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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

Consideraciones para una hermenéutica de género del texto bíblico

Tânia Mara Vieira Sampaio

Resumen

Este artículo pretende indicar algunas perspectivas teórico-metodológicas para el estudio del texto bíblico. El centro está en la mediación de género como categoría de análisis de la realidad y de los textos. Se trata de observar las relaciones sociales de poder entre mujeres y varones en su vida cotidiana en la historia. El propósito de una hermenéutica de género no es simplemente hacer visibles a las mujeres. Esto arruina el carácter de un análisis de la realidad y del texto bíblico, ya que ambos están estructurados por medio de relaciones sociales de género.

Abstract
This article aims to point out some theoretic-methodological perspectives for the study of the biblical text. In focus is the observation of social power relations experienced between men and women in their historical daily life. To make only the women visible is not the purpose of gender hermeneutics. This spoils the character of an analysis of reality and of the biblical text, since both are structured by social gender relations.

Introducción al debate

En una hermenéutica de género, el proceso de lectura del texto bíblico procura privilegiar los movimientos y los momentos de encuentro y diálogo entre las experiencias de vida de quien hace la lectura y de las personas identificadas en el texto, en sus sucesivas realidades cotidianas. El concepto de las relaciones sociales de género se presenta como un nuevo paradigma, capaz no sólo de visibilizar a las mujeres y/o a los grupos oprimidos, sino también de iluminar los descubrimientos sobre la estructuración de las opresiones y de los juegos de poder que organizan los discursos normativos y establecen los controles sociales. Más que un encuentro entre historias de vida, esa forma de leer el texto quiere demarcar una nueva trayectoria de los paradigmas de construcción de los conocimientos y de la decodificación de los discursos.

Para ello no se puede prescindir de los recursos de la ciencia exegética, asociados a la organización de nuevas referencias de análisis de la realidad, especialmente aquéllas a las que apuntan las teorías de genero. En esa forma de aproximación al texto no se puede prescindir de la constatación tanto de los límites como de los horizontes de las referencias exegéticas para que a éstas se agreguen posturas epistemológicas nuevas, que posibiliten la apertura del texto a sentidos aún no descubiertos, muy probablemente porque con respecto a ellos aún no se ha cuestionado nada. La ruptura con los mecanismos de control, de los textos y de sus sentidos para la vida, está en el horizonte de este debate.

Los estudios mediados por la categoría de género evidencian los procesos normativos de construcción del saber apuntando a la desnaturalización de procesos que están construidos socialmente y al análisis de las relaciones sociales de poder. Este procedimiento analítico considera el poder no como una instancia absoluta y estática, sino como un conjunto de fuerzas que se mueve entre / contra / sobre / con los diversos sujetos sociales. Por lo tanto, se trata del análisis de las distintas parcelas de poder vividas por los grupos sociales en una determinada estructura social.

Los saberes de carácter androcéntrico y los poderes de carácter patriarcal, presentes en diversos contenidos bíblicos y en la tradición teológica, no son exclusividad de la Biblia, y como tales serán revisitados en el debate epistemológico y metodológico. Esta marca androcéntrica de los saberes trasciende y traspasa los muchos meandros de la cultura occidental, marcadamente cristiana-blanca-masculina-rica. Por lo tanto, descartar la Biblia (o la teología) como algo “sexista desde sus raíces” e irrecuperable para una experiencia humana liberadora significa, como mínimo, ser ingenuos en cuanto a poder lidiar con otras memorias del pasado, o incluso construcciones sociales del presente, como si estuvieran exentas de esa marca .

Antes de identificar la experiencia de lo sagrado que las personas hacen en sus historias cotidianas, es fundamental seleccionar preguntas que revelen condiciones concretas de vida, por ejemplo: indagaciones sobre los procesos de relaciones sociales que ocurren en el texto; condiciones favorables o no a una experiencia de dignidad; problemas que se presentan; construcción de las identidades de género, clase, etnia y generación; estigmas y preconceptos ya organizados; articulaciones de caminos alternativos en el texto; y las posibles realidades oscurecidas por los intereses de redactores y lectores.

