Las últimas plagas… y las de todos los días.
El poder cósmico y el poder cotidiano en el Libro del Apocalipsis y en la literatura comparada.
Gabriel Cornelli
Y vi: era un caballo verdoso,
quien lo montaba se llamaba “La Muerte”,
y el Hades lo acompañaba.
Les fue dado poder sobre la cuarta parte de la tierra,
para que matasen por la espada, por el hambre, por la muerte y
por las fieras de la tierra. (Ap 6,8)
Resumen
Las plagas y las epidemias de todo tipo fueron desde siempre uno de los mayores miedos de la humanidad. La literatura apocalíptica en general (y la judía en especial) encuentra en las plagas la revelación de los poderes que rigen el cosmos. La última lucha escatológica, entre estos poderes, asume las características de una reflexión dramática e icónica sobre la vida de la humanidad y su destino. El tema de las últimas plagas, en destructivo parece estar semánticamente relacionado con el tema del poder, de la exousía. A partir de esta comprensión del poder en la literatura religiosa del mundo mediterráneo, emerge un tópico dentro de los más interesante y complejos para la exégesis bíblica: la experiencia religiosa como aparece en la literatura bíblica y apócrifa es siempre un diálogo progresivo entre tradiciones diferentes pero cercanas, paralelas e irreductibles entre ellas, que constituyen la riqueza plural de la experiencia religiosa de un pueblo o de una región.
Abstract
Plagues and epidemics of all kinds have always been one of humanity’s greatest fears. Apocalyptic literature in general (and Jewish apocalyptic literature in particular) finds in the plagues a revelation of the powers which govern the cosmos. The final, eschatological struggle among these powers assumes the characteristics of a dramatic and iconic reflection on the life of humanity and on its destiny. The theme of the final plagues, with its terrible power of destruction, appears the be semantically linked to the theme of power, of exousia. From this understanding of the power of religious literature in the Mediterranean world there emerges a topic which is one of the most interesting and complex for Biblical exegesis: religious experience as it appears in Biblical and Apocryphal literature is always an ongoing conversation among different but concomitant traditions, mutually parallel and non-reducible, which constitute the multiple richness of the religious experience of a people or of a region.
Del Apocalipsis al Harmaguedón
El temas de las plagas es uno de los tópicos literarios más recurrentes en la literatura occidental. Desde el libro del Éxodo y Tucídides, hasta Boccaccio, Poe y Camus el tema de la plaga, de la peste, se ubica como lugar hermenéutico por excelencia para comprender la vida, y de ella, especialmente, su fin: la muerte.
La revelación al mismo tiempo de la vida y del fin de ella, las últimas plagas, las plagas del éscaton, tejen una hebra leve y resistente en el interior del Libro del Apocalipsis.
La literatura apocalíptica en general (y judía en especial) encuentra en las plagas una revelación de los poderes que rigen el cosmos; y la última lucha escatológica, entre estos poderes, asume las características de una reflexión dramática e icónica sobre la vida de la humanidad y su destino.
Las visiones utópicas de este final de milenio, a diferencia de las utopías clásicas y modernas, expresan un drama que muchas veces se acerca el pesimismo. Gracias, probablemente a la discusión de los movimientos ecologistas, a nivel global, el tema del futuro de la vida en la tierra se tornó un tema extremamente actual y preocupante. Mucha cinematografía de los últimos años abordó temas apocalípticos. Películas como Mad Max, El planeta de los simios, o Godzilla y Harmaguedón, para citar solamente algunos, colocan en discusión la misma sobrevivencia de la humanidad, delineando escenarios apocalípticos -como se dice en el lenguaje común- para el futuro del planeta tierra.
Muchas de los películas de ficción arriba mencionadas preveen el aparecimiento de plagas que nada tienen que envidiar a las plagas del Apocalipsis. Virus sintéticos, creados en los laboratorios de modernos y patentados Drs. Jekill, virus importados de otros espacios o células enloquecidas constituyen amenazas definitivas, últimas, escatológicas, para la vida de la humanidad.
La plagas y las pestes de todos los tipos fueron desde siempre uno de los mayores miedos de la humanidad. La peste se reviste de un poder total, invencible, contra lo cual todo esfuerzo humano de sobrevivencia parece inútil.
