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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

 

...sin perder la ternura: jamás!
de hombres mal-amados y mujeres prisioneras en el amor

 Nancy Cardoso Pereira

Resumen

Los discursos y tradiciones teológicas tuvieron – y continúan teniendo – gran influencia en las artes de un modo general y, en particular, en la literatura y en la poética sobre el amor, siendo elemento vital de definición de los géneros sexuales y también de la formación del lenguaje religioso como lugar privilegiado de distribución desigual del amor en relación con hombres y mujeres. En este texto quiero crear un espacio de aproximación entre la poesía y la hermenéutica bíblica como una posibilidad de develar los compromisos y las armadillas del lenguaje religioso antifeminista que participa en el refuerzo de la miseria amorosa en que nos encontramos – hombres y mujeres.

Abstract
Theological discourse and tradition have exercised – and continue to exercise – a great influence on the arts in general and in particular on literature and love poetry, as being a vital element in the definition of sex genders and also in the formation of religious language as a privileged place for the unequal distribution of love between men and women. In the present text I wish to create a meeting place for poetry and Biblical hermeneutics, as a possible way of unmasking the constraints and pitfalls of anti-feminist religious language which help to reinforce the affective misery in which we – men and women – find ourselves.

 

Él avanzó, los ojos fijos en mí. Yo lo amé hasta el odio. Vi caer las sombrías estrellas de los locos. Sentí alegría, sentí espanto, sentí temor, sentí felicidad, sentí la inutilidad de mi vida... cáscaras que caían ante la violencia de mi amor... Él apretándome. El dolor, trepador, comenzó a subirme por las rodillas, los muslos, cubrió el geranio de mi sexo, me envolvió las caderas, las curvas, el pecho. Yo sabía que te encontraría... Por fin me besó, me mordió, me lamió, maltrató mi felicidad. Y recordé lo que fui antes de ser .

 

El amor. De todo lo que ya se dijo... y un poco más. Lo que no es dicho.
Las novelas. Las músicas. Las revistas. Las películas. Los libros. La búsqueda. La perdición.

Con la retórica del amor-pasión, se constituyó no sólo una nueva forma de relaciones entre los sexos, sino también una de las figuras más singulares de la aventura occidental moderna .

Dicen los entendidos –y aquí, procuro la interlocución con los otros textos escritos por hombres– que la invención social del amor en occidente es también la más refinada metáfora de construcción de las identidades de hombres y mujeres . Hay una desigualdad de significación del amor. No se trata de un amor mejor o peor, sino de una distribución desigual de información y formación, vivencia y expresión amorosa: calidad, cantidad, intensidad, profundidad, adherencia, permanencia, riesgo, vértigo y miedo, placer y dolor.

Las culturas modernas formatearon lo femenino como una predisposición natural para el amor y sus quehaceres. Así las mujeres están acorraladas en la sensibilidad sin opción y asimiladas en un imaginario caótico e irracional mientras los hombres ocupan el lugar supuestamente confortable del sexo sin amor.

Las visiones tradicionales de la mujer como ser de exceso y de desmesura, así como las ideologías modernas que se rehusan a considerar a la mujer como un individuo autónomo viviendo para y por sí mismo, contribuirán para conjugar estrechamente identidad femenina y vocación para el amor .

Las mediaciones de la fabricación del amor son muchas. De modo especial, la literatura ha sido uno de los escenarios privilegiados de producción de metáforas, símbolos, imágenes e inversiones del mito occidental del amor romántico.

La teología, de modo eficiente y sistemático, ha sido uno de los discursos que, a lo largo de los siglos, viene contribuyendo en el esfuerzo del amor como vocación de las mujeres. Todavía hoy se siente la vehemencia de la construcción cristiana de los Padres de la Iglesia sobre el asunto:

  • la feminización de la carne;
  • la estetización de la feminidad, la asociación de la mujer con lo cosmético;
  • la condenación ontológica de la esfera de las representaciones y de todo lo que es placentero ligado al cuerpo .

Estos discursos y estas tradiciones teológicas tuvieron –y continúan teniendo– gran influencia en las artes de un modo general y, en particular, en la literatura y en la poética, siendo un elemento vital de definición de los géneros sexuales y también de formateado del lenguaje religioso como lugar privilegiado de distribución desigual del amor en relación con hombres y mujeres.

En este texto quiero crear un espacio de aproximación entre la poesía y la hermenéutica bíblica como una posibilidad de develar los compromisos y las armadillas del lenguaje religioso anti-feminista que participa en el refuerzo de la miseria amorosa en que nos encontramos – hombres y mujeres.

Junto dos amores: poesía y Biblia. João Cabral de Melo Neto –poeta brasileño– y algunos profetas de la Biblia Hebrea.

