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DE LA ALIANZA ROTA (SINAÍ) A LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA

Jeremías 11-20 + 30-33

J.SEVERINO CROATTO

Resumen:
Como parte del estudio de Jeremías, esta sección analiza los caps. 11-20 y 30-33, mostrando sus correspondencias estructurales y literarias (como manera de comprender la composición del libro) y sobre todo el juego continuo de pasar de oráculos de castigo a promesas de salvación. Los anuncios salvíficos se concentran en los temas de la vuelta de la diáspora y de la institución de una “nueva alianza”. El artículo busca mostrar cómo se textualiza este querigma.

Abstract:
As part of the study of Jeremiah, this section analyses chapters 11-20 and 30-33 ,showing their structural and literary correspondences (as a way of understanding the book´s composition) and above all , the continual play between punishment oracles and salvation promises. The salvation announcements are concentrated in the themes of the return from the dispersion and the institution of the “new alliance” .The article seeks to show how this kerygma is made text.

 

1. Introducción

En este apartado vamos a reconocer las relaciones simétricas que existen entre las secciones de 11,1-17 y 31,31-33,26, por un lado, y 11,18-20,18 con 30,1-31,30, por el otro .
En la primera, se da una simetría de oposición entre una alianza, la del Sinaí, que es quebrantada y, por lo tanto, reclama el castigo, y la promesa de una nueva alianza, esta vez definitiva e interior, pero que tiene su plazo para entrar en vigencia.
En la segunda, a una serie de críticas y acusaciones se le oponen, en el bloque correspondiente de 30,1-31,30, una serie de promesas.

Para mejor visualizar el recorrido del texto, repetimos el esquema total, resaltando las partes que nos corresponde comentar :

x                                                     25                                                   
g                                           21-24     26-29                                                 g’
f                                     11,18-20,18       30,1-31,30                                    f’
e                               11,1-17                     31,31-33,26                                 e’
d                         7,1-10,25                                    34-38                              d’
c                     4,5-6,30                                             39-43                           c’
b               2,1-4,4                                                         44-45                       b’
a              1                                                                      46-52                    a’

 

En los artículos anteriores ya se habrá podido apreciar que el libro de Jeremías responde a dos momentos muy diferentes de la vida de Judá: la etapa final del reino, con una situación global de desorden moral y crisis política (Jeremías histórico), y la época de la diáspora - más que del exilio -, desde la cual un nuevo profeta, que podríamos llamar el “Déutero-Jeremías”, ensaya la recuperación de la esperanza imaginando un futuro nuevo y distinto.
Esta alternancia entre la memoria del pasado negativo y una perspectiva de salvación futura, tan evidente en el libro de Jeremías, es en realidad la característica de todos los libros proféticos . Cuando los leemos linealmente, como se lee todo texto, aparecen los cambios de perspectiva de una manera hasta chocante. Pero cuando se los observa sincrónicamente, haciendo aparecer su estructura, las diferencias redaccionales se nos aparecen con otro sentido.
La perspectiva salvífica, expresión de la esperanza, está siempre al final. ¿Por qué?
Porque, históricamente, primero estuvo el pecado que llevó al juicio y a la destrucción, y debe recordarse como memoria disuasiva, mientras que, desde el seno del sufrimiento actual, se levanta una voz de esperanza que, necesariamente, tiene que mirar al futuro.

 

2. La alianza del Sinaí  (11,1-17) y la nueva alianza  (31,31-33,26)

2.1 Los textos

Hubo una alianza ordenada “el día que los saqué/hice subir de Egipto” (11,4.7). Su promesa era el don de la tierra (v.5). No escuchada por los padres, Yavé tuvo que aplicar las maldiciones previstas (v.8b). Ese no-escuchar se repite en la generación presente (vv.9-12), calificada de mentirosa o conspiradora. Por eso Yavé anuncia la desgracia para Judá y Jerusalén (cuatro veces se repite este binomio en los vv.1-12).  

