Ya es tiempo de proclamar un Jubileo:
Sentido general del Jubileo en la Biblia y
en el contexto actual
Pablo Richard
Resumen
El artículo tiene 4 partes. 1º: Reconstrucción del sentido general del Jubileo a partir de los textos del A.T. sobre el Sábado, el año sabático y el año jubilar. 2º: Sentido general del Jubileo en el N.T.: Lc 4,18-19 (El Jubileo proclamado por Jesús); Mt 6,9-15 (El Padrenuestro: oración del Jubileo) y el Jubileo del Espíritu Santo (Hechos de los Apóstoles). 3º: Sentido teológico del Jubileo en la actualidad y desde una perspectiva liberadora. 4º: Urgencia y necesidad de proclamar un Jubileo ahora.
Abstract
This article has four sections: 1) Reconstruction of the general understanding of the Jubilee from texts of the Old Testament on the Sabbath, the sabbatical year and the year of Jubilee. 2) General meaning of the Jubilee in the New Testament: Luke 4, 18-19 (The Jubilee proclaimed by Jesus); Mt. 6, 9-15 (The Lord's Prayer as a Jubilee prayer) and the Jubilee of Holy Spirit (Acts of Apostles). 3) Theological meaning of Jubilee for the present time from a liberating perspective. 4) Urgency and need for proclaiming Jubilee now.
Introducción
En este artículo reflexionaremos primero sobre el sentido general del Jubileo, a partir de los datos de la exégesis ya hecha sobre los textos del Jubileo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Luego haremos una reflexión teológica actual sobre el Jubileo y sobre la urgencia y necesidad de proclamar un Jubileo en este fin de milenio.2
I. Sentido general del Jubileo en el Antiguo Testamento (textos claves, comentados por temas y orden cronológico)3
El Sábado: día de descanso, libertad y reconstrucción de la vida
"Seis días trabajarás, más en el séptimo descansarás;
descansarás en tiempo de siembra y siega" (Ex. 34, 21).
Es la formulación más antigua (comienzos de la monarquía, siglos 10º o 9º a.C.). Se ordena descansar el sábado justamente en los períodos de mayor trabajo en el campo: la siembra y la siega. El sábado es una real interrupción del trabajo y un descanso de la tierra. Dios puede ordenar este descanso, pues la vida humana y la tierra le pertenece.
"Seis días harás tus trabajos, y el séptimo descansarás,
para que reposen tu buey y tu asno,
y tengan un respiro el hijo de tu sierva y el forastero" (Ex. 23, 12).
Esta relectura del texto anterior es posiblemente del siglo 8º, cuando se da una fuerte corriente profética en favor del pobre. Se dirije a alguien rico que tiene buey, asno y esclavos para trabajar. La ley del sábado busca proteger la vida de los pobres y poner un freno a la explotación ilimitada de los medios de producción.
"Recuerda el día Sábado para santificarlo.
Seis días descansarás y harás todos tus trabajos,
pero el día séptimo es día de descanso para Yahveh, tu Dios.
No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija,
ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado,
ni el forastero que habita en tu ciudad.
Pues en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen,
y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo sagrado" (Ex. 20, 8-11).
En este texto del Decálogo el descanso es santo, no porque se haga en él algo ritual o sagrado, sino simplemente porque no se trabaja. La motivación aquí es la teología de la creación y el descanso de Yahveh. El ser humano participa del descanso de Yahveh, pues, creado a imagen de Dios, debe asumir su responsabilidad en la continuación de la obra de la creación. Dios descansa en relación a su trabajo, el ser humano también debe descansar porque está trabajando como Dios trabajó.
"Guardarás el día sábado....para que puedan descansar como tú, tu siervo y tu sierva. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te ha mandado guardar el día del Sábado" (Dt. 5, 12-15).
Esta es la relectura deuteronomista del mismo decálogo. Aquí se insiste en el descanso de los esclavos y esclavas, que deben descansar como descansa el jefe del hogar y toda su familia. La motivación ya no es la teología de la creación, sino del Exodo. El descanso es propio de hombres y mujeres libres.
La exigencia del Sábado se hizo especialmente importante en el Exilio, cuando los israelitas exilados reivindicaban un día libre para poder reconstruir su conciencia y su fe, embrutecidos por el trabajo esclavo. El Sábado era importante para reconstruirse como persona y poder reconstruir su identidad como Pueblo de Dios. En el Exilio se escribe el relato sacerdotal de la creación (Gn 1,1-2,3), donde se destaca el descanso de Yahveh, para legitimar el descanso de los esclavos hebreos en el exilio. Era el descanso y la libertad del sábado lo que les permitía retomar el trabajo en forma más humana. El sábado tiene así un sentido social y religioso liberador.
Después del exilio el sábado se transformó poco a poco en una imposición legalista y opresora (Ex 31,13-18 / 35,1-3 / Lv 23,3). Los sacerdotes transformaron el sentido liberador del sábado y lo utilizaron como poder sagrado. En ausencia de la monarquía, son ellos los que asumen el poder. El sábado ahora no es considerado santo como descanso, con todo su sentido teológico, social y liberador, sino es santo por las acciones cúlticas realizadas en el Templo y en las casas. Se prohibe trabajar para poder realizar el culto, incluso se llega a imponer el sábado con pena de muerte. Contra esta perversión de la tradición del Sábado va a reaccionar Jesús: "El sábado ha sido instituido para el ser humano y no el ser humano para el sábado" (Mc 2,23-28, cf. Mt 12,1-8 / Lc 6,1-5).