 

1.       Los tres mal-amados

La poesía de João Cabral de Melo Neto es conocida por el riguroso trabajo con la palabra. Rigor. Lógica gramatical. Apuro formal. “La lengua se torna esencial a la meditación, pues se transforma en materia del poema” . Elementos sociales y políticos están presentes sin que el poeta se distancie del trabajo de composición.

En el poema más conocido de Cabral –Morte e Vida Severina– el labrador, el cortador de caña, el migrante, los colectores de cangrejos y otros frutos del mar, el sin-tierra y un niño pobre son personajes de un drama cotidiano pero también son expresiones del drama del lenguaje y sus metáforas. Las palabras, en la poesía de João Cabral, tienen la tarea precisa de denunciar los fraudes de encubrimiento del lenguaje y sus responsabilidades en el ocultamiento de las realidades al límite de la experiencia humana .

Si para algunos críticos el tema del amor y del erotismo son raros en la poesía de João Cabral es porque el poeta no se deja leer en la obviedad de los temas, mas exige una lectura dispuesta al enfrentamiento de un léxico propio y de identidades rigurosamente construidas. Así, la poesía de João Cabral identifica como femeninas la tierra, el hábitat del cangrejo y otros frutos del mar (mangue), la lluvia, las colinas y las montañas, mientras el Estado de Pernambuco, el desierto (sertão), el mandacaru son masculinos.

Pernambuco, tão masculino,                           Pernambuco, tan masculino,
que agrediu tudo, de menino,                          que agredió todo, de niño,
é capaz das frutas mais fêmeas                                    es capaz de las frutas más féminas
e da femeeza mais sedenta.                                          y de la femineza más sedienta.
(As Frutas de Pernambuco)                                          (Las Frutas de Pernambuco)

João Cabral estructura su universo en opuestos no antagónicos: femenino y masculino. Todo tiene sexo. Todo tiene identidad construida en el lenguaje donde el género es un vestigio fundamental de la composición. Se percibe claramente la función metafórica del género como “actitud mitológica de una comunidad lingüística” .

El carácter de construcción de la identidad de género se evidencia en la poesía de João Cabral cuando el rigor del trabajo poético permite la subversión de las identidades, esto es “lo femenino se ve a veces violentamente transformado en masculino, o viceversa” .

onde o Recife secreto                           donde el Recife secreto
é a Recife, muda o sexo.                      es la Recife, muda el sexo.
(O Engenho Moreno – A                     (El Ingenio Moreno – La Escuela
Escola das Facas)                                 de los Cuchillos)

El poema Os Três Mal-Amados (1943) es uno de los raros poemas de João Cabral en que la relación hombre-mujer va a ser material de composición poética. Es un poema poco conocido que tiene como subtítulo una referencia a un poema de Carlos Drummond de Andrade: “Juan amaba a Teresa que amaba a Raimundo que amaba a María que amaba a Joaquín que amaba a Lili...”.

Estos van a ser los tres mal-amados: Juan, Raimundo y Joaquín. A partir de los tres, João Cabral va a componer tres discursos sobre el amor. El amor de hombre. O de tres posibles discursos mal-amados que pueden hacer entender el extraño recorrido de amores no correspondidos. Las mujeres no hablan. Ellas son aquellas de quienes se habla y, al mismo tiempo, el léxico femenino del amor con que João Cabral va a hacer hablar a los hombres del amor.
Las mujeres son al mismo tiempo tema y actitud mitológica.

 

1.1.      El amor de Juan

Juan mira a Teresa. Ella está cerca –a pocos centímetros– y, al mismo tiempo, lejos, muchos kilómetros. El sentimiento de Juan es de distancia y alejamiento. Sueño. Juan se pregunta si hay intimidad posible: Teresa está aquí, al alcance de mi mano, de mi conversación. ¿Por qué entretanto me siento sin derechos fuera de aquel mar? ¿Ignorante de gestos y palabras?

Juan duda del sueño: la piedra de un sueño ¿participa del mundo que habita? ¿Y la mujer-Teresa del sueño, distraída y distante? ¿Hay alguna señal que le haga comprender que hayamos sido, juntos, peces de un mismo mar?0

Extrañeza. Lugar inaccesible. La mujer forma parte de un universo privado, cerrado en el recuerdo de Juan. Las imágenes de agua, mar, humedad, peces, vaso de agua... dan cuenta de la fluidez, de la inconsistencia y del profundo sentimiento de soledad. ¿Puedo esperar que este océano nos sea común?

Incomoda esta libertad de Teresa de estar y no estar. Incomoda la permanencia no-permanente, impermeable. Juan tiene celo de los reflujos y mareas del océano de Teresa; Juan quiere estar junto en el mismo mar y no se conforma con ignorar los gestos y las palabras.