En la contraparte de 31,31-33,26 se anuncia ante todo la realización de una nueva alianza, descrita explícitamente como diferente de la establecida con los padres a la salida de Egipto (v.32). Allí, Yavé era el soberano , pero a pesar de eso ellos rompieron la alianza. En la alianza prometida, la ley estará escrita sobre el corazón (interioridad) y no sobre piedras, y el conocimiento de Yavé será normal y no objeto de una adoctrinación.
La ruptura de una alianza como la prevista es inimaginable.

La fórmula que la define (“yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”, v.33b), indica relaciones duraderas que en la anterior alianza se rompieron por la desobediencia (cf. 11,4b).

Así como la alianza con los padres había sido precedida por el éxodo de Egipto, la nueva alianza lo será
 

  • por la vuelta de la diáspora (tema eje de 30-31 = f’),
  • por la reconstrucción de Jerusalén (31,38-40), y
  • por la reposesión de la tierra (simbolizada en la compra del campo de Anatot, en 32).

Esta será la nueva historia salvífica (cf. 3.4, sobre 16,14-15), que culminará con una nueva alianza.
El capítulo 32, recién mencionado, está de tal modo retrabajado redaccionalmente, que la memoria del pasado - hecha en forma de oración de confesión de los pecados (vv.16-35) - es completada, en la perspectiva del 2-Jeremías, con un resumen de los motivos de la nueva alianza (vv.36-44):
* vuelta de la diáspora,
* “serán mi pueblo y yo seré su Dios” ,
* nuevo corazón,
* fidelidad indeficiente.

La posesión de la tierra - eje de este capítulo 32 - es descrita además con la imagen del “plantar” (v.41), que había sido anotada programáticamente en 1,10 y que a esta altura ya fue recordada en 18,9 y 31,28.

La nueva alianza de 31,31b es ahora, además, una alianza eterna en 32,40a.

El futuro se caracterizará por la restauración de las cosas buenas y la no repetición de las cosas malas. El vocablo hebreo ‘od (“todavía”, con negación, “nunca más”) recorre la sección de los capítulos 30-33 (ver 31,23.29.34.40; 32,15; 33,10.12.13 = 8x).

Yavé reafirmará la “palabra buena” de otro tiempo (33,14) sobre un rey justo futuro y la seguridad de Jerusalén (vv.15-16).
Al perdón y al olvido futuros de las culpas, prometidos en el contexto de la nueva alianza en 31,34b, se corresponden ahora el retorno de la diáspora y los gestos de misericordia futuros con los que se cierra la sección, en 33,26b.

Por lo tanto, la vuelta de la diáspora - mencionada en 32,37.44b; 33,7.11b.26b - es el acontecimiento salvífico más significativo, por cuanto permitirá rehacer a Israel, con otra vivencia de la alianza, y el retorno a la tierra y a las instituciones a través de un camino nuevo de obediencia a la voz de Yavé (énfasis en 31,34 y 32,40).
Con esa promesa se cierra la sección de 31,31-33,26 = E’.

 

2.2 La relectura neotestamentaria

Tan importante es la promesa de una nueva alianza, que el Nuevo Testamento señala su realización nada menos que en la última cena de Jesús, cuando él instituye, con el núcleo de lo que sería la comunidad cristiana, la “alianza nueva y eterna” (Lc 22,20; 1 Co 11,25 ).  

La relevancia de este relectura hermenéutica cobra mayor volumen si se tiene en cuenta que también en la comunidad de los esenios se da una apropiación de la reserva-de-sentido de estos textos proféticos. Tanto, que ellos se denominaban a sí mismos “comunidad de la nueva alianza .  

 

3. Exilio y ruina (11,18-20,18)  - Retorno de la diáspora y restauración (30,1-31,30).
 
Las correspondencias entre estos dos bloques no son tan evidentes, o al menos no continuas. Pero hay algo muy particular, que hay que destacar. Las variadas acusaciones que siguen a la crítica por la ruptura de la alianza en F (ver 2.1) tematizan:
* La ruina del país (12,7-13);
* Su devastación (con el vocabulario clave de 1,10, en 12,15.17 );
* El perjuicio a toda clase de gente 13,12-14 ;
* El exilio (12,7; 13,17.19.24; 16,13; 20,5);
* Otras calamidades como la sequía (14,1-6), la espada, el hambre y la peste (11,22; 14,12b-16; 15,2-3; 19,7; 20,7), la pérdida de hijos (11,22; 14,16) o el espanto para los otros países (15,4) .
 
