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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Un Año Jubilar: Perspectiva urbana

Carmiña Navia Velasco

Resumen
El artículo realiza una propuesta sobre el Jubileo, partiendo de la convocatoria por parte de Juan Pablo II, en su texto Tertio Milenmio Adveniente. A partir de este mismo texto, se profundiza en el sentido bíblico original del Jubileo. A partir de allí, se formulan cuestiones sobre cuál y cómo sería el Jubileo que se puede anunciar a nuestras ciudades latinoamericanas de este fin de milenio, cuáles serían las condiciones y las especificidades de esta festividad. La propuesta se ilumina con una relectura urbana de Isaías 60-62, siempre situándonos en la vida de nuestras ciudades hoy: ciudades multiculturales, globalizadas y atravesadas por una inmensa realidad de pobreza.

Abstract
The article propounds a proposition respecting the Jubilee, based on the convocation of John Paul II, in his text Coming of the Third Millennium.  Using this same text, the original biblical meaning of the Jubilee is pondered and questions are raised about the jubilee to be proclaimed to our Latin-American cities, that is to say, which jubilee, how it would come to pass, what would be the conditions and specifications for this close of the millennium festivity.  The proposition is illuminated with a rereading, from the urban prospective, of Isaiah, chapters 60, 61 and 62; always situated in the life of our cities today: multicultural, global, and plagued by an overpowering reality of poverty.

 

El mundo cristiano se apresta a realizar a lo largo del año 2000 un Año Jubilar. Qué significa esto en el mundo moderno, en la realidad de nuestras sociedades? En un mundo en el que los creyentes ya no son ni la totalidad, muchas veces ni siquiera la mayoría...qué sentido puede tener esta tradición bíblico cristiana del Jubileo? Para que esta iniciativa no caiga en el vacío, se hace necesario detenernos en ella y tratar de comprenderla a fondo, para lograr testimoniarla. La pregunta a la raíz de estas reflexiones, sería: ¿qué puede suponer y significar para nuestras ciudades latinoamericanas, en los finales del presente milenio, el que los cristianos queramos celebrar un Año Jubilar?
En su convocatoria al Año Jubilar, Juan Pablo II, dice: “Una de las consecuencias más significativas del Año Jubilar era la emancipación de todos los habitantes necesitados de liberación”1. Esa emancipación hoy: ¿cuál es? ¿cómo se puede lograr? ¿qué exige para nosotros creyentes la proclamación de este Jubileo 2.000?
Indiscutiblemente las raíces de esta simbología y de esta fiesta, están en la Biblia. La pregunta obligada es entonces: cuál es la raíz y el sentido del Jubileo bíblico? Y en el caso concreto nuestro: qué significó el Jubileo para la ciudad bíblica? Es claro que en un artículo no se puede agotar esta significación... por ello, realizaremos ciertos cortes que nos ayuden a mirar esta práctica en momentos y situaciones concretas.
Miraremos también cómo la Iglesia puede dialogar, desde su tradición , con estas situaciones del hombre y la mujer que actualmente serían alegradas y bendecidas con la llamada del cuerno o la trompeta que anuncien la entrada a un tiempo jubilar. Lo que pretendo entonces es señalar algunos retos que nos ayuden a situarnos en sintonía bíblica con las angustias y necesidad de liberación del mundo actual.

 

