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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

EXTERMINARÉ DE LA TERRA A LOS PROFETAS - (Za 13,2)

 SANDRO GALLAZZI

Resumen:
La desaparición de los profetas continuará siendo un enigma sin soluciones definitivas. Este ensayo, a partir de los capítulos 9-14 del libro de Zacarías, intenta encontrar alguna pista que pueda ayudar a entender qué puede haber ocurrido. El primer paso es identificar los conflictos presentes en el texto y,  para encontrar su raíz más profunda, compararlos con los conflictos que se generan con el final  del exilio en Babilonia, época del primer Zacarías (1-8). En esta perspectiva, vale dejar en claro que la profecía no agotó su misión ni perdió su fuerza, hasta desaparecer. Ella fue duramente silenciada por la poderosa estructura hierocrática del templo sadoquita. Lo mismo aconteció con Jesús de Nazaret.

Abstract:
The disappearance of the prophets continues to be an enigma with no definitive solutions. This essay, as of chapters 9-14 of the book of Zechariah, intends to find a clue that will help us understand what has occurred. The first step is to identify the conflicts present in the text and in order to find their deeper roots, compare them with the conflicts generated at the end of the Babylonian exile, the period of first Zechariah (chapters 1-8). In this perspective it is worth making clear that the prophecy did not exhaust its mission nor was its force weakened to the point of disappearing. It was harshly silenced by the powerful hierocratic structure of the Sadducee temple. The same as happened to Jesus of Nazareth.

 

1. Introducción

La desaparición de los profetas continuará siendo un enigma sin soluciones definitivas. Este ensayo, a partir de los capítulos 9-14 del libro de Zacarías, intenta encontrar alguna pista que pueda ayudar a entender qué puede haber ocurrido.
Trabajar los últimos capítulos del libro de Zacarías representa un desafío importante. El texto es hermético, la interpretación de las muchas imágenes  usadas continúa insegura y la localización en el tiempo es aún objeto de largas discusiones entre los biblistas: hay quien lo coloca antes del exilio de Babilonia y quien lo difiere hasta la época de los Macabeos. La mayoría se orienta a determinar la fecha de su composición final alrededor del año 300 a.C.
Si  esta afirmación fuera verdadera, estaríamos delante de uno de los últimos textos directamente proféticos que pretenden recoger el “oráculo”, la palabra de Yavé.
Se trata de los que son llamados “déutero-profetas”: Ez 38-39;  Is 24-27; Jr 23, 34-40; Jl 3-4 y todo el libro de Malaquías (que no es un nombre propio y parece haber sido compuesto como apéndice a Zacarías) . Estos textos, según algunos biblistas, representarían el pasaje de la profecía a la apocalíptica.
Zacarías 9-14 (a su vez divisible en 9-11 y 12-14) no sería una excepción. El horizonte parece ser propiamente escatológico, marcado por la implantación definitiva del reino mesiánico, en una Jerusalén transformada en lugar de justicia y de paz, tras un gran conflicto contra las naciones, duramente castigadas por la intervención todo poderosa de “Yavé de los ejércitos”.
Conflicto. Es una palabra que nos puede ayudar a entender este texto. Varios son los ejes conflictivos que atraviesan estas páginas.

 

2. Conflicto con las naciones

Una de los primeros ejes del conflicto es el conflicto con las “naciones”: Hadrac, Damasco, Aram, Tiro, Sidón,  Ascalón, Gaza, Ecrón (9,1-8), Líbano, Galaad y Basán (11,1-2) son citadas directamente. Se trata de las naciones inmediatamente vecinas que cierran los caminos al norte, al noroeste, al oeste y al sur de la tierra de Israel: son los adversarios históricos y permanentes de Israel, aún hoy.
Estas naciones vecinas se mueven, a su vez, dentro del área de influencia de Grecia (9,13): Egipto y Asiria (10,10-11) pueden indicar muy bien los Lágidas de Egipto y los Seléucidas de Antioquía de Siria.
Son estas naciones las que se reunirán contra Jerusalén (12,1-9 y 14,1-3). Contra ellas el propio Yavé combatirá como en el día de la batalla y en el fin,

Todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra  Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Yavé de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos (14,16).