El año sabático: Dios interviene en la economía para salvar la vida
"Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto;
al séptimo la dejarás descansar y no la cultivarás,
para que coman los pobres de tu pueblo,
y lo que quede lo comerán los animales del campo.
Harás lo mismo con tu viña y tu olivar" (Ex 23,10-11).
Es el texto más antiguo sobre el año sabático. La tierra es la primera en gozar del privilegio divino del descanso (igual a Ex 34,21 sobre el descanso de la tierra en día sábado). El verbo "dejar descansar" literalmente significa aquí "dejar libre". El ser humano tiene el derecho a trabajar la tierra y sacar su producto, pero Dios también defiende el derecho de la tierra a su descanso y libertad. Los primeros beneficiados de esta liberación de la tierra son los "pobres de tu pueblo". Los segundos beneficiarios son "los animales del campo". La mención expresa a la viña y el olivar, tiene su intención profética, pues estos dos cultivos eran exclusivos de los más ricos. También a esta actividad agrícola, de "alta productividad y tecnología", Dios impone un límite, para defender los intereses de la tierra y de los pobres.
"Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años,
y el séptimo quedará libre sin pagar rescate" (Ex 21,1-11).
El esclavo queda libre al 7º año, cuando cumplía 6 años de esclavitud, aunque no fuera todavía el año sabático oficial. El esclavo no podía esperar. El tiempo de la liberación (que es el tiempo de Yahveh) no sigue el calendario oficial. Los esclavos, de los cuales se habla en este texto, eran aquellos que habían perdido la libertad por deudas. No hay en Israel un mercado (compra-venta) de esclavos. La liberación de los esclavos al séptimo año era una exigencia sin pago de la deuda que aún podría quedar por pagar. La vida humana se afirma por encima de la ley de contratos y deudas. Cualquiera fuera la deuda, nadie podía ser esclavizado más de 6 años. Era un límite no-negociable a la explotación.
Los dos textos citados pertenecen al código de la Alianza (Ex 21-23), redactado posiblemente en el siglo 8º, que fue un siglo marcado por la predicación profética en favor de los pobres, incluida la "pobre tierra" también explotada. El texto sobre el descanso de la tierra quizás es más antiguo que el texto sobre la liberación de los esclavos. La legislación (Código de la Alianza) al servicio de la vida es producto de la predicación profética de este siglo (Amós, Oseas, Isaías y Miqueas).
Estructura del texto del Dt 15,1-18 (mejor es leerlo completo):
v.1-3: perdón de las deudas cada 7 años.
v.4-6: si Israel escucha la Palabra de Dios no habrá pobres.
v.7-11: si hay pobres, le debes prestar lo que necesita para remediar su indigencia. La cercanía del año sabático, no debe ser motivo para no prestar.
v.12-18: sobre la liberación de los esclavos
Los v.12-18 son una relectura, un siglo después, de Ex. 21,1-11 sobre la liberación de los esclavos. La relectura agrega algunas cosas favorables para los pobres: da un trato igualitario a la mujer esclava. También se exige una indemnización por los 6 años trabajados, para que el esclavo liberado pudiera comenzar de nuevo su vida.
Los v.1-3 son una novedad: la remisión de las deudas cada 7 años. El problema de las deudas seguía siendo un problema serio, especialmente para los más pobres. Para que el pago de la deuda no llevara a la esclavitud, Dios en persona interviene en defensa de los pobres endeudados, exigiendo el perdón de las deudas cada 7 años. Dios interfiere directamente en las relaciones económicas y pone un límite para evitar el empobrecimiento y pérdida de libertad de las personas. Otra vez la vida humana aparece como más importante que las leyes sobre contratos y deudas. En el v. 3 hay un problema: la deuda se perdona al hermano del propio pueblo, pero no al extranjero. Aquí no se trata del migrante pobre (en hebreo "ger"), que vive en medio del pueblo, sino del extranjero ("nokri"), posiblemente los comerciantes de otros pueblos, a los cuales se les debe exigir el pago de deudas y tributos.
La finalidad de esta legislación deuteronómica es que no haya pobres en medio del pueblo, por eso se debe escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. La remisión de deudas cada 7 años no debe, por otro lado, inducir a no prestar dinero a los pobres, dada la cercanía del 7º año. Esto traería más pobreza y lo que quiere el legislador es justamente evitarla. El texto comentado es parte del código deuteronómico (Dt 12-26), inspirado en la teología del Exodo y elaborado durante el reinado de Josías (alrededor del año 625 a.C.), bajo el influjo de profetas como Sofonías, para inspirar un nuevo comienzo de la historia de liberación en el pueblo de Judá.
Cuando Babilonia estaba a punto de destruir Jerusalén (588 a.C), el Rey Sedecías, por presión de Jeremías, proclama un año sabático: la libertad de todos los esclavos. Pero, cuando llega la noticia que el ejército egipcio viene en ayuda de Jerusalén, entonces todos recuperan otra vez a los esclavos ya liberados. Esto muestra la poca disposición en los dirigentes de Israel de cumplir con el año sabático. Sólo lo cumplen cuando hay una amenaza y cuando el profeta anuncia la caída de Jerusalén. Pasado el peligro, recuperan a sus esclavos ya liberados. Jerusalén va a ser destruída y los dirigentes deportados a Babilonia, justamente por no cumplir con el año sabático (Jr 34,8-18).