Juan, mal-amado. Teresa, la indefinición y el alejamiento: una apariencia en otro continente que se ve a través de un telescopio.

 

1.2.      El amor de Raimundo

La María de Raimundo es playa frecuentada de gestos indispensables y simplificados. Todos los secretos fueron abolidos. Definiendo a María como playa, Raimundo se dice exacto y nítido, mientras ella va a ser lo sin misterio y sin profundidad.

Raimundo es mal-amado porque la mujer a que se refiere es fuente previsible, que se puede examinar y controlar. El cuerpo de María es un juego de armar, conocido... una plancha anatómica.

María es camino cimentado, un organismo sólido y práctico, atado a la tierra con raíces. Diferente de la Teresa de Juan, la María de Raimundo es sueño posible, aquello de que se dispone y se somete a mi tiempo y mi voluntad, que alcanzaré con la mano.

La mujer es botella de aguardiente –correcta y explotable– y diario. Libro. Susto cuidadosamente oculto.

Raimundo es mal-amado porque su amada es una hoja en blanco donde Raimundo va a construir presencias precisas e inalterables, opuestas a mi fuga. María es un sistema establecido, el fin a donde llegar. Una extrema lucidez, necesaria, corriente y ordinaria que puede dar un modo nuevo y completo de ver una flor, de leer un verso.

Es que de María se sabe todo. Ella está tan presente y tan mezclada a lo obvio de Raimundo que él ya no puede ver a María en movimiento: ella es barrera opuesta al río impreciso que corre en regiones de alguna parte de nosotros mismos.

¿Es posible continuar amando y siendo amado por lo que es sin misterio y sin profundidad? María es la mujer presente, presentida, presumida y precisa. Una mujer sin cantos, sin detalles desconocidos. Obvia por demás.

 

1.3.      El amor de Joaquín

Joaquín no habla de una mujer: ni ausente ni presente. Joaquín habla del amor y el amor de Joaquín tiene un hambre insuperable y una boca totalmente abierta para devorar lo que encuentra por delante.

El amor comió mi nombre, mi identidad, mi retrato... mi certificado de edad, mi genealogía, mi dirección. El amor comió... mis ropas, mis pañuelos, mis camisas... el número de mis zapatos... El amor comió mi altura, mi peso, el color de mis ojos y de mis cabellos. El amor comió mis remedios, mis recetas médicas... mis aspirinas... El amor comió todos mis libros de poesía. Comió en el diccionario las palabras que se podrían juntar en versos. Hambriento, el amor devoró... peine, navaja, escobas, tijeras de uñas, cortaplumas. Hambriento todavía, el amor devoró el uso de mis utensilios: mis baños fríos, la ópera cantada en el baño... El amor comió las frutas puestas sobre la mesa. Bebió el agua de los vasos... comió el pan a propósito escondido. Bebió la lágrima de los ojos que, nadie lo sabía, estaban llenos de agua. El amor ha roído mi infancia... El amor comió mi Estado y mi ciudad... Comió el olor de caña cortada... comió hasta los días todavía no anunciados en los calendarios. Comió los minutos de adelanto de mi reloj... los futuros viajes alrededor de la tierra, los futuros estantes alrededor de la sala. El amor comió mi paz y mi guerra. Mi día y mi noche. Mi invierno y mi verano. Comió mi silencio, mi dolor de cabeza, mi miedo de la muerte.

El amor come, bebe, roe. No hay nada que el amor no devore. Lo más rutinario, lo que todavía no es y lo que ya fue. Todo es masticado por el amor que engulle porciones enteras del hombre todo. Devorado, Joaquín se limita a enumerar los bocados de él mismo.

No hay mujer alguna. Es el amor. Es la mujer-amor-devorador. Gula que no tiene nombre. Sólo hambre. Irresistible, el amor hambriento provoca en Joaquín un vértigo propio de las listas. Hay un orden. Una secuencia que va de lo más íntimo a lo más abierto. De lo público a lo privado sin límites.
La lista es hecha en un ritmo placentero. Dolor y placer de ser devorado de modo tan implacable. Diferente de Juan y de Raimundo que tienen a las mujeres como la otra –en el sueño o en lo rutinario– Joaquín es mal-amado porque no subsiste, no permanece en la relación caníbal del amor-mujer.

Ella es sólo y totalmente esa hambre que no se calma. Quiere más. Quiere todo. Un amor sin disposición para la paz.

 

2.       Las metáforas del amor mal-amado

En el poema de João Cabral las mujeres asumen las actitudes mitológicas del amor: totalmente ausente – Teresa; totalmente presente – María; totalmente total – la Mujer, Una.

