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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

EL TEMPLO DE AGEO

 Alicia Winters

Resumen:
Aunque el libro de Ageo es muchas veces despreciado como superficial o como promoviendo el judaísmo exclusivista, este libro más bien manifiesta una preocupación comunitaria con el templo como elemento clave en el mundo simbólico de la religiosidad popular.

Abstract:
Although the book of Haggai is often considered superficial or as the basis of the exclusive Judaism which developed in the post-exilic period, it shows a concern for community well-being which looks to the temple as a key element in the symbolic religious world of the common people.

El libro de Ageo no goza de mucha popularidad entre los grupos de estudio bíblico. Despierta incomodidad el fuerte énfasis sobre la construcción del templo, tema principal de este breve escrito. Para unos, Ageo es la personificación de la creciente dominación de las estructuras religiosas jerárquicas, centralizadas y masculinizadas, que no solamente dominaron el mundo judío a partir del llamado postexilio, sino que siguen imponiéndose en el mundo de hoy.   Sin embargo, es dudoso que el "templo" que Ageo visualizaba tuviera esa forma, o que Ageo hubiera representado los intereses sacerdotales e institucionales que pueden identificarse en épocas posteriores, incluida la nuestra . 

Para otros, el pensamiento del profeta simplemente carece de la profundidad de los profetas preexílicos.  Un comentarista dice: "Si se le compara con otros grandes profetas, estamos en las antipodas". Se dice que Ageo va demasiado lejos en su compromiso con el culto. Se lo critica por la implicación de que se puede comprar a Dios mediante la construcción de un templo o que la prosperidad material es una consecuencia lógica de cumplir con deberes religiosos. Se le compara negativamente con profetas preexílicos como Amós o Jeremías, quienes rechazaban la superficialidad del culto en favor de la práctica de la justicia .

Pero hay que preguntar qué papel jugaba la construcción del templo en el pensamiento de Ageo. Su obra está repleta de expectativas que van más allá del templo y el culto, y son el eco de las ansias y esperanzas colectivas de todo un pueblo. De hecho, la  profecía de Ageo se comprende mejor si no se toma como obra de un solo individuo sino expresión de la voz del pueblo. Y en este sentido, Ageo tiene mucho que decir a todos los grupos e individuos que están comprometidos hoy día con las luchas populares.

El templo durante el exilio

El libro de Ageo no pretende dar información sobre su autor, pero podemos deducir que el profeta no pertenecía al grupo de repatriados que había llegado recientemente de Babilonia .  Más bien, formaría parte del llamado "pueblo de la tierra", los campesinos de Judá que ocupaba la tierra en Palestina después de la caída de Jerusalén

La Biblia indica que una nutrida comunidad de judíos ocupaba la tierra en Palestina durante todo el llamado "exilio" (tradicionalmente entendido como el período entre la caída de Jerusalén en 587 y el decreto de Ciro en 538).

Se discute la naturaleza de la devastación efectuada en la guerra con Babilonia. Excavaciones arqueológicas dan testimonio de una destrucción general, pero también muestran que varias ciudades no fueron destruidas en la guerra. Se sugiere que tal vez el territorio de Benjamín se rindió a comienzos de la guerra, evitando de ese modo su destrucción. Por eso, Mispá pudo servirle de sede a Godolías, encargado del territorio de Judá después del fin de la monarquía

La descripción de la vida bajo Godolías en Jr 40-43 refleja una tradición según la cual Jeremías se comprometió con el nuevo gobernador y, aun después del asesinato de éste, veía el futuro del pueblo en Judá y no en Egipto ni en Babilonia. Si bien la carta reproducida en Jeremías 29 declara que el futuro del pueblo está con los exiliados, este material narrativo visualiza la esperanza para el futuro en la comunidad de Judea, destacando así la viabilidad de la vida continuada allí .