Este análisis bíblico, que selecciona las relaciones sociales de género como eje privilegiado de sentido, se apoya en la convicción de que la ciencia exegética es un saber construido y permeado de cuestiones de poder, y por lo tanto pasible de ser deconstruida, reconstruida y construida a partir de nuevas bases y criterios. El ejercicio pautado por el paradigma de las relaciones sociales de género en el contexto de las experiencias cotidianas confirma que los datos recogidos de las historias de vida, de la experiencia de las personas en su realidad, de las perspectivas y experiencias cotidianas y de los movimientos relacionales son fundamentales para redimensionar la fuerza de la contribución histórica de sujetos, que han sido muchas veces apagados por otras prioridades.

Identificando particularidades del texto bíblico

Cualquier interlocución con la experiencia vivida y transmitida en el texto bíblico pasa por la mediación de un texto fijado hace mucho tiempo que sufrió agregados de redacciones posteriores. El texto de que disponemos resulta de la fijación material de una memoria de muchos años, lo que puede provocar su autonomía en relación con el autor, incluso hasta con la intención primera, con los destinatarios primitivos y con su contexto histórico.

Por más que sea preciso admitir que todo texto conlleva límites inherentes al proceso de fijación por el acto de la escritura, no se puede sucumbir a un proceso de fijaciones interpretativas. Especialmente, aquéllas calcadas sobre estereotipos que descaracterizan a determinados grupos sociales. Es preciso enfrentar la fijación normativa con otra característica inherente a un texto: su riqueza semántica y su apertura polisémica. Se vuelve fundamental considerar que la Biblia no es “un depósito cerrado que ya ha dicho todo” , sino que a la selección de instrumentos teóricos le corresponde hacer posible la explicitación de su “reserva de sentido”. Ese carácter polisémico acompaña la dinámica y la pluralidad de las experiencias humanas, en la medida en que confieren sentido a su existencia. De tal modo, el camino seleccionado es el de establecer preguntas nuevas durante el proceso exegético-hermenéutico para re-crear horizontes de comprensión del texto.

La reflexión acerca del método de aproximación al texto bíblico, requiere el análisis, por más que sea breve, de algunos presupuestos de las ciencias exegéticas. Entre los parámetros a considerar está, por ejemplo, la concepción histórica que permea los textos del Antiguo Testamento, requiriendo un análisis, tanto de los fenómenos como de las realidades sociales en la organización concreta de las relaciones cotidianas, y no de las condiciones genéricas de política o cultura de una época.

Las perícopas bíblicas tienen un carácter fuertemente histórico. El análisis, por lo tanto, de los textos bíblicos debe fundarse en un concepto de proceso y de construcción de la historia y de la sociedad, rompiendo con visiones ahistóricas, inmutables y universales. A la par de esto, una lectura de género requiere la compañía de las construcciones teóricas feministas que, al tratar la historia, entienden que cualquier análisis de la experiencia de relaciones concretas entre varones y mujeres en lo cotidiano está condicionada a la formulación de preguntas que contemplen el modo en que las cosas sucedieron, para descubrir por qué sucedieron.

En lo que tienen que ver todavía con el diálogo con la ciencia exegética, es menester elucidar la opción de tratamiento del texto bíblico. No apenas en su debate literario y lingüístico, discutiendo términos y la organización de las frases poéticas o narrativas, sino en su capacidad de privilegiar el conjunto de los textos como unidades o subunidades que encierran contenidos completos. Unidades que guardan la memoria de situaciones vivenciales importantes para determinados grupos sociales. Se llega así a la perspectiva de que gran parte de los textos del AT, a pesar de las compilaciones y las redacciones posteriores, fueron preservados como núcleos de memorias populares, o perícopas .

El entendimiento de que tales núcleos de la experiencia de las personas y sus grupos sociales subsistieron en forma bastante íntegra a los procesos redaccionales trae como consecuencia diferencias expresivas en el tratamiento de los textos y, consecuentemente, en los resultados hermenéuticos finales. Se desprende de eso la posibilidad de considerar que un conjunto textual refleje las muchas voces en su diversidad y no, exclusivamente, el discurso de un individuo sobre la realidad.