La forma del poema intercala los discursos de Juan, Raimundo y Joaquín. Los discursos son simultáneos, sucesivos, monólogos superpuestos. Los tres hombres no se escuchan, no se hablan. Como si alternasen posibilidades. Las mujeres son el léxico, cuerpos que ejercitan la lengua masculina en el discurso del amor. El mal-estar está en el lenguaje, en el falo masculino que produce un discurso mal-amado.

Convertidas en metáforas, las mujeres acogen sus identidades producidas por los hombres mal-amados y, silenciosas, ellas se ofrecen como sinónimos para el amor imposible, el amor domesticado y el amor devorador. Pegadas al discurso de los hombres ellas dejan de moverse en la ronda propuesta por Drummond: ellas dejan de amar (Teresa amaba a Raimundo, María amaba a Joaquín, Lili...) porque se tornan prisioneras de las experiencias masculinas.

La Mujer se torna sujeto del texto: João Cabral evita reproducir el vocabulario de la mujer como objeto de amor, para hacerla explícita como gramática propia. Denuncia así los abusos del discurso sobre el amor que convierte en metáforas a las mujeres en las posibilidades del amor-mal-amado-masculino.
El lenguaje del amor mal-amado desconoce la alteridad de la mujer: ella pasa a significar la que tiene menos, a quien falta algo, la que no sabe querer, la que desea desmesuradamente. “La mujer es faltante, según el orden fálico” . La mujer participa del lenguaje amoroso como víctima (María), como seductora o como imposibilidad (Teresa).

El poema Os Três Mal-Amados denuncia la prisión de la mujer en el discurso masculino, denuncia la permanencia de la mujer como “el otro del discurso” , esto es, objeto de los discursos producidos por los hombres.

Que el cuerpo femenino deba permanecer intocable, o porque representa el Mal, o porque debe permanecer purísimo, son dos modos equivalentes de hacer que él no se revele...

Así, entre asexuadas o comunes (como las esposas / madres), el cristianismo disputa, con el mito del amor romántico en Occidente, el control de los discursos sobre las mujeres. Permanecer en una posición inaccesible continúa siendo una de las tareas que la cultura occidental cristiana designa para las mujeres. Presas en los discursos del amor (materno, romántico, a los pobres, a lo sagrado, a la familia, etc.) o en los modelos de la sensualidad devoradora, las mujeres son mantenidas en una pasividad necesaria para la manutención de la hegemonía masculina.

La crítica de los discursos de amor en sus variaciones y sus usos en la literatura, en los medios de comunicación de masa (en el imaginario musical, tele-novelístico y de la propaganda, entre otros) coloca una tarea de interlocución y de ampliación para la hermenéutica feminista de la liberación en América Latina.

Esta habilidad crítica y creadora capaz de denunciar “actitudes mitológicas de una comunidad lingüística” ha sido uno de los desafíos que las teologías feministas vienen desarrollando en relación con el texto bíblico, entendido como una de las comunidades lingüísticas más eficientes en la creación de metáforas aprisionadoras para las mujeres y también para los hombres mal-amados.

Estos dilemas y cuestiones no pueden ser enfrentados en el supuesto campo aislado de la teología o de las ciencias bíblicas. Este aislamiento metodológico ha sido uno de los modos de sustentación de la invisibilidad en la fabricación de las identidades de género en el ámbito del fenómeno religioso.
La interlocución con la literatura, la antropología, la economía, la sicología –entre otras disciplinas– exige de la hermenéutica bíblica transparencia, ser legible y un deseo de ser realmente comprendida fuera de los límites conocidos y previsibles de la teología y de las iglesias. Asumir un diálogo sobre las relaciones sociales de género y los discursos, prácticas, rituales, procedimientos y cosas del amor entre el hombre y la mujer precisa necesariamente de otros lenguajes donde la sicología de la composición sea más auténtica y menos controlada que el léxico y el vocabulario consensual de la hermenéutica bíblica entre nosotros en América Latina.

 

3.       Los mal-amados en la Biblia

Aun reconociendo que los relatos bíblicos desconocen las formas contemporáneas de la experiencia de amor y de romance, es posible identificar núcleos narrativos que se construyen a partir de las relaciones hombre-mujer marcadas por la contemplación, por le deseo y la sexualidad. El relato de amor de Jacob por Raquel que motiva el trabajo doble (Génesis 29,20), el relato trágico del amor de Siquén por Dina en Génesis 34 y los acontecimientos violentos que se siguen, la historia de Noemí, Rut y Booz, los muchos amores y deseos de David (1 Samuel 18; 19 y 20; 2 Samuel 11), la relación incestuosa de Amnón y Tamar (2 Samuel 13) tematizan estas relaciones siempre articuladas con cuestiones de poder, propiedad o legitimidad.

