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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

“Tu soplo en mi oído me hace carne”1

Maria Soave Buscemi

Prólogo-La Narración

Habían nacido maravillados de un horno de ladrillos. Habían sido sacados del Útero, de color de Sangre y de Tierra. Habían surgido del sueño de la Madre-Luna. Vivían en medio de un gran terreno cultivado como un jardín. Una tierra que daba protección, seguridad y descanso, y saciaba el hambre de comida y de belleza.

La Madre-Tierra, Pacha Mama, Abya Yala, Pindorama, Araucanía fecunda, había soplado el perfume de la Vida de sus raíces profundas en aquellos cuerpos del color del ladrillo.

El Encanto

Un susurro en mi oído.
El aliento lame los cartílagos frágiles.
El calor se hace camino en las curvas.
¡Es aroma… exhalación… emanación… inspiración!
Mis ojos se cierran.
Las fosas nasales se dilatan al perfume de tu cuerpo.
Mi carne resucita.
La piel renace, se estremece.
Mi cuerpo se humedece.
¡Tu aliento inspira… espira… inspira… espira… Aspira!
¡Cual poder humectante!
¡Ángulo-Vida de Vida a Vida!
Y la Palabra se hace Carne…

El Canto

Nuestras pieles perfumaban a tierra y la tierra exhalaba el mismo perfume de la gente. Nos miramos y nos reconocemos. Un sentimiento de inmensa nostalgia, una tristeza y un deseo profundo, llegados nadie sabe de donde, finalmente encontraban su descanso y su sentido, como un río, que desciende tortuoso, hasta el abrazo manso del mar. En un fuerte abrazo que perfumaba la piel y la tierra, en un abrazo que tenía el sabor del sol y del sudor, y en el beso con los colores de una huerta cultivada como un jardín, nuestros ojos se encontraban, se penetraban y se perdían… La respiración se hacía corta y el corazón se aceleraba.

Tu boca en la mía, las lenguas entrelazadas en un juego delicioso de encajes, de temblores y de humores, así nuestras bocas más profundas…

La narración

Habían nacido maravillados de un horno de ladrillos. Habían surgido del Útero del lindo color de la sangre y de la Madre-Tierra-Agua-Luna. Se miraban y se reconocían así mismos, por primera vez, en el gran milagro de los ojos-en los-ojos, de los rostros-en los rostros, de la tierra-en la tierra, nadie dominando ni oprimiendo, piel-en la piel, boca-en la boca, sexo-en el sexo…

El Encanto

Un susurro en mi oído.
Un aliento lame los cartílagos frágiles.
El calor se hace camino en las curvas.
¡Es aroma… exhalación… emanación… inspiración!
Mis ojos se cierran.
Las fosas nasales se dilatan al perfume de tu cuerpo.
Mi carne resucita.
La piel renace, estremeciendo.
Mi cuerpo se humedece.
¡Tu aliento inspira… espira… inspira… espira… Aspira!
¡Cual poder humectante!
¡Ángulo-Vida de Vida a Vida!
Y la Palabra se hace Carne…

El Canto

Olí tu carne. Lamiste mi piel. Inhalamos con placer nuestros humores, el perfume de la tierra, perfume antiguo y vital.

De la raíz del suelo y del sexo salió el grito:
‘¡Adam!’ ¡Adamah! Humanidad sacada del Útero color de Sangre de la Tierra. Mi amado amante de arcilla mojada, desnudo, en lágrimas y sudores de placer.

Mi amada amante de arcilla mojada, desnuda, en el respiro corto de la “pequeña muerte”, del gozo que resucita la Vida.

La narración

La Naturaleza era amiga de esta Humanidad de color de Tierra. Un Árbol plantado en medio de una huerta/jardín producía sombra, acogida, protección, señalando la presencia de agua cristalina y el rocío para refrescar los cuerpos-Cuerpo de los amantes.

Las pequeñas frutas dulces como besos de amor despertaban la nostalgia y el deseo… la visión y la sabiduría, la fundante y fundamental desnudez.

El fruto o la bebida “suma”, donaban el conocimiento del bien y del mal, la capacidad de una desnuda visión, alas de águila para ver la Vida con el corazón de la Divinidad.

¡Desnudos! Así era Vida, la Vida. Así era Placer, el Placer. Así era Amor, el Amor.