Con la caída de Jerusalén y la deportación de los principales ciudadanos a Babilonia, quedaron en la tierra los pobres "que no tenían nada" (Jr 39,10). Durante el conflicto con Babilonia, muchos habitantes de Judá se habían refugiado en Moab, Amón, Edom y otras regiones, pero  Jr 40,7ss indica que muchos de estos desplazados volvieron y se establecieron alrededor de Godolías en Mispá "y recogieron vino y abundantes frutos". Ezequiel hace pensar que al principio vivían entre las ruinas, en los campos o escondidos en rocas y cavernas (Ez 33,27), pero también sabemos que los  Babilonios repartieron tierras y viñedos entre los más pobres (1 R 25,10).
La salida de los terratenientes, los funcionarios de gobierno y los sacerdotes de alto nivel constituía una especie de revolución social, elevando a posiciones de mayor influencia a los  miembros sin tierra de la comunidad, los cuales ahora ocupaban tierras reales y otras que fueron expropiadas de la clase dirigente ya desterrada. Ez 11,15 puede reflejar el pensamiento del pueblo en este período: "a nosotros es dada la tierra en posesión" (cf. 33,24). Los que se quedaron consideraban a Judá la tierra de Yavé y, para ellos, el destierro significaba la expulsión de la presencia de Yavé, el cumplimiento de las promesas divinas respecto a la tierra (si bien Ezequiel se oponía enérgicamente a esta interpretación). Los campesinos de Judá gozaban de una nueva libertad ahora que los antiguos opresores se encontraban lejos. Los opresores denunciados por los profetas se fueron, y la tierra había sido devuelta a los pobres, trayéndoles abundancia (cf. Jr 40,12).

En cuanto al templo, fue arrasado en la caída de Jerusalén(2 R 25,9). Sus columnas y pedestales y el depósito de bronce fueron quebrados (v.13). El bronce más los utensilios que quedaron fueron saqueados. Pero del altar nada se dice. Se puede suponer que permaneció en su lugar.  Que hubiera sido profanado es probable, pero la profanación podía ocurrir por muchas razones y sin duda había provisión para su reconsagración regular. Según las listas de repatriados, pocos levitas fueron llevados a Babilonia  (indicando que contaban con poco poder en la comunidad preexílica de Judá) (cf. Esd 2,36-42; Ne 7,39-45). Estos levitas estaban disponibles, entonces, para dirigir las actividades en el templo después de la caída de Jerusalén.

De hecho, sabemos por Jr 41,5-6 que siguieron realizándose algunas observancias en el sitio. El texto no usa la palabra ‘ôlah, término técnico para el holocausto, pero sí habla de minjah (ofrenda) y lebônah (incienso), y minjah muchas veces se usa también en sentido general para todo tipo de sacrificio sobre el altar. Además, 1 R 8 enfatiza que el templo es el lugar de oración en el contexto exílico. Hubo, sin duda, otras ceremonias públicas de arrepentimiento y ayuno entre las ruinas del templo, y el libro de Zacarías indica que tales ritos continuaron hasta el inicio del proyecto de reconstrucción impulsado por Ageo (Za 7,1-5.8.18-19). Posiblemente el libro de Lamentaciones y también algunos de los Salmos (v.g., 44; 74; 79; 89,38-52) serían utilizados en estas ocasiones.

En fin, un sitio tan sagrado como el templo de Jerusalén no perdió toda su santidad después de la caída del gobierno de Sedecías. En casi todas las reconstrucciones de este período se reconoce que habría continuado alguna vida religiosa en torno al templo después de la caída de Jerusalén. Si la historia deuteronomística, Lamentaciones y otros pasajes (Abdías, algunos Salmos) tuvieron su origen en Palestina, como sugieren muchos biblistas, entonces estos pobres, el "pueblo de la tierra" en Judá, formaban una comunidad capaz de reflexionar sólida y profundamente sobre el significado de los acontecimientos que habían vivido.

El proyecto de reconstrucción

Esdras 1-3 narra el retorno masivo de los desterrados en el año 538 aproximadamente y su intensa actividad en la reconstrucción del templo, iniciada casi de inmediato de acuerdo con el decreto de Ciro. Pero existen varios indicios de que esta percepción es demasiado simplista . El número de los que regresaron inicialmente fue sin duda mucho más reducido, y la inmigración se llevaría a cabo en el transcurso de varias generaciones . De hecho, apelaciones posteriores a los judíos de Babilonia (Za 2,6-10, Esd 7-8) nos revelan que la fuerza política y económica permaneció en la comunidad de afuera de Palestina.