El año del Jubileo: respuesta de Yavé al clamor del Pueblo
"El Espíritu de Yavé el Señor está sobre mí
porque Yavé me ungió
y me ha enviado:
para anunciar buenas nuevas a los pobres,
para sanar a los quebrantados de corazón,
para proclamar a los cautivos la liberación
a los presos libertad.
para pregonar año de gracia de Yavé
día de venganza de nuestro Dios
para consolar a todos los que lloran... " (Is 61,1-2).
Terminado el exilio (año 538 a.C.), los retornados quieren reconstruir el Templo, Jerusalén y las instituciones del pasado. El profeta (llamado Tercer Isaías, que posiblemente es una comunidad de profetas) se opone a este proyecto prioritario de reconstrucción institucional y propone más bien una reconstrucción de la vida del pueblo de Dios. Lo urgente no es reconstruir el Templo y las instituciones, sino proclamar y pregonar "un año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios". Este año, fiel a la tradición, no significaba reconstruir edificios, sino "anunciar buenas nuevas a los pobres", es decir, sanar a los quebrantados de corazón y proclamar liberación y libertad (lo que según la tradición de Ex y Dt implicaba liberación de esclavos, condonación de deudas y recuperación de la tierra). El profeta discierne que el Espíritu está sobre él, por eso mismo él está ungido para cumplir esta misión. El Espíritu se revela en la reconstrucción de la vida del pueblo, que es el objetivo del año jubilar que ahora se proclama. Esta acción del Espíritu de dar vida al pueblo de Dios ya había sido anunciada en pleno exilio por el profeta Ezequiel (visión de los huesos secos: 37,1-14).
El texto sacerdotal de Lv 25,1-55 es posterior al Exilio y quizás contemporáneo de Isaías 61. Damos aquí sólo la estructura del texto (mejor sería leerlo, especialmente v.8-13):
Los años santos: v.1-22
a) v.1-7: el año sabático: descanso de la tierra (id. a Ex 23,10-11).
b) v.8-22: el año del Jubileo (el año 50):
"Declararán santo el año 50,
y proclamarán en la tierra liberación para todos sus habitantes.
Será para Uds. un Jubileo: cada uno recobrará su propiedad
y cada cual regresará a su familia" (v.10).
Consecuencias de la santidad de estos años: v.23-55
a) rescate de las propiedades: v.23-34
la tierra: v.23-28
la vivienda: v.29-34
b) rescate de los esclavos: v.35-55
El Año Jubilar era el año cumbre después de siete años sabáticos: 7 por 7 = 49. El año siguiente, el año 50, era Jubileo, llamado así pues se tocaba el Yobel, cuerno de carnero que servía de trompeta. Este año era un año de liberaciones y profundas transformaciones estructurales. Tres acciones principales se exigían este año 50: descanso de la tierra, recuperación de tierras y viviendas enajenadas por deuda y liberación de los esclavos. La liberación de los esclavos era antes del Exilio cada 7 años, ahora —según Lv 25— al menos cada 50 años. Por eso se instituye la función del "goel" o liberador, que podía rescatar esclavos y posesiones antes del año 50. En todo caso, la legislación del Levítico no anula la tradición anterior mucho más radical del año sabático. Podría pensarse que la recuperación de tierras y viviendas era en favor de los retornados del Exilio, en contra de los pobres de la tierra que no fueron al Exilio. El Exilio duró justamente 49 años: del año 587 al 538 a.C. El talante liberador del texto y el espíritu de la tradición anterior nos hace pensar que el Jubileo era en favor de los pobres de la tierra, que habían perdido tierras y viviendas por deudas no pagadas.
La recuperación de la libertad y de las posesiones se llama rescate: si un hermano se empobrece y vende la tierra, la vivienda o la propia vida, un "goel" (rescatador o liberador) puede rescatar lo perdido. Si no tiene recursos, debe esperar el año sabático o jubilar y entonces se da el rescate sin goel ni dinero. La intención del año jubilar es restablecer la vida y la igualdad, destruidas por problemas de deudas o injusticias. Estas leyes no se dan en otros pueblos de la época. Es propio de Israel.
En tiempos de Nehemías (año 445 a.C.) hay un clamor popular contra la opresión del pueblo por sus mismos hermanos judíos. Nehemías convoca una asamblea y reprende a los notables. Se decide entonces, para hacer justicia, una liberación de los esclavos y un perdón general de las deudas (Ne 5,1-13). En ésto consiste justamente el año del Jubileo, que ya no espera 50 años, sino que se proclama cuando lo exige el clamor de los pobres.
Los historiadores piensan que el Año Jubilar nunca fue cumplido. Era más bien una reivindicación profética que una realidad. Existe en todo caso una tradición antigua y fundante, que pertenece a la esencia de la fe del Pueblo de Dios, en la cual se fundaba la exigencia de un año jubilar o de gracia. Era una reivindicación profética permanente, para cualquier año, cuando fuese necesario. Así lo demuestra el texto de Isaías 61 y de Nehemías 5 ya citados. Todos los textos revelan que la tierra, la vida y la libertad son de Dios; ningún ser humano puede disponer de estos bienes a su antojo y sin límite. Jesús también comenzará su ministerio proclamando un Año Jubilar (Lc 4,18-19); lo mismo hará el Espírtu Santo el día de Pentecostés (Hch 2).
