimento no tienen función social sino lucrativa? El orden social representado por el texto violenta el derecho de las mujeres a la vida. El derecho y el poder corren juntos por el mismo carril, para garantizar el privilegio de un grupo, hasta que algo o alguien se atreva y provoque el descarrilamiento. Alguien necesita interrumpir y molestar constantemente el orden.
El orden patriarcal neoliberal en América Latina también atraviesa el cuerpo de las personas y, especialmente, de las mujeres. La violencia estructural ha causado la violencia cotidiana que alcanza especialmente a jóvenes, niños, ancianos, mujeres y grupos étnicos. La “casa del padre” latinoamericana está en riesgo. El semen de vida de Onán es tirado fuera, no quiere ser fecundado para generar vida. Los Er, Onán, Judá latinoamericanos están poniendo en estado de exclusión la continuidad de la vida de las mujeres y de toda la sociedad. El orden neoliberal es de exclusión social de la mayoría y de autoeliminación de la misma.
2do acto - Mecanismos de exclusión: la violencia contra el cuerpo de las mujeres
La vida de las mujeres en la bet-’ab está amenazada. Es esto lo que el texto de Tamar quiere decir. El cuerpo de Tamar es violado varias veces y de varias formas en esta memoria. Sufre violencia dentro de la propia familia, el sistema básico de esta sociedad. Una de las grandes violencias contra las mujeres es el sistema del casamiento que exige la mudanza de Tamar a otro clan desconocido. Otro grande riesgo para su vida es la viudez, seguida por la negación del rescate por parte de su cuñado Onán. El no respeto a sus derechos es atribuido a Judá que la devuelve a la casa paterna, lugar donde su vida también estaba en peligro por no tener derecho al acceso a la tierra. La acusación del embarazo y el riesgo de ser quemada por esto es la gran violencia legal contra las mujeres. De todos modos ellas están rodeadas por la violencia, institucionalizada o no.
La continuidad del clan se va haciendo inviable por la muerte de los hombres. ¡Irónico! El orden de los hombres se elimina por ellos mismos. ¡El orden se elimina por sí mismo! En este relato de Gn 38 el orden patriarcal es colocado como trampa de sí mismo. Dios está contribuyendo a esta destrucción. Todos los hombres, bajo la óptica teológica del texto, son presentados negativamente:2
v. 7 – Er, el primogénito de Judá es considerado perverso. Es muerto por el Señor.
v. 10 – Onán, el segundo hijo, actúa mal a los ojos del Señor y también muere.
Judá, en todos los versículos, es el centro de las atenciones del texto. A este personaje se atribuyen todas las quiebras del orden tribal y familiar garantizadas en la legislación tribal:
- vende al hermano (Gn 37,26-27)
- engaña al padre (Gn 31,31-35)
- se separa del clan (Gn 38,1)
- no garantiza el derecho de la mujer (38,11)
- entrega los símbolos del patriarca a la prostituta sagrada (38,18)
- pretende aplicar el rigor de la ley del adulterio cuando toma conocimiento del adulterio de Tamar (38,24)
- suaviza el uso de la ley, a su favor, cuando adultera con la nuera (38,25-26)
La exclusión de Tamar de esta casa se da en dos momentos: por la negación de sus derechos de tener un hijo, y cuando ella está embarazada en la condición de viuda de la casa de Judá. La base filosófica de la ley que rige la casa deja pocas posibilidades para las mujeres. La ley es clara: la casa es del padre (bet-’ab). La parcela mayoritaria del poder es del padre. Las mujeres, los esclavos, los niños deben adecuarse a la ley para poder sobrevivir. Tamar es:
- devuelta a la casa paterna sin nada, desheredada de la casa de Judá;
- arrancada de su casa paterna para ser apedreada en el pórtico de la ciudad, acusada de adulterio.
Los hombres del clan de Judá negaron el derecho de la mujer como parte de este clan, como preveía la ley tribal del levirato. Pusieron la vida y la dignidad de esta mujer en riesgo. En peligro estaba también la continuidad de este clan con la muerte de todos los hombres sin dejar descendencia. La ley del levirato tiene como base filosófica el sistema patrilineal de las comunidades domésticas, pero es la única ley que garantiza la seguridad de las mujeres en este sistema donde ellas circulan por las propiedades de los hombres. También ellas son tratadas como propiedad del clan, siendo su valor definido por la capacidad reproductora. En las comunidades domésticas las relaciones culturales se determinan por las relaciones que los grupos tienen con la tierra. La propiedad de la tierra va a determinar los valores de las funciones sociales del hombre y de la mujer, porque la tierra es el bien valorado en aquella sociedad. Y está por derecho en la mano de los hombres, de algunos pocos hombres.