Este horizonte que parece ser amplio, diríamos internacional, se estrecha más y más, cuando, sin embargo, verificamos que en este conflicto están incluidos, también, Judá y Efraín (9,10; 12,2).

"Yo pongo a Jerusalén como una copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor; también contra Judá, cuando se ponga sitio a Jerusalén. En aquel día yo pondré a Jerusalén como una piedra pesada para todos los pueblos; todos los que intenten cargarla serán despedazados. Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. En aquel día, dice Yavé, heriré con pánico a todo caballo, y con locura al jinete; pero pondré mis ojos sobre la casa de Judá y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera (12,2-4).

Las “naciones” se volverán en “pueblos”. Puede hasta ser una forma poética de expresarse para no repetir el mismo término; puede hasta querer decir la misma cosa. Mas queda la sospecha de que los “pueblos de alrededor” no sean, propiamente, las naciones extranjeras, próximas o lejanas. Por el contrario, sospecho que se trata de un conflicto interno, abarcando aquellos a quienes el libro de Esdras, innumerables veces, llama “pueblos de la tierra”, exigiendo decididamente su separación del  resto de los “hijos de Israel”. Son estos judíos herederos y sucesores de los “pobres de la tierra” que recibirán campos y viñas de manos de Babilonia, tierras que ellos no quisieran devolver a los descendientes de los antiguos propietarios que estaban volviendo del exilio con la bendición de los persas.
Más que las naciones que se mueven en un horizonte lejano, a nuestro texto interesan los pueblos de alrededor, Judá, Efraín, la casa de Judá, que fueran permanente obstáculo de las pretensiones hegemónicas de Jerusalén. Paolo Sacchi afirma: “La existencia de una guerra civil entre Jerusalén y Judá es cierta, así como es cierto que, en un primer momento, Judá estaba ganando” . Así también piensa Croatto cuando afirma que: “Este texto (Za 14) debe referirse a judeos y no a gentiles (el lenguaje de “resto” y de “fiesta de las tiendas” tiene pertinencia respecto de Israel) .
Este conflicto, según Zacarías se resolverá con el arrepentimiento de Judá:

“Entonces dirán los capitanes de Judá en su corazón: "La fuerza de los habitantes de Jerusalén está en Yavé de los ejércitos, su Dios" (12,5).
“Y acontecerá que si alguna familia de la tierra no sube a Jerusalén para adorar al Rey, a Yavé de los ejércitos, no habrá lluvia para ellos” (14,17)

Las familias de la tierra (Mishpejot ha’ares) tendrían que conformarse a la teocracia sadoquita de Jerusalén.
Una señal importante de este conflicto es otro eje presente a lo largo de todos estos capítulos de Zacarías. Se trata del conflicto en torno de los “pastores”.
Las perícopas que hablan del pastor y pastores se distribuyen a lo largo de todo el texto, como el leit-motiv de una sinfonía. Encontramos esta imagen en 9,16; 10,2b-3; 11,3-17 y 13,7-9. Estas imágenes fueron retomadas muchas veces en el NT al hablar de la muerte de Jesús.
El rebaño de Yavé, el pastor verdadero, es la casa de Judá. Es interesante notar como la figura del pastor nunca está asociada directa y explícitamente a Jerusalén. Es la casa de Judá que anda como “oveja sin pastor”, cuyos pastores provocarán la “cólera inflamada” de Yavé y deben ser “castigados”.
En este texto adquiere mucha importancia la figura de  un pastor “mediador” encargado por Yavé de apacentar el rebaño.