Reflexión final sobre la tradición del Jubileo en el Antiguo Testamento
La tradición del día sábado, del año sabático y del Año Jubilar, es una tradición antigua, que busca proteger la vida del clan de la sobre-explotación, concentración de la tierra y la acumulación de riqueza, y que pone un límite preciso a toda esclavitud por deuda. La tradición sabática y jubilar exige una ruptura histórica, que permite a la tierra y a las personas recuperar su libertad. En la teología de esta tradición, la tierra y las personas son de Dios y nadie puede apropiárselas en forma ilimitada o injusta.
La tradición del Jubileo se opone directamente al modo de producción tributario, dominante en la antigüedad. En el sistema tributario, la tierra y la gente eran propiedad del rey. Las tribus debían pagar a la casa del rey un triple tributo: en alimentos, en siervos y en soldados. En tiempo de los jueces (1200-1030 a.C.) se superó totalmente este sistema tributario y se construyó un nuevo modo de producción sin rey, sin casa del rey (sin burocracia real: ministros y sacerdotes) y sin ejército, lo que significó abolición radical del tributo. En tiempos de la monarquía, cuando se vuelve otra vez al sistema tributario (con David, Salomón y sucesores), la institución del año sabático es lo que permite al pueblo resistir y mantener la conciencia crítica frente al sistema monárquico-tributario. El Jubileo mantiene viva la utopía de los orígenes en contra del sistema tributario, reconstruído por la monarquía davídica. Los Profetas pre-exílicos lucharán por mantener viva la tradición del año sabático. La destrucción de Samaría, y posteriormente de Jerusalén y del Templo, será la consecuencia de esta desobediencia de los reyes de Judá e Israel a la tradición del año sabático y jubilar. Después del Exilio hay una voluntad profética de restaurar el Pueblo de Dios a partir de estas tradiciones (como ya vimos en Is. 61 y Neh.5).
La palabra "Jubileo" viene del latín "iubilaeus", que fue tomada directamente del hebreo "yobel". Yobel significaba originalmente carnero, posteriormente el cuerno del carnero usado como trompeta para anunciar el año del Jubileo, y finalmente, significó escuetamente júbilo o Jubileo. Expresa la alegría de la tierra, de los esclavos y de los explotados en general, cuando se tocaba el cuerno y se anunciaba un año sabático o jubilar. Este toque del cuerno era, por supuesto, una desgracia para los opresores del pueblo, que "perdían" sus esclavos y todas las propiedades arrancadas al pueblo al no poder pagar éste sus tributos y deudas.
El sábado, el año sabático y el Año Jubilar, expresan el poder de Dios y su voluntad liberadora, que interviene en nuestra historia, en el tiempo y en el espacio, en favor de los pobres, los endeudados, los esclavos y todos los aplastados y quebrados por las estructuras de dominación. Esta tradición bíblica del Jubileo anticipa ya la proclamación del Reino de Dios, que será un eje central en el N.T. Año sabático, Jubileo y Reino de Dios pertenecen a una misma tradición y teología y son una referencia básica para la interpretación de toda la Historia de la Salvación.
II. Sentido general del Jubileo en el Nuevo Testamento
Lucas 4,18-19: Jesús proclama un Jubileo
Hacemos una traducción literal y estructurada del texto de Lucas:
"El Espíritu del Señor está sobre mi
porque me ha ungido para evangelizar a los pobres,
me ha enviado para proclamar a los cautivos libertad
y a los ciegos la recuperación de la vista
para enviar a los oprimidos en libertad
para proclamar un año de gracia del Señor."
El Espíritu del Señor está sobre Jesús, justamente porque ha sido ungido y enviado para cumplir una misión. Los verbos "me ha ungido" y "me ha enviado" están en paralelo. El Espíritu y la unción son en función del envío. La finalidad de la unción y del envío se expresa en 4 frases que comienzan con infinitivos: "evangelizar, proclamar, enviar y proclamar". Cada frase es una acción. La primera es un anuncio genérico: evangelizar a los pobres. La segunda es una proclamación de dos acciones: proclamar libertad a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos. La tercera frase es en sí misma ya una acción: enviar a los oprimidos en libertad. Por segunda vez aparece la palabra libertad. Se envía (tradución literal) en libertad a "los oprimidos". Este término (tethraumenoi) significa quebrados, destrozados, quebrantados, oprimidos. La cuarta frase es otra vez general: proclamación del "año de gracia del Señor", que es claramente el año del Jubileo. En Isaías se agregaba "día de venganza de nuestro Dios", frase que Jesús (o Lucas) omite. Un eco de esta cita lo encontramos también en Mt 11,2-6 y Lc 7,18-23.
Jesús es el mensajero, ungido y enviado por Dios, portador del Espíritu, que anuncia un Año Jubilar y el inicio del Reino en la reconstrucción de la vida del pueblo oprimido. Jesús, siguiendo la tradición del Jubileo, identifica el Reino de Dios con la vida del pueblo. Los grupos nacionalistas y teocráticos identificaban el Reino de Dios con la restauración del Reino de David, restauración de la monarquía en contra del Imperio romano. Los sacerdotes lo identificaban con la restauración del Templo de Jerusalén. Los fariseos lo identificaban con la santidad del Pueblo que se obtenía por el pleno cumplimiento de la ley. Jesús rechaza claramente un Reino de Dios identificado con el Poder dominante, el Templo o la Ley, e identifica el Reino de Dios con la vida del pueblo. Es urgente rescatar hoy, a partir de la tradición del Jubileo, el gran proyecto histórico de Jesús que es el Reino de Dios identificado claramente con la vida del pueblo pobre y oprimido. Va contra el Espíritu y pensamiento de Jesús el identificar el Reino de Dios con el poder, el templo o la ley.
