Ollas, lentejas y queso...
Brindando esperanza a los desplazados por la violencia
2 Samuel 15-17
Alicia Winters
Resumen
Este estudio del relato de la rebelión de Absalón examina la situación de David como una persona internamente desplazada que huyó la violencia, notando semejanzas y diferencias con la situación de los desplazados en América Latina hoy y destacando las maneras en que acciones sencillas de ayuda humanitaria y organización comunitaria brindaron esperanza a David y su comitiva y pueden brindar esperanza a los desplazados hoy día en medio del terror, la pobreza, y la desesperación.
Abstract
This study of the story of Absalom’s rebellion examines the situation of David as an internally displaced person (IDP) who fled from violence, noting similarities and differencies in the situation of internally displaced persons in Latin America today and pointing out the ways in which simple acts of humanitarian aid and community organization gave hope to David and those who fled with him and can offer hope to the IDPs of today in the midst of terror, poverty and desperation.
El fenómeno del desplazamiento interno en América Latina
A David lo vemos en muchos diferentes papeles en los libros de 1 y 2 Samuel: pastor de ovejas, músico, joven guerrero, mujeriego, líder de la oposición política, rey y pecador arrepentido. Pero muchas veces pasamos por alto el cuadro que se pinta de David durante la rebelión de Absalón. Este es un David que se ve obligado a desplazarse para huir de la violencia.
Se trata de una rebelión armada contra el gobierno de David. La conspiración se preparaba durante varios años, involucrando altos funcionarios del gobierno de David, y el que fomentó la sublevación fue el propio hijo del rey. Sin embargo, parece que David y sus oficiales desconocían la situación de creciente inconformidad entre sus súbditos hasta el día del golpe de estado, cuando Absalón entró en la ciudad capital en medio de una gran manifestación popular. Cuando le llegó el aviso a David, su respuesta en 2 Samuel 15,14 apunta varios elementos del fenómeno del desplazamiento:
Vámonos de aquí. Los internamente desplazados son los que han sido forzados a abandonar sus hogares o lugares de residencia buscando refugio, pero permanecen dentro del mismo estado. El término "refugiados" se reserva como término técnico para aquellos cuya huida les lleva a cruzar fronteras internacionales.
Tenemos que huir o no podremos escapar de Absalón. Las causas principales del desplazamiento interno son la violencia, el conflicto armado y la violación de derechos humanos. Las amenazas, la intimidación y el terror obligan a individuos, familias y comunidades enteras a huir en busca de seguridad y protección.
(Vamos! Démonos prisa, no sea que nos alcance y nos cause mucho daño... La huida es repentina o inesperada. Si tienen suerte los desplazados logran llevar algunas posesiones y toda su familia les acompaña. Muchos tienen que dejar sus hogares, sus fincas, todas sus posesiones y no llevan ni siquiera una muda de ropa.
...y mate a filo de espada a toda la ciudad. Las amenazas de las que huyen los desplazados muchas veces afectan a toda una comunidad. A veces el desplazamiento es precipitado por una masacre masiva; en otras ocasiones literalmente miles de personas tienen que abandonar su pueblo, aldea o caserío por la amenaza de violencia contra la población.
Sin embargo, es evidente que hay diferencias entre el desplazamiento de David y los desplazamientos que se dan en América Latina.
Pobres, rurales, indígenas. En América Latina los internamente desplazados no suelen ser reyes ni altos funcionarios del gobierno como la comitiva que siguió a David (15,14-16). Es cierto que miembros de la clase alta y media-alta pueden recibir amenazas, pero muchos de estos tienen la opción de salir del país. Tampoco se trata de minorías étnicas que buscan independencia, el caso de muchos desplazados de Europa, Asia y África. Un estudio reciente señala que los desplazados por la violencia en las Américas son de la mayoría pobre y rural e incluye gran parte de la población indígena y negra, y añade que, dadas las grandes diferencias entre terratenientes ricos y pobres en muchos países latinoamericanos, y la discriminación histórica contra personas de ascendencia indígena y africana, no es sorprendente que los más marginados son afectados desproporcionalmente por el conflicto y el desplazamiento
Mujeres y niños. La única mención de mujeres en el caso del desplazamiento de David son las 10 mujeres que él dejó en la ciudad para cuidar del palacio (15,16). Pero en América Latina la situación es el revés. La gran mayoría de los desplazados son mujeres y niños. Los maridos están muertos o desaparecidos, y los hijos han tenido que entrar en el ejército o uno de los grupos alzados en armas. Muchas veces sin educación y analfabetas, estas viudas o madres solteras ahora tienen que sostener sus familias.
