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EL POBRE ES EL ¡NO! DIVINO A LA VIOLENCIA TAMBIÉN INTERVENCIONISTA

(Habacuc)

Domingos Sávio da Silva

Resumen:
El artículo expone las líneas esenciales del texto de Habacuc, tratando de interpretar el sentido de la intervención extranjera en Judá, destacando la función del justo – ¡llamado también ungido! – en el proyecto divino de liberación.

Abstract:
The article expounds the essential lines of the text of Habakuk, trying to interpret the meaning of the foreign intervention in Judah, highlighting the just – also called the anointed  – in the divine project of liberation.

                                                                                                                                                                                                     

1. ¿Cuándo?

Reinado de Joaquín (608-597 a.C). El intervencionismo asirio en Judá todavía sangraba en la memoria del pueblo. Más recientemente, hacia el 609, una nueva experiencia intervencionista, ahora egipcia, bajo Necao II, persistía más dolorosa porque vivida personalmente por muchos de los presentes. Necao
iba al norte para apoyar al moribundo imperio asirio. Josías, el rey judaíta, nutría pretensiones expansionistas, valiéndose del vacío de poder que la debilidad asiria abría en el horizonte. De esa manera, no le agradaba esa empresa egipcia, y quiso bloquear a Necao y a su ejército en tránsito por su territorio. Pero esa aventura le costó la vida y acarreó al pueblo de Judá aquella nueva experiencia intervencionista armada en su territorio. Y en el horizonte ya aumentaba el brillo de una nueva estrella, el imperio babilonio. En su condición de enclave entre dos polos, el norte (asirios, neobabilonios) y el sur (egipcios), todos en una constante lucha por la hegemonía del poder, ¡Judá no podía augurarse cosas buenas para su futuro!

 

2. ¿Qué cosa?

Como si no bastaran esas penosas y sucesivas sujeciones al poder político-militar extranjero intervencionista, acompañado generalmente del pago de tributos, la situación interna reforzaba aún más el sufrimiento del pueblo: el abandono, el no tener a quien recurrir en la instancia jurídica (“pierde fuerza la ley, y no se manifiesta nunca el derecho..., se manifiesta el derecho torcido” : 1,4ª.bb ) emergen en la apertura misma de la profecía, en la súplica-lamento inicial (1,2-4), eco de aquella situación interna opresiva.
En representación de la parte más afectada de la sociedad (3,16: “espero el día de la angustia que va a sobrevenir sobre el pueblo que nos asalta”), que son los pobres (3,14: “para dispersar..., para devorar un miserable en su escondrijo”), el profeta apela a ese su Dios en una mezcla de fe, desafío, desahogo, impaciencia:

¿Hasta cuándo, Yavé, continuaré gritando por socorro sin que escuches, clamaré hacia ti “¡violencia!” sin que salves? ¿Por qué me haces ver la iniquidad y contemplas la malignidad? Devastación y violencia están delante de mí, querella hay y discordia se suscita” (1,2-3).
           
En este “él” (el “impío que está cercando al justo”, 1,4ba), agente mayor y promotor de toda la opresión interna, veo a Joaquín y sus secuaces más directos, las camadas sociales superiores de Judá.

Joaquín derramó mucha sangre inocente (2 Re 24,4); es censurado por Jeremías porque fue um rey brutal, injusto y amante del fausto (Jr 22,13-19). Es conocido sobre todo el episodio en el palacio real (Jr
36), la lectura del rollo con los oráculos de Jeremías, que Joaquín despedaza y quema. La palabra profética no le produce miedo , es "un impío para con Dios y un perverso para con sus súbditos" .

El uno ni siquiera alude a la existencia del otro, pero parece que Jeremías y Habacuc eran contemporáneos, viviendo problemas idénticos . Parecen ser de los primeros años del reinado de Joaquín, cuando la construcción de un nuevo palacio, “con falta de dinero, a través de injusticias” , cuando todavía
Era vasallo de Necao. El tributo pagado al faraón desangró al país (2 Re 23,34-35). Ni siquiera por ello deja Joaquín de imponer sobre sus compatriotas el fardo adicional del trabajo forzado en sus construcciones (cf. Jr 22,13-17 y cf. Ha 2,9-11.12-14). Se trata tal vez del palacio descubierto en Ramat Rajel, al sur de Jerusalén . Estos votos póstumos de Jeremían muestran hasta qué punto el profeta lo detestaba:

Así dice Yavé a Joaquín, rey de judá, hijo de Josías: “ninguno llorará por él, diciendo: ‘¡ay, hermano mío! ¡ay, hermana mía!’. Ninguno llorará por el: ‘¡ay, mi señor! ¡ay, majestad!’. Será sepultado como un borrico, será arrastrado y echado afuera, lejos de las puertas de Jerusalén” (Jr 22,18-19; cf. 13,18).

Desde este horno de sufrimientos, que tocarán especialmente a los pobres, surge aquella súplica-lamento inicial o grito lacerante del pueblo, en los labios y en la solidaridad del profeta (1,2-4).

 

3. ¿Y de ahí?