Así ha dicho Yavé, mi Dios: "Apacienta las ovejas destinadas a la matanza, a las cuales matan sus compradores sin sentirse culpables; y el que las vende dice: "Bendito sea Yavé, porque me he enriquecido". Ni aún sus pastores tienen piedad de ellas (11,4-5).

Pastores, compradores, vendedores están mancomunados en la explotación de las ovejas y aún se consideran benditos por Dios. El conflicto adquiere una fuerza de confrontación cruenta:

y en un mes despedí a tres pastores (11,8a), y
"¡Levántate, espada, contra el pastor y contra el hombre que me acompaña! -  dice Yavé de los ejércitos. Hiere al pastor y serán dispersadas las ovejas (13,7). 

Este tipo de conflicto está presente en muchos otros textos proféticos. Con esta misma imagen (Ez 34) o con otras, los profetas siempre denunciaron los abusos de las autoridades sobre el pueblo. Se trataría de “falsos” pastores, de mercenarios. Tal vez no nos sea posible identificar histórica y definitivamente a los tres pastores destruidos en un solo mes, ni tal vez sea hoy necesario hacerlo. La novedad del texto de Zacarías es que las “ovejas” son presentadas como cómplices, responsables también de esta situación:

Mi alma se impacientó contra ellos, y su alma también se hastió de mí.  Entonces dije: "¡No os apacentaré más! ¡La que prefiera morir, que muera; si alguna se pierde, que se pierda! ¡Las que queden, que se coman unas a otras!" (11,8b-9).

El pastor enviado por Yavé va a quebrar simbólicamente los dos bastones - benevolencia y unión- que usaba para apacentar a las ovejas. Va a declarar terminada su misión y a solicitar su salario de 30 monedas de plata y se va a transformar en un pastor inepto y loco para significar que, de ahora en adelante,

Levanto en la tierra a un pastor que no visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda y romperá sus pezuñas". ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! ¡Que la espada hiera su brazo y su ojo derecho! ¡Que se le seque del todo el brazo y su ojo derecho quede enteramente oscurecido!" (11,16-17).

El pacto (berît/ alianza) está definitivamente quebrado, el tan soñado proyecto de reconstrucción y reunión del reino davídico será abandonado definitivamente y brillará única y exclusivamente Jerusalén. En el resto de la tierra habrá destrucción, abandono y explotación.
Solo va a quedar un resto, un tercio, los pequeños (13,7b), “los oprimidos del rebaño” (11,11) y con ellos, los “jefes de Judá” (12,5) que reconozcan que la fuerza de Yavé está en Jerusalén.
Este tercio, ahora debidamente purificado por el fuego,

Invocará mi nombre, y yo lo oiré. Yo diré: "Pueblo mío". Él dirá: "Yavé es mi Dios" (13,9).

¡La muerte del pastor será uno de los elementos esenciales para la reconstrucción!
 Un conflicto de pastores, un conflicto entre Judá y Jerusalén, un conflicto con pueblos y naciones: éste es el telón de fondo de los dos últimos capítulos de Zacarías. Capítulos que podrían hasta haber sido escritos en distintos momentos, por distintas personas, aunque se refieran al mismo tipo de conflicto, leído desde Jerusalén.