De esta manera narraba dos milenios y medio atrás Tucídides, en La Guerra del Peloponeso: “Al inicio del verano (…) la peste comenzó a manifestarse entre los atenienses: se narraba que anteriormente se había manifestado en otros lugares, pero no se recordaba en ningún lugar una plaga y matanza semejante de vidas humanas. Los médicos no estaban en condiciones de enfrentarla por ignorancia, dado que era la primera vez que la encontraban. Eran los que más morían, pues estaban en contacto directo con los enfermos. Ninguna otra salida humana parecía eficaz. Así mismo, las súplicas en los santuarios, la fuerza de los oráculos, y otras posibilidades de este género parecían ineficaces. Al final, dominados por el mal, abandonaron toda lucha” . La peste revela la impotencia y la fragilidad constitutivas de la experiencia humana. La muerte tiene la última palabra.
Así mismo Albert Camus, en su obra La Peste, describe a la peste como un signo de lo absurdo de la existencia humana. En el sermón de uno de sus personajes, el P. Paneloux, en los tonos de una predicación profética, encontramos la visión apocalíptica de los ángeles exterminadores: “y un ángel bueno apareció nítidamente dando órdenes al ángel malo, que traía una lanza de caza, ordenándole que golpee en las casas. Y por cada golpe que recibía la casa, salía un muerto de ella (…) Mis hermanos (…) es la misma cacería mortal que hoy prosigue en nuestras calles. Véalo, ese ángel de la peste, bello como Lucifer y brillante como el propio mal, erguido encima de vuestros tejados, empuñando la lanza roja a la altura de la cabeza, señalando con la mano izquierda una de vuestras casas”.
Esta visión (stricto sensu) apocalíptica nos conduce de nuevo hacia el libro del Apocalipsis.
La muerte y el sufrimiento no pueden ser sin sentido, en una visión religiosa como la del Apocalipsis.
El poder sobre las plagas
Si Camus parece mofarse, frente a esta situación amarga, de la visión del mundo “medieval” de su personaje P. Paneloux, algunas de las primeras comunidades cristianas veían en la retórica y en la representación del mundo apocalípticas del surgimiento de un sentido para el sufrimiento presente y la tragedia de la muerte cierta.
Este surgimiento del sentido dentro de la visión del mundo apocalíptico constituye un marco de extremo interés para comprender tal literatura en todo su horizonte.
La pregunta sobre el sentido se expresa en una forma peculiar y reveladora en la visión del mundo de las primeras comunidades: ¿de quién es el poder sobre las plagas, sobre el sufrimiento y la muerte?
¿Eso interesa? Sí, y mucho. Esta parece una pregunta esencial para la experiencia religiosa que se expresa en la literatura del cristianismo primitivo.
Así, el Apocalipsis: “vi en el cielo otra señal, grande y maravillosa: siete ángeles y siete plagas, las últimas, pues con ellas se consume el furor de Dios” (Ap 15,1). “Ellos tienen el poder de cerrar el cielo, y ninguna lluvia caerá los días de su profecía. Ellos tienen el poder de cambiar las aguas en sangre y de agredir a la tierra con múltiples plagas en cuanto quisieron”. (Ap 11,6). “Yo vi: era un caballo verdoso, quien lo montaba se llamaba ‘La Muerte’, y el Hades lo acompañaba. Les fue dado poder sobre la cuarta parte de la tierra, para que matasen por la espada, por el hambre, por la muerte y por las fieras de la tierra”. (Ap 6,8).
El tema de las últimas plagas, en su terrible poder de destrucción, parece estar semánticamente conectado con el tema del poder, de la exousía.
Otros fragmentos parecen confirmar esa relación: “y los hombres fueron envueltos por un calor intenso: ellos blasfemaron contra el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, pero no se arrepintieron para tributarte gloria” (Ap 16,9). “El dragón le entregó (a la bestia leopardo-oso-león) su fuerza, su trono y su inmenso poder. Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero la herida mortal fue curada” (Ap 13,2).
¿Por qué tanto interés por revelar quién tiene el poder sobre las plagas?
Una pista nos puede venir del fragmento arriba citado de Ap 16,9: es el nombre de Dios el que tiene el poder sobre las plagas. El nombre es una llave importante.
Conocer el nombre de la divinidad es tener el poder a su alcance, es de hecho un axioma básico de la religión popular del tiempo.
La literatura religiosa del mundo judío y mediterráneo, en general, confirma la centralidad del tema del nombre de Dios. Es el caso de los Papiros Mágicos Griegos y de las obras como el Testamento de Salomón y la Espada de Moisés.