1.      Sentido bíblico del Jubileo
En la misma ocasión, Juan Pablo II nos dice: “es sabido que el Jubileo era un tiempo dedicado de modo particular a Dios”. Veamos esto cómo se entendió en el momento mismo del surgimiento de esta práctica. Aunque hay varios pasajes bíblicos que hacen referencia al Jubileo, es obligado tomar como punto de partida, Levítico 25: “harán sonar el cuerno de carnero por toda su tierra. Declararán santo el año cincuenta y proclamarán en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para ustedes un Jubileo; cada uno recobrará la posesión de sus tierras regresará a su familia. Este año será para ustedes un Jubileo: no deberán sembrar, ni cortar el trigo, ni podar los viñedos, ni recoger sus uvas, porque es un año santo y de liberación para ustedes.
En este año de liberación todos ustedes volverán a tomar posesión de sus tierras. Si alguien vende o compra a otra persona algún terreno, no trate de aprovecharse de ella...
Ninguno de ustedes dañe a su prójimo, antes bien teman a Dios, pues yo soy Yhwh, su Dios. Cumplan mis preceptos, guarden mis normas, así vivirán tranquilos en el país. Y la tierra dará su fruto y ustedes vivirán tranquilamente en ella”2.  Nos encontramos en este texto, una densidad de significación que es necesario tener presente a la hora de comprometernos a celebrar un Año Jubilar.
En primer lugar quiero destacar que se trata de un año santo, dedicado a Dios. Ahora bien, el tiempo de Dios, el pueblo de Dios, el espacio de Dios... en términos bíblicos no es cualquier tiempo,espacio o pueblo... Es un tiempo y espacio en el que hay que dar prioridad y atención a los pobres, es un tiempo en el que la justicia y el amor deben regir las relaciones entre los hombres: “Confesar a Dios como soberano incluye el cuidado de los pobres y la liberación de quienes se hallan atrapados en un continuo ciclo de endeudamiento. La soberanía de Dios se presenta como un hecho que influye en la vida diaria del pueblo y que estructura las relaciones entre sí mismos y con el resto del orden creado”3.

El año santo se expresa y se concreta en la práctica de la justicia, de la restitución de los bienes, de la reconciliación de la comunidad, del perdón de las deudas. Hay un mandato claro en el sentido de que durante el tiempo jubilar no se puede/debe dañar al prójimo ni aprovecharse de nadie. En ningún caso plantea el Antiguo Testamento un perdón de los pecados desconectado de la corrección económica y social de prácticas muy concretas. El paso del Señor por la historia en forma de Año Jubilar se expresa en la reconstrucción del tejido social y en la renovación de las relaciones que deben ser atravesadas por la justicia.
Más de un autor en la modernidad argumenta que la práctica jubilar —expresión acabada del año sabático— no existió en Israel. En primer lugar negar radicalmente que hubiera habido formas cercanas a este ideal es imposible... En segundo lugar el hecho de no haber concretado en la práctica esta legislación no le quita ninguna fuerza: el mandato está ahí y en su formulación podemos desentrañar su sentido.
La primera pregunta que podemos formular es: ¿por qué fué necesario decretar un Año Jubilar? En qué aspectos de la tradición Israelita se enraiza esta propuesta de tal manera que pueda ser aceptada por el pueblo? Es claro que si surge esta legislación, parte del código de santidad, es porque los sacerdotes y dirigentes del pueblo la ven necesaria... es decir se constatan y descubren situaciones de injusticia, de pérdida por parte de los pobres que requieren una corrección, una intervención de la autoridad para remediar males que se estaban generando y causando entre el pueblo.
El ansia de justicia que demuestra la convocatoria al Jubileo está mostrando la realidad de situaciones en las que esa justicia se ha quebrado y los pobres pierden sus derechos y sus medios de vida. Esta ley les garantiza entonces la posibilidad de reencontrarlos. Además de ello, el que se una la declaratoria de la condonación de las deudas con la santidad del año, nos da testimonio de una religión en la que Dios se vivencia fundamentalmente como un Dios amigo de los pobres y de la igualdad social.
Podemos imaginarnos la alegría que experimentaban los pobres y débiles socialmente, al escuchar la proclamación de la ley en el templo y/o al escuchar el cuerno que llamaba al Año Jubilar... Su corazón se henchía de felicidad, de alegría, de agradecimiento a Yhwh, el Dios que los acompañaba y protegía... De estos sentimientos surge entonces la connotación: Año Jubilar/Jubileo ® júbilo, gozo, alegría... Se trata de un tiempo de felicidad social:
“Pero lo que distinguió el Jubileo, ya en su primera aparición, fue el fuerte sentido de tiempo excepcional, de paz, de libertad, de recomposición de las relaciones humanas, en una relación especial con el tiempo ordinario y, sobre todo, con el sentido de la intervención divina providente en la comunidad humana, intervención que debía allanar las contradicciones y las asperezas en el curso de la historia”4.