Yavé parece despertarse, reabrir sus oídos y responder a la súplica. Pero, a través del intervencionismo extranjero armado:

Mirad a las naciones..., he aquí que yo suscito a los caldeos, una nación cruel e impetuosa...; son más veloces que panteras sus caballos, son más mordaces que lobos vespertinos..., vuelan como águila precipitándose para devorar. Llegan todos para hacer violencia (1,5-11, cf. vv. 5aa.6a.8a.bb.9a).

Si la violencia (hebreo: jamas) es lo que prácticamente condensaba la opresión interna inicial (1,2ba.3ba), ¡con una nueva y más terrible violencia (jamas) el profeta representa a Dios respondiendo a su llamado! Dicha respuesta trae con todo en su interior el veneno que se volverá contra ella misma:

            Se hace culpable por hacer de su fuerza su dios (1,11).

 

4. ¿Respuesta dada, de hecho?

Ya por el hecho de la respueta divina (1,11b) y sobre todo porque el profeta reacciona a ella con una nueva súplica-lamento (1,12-17), aquella respuesta intervencionista es rechazada. Lo que el profeta monta en 1,5-11 es un juego de escena. ¡Hace al intervencionismo brotar de los labios de Dios mismo únicamente para rechazarlo por completo!:

¿Por ventura no eres tú, desde antiguo, Yavé, mi Dios, mi santo? ¡No vamos a morir! Yavé, para juicio lo tienes establecido, ¡oh Roca!, para castigar lo tienes determinado. Muy limpio eres de ojos para mirar el mal, ver la opresión no puedes (1,12-13a) .

Si de hecho propusiera el intervencionismo, Yavé estaría negándose a sí mismo (v.12), establecería el mal, que no cabe en sus ojos puros, que no puede contemplar (v.13a).

 

5. ¿Cuál es, entonces, la respuesta?

La violencia (interna) no se resuelve con violencia (externa, intervencionista). Ambas son violencia deplorable, y como tales deben ser aniquiladas. Es lo que el profeta hace a Dios proponer definitivamente (2,1-5).

Por más poderosa y aparentemente invencible que parezca, la violencia o el mal traen en sí un principio de auto-corrosión, de auto-aniquilamiento al que se suma la fuerza opuesta, también intrínseca, que el justo oprimido trae en sí mismo, por ser justo:

He aquí que se descompone, no siendo recta, su persona en sí mismo, pero (el) justo en su fidelidad vivirá (2,4).

 

6. ¿Cómo tal respuesta responde de hecho?

¡Siguen cinco ayes! (2,6b-19): la jactanciosa (1,10-11a) impiedad es
tan frágil que el profeta, en la certeza de su fe, hace de ella objeto de piedad, de lamentos fúnebres. Todo esfuerzo que el impío gaste, y hasta lo que parecen ser sus obras y conquistas, no le garantizan en verdad ni felicidad ni perennidad. Véase, por ejemplo, el segundo ¡ay!:

¡Ay del que adquiere con violencia provecho inmoral para su casa, para poner su nido en alto, para salvarse de las garras del mal! Planeaste oprobrio para tu casa, exterminar a pueblos
numerosos; sí, estás errando al blanco (en) tu avidez. Pues la piedra desde el muro clamará, y la viga desde el maderamen le responderá (2,9-11).

Debilidad, corruptibilidad intrínseca del impío, sumadas a la fuerza, perseverancia, constancia del justo (“su fidelidad”), he aquí lo que únicamente revierte los senderos trazados por la violencia (jamas).

 

7. Sólo el oprimido es mediación de liberación divina a su favor

Preparada por todo lo que le antecede en la profecía, enaltecida por una
teofanía que le abre camino (3,3-12), el profeta reserva su propuesta para los versículos finales:

            Saliste a salvar a tu pueblo, a salvar con tu ungido (3,13a).
Existen voces muy discordantes sobre esa trducción y sobre todo de la interpretación que estoy proponiendo. Jörg Jeremias, por ejemplo, traduce así: "Tú saliste en socorro de tu pueblo, para socorrer a tu ungido" (p.101), y en "tu ungido", el autor ve al rey davídico . A mi modo de ver, sin embargo, y por la fuerza del contexto de la profecía y su conjunto, ese ungido, lejos de ser el rey, es el justo que se ve cercado por el impío (1,4ba), que inaugura la profecía gritando por socorro a Yavé (vv.2-4), es el pobre, con quien el profeta se identifica (3,14b), y que recibe el llamado a constituirse en un pueblo, en un nosotros, frente al impío-pueblo ("espero el día de la angustia que va a sobrevenir al pueblo que nos asalta", 3,16c).

 

El sufrimiento del justo bajo el impío es lo que constituye la profecía de Habacuc. Él se identifica de tal modo con ese necesitado, que inaugura (1,2-3), y ahora cierra, su profecía en primera persona:

Mas yo en Yavé exultaré, gritaré de júbilo en el Dios de mi salvación. Yavé es mi señor, mi fuerza, él me da pies como los de ciervas y sobre mis lugares elevados me conduce (3,18-19ab).