En efecto, sabemos que había mujeres en el grupo que acompañó a David: se dice que toda la corte salió con él (menos las diez concubinas) y este grupo incluiría sus esposas e hijas y, sin duda, las esposas e hijas de sus oficiales. De hecho, en el caso de un tal Itai, el texto dice específicamente que "pasó Itay de Gat con todos sus hombres y todos sus niños" (15,22). Difícilmente se encargaban los hombres del cuidado de estos niños, sus madres habrán formado parte del grupo; se trata de otro caso de la invisibilidad de la mujer en los escritos que proceden de la mentalidad y la cultura patriarcal. Reconociendo que las mujeres tendrían que estar, varias versiones modernas traducen el hebreo taf como "familia" o "gente" en vez del colectivo "niños".
Indocumentados. David no tenía necesidad de documentos para demostrar su identidad. No solamente era conocido en todas partes, sino que el desplazamiento de toda la corte real era un acontecimiento importante y la voz corría rápidamente. A lo largo del camino la gente salía a su encuentro, unos para brindar ayuda y otros para tirar piedras, pero nadie le pedía papeles o exigía saber quién era. En los países de América Latina la cédula de ciudadanía y otros documentos de identidad son imprescindibles, pero muchos desplazados no tienen documentos. A veces se les pierden en la huida; a veces no hubo tiempo para buscarlos; a veces nunca los tenían. Y pueden sentirse reacios a solicitar documentos para no llamar atención a sí mismos o porque les desaniman los requisitos burocráticos. Pero sin documentos, los desplazados pueden ejercer muy pocos de sus derechos y muchas veces no pueden recibir servicios básicos que les hacen falta.
La vulnerabilidad de los desplazados
David subió la cuesta de los Olivos; iba descalzo y llorando y con la cabeza cubierta en señal de dolor... También los que lo acompañaban llevaban cubierta la cabeza y subieron llorando (15,30). Esta parte del relato parece ser una adaptación litúrgica. La referencia a los pies descalzos y la cabeza cubierta señala un acto ritual de penitencia, pero es poco probable que David y su comitiva haya tomado tiempo para actos de penitencia y celebraciones cúlticas antes de llegar a un lugar seguro. Por otra parte, muchos son los desplazados que dan testimonio de la importancia de su fe en medio de una situación desesperante: una pareja que salió de su hogar para caminar tres días en la selva cargando a sus hijos pequeños comentó después, "No habríamos podido llegar si no fuera porque Dios estaba con nosotros y nos ayudó".
[Y Simei] salía maldiciendo y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David ... diciendo, B(Largo de aquí! (Asesino! (Canalla! El Señor te ha castigado por todos los crímenes que cometiste contra la familia de Saul para reinar en su lugar (16,5-8). Al salir de Jerusalén buscando paz y seguridad, David encontró hostigamiento en el camino. La rebelión de Absalón aparentemente se basaba en resentimientos personales, pero no representaba un cambio a fondo, puesto que Absalón era el príncipe heredero y podía esperar subir el trono después de su padre. Lo que hizo fue más bien anticipar los acontecimientos.
Pero sí había profundas divisiones en el país, las cuales más tarde llevarían a la división definitiva entre el norte y el sur. Estos se perciben en las acciones de Simei. Queda claro que buena parte de la población consideraba que un descendiente de Saúl había de ser el legítimo gobernante de Israel. Efectivamente, habían muerto todos los descendientes directos de Saúl, muchos de ellos a manos de David o sus seguidores. Si bien David lograba justificar estos muertes, o distanciarse de ellas, este incidente deja claro que no había logrado convencer a todos de su inocencia.
Este incidente refleja la realidad de los desplazados hoy día en América Latina en dos sentidos. En primer lugar, los campesinos e indígenas pobres que huyen, principalmente a los centros urbanos, tienen que enfrentar intensa discriminación una vez que llegan. Muchos son hostigados por las autoridades, que les echan la culpa del aumento en delincuencia y desempleo en sus ciudades y los tildan de prostitutas y ladrones. Muchos asentamientos de desplazados carecen de servicios básicos tales como agua, alcantarillado, y luz. Son rechazados para el trabajo si se descubre que son desplazados y los niños no son bien recibidos en las escuelas, si es que hay cupo para ellos. Las mujeres de comunidades de indígenas y negros no solamente afrontan discriminación de clase y de raza, sino inequidades de género. Se ven obligadas a trabajar largas horas en servicio doméstico con pocas prestaciones sociales, sueldo bajo, y el peligro de abuso sexual.