 

2.      Jubileo 2000 – En y para nuestras ciudades
¿Qué puede significar para las ciudades latinoamericanas —más grandes o más pequeñas— el anuncio y la celebración de un Jubileo, por parte de las Iglesias que las habitan? No es una pregunta fácil de responder... nos hallamos tan lejos de unas prácticas religiosas que liguen al conjunto social con compromisos firmes de redistribución de los bienes y las riquezas, que dificilmente encontraremos un sentido histórico/real y común para este Año Jubilar que queremos celebrar en el 2000.
Es necesario en primer lugar partir de una afirmación que aunque puede pensarse como lugar común es imprescindible tenerla muy presente para no perder el horizonte desde el cual hablamos y vivimos: la ciudad es el habitat natural para el hombre de fines de este siglo y principios del otro... la tendencia actual: 75% de la humanidad habitando en ciudades, tiende a crecer: “Hacia el año 2000, con 525 millones de habitantes, de los cuales el 77% será urbano, América Latina será la región más urbanizada del mundo”5.  No podemos dejarnos tomar por la nostalgia y soñar con el paraíso del campo como un remedio a nuestras angustias... lo urbano en tanto que forma de vida (que ya no puede pensarse como una oposición al campo6) es la única posibilidad que tenemos, por eso en medio de ella hemos de comprendernos y comprender nuestro futuro.
Ahora bien, nuestras ciudades actuales están marcadas por la heterogeneidad cultural... ello quiere decir que los creyentes sólo somos una parte —quizás minoritaria— de ellas: “De este modo, se incorporan a las grandes ciudades lenguas, comportamientos y estructuras espaciales surgidas en culturas antes desconectadas... ¿Cómo trabajar con esta diversidad? ¿De qué modo la heterogeneidad sociocultural contribuye a la democratización o la obstaculiza? Si bien la planificación macrosocial, la estandarización arquitéctonica y vial y en general el desarrollo unificado del mercado capitalista tienden a hacer de las ciudades dispositivos de homogeneización, estos tres factores no impiden que la diversidad emerja y se expanda. Pero la explosión diferencialista no sólo es un proceso real; también se presenta como ideología urbanística. Desde los años sesenta, las corrientes postmodernas en la antropología y la arquitectura exaltan la diferencia, la multiplicidad y la descentralización como condiciones de una urbanidad democrática.. En ciudades como Caracas, México o Río de Janeiro la diseminación —generada por el estallismo demográfico, la invasión popular o especulativa del suelo, con formas poco igualitarias de representación y administración del espacio urbano— aparece como la multiplicación de un desorden siempre a punto de explotar”7.
Coincido con García Cancalini en la afirmación anterior... De un lado, es un hecho irreversible y en muchas ocasiones positivo que la vida en la ciudad actual es múltiple, diferente y heterogénea... de otro lado esta heterogeneidad en más de una ocasión se traduce en desorden... ¿Cómo o para quién proclamar en estas urbes modernas un Año Jubilar? ¿qué les puede aportar a ellas, este tiempo sagrado? ¿Cómo se puede comunicar la Iglesia desde esta festividad, con aquellos no creyentes para quienes lo sagrado se vive de distinta manera o no se vive? La proclamación de un Año Jubilar para la ciudad de finales del milenio se enfrenta a todos estos retos.
Creo que una de las primeras preguntas para formularnos es: ¿cuáles son las deudas a condonar hoy en día? ¿qué liberaciones necesitamos? ¿quiénes las necesitan? La Iglesia, que indiscutiblemente no maneja la sociedad, ¿a qué se puede comprometer respecto a esas deudas y liberaciones? ¿Qué pecados contra el prójimo tenemos los cristianos y cuáles serían las condiciones reales para recibir un válido perdón?