Era el tiempo del compartir y de la vida en abundancia. Un Serpiente, amiga de la humanidad, habitaba en la Tierra alrededor del Árbol.

Era la Madre-Vida, la Serpiente-Luna, conocedora de la Sabiduría y de la Humanidad, en continuo cambio y conversión.

El Encanto

Un susurro en mi oído.
El aliento lame los cartílagos frágiles.
El calor se hace camino en las curvas.
¡Es aroma… exhalación… emanación… inspiración!
Mis ojos se cierran.
Las fosas nasales se dilatan al perfume de tu cuerpo.
Mi carne resucita.
La piel renace, estremeciéndose
Mi cuerpo se humedece.
¡Tu aliento inspira… espira… inspira… espira… Aspira!
¡Cual poder humectante!
¡Ángulo-Vida de Vida a Vida!
Y la Palabra se hace Carne…

El Canto

En un tiempo que parece e-terno, tú estás en mí. Yo estoy en ti. ¡In-sistimos, vivimos dentro, cual sublime experiencia espiritual! Tú eres mi paz.

Este es el tiempo de la paz. ¡Nuestras miradas se encuentran, cara a cara, de frente, entre iguales en el perfume de la tierra! Humanidad-’Adam.

La narración del desencanto

Llegó un tiempo triste en la huerta cultivada como un jardín. Un tiempo de hierros y de espadas. Tiempo de guerras y violencias. Un tiempo de reyes y señores. Un tiempo de desigualdad y de hambre. Ya no más rostro en el rostro, ni miradas que se encontraban y se reconocían. Fue el tiempo de la dominación y de la violación.

Tiempo del acumular y de la explotación. Se hirió a la naturaleza y se encarcelaron a los animales. Se violó al gran Útero de la Serpiente-Madre-Tierra. El color de la sangre ya no trajo más la vida: fue la señal de la espada y de la muerte.

La humanidad -’Adam, nacida de un horno de ladrillos maravillados y del sueño de la Madre Luna, enmudeció.

Mi oído está herido. Ya no puede ser abrazado más el útero de mi alma. Castraron tu oído y tu sexo es mudo.

El reencantamiento

Escucho la Voz interior.
El deseo, la memoria, el sueño
hacen latir fuerte el corazón de mi sexo.
Como la Madre Serpiente
el susurro lame los cartílagos frágiles.
Como tu sexo,
el calor del aliento
se hace camino, dulcemente, en las curvas de mi ser.
In-sisto, in-sistes,
allá, en lo profundo del ser,
para volver a ex-istir.
¡Es aroma… exhalación… emanación… inspiración!
Haciendo Amor con la Divinidad,
voy pariendo Divinidad…
¡La Palabra se hace Carne!

El recanto

Mis ojos se cierran, las fosas nasales se dilatan al perfume de tu soplo. Tu carne resucita, mi piel renace, estremeciéndose. Mi cuerpo se humedece. Tu aliento inspira, espira, inspira, espira… aspira… respira… ¡Cual poder humectante! ¡Ángulo-Vida de Vida la Vida! ¡El Espíritu es erótico: el Soplo se hace Carne!

La narración

Fue la Serpiente, conocedora de la Sabiduría y de la Humanidad, que hizo despertarse a la Humanidad.

El En-canto

Comí, me diste
desnuda, desnudo,
Comiste,
te di.
En el encaje
del profundizar divino.
Nuestros ojos se abren.
Desnudos,
desvendados de todos los velos,
desarmados los cuerpos,
desvestidos de violencias
y opresiones.
Adán,
hombre con perfume de tierra.
Eva,
Serpiente, madre de todos los vivientes.
Tu soplo en mi oído me hace Carne.

La narración-Epílogo

Y la vida volvió a ser Viva en la huerta/jardín, el placer volvió a ser Placer y el amor se hizo Amor.

Traducción: Lauren Fernández
E-mail: lauren@uio.satnet.net


Maria Soave Buscemi

“Teu sopro em meu ouvido me faz carne”

 

Prólogo-O conto:

De um forno de tijolos maravilhados tinham nascido. Do Útero da cor do Sangue da Terra tinham sido tirados. Do sonho da Mãe-Lua tinham surgido. Viviam no meio de uma grande roça cultivada como um jardim. Uma roça que dava colo e descanso e saciava a fome de comida e de beleza.