Pero además de su marginación, los desplazados también caen bajo sospechas políticas. Simei en seguida interpretó el desplazamiento de David como resultado de actividades infames en contra del gobierno legítimo de Saúl. En algunos países de América Latina el hecho de haber huido puede tomarse como indicio de vínculos con uno u otro de los actores en el conflicto, de modo que los desplazados tampoco se sienten seguros en el lugar de asilo. Esto es especialmente el caso para líderes comunitarios, defensores de derechos humanos, y otros personas que tengan influencia en la opinión pública, tales como profesores, líderes de movimientos campesinos, etc.
Cuando el rey y la gente que le acompañaba llegaron al río Jordán, iban muy cansados, y descansaron allí (16,14). David y su grupo están cada vez más cansados, y cuando llegan al río Jordán (según el texto griego; el hebreo no especifica el lugar) se sienten lo suficientemente seguros como para permitirse descansar. Habrán formado algún tipo de campamento. Han recibido algo de provisiones en el camino (16,1-2), pero nada como lo que habrían tenido en casa y probablemente lo que recibieron iba al rey y sus más allegados. El resto de la compañía estaría aguantando bastante hambre.
Así viven muchos de los desplazados hoy día, aguantando hambre y habitando tugurios infrahumanos construido de materiales que se rebuscan en la basura o hacen sus necesidades en el mismo arroyo donde lavan la ropa y sacan el agua que usan para tomar y para cocinar. Los niños no van a la escuela y juegan todo el día en el barro. Sus padres y madres no tienen empleo: sin capacitación, sin oportunidades, afrontando discriminación, prejuicios y sospechas, )cómo conseguir trabajo? Hay hambre, porque sin trabajo )cómo conseguir comida? Con desnutrición, falta de higiene, vestido y techo inadecuado, más la ausencia de todo tipo de servicio de salud, las enfermedades abundan. La vida en un asentamiento de desplazados puede ser casi insoportable.
Brindando esperanza en medio de la pobreza y el terror
A. Ayuda humanitaria - Es frente a esta última realidad que se percibe la grandeza del gesto narrado en 17,27-29: Absalón no persiguió a David inicialmente, gracias a las maquinaciones de un consejero de David que logró meterse en el gabinete de Absalón. Sin embargo, después de su demora inicial Absalón pudo seguir las huellas de David y éste tuvo que levantar el campamento que había establecido a orillas del Jordán. Continuó su huida al otro lado del Jordán:
Cuando David llegó a Mahanaim, salieron a recibirlo Sobi, hijo de Nahas, que era de Rabá de Amón; maquir, hijo de Amiel, que era de Lodebar; y Barzilai, que era de Rogelim de Galaad. Y le llevaron camas, vasijas y ollas de barro, y también trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, miel, cuajada y queso de vaca y de oveja, para que comiera David y la gente que lo acompañaba; pues pensaron que, viniendo del desierto, estarían cansados, hambrientos y sedientos (17,28-29).
Sin hogar, indefensos, habiendo caminado toda la noche, el recibimiento en Mahanaim había de alegrar el corazón de David. Era aún más significativo porque esta ciudad del norte había sido la sed del gobierno de Ishbaal, hijo de Saúl (2,8). Esta, entonces, sería una parte de Israel que contaba con muchos que habían apoyado a la casa de Saúl. Pero, a diferencia de Simei, fueron capaces de poner al lado sus diferencias políticas cuando veían a David sucio, descalzo y fatigado. Por ejemplo, allí estaba Maquir, hijo de Amiel, que era de Lodebar. Este es el que cuidó de Mefiboset, hijo de Jonatán y nieto de Saúl, hasta que David se interesó por él y lo llevó al palacio (9,4). Tal vez Maquir se sentía agradecido porque Mefiboset estaba bajo el cuidado de David. Pero, entonces, no estaba enterado del incidente relatado en 16,1-4 entre David y Siba, antiguo siervo de Mefiboset, cuando David venía en camino a Mahanaim. Siba también brindó alimentos y animales de carga, pero hay confusión sobre sus motivos, y más tarde el propio Mefiboset niega que hubiera apoyado a Absalón.
También es interesante la presencia de una delegación internacional. Sobi era hijo de Nahas, el rey de los amonitas. El capítulo 10 de 2 Samuel relata las penosas relaciones que hubo en el pasado entre David y los amonitas. Hanún, otro hijo de Nahas, subió al trono cuando éste falleció, y David mandó una delegación oficial para darle el pésame por la muerte de su padre. Pero la delegación fue recibida con sospechas y trato humillante, provocando guerra entre los dos pueblos. Sin embargo, aquí está Sobi participando en el proyecto de ayuda a David y los demás desplazados que lo acompañan.