Ahora bien, en la sección simétrica de 30,1-31,30 (F’) se enumeran promesas contrarias, centradas en la expresión shub shebut (“volver la cautividad”, o “volver la vuelta = hacer volver”) . De las 27 veces que aparece en el AT, 11 pertenecen al libro de Jeremías, y de ellas 7 (más de la mitad) se registran en 30-33 (en 30,3.18; 31,23; 32,44; 33,7.11.26) .
Ahora bien, esta fórmula es el elemento que unifica el bloque de 30-33, más allá de las diferencias entre 30-31 y 32-33, que saltan a la vista . Éstas responden al diferente origen de los textos, no sólo en cuanto bloques, sino también respecto de las subunidades de que a su vez están compuestos. La nueva unidad hilvanada entre 32-33 y 30-31 obedece, en cambio, a la última redacción del libro actual.
Por lo demás, el tema del regreso de la diáspora se expresa no sólo con la fórmula indicada sino también con otro vocabulario diferente, como en los siguientes pasajes: 30,10-11; 31,7b-8.16b-17.21b; 32,37 (ver los detalles en 3.4).

Más aún, en 30-33 reaparece el léxico de metáforas que en 1,10 constituía un eje programático del libro: Jeremías era llamado allí a “extirpar y destruir, perder y derrocar, edificar y plantar”. Dicho léxico había aparecido 2 veces en la sección de juicio (F, cf. 12,14.37 [-]  con 12,15b [+] ; 18,7 [-] con 18,9 [+]) y reaparece 2 veces en la parte simétrica (, en 31,28 [+] y 32,41 [+]). Allá (por la relectura anticipada, recurso frecuente ) estaban las dos voces, - y +; aquí, como era de esperar, sólo las metáforas del “edificar /plantar”, o sea, el sentido +.

 

3.1 La construcción narrativa de 11,18-20,18

En este conjunto (F), hay mucho desorden. Predomina, sin embargo, una reiteración de los mensajes de castigo, enunciados en diferentes formas literarias y en versos poéticos bastante variados. Sobresalen:

1. Las escenas biográficas (13,1-14; 18,1-12; 19,1-20,6);

2. Las descripciones del estado de ánimo de Jeremías (12,1-5; 15,10-21; 17,12-18; 20,7-18), material que suele denominarse las “confesiones de Jeremías”, fragmentos sin duda peculiares. Todas están dentro del bloque de 11,18-20,18 (F);

3. El conflicto con sectores sociales, también familiares, de Anatot (11,21-23; 12,6), y con otros que conspiran contra él (11,18-20; 18,18-23; 20,10-12);

4. Máximas de sabiduría (17,5-11);

5. Breves oraciones de esperanza, en diálogo con Yavé (17,12-18) , o confesiones de los pecados con reclamos cargados de esperanza (14,7-9.19-22);

6. El gran oráculo en las puertas de Jerusalén sobre la observancia del sábado y la cesación del transporte de cargas en la ciudad (17,19-27). La forma introductoria recuerda el oráculo en la entrada del templo (7,1-15.21-28) y anticipa el de la entrada del palacio (cf. 22,1-5). En los tres casos destaca el tema del oír la palabra de Yavé (7,13b.24.2; 17,2; 22,5);

7. Sobre todo, anuncios de castigos muy variados (12,14.17, “extirpar”; 13,15-17.19, exilio; 16,13, dispersión; 17,1-4, esclavitud en el exilio; 14,1-6, sequía; 14,10-16; 15,2-4, espada, hambre y peste; 16,16-18, invasión), hasta en la forma de una lamentación del mismo Yavé (12,7-13; 14,17-18);

8. Acusaciones contra Jerusalén por abandonar a Yavé (15,5-9), contra Israel por ir tras la Nada (18,13-18);

9. Órdenes a Jeremías de no interceder (14,11; 15,1), de no tener hijos ni participar en actos festivos (16,1-9);

10. Una crítica muy severa contra los profetas no enviados por Yavé (14,13-16; 20,6); el tema de los falsos profetas atraviesa todo el libro de Jeremías y tiene mucho que ver con su experiencia de lucha ideológica con otros intérpretes del momento histórico (cf. especialmente el conflicto con Jananías (28,1-17), y con su propio sufrimiento como profeta auténtico de Yavé (ver el gran diálogo con Yavé en el cierre de este bloque, en 20,7-18).