De modo especial en la profecía el tema de la relación hombre-mujer va a dejar de ser tema para configurarse como discurso, como metáfora construida a partir de motivaciones teológicas o políticas.
El uso de imágenes y metáforas que se alimentan de la relación amorosa mal sucedida debe ser evaluado considerando las relaciones entre los contenidos y los valores afectivos presentados. Según Dámaso Alonso “los valores afectivos no son, como imaginaríamos a primera vista, una especie de brisa o calor que impregna el concepto, sino que forman parte del mismo”.

Por dentro del repertorio lingüístico e imaginativo, la cultura va a hacer uso privilegiado de algunas relaciones utilizándolas de acuerdo con necesidades y normatividades, haciendo disponible de modo condensado un discurso supuestamente obvio tanto en el ámbito formal como pictórico. En el caso de la profecía bíblica, la relación amorosa mal sucedida va a ser vehículo y forma de contenidos marcados por infidelidad, prostitución y pecado, constituyendo y siendo constituida en un discurso teológico que hace inviable la relación amorosa.

Si es verdad que la imagen literaria se constituye como desarrollo pleno del valor imaginativo y de la plasticidad de los acontecimientos y relaciones, sería importante evaluar el uso que la profecía hace de las imágenes de las relaciones amorosas e identificar los mecanismos de representación y sus compromisos, creyendo que “lo imaginativo, lo conceptual y lo afectivo están siempre presentes en el significado que sirve de punto de partida para quien habla” .

 

4.       Profetas mal-amados

Imaginar un diálogo entre Oseas, Jeremías y Ezequiel teniendo como motivación el poema de João Cabral sobre el amor masculino o el discurso masculino sobre las mujeres y el amor sería también una aproximación al proceso de configuración de actitudes mitológicas.

Las pocas informaciones biográficas sobre estos profetas no autorizan especulaciones sobre sus relaciones de amor o mal-amor con mujeres. Entretanto, en los fragmentos biográficos la alusión explícita a situaciones de mal-estar o de evasión de esa relación, se pueden percibir aspectos de interpretación significativos que pueden ser explotados.

 

4.1.      Oseas: un mal-amado

Sobre Oseas, el texto de Tânia Sampaio, Movimentos do Corpo Prostituído da Mulher ya mostró el proceso de fabricación de las metáforas sobre la prostitución como sinónimo de idolatría y pecado. Algunas observaciones merecen ser hechas, en especial sobre el uso y la recepción consensual y patriarcal de esta metáfora.

Oseas es mal-amado porque Gómer no es fiel. El amor de Oseas no es reconocido ni retribuido de modo exclusivo. Ella es aquella que tiene “adulterios entre los senos” (Oseas 2,2). Corre atrás de los amantes y no sabe reconocer en el marido la fuente de los bienes que procura (pan, agua, lana, lino, aceite, bebidas: 2,5). El amor no retribuido de Oseas justifica la actitud de reprobación, condena y amenaza.

A partir de estos elementos introductorios la profecía de Oseas va a desarrollar todo un arsenal crítico contra Israel y sus dirigencias (sacerdotes, casa de Israel, casa del rey: 5,1). La mujer infiel va a ser igualada al pueblo que se deja seducir por dirigencias corruptas y el marido rabioso, pero dispuesto al perdón y a una nueva alianza (cap. 3), va a ser identificado con la divinidad (Yavé) que reclama exclusividad.

Se legitima así, a partir del lenguaje mal-amado masculino, un discurso sobre Dios que comparte con los hombres esa experiencia de ausencia en la relación amorosa con las mujeres / pueblo. Se legitima también un discurso que garantiza al mal-amado el derecho de venganza, como en el capítulo 2:

  • descubriré sus vergüenzas (v.10);
  • haré cesar su gozo (v.11);
  • devastaré su vid (v.12);
  • la castigaré (v.13).

La profecía de Oseas mantiene la posibilidad de una relación amorosa bien sucedida subordinada por la crítica / denuncia / rescate de la amada que pasa por la compra (3,2) y por un tiempo de abstinencia de la relación (3,3). Este período de aislamiento necesario refuerza el temor y la dificultad en el tratamiento de la relación amorosa; el recurso literario de la evasión acaba creando, tanto a nivel de la trama como de la afectividad disponible, el efecto esperado: consolidar el amor mal-amado como mediación privilegiada de la profecía.

 

4.2.      Jeremías: el no-amado

En Jeremías la perspectiva es la de la ausencia de la relación con la mujer que define la experiencia del profeta: No tomarás mujer (Jeremías 16,2). Tal precaución responde a la consideración hecha en los capítulos iniciales: de nuevo la historia del pueblo va a ser contada a partir de un romance mal-sucedido entre Dios y el pueblo.

Me acuerdo de ti, de tu afecto cuando eras joven, y de tu amor cuando novia, y de cómo me seguías en el desierto, en una tierra no sembrada (2,2).