La reflexión de Gn 38 es un análisis de coyuntura muy bien articulado por las mujeres de aquel sistema social. Hace la crítica del papel de ellas y explica cómo las leyes rigen aquel sistema. Denuncia el no cumplimiento de la ley y las sutilezas del mecanismo de exclusión. Cabe a nosotros aprender del grupo de Tamar para hacer nuestra crítica y denuncia del mecanismo social que atraviesa los cuerpos de las mujeres. Hoy no es más la tierra la que está en juego como bien de valor. El sistema económico y político ya no construye su centro de poder en la tierra como en la sociedad israelita. Hay otro centros, pero los cuerpos de las mujeres están en riesgo de la misma forma.
El acto de mirar a partir de los cuerpos sacrificados de las mujeres en Brasil nos lleva a una identificación muy grande con la memoria de Tamar. Vivimos constantemente en situación de Tamar y también hablamos cada día más acerca de nuestros dolores y de nuestros derechos violentados. Especialmente el 28 de mayo, “Día de la lucha contra la violencia contra la mujer”. Hablamos de la alta tasa de mortalidad materna en Brasil (100 mil partos = 200 mujeres mueren); de la 4ta causa de la mortalidad de las mujeres debido al aborto. Denunciamos la violencia que aparece en las páginas de los diarios y de la violencia subliminal y sutil de la cultura sexista y racista en la cual sufrimos cotidianamente. Uno de los lugares donde eso pasa es en el interior de las religiones, especialmente en el cristianismo, que con sus discursos predominantemente patriarcales va subestimando la sabiduría de las mujeres y su capacidad de crear la vida.
Las trampas de la ley patriarcal en contra de las mujeres son interminables, pero tienen sus baches. Y es por los baches por donde vamos conquistando nuestro espacio y formulando nuestros proyectos. Nuestra lucha por la vida y la dignidad no se da mayormente en los caminos de la oficialidad, sino en los baches que no son vistos por los ojos desatentos.
3er acto —La resistencia sabia— despertar para la conciencia histórica y el derecho a la ciudadanía
“Resistencia, poesía y dolor, sufrimiento y esperanza, silencio y gritos, muerte y vida, son los componentes de toda existencia humana y de manera especial, por su colorido e historia, expresión de existencia cotidiana de las mujeres del continente afroindiolatino” (Ivone Gebara).
La recuperación de la historia de vida y de la ciudadanía de las mujeres es un acto de contar su resistencia cotidiana para sobrevivir en esta sociedad patriarcal. Así como la narración de Tamar es la memoria paradigmática de muchas mujeres en el seno de aquella sociedad, también hoy tenemos muchos relatos que están de forma invisible en la historiografía masculina. Es necesario tener oídos para oír, y ojos para ver la lucha de resistencia, en gran parte silenciosa, de las mujeres en este continente.
Tenemos mucho que hablar respecto de la resurrección de la dignidad de la mujer. Ella va aconteciendo especialmente fuera de las instituciones patriarcales y de varias formas:
1. El movimiento de mujeres desparramado por toda América Latina de a poco va recuperando la capacidad de la mujer de decidir sobre su vida a partir del compartir sus opresiones cotidianas. Los innumerables grupos, asociaciones, sindicatos de mujeres de Brasil, tienen un papel fundamental en la interferencia, en la denuncia y en el recogimiento de compañeras que están sufriendo con la injusticia de género, clase y etnia. La experiencia de estar juntas, de tener un nuevo referente afuera de la familia, fortalece su resistencia y esperanza para dar otro rumbo a su vida.
2. Arrancar los instrumentos patriarcales de la mano de los grupos que detienen el poder. Tamar nos enseña que su vida es salva porque consiguió arrancar el bastón, el cordón y el sello (símbolos del patriarcado) de Judá. Arrancar los instrumentos de la mano de los que crean y preservan la opresión requiere de las mujeres:
_ salir del papel de pares de la violencia de género, etnia y clase. Las mujeres no son solamente víctimas de la violencia, ellas son pares. Por lo tanto necesitamos cambiar de par.
_ tener un profundo conocimiento de los mecanismos de opresión, especialmente de los que se hacen transparentes a través del cuerpo jurídico que rige la sociedad, para construir un cuerpo legal que favorezca la justicia de género, y hacer valer legalmente nuestro derecho.
_ crear distancia respecto del modelo de familia patriarcal, y de la casa como lugar natural de la mujer. Alejarse de la domesticidad naturalizada socialmente significa andar por los baches en búsqueda de nuevos caminos. Es una ruptura muy importante y una entrada de luz en la vida de las mujeres. Tenemos actualmente, en Brasil, una estadística según la cual el 30% de las familias son constituidas por la madre y los hijos (con alguna participación de la abuela, de la tía o de la hermana), mientras que esta evidencia todavía no da cuenta de crear una posibilidad cultural de familias diferente del modelo conocido en el occidente. Para muchas permanece el deseo de tener un hombre en la casa, para imponer respeto.