Se puede observar que dominan los motivos y los temas de juicio y destrucción. Las mismas “confesiones de Jeremías” están dispersas, pero coherentemente ensambladas, en esta sección (F) del libro.
Se diría que el gran juicio por la ruptura de la alianza (11,1-17) atrajo inmediatamente, como si fueran las “maldiciones” consecuentes, esta antología de oráculos de crítica y condenación, no importando el orden . Y se podría añadir que este conjunto tan negativo prepara, por contraste, el conjunto positivo que sigue (30-31 o 30-33).

 
3.2 La construcción narrativa de 30-31

1. Después de la orden de escribir (30,1-2), el texto se abre con la promesa de un futuro retorno de la diáspora, tema que se cerrará en 33,26 en forma de una gran inclusión.

2. En 30,3 la promesa del regreso de Israel apela a la promesa a los (primeros) padres. El detalle es significativo. Se usa el lenguaje de “herencia”.

3. Se repite la fórmula introductoria en el v.4 (señal de una sub-composición del texto).

4. Un oráculo especial (vv.5-7) opone el tiempo de angustia presente a una salvación futura (7bb). La representación teatral del v.6 describe el espanto de la situación.

5. Un tercer oráculo (vv.8-9) pasa al código de la servidumbre (“yugo/atadura”, “quebrar/arrancar”). El sujeto de la soberanía anterior eran los extranjeros, en el futuro serán Yavé y David, el rey “que les suscitaré” (9b). Ya se ha señalado que esta promesa tendrá su contraparte en 33,17.21.22.26. Esta nueva gran inclusión, que unifica los capítulos 30-33, contiene un metamensaje explosivo, porque alimenta la idea de un retorno a la independencia política en tiempos de dominación imperial extranjera. Ezequiel no se hubiera animado a hablar en estos términos (habla de “príncipe”, título que, por lo demás, al final resulta reapropiado por el sumo sacerdote ).

6. En este lugar se ubica un oráculo (vv.10-11) de marcado tono deutero-isaiano (ver más abajo, en 3.3). Está suturado al anterior por el motivo de los extranjeros (vv.8b con 11), y  a su contracara simétrica de 11,18-20,18 por los de la destrucción (11,23 con 30,11b) y de la herida (14,19; 17,14 con 30,12-14) . La inversión de situaciones es clara. 

7. En los vv.12-15 Yavé recuerda, con el vocabulario de herir/curar , el castigo de los pecados y de las iniquidades. Se dirige a una mujer (sufijos en 2. pers. sing. fem.), seguramente Jerusalén. La inversión de situaciones está en los vv.16-17, también con sufijos femeninos; termina con el motivo de la “curación”. Es evidente que 16-17 son la relectura de 12-15, y que formaban una unidad antes de su incorporación en este lugar .

8. Los ex-apelativos “arrojada” (alusión al exilio) y “sin buscador para ella” (v.17b) de la Dama, han motivado la inserción del siguiente oráculo de los vv.18-21 (ahora con sufijos masculinos), que destacan las promesas del retorno de la diáspora, de la reconstrucción de toda ciudad y alcázar, y de la multiplicación del pueblo. El gobernante (moshel), no “rey”, saldrá esta vez del propio Israel. Es sugestivo el tenor político de este anuncio.

9. Aparentemente aislado, el v.22 refuerza la promesa de la nueva alianza, cuyo núcleo sintetiza (cf. bajo 2.1).

10. Sigue un oráculo (vv.23-24) que puede ser dirigido contra los de adentro (contra los falsos profetas en 23,19-20, el mismo texto), pero que en el contexto del cap. 30 debe referirse a los pueblos opresores (cf. 20b). Yavé cumplirá sus designios de liberación (24a).

11. Vuelve la fórmula de la alianza en 31,1. El quiasmo a distancia formado con 30,22 (los dos versículos están aislados, en una primera instancia) deja en el centro el motivo de la “ira” de 30,23-24 que, a la luz del texto central de 25,13b-38, se refiere a los opresores de Israel, las naciones .