3. La reconstrucción del templo

Casi todos los conflictos de la época post-exílica, presentes en las páginas del primero, segundo y tercer Zacarías, tienen una raíz común: el fin del exilio de Babilonia y el sucesivo choque de proyectos que avaló Judá. Al final, éste es justamente el contexto histórico en el cual surgió el libro del primer Zacarías.
Precisamos identificar mejor esta raíz.
Al enviar a Sesbassar a Judá para reconstruir un templo estatal, Ciro tenía dos objetivos: el primero era reorganizar, a través del templo y de un rey judaíta que le fuese vasallo, el sistema tributario, perjudicado por Babilonia. El segundo objetivo era garantizar una cabeza de puente más segura en el camino a Egipto. Todo eso provocó, en Judá, una verdadera guerra, si fuera verdadera la información de que los que estaban reconstruyendo el altar tenían “miedo a los pueblos de la tierra” (Esd 3,3) .
Los que habían vuelto del exilio por ser una minoría, estaban con miedo de los judaítas que habían quedado. A éstos, a su vez, que eran dueños de las tierras, no debía gustarles el hecho de que a través del templo viniese a ser implantado nuevamente un sistema tributario sobre ellos, sobre sus tierras y sus productos. 
La presencia del “rey” era fundamental para componer este conflicto, pues solo él podría ser capaz de aglutinar y recoger alrededor de su persona también los sueños del grupo judaíta, que tenía en el “davidismo” un elemento importante de su ideario. Sesbassar, en el  comienzo, y Zorobabel luego, encarnan este elemento aglutinador.

Los grupos eran muchos y las tensiones graves. De un lado, entre los exiliados que habían vuelto, estaban el grupo monárquico y el grupo sacerdotal que comenzaban a adquirir importancia y querían brillar con luz propia: los sacerdotes ya no se contentaban con ser simples funcionarios del rey. Del otro lado estaban los campesinos y los levitas que habían quedado en Judá; ellos también con evidentes diferencias internas.
Los conflictos deben haber sido muchos y fueron superados lentamente. El libro de Esdras destaca seis momentos importantes; en cada uno de ellos el grupo sujeto de la acción es diferente. Eso indica que, a lo largo de los primeros años de post-exílio, las fuerzas sociales y políticas vinieron articulándose y  componiéndose de manera diferente
Es interesante profundizar sobre estas “diferencias”. Veamos:

3.1 Esd 3,2: Fundación del altar.
Sujetos: Josué, sus hermanos sacerdotes; Zorobabel y sus hermanos

A la hora de la reconstrucción del altar, elemento central del esquema tributario, encontramos solamente los que volvieron del exilio: el sacerdote, al frente, y después el rey.

3.2 Esd 3, 8-10: Fundaciones del templo

Sujetos: Zorobabel; Josué y sus hermanos sacerdotes; los levitas; la gente que volvió; Josué; sus hijos y hermanos; Cadmiel y los hijos; los hijos de Judá (hebreo); Jenadad; Hijos y hermanos (hebreo); Los levitas, hijos de Asaf

 A la hora de iniciar la obra del templo, la composición ya es diferente: Zorobabel, el rey, que ahora encabeza la lista, y Josué, el sacerdote, continúan presentes. A ellos se agrega otro Josué con sus hijos y hermanos y Cadmiel con sus hijos. A estos dos también los encontramos entre los levitas en la lista de los repatriados (Esd 2,40). La novedad mayor, según el texto masorético, consiste en la presencia de los hijos de Judá y los hijos de Jenadad, levitas que no aparecen en la lista de los repatriados pero que encontraremos, más tarde, en Ne 3,24 y 10,10.
Creo que este testimonio apunta hacia una coalición monárquico-sacerdotal-levítica que debe haber conseguido unir, bajo del rey, que ocupa el primer lugar, la elite sacerdotal que volvió del cautiverio con la rama  sacerdotal que había permanecido en Judá. Esta composición de fuerzas debe haber cerrado el conflicto entre la elite de los “hijos del cautiverio” y el “pueblo de la tierra” que perdió su poderoso aliado levítico.

3.3 Esd 4, 2-3: Construcción del templo

Sujetos: Zorobabel; los jefes de las familias de Israel; Josué

 

La presencia de los “jefes de las familias de Israel”, alrededor de Zorobabel (Esd 4,2-3) y Josué, sería una señal más de esta nueva rearticulación.
El pueblo de la tierra, por lo tanto, no brindó el sustento económico necesario a este grupo. Por eso el emprendimiento se detuvo. El pueblo de la tierra, por tener la tierra o por gozar del apoyo de las autoridades samaritanas, mucho más poderosas en el área, mantiene la hegemonía en conflicto.
Este conflicto está reflejado en Esd 4,3-5, cuando los “enemigos” son identificados, demasiado rápido, con los samaritanos que forzaron la suspensión de los trabajos del templo. El apoyo de los “consejeros” al “pueblo de la tierra” (aquí, finalmente, indicado en forma singular) muestra cuan grande era la influencia de Samaria sobre la región.