El romance y la relación idílica van a ser rotas y la culpa va a recaer sobre la mujer que se rehusa a mantener la relación de exclusividad. Otra imagen usada en el capítulo 2 es la de la mujer como viñedo excelente, de la simiente más pura, que se torna planta degenerada, vid brava (v.21). A partir de la degeneración de la imagen femenina idealizada, el texto de Jeremías asume una violencia verbal fulminante contra la mujer / pueblo:

¿Cómo puedes decir: No estoy manchada, no anduve detrás de los baales? Mira tu rastro en el valle, reconoce lo que hiciste, dromedaria nueva de ligeros pies, que andas zigzagueando por el camino; mula salvaje, acostumbrada al desierto y que, en el ardor del celo, bebe el viento. ¿Quién le impediría satisfacer su deseo? (vv.23 y 24).

La instrucción para que Jeremías no tome mujer constituye el discurso de la feminización de la idolatría y del pecado. Existe un movimiento emancipatorio en la joven que la torna degenerada, que hace que ella no corresponda más a los deseos del amante / Dios. Esta no-correspondencia instaura el mal-estar y el extrañamiento. Vid brava. Dromedaria. Mula salvaje. El discurso profético se alimenta del mal-estar masculino para fabricar su crítica. La variedad de imágenes asociadas enriquece el vocabulario de la profecía.

Así, tanto en el nivel narrativo como en el discurso, la profecía va a ser afirmada en la negación de la relación con la mujer. La profecía va a tejer una continuidad entre el vocablo mujer y pecado / idolatría que va a configurar una cierta perspectiva sobre las mujeres como aquellas que hacen inviable la alianza.

En Jeremías 11, un largo discurso sobre la alianza rota va a ser dirigido de modo específico al hombre (v.3). El análisis de la amonestación continua y de la respuesta infiel del pueblo (vv.4-8) es complementado por una palabra que denuncia una conspiración entre los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén (v.9).

En el final del capítulo 11 (vv.15-17) el texto pasa a hacer la denuncia de la amada. Toda la infidelidad descripta a lo largo del capítulo y la denuncia de la conspiración va a ser objetivada en la figura de la amada infiel. Ella no tiene derecho alguno (v.15) porque cometió vileza. Considerando el hebreo se percibe que el texto quiere caracterizar la intencionalidad de la acción de la amada. El verbo zamam en su raíz tiene el sentido de planificar, considerar, tramar; en este texto de Jeremías el término mezimmah califica el plan como vil, malicioso, con intrigas.

La intencionalidad de la acción vil de la amada va a ser también marcada por la pretensión de disimular a través de votos y ofertas. Este deseo de engañar y disimular es para la amada de Jeremías motivo de placer, júbilo.

El habla resentida del Dios mal-amado aparece en el v.16 donde la amada va a ser llamada olivo verde, hermoso por sus deliciosos frutos. El v.17 informa que la amada / olivo fue plantada por la divinidad que, no correspondida, va a pronunciar el mal contra la amada (casa de Judá / Israel).

Se percibe claramente la vinculación de la amada con el pueblo y, simultáneamente, con la cuestión religiosa, quedando sus actitudes y comportamientos configurados en el campo de la idolatría y de la maldad. Al profeta y a la profecía sólo resta apartarse y anunciar el castigo contra la amada.

El Jeremías que evita a la mujer se protege de la destrucción que se abatirá sobre grandes y pequeños (16,6). La experiencia del mal-amado hace disponible la palabra de castigo: “he aquí que haré cesar en este lugar delante de vosotros, y en vuestros días, la voz de regocijo y la voz de alegría, el canto del novio y el de la novia” (16,9).

La amada en Jeremías está ausente y distante como una apariencia en otro continente que se ve a través de un telescopio. La palabra de anuncio y denuncia va a ser el instrumento para investigar y examinar a la mujer ausente o presente de modo incómodo. No hay un océano que nos sea común, esto es, no hay posibilidad de un encuentro entre el hombre y la mujer: ni en el lenguaje ni en la realidad.

El conflicto con las mujeres en la parte final del libro de Jeremías (44,9-19) reinstala la tensión y la crítica contra un posible protagonismo de las mujeres en el culto de la Reina del Cielo. Las intrincadas relaciones entre culto y relación amorosa, las complejas relaciones entre la divinidad masculina y las divinidades femeninas van a ser resueltas en la forma del discurso profético, incorporando la palabra / afecto del amor mal-amado como atributo del dios masculino.

 

4.3.      Ezequiel: del amor arrancado

La profecía de Ezequiel tal vez sea la más misógina, la que más explota de modo virulento las metáforas negativas asociadas a las mujeres en sus relaciones con los hombres.