La primera exigencia del Año Jubilar para los católicos es escuchar muy honestamente la realidad... qué condiciones tienen nuestras ciudades latinoamericanas en esta época neoliberal, globalizada? “En este contexto de tensión sistémica y existencial, resultado de la globalización desigual, seguirá desarrollándose la tragedia de la vida cotidiana en nuestras ciudades: desempleo, degradación de los servicios públicos, inseguridad social, violencia, enfermedad, desnutrición, deterioro de la educación, deterioro del habitat, pérdida de sentido, crisis de valores tradicionales, ausencia de expectativas positivas, mercantilización de la política, conflictos crecientes por recursos entre los mismos sectores populares, corrupción generalizada. En suma deterioro de la calidad de vida de las mayorías urbanas. Esto significa que se ha agotado la principal fortaleza política del régimen capitalista: su capacidad de desarrollar sin límites la división social del trabajo, generando un sistema social integrado, que si bien no era de por sí equitativo, dejaba lugar para la expectativa del desarrollo personal o intergeneracional”8.
Son pues esas grandes mayorías urbanas pobres, las que necesitan un Año Jubilar, un año de perdón total de su deuda, es decir de su situación angustiosa y de marginación. Surge sin embargo la pregunta ® ¿qué deben esas mayorías? ¿No se trata por el contrario, como plantea —entre otros/as— el teologo sirilankés Tissa Balasuriya9 , de una deuda que tiene la sociedad mundial en su conjunto y de una manera especial los ricos con esas mayorías que han sido despojadas? El sentido del Jubileo convocado por Juan Pablo II es precisamente este: “el Año Jubilar devería devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel, abriendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. Por su parte el Año Jubilar recordaba a los ricos que había llegado el tiempo en que los esclavos israelitas de nuevo iguales a ellos, podían reivindicar sus derechos. En el tiempo previsto por la ley debía proclamarse un Año Jubilar, que venía en ayuda de todos los necesitados”10.
Resulta claro que el júbilo y la alegría que debe acompañar a este año santo... son un júbilo y alegría que deben sentirse y explosionar en los barrios populares de nuestras grandes y pequeñas ciudades... se trata de una corriente de liberación que debe atravesar las vidas cotidianas de los pobladores barriales... Vivimos —como decíamos— una crisis económica, social y política particularmente dura... la alegría no puede ser sino una expresión de caminos de esperanza que prometan, visualicen y testifiquen la superación de esa crisis: las posibilidades de nuevos empleos, viviendas, estudios... caminos que realicen una mejor distribución de las riquezas y una real organización democrática de la polis.
¿Está la Iglesia católica en condiciones y voluntad de comprometerse a jugársela toda en el año 2000 para impulsar y promover este tipo de caminos, esperanzas y reformas sociopolíticas y económicas? Si no lo está no puede convocar ni celebrar un Año Jubilar. El Jubileo en los umbrales del tercer milenio tiene que devolver a nuestras ciudades la esperanza... los imaginarios urbanos, expresión de angustias, sueños y deseos, son en este momentos ambivalentes: las paredes de Armenia (ciudad colombiana, recientemente destruída por un terremoto), se han llenado de graffitis que convocan a la reconstrucción con esperanza ® Somos fuertes, entre todos podemos, dice uno. El Jubileo, si devuelve a los desposeídos sus medios de vida, puede ayudar a los pobladores urbanos a convertir su medio ambiente en un auténtico y renovador medio ambiente potencializador.