Testimonio privilegiado de eso es el Gran Papiro Mágico, conservado en París. El papiro es de la primera mitad del siglo IV, -como la mayoría de los otros- pero refleja tradiciones muy anteriores. El ritual es bastante complejo, mezclando la producción de varios residuos con aceite e incisiones de fórmulas mágicas y figuras misteriosas. El objetivo es la cura de un enfermo a través de la expulsión del demonio que lo poseía. El ritual prevé súplicas a varias divinidades egipcias. Pero en el punto alto del exorcismo las invocaciones son dirigidas a las divinidades de las tradiciones judías: “te suplico en nombre del dios de los hebreos, Jesús, y IABAE IAE Abraoth AIA Thot ELE ELO AEO EOU IIIBAECH ABARMAS IABARAOU ABELBEL LONA ABRA MAROIA BRAKION usted que aparece en el fuego, que está en el medio de las losas, en la nieve y en la neblina. (…) Te suplico en nombre de aquel que apareció en Israel en una columna de luz y en una nube en pleno día, que liberó su pueblo del Faraón”.
Conocer los nombres (muchas veces secretos, como también en la Cábala sucesiva) de las divinidades judías es garantizar el poder de la especialidad de ellas: el exorcismo.
El papiro continúa con una súplica especial: “te suplico, quien quiera que seas, espíritu demoníaco, habla. Te suplico en nombre del anillo que Salmón colocó en la lengua de Jeremías…”
En la obra apócrifa judeo-cristiana conocida como Testamento de Salomón, el rey sabio y poderoso entrevista a los demonios uno por uno, después de prenderlos con su anillo mágico, comenzando con la pregunta: “¿cuál es su nombre?”. Pues, conocer el nombre del demonio es tener acceso a su poder. El nombre del demonio así revelado puede ser usado por los fieles para defenderse de las obras maléficas a las cuales cada uno está asociado. Así Sphandor es el responsable por los ligamentos débiles en las rodillas y por la tendinitis de las manos. Arael es el ángel de la guarda, que defiende al pueblo de la influencia maligna de Sphandor. La invocación mágica “Arael, prende Sphandor” es indicada para curar ligamentos débiles y tendinitis.
Otro ejemplo de la relevancia del conocimiento del nombre de Dios es la obra apócrifa La espada de Moisés, fechado en el siglo III dC.
La obra narra sobre una espada, guardada por los ángeles, como un poderoso amuleto. Moisés, que conoce los nombres de Dios, tiene poder sobre la espada. Por medio de esos nombres es posible cambiar mágicamente el curso de los acontecimientos. La lista de esos nombres constituyen lo que se conoce como el género voces magicas: una secuencia incomprensible de sonidos, compuestos por la sonancia y por juegos de palabras y el cambio en el orden de las letras. Un ejercicio que debía preservar el secreto de tales conocimientos esotéricos sobre los nombres de Dios. Por lo tanto, el nombre de Dios es fuente de poder, es la llave y el canal para acceder al poder de la divinidad:
El poder como exousía
Notamos arriba que la palabra griega con que se indica el poder sobre las plagas es la palabra exousía. El término aparece 93 veces en el Nuevo Testamento, en los sinópticos 33 veces. Vimos que en el Apocalipsis este poder es atribuido al nombre de Dios y a las bestias escatológicas. Otros fragmentos del mismo libro parecen ampliar el campo semántico del término: “felices los santos, los que tienen parte en la primera resurrección. Sobre estos la segunda muerte no tendrá poder” (Ap 20,6); “felices los que lavan sus ropas, para que tengan el poder sobre el árbol de la vida y puedan entrar, por las puertas, a la ciudad” (Ap 22,14).
La exousía es aquí el poder de la muerte sobre los vivientes y el poder de los santos sobre el árbol de la vida.
Si ampliamos el estudio de la palabra notamos como el término es muy usado para indicar el poder de Jesús en los sinópticos, es un poder muy especial. La muchedumbre reacciona, según la traducción de la TEB/Traducción Ecuménica de la Biblia de Mc 1,27, al primer exorcismo de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, diciendo: “¿Qué es esto? ¿Una enseñanza nueva, llena de autoridad?” (¿didaké kainé kat’exousía?). El término exousía no parece tener sentido de autoridad en lo jurídico o político, pero la idea más amplia del poder, y en estricto sensu una forma especial de poder: el poder de combatir a los demonios. Por tanto, la cuestión que está en juego no es tanto de la autoridad de la enseñanza de Jesús, cuanto del poder por el cual él realiza sus exorcismos. De hecho la muchedumbre continúa diciendo: “¿Qué es esto? ¿Una enseñanza nueva, llena de autoridad? ¡Él manda hasta a los espíritus impuros y ellos le obedecen!”.
