
El Apocalipsis de Juan como relato de una experiencia visionaria. Anotaciones sobre la estructura del libro
José Adriano Filho
Resumen
El Apocalipsis, escrito en primer lugar para oyentes, muestra su estructura en la frase técnica “arrebatado por el Espíritu”. En 1,10, ella indica el inicio de la experiencia visionaria. En 4,1-2; 17,3 y 21,10 indica tres transiciones mayores dentro de toda la visión. Estas marcas lingüísticas indican cuatro partes principales del libro, pero también muestran una estructura clara, necesaria para que los destinatarios encuentren la dinámica del movimiento del libro a través de la visión que se presenta. Sin embargo, existe un paralelo mayor en las tres series de plagas escatológicas, pues una serie no es mera repetición de la anterior, sino la desarrolla, hay diferencias entre ellas, pues si las series de sellos y trompetas son parciales, no así, la serie de copas. Ellas son una a una radicales, destruyendo lo que no fue alcanzado en las dos primeras series. El juicio de Dios alcanza su clímax con la séptima copa, la cual indica el juicio de Babilonia y el surgimiento de la nueva Jerusalén, la utopía de las comunidades del Apocalipsis.
Abstract
The Apocalypse, primarily written to be heard, has its structure controlled by the technical phrase “raptured by the Spirit”. In 1,10 it indicates the beginning fo the visionary experience. In 4,1-2; 17,3 and 21,10 it indicates three major transitions within the vision as a whole. These linguistic marks indicate four principal parts of the book, but also point toward a clear and necessary structure for the intended recipients to encounter the dynamic of the movement of the book through the vision which is presented. Although there exists a major parallel among the three series of eschatological plagues, for each series is not the mere repetition of the one before it but develops it, there are differences among them, for the series on seals and trumpets are incomplete but the series of cups is not. The cups are radical, each of them, destroying what has not been reached in the first two series. The Judgment of God reaches its climax with the seventh cup, which indicates the judgment of Babylon and the rise of the New Jerusalem, the utopia of the communities of the Apocalypse.
El Apocalipsis de Juan pertenece al contexto de la multiplicidad teológica del cristianismo de Asia Menor del final del primer siglo, una región donde varios grupos cristianos convivieron codo a codo, sin necesariamente ser grupos rivales o instituciones separadas. Escrito en forma de cartaapostólica cristiana primitiva, inicia con un prefacio que lo identifica como apokálypsis y propheteia (1,1.3) y su contenido expresa “que todo cuanto vio es Palabra de Dios y testimonio de Jesús” (1,2). Juan, el autor del libro, no subraya la autoridad de su trabajo por medio de la seudonimia, secretos, horarios de ficción que él considera secretamente sellado desde el comienzo de la historia hasta los días del fin (Dn 12,9; 4 Esd12, 35-38; 14,7). Por el contrario, él menciona su propio nombre (1,1.4,9; 22,8), es conocido de las iglesias a las cuales dirige y escribe con autoridad de alguien que fue llamado por Cristo y que se atreve a reivindicar “autoridad canónica para su libro” (22, 18) .
El libro, que utiliza abundantemente el Antiguo Testamento para su composición , fue enviado a las comunidades de Asia Menor como una exhortación escatológica clara para el futuro inmediato (1,1.3-4.11; 22,6-7.10.18), para ser leído y escuchado en el contexto de la asamblea litúrgica (1,1.3-4.9-11). Su terminología cúltica (1,6.7.10.12; 2,1.5; 4,1; 5,8.10; 6,9; 8,3.4; 9,2.3.17; 11,1-2.15.19; 14,15.17; 15,5.6.8; 16; 2.3.4.8.10.12.17) y sus secciones hímnicas, compuestas en forma de antífonas (4,9-11; 5,9-12; 7,10-12; 11,15-b. 17-18; 16,5b-6.7; 19,1b.2.3; 4b.5b.6b-8a), indican un horizonte interpretativo litúrgico para el libro, demostrando que la liturgia es el ambiente primario en el cual debe ser comprendido . Con relación a su estructura, varias propuestas han sido presentadas, procurando explicar como las diversas tradiciones teológicas utilizadas en su composición forman un conjunto coherente y organizado.
1. Propuestas de estructura.
Una primera forma de aproximación ve en el libro un modelo dramático de estructura. Alfred Wikenhäuser distingue de la introducción (capítulo 1) y de la parte parenética (capítulo 2 y 3), lo que él llama la parte profética o drama escatológico (4,1-22,5), presentando la siguiente estructura para el libro:
Escena introductoria (4,1-11)
1. Acto primero: los acontecimientos que preceden a la lucha entre Dios y satanás (5,1-11,14)
2. Acto segundo: la batalla decisiva entre Dios y satanás por el dominio del mundo (11,15-20,15).
3. Acto tercero: el reino eterno de Dios sobre una nueva tierra, con la Jerusalén celestial como centro (21,1-22,5).
Escena conclusiva (22,6-21)
Entre estos intérpretes hay quienes dividen lo que se llama parte central del libro (4,1-22,5 o 22, 9) en dos grandes secciones. Otros prefieren trabajar con una organización quiástica del material. M. Hopkins, después de una sección introductoria (capítulo 1-3), distingue una parte que llama de “perspectiva histórica” (capítulos 4-11), que sería la visita de Dios a Israel y otra que se llama “visión apocalíptica” (capítulos 12-20), que sería el juicio de Dios sobre Babilonia y una última sección sobre “la Jerusalén celestial” (capítulo 21-22). A. Feuillet divide el cuerpo del libro (4-22) en dos grandes secciones: juicio sobre Israel (4-11) y juicio sobre las naciones (12-22) .
Otra forma de análisis de la estructura del Apocalipsis es el modelo quiástico- concéntrico. Elisabeth Schüssler Fiorenza muestra una estructura concéntrico-quiástica, organizada en torno al tema de la comunidad escatológica:
1. Marco epistolar (1,1-8)
2. La comunidad sobre juicio (1,9-3,22)
3. A. Juicio en el cosmos (serie de septetos: 4,1-11,19; 15,5-16,21)
B. La comunidad y sus opresores (10,1-15,4)
C. Juicio a los poderes hostiles a Dios (17,1-20,15)
2’. La salvación escatológica de la comunidad y del mundo (21,1-22,5)
1’. Marco epistolar (22,6-21).
Ella en otro ensayo muestra esta estructura :
A. 1,1-8
B. 1,9-3,22
C. 4,1-9,21; 11,15-19
D. 10,1-15,4
C’. 15,1.5-19,10
B’. 19,11-22,9
A’. 22,10-21
A pesar de que este esbozo sustenta la estructura quiástica para el libro, presenta una corrección del punto C de la parte tres de “Escatología y Composición” (p. 363), asumiendo que la sección de Babilonia forma una visión separada del juicio, que antes había sido presentada interrelacionada (17,1-20,15). Ella considera también que Juan relaciona las visiones de Babilonia con un septeto de copas, pero además mantiene el pequeño libro profético con la parte central del libro (10,1-15,4). Según ella, el Apocalipsis está estructurado sobre el modelo quiástico-concéntrico A B C D C’ B’ A’, teniendo como centro el libro profético cuya función principal es la interpretación de la situación de la comunidad.
Queremos destacar además la teoría de la recapitulación, según la cual el Apocalipsis está organizado en ciclos de visiones que, comenzando con la revelación del libro con los siete sellos (capítulo 5), o después de la apertura de los siete sellos (8,2) recapitulan el mismo modelo de eventos escatológicos, de tal forma que el ciclo siguiente de visiones, recapitula el ciclo de visiones presentadas en el anterior y clarifica lo que allí fue mencionado. Adela Yarbro Collins defiende esta teoría, señalando los siguientes elementos como componentes de la estructura del libro .
1. El número 7 como principio organizador
2. El libro contiene dos unidades:
a. 1,19-11,10
b. 12,1-22,5
Según ella, cada sección consiste en tres series de siete, numeradas o no. De esa forma, presenta la siguiente estructura para el libro:
1. Prólogo (1,1-8)
2. Los siete mensajes (1,9-3,22)
3. Los siete sellos (4,1-8,5)
4. Las siete trompetas (8,6-11,19)
5. Siete visiones no numeradas (12,1-15,4)
6. Las siete copas (15,1-16,21)
Apéndice: Babilonia (17,1-21,8)
7. Siete visiones no numeradas (21,9,22,5)
8. Epílogo (22,6-21)
La recapitulación no se extiende a las seis secciones, pero comienza con la revelación del contenido del libro con los siete sellos en 6,1. De esa manera, hay en el libro cinco series de visiones que manifiestan recapitulación:
1. Los siete sellos (6,1-8,5)
2. Las siete trompetas (8,6-11,19)
3. Siete visiones no numeradas (12,1-15,4)
4. Las siete copas (15,1-16,21)
Apéndice: Babilonia (17,1-19,10)
5. Siete visiones no numeradas (19,11-21,8)
Apéndice: Jerusalén (21,9-22,5)
Ella cree también que cada unidad posee su principio organizador que comprende: 1. Persecución de la comunidad; 2. Juicio y castigo de los adversarios; 3. Triunfo del Cordero o del Fiel. Se trata de un modelo repetido que se compone de visiones de persecución/amenaza para un modelo de salvación/victoria.