A Mãe-Terra, Pacha Mama, Abya Yala, Pindorama, Araucania fecunda, tinha soprado o cheiro da Vida das suas raízes profundas naqueles corpos da cor do tijolo.

O Encanto:

Um sussurro em meu ouvido.
O hálito lambe a cartilagem frágil.
O calor se faz estrada nas curvas.
É aroma... exalação... emanação... viração!
Meus olhos fecham
As narinas escancaram-se ao cheiro do teu sopro.
Minha carne ressuscita,
A pele renasce, estremecendo.
O meu corpo umedece.
Teu bafo inspira... espira... inspira... espira... Aspira!
Qual poder umectante!
Engra-Vida de Vida a Vida!
E a Palavra se faz Carne...

O canto:

Nossas peles cheiravam terra e a terra exalava o mesmo cheiro da gente. Nos olhamos e nos reconhecemos. Uma saudade imensa, uma tristeza e um desejo profundos, vindos ninguém sabe de onde, finalmente encontravam seu descanso e seu sentido, como um rio, que desce tortuoso, até o abraço manso do mar. No amplexo que cheirava pele e terra, no abraço que tinha o sabor do sol e do suor e no beijo com as cores de uma horta cultivada como um jardim, os nossos olhos se encontravam, mergulhavam e se perdiam... O respiro se fazia curto e o coração acelerava.

A tua boca na minha, as línguas entrelaçadas num jogo delicioso de encaixes, de tremores e humores, assim nossas bocas mais profundas...

O conto:

De um forno de tijolos maravilhados tinham nascido. Do Útero da linda cor do Sangue da Mãe-Terra-Água-Lua tinham surgido. Olharam-se e se reconheceram assim, pela primeira vez, no grande milagre dos olhos-nos-olhos, rostos-nos-rostos, terra-na-terra, ninguém dominando nem oprimindo, pele-na-pele, boca- na-boca, sexo-no-sexo...

O Encanto:

Um sussurro em meu ouvido.
O hálito lambe a cartilagem frágil.
O calor se faz estrada nas curvas.
É aroma... exalação... emanação... viração!
Meus olhos fecham
As narinas escancaram-se ao cheiro do teu sopro.
Minha carne ressuscita,
A pele renasce estremecendo.
O meu corpo umedece.
Teu bafo inspira... espira... inspira... espira... Aspira!
Qual poder umectante!
Engra-Vida de Vida a Vida!
E a Palavra se faz Carne...

O canto:

Cheirei tua carne. Lambeste minha pele. Inalamos com prazer nossos humores, o perfume da terra, cheiro antigo e vital.

Da raiz do solo e do sexo saiu o grito:
‘Adam!’ Adamah! Humanidade tirada do Útero cor de Sangue da Terra. Meu amado amante de argila molhada, nu, em lágrimas e suores de prazer.

Minha amada amante de argila molhada, nua, no respiro curto da “pequena morte”, do gozo que ressuscita a Vida.

O conto:

A Natureza era amiga desta Humanidade da cor da terra. Uma Árvore plantada no meio da horta/jardim produzia sombra, aconchego, proteção, sinalizando a presença de água cristalina e orvalho para refrescar os corpos-Corpo dos amantes.

As pequenas frutas doces como beijos de amor acordavam a saudade e o desejo... a visão e a sabedoria, a fundante e fundamental nudez.

O fruto ou a bebida “Soma”, doavam o conhecimento do bem e do mal, a capacidade de nua visão, asas de águia para ver a Vida com o coração da Divindade.

Nus! Assim era Vida, a Vida. Assim era Prazer, o Prazer. Assim era Amor, o Amor.

Era o tempo da partilha e da vida em abundância. Uma Serpente, amiga da humanidade, morava na Terra ao redor da Árvore.

Era a Mãe-Vida, a Serpente-Lua, conhecedora da Sabedoria e da Humanidade, em contínua mudança e conversão.