Mt. 6, 9-15: el Padrenuestro, la oración del Jubileo
Traducción esquemática y literal:
Padre nuestro que estás en los cielos
tu nombre: que sea santificado (contra la idolatría)
tu reino: que venga a nosotros (por la vida)
tu voluntad: que se haga (contra la dominación)
danos hoy nuestro pan de cada día
perdona nuestras deudas,
dado que nosotros ya hemos perdonado a nuestros deudores
no nos dejes caer en la tentación
libéranos de el mal.
En resumen tenemos 7 elementos:
- Los intereses de Dios: su nombre, su reino y su voluntad
- Los intereses de la comunidad: nuestro pan, nuestras deudas,
- Las amenazas: la tentación y el mal.
La comunidad que reza la oración del Padrenuestro es una comunidad pobre, que necesita el pan de cada día y que está agobiada por deudas, pero también es una comunidad solidaria de otros pobres que le deben a ella. En la Galilea del tiempo de Jesús, todo el mundo estaba agobiado por deudas económicas. Los impuestos a Roma, al rey Herodes y al Templo de Jerusalén, eran impagables. Muchos perdían su casa, su tierra, incluso su libertad, por causa de las deudas. El perdón de deudas era por lo tanto una realidad significativamente liberadora en la comunidad campesina de Galilea. La petición del perdón de deudas pertenece a la tradición del año sabático y del Jubileo. Por eso el Padrenuestro es por excelencia la oración del Jubileo.
La oración del Padrenuestro usa la misma terminología y teología de la parábola del siervo sin entrañas (Mt 18,23-35)4. En esta parábola tenemos un rey que perdonó 10 mil talentos (50 millones de pesetas oro) a un siervo suyo, pero éste, sin embargo, no supo perdonar a otro consiervo suyo la miserable suma de 100 denarios (80 pesetas oro). Esta parábola está en el discurso de Mateo sobre la Iglesia (Mt 18,1-35) . A la luz de esta parábola eclesiológica, y a la luz de toda la tradición sabática y jubilar, debemos interpretar la petición del Padrenuestro "perdona nuestras deudas", como una petición a Dios para que proclame un año sabático o jubilar, año en el cual se deben perdonar todas las deudas. La deuda que aquí se pide que se perdone, no es una deuda con Dios (un pecado), sino deudas que tiene la comunidad con otras personas. Se trata de deudas económicas reales. El que reza es una comunidad pobre agobiada por sus deudas (como también agobiada por la falta de pan, por las tentaciones y por el mal en general). Lo que se está pidiendo es el perdón de deudas, no de pecados. La segunda parte de la misma frase: "ya que nosotros hemos perdonado a nuestros deudores" (tradución literal del verbo aoristo en griego, que indica una acción ya pasada) expresa la historia anterior de la comunidad, de haber ya cumplido con la exigencia del año sabático de perdonar las deudas que tenía con otros. La comunidad puede pedir a Dios que proclame un año sabático, puesto que ya ha cumplido con las exigencias del año sabático de perdonar las deudas, a otras personas que son aún más pobres. En la traducción corriente: "perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores", se estaría diciendo que nosotros somos el modelo de cómo debería actuar Dios, lo que es un absurdo. En la traducción que hemos dado, el que reza no se propone como modelo, sino que manifiesta simplemente su conducta anterior de ya haber cumplido con el perdón de deudas a otros. Podríamos parafrasear el texto así: "dado que ya hemos cumplido con el año sabático y hemos perdonado las deudas que otros tenían con nosotros, proclama ahora un año sabático para que se perdonen nuestras deudas, las que tenemos todos nosotros con otras personas". La petición a Dios que proclame un año sabático, para que se perdonen nuestras deudas, corresponde a la petición anterior: "hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". La voluntad de Dios ya se manifestó en la exigencia del año sabático, pedimos que esa voluntad ya revelada de Dios, se cumpla ahora en la tierra. En paralelismo antitético con la parábola del siervo sin entrañas (Mt 18,23-35), podríamos decir que el que reza el Padrenuestro es el siervo bueno (que representa seguramente la situación de todo el pueblo pobre de Galilea), que debía 50 millones de pesetas oro al rey (al poder político y religioso en general), y le suplica que le perdone la deuda, dado que él ya perdonó a un consiervo suyo que le debía la miserable suma de 80 pesetas oro. La práctica del perdón de la deuda pequeña entre los pobres, es el argumento para que se proclame un año jubilar donde se perdone la deuda grande que tienen los pobres con el poder.
Los liturgistas interpretaron mal el Padrenuestro y lo tradujeron en forma distinta al original griego, por no entender la tradición del año sabático sobre la liberación de la tierra (deuda ecológica), la liberación de los esclavos (deuda social) y el perdón de las deudas (deuda económica), como aparce claramente en los textos de Ex 23,1-11 / Ex 21,1-11 y Dt 15,1-3 que ya hemos comentado. La traducción actual "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden" no responde al texto original del Evangelio de Mateo.