3. Construir nuestra identidad y ciudadanía a partir de nuestra historia de resistencia. Guardar insistentemente en la memoria la sabiduría de las mujeres para que todas las otras mujeres sepan que hay actos de obstrucción desparramados en todos los lugares. La sabiduría de las mujeres no puede ser borrada de la memoria o quemada como en el Medioevo. El acto de preservar la sabiduría de las mujeres es una acción para posibilitar la conciencia histórica, que es fundamental para sacar las coartadas de las manos de aquellos que detienen una gran porción de poder en contra de la vida de la mayoría. Las mujeres afroindiolatinas tienen culturalmente el gran conocimiento del arte de preparar la comida. El conocimiento de preparar alimentos en una comunidad indígena o tribal es central para preservar la vida. Este conocimiento tiene una función social muy importante, mientras que en la sociedad urbanizada la cocina se transformó en lugar de segunda categoría. ¡Es el lugar de la mujer! Ambos descalificados, la mujer y el espacio. Es el lugar de la mujer que ejercitan su conocimiento, su sabiduría, para alimentar a la familia con el poco que logra sacar de la plantación o del salario. En el ámbito de las mujeres pobres, es el lugar del milagro.
Así como la cocina, también los conocimientos y los espacios que la mujer ocupa son descalificados como conocimientos y como espacios socialmente importantes. Nuestra sabiduría es descalificada por la cultura y por nosotras mismas. Asimilamos el discurso falocrático. Necesitamos devolver el poder a la sabiduría y a los espacios ocupados por la gran mayoría de las mujeres. La acción de muchas mujeres es conquistar los espacios masculinos como una estrategia para imponerse. Esto no es suficiente: necesitamos devolver el poder y la calificación valorativa al lugar donde la mayoría de las mujeres están ubicadas. En los campos, en las cocinas, en las escuelas, en las luchas concretas por la vida, en los movimientos, en los asientos de las iglesias latinoamericanas, donde la mayoría que está sentada son mujeres...
4. Tener el coraje para hacer una trampa para el “poder paterno”como Tamar hizo con Judá. La subversión es parte de la historia de las mujeres. Escuchando las historias de vida de las mujeres en las periferias o en el interior de este país, queda en evidencia que la cultura falocrática es violenta y actúa en todos los niveles, violencia que se puede percibir en la exteriorización y la violencia que se constituye como parte de la cultura. La violencia es constitutiva del orden social falocrático y a las mujeres les toca encontrar medios subversivos para asegurar sus sobrevivencia psicológica y física. Se suma a esto la realidad de la pobreza, del desarraigo cultural provocado por las migraciones, de la urbanización que masifica. Una de las trampas al “poder paterno” que las mujeres con más edad, con más de cuarenta, están armando es la búsqueda de la alfabetización. Estas mujeres ya criaron a sus hijos y ya intentaron de todo para mantener su hogar en paz, ya probaron todos los tipos de anulación de su identidad personal. Pasan a otra etapa de su vida, procurando realizar, a los cuarenta o a los cincuenta, sus sueños de niñez y juventud. El gran sueño: poder estudiar, ir a la escuela, aprender a leer y escribir. Al frecuentar la escuela (bachilleres para adultos, educación a distancia) van retomando su perspectiva de vida, mejorando su autoestima, creando relaciones sociales fuera del espacio doméstico. Un día una mujer de sesenta años me dijo: “!Ahora yo me siento gente de verdad!” Frecuentar la escuela tiene un significado simbólico respecto del espacio que antaño le fuera negado por ser mujer. El acceso al conocimiento y la posibilidad de la disputa democrática por los espacios públicos le dan de hecho la ciudadanía.
5. Tamar se puso el velo de prostituta sagrada y resignificó aquel símbolo y este sujeto social con el propósito de salvar su vida. Transformó el carácter de la prostitución sagrada en la necesidad concreta de su vida que estaba en riesgo. Bajo la religión al “piso” de la vida cotidiana. El grupo que elaboró esta memoria de Gn 38 fueron teólogas que a partir de su cuerpo excluido pudieron reformular el sentido sagrado que da respuestas concretas a la vida. La prostituta sagrada (qedeshá) tiene sus significados cambiados en la historia; en general están relacionados con la fertilidad de la tierra y de las mujeres. En algunos momentos ellas son más protagonistas que en otros. Variablemente están al servicio de los sacerdotes y de la religión. Tamar, el nombre dado a esa mujer paradigmática por las teólogas de nuestro texto, significa Palmera, cuyo símbolo es el de la fertilidad y de la vida. Estas teólogas desafían el sentido de la teología y de la religión a partir de su experiencia de mujer excluida. Dicen a todas las mujeres de su pueblo que es posible interferir en los significados y en los sistemas religiosos a partir del contexto. Hacen teología contextualizada y feminista. Osan tejer palabras libertarias y actos que pueden costarles la vida, en caso de que no estén estratégica y sabiamente armadas con los elementos de aquellos que detienen una mayor porción de poder.