Todas estas propuestas de estructura acentúan aspectos importantes, sea al indicar las técnicas de composición o el contenido de cada una de las partes del libro. Además, permanecen algunas dificultades que ellas no explican. Es necesario recordar que no es solamente esta parte del Apocalipsis que está preocupada por la situación de las comunidades. La interpretación de la situación de las comunidades comienza en las cartas, continúa con el quinto sello y los pasajes que responden a las oraciones de los santos y observan la destrucción de los enemigos, culminando en el galardón celestial . En el caso de la teología de la recapitulación, la audiencia de cada septeto no es la misma, que es lo que esperaríamos si los eventos fuesen cíclicos. En las series de sellos y trompetas la audiencia es general: la tierra y los habitantes de la tierra, pero en la serie de copas, las plagas se dirigen a los que tienen la marca de la bestia y adoran a su imagen (16,2). Vale destacar también que el fin no viene con la séptima trompeta. Él es anunciado, pero aún permanece en el futuro, realizándose solamente en la esfera de acción de las copas. Finalmente, no hay necesidad de aplicar el modelo septenario a todas las partes del libro o a toda su estructura. Eso no significa negar el significado mayor del número siete, que está claro en cuatro series explícitamente nombradas. Juan escribió, en primer lugar, para oyentes pero también esperaba que el libro sea leído (1,3). En un texto que fue primero destinado a ser escuchado, la estructura debe ser claramente indicada por marcas lingüísticas, que pueden demostrar la unidad de las partes principales, pero también indicar una estructura clara del libro, necesaria para que los destinatarios encuentren el desarrollo interno de la visión que es presentada. Como veremos, existe un desarrollo progresivo en la narrativa del Apocalipsis, que culmina en el juicio de Babilonia y en el surgimiento de la nueva Jerusalén.
2. Una experiencia visionaria ocurrida en el día del Señor
El Apocalipsis contiene un prólogo (1,1-8) y un epílogo (22,6-21). El prólogo contiene un prefacio epistolar, que caracteriza al libro como una carta (1,4-6) y el epílogo termina con una conclusión epistolar (22,21). Ambos contienen oráculos proféticos. Las relaciones verbales entre 1,3 y 22,6-7 muestran que el epílogo comienza en 22,6-7. A su vez, el conjunto comprendido entre el prólogo y el epílogo (1,9-22,9) es presentado como una experiencia visionaria que sucedió en el día del Señor (1,10). La frase técnica “arrebatado por el Espíritu” (1,10) muestra el comienzo de la experiencia visionaria. Ella también ocurre tres veces más en el libro (4,1-2; 17,3; 21,10), indicando tres transiciones mayores dentro de toda la visión. En 4,2 se dice la misma frase “arrebatado por el Espíritu”, pero en 17,3 y 21,10 la frase utilizada es “el ángel me condujo en espíritu”.
2.1. La visión del Cristo exaltado
En la primera vez que aparece la expresión “arrebatado por el Espíritu”, el Apocalipsis presenta una visión del Cristo exaltado que envía siete mensajes a las iglesias de Asia: “Yo, Juan, hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, me encontraba en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Fui arrebatado por el Espíritu en el día Señor, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta, proclamando: Lo que estás viendo, escríbelo en un libro, y envía a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea” (1,9-11). Los mensajes fueron enviados por medio de siete cartas que presentan forma y estructura semejantes. Ellas fueron compuestas como cartas proféticas, siguiendo un patrón definido, de cinco partes:
a) Orden para escribir: “escribe”
b) La fórmula del mensajero profético: “Estas cosas dice”, combinada con características de Cristo, sacadas de la visión inaugural (1,12-20). Por ejemplo: “estas cosas dice aquel que conserva en la mano derecha las siete estrellas y que anda en medio de los siete candeleros de oro” (2,1), son símbolos que aparecen en 1,12.13.16.20.
c) Introducida por la expresión “conozco”, es más elaborada y termina con una exhortación. Incluye algunos o todos los elementos siguientes: una descripción de la situación (“yo sé que”), censura (“pero tengo contra ti”), llamada al arrepentimiento, un dicho de revelación, un anuncio de la venida del Señor y una exhortación.
d) Llamada para oír el mensaje, que tiene la misma forma en todas las cartas: “Quien tiene oídos, oiga, lo que el Espíritu dice a las iglesias” (2,7a.11a.17a.29; 3,6.13.22).
e) Promesa escatológica: a pesar de variar en contenido, ella presenta la misma forma: “Al vencedor, daré” (participio del verbo “vencer” más el verbo principal en futuro) . La visión del Hijo del Hombre es el principio organizador de esta primera visión y las señales del juicio inminente en la visión de Cristo, explícito en los mensajes a las iglesias, introducen todo el libro. Las cartas también introducen al libro, pues ya presentan la confianza de que Dios cuidará de los fieles de la amenaza que estaba comenzando a surgir. Como cartas proféticas, ellas establecen una relación entre la presentación inicial, el Apocalipsis como profecía y la visión de la nueva Jerusalén . En la carta a la iglesia de Esmirna, Juan se dirige a aquellos que experimentan “la blasfemia de los que así mismos se llaman judíos y no lo son, siendo mas bien sinagoga de Satanás” (2,9). En el mensaje a la iglesia de Filadelfia, habla de los que “son de la sinagoga de Satanás, de esos que a sí mismos se declaran judíos, y no lo son, sino mienten” (3,9). Al vencedor, le hace la promesa: “Lo haré columna del santuario de mi Dios, y de ahí jamás saldrá; grabaré también sobre él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo, venida de parte de Dios, y mi nuevo nombre” (3,12). Estas promesas, dirigidas a los vencedores de los capítulos 2-3, son cumplidas en Ap 21-22. Los vencedores son los que se alegran con la nueva creación y entran en la ciudad por las puertas.
Comparación entre las promesas hechas a las iglesias y su cumplimiento en la descripción de la nueva Jerusalén.
Apocalipsis 2,1-3,22
Apocalipsis 21,1-22,5
El vencedor comerá del árbol El árbol de la vida produce fruto y remedio
de la vida: 2,7 para la cura de las naciones 22,2
El vencedor no sufrirá daño El vencedor beberá de la fuente del agua de la
en la segunda muerte: 2,11 vida. En cuanto a los cobardes y traidores
recibirán la segunda muerte 21,8.
El vencedor recibirá una piedra Los siervos llevarán sus nombres en
con un nuevo nombre: 2,17; 3,12. la frente: 22,4
El vencedor tendrá autoridad Los siervos gobernarán para siempre: 22,5
sobre las naciones 2,26
El vencedor será reconocido El vencedor es proclamado hijo de Dios: 21,7
en la presencia del Padre: 3,5
El vencedor será columna del templo La nueva Jerusalén baja del cielo, de parte
y tendrá inscrito el nombre de Dios y de la nueva de Dios: 21,15.10, y es el lugar donde
Jerusalén: 3,12. habita Dios: 21,9-27
Fuente: C. DEUTSCH, “Transformation of Symbols. The New Jerusalem in Revelation 21,1-22,5” In: Zeitschrift für die neutestamentlich Wissenschaft 78, 1987, p.124.
2.2. La visión inaugural del cielo y las tres series de plagas escatológicas
En la segunda vez que aparece la expresión “arrebatado por el Espíritu”, Juan es llevado al cielo: “Después de eso, yo vi: Una puerta estaba abierta en el cielo, y la primera voz, que me hablaba, como trompeta, me dijo: sube hasta aquí y te mostraré lo que debe suceder después de estas cosas. Luego, fui arrebatado por el Espíritu” (4,1-2a). Esta segunda aparición de la expresión establece otro momento en la experiencia visionaria: una visión inaugural del cielo (4-5), donde se desarrolla la secuencia del juicio de las tres series de plagas escatológicas: sellos, trompetas y copas (6-16). Los capítulos 6-16 contienen señales que marcan su estructura y la interrelación entre sus parte. Como veremos, a pesar de las pausas e interrupciones, se da un desarrollo en la secuencia de las plagas, pues las tres series de plagas no solo en parte se sobreponen, sino que también cada una de ellas fue concebida como una unidad independiente. El desarrollo de ellas presenta una secuencia lineal creciente y una intensificación con y dentro de cada septeto de plagas .
Un primer elemento que indica la relación entre los capítulos 4-16 está en el hecho de que el séptimo elemento de cada serie de plagas se conecta con el otro y con la visión del trono de Dios del capítulo 4 por medio de una fórmula que menciona truenos, terremotos y tempestades : Del trono salían relámpagos, voces y truenos” (4,5a).
“El ángel tomó entonces el incensario, lo llenó con el fuego del altar y lo lanzó sobre la tierra: hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto” (8,5).