 

3.      Un Año Jubilar para Jerusalén: Relectura de Isaías 60-62
En la teología y en la hermeneútica cristiana es más o menos fácil y tradición admitir el carácter jubilar de Isaías 61, por cuanto se explicita el anuncio de un año del Señor, un año santo. Pero este capítulo 61 no puede leerse aisladamente, porque claramente hace parte de un pequeño conjunto más amplio.
Desde el capítulo 57 se viene anunciando la necesidad de prepararse para un acontecimiento: la visita del Señor, Reparen, reparen, abran camino... Esa reparación/preparación debe hacerse en los términos en que El Señor prefiere el culto, la relación con El: no será más bien este otro el ayuno que yo prefiero?... dar libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en tu casa? El profeta continúa reflexionando sobre el destino de Jerusalén, sobre las causas de su tragedia, capítulo 59 versículos 3 en adelante... y las consecuencias:... por eso se alejó de nosotros el derecho y no nos alcanzó la justicia.
El acontecimiento jubilar, liberador... propiamente aparece en el capítulo 60: sobre Jerusalén amanece Yhwh, despunta su gloria (60,1-2). Ese amanecer es la preparación, el anuncio inminente de que ya llega el tiempo santo-el Año Jubilar. A partir de ese momento la ciudad entra en un ambiente de fiesta ® sus puertas permanecerán abiertas, estará iluminada, será visitada y felicitada por reyes de la tierra... los materiales que la configuran (bronce, hierro, madera...) serán ennoblecidos... y lo más importante, Jesuralén será gobernada por la Justicia y la Paz.
En medio entonces de esta fiesta, de esta reconciliación... el profeta anuncia el año de gracia del Señor, pero lo anuncia con contenidos muy precisos ® buena noticia a los pobres, libertad a los cautivos,consolar corazones rotos... El texto continúa mirando distintos aspectos de este año de gracia y llama la atención, el uso de figuras y referencias urbanas: edificarán, restaurarán ciudades...
El capítulo 62 culmina este panorama y precisa algunos de los aspectos de esta fiesta que vivirá Jerusalén. Será un tiempo de reconciliación con Dios, que se expresa también en términos urbanos como edificador. La ciudad será llamada, recuperada... en adelante será la escogida, la preferida del Señor... en este sentido podemos considerar que el Jubileo tiene unas consecuencias definitivas: se sellará una nueva alianza, esta vez con la ciudad que transformará su vida.
En la conclusión de este tramo: 62,10-12, se vuelve a insistir en la necesidad de la preparación. El tiempo sagrado, establecerá una fiesta en la ciudad... esta fiesta reordenará la vida en ella: respladecerá su justicia y brillará su salvación... pero todo ello debe ser precedido de un tiempo de preparación ® el Jubileo, la llegada del Dios Salvador, requiere un tiempo de preparación que ayude a tomar conciencia del sentido que esta acción va a tener. La acogida y la comprensión de la liberación propuesta está ligada a la preparación previa. Sólo desde la sintonía con Yhwh es posible a los habitantes de Jerusalén escuchar realmente el cuerno del Año Jubilar.

 

4.      Retos para este tiempo
Los creyentes no podemos vivir el tiempo jubilar encerrados en nosotros mismos, de espaldas a las demandas del mundo actual y descontextualizados y desencarnados... Juan Pablo II nos invita en su convocatoria oficial11 a ser durante este tiempo, dóciles a la acción del Espíritu. Así pues, cuando en la noche de navidad de 1999 se abra la puerta de la Basílica de San Pedro en Roma... el mundo y particularmente las ciudades, muchas veces alejadas de cualquier tiempo religioso, deben sentir que por ella entra y sale una propuesta real de liberación.
La Iglesia llamada a testimoniar la verdad y la salvación evangélicas tiene que empeñarse en ayudar a construir en nuestras sociedades, en los umbrales de este milenio, unas estructuras que como anunciaba Isaías, hagan brillar la verdad y la justicia... para que pueda realmente amanecer el día de Yhwh sobre los tejados de nuestros barrios. Es claro que la dimensión de este Jubileo, se podrá aquilatar, si en la Epifanía del 2001, los cristianos hemos avanzado en la tarea permanente de llevar una buena noticia a los pobres y sanar los corazones heridos.

 

Carmiña Navia Velasco
Apartado Aéreo 25152
Cali
Colombia

Notas

1  Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, Paulinas, Bogotá 1998.
2  Los textos bíblicos son producto de la confrontación entre varias traducciones al español: Biblia de Jerusalén, Luis Alonso Schökel, para Latinoamérica: BAC Serie Maior, Dios Habla Hoy.
3  Sharon H. Ringe, Jesús, la liberación y el jubileo bíblico, DEI, San José/Costa Rica, 1997.
4  Mario Marrocchi, Los jubileos - Orígenes y perspectivas, San Pablo, Bogotá, 1998.
5  José Luis Coraggio, Economía urbana, Ediciones Abya-Yala, Quito, 1998.
6  Este tema es expuesto por: Nestor García Canclinni, “Ciudades multiculturales o ciudades segregadas?”, en: Debate Feminista, v.17, nº9 (Ciudad – Espacio y vida), México, abril de 1998.
7  Idem.
8  José Luis Coraggio, obra citada.
9  Ver artículo, en: Revista Utopías, nº 60, Bogotá, diciembre 1998.
10  Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente.
11  Bula de convocación del gran jubileo del año 2000, Paulinas, Bogotá, 1998.

 

 
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