El proyecto de reconstrucción despertaría interés no solamente entre los exiliados, sino también en la comunidad que ya ocupaba la tierra en Palestina, debido la importancia que las ruinas ya habían adquirido a sus ojos. El mensaje de Ageo se da en este contexto. Ya se conocía la promesa de reconstrucción, la esperanza de reconstrucción, pero había vacilación y demoras para dar comienzo al proyecto de parte de aquellos que vinieron de lejos 5. Por eso adquiere importancia especial su observación en 1,2: "Este pueblo dice, ‘No ha llegado aún el tiempo en que la casa de Yavé sea reedificada'".

Es claro, por el texto de Ageo 1, que el profeta  no estaba proponiendo la reconstrucción del templo como una idea nueva. Ya se venía hablando del proyecto. La inquietud de Ageo ­era que nada se hacía. Los compiladores del libro anotaron con precisión la fecha del día en que Ageo abordó formalmente a los altos funcionarios del grupo de los repatriados para expresar las inquietudes de los campesinos, que constituían, para él y para los compiladores, "el resto del pueblo", o "el pueblo de la tierra"6. Estos dos términos se distinguen, en el contexto, del grupo al que Ageo señala como "este pueblo" en 1,2-4, los que se dedican a sus casas artesonadas sin preocuparse por el templo. En 1,6 Ageo añade que éstos siembran, comen, y se visten, si bien no con los resultados que esperaban durante esta época de sequía, y los compara con los jornaleros de entre el pueblo de la tierra que reciben su jornal "en saco roto", término especialmente gráfico que representa el creciente empobrecimiento de la población residente en la tierra.

Zorobabel y Josué sí vendrían con algunos de los grupos de exiliados que en los últimos años habían regresado a Judá. Zorobabel llevaba ciertas responsabilidades administrativas para el gobierno persa y Josué se encargaba de asuntos cúlticos7. Si estos dos actuaban como líderes y voceros de los que volvieron de Babilonia, sería apropiado que Ageo se dirigiera a ellos para cuestionar las excusas que se oían y reclamar la falta de empeño de los repatriados  en el proyecto de reconstrucción.

De sus palabras entendemos que los que vinieron de Babilonia (junto con algunos comerciantes y otros de Palestina que sacaban ganancias de la nueva asociación con los persas) estaban más interesados en el arreglo de casas para sí mismos que en el arreglo de la casa de Yavé, ostensiblemente el motivo del arduo viaje de regreso a Palestina. La preocupación es entendible.  El viaje fue difícil, y los recién llegados necesitaban donde vivir. Muchos habrían dejado casas cómodas y elegantes en Babilonia y querrían lograr el mismo estilo de vida que habían dejado. Es posible que así algunos de los recursos destinados para la restauración del templo se desviaran. Y ahora, en medio de una prolongada sequía, todos sufrían (v.6), pero el pueblo campesino y trabajador pasaba por un momento especialmente difícil. Surgiendo de este medio y en este contexto, Ageo toma la palabra para insistir en la realización del proyecto del templo.

Comprendiendo el desarrollo del templo como elemento clave en la religiosidad popular del pueblo de la tierra en Palestina,  no hay razón para creer que significara para Ageo y la comunidad campesina lo mismo que el templo preexílico significó bajo Ezequías o Josías. Tampoco promovía Ageo la actitud que denunciaba Jeremías cuando desafió al pueblo de Jerusalén a "mejorar vuestros caminos" para que Dios morara en ese lugar (Jr 7). De hecho Ageo, tal vez haciendo alusión a las advertencias de Jeremías, repetía con insistencia, a través de todo el proceso de reconstrucción, la frase: "Meditad sobre vuestros caminos". El templo en este momento respondía a nuevas necesidades y cumplía nuevas funciones en pro de la comunidad8.Pero estas funciones no eran las que se atribuiría el sacerdocio centralizado del período después de las reformas de Esdras y Nehemías9. En fin, ¿cuáles eran las funciones que el profeta Ageo asociaba con la reconstrucción del templo,  y cómo respondían a las necesidades del pueblo?