“Se abrió entonces el templo de Dios, que está en el cielo, y el arca de su alianza apareció en su templo. Entonces hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y una fuerte tempestad de granizo” (11,19).
“Sobrevinieron entonces relámpagos, voces y truenos y un terremoto tan violento como jamás hubo igual desde que el hombre está en la tierra. La gran ciudad fue dividida en tres partes y las ciudades de las naciones quedaron en ruinas. Entonces, Dios se acordó de la gran Babilonia, para darle el cáliz donde hierve el vino de su ira. Las islas todas huyeron y los montes desaparecieron. Y enormes piedras de granizos cayeron desde el cielo sobre los hombres que seguían maldiciendo a Dios a causa de la plaga del granizo, porque era una plaga exageradamente terrible” (16,18-21).
Según esta fórmula, el mismo juicio final es alcanzado en el séptimo elemento de cada una de las tres series. Con las dos primeras series tenemos una idea preliminar del juicio final y la ampliación de la fórmula corresponde a la intensificación del juicio en cada una de las series. Las tres últimas menciones se localizan siempre después del séptimo elemento de los septetos, siendo que en 16,18-21 ella está conectada con el castigo de Babilonia, que hace parte del juicio final. Aunque Babilonia sea el centro del juicio, su efecto es universal, cósmico. La ira de Dios llegó al fin (16,17-19; ver 15,1). La expansión progresiva de la fórmula en 11,19c y 16,18 indica el aumento de la severidad de cada serie de juicios y su relación con el trono y el templo muestra al mismo tiempo su origen trascendente y el carácter escatológico del castigo .
La interrelación entre las series de plagas, a su vez, se establece a través de la técnica de la sobreposición y entrelazamiento. Apocalipsis 8,1 afirma que cuando “el séptimo sello fue abierto hubo silencio en el cielo de media hora”. En 8,3-5 tenemos la oración de los santos, cuya respuesta consiste en juzgar (8,5). Entre el silencio del cielo y la oferta de los santos son introducidos los siete ángeles con sus trompetas (8,2), preparando el comienzo de la serie en 8,6. En el caso de las siete copas los capítulos 12-14 separan la séptima trompeta de la aparición de los siete ángeles con las copas (11,15-19). Entre tanto, la relación se establece porque 11,19a: “Se abrió entonces en el cielo el templo de Dios y dentro de él apareció el arca de su alianza”, es repetido en la introducción del relato de las copas en 15,5-6a: “Después de esto vi cómo se abrió en el cielo lo más santo de la tienda del testimonio. Y los siete ángeles que llevaban las siete plagas salieron del templo”, en cuanto 11,19b: “Entonces hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y una fuerte tempestad de granizo”, como ya vimos, es ampliado en el relato de la séptima copa (16,17-21). Así mismo al respecto de la intervención de los capítulos 12-14, la secuencia de copas sigue claramente después de la última trompeta .
Es interesante observar que las tres series de plagas se distinguen de las siete cartas por medio de marcas estructurales que están claramente indicadas:
- Las iglesias no son enumeradas, solamente nombradas.
- El orden de ellas es determinado geográficamente (camino que el mensajero de Juan seguiría, a partir de Éfeso).
- En las series de los juicios la numeración es importante porque ellos son secuencias que se desarrollan en dirección al juicio final en el séptimo elemento de cada serie.
- No es solamente el número de cada serie que es declarado con énfasis creciente antes de que cada una comience (6.1.5; 8,2.6; 15,1.6-16.1), también la secuencia numérica presentada declarada por medio de una fórmula patrón en cada serie: sellos (6,1.3.5.7.9.12; 8,1); trompetas (8.7.8.10.12; 9,1.13; 11,15); copas (16: 2.3.4.8.10.12.17) .
Otra diferencia entre los siete mensajes como grupo y las tres series de juicios está en el hecho de que las tres series de juicios presentan una estructura 4+3, pero los mensajes a las iglesias presentan un modelo 3+4: “Oigan lo que el Espíritu dice a las iglesias” (2,7a, 11a,17a) precede la expresión “al vencedor” (2,17b; 11b,17b), en cuanto a los últimos cuatro el refrán “oigan lo que el Espíritu dice a las iglesias” (2,29; 3,6.13.22) sigue la promesa “al vencedor” (2,26-28; 3,5.12.21). Pero a su vez, las series de juicios tienen una estructura 4+3, más acentuada en las dos primeras series que se distinguen de la serie de las copas por presentar una intercalación entre el sexto y el séptimo elemento de la serie quedando así su estructura 4+(2+intercalación)+1. En los cuatro primeros sellos, una palabra casi similar introduce cada uno de los juicios, pero el quinto, sexto y séptimo sellos contienen una fórmula introductoria más corta (6,9.12; 8,1) .
En la serie de trompetas, las primeras cuatro forman un grupo evidente, sin embargo el mayor énfasis recae en los tres últimos elementos. Entre la cuarta y la quinta trompeta tenemos la introducción de un águila que proclama tres “ayes” a los habitantes de la tierra (8,13; 9,12; 11,14), idénticos a los juicios que se dan en las tres últimas trompetas. La fórmula enfática de los “ayes”, junto con la numeración de las trompetas, ofrece un método adicional que mantiene al oyente atento a la secuencia de los juicios de las tres últimas trompetas. La indicación de que el segundo “ay” pasó (11,14) delimita también el lugar de la intercalación de 10,1-11,13 en el desarrollo de la serie de trompetas. El segundo “ay” debe ser conectado con la sexta trompeta y no con la séptima, ya que su significado debe ser entendido en relación con 9,20-21. El arrepentimiento que no ocurrió en 9,20-21 ocurre como un resultado de los eventos de la intercalación en 11,13. La fórmula, que señala la secuencia de los “ayes” en 11,14, indica entonces que el período en el cual hay oportunidad para el arrepentimiento está llegando al fin con el tercero y último “ay” (ver 2,16; 3,11; 22,6.12.20) .
La narrativa de las copas, a su vez comparte las características estructurales y vocabulario con las dos primeras series, presentando tres momentos: 1. Un ángel numerado derrama su copa, 2. La naturaleza reacciona al derramar la copa, 3. Las personas reaccionan al derramar la copa. El primer momento es fijo y descrito con una frase igual en cada una de las siete plagas, en cambio el segundo y tercer momentos están sujetos a alguna variación. La primera copa (16,2) tiene efecto directo en los adoradores de la bestia, que son afectados con dolores, la segunda (16,3) tiene efecto en la naturaleza y no en la humanidad, y la tercera (16,4), tiene efecto cuando es derramada sobre las fuentes de agua y una proclamación angelical toma el lugar de la reacción humana. En la cuarta, quinta y séptima plaga (16,9.11.21), la reacción humana es blasfema, en contraste con la proclamación angélical de la tercera copa (16,4). Esta reacción negativa (16,9.11), es opuesta a la actitud de conversión, en una clara alusión a las plagas dirigidas contra Egipto en el Éxodo (7,13-22; 8,15.19-32; 9,7-12.34-35; 10,1.20; 11,9-10; 14,4), habiendo sido preparada en Ap 15,3, donde los que triunfan sobre la bestia y su imagen cantan el himno de Moisés, siervo de Dios, y el himno del Cordero .
Las tres series de plagas presentan un paralelismo claro. Ellas también son paralelas a las plagas del Éxodo, principalmente las dos últimas series, como puede ser visto en el siguiente gráfico:
Sellos (Ap 6) Trompetas (Ap 8-9) Copas (Ap 16)
Ap 4-5 Ap 8,2-6 Ap 15,1-16,1
Dios, el libro con los siete sellos. Siete trompetas, siete ángeles. Siete copas, siete ángeles.
El Cordero recibe el libro
1. Ap 6,1-2 Ap 8,7 (Ex 9,13-25) Ap 16, 2 (Ex 9,8-12)
El caballo blanco y su caballero Granizo, fuego con sangre en la tierra. Sobrevienen úlceras malignas y
que, con un arco y flecha, salió Un tercio de tierra, árbol y hierbas perniciosas para los que tienen la
venciendo y para vencer. verdes fueron quemadas. marca de la bestia y adoran a su imagen.
2. Ap 6,3-4 Ap 8,8-9 (Ex 7,14-25) Ap 16,3 (Ex 7,14-25)
El caballo rojo y su caballero con Una gran montaña ardiendo en llamas El mar se vuelve sangre y toda
una espada para quitar la paz de fue lanzada al mar. Un tercio del mar se criatura que en él existía murió.
la tierra. volvió en sangre, un tercio de las
criaturas del mar murieron, un tercio
de las embarcaciones fueron destruidas.
3. Ap 5-6 Ap 8, 10-11 Ap 16,4 (Ex 7,14-25)
El caballo negro, y su caballero Una gran estrella ardiente como una Las aguas de los ríos y fuentes se
con una balanza en la mano. Una antorcha cae sobre la tercera parte de los volvieron en sangre.
voz dice: “Una medida de trigo por ríos y fuentes de agua; las aguas se
un denario”; “tres medidas de volvieron amargas; muchas
cebada por un denario”; “Pero no personas murieron.
afectes al aceite y el vino”.