En el Evangelio de Lucas la oración del Padrenuestro es diferente. El versículo en cuestión dice literalmente: "perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a todos los que nos deben" (Lc 11,4). Si comparamos con el texto de Mateo, constatamos 3 cambios: en la primera parte de la frase Lucas pone "pecados" (hamartías) donde Mateo tiene "deudas" (ofeilémata). Además de un cambio de palabra, hay un cambio de relación: el pecado es una ofensa a Dios, mientras que la deuda es a otro ser humano. En tercer lugar, el verbo "nosotros perdonamos" está en presente en Lc, mientras que en Mt. está en aoristo "nosotros ya hemos perdonado". En los dos textos, en todo caso, en la segunda parte de la frase se trata de deudas y se usa la misma raíz: Mateo utiliza el sustantivo en plural: "deudores" (ofeiletais) y Lucas el participio en singular: "el que nos debe" (ofeilonti). En Mateo el que reza es una persona agobiada por deudas, en Lucas es una persona agobiada por sus pecados. Lo curioso es que en ambos casos el que reza hace constar que él ya ha perdonado (Mt) o que perdona (Lc) las deudas que tiene con otras personas. Se trata de deudas económicas reales. ¿Habrá realmente una diferencia sustantiva entre ambas versiones del Padrenuestro? Si las interpretamos a la luz de la tradición del año sabático, creo que la diferencia es sólo de matiz. El orante agobiado de deudas en Mateo, no difiere mucho del orante agobiado de pecados en Lucas. La segunda parte de la frase en Lucas. "como nosotros perdonamos a todos los que nos deben", nos urge a no espiritualizar la primera parte de la frase: "perdona nuestros pecados". El pecado en Lucas bien podría ser el no aceptar la voluntad de Dios revelada en la tradición del año sabático y del Reino de Dios, lo que hoy llamaríamos "pecado social". El orante en Lucas estaría pidiendo a Dios que lo libere de ese pecado, puesto que está dispuesto a perdonar las deudas de los demás.
Hechos de los Apóstoles: el Jubileo del Espíritu Santo
Pentecostés: el día 50 después de la resurrección: 2,1-41
El día 50 (número del Jubileo en la tradición bíblica) el Espíritu irrumpe en la comunidad apostólica. El huracán y el fuego son signos de la presencia transformadora del Espíritu. Las personas que escuchan a los apóstoles, "venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo", entienden el anuncio de la Palabra de Dios cada uno en su propia lengua y cultura. Pedro interpreta los hechos de Pentecostés a la luz del texto de Joel 3,1-5: "sucederá en los últimos días...". Pentecostés es el último día: el último día de la semana, es el año sabático, el año jubiliar, pero también el último día, el día escatológico, el día del Espíritu, día de conversión y liberación. Este día el Espíritu se derrama sobre toda carne, los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tiene visiones y los ancianos sueños. El Espíritu se derrama sobre los esclavos y las esclavas (Hch 2,17-21). Es "el día grande del Señor" (v.20), es decir, el día del Jubileo. Terminado el discurso de Pedro, surge la pregunta esperada: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?". La respuesta de Pedro es: "Conviértanse y que cada uno de Uds. se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados (perdón de deudas); y recibirán el Espíritu Santo" (v.37-38). Luego añade que la promesa del Espíritu es universal: "para Uds. y para sus hijos, para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor, Dios nuestro" (v.39). Todo el texto refleja la tradición profética y liberadora del año sabático y del Año Jubilar.
La comunidad cristiana en Jerusalén vive las exigencias de este Jubileo del Espíritu: 2,42-47, explicitado en 4,32-35 y 5,12-16.
Podemos sintetizar la vida de la comunidad cristiana en los siguientes puntos:
(1) Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles (es la "didajé").
(2) Acudían asiduamente a la comunión (es la "koinonía”).
Esta koinonía tenía un aspecto subjetivo:
"no tenían sino un solo corazón y una sola alma"
Y un aspecto objetivo, que podemos resumir así:
Cada cual daba según su posibilidad.
Cada cual recibía según su necesidad.
No había pobres entre ellos (consecuencia de las dos opciones anteriores.
Responde a lo que pide el texto jubilar de Dt 15,1-18).
(3) Fracción del pan y oraciones por las casas (es claramente la Eucaristía).
(4) Realizaban muchos prodigios y señales (práctica espiritual poderosa y liberadora).
Renovación de los hechos de Pentecostés: en la comunidad cristiana, reunida en Jerusalén en medio de la persecución (Hch 4,23-31) y en casa del centurión Cornelio en Cesarea, para abrir el camino de la misión a los gentiles y provocar la conversión de Pedro y de la Iglesia (10,44-48 y 11,1-18)5.
III. Sentido del Jubileo desde una perspectiva liberadora
Retomando la raíz bíblica del Jubileo
Necesidad de una ruptura histórica:
cada semana: el sábado,
cada 7 años: el año sabático,
cada 50 años: el año jubilar,
cada 1000 años........y cada vez que sea necesario:
- para escuchar el grito de los oprimidos y romper cadenas,
- para proclamar liberación y comenzar de nuevo,
- para pensar y reflexionar,
- para recordar el proyecto de Dios,
- para reconstruir la conciencia crítica,
- para pensar el futuro, para construir alternativas,
- para reconstruir la esperanza y la utopía.
Hay dos maneras de pensar el tiempo:
– el tiempo oficial: días, semanas, meses y años. Se lo lee en el calendario establecido.
– el tiempo jubilar: el tiempo de la liberación de la tierra, del pobre, del esclavo. Se lo descubre no en el calendario, sino cuando se oye el grito y el clamor, cuando suena el yobel, cuando el pobre nos sale al encuentro. El tiempo jubilar es cotidiano, a cada momento. El espíritu del Jubileo debe ser vivido todos los días. El ciclo jubilar oficial de sábados, año sabático y Año Jubilar es el reconocimiento y la garantía pública del tiempo exigido por el grito de la tierra y del pobre.