La información biográfica sobre Ezequiel hace pensar que él sería casado y que su mujer sería la delicia de sus ojos (Ezequiel 24,16). La palabra de Dios para Ezequiel es la siguiente: súbitamente te quitaré la delicia de tus ojos. Este anuncio se hace acompañar por la recomendación: no lamentarás, ni llorarás, ni te correrán las lágrimas. Gime en silencio...

La mujer de Ezequiel es tan sin misterio y sin profundidad que su vida cotidiana puede ser subordinada por contenidos más sólidos y exactos. Es una delicia, una belleza presente, presentida, presumida y precisa. Una mujer sin encantos, sin detalles desconocidos. Obvia por demás: necesaria como metáfora pero no como realidad.

Cuando el pueblo pregunta por el significado de este acontecimiento, Ezequiel explica: “Así dice el Señor Dios: He aquí que profanaré mi santuario, objeto de vuestro más alto orgullo, delicia de vuestros ojos y anhelo de vuestra alma...” (v.21).

La mujer de Ezequiel va a ser comparada con el santuario. Delicia de los ojos, anhelo del alma, pero también objeto del castigo de Dios. La vida del profeta y su acción profética se mezclan: la vida personal se torna metáfora de la acción justiciera y del castigo de Dios. La supresión súbita de una relación de delicia fundamenta la legitimidad de la palabra del profeta: “En ese día se abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no seguirás mudo. Así les servirá de señal, y sabrán que yo soy el Señor (v.27).

La señal que legitima la palabra del profeta es la delicia negada. Mal-amado el profeta hace de su vida una metáfora. Súbitamente quitada, la mujer que protagonizaba la delicia queda ausente y el campo semántico de lo femenino queda liberado para los contenidos de prostitución, pecado, lujuria y deseo desenfrenado.

La relación de Dios con el pueblo va a ser una vez más presentada dentro del léxico de la relación de amor-deseo-sexo entre un hombre y una mujer. En el capítulo 16 de Ezequiel la relación va a ser presentada de forma novelada: “Pasando junto a ti, yo te vi y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; extendí sobre ti el borde de mi manto, y cubrí tu desnudez; te di juramento, y entré en alianza contigo, dice el Señor Dios; y pasaste a ser mía... Pero confiaste en tu hermosura y te entregaste a la lascivia, gracias a tu fama; y te ofreciste a todo el que pasaba, para ser de él (16,8 y 15).

Lo femenino se desplaza de la relación personal y directa y asume un lugar en el lenguaje profético: la mujer – el santuario; la mujer – la tierra. Las metáforas van definiendo la exclusividad de lo masculino en el lenguaje sobre Dios y la profecía y, al mismo tiempo, van fabricando los valores y los contenidos de las identidades de género.

De manera que los hombres justos las juzgarán como se juzgan a las adúlteras y sanguinarias... La multitud las apedreará y las golpeará con sus espadas; a sus hijos e hijas matarán, y sus casas serán quemadas en el fuego. Así haré cesar la lujuria de la tierra, para que sean amonestadas todas las mujeres, y no hagan según la lujuria de ellas... ( 23,45-48).

Los hombres justos juzgarán a las adúlteras. La lujuria de la tierra y la lujuria de las mujeres. La profecía va componiendo su léxico en la afirmación del amor mal-amado de los hombres, del amor mal-amado de Dios.

En Ezequiel la identificación de la mujer con el pecado y la idolatría no va a limitar la figura de la amante mas va a recibir un tratamiento ampliado que incluirá también la figura de la madre como en Ezequiel 19,10-14. La madre se describe en su naturaleza –o como en el hebreo bedam eka: en sus partes, en sus miembros, refiriéndose al cuerpo– identificada con el viñedo plantado junto a las aguas (v.10). Del viñedo mismo, de sus ramas –partes, ramas– es que sale el fuego que la consumirá.

La identificación de la mujer con la infidelidad asume carácter intrínseco y pasa a ser parte de la naturaleza misma de la mujer, sea ella la amada, la madre o la hija: “Tal madre, tal hija. Tú eres hija de tu madre que tuvo repugnancia de su marido y de sus hijos; y tú eres hermana de tus hermanas que tuvieron repugnancia de sus maridos...” (16,44-45).

Amantes, madres e hijas son responsables por la infidelidad, por el pecado. Ellas son fuego devastador que se expande de una a otra. No sobra nada. Todo es consumido. El amor comió mi paz y mi guerra. Mi día y mi noche. Mi invierno y mi verano. Comió mi silencio, mi dolor de cabeza, mi miedo de la muerte.

También en Ezequiel la profecía va a proyectar de modo condicionado un restablecimiento de la relación entre Dios y su pueblo en la representación del amado / amada. La condición es que la amada se avergüence (Ezequiel 16,61) y nunca más su boca hable de manera soberbia (v.63).