4. Ap 6,7-9 Ap 8,12 (Ex 10,21-29) Ap 16,8-9
El caballo amarillo, y su caballero Fue herida la tercera parte del sol, de la El sol quema a los hombres con
se llama muerte y el infierno lo luna y de las estrellas para que ellas no fuego, pero estos no se
segue. Él tiene autoridad sobre la vuelvan a brillar. arrepienten y blasfeman
cuarta parte de la tierra para matar contra Dios.
con la espada, hambre, muerte
y fieras de la tierra.
5. Ap 6,9-11 Ap 9,1-11 (Ex 10,1-20) Ap 16,10-11 (Ex10,21-29)
Las vidas bajo el altar claman: Una estrella cae sobre la tierra. El ángel La copa es derramada sobre el
¿cuándo nos harás justicia y recibe la llave del pozo del abismo. La trono de la bestia, y su reino se
vengarás la muerte sangrienta que humareda del abismo oscurece el sol y el convirtió en tinieblas. La
nos dieron los habitantes de la aire. Las langostas, cuyo rey es Abadón, humanidad no se arrepiente y
tierra? Ellos reciben una ropa torturan a los que no tienen el sello de maldice a Dios.
blanca y deben esperar hasta que Dios en su frente durante cinco meses.
se complete el número de los que Ap 9,12: El primer “ay” pasó. Pero aún
debían ser martirizados, así como ellos lo fueron. restan dos.
6. Ap 6,12-17 Ap 9,13-21 Ap 16,12-16 (Ex 7,26-28; 11)
El gran terremoto: sol, luna, Cuatro ángeles atados junto al Eúfrates La aguas del Eúfrates se secan,
estrellas, cielo y montañas son son liberados para matar un tercio de las preparando el camino de los reyes
removidos. Todos se esconden, personas con fuego, humareda y azufre. del oriente; tres espíritus
pues llegó el día de la ira “del que se El resto de la humanidad no se inmundos.
halla sentado en el trono” y del arrepiente. Ap 10,1-11: El pequeño libro. Ap 16,15: dicho de Jesús.
Cordero. Ap 7,1-8: los que fueron Ap 11,1-13: Los dos testigos. Ap 11,14:
sellados. Ap 7,9-17: Una gran Pasó el segundo “ay”. Pero esta cerca el
multitud. tercero.
7. Ap 8,1 Ap 11,15-19 Ap 16,17-21 (Ex 9,13-35)
Silencio en el cielo por media hora. Voces en el cielo: El reino de nuestro Copa derramada en el aire. Una
Truenos, voces, relámpagos y Señor y Cristo; himno; cielo abierto; arca; gran voz: “Ya está hecho”.
terremotos. relámpagos, voces, truenos, terremotos La ruina de Babilonia; relámpagos,
y granizo. voces, truenos, terremotos.
Ap 12,1-18: La mujer y el dragón. La humanidad maldice a Dios.
Ap 13,1-18: Las dos bestias
Ap 14,1-20: Tres visiones.
Fuente: J. LAMBRECHT, “A Structuration of Revelation 4,1-22,5”, p.88-90.
En lo que se refiere a las intercalaciones (7,1-17; 10,1-11,14; 12,1-14,20), aunque ellas pueden interrumpir la narrativa, no comprometen el desarrollo del libro. En 7,1-8 son sellados en la tierra los 144.000 siervos de Dios y 7,9-17 muestra una gran multitud de mártires cristianos en el cielo. Estas dos perícopas están relacionadas con el quinto sello (6,9-11), donde los mártires en oración piden a Dios que vengue su muerte sangrienta a los que moran sobre la tierra. Ap 6,11 afirma que ellas deben “esperar hasta que se complete el número de siervos y hermanos que van a ser muertos como ellos lo fueron, y a cada uno de ellos se le dio una ropa blanca” (6,11; ver 7,9.13.14). Ap 7,9-17 se relaciona también con los capítulos 4-5 por medio de la mención del nombre de nuestro Dios que está sentado en el trono y el Cordero (7,10; 7,12.14.15.17), ángeles, ancianos y los cuatro seres vivientes. De esa forma, la intercalación, al interrumpir la narrativa antes de que el último sello sea abierto, no solo busca destacar la protección de los cristianos sino también indicar la situación actual de los mártires perseguidos, sino indicar la situación actual de los mártires, dando valor a los compañeros en la fe. Ella indica también la actitud de Dios con el mundo hostil, destacando la iniquidad de la humanidad y la justicia del juicio divino .
A su vez Ap 12-14, no continúa directamente con la séptima trompeta, pues sabemos que las imágenes de 11,19b describen el juicio final y concluyen el relato del séptimo sello, contiene elementos que se interrelacionan con el conjunto del libro. Al mencionar una gran “señal” (12,1.3), el libro introduce al dragón y a la mujer, que aún no habían sido mencionados. Es justamente la historia del conflicto entre el dragón y la mujer que conduce al relato del conflicto actual entre el pueblo de Dios y los enemigos de Dios, el cual termina con la visión de los vencedores de la bestia triunfante en el cielo (15,2-4). Juan conecta la visión de los capítulos 12-14 con el relato de las siete copas no al comienzo, sino al final, utilizando nuevamente la técnica de la sobreposición y entrelazamiento. La visión del pueblo de Dios triunfante en el cielo se ubica entre la introducción de los siete ángeles con las siete últimas plagas (15,1) y el relato de la preparación para derramarlas sobre la tierra (15,5-8). Además, los siete ángeles son introducidos por una variación de la fórmula que fue utilizada para introducir al dragón y la mujer en el capítulo 12: “Una gran señal” (15,1).
Esto indica que a la serie de copas le sigue la narrativa que tuvo inicio en el capítulo 12. Ya indicamos que 15,5 es un eco de 11,19a y que 16,17-20 en una expansión de 11,19b, volviendo a las siete copas una versión más amplia de la serie de trompetas. Así, el capítulo 15 es un punto donde la narrativa que comenzó en el capítulo 12 con la amenaza del dragón a la mujer se encuentra con la narrativa iniciada en el capítulo 5 con el Cordero que recibe el libro para abrirlo. Este encuentro queda claro en el hecho de que la serie de copas, en la secuencia de juzgamientos que continúa, y completa las dos secuencias anteriores, y menciona, como las series anteriores no habían hecho, las fuerzas de oposición a Dios con el lenguaje que fue utilizado en 12-14 (ver 16,2.10.13.19) De esa forma, los capítulos 12-15 abordan de manera más completa a los personajes que fueron introducidos en 7,1-17 y 10,1-1,13: el pueblo de Dios en su conflicto con las fuerzas de oposición a Dios .
Como vimos, Juan usa las imágenes de sellos, trompetas y copas. El libro del capítulo 5 está sellado con siete sellos, lo que sugiere que fue sellado por la autoridad divina, pero él solo puede ser abierto por un representante digno de Dios: el Cordero. Cuando éste abre el primer sello, la justicia de Dios comienza a realizarse en la historia. Las trompetas anuncian el día del Señor y la aproximación del juicio sobre la tierra, convocando al pueblo al arrepentimiento. Las copas presentan un énfasis diferente. Ellas son usadas en el contexto del culto celestial, en el cual los santos piden a Dios en sus oraciones para que él pueda intervenir a su favor. Las mismas copas doradas que contienen las oraciones de los santos (5,8) están llenas de la ira de Dios y son derramadas en la tierra (15,7; 16,1).
Diferenciando la serie de sellos donde un cuarto de la tierra es destruida (6,8) y de la serie de trompetas donde un tercio es destruido (8,7.9.10.12; 9,15), pero donde había aún una oportunidad para el arrepentimiento, la serie de copas consiste en el juicio de Dios sobre sus adversarios: “Partió el primer ángel y derramó su copa sobre la tierra. Una úlcera maligna y perniciosa hirió a los hombres que traían la marca de la bestia y adoraban su imagen” (16,2). La destrucción provocada por las copas es ilimitada, no así las series de sellos y trompetas que son limitadas. Ellas son una a una radicales, complementando la destrucción que fue iniciada en las dos primeras series.