El templo en la religiosidad popular de Ageo

El discurso de Ageo en torno al templo no se desvincula de la agitación y los cambios del mundo que le rodeaba. A la vez, mientras el templo permanece en ruinas algo hace falta en el imaginario del pueblo respecto a sí mismo. Son por lo menos cinco las funciones o dimensiones simbólicas del templo en el pensamiento de Ageo y la comunidad campesina de Judá.

1. El templo proporcionaba continuidad con el pasado frente a los grandes cambios en la vida política del país.

El templo no era simplemente un lugar de culto. Era símbolo de la acción de Dios en medio de su pueblo. Por eso, en medio del trabajo de reconstrucción, Ageo 2,5 afirma la vigencia de la  antigua alianza formadora del pueblo: "Según el pacto que hice con vosotros cuando salísteis de Egipto, así mi espíritu estará en medio de vosotros". Asimismo, la oración de Salomón en 1 R 8, generalmente considerada postexílica, vincula la "misericordia" del poder imperial con la antigua alianza del éxodo (vv.50-51). El énfasis en la continuidad con el templo de Salomón muestra la búsqueda de continuidad. En Ageo 2 la percepción consternada del nuevo templo como inferior sirve de motivo para un oráculo de promesa para gloria futura.

2. El templo simbolizaba la relación continua del pueblo con la tierra.

La continuidad con el pasado queda reforzada al señalarse la continuidad con la tierra como lugar sagrado. La tierra es también el ámbito donde Dios se manifiesta, y el símbolo de la casa desierta remite a la angustia del suelo de "esta tierra" convertido en desierto. La tierra ha sido un elemento clave en la relación del pueblo con Dios desde sus inicios (Gn 1,16, el ser humano como co-labrador con Dios en el jardín; 12,1, primera promesa de la tierra). De hecho, el deseo de mantener la continuidad de la relación con Yavé es en parte un deseo para mantener el control de la tierra, interpretada teológicamente como posesión de la divinidad. A la vez, se nota que las reflexiones de Ageo manifiestan la tradicional espiritualidad campesina en su preocupación por la naturaleza que sufre las consecuencias de la indiferencia humana. La tierra es el centro de la vida y el bienestar expresados en términos de lluvias y cosechas. La señal de la presencia de Yavé en medio del pueblo campesino es la fertilidad de la tierra y la abundancia de las cosechas.

3. El templo articulaba la identidad del pueblo y canalizaba su resistencia frente a la creciente penetración de las costumbres y exigencias de los conquistadores extranjeros.

Se reconoce generalmente que el templo reconstruido correspondía a una política persa para legitimar su régimen10. ¿Ageo y el pueblo estaban colaborando con el proyecto persa? Al contrario, el templo reconstruido haría temblar a toda la naturaleza, y especialmente a todas las naciones (2,6-7). Además, en la medida en que ensalza a Zorobabel como sucesor de las promesas davídicas, Ageo lanza una protesta contra las pretensiones persas a la sucesión de la monarquía. A pesar de su insistencia en la intervención casi escatológica de Dios, y la posterior redacción de su mensaje, no se pierde la dimensión política de esta proclamación. Pero más profundamente, el asunto de la identidad tiene que ver con cuestiones de supervivencia. En medio de los cambios, la presencia del templo como sistema simbólico era un elemento social, cultural y nacional que servía para construir y consolidar la identidad nacional frente a las contradicciones y rupturas de la cotidianidad. El templo simbolizaba la fuerza y el poder que permitían la supervivencia del pueblo.

Tradicionalmente, el templo estaba asociado con promesas divinas a David que tenían que ver con la permanencia de la dinastía y por ende con la supervivencia de la nación y del pueblo. Es así como podemos entender la profecía final de Ageo sobre la persona de Zorobabel. No es imposible que fuera un "desaparecido" (al estilo latinoamericano) como pretendiente a la restauración de la monarquía, pero no sabemos de problemas políticos relacionados con esta profecía. Se especula, a veces, sobre cómo pudo sobrevivir la profecía de Ageo si su último oráculo no se cumplió, pero hay que usar cautela al decir que se equivocó, ya que su mensaje, incluido el último oráculo, fue preservado por la comunidad como una verdadera palabra profética. Puede ser que la esperanza no fuera la restauración de una monarquía davídica como tal, sino la negación de las pretensiones del imperio y el desarrollo de una comunidad donde reinara el espíritu de David, donde los valores del pueblo se articularan en torno al templo establecido por David11.