12. En 31,2-6 tenemos un oráculo complejo. El v.2 parece retomar la tradición del desierto, pero presuponiendo no la opresión de Egipto sino la aniquilación del 586 (leerlo en paralelo, y contraposición, con 30,14). Puede ser que una mujer (= Jerusalén) introduzca en el v.5a (“desde lejos, Yavé se me apareció”, TM) la apasionada palabra de Yavé a ella (¡sufijos femeninos !) de los vv.3-5, con léxico de amor y gracia en 3b. El oráculo anticipa el “todavía” de la reconstrucción, del gozo y de la economía productiva (vv.4-5a).
Para el final (v.6), cf. 3.3.

13. Con un lenguaje que recuerda el de la redacción del libro de Isaías se anuncia la liberación de la diáspora en 31,7-14 (cf. 3.3), destacándose los beneficios económicos del futuro (v.12), con su alegría consecuente (vv.13-14). 

14. Por eso, a pesar del llanto de Raquel (v.15, ausencia de los hijos, por el cautiverio y la destrucción), dos nuevos oráculos (vv.16-17, a una mujer, y 18-20, a Efraín) prometen la vuelta de los “hijos”, para terminar en fórmulas de afecto paterno de Yavé hacia Efraín (= Israel).

15. Los vv.21-22 se dirigen nuevamente a una mujer (la “virgen Israel”, 21b), exhortándola a rehacer el camino (¡del exilio?) para volver a sus ciudades. La unidad termina con un anuncio enigmático: “porque creó Yavé una cosa nueva en la tierra: la mujer rodeará al varón”. Literariamente, resulta una inclusión con 30,6, donde el varón era comparado a una mujer; en 31,22 es al revés, ya que la mujer protegerá al varón. Es un texto difícil, pero puede connotar también la idea de que en esta nueva creación (léxico de Génesis 1,27-28) habrá procreación para repoblar las ciudades antes abandonadas.

16. Esta última interpretación se vería apuntalada por los dos oráculos siguientes de restauración (vv.23-25[.26] y 27-28), donde resaltan los temas de la vuelta de la diáspora (v.23b) y de la repoblación (vv.24.27b). Es claro en el v.28 la distinción cronológica del anuncio programático, pero indiviso, de 1,10. El pasado de destrucción, por otra parte, está remarcado con 5 verbos.

17. Por último, los vv.29-30 anulan un antiguo proverbio que prolongaba en los hijos las consecuencias de las malas acciones de los padres. Quiere decir que, en el futuro, no se tendrán más en cuenta las infidelidades que motivaron la ruina y el exilio.

 

3.3 Jeremías 30-31 en el horizonte de Isaías 40-55 redaccional

En 30,10-11 escuchamos un oráculo muy parecido a Isaías 41,8-12 (“Jacob/ Israel” – en ese orden –, “siervo mío”, “desde lejos”, “no temas”, “contigo estoy”). Su repetición literal en 46,27-28, donde parece estar en mejor contexto, muestra no sólo su carácter redaccional sino también la relevancia del tema de la liberación de la diáspora.

Más adelante, en 31,6, el oráculo para la mujerJerusalén se completa con una exhortación mutua de los efraimitas a subir al monte Sión, a Yavé “nuestro Dios”. La formulación y el contenido están en el horizonte utópico de Isaías 2,3aa, un texto (2,2-5) redaccional referido a la diáspora. El de Jeremías se refiere a los samarios de la época persa . Se trata, en ambos casos, de recuperar un Israel ideal.
En el oráculo siguiente (vv.7-14) es posible oír resonancias de Isaías 2,2-5 , pero sobre todo de textos de la misma perspectiva redaccional situados en el 2-Isaías y que se refieren a la salvación (Jeremías 31,7b), rescate y redención (11b), reunión (8a.10b) del “resto de Israel” (7bb), desde lejos, desde el norte, desde los extremos de la tierra (v.8), desde las islas (10a). Hay que leer este gran pasaje a la luz de Isaías 41,1.8-9; 43,1-2.5-6; 48,20b; 49,9b-12.
 