 

3.4 Esd 5,1,5: Retoma de la construcción
Sujetos: Ageo y Zacarías; los judeos de Judá; Zorobabel; Josué; los ancianos de los judeos.

El cambio es impresionante: el rey y el sacerdote no están más al frente de los trabajos. Los judeos de Judá, junto con los profetas, pasan a encabezar la lista. ¿A qué se debe este cambio? Es que el rumbo de los acontecimientos cambió imprevistamente en torno del año 520.a.C. La sucesión de Darío, después de la muerte de Cambises, en el 522 a.C., se confirmó solamente después de dos años de luchas y conflictos internos entre grupos de poder. Darío precisó, una vez más, reorganizar la estructura administrativa de este gigantesco imperio, para poder controlarlo políticamente, gobernarlo, y garantizar la tributación. La creación de las satrapías permitió alcanzar estos objetivos, mas la nueva redistribución de fuerzas, cargos, espacios políticos y económicos no debe haber dejado de provocar discusiones, conflictos y confusiones.
Para los judaítas, éste fue un momento importante que podía garantizar mayor espacio político y mayor fuerza para Judá y Jerusalén, en el esfuerzo de romper la hegemonía samaritana sobre la región. La construcción del templo, creo yo, fue producto de este momento políticamente abierto a los cambios. Una triple alianza se constituyó, favoreciendo la articulación de los diversos grupos presentes en Judá y, hasta entonces, en conflicto entre sí.
La fuente aramea de Esd 4,6-5,15, que refleja la situación después de la creación de  la satrapía, nos presenta dos nuevos grupos:
1. Los profetas Ageo y Zacarías profetizando a los judaítas de Judá y Jerusalén. Es importante notar la unión de estos dos nombres: Judá y Jerusalén, antes polos antagónicos y, ahora, cooperantes bajo la palabra profética (¿Ageo en Judá, Zacarías - el  primero - en Jerusalén?).
2. Los ancianos de los judaítas (5,5). Éstos son destinatarios de los mensajes reales, junto con el gobernador de los judaítas (6,7). Para el rey éstos son los responsables finales de la obra.
En esta segunda redacción llama más la atención la ausencia de los conflictos con “los pueblos de la tierra” o con los samaritanos. Se menciona, solamente, una preocupación burocrática del gobernador de la satrapía, Tattenay, que no alcanza, sin embargo, a perjudicar los trabajos.
¿Dónde está el “pueblo de la tierra”?
Los “judeos de Judá” están junto con Ageo y Zacarías, preocupados más por el significado político del templo, en la coyuntura actual, que por su dimensión sacrificial y cultual. El trabajo de Zacarías y Ageo consigue la unión, por lo menos provisoria, de las diversas fuerzas: el pueblo de la tierra, el bloque sacerdotal-levítico y el rey. La dupla conductora monárquico-sacerdotal presentada por Zacarías (Za 4,14), muestra el resultado de esta unión, que sólo tiene lugar, sin embargo, después de una profunda autocrítica por parte de Josué (Za 3) que debe reconocer y dejar toda la honra de la reconstrucción del templo a Zorobabel (Za 4,9; 6,12-13).
Ageo y Zacarías, aún con perspectivas políticas diversas, nunca pensarán en el templo como templo estatal del rey persa, sino todo lo contrario. A partir de su visión más davídica, Ageo, del pueblo de la tierra, llega a ver en el templo un elemento indispensable para retomar la autonomía política de Judá, en los moldes de la experiencia del éxodo:

Trastornaré el trono de los reinos y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones... En aquel día..., te tomaré, Zorobabel, ... y te pondré como anillo de sellar, porque yo te he escogido..." (Ag 2,22-23).