4. El templo creaba comunidad,  proporcionando organización y estabilidad frente a la incertidumbre que prevalecía en todas partes. 

El templo formaba parte de la realidad que vivía el pueblo: campesinos y campesinas que sufrían  hambre, sentían frío, etc. La reconstrucción significaba un empeño común, capaz de unir y movilizar a este pueblo. Estudios contemporáneos de la religiosidad popular12 la perciben como una forma inculturada de la fe y resaltan las dimensiones sociales de sus símbolos como lenguaje común de interacción social. Un símbolo como el templo es un elemento que explica e interpreta la realidad última de las cosas que ocurren en el mundo cotidiano del grupo social agredido y victimizado que clama a Dios. 

Es importante notar que para Ageo la organización social que surge del templo nada tiene que ver con una jerarquía sacerdotal en torno al llamado "sumo sacerdote", ni depende de un poder religioso legitimador. La iniciativa surge del pueblo, y el templo sirve a las necesidades del pueblo.
Inicialmente, Ageo quiere realizar un trabajo que beneficie la comunidad desde un punto de vista económico. Pero, según parece, ese mismo trabajo generaba interrogantes (2,3) y propuestas (2,19) que aportaban nuevos elementos y dimensiones a la obra. El templo enfocaba las relaciones con Dios, pero  más que ritos, cultos, oraciones, códigos éticos y sacrificios, tocaba la vida de los seres humanos en lo comunitario como punto de atracción y referencia13.
De por sí la reconstrucción implicaba reorganización del pueblo, ya que proporciona trabajo para los que están en la pobreza y la miseria. Construir juntos viene a ser la realización concreta de una actividad que involucra toda la comunidad. El trabajo es, en verdad, uno de los fuertes énfasis del profeta. De hecho, su interés y atención se dirige mucho más al proceso de construcción que a la institución final que ha de resultar. "Esfuérzate," el profeta insiste, y señala el desarrollo de las relaciones comunitarias, sociales y económicas de la vida: "¡Esfuérzate, Zorobabel! ¡Esfuérzate, Josué! ¡Cobrad ánimo, pueblo de la tierra, y trabajad!".

5. El templo hablaba de la presencia de Dios con su pueblo y así brindaba esperanza para el futuro.

 "Porque yo estoy con vosotros" es la razón detrás de todo en el libro de Ageo. A pesar de la seguridad de la presencia de Dios con su pueblo, o más bien a causa de esa presencia, la obra de Ageo mira hacia el futuro. Aún su preocupación por las necesidades cotidianas del pueblo surge de una visión de la vida tal como podía y debía ser. Por eso resulta tan significativo el sentido de contraste entre el nuevo templo y el anterior. No ha llegado la verdadera restauración. 
Aunque algo se logra ahora, falta la gloria venidera. Ageo no presenta el cuadro pulido de una comunidad teocrática que ve su realización en el presente. Hay vacilación, un sentido que las cosas todavía no están bien en la comunidad. En el capítulo 2 tenemos una pequeña torá, o instrucción, basada en la ley. Ageo reflexiona sobre algunos problemáticos que tendrán que ser excluídos de la comunidad, haciendo uso nuevamente de la frase "este pueblo" (2,10-14).  Aunque algunos comentaristas han visto en este pasaje el origen del conflicto con los samaritanos, es más probable que la frase se refiera aquí, como en el  v.1,2, a los repatriados en su vida cómoda y elegante, junto con sus simpatizantes y colaboradores, entre aquellos pudientes del pueblo que ocupaban Palestina14. Quienes participan del proyecto de dominación del imperio y dejan de preocuparse por las necesidades del pueblo no pueden complacer a Dios trayendo ofrendas; antes bien, su presencia hace peligrar el proyecto comunitario.

En medio de los problemas la mirada de Ageo y de su comunidad se dirige hacia el futuro. El templo es un proyecto y plantea una utopía, una esperanza: "Desde el día que se echó el cimiento del templo de Yavé: meditad... Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo han florecido todavía; mas desde este día os bendeciré". La restauración de la vida del pueblo no ocurre de un momento para el otro. Es un proceso. Pero el templo simboliza y proclama la presencia de Dios allí en medio de su pueblo, y el proceso sigue adelante.