Cada texto bíblico comunica un conjunto de realidades que se revelan en cuanto discursos y gestos de los que vivieron las experiencias narradas, y no se está delante de un discurso sobre aquellos que las estaban sufriendo. En esa perspectiva, varones y mujeres aparecen como sujetos concretos y no meros objetos de un discurso bíblico. Así, el texto con el cual se trabaja es un conjunto multifacético de elecciones, voluntades, representaciones, engaños, etc. de las personas envueltas en aquellos episodios.

La aproximación al texto bíblico, cuando se admite su historicidad y su posibilidad de expresión por medio de perícopas, se asocia, por lo tanto, a los presupuestos enunciados anteriormente. Así, la exégesis y la hermenéutica no se ocupan exclusivamente – tampoco prioritariamente– de cuestiones sobre el origen del texto, autoría, contexto social de la época, cuestiones literarias y redaccionales. Sino que a éstas agregan indagaciones reveladoras de quien emprende la investigación. El recorrido consiste en asumir las contribuciones de los estudios disponibles, especialmente las que superan o contribuyen a transponer las aproximaciones normativas y moralistas al texto bíblico.

En el arte de comprender un texto emerge, simultáneamente, la pluralidad de sentidos que le es propia y la mediación para la autorrevelación de quien emprende la lectura . Tal comprensión no se restringe solamente a la proyección en el texto, implicando, también, exponerse a él y reconocer que hay textos que no admiten esa autoexposición o no permiten la revelación de quien los lee. Es por esa razón que la aproximación a un texto bíblico ilumina no sólo las riquezas del propio texto, sino también las dificultades de quien lo interroga, revelando la búsqueda de conocimiento de ese sujeto, tanto como su producción de saber, subjetividad, parcialidad y selectividad, trazos culturales e históricos de su pertenencia social.

El propósito de establecer un mapa de las relaciones sociales de género, en la multiplicidad de los movimientos cotidianos presentes en el relato bíblico –en consonancia con esa perspectiva de la apertura del texto al mundo de quien se ocupa de su análisis– ya es una toma de posición teórico-metodológica. Ésta, a su vez, incide en una actitud de ruptura con las pretensiones de neutralidad en la producción del conocimiento o de la hermenéutica. La lectura que ahora se propone para el texto bíblico no está desprovista de presuposiciones e influencias del contexto de quien hace la interpretación; tampoco lo están las otras lecturas con las que cualquier estudio exegético establece diálogo y confrontaciones.

El marco teórico en que se inscribe el concepto de un sujeto identificado con la elección del objeto y del método de trabajo reafirma la neutralidad como un mito. También trae a la superficie el cuestionamiento de una objetividad pura asociada a los estudios que afirman que la objetividad situada es la única concebible. Además de tener fecha, sexo y raza, implica tanto eliminar las dualidades sujeto-objeto, objetividad-subjetividad, racionalidad-emotividad, público-privado, personal-político, etc., como cuestionar el carácter genérico, universal y atemporal de las hermenéuticas y de los conocimientos.

Con esos presupuestos de contextualización de la objetividad de la tarea analítica, no es extraño admitir la subjetividad como parte integrante del método, resguardándola de la falacia de una producción de conocimiento capaz de llegar a concepciones totalizantes y absolutas. La dinámica objetividad-subjetividad significa asumir que quien produce el saber imprime ahí sus condicionamientos personales y sus compromisos delante de la realidad; por consiguiente, la elección del objeto, método y categorías trae esa marca. Aun más, es preciso considerar que admitir la subjetividad no significa asumir una relativización total de métodos y resultados. No se trata, tampoco, de que cada uno diga lo que piensa, ni de legitimar cualquier tipo de interpretación. Se admite aquí la subjetividad como integrante del método, e integrada al instrumental científico que posibilita el análisis y la producción del saber.

La mediación de género, en cuestión en este número de RIBLA, pretende contribuir a problematizar posturas hermenéuticas que anuncian como puntos de llegada, puertos seguros y finales, aquello que es transitorio. Tal procedimiento oscurece la memoria de la provisionalidad, fragilidad y pluralidad, comunes a las experiencias humanas en sus relaciones, inclusive con lo trascendente.