2.3. Visión de Babilonia y de la nueva Jerusalén
En la primera aparición de la expresión “fui arrebatado por el Espíritu” tenemos una visión del Cristo exaltado quien envía siete mensajes a las iglesias de Asia. En la segunda aparición queda establecido otro momento de la experiencia visionaria de Juan con la presentación de una visión inaugural del cielo (4-5), a partir de la que se desarrolla la secuencia de juicios de las tres series de plagas escatológicas: sellos, trompetas y copas (6-16). Como ya indicamos, la introducción de la expresión “el ángel me condujo en Espíritu” (17,1-3; 21,9-10) presenta otro momento en la experiencia visionaria que se desarrolla en el Apocalipsis. En los dos pasajes, “uno de los ángeles, de los que tienen las siete copas”, se aproxima, invita al vidente y lo conduce en Espíritu al desierto o a una montaña, mostrándole a la prostituta o a la novia, la esposa del Cordero . En el contexto del Apocalipsis, la visión de Babilonia y de la nueva Jerusalén está comprendida dentro del radio de acción de la séptima copa y de la consumación (16,17-22,9), un bloque en el cual, a demás de la narrativa de la séptica copa (16,17-21), podemos identificar tres secciones:
1. El juicio de Babilonia (17,1-19,10)
2. La batalla final y juicio universal (19,11-20,15)
3. La nueva Jerusalén (21,1-22,9).
Las dos primeras secciones presentan una consumación negativa: el juicio de Dios sobre Babilonia y todos los enemigos escatológicos. La tercera, decididamente positiva, muestra el surgimiento de la nueva Jerusalén. La primera sección (17,1-19,10) se relaciona con la parte anterior del libro por 16,17-21, la séptima copa, que no solo completa la serie de copas iniciadas en el 16,1, sino que también abarca la propuesta de los capítulos 17,18: el juicio de Babilonia. Es decir, abarca todo lo que sigue en estos capítulos y los relaciona con lo que les precede. Ap 16,17-21, siendo el gancho entre Ap 17-18 y los capítulos anteriores, junto a 14,8 no solo introduce el tema principal de los capítulos 17-18, sino también anticipa su vocabulario característico . Sus tres mayores figuras: la bestia, la mujer, la ciudad, presentadas a los destinatarios en 17,9, ya habían aparecido antes en el libro. La bestia, inspirada en Dn 7, figura prominente en Ap 17, apareció anteriormente en 11,7, en contraste con los dos testigos, y el capítulo 13. En 13,1 ella es presentada con diez cuernos y siete cabezas, lo que también acontece en 17,3.7.9-14. La mujer del capítulo 17 no aparece de forma similar en ningún otro lugar del libro, pero contrasta con la mujer del capítulo 12. La imagen de la mujer, no es muy distante a la del capítulo 17, aparece en el mensaje a la iglesia del Tiatira (2,18-29), en la figura de Jezabel, inspirada en el Antiguo Testamento (1Re 16,31; 2 Re 9,22) .
La imagen de la ciudad, Babilonia, la grande, que ocupa todo el capítulo 18, aparece por segunda vez en 16,19, un tema ya familiar en 14,8 (ver 17,5; 18,2). Ap 16, 19 se refiere también a la “gran ciudad” (18,10.16.19). En 18,21 las dos expresiones se unen, volviendo “Babilonia, la grande”. Ap, 16,19: “fue recordada delante de Dios”, anticipa 18,5: “Dios se acordó”, citas que se refieren al castigo divino contra las malas acciones de Babilonia. La expresión “beber del cáliz del vino de su cólera”, esto es, de Dios, en 16,19, recuerda también 14,8: “del vino de la ira de su prostitución bebieron todas las naciones”, donde tenemos la primera mención del nombre de Babilonia. En 14,10 tenemos “y el beberá del vino de la ira de Dios”, una irónica inversión de 14,8, donde el castigo es descrito en términos semejantes a los de la ofensa. Las siete copas del Ap 16 son descritas como “llenas de la ira de Dios” y en 17,4 el vidente dice que la mujer sustenta un cáliz dorado, lleno de abominaciones. Y la expresión de 18,3: “porque del vino de la ira de su prostitución bebieron todas las naciones” nos recuerda 14,8; en 18,6: “en el cáliz en que ella mezcló, mezclará doblemente para ella”, nos recuerda 14,10. Las transgresiones de Babilonia son además descritas con el lenguaje de mala conducta sexual, a través de los términos “prostituir” (17,2; 18,3.9) y “prostitución” (14,8; 17,2.4; 18,3;19,2; 2,14.20-21).
En 17,1, la introducción de uno de los ángeles, de los que tienen las copas como el “ángel intérprete”, establece la continuidad entre la narrativa de la serie de copas y los capítulos de la Babilonia. La introducción de uno de los ángeles, de los que tienen las siete copas, como el guía de Juan en la visión de la nueva Jerusalén (21,9), mantienen esa continuidad, dándose un paralelismo próximo entre 17,1 y 21,9. Ap 21,9 es idéntico al 17,1, pero la adición de “llenas de las siete últimas plagas” refuerza su relación con el capítulo 16. Si en 17,1 el asunto de la visión anunciada por el ángel es “el juzgamiento de la gran meretriz” y en 21,9 “la novia, la esposa del Cordero” un paralelismo antitético queda establecido entre las dos visiones.
Las dos visiones comienzan y terminan de forma similar. Ap 17,1-3 afirma: uno de los siete ángeles, de los que tienen las siete copas, vino y habló conmigo diciendo: “ven, yo te mostraré el juicio de la gran meretriz que esta sentada sobre muchas aguas, con la cual los reyes de la tierra se prostituyeron y los moradores de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución. Y me condujo en Espíritu al desierto. Y vi una mujer sentada sobre una bestia escarlata, llena de nombres blasfemos, tenía siete cabezas y diez cuernos”. A su vez, Ap 21,9-10 afirma: “Uno de los siete ángeles, dos de los que tienen las siete copas llenas de las siete últimas plagas, vino y habló conmigo diciendo: Ven, yo te mostraré la novia, la esposa del Cordero. Y me condujo en espíritu a una montaña grande y alta y me mostró la ciudad santa de Jerusalén, que bajaba del cielo enviada por Dios” .
Al final de las dos secciones leemos en Ap 19,9-10: “Y me dijo, escribe: bienaventurados los que son llamados para el banquete de las bodas del Cordero. Y me dijo estas son palabras verdaderas de Dios. Y caí delante de sus pies para adorarlo. El me dijo: no hagas eso, yo soy tu compañero uno de tus hermanos que dan testimonio de Jesús. Solo a Dios debes adorar. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Ap 22,6-9, a su vez dice, “y me dijo: estas palabras son fieles y verdaderas. El Señor Dios de los espíritus de los profetas envío su mensajero para mostrar a sus siervos las cosas que en breve deben suceder. Vengo en breve: bienaventurados los que guardan las palabras de la profecía de este libro. Yo Juan, soy el que escuche y vi estas cosas. Y cuando oí y vi caí delante de los pies del ángel que me mostró estas cosas para adorarlo. Y él me dijo: no hagas eso. Yo soy tu compañero y uno de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adoren a Dios”.
El hecho de que la introducción y la conclusión de cada una de esas visiones se asemejen indican las similitudes de sus funciones en el texto y que la diferencia entre cada visión está en la identidad de las figuras introducidas especifica el contorno de un paralelismo antitético entre las dos secciones. Dos figuras femeninas son introducidas: la prostituta y la novia; dos ciudades: Babilonia y la nueva Jerusalén; dos protagonistas: la Bestia y el Cordero. En 17,14 la bestia con sus diez cuernos pelea contra el Cordero y sus elegidos, pero él sale victorioso. La derrota que el Cordero imprime a sus antagonistas en 19,11-20,15 -Babilonia, bestia, falso profeta, Satanás- ofrece la transición de la visión de Babilonia hacia la visión de la nueva Jerusalén no solamente en términos de organización del libro, sino también a causa de la perspectiva escatológica del Apocalipsis .
De esta forma, así como 16,17-21 concluye con una serie de copas e introduce lo que sigue, también 19,1-10 concluye los capítulos sobre Babilonia e introduce a los capítulos que siguen. La motivación para alabar a Dios que juzgó a la gran meretriz de la proclamación de 19,1b-2 nos recuerda 16,7, se presenta de tal forma que recapitula Ap 17-18. La mención de “prostitución” en 19,2 recuerda 14,8; 17,2; 18,3; “sangre” nos recuerda 17,6;18,24; “humareda” en 19,3 recuerda 18,9.18 (la reacción de los reyes y marineros ante la humareda que sube de las llamas de Babilonia); y la introducción del motivo nupcial está presente en la visión de la nueva Jerusalén .
Ap 19,11-21,8 complementa la sección anterior que tiene su unidad establecida por la mención expresa del juicio (19,11.10b; 20,4.6.10.13.14-15; 21,8) . Los adversarios escatológicos mayores: la bestia y el falso profeta (13), satanás (12,1-18), la muerte, el hades (6,8), están dispuestos en el orden inverso de su aparición en el libro y su completa distribución está asociada al fin de los hombres malos(19,2), reyes y otros ejércitos que se oponen (20,8-9b: el conjunto de las naciones llamada Gog y Magog) y pecadores (21,8). En última instancia donde el juicio individual es supuesto (20,11-15), el castigo del ser humano está identificado con los adversarios escatológicos mayores. El reino milenario (20,4-6) representa una victoria antes del fin (6,9-11; 7,14-17; 12,11-12a; 14,1-5.13; 15,2-4) y la progresión interna de esta parte del libro culmina con la creación de cielos nuevos y tierra nueva (21,1-8).