El templo y las comunidades de hoy

Hoy día, como en la época de Ageo, el imperio de la muerte conquista cada vez más territorio y la vida de los pueblos está en peligro ante la fuerza de un mundo globalizado que arrasa con todas las tradiciones locales. Ahora, como entonces, necesitamos símbolos que nos ayuden a crear alternativas populares desde los empobrecidos/as y excluidos/as.  Leamos a Ageo desde el actual choque de culturas y encontraremos pautas para recuperar la identidad propia de nuestras comunidades. Leamos a Ageo con ojos de excluidos – ojos de los pueblos indígenas de América Latina, ojos de las comunidades negras y Afro-latinoamericanas, ojos de mujeres, de los discapacitados/as, y descubriremos nuevas fuentes de resistencia y supervivencia.

Hoy día vivimos la destrucción de nuestro medio ambiente, la pérdida de la biodiversidad, las posibilidades y los peligros de la biotecnología. Hoy día son cada vez más los desposeídos que no tienen acceso a la tierra ni a los medios de producción. Leamos a Ageo con los campesinos que aman la tierra y los pueblos originarios que aún veneran la pachamama, desde la perspectiva de la tierra, y encontraremos una visión de la presencia de Dios en su creación, una nueva ética  para la utilización de todos los recursos de este planeta para el bienestar de cada uno y cada una de sus habitantes.

Hoy día vivimos en un mundo de violencia y guerra sucia, de desplazados y desaparecidos, de muerte y de injusticia. Vivimos en un mundo de privatización y corrupción, donde los poderosos pisotean a los humildes para salir adelante. El desempleo y la nueva "flexibilización" del trabajo marginan a cada vez más gente, condenándola a una vida de rebusque y miseria. Leamos a Ageo para descubrir un nuevo sentido de comunidad y amor fraternal en la presencia de Dios. Leamos a Ageo para descubrir la íntima relación entre la solidaridad religiosa y el bienestar material del pueblo.

Finalmente, vivimos en un mundo que sistemáticamente destruye las utopías, menospreciando los valores y la dimensión espiritual de la vida ante el predominio del mercado todopoderoso.  Leamos a Ageo para descubrir una esperanza dinámica e invencible en las promesas divinas realizadas en la formación de comunidades unidas en su compromiso con los pobres y excluidos, renovándose diariamente en la celebración y comunicación de su fe.

 

Alicia Winters
Alicia@latino.net.co
 


Cf. Amós 5,21-24 y Jr 7,1-14.

Ver Milton Schwantes, Hageo. Comentario Bíblico Ecuménico. Ediciones La Aurora, 1987, p. 21 citando, entre otras cosas, la no mención del progenitor, ya que para los que retornaron del exilio este dato era de importancia sobresaliente.

Pedro Lima Vasconcellos, "Templo, terra  abençoada e messias: a utopia do Povo da Terra em Ageu", en Estudos Bíblicos 44 (1994) 59-63.

  Abraham Malamat, et al., Historia del pueblo judío I: Desde los orígenes hasta la Edad Media. Madrid, Alianza Editorial, 1988, p.195.

P. R. Ackroyd, The Chronicler in His Age. Sheffield, JSOT Press, 1991.

R. J. Coggins, Haggai, Zechariah, Malachi. Sheffield, JSOT Press, 1987, p.10.

La lista que se da en Esdras 2 (= Ne 7) indica que el número de repatriados fue de unos 50.000, pero esta lista fue tomada del tiempo de Nehemías, varias generaciones más tarde (Ne 7,5 dice específicamente que Nehemías publicó la lista). La continuidad de la comunidad de judíos establecida en Babilonia nos demuestra que una gran cantidad de judíos decidió quedarse en Babilonia. En su mayoría, los exiliados ya eran nativos de Babilonia y les iba bien en sus negocios. Para ellos resultaría difícil salir en un viaje largo y costoso, repleto de peligros, incertidumbre e inseguridad, y no les conmovía la promesa de un lejano hogar que nunca habían visto. P. R. Ackroyd, “The History of Israel in the Exilic and Post-Exilic Periods”, en G. W. Anderson (ed.), Tradition and Interpretation. Oxford, Clarendon Press, 1979, pp.320-350.