Las relaciones sociales de poder y lo cotidiano

El camino escogido para responder a los sentidos enunciados pasa por la selección de las relaciones sociales cotidianas, con sus concreciones de género-etnia-clase-generación, como referente teórico básico. El objetivo es redimensionar y dinamizar la ciencia exegética con su recorte androcéntrico, proponiendo, así, nuevas preguntas al texto bíblico.

El análisis de relaciones sociales tiene que considerar los varios movimientos de los cuerpos, que experimentan la relacionalidad como constitutiva de sus vidas cotidianas. Con eso, queda esclarecido que la formulación del problema es más amplia que la visibilización de la experiencia y del discurso de la mujeres. Se trata de observar a las personas o grupos sociales en su dinámica relacional.

El objetivo, aquí, es enfrentar la cuestión del poder presente en la organización social de las relaciones de género, clase y/o etnia que emergen de procesos históricos y no se atienen al ámbito puramente biológico. Por consiguiente, la pregunta con respecto al movimiento pide la identificación del lugar en que estaban tanto las mujeres como los varones, apuntando a la reflexión sobre personas concretas y no solamente sobre los discursos teológicos contenidos en el texto bíblico.

En ese sentido, se busca ampliar el acercamiento al texto, buscando no sólo las palabras en el discurso, sino los movimientos de los cuerpos que se ven, que se tocan, que se oyen y se perciben como constructores de mundos. Se procura leer el texto indagando lenguajes implícitos en la articulación de sus palabras. Intuir y destacar esos “balanceos” de los cuerpos en relación, mediados por el texto bíblico.

Como perspectiva de trabajo con la categoría género se puede privilegiar el análisis de textos que se ocupan de describir las relaciones cotidianas, los movimientos de mujeres y varones en el interior de la casa, locales de trabajo, festividades públicas, prácticas religiosas, intrigas palaciegas... Se admite lo cotidiano como espacio significativo de las relaciones sociales –pues en él tienen lugar las luchas y las transformaciones sociales– no limitándose, por lo tanto, a considerarlo mero lugar de repetición.

En ese sentido, la dinámica de los cuerpos en relaciones sociales se asocia a la dimensión movimiento como otra categoría fundamental a ser elucidada. La integración de las categorías cuerpo-movimiento-relaciones sociales permite la organización de preguntas al texto bíblico que contemplen no únicamente la identificación de los discursos teológicos, sino la posibilidad de un encuentro con las vivencias concretas y sus representaciones. El interés está en analizar los movimientos que comunican la compleja forma humana de construir sus sentidos y de organizar sus sociedades. En fin, de relacionarse.

La pregunta sobre el movimiento de los cuerpos concretos en sus múltiples relaciones es una opción metodológica. Por un lado, para evitar abstracciones sobre la realidad y, por otro, para no perder la riqueza de los detalles que indican las varias formas de enfrentar las situaciones. En el cuerpo, con su materialidad, está la condición para que los seres vivos construyan sus experiencias de relaciones en el mundo. El cuerpo de las mujeres, de los varones y de los niños/as es el que exige una nueva lectura del texto bíblico. La organización de esa corporeidad es exigente: quiere explicaciones, satisfacciones, compañía... En su experimentación en la vida, crea lenguajes propios para comunicar sus urgencias y su presencia en el mundo y en las relaciones.

No se trata de enfocar en el texto la experiencia de vida en general, ni tampoco de abordar los grandes ejes históricos y/o teológicos. Se busca, sobre todo, una aproximación a vidas e historias que tengan en común su construcción cotidiana, permeada por una multiplicidad de relaciones sociales, estructuradas simultáneamente por mecanismos de dominación y control, y por ejercicios de cambios y resistencias.

La opción metodológica de reconocer la relevancia de los aspectos de lo cotidiano para formular las preguntas al texto bíblico hace posible aproximarse a los deseos, ansias, sueños, ausencias y procesos de resistencia presentes en la construcción de las experiencias de vida de las personas y de sus comunidades. Además, ayuda a esclarecer que las grandes cuestiones políticas, económicas, sociales o religiosas de los textos no son las únicas importantes. En la experiencia cotidiana, compuesta de innumerables detalles –y que, por eso, corre el riesgo de parecer superflua al análisis– acontece de hecho la construcción de las relaciones sociales de poder.