Zacarías, que parece ser hijo del exilio (Za 1,12) es, en el comienzo, claramente hostil a las “naciones/pueblos de la tierra” (1,12.13), pero poco después cambia su posición y admite la importancia de las naciones dentro del pueblo único de Dios (2,15). De esta unión va a depender la “posesión de la tierra” (2,16). Y  si Josué  quisiera “juzgar en la casa de Dios” tendrá que cambiar su posición y aliarse a Zorobabel y al pueblo de la tierra (3,8-10).
En resumen, podemos decir que el templo de Jerusalén, en la coyuntura política que se creó con la llegada de Darío al poder, fue un elemento de aglutinación de las diversas fuerzas alrededor de un ideal monárquico-davídico, para  garantizar la autonomía, la paz y la libertad de Judá.

 

3.5 Esd 6,14: Durante la construcción

Sujetos: Ancianos de los judíos; Ageo y Zacarías

Así, sin embargo, a Darío no le interesaba. Su carta (Esd 6,6-12) tenía claramente en su centro el concepto de templo del emperador, conforme a  la costumbre de los persas. Por eso, él manda abrir los cofres para pagar los gastos de la reconstrucción y de los sacrificios cultuales que harán los sacerdotes (aquí reducidos al espacio antiguo de oficiantes del templo) por la vida del rey y de sus hijos.
El templo de Ageo y Zacarías podía aún ser considerado un templo estatal, pero de un estado con sueños de autonomía, nunca un estado vasallo y sumiso. Y, sobretodo, se perjudicaba la tributación.
Por primera vez, los sacerdotes no son recordados como sujetos de acción. ¿Quedarían fuera? ¿Cambiarían de trinchera, temerosos con las posibles consecuencias políticas de esta acción? ¿Cómo saberlo?

 

3.6 Esd 6,16-22: Inauguración del templo
Sujetos: Hijos de Israel; sacerdotes; levitas; el resto de los exiliados; sacerdotes según las categorías; levitas según sus clases; los que rompieron con las impurezas de los “pueblos de la tierra”

Cinco años después, sin embargo, cuando el templo será, finalmente, inaugurado, los sujetos son bien diferentes. Son los “hijos de Israel”. Esta expresión es usada en este texto por primera vez. Es una definición. Hijos de Israel son, exclusivamente, los sacerdotes, los levitas, y los hijos del cautiverio; con sólo un agregado posible: los que se separan de las impurezas de los pueblos de la tierra (Esd 6,21). Éstos son los que recogen los frutos. Sólo éstos hacen la dedicación del templo.
¿Dónde está Zorobabel? ¿Dónde está el pueblo de la tierra? ¿Dónde están los profetas?
Nunca más van a aparecer.
¿Qué pasó?
Hay una información histórica que debemos rescatar:

Yavé los había alegrado, y había dispuesto el corazón del rey de Asiria favorablemente hacia ellos, a fin de fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel (Esd 6,22).

El rey de Asiria debe ser entendido como el sátrapa de Siria . Todo indica que hubo una intervención del imperio a favor de un grupo o de un proyecto y con certeza, contra otro grupo y otro proyecto. Es difícil saber más.
Cierto es que, sólo ahora, en el 515, se acaba de una vez la monarquía davídica, por lo menos como experiencia política, pues el davidismo, como proyecto y/o como sueño permanecerá por mucho más tiempo. La intervención del rey de “Asiria”, el sátrapa, permitió el cambio, tal vez hasta sangriento, que debe haber “eliminado” a  Zorobabel y decretado el fin de una monarquía que se había tornado incomoda para el imperio. Un acuerdo intentó recolocar en el centro del proyecto político a un grupo de sacerdotes menos nacionalistas y más confiables para el imperio persa.
¡Se fue Zorobabel y llegó el sumo sacerdote! ¡La teocracia judaíta había cambiado, definitivamente, sus sujetos!
 