Elementos fundamentales del proyecto de Dios en la tradición del Jubileo:
– El carácter absoluto y sagrado de la tierra y de la vida humana. Dios y la vida es lo único absoluto, todo lo demás es relativo.
– El destino universal de la tierra y de los bienes materiales: son de todos y de todas. La única sociedad legítima es aquella donde quepan todos y todas, y donde haya armonía con la naturaleza.
– Supremacía del bien común sobre los intereses individuales.
– La vida de la tierra y de la comunidad está por encima de la ley y de la institución. La ley es necesaria y legítima, únicamente cuando defiende la vida. La ley está al servicio de la comunidad y no la comunidad al servicio de la ley. Si la defensa de la vida implica la violación de la ley, lo ético es violar la ley y salvar la vida.
– La ley normalmente está dirigida al poderoso y al rico, para defender la vida del oprimido y del pobre. El fin de la ley es que no haya pobres entre nosotros.
– Articular shabat con shalom (descanso con paz; liberación y reconciliación; justicia y vida).
– Necesidad de un mensajero, de un liberador, un goel, que anuncie hoy la necesidad de liberar la tierra y las personas y que realice esta liberación en la historia, según el tiempo jubilar de Dios. Discernir hoy en día sobre quién está el Espíritu de Dios, quién es el ungido y el enviado, para proclamar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los quebrantados de corazón, para pregonar liberación y libertad, un año de gracia para Dios, a la manera de Isaías y Jesús.
Carácter y novedad de la tradición del Jubileo
La tradición del Jubileo no tiene que ver tanto con la definición o clarificación de un proyecto, sino con la fuerza que se tiene para poder realizarlo. Ya estamos claros sobre el proyecto de sociedad y de Iglesia que queremos. Lo que falta es la fuerza y la voluntad para realizarlo. Falta tocar el "yobel", el cuerno, que convoca a todas las fuerzas para realizar el proyecto de Dios. No basta pensar o escribir, es urgente convocar y movilizar en función del Jubileo.
El Jubileo más que una teología es un grito: un grito de "socorro". Un "basta ya". Un "nunca más". Es la teología subyacente a algunos informes últimos sobre la violencia en algunos países, por ejemplo, el informe "Guatemala Nunca Más", publicado por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala. El subtítulo de este documento es importante: "Informe proyecto interdiocesano de recuperación de la memoria histórica". En estos informes se transparenta el Espíritu del Jubileo. El Jubileo es una teología que la escriben más los mártires que los teólogos. Mons. Juan José Gerardi ratificó con su martirio, tres días después de su publicación, el informe de la Iglesia de Guatemala. El Jubileo es una teología con energía, con espíritu, con fuerza, con poder. No es una teología para ser leída, sino anunciada, proclamada, gritada a voz en cuello.
El Manifiesto del Foro Internacional de las Alternativas tiene este estilo de los textos de Jubileo6. Dicen así algunos de sus titulares:
Es tiempo de revertir el curso de la historia.
Es tiempo de poner la economía al servicio de los pueblos.
Es tiempo de derribar el muro entre el Norte y el Sur.
Es tiempo de encarar la crisis de civilización.
Es tiempo de rechazar el poder del dinero.
Es tiempo de mundializar las luchas sociales.
Es tiempo de despertar la esperanza de los pueblos.
Ha llegado el tiempo de las convergencias.
El tiempo de la acción ya ha comenzado.
Así anunciaría hoy el Profeta Isaías el tiempo del Jubileo. Quien habla de esta manera puede decir con toda propiedad: "el Espíritu del Señor está sobre mí, por eso me ha enviado a anunciar buenas nuevas a los pobres".
IV. Urgencia y necesidad de proclamar un Jubileo ahora
Cada día crece el número de personas e instituciones, que con seriedad y responsabilidad, advierten sobre los peligros y tendencias mortales del sistema actual de economía de libre mercado. Organismos Internacionales, Iglesias y Universidades publican informes aterradores sobre los efectos del actual modelo de desarrollo. Ya en 1992 el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) publicó su informe sobre Desarrollo Humano, donde llamaba la atención que el 20 % más rico de la humanidad concentraba el 82.7 % del ingreso total del mundo y consumía alrededor del 70% de los recursos naturales de toda la tierra. Si otro 20 % de la humanidad consumiera lo que consume ese 20 % más rico, la tierra estallaría en un corto período de tiempo. Existe consenso, entre los que todavía tienen conciencia humana y cristiana, sobre las dos fallas estructurales del actual sistema: la exclusión y la destrución de la naturaleza. Está claro que el actual modelo de desarrollo no es para todos. Unos lo denuncian con horror y otros lo constatan con cinismo. Un 60% de la humanidad estaría destinado irreversiblemente a la exclusión. De la explotación hemos pasado a la exclusión, y fácilmente pasaremos pronto a la liquidación, pues a los excluidos se los considera sobrantes y desechables. Es patente también la contradicción entre el actual modelo de desarrollo y la naturaleza. El grito de los pobres se une al grito de la tierra.