4 to acto – La justicia del género: “Más justa es ella que yo”
“A partir de nuestro cuerpo y las relaciones de trabajo, familia, sexualidad, poder, no temer la confrontación con las instituciones masculinas que violan y excluyen” (Nancy Cardoso Pereira, 1992: 92).
El caso va al tribunal popular de los ancianos. En el portón de la aldea, donde juzgaban las causas populares, familiares, de los clanes... Allá están Tamar y Judá, cara a cara. La rea es la mujer que cometió adulterio y puede ser apedreada hasta morir. ¡Una escena de un drama! Judá dispuesto a todo, requiriendo pena máxima por el adulterio de la nuera, sin piedad. La causa juzgada no era él, que había negado y engañado a su nuera en su derecho de ser rescatada. Ella era la culpada. ¿Culpada por haber planeado su sobrevivencia dentro de la ley? Tamar demuestra quién es el verdadero culpado y quién de hecho debe ser juzgado. La escena debe dejar a Judá compungido, pues tiene que reconocer delante del consejo de ancianos que Tamar es justa.
El reconocimiento de la justicia provocado por Tamar se dio solamente después que le sacaran a Judá todos los instrumentos que lo legitimaban como patriarca. Su pronunciamiento sobre la justicia de Tamar fue partir de la fragilidad en que él se encontraba. Judá tuvo que ser desarmado de su parcela de poder patriarcal, tornarse frágil, sin máscaras, sin protección de su condición social, para solamente entonces reconocer la acción justa de Tamar. Si Tamar no le hubiera sacado los instrumentos de “mando” de la mano de él, ¿habría mantenido aquella postura frágil? ¿No hubiera insistido en el apedreamiento o hasta en la muerte de su nuera?
La acción de hacer justicia fue su radicalidad. No había otra forma de acción para preservar los derechos y la vida de esta mujer. Actos de justicia exigen radicalidad, perspicacia y coraje. También es fundamental saber de sus derechos en la sociedad en la cual uno está inserto. Tal vez ni todas las leyes sean justas, o buenas para una parcela de la sociedad. Me parece que Tamar sabía de sus derechos en la sociedad israelita y los llevó a término. Al mismo tiempo queda en evidencia la fragilidad de la misma ley, y la manera como ella depone contra Judá. Él cometió incesto y podría ser castigado por aquel tribunal. El texto termina sin decir si Judá fue castigado o no.
La palabra utilizada para justicia en el v.26, en relación con Tamar, es sedaqá, que en el AT aparece siempre junto al nombre de Yavé, cuando hace justicia. En este texto es la única vez que aparece sin Yavé, lo que es un indicativo teológico muy importante. La justicia de la qedeshá (mujer prostituta), de Tamar excluida del derecho de la bet-’ab de Judá, es el sujeto de la justicia divina. El develar de las máscaras del patriarcalismo de Judá es teología de la justicia en la tradición de las mujeres israelitas. La comprensión de la justicia divina (justicia de Yavé) articulada en este relato viene a partir del cese de relaciones de género, teologizado por las mujeres autoras-sujetos de esta memoria. La lucha por el derecho a la vida, de las mujeres, es transformada en teología en este texto. Tamar hace sedaqá como lo hace Yavé.
Bibliografía
Gebara, Ivone, Levanta-te e anda. São Paulo, Edições Paulinas, 1989, 38p.
Georgi, Bárbara y Jost, Renate, “Tamar - eine Frau kämpft für ihr Recht”, en Feministich gelesen, vol. 2, Stuttgart, Kreuz Verlag, 1989, pp. 40-45.
Mulheres e a construção dos Direitos Humanos(As), CLADEM, 1993
Pereira, Nancy Cardoso, “O que esta mulher está fazendo aqui?”, en O que esta mulher está fazendo aqui?. São Bernardo do Campo, Editeo, 1992, pp.87-93.
Saffioti, Helleieth y Almeida, Suely Souza, Violência de gênero. Rio de Janeiro, Revinter, 1995, 218pp.
Haidi Jarschel
Rua Rio Preto 382
Santo André - SP
09060-090
Brasil
Traducido por: Mariela Pereyra
Notas
1 Cf. Olympe de Gouges, “Declaração dos Direitos da Mulher e da Cidadã”, en As Mulheres e a construção dos Direitos Humanos, CLADEM, 1993.
2 Ver Nancy Cardoso Pereira, “O que esta mulher está fazendo aqui?”, en O que esta mulher está fazendo aqui? São Bernardo do Campo, Editeo, 1992, p.89.
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