O Encanto:

Um sussurro em meu ouvido.
O hálito lambe a cartilagem frágil.
O calor se faz estrada nas curvas.
É aroma... exalação... emanação... viração!
Meus olhos fecham
As narinas escancaram-se ao cheiro do teu sopro.
Minha carne ressuscita,
A pele renasce estremecendo.
O meu corpo umedece.
Teu bafo inspira... espira... inspira... espira... Aspira!
Qual poder umectante!
Engra-Vida de Vida a Vida!
E a Palavra se faz Carne...

O canto:

Num tempo que parece e-terno, você está em mim. Estou eu em você. In-sistimos, vivemos dentro, qual sublime experiência espiritual! Você é minha paz.

Este é o tempo da paz. Nossos olhares se encontrando, rosto no rosto, de frente, entre iguais no cheiro de terra! Humanidade-’Adam.

O conto do desencanto:

Chegou um tempo triste na horta cultivada como um jardim. Um tempo de ferro e de espadas. Tempo de guerras e violências. Um tempo de reis e senhores. Um tempo de desigualdade e fome. Não mais rosto no rosto, nem olhares se encontrando e se reconhecendo. Foi o tempo da dominação e do estupro.

Tempo do acúmulo e da exploração. A natureza foi ferida e os animais encarcerados. O grande Útero da Serpente-Mãe-Terra foi violentado. A cor do sangue não trouxe mais vida: foi sinal da espada e da morte.

A humanidade –’Adam, nascida de um forno de tijolos maravilhados e do sonho da Mãe Lua, emudeceu.

Está ferido o meu ouvido. É atrésico, não pode mais ser abraçado o útero de minha alma. Castraram o teu ouvido e o teu sexo é mudo.

O Reencanto:

Escuto a Voz interior.
O desejo, a memória, o sonho
Fazem o coração do meu sexo bater forte.
Como a Mãe Serpente
O sussurro lambe a cartilagem frágil.
Como o teu sexo
O calor do hálito
Se faz estrada, docemente, nas curvas do meu ser.
In-sisto, in-sistes,
Lá, no profundo do ser,
Para voltar a ex-sistir.
É aroma... exalação... emanação... viração!
Fazendo Amor com a Divindade
Vou parindo Divindade...
A Palavra se faz Carne!

O Recanto:

Meus olhos fecham, as narinas escancaram-se ao cheiro do teu sopro. A tua carne ressuscita, minha pele renasce, estremecendo. O meu corpo umedece. Teu bafo inspira, espira, inspira, espira... aspira... respira... Qual poder umectante! Engra-Vida de Vida a Vida! É erótico o Espírito: o Sopro se faz Carne!

O conto:

Foi a Serpente, conhecedora da Sabedoria e da Humildade, que fez Humanidade a acordar.

O En-canto:

Comi, me deste.
nua, nu,
Comeste,
te dei.
No encaixe
Do profundamente divino.
Nossos olhos se abrem.
Nus,
Desvendados de todos os véus,
Desarmados os corpos,
Despidos de violências
E opressões.
Adão,
Homem com cheiro de terra
Eva,
Serpente, mãe de todos os viventes.
O teu Sopro em meu ouvido me fez Carne.

O conto-Epílogo:

E a vida voltou a ser Viva na horta/jardim, o prazer voltou a ser Prazer e amor se fez Amor.

 

Bibliografia

OWEN, Lara, Seu sangue é ouro, Rio de Janeiro: Ed. Rosa dos Tempos, 1994

EISLER, Riane, O cálice e a espada, Rio de Jaeniro: Ed. Imago, 1989

EISLER, Riane, Il piacere é sacro, Varese: Frassinellis, 1998

LORDE, Louis, “Lo erótico como poder”, en RESS, Mary Judith, SEIBERT, Ute e SJ?RUP, Lene (editoras), Del cielo a la tierra: Una antología de la teología feminista, Santiago: Sello Azul, 1997

BUSCEMI, Maria Soave, “De luas, cobras, mulheres e tamareiras”, em Estudos Bíblicos, nº 67 (“Relações Re-criadas na Bíblia”), Petrópolis/São Leopoldo, Vozes/Sinodal, 2000

Maria Soave Buscemi
Caixa postal 20
Lages – SC
88.502-970
Brasil

 

1 Ante la dificultad de traducir la riqueza contenida en esta poesía de María Soave Buscemi, RECU ha decidido publicar el texto original en portugués y ofrecerles un intento de traducción al español de alguien que no es poeta.

 

 
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