4. Una realidad conflictiva

Todos los conflictos posteriores entre las naciones (Samaria, Siria y Egipto), Judá  (pueblo de la tierra) y Jerusalén (sacerdocio sadoquita) tiene aquí su punto de partida. El libro de Zacarías, en su conjunto, refleja todos estos conflictos. Muchas son las alternativas históricas en las cuales puede haber surgido una u otra parte del libro de Zacarías. Todas ellas, sin embargo, tienen siempre el mismo común denominador: el conflicto entre Judá, las naciones y Jerusalén.
Vamos a hacer una lista sintética de estas posibles alternativas:

4.1 El conflicto narrado en Esd 4,6-22, cuando, bajo la dirección de Esdras, fue hecha, esta vez sin éxito, la primera tentativa de reconstruir los muros de Jerusalén .
El templo no alcanzaba para garantizar la seguridad de los moradores de Jerusalén, sobretodo considerando la hostilidad del campo y de los samaritanos que no querían perder su hegemonía en la región.
Es lógico pensar que tuvieron lugar diversas tentativas de reconstruir los muros de Jerusalén. Solamente así era posible recaudar el tributo del campo de la pequeña Judá. El templo sin una estructura urbana era incapaz de recaudarlos eficazmente, debido, sobretodo, a la hostilidad de los campesinos. La producción y el mercado de esta región ya eran controlados por gente poderosa de los alrededores, gente que con la reconstrucción de la ciudad tenía todo para perder. Las autoridades y los pueblos del área, inclusive los samaritanos, reaccionaron y solicitaron la intervención del emperador, levantando, más de una vez, el espantapájaros de una posible autonomía económica de Jerusalén.

Sepa, pues, el rey, que si aquella ciudad es reedificada y los muros son levantados, no pagarán tributo, impuesto y rentas, y el erario de los reyes será perjudicado (Esd 4,13).

La respuesta  de Artajerjes fue dura, pues impidió la reconstrucción de los muros.

4.2. Otro conflicto, que vivieron las naciones y los campos contra Jerusalén, tuvo lugar cuando, esta vez con éxito, Nehemías reconstruyó Jerusalén y la repobló .  El gobernador de Samaria, Sanballat, el supervisor de los amonitas, Tobías, el líder árabe Gosem y los filisteos de Asdod, las “naciones”, con el apoyo de los campesinos de Judá, intentaron, de todas las formas posibles, hacer fracasar esta obra.
Las memorias de Nehemías nos recuerdan conflictos vehementes entre él, estas autoridades locales, las autoridades de Jerusalén, cómplices de la situación y, hasta del sumo sacerdote (Ne 6,17-18; 13,4-28). Puede éste ser, muy bien, el contexto de la lucha entre “pastores” tan presente en las páginas del segundo y del tercer Zacarías. Esta disputa por el control del comercio en Judá parece ser el contexto más apropiado para releer Za 11,4-5:

Así ha dicho Yavé, mi Dios: "Apacienta las ovejas destinadas a la matanza, a las cuales matan sus compradores sin sentirse culpables; y el que las vende dice: "Bendito sea Yavé, porque me he enriquecido". Ni aún sus pastores tienen piedad de ellas.

4.3. Al hablar de “pastores” no podemos olvidar el conflicto que provocó  el surgimiento de los samaritanos.  Una disputa interna al grupo sacerdotal y levítico, por espacio y poder político, provocó una insanable ruptura . Los sucesivos conflictos entre los sadoquitas de Jerusalén y los de Siquén llegarán a la excomunión recíproca. No tenemos, sin embargo, registro de asaltos y guerras contra la ciudad de Jerusalén en este momento. A menos que pensemos en el violento ataque diferido, en el 312, por Ptolomeo I que, hecho un nuevo Nabucodonosor; conquistó la ciudad, desmanteló sus fortificaciones y llevó cautivos a Egipto un gran número de judaítas y fenicios.
El tema de la vuelta de los cautivos, en Zacarías 10 y 14,1-2, podría sugerir este momento, así como la mención a Grecia en Za 9,13.