No se trata en este artículo de seguir analizando y denunciando la situación actual. Existe una literatura inmensa y aterradora sobre el tema7. De lo que se trata ahora es de escuchar el grito de los pobres y el grito de la tierra por la vida. Urge escuchar ese clamor de los excluidos, que es un clamor "claro, creciente, impetuoso y, en ocasiones, amenazante" (cf. Puebla 87-90). Es este grito y clamor lo que hace necesario y urgente proclamar un Jubileo para el año 2000. Un Jubileo mundial que vaya en contra de la eficiencia y aceleración destructiva del sistema, que signifique una ruptura histórica real que interrumpa el "progreso" y el "desarrollo" que se nos ofrece. Se trata justamente de eso: "seis días trabajarás, mas en el séptimo descansarás; descansarás en tiempo de siembra y siega". El descanso sabático crea un tiempo nuevo, que hace posible una nueva conciencia, una nueva racionalidad, una nueva manera de sentir, pensar y valorar, para generar una resistencia ética y espiritual, donde la vida humana y del cosmos sea considerada definitivamente como un absoluto, por encima de toda ley e institución8. El Jubileo debe ser un llamado a esta ruptura y resistencia, para re-orientar la historia hacia una sociedad donde quepan todos y todas. La Iglesia, en especial, debe retomar con fuerza el universalismo humano y cósmico, donde todos los seres humanos sean reconocidos como hijos e hijas de Dios, con derecho a una vida plena y feliz, en armonía con la creación. Debemos proclamar otra vez el grito de San Irineo de Lyon, que hacia finales del siglo II recoge fielmente toda la tradición cristiana cuando dice: "Gloria Dei vivens homo, Gloria autem hominis visio Dei" (la Gloria de Dios es el ser humano vivo, y la gloria del ser humano es la visión de Dios).
Debemos releer todos los textos bíblicos que hemos comentado arriba y re-interpretarlos en función de este Jubileo del año 2000. ¿Qué significa hoy el descanso de la tierra, la liberación de los esclavos y el perdón de todas las deudas? Hay mucho que hacer, sólo falta comenzar. Es una lucha de hormigas contra dinosaurios, pero el futuro ya fue decidido en favor de las hormigas. Todo lo que hagamos por reconstruir la esperanza y la vida es importante: vale más encender una luz, que maldecir las tinieblas.
Pablo Richard
Apartado 389
2070 San José
Costa Rica
Notas
1 Nacido en Chile en 1939. Ordenado presbítero católico en 1967. Licenciado en Teología en 1966 (Universidad Católica de Chile). Licenciado en Sagradas Escrituras 1969 (Pont. Instituto Bíblico de Roma). Estudios de Arqueología bíblica 1970 (Escuela Bíblica de Jerusalén). Doctor en Sociología de la Religión 1978 (Sorbona, París). Actualmente incardinado como sacerdote diocesano en San José, Costa Rica, director del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), dedicado a tiempo completo a la Lectura Comunitaria de la Biblia. Últimos libros: Apocalipsis: Reconstrucción de la esperanza. Costa Rica (DEI) 1995, 215p. (traducido al inglés, portugués, italiano y alemán); El movimiento de Jesús antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Costa Rica (DEI) 1998, 174p.
2 Este artículo es una reelaboración, hecha especialmente para Ribla, de otro artículo que ya circuló en varias revistas titulado: "Ya es tiempo de proclamar un Jubileo - Jubileo y liberación desde los pobres de América Latina".
3 Aquí tomamos como referencia básica para nuestra reflexión sobre el Jubileo en el A.T. los siguientes 2 artículos: Ivoni RICHTER REIMER y Haroldo REIMER, "Dia de descanso —Ano sabático— Ano jubilar (antologia de textos)", y Haroldo REIMER, "Leis dos tempos jubilares na Bíblia. Ensaio de una perspectiva histórica"; ambos artículos publicados en Estudos Bíblicos v.58, Petrópolis/Sao Leopoldo, Editora Vozes/Sinodal), 1998 (todo el número está dedicado al tema del Jubileo).
4 Es importante destacar que en Mateo las 8 palabras relacionadas con deuda aparecen únicamente en el Padrenuestro (6,12) y en la parábola del siervo sin entrañas (18,23-35), lo que nos obliga interpretar los dos textos en el mismo sentido. En la parábola claramente el tema central es la deuda económica. Lo lógico es interpretar el Padrenuestro a la luz de la parábola. Las 8 palabras en Mt. son: "deudor" (ofeiletes): sólo en Mt. 6,12 y 18,24, "deuda" (ofeile): sólo en Mt 18,32, "deuda" (ofeilema): sólo en Mt 6,12, "deber" (ofeileo): con el sentido de deber dinero sólo en Mt 18,28.28.30.34. El verbo aparece también en Mt 23,16.18 con el sentido diferente de "estar obligado".
5 Véase mi libro: El movimiento de Jesús antes de la Iglesia - Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Costa Rica (DEI) 1999, 2 ed., 174p.
6 Publicado en la Revista Pasos (DEI-Costa Rica), nº 76, marzo-abril 1998.
7 Viviane FORRESTER, El horror económico, Fondo de Cultura Económica, 1997, octava reinpresión, 166p.
8 Cf. mi artículo: "Crítica teológica a la globalización neo-liberal". En: Revista Pasos (DEI-Costa Rica), nº 71, mayo-junio 1997. Cf. igualmente el último libro de Franz J. HINKELAMMERT, El grito del sujeto. Costa Rica (DEI) 1998; Varios (Fundación Amerindia): Globalizar la esperanza (Indo-American Press Service), Cochabamba, Bolivia, 1997, 328p.
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