 

3.4. Un tema central déutero-jeremiano (de 30-33) anticipado en 11,18-20,18

En 3.1 leíamos un cúmulo de amenazas, más que de advertencias (como era el caso en capítulos anteriores, cf. 3,12.14; 4,1-4), pero en el interior de ese bloque tan negativo se vislumbraba un lenguaje de esperanza, en dos confesiones de los pecados (14,7-9 y 14,19-22, dos textos simétricos).
Pero sobre todo es notable el hecho de que, en el capítulo 16, interrumpiendo una serie de amenazas simbólicas (vv.1-9) y acusaciones por la ruptura de la alianza (vv.10-12) que terminan con el anuncio enfático de la cautividad (v.13), el autor final ha insertado - con la fórmula introductoria típica de los capítulos 30-31 - esta novedosa confesión de fe:

Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de Yavé - en que no se dirá más: “viva Yavé que hizo subir a los hijos de Israel del país de Egipto”, sino:  “viva Yavé que hizo subir a los hijos de Israel del país del norte y de todos los países a donde los arrojara”, pues los devolveré a su suelo, el que había dado a sus padres.

Éste es el credo de la diáspora . Tan importante es la promesa, y por tanto, la esperanza en el retorno de los dispersos por todos los países (la cautividad en Babilonia ya ni se menciona), que la utopía de su realización hace vislumbrar una modificación substancial del contenido del credo central.
Esta perspectiva de un nuevo credo debe ser puesta en el contexto de la promesa de una nueva alianza. Se había señalado ya que un presupuesto de ésta sería la vuelta de la diáspora (ver 2.1). Nada extraño, por otra parte, que el mismo credo reaparezca más tarde (en 23,7-8), luego de otra promesa utópica, sobre el nuevo rey “para David” (23,5-6) , promesa ésta que, cosa admirable, también se repite, significativamente, sobre el cierre del complejo de los capítulos 30-33 (en 33,15-16). 

Cabe notar que las tres promesas - de la nueva alianza, del nuevo credo y del nuevo rey - son introducidas con las mismas palabras, “he aquí que días vienen (hinneh-yamîm ba’îm)”. Y ya hemos visto que las dos últimas se repiten en dos partes. Ya sabemos, por otra parte, que también la promesa de la nueva alianza de 31,31-34 se repite en 32,36-44, aunque no con idénticas palabras (cf. el v.40a).

El relieve de la promesa del retorno de los dispersos en todo el libro de Jeremías, especialmente en el credo de 16,14-15 (y 23,7-8), permite sugerir que en 12,14-16 y en 16,19-21 no se trata de la salvación o conversión de los pueblos – interpretación tradicional – sino de la misma recuperación de la diáspora .

No nos debe extrañar, por lo tanto, que tenga tanto relieve en 30-33, en especial en 30-31, el tema de la vuelta de la diáspora, como se vio en 3.2

 

4. Lectura lineal de Jeremías 11-33

La anterior fue una lectura sincrónica, trabajando por bloques simétricos dispuestos de cada lado del capítulo eje y central (25). Así se veían las correspondencias y las relecturas.
Pero un texto no se lee sincrónica sino linealmente. Se parte de un punto y se termina en otro, que es el final de la obra. Ahora bien, ¿cómo leemos de corrido textos tan dispares como los que estamos estudiando, y que, por lo demás, transitan por los capítulos 21-24, cruzan el centro (25) y descienden por las escenas de 26-28 y la carta del capítulo 29?
Cuando terminamos de leer el cap. 29 estamos como en un tiempo agotado pero que recomienza (la promesa del retorno de la diáspora en los vv.10.14). Esta perspectiva abre el capítulo 30.

El efecto final que produce la lectura de todo el texto es el de una constante inversión de situaciones. El tiempo de la destrucción, ya vivido, es un “tiempo agotado”. El tiempo pleno es el futuro, anunciado y descrito de todas las formas posibles.
Aquí está en pleno ejercicio la “imaginación profética”.
 