4.4. En busca de un contexto histórico de Za 9-14, podríamos hasta llegar a la época de los Macabeos. No faltaron ataques de las naciones contra Jerusalén e, inclusive, hubo un sitio a la ciudad impuesto por Lisias, que provocó gran hambre y la dispersión del pueblo (1Mc 6,48-54). En este caso sería posible identificar al “traspasado” con el sumo sacerdote Onías III; los tres pastores eliminados en un mes, podrían muy bien ser Simón, Jasón y Menelao, que disputaban el control del sacerdocio y querían conectar definitivamente Judá al mercado griego.
Sería más difícil situar, en aquellos días, el conflicto Judá/Jerusalén, pues alrededor de los Macabeos se constituía un sólido frente popular.

 

5. Exterminaré los profetas

Ante  tantas opciones históricas que pueden servir de contexto a los capítulos del segundo y del tercer Zacarías, no nos parece necesario definir y cerrar. Hacer una opción exclusiva, puede restringir la comprensión del texto y de su mensaje. También porque vale la pena recordar lo que afirma Croatto en el inicio de este número de RIBLA , al decir que toda obra profética pasó por un constante proceso de actualización y transformación total, inclusive invirtiendo su sentido primero.

 

Sandro Gallazzi
Cx. P. 12
68906-970, Macapá (AP),
Brasil
cptap@zaz.com.br

Traducción: Irene Míguez

Jorge Pixley, La historia de Israel a partir de los pobres.

Paolo Sacchi, “O fim da monarquia davidica”, en Henoch 11:2-3 (1989) 132-146.

J. Severino Croatto, “La estructura de los libros proféticos (las relecturas en el interior del corpus profético)”, en este número de RIBLA, bajo 4.2.6.

Al contar, más tarde, la historia desde ese momento, los que vienen del exilio van a  clasificar peyorativamente los judaítas que habían quedado en la tierra. Estos, que eran el pueblo de la tierra, porque propietarios de los campos y viñas, serian llamados “ pueblos de las tierras” casi queriendo igualarlos a los extranjeros.

Podría ser el mismo Zorobabel o podría ser indicio de una estructura política diferente, propia de Judá, que se estaba imponiendo.

Siria y Palestina constituían la quinta satrapía... En la lengua acádica era llamada “ebir-nari”, mas los textos persas y elamitas usarán el término “asiria”, variando así el sentido original de este término. Fue este vocablo el que dio origen al nombre griego de Siria (G. Fohrer). El sátrapa que la dirigía era, prácticamente, el rey de ella y a veces con este término es designado por los documentos contemporáneos: mas era un rey subordinado al “rey de los reyes” (G. Ricciotti).

El “traspasado” del que habla Za 12,10, lamentado con el luto nacional, ¿podría haber sido el del propio Zorobabel, cuya muerte fue acompañada por un cierto período de paz? Es posible. Za 14,10 podría estar hablando de una Jerusalén aún no reconstruida: “Toda esta tierra se tornará llanura desde Gueba hasta Rimmón, al sur de Jerusalén; será enaltecida y habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín hasta el lugar de la antigua puerta, es decir, hasta la puerta de los Ángulos, y desde la torre de Jananel hasta los lagares del rey”.

Vea más detalles en Sandro Gallazzi, “Aspectos de la economía del segundo templo. No abandonaremos más la casa de nuestro Dios”, en RIBLA 30 (1998) 55-72.

Ibidem, pp.68-72.

Ver más detalles en Sandro Gallazzi, El reino de Dios ha llegado”, en RIBLA 24 (1996 > 1997) 67-97.

Art. cit., bajo 1

 

 

 
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