Yavé sale al campo contra el impío para salvar al justo. Pero sale con él en cuanto ungido suyo. ¡Yavé es para él salvación, fuerza, al darle pies de gacela, al equiparlo para su lucha de auto-liberación!

Bibliografia seleta

Alomía, B. Merling, “Habacuc, el profeta de la justificación por la fe”, en Theologiká  3 (1988) 138-151.
Balancin, Euclides Martins, “Habacuc: a fidelidade do justo”, en Vida Pastoral 24 nº 113 (1983) 2-5
BALANCIN, Euclides Martins y Storniolo, Ivo. Como ler o livro de Habacuc, a teimosia do justo. São Paulo, Edições Paulinas, 1991.
Bernini, Giuseppe. Osea - Michea - Nahum - Abacuc (versione, introduzione, note), en Nuovissima Versione della Bibbia dai testi originali, 2ª edição. Roma, Edizioni Paoline, 1977 (Habacuc pp.397-437).
Bright, John. História de Israel. Trad. Euclides Carneiro da Silva. São Paulo, Edições Paulinas, 1978 (Nova Coleção Bíblica 7).
Cazelles, Henri, História política de Israel desde as origens até Alexandre Magno. Trad. Cácio Gomes. São Paulo, Edições Paulinas, 1986 (Biblioteca de Ciências Bíblicas).
Ceppi, Américo, História do povo de Israel. Petrópolis, Editora Vozes, 1946.
GRINTZ, Yehoshua M. y Briskin-nadiv, Dvora, “Habakkuk”, en Encyclopaedia Judaica, Jerusalén, Keter Publishing House, 1972, v.7, col.1014-1017.
Herrmann, Siegfried. Storia di Israele - I tempi dell’Antico Testamento. Brescia, Editrice Queriniana 1977, 2ª edição.
Jeremias, Jörg. Kultprophetie und Gerichtsverkündigung in der späten Königszeit Israels. Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1970 (Wissenschaftliche Monographien zum Alten und Neuen Testament 35).
Muilenburg, James, “Jeremiah, the Prophet”, enButtrick, Georg Arthur (ed.). The Interpreter’s Dictionary of the Bible - an Illustrated Encyclopedia. Nasville/New York, Abingdon Press, 1962, v.3, p.823-835.
Murphy, Richard T.A, “Sofonías Nahúm Habacuc”, enBrown, Raymond E. et alii (eds.), Comentario Biblico “San Jeronimo”. Trad. Alfonso de la Fuente Adánez y Jesús Valiente Malla. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1973, v.1 (Habacuc, p.781-789).
Otto, Eckart, “Habakuk/Habakukbuch”, en Theologische Realenzyklopädie 14 (1985) pp300-306.
Porath, Renatus, “Profetas, interlocutores indispensáveis neste ‘fim da história’- um diálogo com o profeta Habacuque”, en Estudos Teológicos  33 (1993) 26-36.
Sweeney, Marvin A., “Habakuk, Book of” enFreedman, David Noel (ed.), The Anchor Bible Dictionary. NewYork/ London/ Toronto/ Sydney/ Auckland, Doubleday, 1992,  pp.1-6.

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Cf, por ejemplo, Jörg Jeremias, Kultprophetie, p.89; Giuseppe Bernini, Osea - Michea - Nahum - Abacuc, p.406-407; Yehoshua M. Grintz y Dvora Briskin-Nadiv, “Habakkuk”, col.1014.1016; Richard T.A. Murphy, Sofonías Nahúm Habacuc, p.782; Renatus Porath, “Profetas, interlocutores...”, p.30; Marvin A. Sweeney, “Book of Habakuk”, p.2.

Todos los textos de Habacuc, citados aquío, fueron traducidos por mí.

Las indicaciones de localización del texto bíblico las hago a partir de la BHS (Biblia Hebraica Stuttgartensia).

Siegfried Herrmann, Storia di Israele, p.370.

Américo Ceppi, História do povo de Israel, p.184.

Cf. Richard T.A, Murphy, Sofonias Nahúm Habacuc, p.782; Renatus Porath, “Profetas, interlocutores...”, p.33.

Luís Alonso Schökel, Profetas I, p.418. “Joaquín demostró ser un monarca inescrupuloso y opresor, amante del lujo y que perseguía sus propios intereses”; James Muilenburg, Jeremiah the Prophet, p.826.

Cf. John Bright, História de Israel, p.439; Henri Cazelles, História política, p.188 y nota 90; Roland de Vaux, Excavations at Ramat Rahel, p.270 a 272; Luis Alonso Schökel, Profetas I, p.418.

¡Entiéndase la nación extranjera suscitada por Yavé en 1,5-11!

Hay divergencias no sólo en cuanto a la traducción sino también, y principalmente, en lo que se refiere a la interpretación de esos versículos (cf., por ejemplo, Jörg Jeremias, Kultprophetie, p.71.76.86.101-103.108-109).

Cf. Kultprophetie, a título de ejemplo, en las pp.4.71.86.101-103.110-111.190.197.

Para mayores datos sobre Habacuc, véase Domingos Sávio da Silva. Habacuc e a Resistência dos Pobres -

 
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