J. Severino Croatto
Tel.: (54 232) 043-7869

 

P.D. Terminado este estudio pudimos leer, en la revista Transeuphratène, el excelente artículo de J. Ferry sobre Jeremías 33 . Él también destaca los siguientes puntos: el cap. 33 está íntimamente conectado con el 32, y está lejos de ser un apéndice (cf. la BJ); 32-33 están ligados a 30-31 (nótese la misma estructura de las introducciones, 30,1-3 y 33,1-3); 30-31, a su vez, “son totalmente centrales tanto en la organización del libro de Jeremías como en su teología” (p.70). El cap. 33 es un caso interesante para ver cómo se utilizan las tradiciones jeremianas en nuevos contextos (relecturas). El autor, con todo, queda aferrado (aunque no lo dice explícitamente) a la vieja idea de que 30-31 (¿jeremianos para él?) son anteriores a 32-33. Para nosotros, es muy claro el carácter tardío de 30-31.


En la estructuración sugerida por Jorge Torreblanca (ver su artículo), se trata de las secciones E-E’ y F-F’, respectivamente.

Leer desde abajo, a la izquierda, subiendo  (como si fuera por una escalera) hasta el vértice, y descendiendo por la derecha. 

Ver el artículo introductorio, “La estructura de los libros proféticos...”, en este número de RIBLA, bajo 2.2.

Se suele traducir mal, o modificar, la expresión wa’ani ba`alti bam del v.32b (BJ  1998 “y yo hice estrago en ellos”), cuyo sentido coherente, en el lenguaje de los pactos, es “a pesar de que yo había sido señor (ba`al) sobre ellos”.

Fórmula cara a Jeremías y Ezequiel, que la reiteran 14 veces (sobre las 17 en total en el corpus profético). 

En Mt 26,28 y Mc 14,24 no se emplea el adjetivo “nueva (alianza)”. En todas las fuentes, la referencia a la sangre remite también, naturalmente, a la alianza sinaítica (Ex 24,8). Pero Lucas y Pablo son explícitos en su relectura de la promesa de la “nueva alianza” de los textos proféticos tardíos.

Para citar dos documentos fundamentales, véase el pésher o comentario hermenéutico del texto de Habacuc (1QpHab) II,3, y el Documento de Damasco VI,19; VIII,21; XIX,33 (“los que entran en la nueva alianza”) y XX,12 (siempre en relación con el  país de Damasco); en 1QS (Regla de la Comunidad) IV,22 y V,5-6 se prefiere la fórmula “alianza eterna” (cf. Jeremías 32,40).

No es seguro que los vv.14-17 anuncien la salvación de pueblos vecinos, un tema extraño en los profetas.

  Nótese el quiasmo en el listado del v.13: “habitantes de esta tierra / reyes // sacerdotes y profetas / habitantes de Jerusalén”. Las instancias de poder político e ideológico están en el medio.

Estos motivos se encuentran también en otros pasajes, especialmente en 1-29. Ver los otros estudios en este número de RIBLA, y el artículo de John M. Bracke citado en la nota siguiente (cf. pp.237-238).

Para un análisis de la fórmula, cf. John M. Bracke, “sub sebut”: A Reappraisal”, en Zeitschrift fur die Alttestamentliche Wisssensschaft 97 (1985) 233-244 (con discusión de trabajos anteriores).

Las otras 4 veces en 29,14 (una relectura que prepara las promesas de 30-31), y luego en 48-49, dentro de los oráculos sobre las naciones: 48,47; 49,6.39 (relecturas que los LXX omiten).

Es una equivocación estudiar por separado estas dos partes, lo que se funda en primer lugar en la idea repetida por inercia, y generalmente no discutida, de que 30-31 representan una palabra auténtica de Jeremías referida al retorno de los exiliados del reino del norte (ruina de Samaria en el 722). Ver, por ejemplo, el estudio por lo demás muy útil, de Barbara A. Bozak, Life “Anew”. A Literary-Theological Study of Jer. 30-31. Roma, PIB, 1991, pp.1-6. Los capítulos 30-31 tienen características idiomáticas que recuerdan fuertemente la redacción postexílica de Isaías 40-55 y suponen una diáspora universal. Resulta imposible contextualizarlos en la época de Jeremías. Junto con 32-33, pertenecen más bien a un Déutero-Jeremías.