Ap 19,11-21,8 esta relacionado con la séptima copa por el hecho de que Babilonia pertenece al esquema inverso de retribución indicado arriba para la bestia, el falso profeta, la muerte y el hades. El esquema de retribución de Babilonia fue introducido al último (14,8), pero ella fue destruida en primer lugar, por ser el punto de apoyo en el esquema general. Su castigo no está separado del juicio sobre los otros adversarios escatológicos y la descripción de su desaparición confirma la ruina anunciada anteriormente (14,8; 18,1-24).
Babilonia, por tanto, funciona como antítesis para la nueva Jerusalén. La Consecuencia de su ruina, descrita en la esfera de la acción de la séptima copa y explicada en 17,1-19,10, está relacionada con 20,11-21,8. La séptima copa que presenta el juicio permanecería incompleta, por eso ella presenta el tema correlativo del galardón, presente en 20,11-21,8. De esa forma, la narrativa de la séptima copa debe, por tanto, ser vista en relación con 19,11-21,8, particularmente lo que contrasta con la destrucción de la Babilonia y todos los enemigos escatológicos, es decir la nueva creación (21,1-8) .
Ap 21,1-8 no solo culmina y contrasta con los eventos escatológicos de 19,11-20,15, sino tiene relación con 21,9-22,9 por su contenido y uso de imágenes. Habla del cielo nuevo y la tierra nuevo, de la nueva Jerusalén que desciende del cielo de parte de Dios, como novia adornada para su marido (21,2; 19,7-8), que será descrita en 21,9-22,9. Una voz del trono proclama que Dios está viviendo entre su pueblo e introduce la proposición de la alianza (21,2). La aflicción y el tormento ya no existen y las primeras cosas pasaron (21,4), el agua de la vida es ofrecida al sediento, y se hace una promesa de reconocimiento como hijo al vencedor (21,7; ver 2,7.11.17.26; 3,5.12.21) y los pecadores que no se arrepintieron son lanzados a la segunda muerte (21,8). De esa forma Ap 21, 1-8 presenta a la nueva Jerusalén que es preexistente como esposa en el contexto de la alianza y de la nueva creación y describe a sus miembros como “el vencedor” (21,7), especificando también los límites de exclusión de la nueva ciudad (21,8) .
En sección sobre la nueva Jerusalén (21,9-22,9), uno de los ángeles, de los que tiene las siete copas con las últimas plagas, se aparece al vidente y lo invita a ver a la novia, la esposa del Cordero (21,9) y a seguir describiendo la ciudad (21,1). La ciudad tiene como fundamento piedras preciosas (21,19-20) y las puerta de perlas (21,21), no tiene santuario (21,22), la gloria de Dios brilla sobre ella (21,23-25), naciones y reyes de la tierra le traen en su honor y gloria (21,14-26), el impuro y el que practica abominación y mentira está excluido (21,27; 21,8). En el capítulo 22, el ángel muestra a Juan el río del agua de la vida (22,1-2), los frutos doce veces al año, describen a la ciudad con la estructura del paraíso (22,2), ahí está el trono de Dios y el lugar de culto (22,3), sus siervos lo servirán para siempre (22,5). Finalmente 22,6-9 concluye la sección de forma similar a la de 19,9-10 que abarca la sección de Babilonia (17,1-19,10). La nueva Jerusalén, por tanto, es descrita como novia y esposa, lugar de habitación de Dios o templo. Como nuevo paraíso tiene carácter cósmico y, como preexistente, y aún por venir, transciende los límites temporales. Viniendo de Dios elimina la separación entre lo celestial y lo terreno .
De esta forma, si en 17,1-19,10 Juan ve a la prostituta Babilonia y su ruina, en 21,9-22,9 ve a la novia, la esposa del Cordero, la nueva Jerusalén que viene del cielo. El libro alcanza su clímax con la presentación de la destrucción de Babilonia y su sustitución por la nueva Jerusalén. La íntima conexión entre estas dos secciones paralelas, además de eso, es indicada por el anuncio de la bodas del Cordero en el fin de la liturgia que celebra la ruina de la Babilonia (19,7-8). El juicio de Babilonia y el adviento de la nueva Jerusalén, centrales en Ap 16-22, constituye un momento teológico decisivo y único, aunque temáticamente distinto.
Perteneciendo a la esfera de la acción de la séptima copa, por un lado, presenta un aspecto negativo en la destrucción de Babilonia, lo cual asegura la eliminación de todos los enemigos escatológicos. Por otro lado, señala el advenimiento de la nueva creación, de la nueva Jerusalén. Un doble momento de juicio se pone en relieve por las revelaciones angélicas indicadas en 17,1-3 y 21,9-10 . La oposición estructural entre Babilonia y la Nueva Jerusalén puede ser vista en el siguiente gráfico.
Babilonia: Ap 17,1-19,10 Nueva Jerusalén: Ap 21,9-22,9
Aproximación del ángel: 17,1 Aproximación del ángel: 21,9
Invitación: “Yo te mostraré el Invitación: “Yo te mostraré a la
juicio de la gran meretriz”: 17,1 novia, la esposa del Cordero” (21,9)
Conducción por el ángel al Conducción por el ángel una
desierto: 17,3 montaña grande y alta: 21,10
Lugar de demonios y espíritus Morada de Dios. Ningún profano
inmundos: 18,2 entrará en ella: 21,3.22.27
Los reyes de la tierra saquean Los reyes de la tierra traen sus
Babilonia: 17,15-16 riquezas y honor: 21,24.26
Los no inscritos en el libro de la Los inscritos en el libro de la vida
vida admiran a la bestia: 17,8 entran en la nueva Jerusalén: 21,27.
Las joyas y piedras preciosas La nueva Jerusalén brilla como una
de Babilonia son destruidas: joya con la gloria de Dios y tiene
17,4; 18,16-17. piedras preciosas como
fundamento: 21,19-20.
Babilonia está destinada a la Los santos reinan para
destrucción: 18,8 siempre: 22,5.
Mensajeros y mensaje: 19,9-10. Mensajeros y mensajes: 22,6-9.
Los paralelos presentados entre la sección de Babilonia y la Nueva Jerusalén muestran que el Apocalipsis articula de forma consciente y consistente la oposición entre las dos ciudades al adoptar introducciones semejantes, secuencias temáticas, patrones verbales y también conclusiones semejantes para las dos visiones. De esta manera, dos de los principales personajes del drama visionario que se desenvuelve en el Apocalipsis: la prostituta-Babilonia y la novia-Nueva Jerusalén, son presentadas a partir de la contraposición de dos ciudades (El Apocalipsis de Elías -hebraico- presenta el mismo esquema). De la misma forma que la sustitución griega de los diferentes mundos en la nueva creación, que sustituye la antigua creación, esa narrativa presenta una descripción de la Jerusalén del final de los tiempos.
3. La interrelación entre las secciones principales del Apocalipsis
Sin embargo, además de tener presente la visión de Babilonia en conjunto con la visión de la nueva Jerusalén , vimos que el Apocalipsis presenta cuatro divisiones principales, indicadas por el uso de la expresión técnica “fui arrebatado por el Espíritu” o “el ángel me condujo en Espíritu”, que indica no solamente cambios de lugar, sino también de tema (1,10; 4,1-2a; 17,3; 21,10). En Ap 1,10, donde la expresión ocurre por primera vez, se inicia la experiencia visionaria de Juan, que tuvo lugar en el día del Señor. La visión inaugural del Hijo del Hombre es el eje que organiza la primera visión y las señales del juicio inminente en la visión de Cristo, explícito en los mensajes a las siete iglesias, sirven de prefacio a todo el libro. Las otras tres apariciones de la expresión (4,1-2; 17,3; 21,10) indican tres transiciones mayores en toda la visión. En 4,1-2a, la voz que llama a Juan para el cielo, la misma de 1,10-11, indica una transición dentro de la experiencia visionaria introducida en 1,10-11, pero existe una relación entre 1,9-3,22 y los capítulos siguientes a la promesa “al vencedor” de 3,21: “al vencedor, le concederé que se siente conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono”. Esta promesa es la última de las siete promesas dirigidas por Cristo a las iglesias (2,7.11.28; 3,5.12). En cuanto a las seis primeras promesas que están relacionadas con las iglesias a las que se dirige, esta promesa está localizada en este lugar no porque es especialmente apropiada para la iglesia de Laodicea, sino porque ella anticipa los capítulos 4-5.
La segunda aparición de la expresión “fui arrebatado por el Espíritu” en la cual Juan es llevado para el cielo establece también otro aspecto de su experiencia visionaria: una visión inaugural del cielo (4-5), donde se desarrollan los juicios de las tres series de plagas: sellos, trompetas y copas (6-16), las cuales alcanzan su punto culminante con la serie de copas. Las tres series de plagas están interconectadas y presentan un desarrollo lineal creciente, pero una serie no es una mera repetición de la anterior, pues ellas difieren entre sí. Las series de sellos y trompetas difieren de la serie de copas, pues ellas son limitadas, sin embargo la serie de las copas no. Las copas son una a una radicales, complementando la destrucción iniciada en las dos primeras series, consumando la ira de Dios (15,1; 16,17.19). El juicio llega a su clímax con la séptima copa, la cual indica el juicio de Babilonia y el surgimiento de la nueva Jerusalén, la esperanza y utopía de las comunidades del Apocalipsis.