5 Esdras 3,1 dice que se colocaron los cimientos en el segundo mes después del retorno (el segundo año de Ciro, o sea, 537), pero el libro de Ageo (1,1 y 15) dice que la reconstrucción comenzó en el sexto mes del segundo año de Darío, o sea, 520, bajo Josué y Zorobabel. Esdras tambien señala a Josué y a Zorobabel como líderes en la obra (3,2.8; 4,2) y, en efecto, pudieron ser líderes tanto en 537 como en 520 (aunque los cimientos no pudieron colocarse dos veces). Pero en Esdras 1,8-11 Sesbasar aparece como líder y en 5,16 se afirma que Sesbasar puso los cimientos. Además, Esdras 5,14-16, fechado específicamente en la época de Ageo y Zacarías, hace hincapié en la continuidad del proceso de reconstrucción desde su inicio bajo Sesbasar, sin interrupciones.
Cada vez más se reconoce que los primeros capítulos de Esdras reúnen una rica diversidad de materiales dispares, conceptos alternativos de la restauración que plantean Jnfasis distintos y resaltan diferentes individuos y grupos. Estudios recientes manifiestan aprecio por la obra en términos teológicos, pero advierten que la reconstrucción de pruebas históricas a partir de material profético no deja de ser arriesgado. Ackroyd, The Chronicler,  p.142ss.

6 Nótese que estos términos aquí presentan un sentido positivo, a diferencia de su uso en Esdras  4, donde "el pueblo de la tierra" contrasta con "el pueblo de Judá"  y se caracteriza como "los enemigos de Judá y de Benjamín.

7 La traducción por "gobernador" para Zorobabel no es precisa, ya que Judá no ha sido aún establecida como provincia. También se puede cuestionar la traducción del título de Josué con el término técnico "sumo sacerdote," reconociendo que la estructura del sacerdocio estaba todavía en formación en esa época.

8 Los papiros de Elefantina, de la comunidad judía en Egipto, muestran que también construyeron un templo a su Dios YWH. Cf. "Elephantine Papyri", en Interpreter's Dictionary of the Bible. Tomo II, pp.445-455. Ya que la religiosidad de esta comunidad era también "popular" y contenía elementos ausentes que nunca se desarrollaron en el establecimiento religioso de Jerusalén, podemos ver que la importancia del lugar sagrado iba más allá de las funciones ortodoxas y tradicionales del templo.

9 Estamos todavía lejos de ese período. El libro de Malaquías, posterior a Ageo pero anterior a la llegada de los reformadores, manifiesta que el sacerdocio sigue poco estructurado y que la diferenciación de status y función entre sacerdotes y levitas es aún desconocida.

10 Existen  razones para suponer que Ciro contaba con el apoyo de la clase sacerdotal para la toma de Babilonia y por lo tanto fue proclamado como rey legítimo de la ciudad, designado para el cargo por los propios dioses.  Si Marduc legitimaba el gobierno de Ciro en Babilonia, entonces el compromiso persa con el templo de Yavé pudo ser un intento de legitimar su gobierno de Judá con base en las promesas a David (cf. Is 44,28; 45,1). Esdras 6,10, pidiendo oración por el rey y sus hijos, indica que la dinastía real de Persia había de ser objeto de atención especial en el templo reconstruido, y la intervención de Darío pudo ser una prueba de las pretensiones reales de controlar la organización religiosa además de la política de Judá..  Ackroyd, The Chronicler,  p.192.

11 Ibid., p.108; Brevard S. Childs, Introduction to the Old Testament as Scripture.Filadelfia, Fortress Press, 1979, p.471.

12 Ver Práctica de diciembre de 1995: estudios del culto al Divino Niño, producidos por el Equipo de Teología de Dimensión Educativa, Bogotá, Colombia

13 Cesar Augusto Marulanda, "Mundo religioso, cambio social y organización", en Religión y etnicidad en América Latina. Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología, 1997, Tomo III, pp.333-362.

14  Milton Schwantes, op. cit.

 

 

 
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