En un estudio de los términos, relacionados con la expresión religiosa en el mundo helenístico , encontramos un término estrictamente relacionado con la exousía: se trata de la dúnamis. Los términos sémeia y térata son usados para indicar eventos materiales, milagros y señales, los primeros son usados para expresar el poder, la fuerza envuelta en estos actos, por la cual los mismos son realizados.
Lo que los antropólogos modernos llaman mana, los antiguos helenistas llamaban dúnamis o exousía. Esa es la fuerza que opera los milagros. Está ahí, para ser utilizada, casi relacionada con el contacto. Ella reside en objetos especiales, o en determinados conocimientos, cual voces magicas -como en el Testamento de Salomón arriba citado- o nombres de dioses.
Entonces una enseñanza nueva, con exousía. Es lo que las multitudes atribuyen a Jesús.
En el texto paralelo de Lucas la muchedumbre queda maravillada por su enseñanza, pues “en exousía (en poder) era su enseñanza” (Lc 4,32). De nuevo, no es simplemente una conversación, una enseñanza oral o conceptual, sino una actuación poderosa, como aparece en el exorcismo en la sinagoga.
Del mismo modo en Mt 21,23 los sumos sacerdotes y los ancianos del templo, en cuanto el enseñaba, decían: “¿en que exousía hace/realiza estas cosas? y ¿quién te dio tal exousía?”
Nuevamente somos obligados a traducir aquella exousía como poder mágico de hacer de realizar exorcismos. La segunda parte de la pregunta por tanto queda más clara: “¿quién te dio tal poder?” La pregunta es por el origen del poder, por el cual Jesús realiza sus obras milagrosas.
Tener poder está relacionado con tener un cierto conocimiento del cosmos. Así comenta Mary E. Mills: “Si alguien sabe quienes son realmente los dioses, tienen acceso a la energía que ellos poseen. Por eso el conocimiento del cosmos es un elemento significativo que debe estar asociado a la magia” .
El término, especialmente en su forma plural exousíai, está muy presente en la literatura apocalíptica, en el sentido de 1 Cor 15,24: “él entregará la realeza a Dios Padre, cuando haya destruido toda dominación, toda autoridad, todo poder”.
La relevancia para la literatura apocalíptica del término es testimoniada también en obras como 1 y 2 Enoc, Testamento de Abrahán, el Testamento de Salomón, etc. Pero el término aparece también en los Papiros Mágicos Griegos , como también en escritos gnósticos .
Saber es poder
El conocimiento del nombre de Dios como canal para acceder a su poder y el campo semántico del término exousía en el Nuevo Testamento parecen apuntar hacia una comprensión particular del poder religioso.
Saber es poder
Y saber de quien es el poder de mandar las plagas, abrir y cerrar los cielos, soltar las fieras, etc. es una de las formas más importantes del poder religioso. Conocer el nombre de Dios o el nombre del dios oportuno para esta situación, es tener en las manos las llaves del cosmos.
A partir de esta comprensión del poder en la literatura religiosa del mundo mediterráneo, surge un tópico entre los más interesantes y complejos para la exégesis bíblica: la experiencia religiosa como aparece en la literatura bíblica y apócrifa es siempre un diálogo progresivo entre tradiciones diferentes pero concomitantes, paralelas e irreductibles entre ellas, que constituyen la riqueza plural de la experiencia religiosa de un pueblo o de una región.
Que la comprensión de las plagas descritas en el Apocalipsis vaya más allá de un simple ícono escatológico es confirmado por Ap 22,18: “Advierto a todos los que escuchen las palabras proféticas de este libro, que si alguien hiciera alguna añadidura, Dios le hará caer las plagas descritas en este libro”.
Género literario común en el mundo antiguo, la amenaza de plagas contra quien modificara el texto sagrado para su provecho asume aquí al final del Apocalipsis una connotación especial. Aquellas plagas escatológicas narradas en el libro, están a la mano para ser usadas contra el infractor. El poder divino, descrito en todo su tremendum, está siendo colocado en defensa de la ortodoxia del Libro.
Esta comprensión del poder cósmico colocado al final del Apocalipsis aproxima el Libro a un texto como el Testamento de Salomón, donde el poder cósmico y apocalíptico corresponde un uso mágico-taumatúrgico en lo cotidiano.