Como destacamos antes, la narrativa de la séptima copa (16,17-21) establece la visión de Babilonia y de la nueva Jerusalén. Vimos también que es uno de los ángeles, de los que tienen las siete copas, que es introducido como el guía de Juan, tanto al comienzo de la visión de Babilonia cuanto de la nueva Jerusalén, (17,1; 22,9), razón por la cual tanto la sección de Babilonia cuanto de la nueva Jerusalén están ligadas en una secuencia de juicios, consistiendo en la conclusión general de todo el proceso desarrollado en los capítulos 6-16. Además, hay otro aspecto que relaciona estas secciones a la narrativa precedente: el grito de triunfo divino: “Está hecho”, (16,17; 21,6). En el primer caso, el se refiere al juicio de Babilonia ya la eliminación de los enemigos escatológicos, en el segundo a la bajada de la nueva Jerusalén, creando un paralelismo entre el fin de la secuencia de los juicios (6-16), que enseguida describe la ruina de la Babilonia (17,1-19,10), y el fin de la sección de transición entre Babilonia y la nueva Jerusalén (21,1-8), que describe resumidamente la bajada de la nueva Jerusalén. Las secciones paralelas de Babilonia y la nueva Jerusalén siguen apropiadamente estas dos conclusiones paralelas.
Otro aspecto que debemos observar es que la sección de la nueva Jerusalén se yuxtapone al epílogo (22,6-21). Es importante observar como Juan creó relaciones literarias con las otras secciones. Ap 22,6-9 es tanto la conclusión de la sección de la nueva Jerusalén como el inicio del epílogo. Esto es posible porque en el Apocalipsis normalmente encontramos yuxtaposición y entrelazamiento entre sus secciones. Juan presenta 21,6-9 como conclusión de la visión de la nueva Jerusalén y al comienzo del epílogo, lo que de 22,6-9 no es verbalmente paralelo con 19,9-10, es paralelo con 1,1-3, el prólogo del libro. De la misma forma, en la segunda vez que el vidente intenta adorar al ángel, hay alusiones al inicio del libro. Por eso, en 19,9-10 las “palabras verdaderas de Dios”, a las cuales el ángel se refiere, preceden una bienaventuranza (19,9a), pero en 22,6-9 ellas preceden las palabras de la profecía de todo el libro, como en 1,3. El propio ángel es revelado como el ángel de 1,1. Debido a la manera como ocurre el desarrollo estructural y temático del Apocalipsis, la conclusión de la visión del juicio de Babilonia no podría volverse en conclusión de toda esta profecía, sino la conclusión de la visión de la nueva Jerusalén.
El Apocalipsis presenta también una relación entre las doce tribus, (el nuevo Israel) en 7,4 y 21,12. De la misma manera, en Ap 6,9-11, cuando los mártires preguntan “hasta cuando deben esperar para que su sangre sea vengada de los que viven sobre la tierra”, el texto afirma que “ellos deben esperar un poco”, y en 8,2-5, cuando el incensario de fuego es lanzado a la tierra, la ira de Dios es puesta en acción, pero ella no se completará hasta que tengan lugar los acontecimientos comprendidos en la esfera de acción de la serie de copas (ver18,20.24; 19,1-2).
Vale destacar que además de la interrelación entre las visiones y el contenido de ellas, el Apocalipsis presenta indicación de lugar en cada una de ellas. En la visión inaugural en el día del Señor, Juan se encontraba en Patmos (1,9-10), siendo enseguida arrebatado al cielo (4,1-2a), donde ve el desarrollo del juicio de Dios en la historia, pero en las visiones de Babilonia y la nueva Jerusalén Juan es llevado simultáneamente al desierto (17,3) y a una montaña grande y alta (21,10).
En el Apocalipsis el desierto es un símbolo ambivalente: es la esfera demoníaca pero también lugar de protección divina. En 17,3 el desierto es el lugar donde está la mujer sentada en la bestia. La mujer es Babilonia (17,5) y el desierto simboliza la desolación de Babilonia cuando la visión profética sea cumplida (17,16;18,2.17.19). En cambio, el desierto del capítulo 12 es diferente, pues contrastando con Babilonia que rápidamente queda desolada, él es lugar de refugio para la mujer (v. 6.14).
La montaña simboliza el lugar natural del encuentro entre lo divino y lo humano. En 14,1, el Cordero y los elegidos están en el monte Sión, lugar de refugio y de salvación en el tiempo final donde Dios y su pueblo están reunidos. En 16,16 ocurre una batalla en un lugar llamado Armagedón, una montaña, como lugar del encuentro entre lo divino y lo humano, la montaña se transforma en un lugar apropiado para la batalla final entre el bien y el mal, Dios y Satanás, Cristo y el anticristo. En 21,10, el ángel toma a Juan y lo lleva “a una montaña grande y alta para ver a la novia, la esposa del Cordero, Jerusalén, la ciudad santa”. Juan ve la ciudad desde una “montaña grande y alta”, un lugar que alcanza los cielos, en un claro contraste con las ciudades humanas construidas en dirección hacia los cielos.
Pero a su vez, las siete montañas del capítulo 17 pueden representar a Roma, pero también a la ciudad humana arquetípica, como la torre de Babel, que fue construida para alcanzar los cielos, para que los seres humanos pudiesen alcanzar a Dios (Gn 11). El hecho de que, en el Apocalipsis, el número 7 sea simbólico o señale algo completo, indica que las siete montañas pueden representar todo el mundo civilizado. Además, la ciudad de este mundo que procura alcanzar los cielos es una parodia de la nueva Jerusalén que baja del cielo y descansa en una montaña. En este sentido, montaña es también un símbolo ambiguo en el Apocalipsis pues puede representar la intervención de Dios en la historia para proteger o preservar, para derrumbar las fuerzas del mal y traer una nueva creación, pero también la tentativa o codicia del ser humano de superar su humanidad, procurando igualar a Dios.
Finalmente destacamos que en Apocalipsis el cielo, además de significar el lugar de los astros (6,13; 8,10; 16,21) es también el lugar del trono de Dios (4,1-2) En ese sentido, los eventos celestes pueden describir los eventos terrestres, o los eventos terrestres ser determinados por los eventos celestes. Pero lo que acontece en la tierra puede también determinar los eventos celestiales. Cuando satanás es derrotado por Miguel y tirado a la tierra, es la muerte de Cristo en la cruz y los testimonios de Cristo que determinan este evento (12,7-9). En este relato, lo que acontece en la esfera celestial es determinado por los eventos ocurridos en la tierra. Pero también lo que ocurre en el cielo puede determinar lo que ocurre en la tierra, como las imágenes de Dios sentado en el trono del capítulo 4, que determinan todo lo que ocurre en la tierra (4,1-22,9). Ningún evento ocurre en la tierra -las plagas o destrucción cósmica- que no haya sido primero permitido por el cielo. El cielo permite u ordena la destrucción. Aunque el cielo puede determinar los eventos de la tierra debe también esperar la respuesta de la tierra. El contenido del libro del capítulo 5 fue determinado en el cielo, pero el libro solo puede ser abierto por el Cordero que, por su muerte, conquistó el derecho de abrirlo.
Pero el Apocalipsis habla también del primer cielo, de la primera tierra, de nuevos cielos y nueva tierra (21,1). El primer cielo y tierra pasarán, pero el nuevo cielo y la nueva tierra permanecerán para siempre. El primer cielo no es solamente el lugar de la morada de Dios sino también el lugar donde vive satanás (12,7-8). El bien y el mal coexisten en el primer cielo y la primera tierra, pero solamente el bien permanecerá en el nuevo cielo y la nueva tierra. Si el bien y el mal coexisten en el primer cielo y la primera tierra, el triunfo del bien y la ausencia del mal caracterizarán el nuevo cielo y la nueva tierra (21,1-8). No habrá bestia ni prostituta que venga del mar. No habrá más amenaza del mal. El nuevo cielo y la nueva tierra están unidos. En la antigua creación, el cielo y la tierra eran realidades separadas, pero en la segunda, ellos están en perfecta armonía: “Oí una voz fuerte, que venía del trono, que decía: es la morada de Dios con los hombres. El habitará con ellos. Ellos serán su pueblo y el será el Dios que está con ellos” (21,3). Ocurre una renovación del antiguo orden: y aquel que está sentado en el trono dijo entonces: “¡Eh aquí que hago nuevas todas las cosas!” (21,5a). Con la creación de nuevos cielos y nueva tierra, un nuevo modelo de orden es introducido. Este nuevo orden cósmico indica un nuevo orden de la realidad y la recreación anunciada culmina en el establecimiento de nuevas relaciones de los seres humanos con Dios, unos con los otros, con los otros seres creados y con el ambiente.