No hay espacio para discutir esta perícopa que parece referirse a los pueblos vecinos (BJ), pero que probablemente trata de un grupo de judaítas.

Ver nuestro artículo introductorio, bajo 2.1 y 2.2.

Cf. John T. Willis, “Dialogue between Prophet and Audience as a Rhetorical Device in the Book of Jeremiah”, en R. P. Gordon (ed.), The Place is too Small for Us. Winona Lake, Eisenbrans, 1995, 205-222 (pp.216-220).

Este desorden global no quita que determinadas unidades estén hasta estructuralmente organizadas, como es el caso de 14,1-15,4. Allí, los anuncios de destrucción están centrados en la condenación de los falsos profetas (14,13-15), separada por dos secuencia en abc/abc, de esta manera: sequía (14,1-6 = a) / confesión: Nombre + esperanza (14,7-9 = b) / errar, no interceder (14,10-12a = c) y, paralelamente: hambre y espada (14,17-18 = a) / confesión: Nombre + esperanza (14,19-22 = b) / no interceder, “salir” (15,1-4 = c). Esta organización estructurada de elementos dispares no puede ser sino redaccional e intencional.   

La probable adición de “y de Judá” no indica que haya un oráculo primitivo del Jeremías histórico referido al exilio del reino del norte, luego releído en función del nuevo exilio de Judá. Más bien, un oráculo postexílico sobre la reconstrucción de un “Israel”  (“Jacob” en 7b) ideal y simbólico (como en Isaías 40-55) fue completado por la referencia a Judá por una incomprensión de aquel lenguaje.

La fórmula “tiempo de angustia” será retomada por Daniel 12,1.

Cf. A. Gallazzi,

Para otras conexiones literarias, cf. M. Álvarez Barredo, “Jeremías. cap. 30: fases de su formación”, en Carthaginensia 11 (1995) 247-262. Para la oposición con el v.5, ver B. A. Bozak, pp.40-42.

Aquí también se da una llamada a la sección simétrica (cf. 10,19).

B. A. Bozak (pp. 46-57) trata de hecho los vv. 12-17 como una unidad en dos estrofas (12-15 y 16-17).

“Pueblo/Dios” (ab) en 30,22,  pero “Dios/pueblo” (ba) en 31,1.

Cf. también R. Carroll, Jeremiah. Londres, S.C.M. Press, 1986,  p.585.

  “Redaccional”, porque se refiere a oráculos de Isaías 40-55 que no son del profeta del exilio sino más bien de sus relecturas postexílicas, como hemos señalado en el comentario correspondiente, Isaías. La palabra profética y su relectura hermenéutica. Vol. II: 40-55: La liberación es posible (Lumen, 1994)  pp.7-8.

No hay ninguna objeción a que sea así y no, como es clásico afirmar, una alusión a la diáspora del 722, atribuyendo los capítulos 30-31 al Jeremías histórico.

Referencias a Jacob, o a Jerusalén como “cabeza de las naciones” (v.7a), en paralelo con “altura de Sión” (v.12a).

Cf. el artículo introductorio en esta misma revista, “La estructura de los libros proféticos”, bajo 2.4.2.2 y 2.5.c)..

Las variaciones son mínimas; mejor es el texto de 16,14-15.

La expresión “germen para David”  parece indicar una prolongación de la dinastía, como se comentará en 33,17-26, a diferencia de Isaías 11,1, donde el ”vástago” saldrá de más abajo de David, de la raíz de Jesé. Mientras el oráculo de Isaías 11,1-5 no menciona el vocablo “rey”, y mientras Ezequiel habla de un nuevo David como “pastor” o “príncipe” (cf. 34,23-24; 37,25)  y menos de “rey” (37,22.24a), el Déutero-Jeremías habla siempre de un rey futuro, cuyo nombre simbólico será “Yavé es nuestra justicia”, en oposición al último rey de la era vieja, Sedecías (que significa “Yavé es mi justicia”). 

Esta afirmación merece un estudio aparte.

J. Ferry, “Je restaurerai Juda et Israël” (Jr 33,7.9.26). L’écriture de Jérémie 33”, en Transeuphratène 15 (1998) 69-82.

 
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