Como ya decía en otro ensayo: “la esperanza del pueblo tiene alas apocalípticas y pies teúrgicos. Esto es, se construye tanto en la fe utópica, muchas veces llamada ingenua, cuanto en la fe que busca respuesta en lo cotidiano, casi siempre considerada creencia supersticiosa. La una no excluye la otra, a no ser en los libros de teología. El pueblo siempre precisó de las dos para resistir. Quién conoce la resistencia sabe de eso”.
Así las plagas del éscaton en Apocalipsis, la tendenitis del Testamento de Salomón, los demonios expulsados por el poder de Jesús en los sinópticos son expresiones de un mismo poder, de un mismo mana que está aquí en juego, de una misma visión religiosa de la vida.
Anotaciones para una hermenéutica latino-americana
Nuestra búsqueda era por una significación especial del poder envuelto en las plagas apocalípticas. La pregunta “¿de quién es el poder sobre las plagas?” es la misma pregunta que en lo cotidiano se expresa como “¿de quién es el poder sobre el sufrimiento y la muerte?”.
La respuesta a esta pregunta asume una importancia fundamental para la comprensión de la experiencia religiosa de las comunidades que están en camino.
Conocer la fuente del poder, esté ella en el nombre de la divinidad (y/o demonio) o en otro lugar teológico, es tener acceso a ella desde ya. Sea como canal (medium) para la práctica mágica-taumatúrgica o exorcística, sea como pozo utópico de donde extraer la esperanza para recobrar las fuerzas en la lucha del día a día. Y las dos comprensiones conviven en el mismo lugar antropológico.
El conocimiento de los poderes envueltos en el éscaton se torna mágicamente más poderoso, en el hoy, contra todas las “espadas, hambres, muertes y fieras de la tierra”.
La lucha escatológica entre la Muerte y el Árbol de la Vida, lucha de poderes cósmicos, lucha en el escatón, es parte de la misma lucha cotidiana entre la vida y la muerte en que el pueblo está envuelto. Y viceversa: la lucha cotidiana se refleja mítica y místicamente en la última lucha.
Así, luchar por la una es luchar por la otra, vencer a la una es vencer a la otra, en una correspondencia entre aquí y allá que las culturas originarias entienden muy bien.
Esta es una cosmovisión religiosa que la historia de las religiones y la exégesis racionalista moderna y occidental tienen muchas dificultades de comprender. Estas se dividen así, muchas veces, las varias expresiones religiosas en compartimentos separados, partiendo de una comprensión del tiempo y del espacio típicamente moderna: el futuro no es el presente, el cielo no es la tierra. Así, lo que vale para el escatón no acontece en lo cotidiano. La utopía escatológica no puede tener lugar en el presente. La apocalíptica no es magia, la magia no es la sabiduría. Pero, esta no la la visión antigua, como intentamos mostrar arriba, ni la visión amerindia.
En la teología y en la cosmovisión indígena en general, las fuerzas y los poderes cósmicos están interrelacionados según los principios de correspondencia, complementariedad y reciprocidad. Así en la tierra, como en el cielo.
Es la misma correspondencia, complementariedad y reciprocidad de los poderes, en el éscaton y en lo cotidiano, que encontramos en la literatura apocalíptica de los orígenes cristianos. Pero al mismo tiempo es un punto hermenéutico distinto es el desafío esencial para que la exégesis latinoamericana sea realmente tal.
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Avenida Luciano Guidotti 1350, ap. 331
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Brasil
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La Traducción de la TEB es “para que les sirva el derecho al árbol de la vida”. La traducción del término exousía no parece adecuada, como veremos enseguida.
Cf. Mary E. Mills, Human Agents of Cosmic Power, p. 25-27.
Cf. El ejemplo de la hemorroísa curada simplemente al tocar a Jesús, se relaciona con el contacto (Mc 5,30)
Cf. PMG I,215-216; IV, 1193-1194; XII 147.
Esta pluralidad de sentidos y de contextos en que el término es usado apunta hacia un cierto diálogo, una cierta coexistencia en el día a día de formas de experiencia religiosa, que normalmente consideramos distantes, y -muchas veces- estudiamos separadamente, y no como algo que parte de un único hecho místico popular. Para las referencias de los escritos arriba citados, cf. H.D. Betz, Exousíai. In Dictionary of Deities and Demons, p. 294.
Cf. Gabriel Cornelli, Os pés da esperança - O poder mágico da oração em Tiago 5,13-18. En RIBLA 31 (1998), p. 120-134.
Cf. -entre otros- el excelente estudio de Josef Estermann. Filosofia andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Ed. Abya- Yala., Cusco, 1998.
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