José Adriano Filho
Rua Paula Ney 381 ap. 7
São Paulo /SP
04107-021
Brasil
E. SHÜSSLER FIORENZA, “The Quest for the Johannine School: The Apocalypse and the Fouth Gospel”. In: New Testament Studies 23, 1976-1977, p. 402-427; P. NOGUEIRA,“Multiplicidade Teológica e a Formação do Catolicismo Primitivo na Ásia Menor”. In: Estudos de Religião 8, 1992, p. 38-42; F. D. MAZZAFERRI, The Genre of Revelation from a Source Critical Perspective. Berlin, Walter de Gruyter, 1989, p. 259-330.
BEALE, G.K., Jonh`s Use of the Old Testament in Revelation. Sheffield, Sheffield Academic Press, 1998, p. 60-317.
J. P. RUÍZ, Ezekiel in the Apocalypse: The Transformation of Prophetic Language in Revelation 16,17-19.10 New York/Paris, Peter Lang, s.d., p. 184-189.
A. WIKENHÀUSER, El Apocalipsis de San Juan. Barcelona, Herder, 1969, p.5-8.
M. HOPKINS, “The Historical Perspective of the Apocalypse”. In: Catholical Biblical Quarterly 27, 1965, p. 42-47; A. FEUILLET, L’Apocalypse, État de la Question. Paris, Desclés de Brower, 1963, p.27,42-52. M. E. BOISMARD, “Introdução ao Apocalipse”, En: Biblia de Jerusalén, p.2298-2300, llama los capítulos 4-22 de “la parte propiamente profética” y la considera compuesta de dos Apocalipsis distintos, escritos en diferentes épocas por un mismo autor, pero unidos posteriormente en un único libro por otro autor.
E. SCHÜSSLER FIORENZA, “The Eschatology and Composition of the Apocalypse”. En: Catholical Biblical Quarterly 30, 1968, p. 537-569.
E. SCHÜSSLER FIORENZA, Composition and Structure of the Book of Revelation”. En: Catholical Biblical Quarterly 39, 1977, p. 344-346.
A. Y. COLLINS, The Combat Myth in the Book of Revelation, p. 13-41.
F. D. MAZZAFERRI, o.c. p. 347.
A pesar de la uniformidad en la estructura (existe variación apenas en la tercera sección “yo conozco”), las siete cartas no son monótonas. De las siete iglesias solamente dos no son censuradas y reciben elogios: Esmirna y Filadelfia; cuatro reciben alabanza y censura: Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardes; la última, Laodicea, recibe solamente censura. Ver E. SCHÜSSLER FIORENZA p. 351-352; D. AUNE, Prophecy in Early Christianity, p.275-279; D. E. AUNE,, “The Form and Function of the Proclamations”, p. 182-194.
El paralelismo entre la promesa “al vencedor” y su cumplimiento en los capítulos 21-22 está relacionado con una técnica de composición utilizada en el Apocalipsis, denominada preanuncio, que aparece también en otras partes del libro. Por ejemplo, la afirmación de 14,8: “un segundo ángel lo siguió, diciendo: Cayó, cayó la gran Babilonia, que a todas las naciones dio a beber del vino de la ira de su prostitución”., anticipa la caída de la ciudad que será descrita posteriormente en 18,1-13: “Después de eso vio otro ángel bajando del cielo, teniendo gran autoridad, y la tierra fue iluminada con su gloria. Y el clamó con voz fuerte, diciendo: Cayó, cayó la gran Babilonia, y se tornó morada de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo y guarida de toda ave inmunda y detestable. Porque todas las naciones han bebido del vino de la ira de su prostitución, y los reyes de la tierra se prostituyeron con ella; y los mercaderes de la tierra se enriquecieron con la abundancia de sus delicias”. De la misma forma, son también preanuncios las caracterizaciones del personaje “alguien como Hijo de Hombre” 14,14 y las facciones cristológicas de 1,12-20 que aparecen en 19,11-16, el contraste entre la bestia (17;13) y el Cordero, la gran meretriz (17) y la mujer (12) y la novia (19,6-8; 21,9) y Babilonia (18) y la nueva Jerusalén (21,9-22,9).
J. LAMBRECHT,“A Structuration of Revelation 4,1-22,5”. In: J. LAMBRECHT, (de.). L’Apocalypse Johannique et l’Apocalyptique dans le Nouveau Testament. Paris/Gembloux, J. Ducolot/Leuven University Press, 1980, p. 81.
J. LAMBRECHT, A Struturation of Revelation 4,1-22,5”, p. 92-93; La Struttura Letteraria Dell’Apocalisse. Roma, Herder, 1971, p. 141-148.
R. BAUCKHAN, “The Eschatological Eanthquaque in the Apocalypse of John”. In: Novum Testamentum 19, 1977, p. 224-233.
R. BAUCKHAN, The Climax of Prophecy. Studies on the Book of Revelation. Edinburgh, T & Clark, 1993, p. 8-9.
R. BAUCKHAN, Ibíd., p. 9-10.
R. BAUCKHAN, Ibíd., p. 10.
R. BAUCKHAN, The Climax of Prophecy, p. 11-12; J. LAMBRECHT, o.c. p.92-93.
J. P. RUIZ, o.c., p. 231-233; J. LAMBRECHT, o.c. p.89-90; J. CASEY, “O tema do êxodo no livro do Apocalipse tendo como pano de fundo o Novo Testamento”. In: Concilium 209,1987/1, p.40-42; G. R. BEASLEY-MURRAY, G.R., Revelation, p.159,162-163,187-188; U. VANNI, La Struttura Letteraria, p. 120-130.
J. LAMBRECHT,“o.c. p. 95-98; E. SCHÙSSLER FIORENZA,o.c. p.360; G.R., BEASLEY-MURRAY. o.c. p.139-149.
R. BAUCKHAN, o.c. p.15-17.
Ch. H. GILBLIN, “Structural and Thematic Correlations in the Theology of Revelation 16-22”. In: Biblica 55,1974, p. 488-490; M. WILCOX, “Tradition and Redaction of Rev 21,9-22,5”. In: J. LAMBRECHT, (de.), L’apocalypse Johannique, p.205-215; C. DEUTSCH, “Transformation of Symbols”, p.111,113,123.
Apocalipsis 16,17-21 cumple también lo que está especificado en 15,8: “Nadie podía entrar en el santuario hasta que se complete las siete plagas de los siete ángeles”, establece también la relación entre los capítulos 16,17 con la introducción de uno de los ángeles de los que tienen las siete copas, como el angelus interpres (17,1). Esas relaciones son evidentes en 21,9, donde se da al angel una introducción idéntica, de forma más explícita aunque en relación al capítulo 16. Aún más, con el derrame de la tercera copa (16,4), la cual transforma las aguas en sangre, y la proclamación angélica además que declara la justicia de este acto de juzgamiento divino, de la mención de sangre (17,6; 18,24), del uso del lenguaje jurídico (16,6; 16,7; 17,1), el hecho de que la tercera copa sea derramada sobre las fuentes de agua (16,4), de la proclamación del ángel de las aguas (16,5-6) y la voz del altar (16,7), tenemos también la afirmación de 17,1 que presenta a la prostituta “sentada sobre muchas aguas” (17,1.15). Ver J. P. RUIZ, o.c. p. 234; A. Y. COLLINS, “The History of Religions Approach to apocalypticism and the “Angel of the Waters” (Rev 16,4-7). In: Catholical Biblical Quarterly 39, 1977, p.367-381.
J. E. BRUENS, “The Contrasted Women of Apocalypse 12 and 17”. In: Catholical Biblical Quarterly 26, 1964, p. 459-463.
En Ap 17,7-18 el ángel explica al vidente todo lo que fue visto en 17,3b-6, pero en 21,10-22,5 él no interpreta la visión, solamente la indica.
J. P. RUIZ, o.c. p. 239-241; U. VANNI, o.c. p. 213-218; P. W. SKEHAN, “King of Kings, Lord of Lords (Ap 19,16)”. In: Catholical Biblical Quarterly 10,1948, p. 398.
J. P. RUIZ, Ezekiel in the Apocalypse, p. 241-242.
CH. H. GIBLIN, Ibid, p. 500-501.
CH. H. GIBLIN, Ibid, p. 501-502.
C. DEUTSCH, o.c. p. 109-110.
C. DEUTSCH, Ibid, p. 110-111.
Ch. H.GIBLIN, o.c. p. 502-503; M. RISSI, “The Kerygma of the Revelation to John”. In: Interpretation 22, 1968, p. 14-17; E. SCHÜSLLER FIORENZA, “The Eschatology and Composition”, p. 552-560.
Vimos que la sección de 19,11-21,8 no consiste solamente en una transición entre las secciones de Babilonia y de la nueva Jerusalén. Ella también describe los eventos que ocurren entre la ruina de Babilonia y el descenso de la nueva Jerusalen, fundamentales en el desarrollo estructural y temático del Apocalipsis.
|