En la relación con la divinidad masculina resentida en el amor mal-amado, las mujeres pueden ser incorporadas en el lenguaje y en la realidad cuando asumen la vergüenza y la boca cerrada.

 

5.       …sin perder la ternura: jamás!

Las mujeres ausentes, las mujeres obvias, las mujeres devoradoras: es todo lo que se puede decir del amor de hombre en la profecía.

Las “actitudes mitológicas de una comunidad lingüística” –en el caso, de la profecía bíblica– se expresan en un sexismo del lenguaje que confunde sexo y género, que inmoviliza lo femenino y lo masculino en la consolidación de una teología incapaz de sospechar de su léxico e incapaz de percibir su sicología de la composición.

Mal-amada y hecha por hombres mal-amados, la teología y el Dios de la profecía bíblica hace del amor-deseo-sexo una metáfora unívoca, aprisionando a las mujeres en la ausencia y constituyendo a los hombres en el amor mal-amado.

En la poesía de João Cabral Os Três Mal-Amados la responsabilidad del poeta está en ser riguroso, en mostrar la variabilidad y revelar el ocultamiento de la mujer en el discurso del amor del hombre. Mal-amada es la sintaxis del lenguaje sexista y su incapacidad para el encuentro con el amor de la Otra.

La hermenéutica bíblica en América Latina todavía no asumió la responsabilidad de invertir, criticar y superar la cantidad de antifeminismo presente y resistente en el ejercicio de composición de su léxico y sus discursos. Las palabras mal-amadas de los textos bíblicos resisten a los tratamientos lingüísticos y sociológicos, en un refuerzo de la teología misógina. Dejar de dar importancia o restringir la tarea a los textos y lecturas de las mujeres, deja el camino libre para complicidades inconscientes .

Trabajando con la profecía bíblica, la lectura popular dispone de un sistema de imágenes que forma parte de un conjunto de discursos y definiciones conceptuales sobre la divinidad, la historia y la sociedad. Estas imágenes y sus mensajes no son elaborados y encaminados de manera aislada o sin compromiso. Estos textos son fenómenos de comunicación, mediados por la metodología y la espiritualidad de la lectura latinoamericana y en confrontación con las experiencias cotidianas de las comunidades, de modo especial de los hombres y mujeres pobres.

Al presentar estas imágenes del amor mal-amado sin el ejercicio de crítica de la función de la imagen y sus referencias, consolidamos de modo instantáneo e intuitivo el refuerzo de la inviabilidad de la relación amorosa por culpa de la mujer: ausente, presente, destruidora. Sin el uso del instrumental teórico de las relaciones sociales de género en el tratamiento del lenguaje y de la sociedad que la profecía expresa, la lectura bíblica continuará siendo un elemento de refuerzo de la miseria amorosa y sexual –que sustenta la miseria económica y política– en América Latina.

El desafío es de hacer teología reinterpretando el valor que se confiere al amor para hombres y mujeres como compromiso amoroso capaz de hacer hermosos los horizontes y ejercicios de justicia y felicidad que perseguimos con pasión.

Dios con nosotros.

 

Nancy Cardoso Pereira
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13424-540
Brasil

Traducción de Samuel Almada


Manoel Scorza, A tumba do relâmpago, Rio de Janeiro, Nova Fronteira, 1986.

Gilles Lipovetsky, A terceira mulher – Permanência e revolução do feminino, São Paulo, Companhia das Letras, 2000, 19.

R. Howard Bloch, Misoginia medieval e a invenção do amor romântico ocidental, Rio de Janeiro, Editora 34, 1995.

Lipovetsky, 24.

Bloch, 17.

Felipe Fortuna, “A paisagem corporal - De como se dá o erotismo na poesia de João Cabral de Melo Neto”: Suplemento Cultura/O Estado de São Paulo, 19.08.1989.

Waldecy Tenório, A bailadora andaluza – a explosão do sagrado na poesia de João Cabral, Ateliê Editorial.

Fortuna, 65.

Câmara Jr, “Uma categoria nominal: gênero”, en Princípios de lingüística geral, Padrão, 1980, 137.

Fortuna, 66.

Maria Rita Khel, “Cinco propostas sobre a filosofia libertina e uma sobre assédio sexual”, en Libertinos libertários, São Paulo, Companhia das Letras, 1996, 333.

Ibid., 340.

Dámaso Alonso, La injusticia y la opresión en el lenguaje figurado de los profetas, Estella (Navarra), Editorial Verbo Divino, 1992, 7.

Ibid., 8.

Tânia Mara Vieira Sampaio, Movimentos do corpo cotidiano da mulher, São Paulo, Loyola, 1999.

Bloch, 9.

 

 

 
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