Además de eso, interesa percibir en el acercamiento al texto bíblico que, en la vida cotidiana, varones y mujeres están comprometidos en diversas actividades. Por eso, no es posible reducir a la persona a uno de los momentos o movimientos en que está envuelta.

La metodología exegética es aquí ejercida, por lo tanto, como proceso de indagaciones al texto bíblico, deseando identificar a las personas en sus relaciones cotidianas concretas. No interesa saber genéricamente sobre el pueblo de Israel y su vida, ni siquiera sobre sus conceptos teológicos. Lo que conduce la investigación, basada en la categoría de género, es el propósito de superar la dicotomía entre lo concreto de las relaciones humanas y los razonamientos abstractos de las formulaciones teológicas. De ahí la opción por un trabajo de aproximación a lo cotidiano, privilegiando las relaciones sociales de poder presentes en la dinámica de movimiento de los cuerpos para afirmar su existencia en el mundo y las demás existencias que ellos animan.

El movimiento que, en la vida cotidiana, establecen los cuerpos para saciar necesidades básicas, desarrollar deseos y establecer proyecciones sociales de dignidad es fundamental y constitutivo de la construcción de un hablar objetivo e incluso paradigmático sobre la historia. Mientras tanto, eso no es lo mismo que decir que exista una gran acción de enfrentamiento a los poderes opresores para derrumbarlos. Lo que ocurre de hecho son innumerables prácticas cotidianas que tienen, eso sí, potencial incluso político para provocar nuevos rumbos.

La experiencia humana, por su diversidad, resulta en una pluralidad de movimientos que se articulan en medio de la provisoriedad y transitoriedad inherentes al aspecto relacional de la corporeidad en el mundo. Y tal dinámica de las historias de vida –de la que habla el texto bíblico y de la cual procede su lectura– quiere ser elucidada y preservada en el proceso de aproximación al texto bíblico.

Desafiando al diálogo de género en el proceso de lectura de la Biblia, se puede concluir esta introducción al debate diciendo que, en una hermenéutica de género, se vuelve imperativo afirmar una reflexión bíblica que no derive tan rápidamente de la identificación textual de situaciones concretas –como la del hambre, la enfermedad, engendrar hijos, los partos, sembrar el campo o pisar la uva– con la justificación de estar asumiendo una generalidad o universalidad (ya sea de crítica o de lucha) como la única y mejor condición de objetividad científica y de eficiencia política. La invitación es a descubrir las estructuraciones de género que atraviesan tanto lo real como los textos.

Referencias bibliográficas

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Ricoeur, Paul, Interpretação e ideologias, Río de Janeiro, Francisco Alves, 1977.

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Sampaio, Tânia Mara Vieira, Movimentos do corpo prostituído da mulher - Encontros e desencontros teológicos, São Paulo, Edições Loyola, 1999.

Scott, Joan, Gênero: uma categoria útil para a análise histórica, Recife, SOS-Corpo, 1991.

 

Tânia Mara Vieira Sampaio
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Traducción de Cristina Conti


Cf. Elisabeth Schüssler Fiorenza, As origens cristâs a partir da mulher; uma nova hermenêutica, San Pablo, Paulinas, 1992, 5-16.

Cf. J. Severino Croatto, Hermenéutica bíblica, Buenos Aires, Lumen, 2000. También, São Paulo: Edições Paulinas, 1986, p.7.

Ver la perspectiva de la perícopa en cuanto memoria popular del ámbito de la casa en M. Schwantes, “Interpretaçâo de Gn 12-25, no contexto da elaboraçâo de uma hermenêutica do Pentateuco”: Estudos Bíblicos 1 (s/d) 35-37.

En palabras de Ricoeur, “aquello de lo que finalmente me apropio es una proposición de mundo. Esta proposición no se encuentra atrás del texto, como una especie de intención oculta, sino delante de él, como aquello que la obra desvela, descubre, revela. Por consiguiente, comprender es comprenderse delante del texto” (Paul Ricoeur, Interpretaçâo e ideologías, Río de Janeiro, Francisco Alves, 1977, 57-58.

 

 

 
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