En vez de odio y discriminación, David en Mahanaim encuentra comprensión y ayuda. El autor del pasaje enfatiza que las provisiones que llevaron a David no fueron improvisadas, sino que el comité de ayuda a los desplazados pensó primero en la situación de ellos y trató de suministrar lo que más hacía falta. Las camas pudieron ser especialmente importante; muchos desplazados latinoamericanos se encuentran durmiendo en el piso o en el suelo porque no hay camas ni colchones donde al fin logran alojamiento. Las provisiones también incluían una diversidad de alimentos, y las ollas necesarias para prepararlos.
Estos aportes responden a las necesidades de los desplazados en varios niveles. En primer lugar, la necesidad física que se destaca en el texto: estarán cansados, hambrientos y sedientos. En medio de conflictos mortales, y al parecer interminables, las necesidades de los desplazados son urgentes y enormes. Inevitablemente, los recursos pueden no ser suficientes para cubrir todas las necesidades. Planeación, priorización, desarrollo de estrategias y movilización de la comunidad local, como en Mahanaim, son esenciales para que la ayuda humanitaria tenga su máxima eficacia y sea instrumento de paz y esperanza.. Como en el caso de David, una presencia internacional puede ser importante. "Queremos que vean que ustedes han venido a escucharnos, que se interesan por nosotros. Así nos tomarán en serio y nos tratarán mejor", dice la representante de un asentamiento de desplazados bregando a establecer una vida normal para las familias de su comunidad.
B. Organización comunitaria - Aún más importante se trata de restaurar la dignidad humana de los desplazados. Estas personas viven una existencia muy precaria y agradecen a cualquiera que presta atención a su situación. Pero vivir en dependencia es degradante y deshumanizante. La ayuda humanitaria no elimina la necesidad de esfuerzos más amplios para promover la causa de paz, seguridad y estabilidad. Así que asociaciones en las que los desplazados se organizan para ayudar su propia situación abren nuevas esperanzas de cambio.
David, desde luego, era un experto en la organización de grupos y tenía mucha experiencia. Durante todo el camino de su huida estaba organizando las personas que le seguían para aprovechar sus talentos y capacidades en favor de su situación. A los sacerdotes Sadoc y Abiatar les pidió que volvieran. su presencia en Jerusalén no sólo daría estabilidad a la ciudad en medio de la turbulencia, sino que sus dos hijos podrían servir de mensajeros para mantenerle informado respecto a la situación actual. A Husai, un consejero apreciado, le asignó una tarea específica: deshacer los planes de Ahitofel, su más respetado consejero (y abuelo de su esposa Betsabé, 11,4 y 23,34).
En varios países de América Latina organizaciones de desplazados han logrado reconocimiento civil y han buscado la ayuda de ONG's y grupos religiosos para obtener asistencia humanitaria, intervención para recuperación o distribución de tierras y otros servicios. Han montado manifestaciones para llamar atención a sus dificultades, protestar incumplimiento de promesas gubernamentales, pedir protección contra grupos armados y negociar retorno a sus lugares de origen o asentamiento en centros urbanos.
Estas organizaciones a veces son dominadas por hombres, de modo que las mujeres en algunos lugares han empezado a formar sus propias organizaciones para desarrollar conciencia de sus derechos y enfocar sus necesidades. Muchas de estas mujeres no habían participado en la vida pública de su comunidad antes de desplazarse, de modo que las organizaciones de desplazados y de desplazadas no solamente son vehículos para satisfacer sus necesidades sino instrumentos de empoderamiento para las mujeres de la comunidad.
Aunque el texto de este relato tiende a invisibilizar las mujeres, es interesante que el autor no puede omitir mención de mujeres en varias etapas (si bien las deja anónimas) de la realización de los planes urdidos por David. "Una criada" da aviso a los muchachos Jonatán y Ahimaas, hijos de los dos sacerdotes que han de servir de mensajeros para David (17,17). Huyen pero se dan cuenta que seguidores de Absalón les persiguen y llegan a la casa de "un hombre de Bahurim". Pero es la esposa de ese hombre que les esconde en un pozo detrás de la casa y hábilmente desvía la atención de los perseguidores con una media verdad (17,18-20).
Cuando en un texto patriarcal como este, que suele pasar por alto la participación de las mujeres, se rompe el silencio para hacer referencia a ellas, podemos tener la seguridad de que se trata de una fuerza notable que no puede ser ignorada. De la misma manera hoy día las organizaciones de desplazados se benefician de la participación de las mujeres cada vez más y, a la vez, abren nuevas esperanzas para estas mismas mujeres al proporcionarles oportunidades para desarrollar su identidad, autoestima y dones de liderazgo. Aún más esperanza se podría ofrecer proporcionando a los funcionarios de las ONGs y del gobierno una capacitación adecuada en asuntos de género para el trabajo con los y las desplazados. Esta capacitación debe ir acompañada de vigilancia y documentación de la situación de las mujeres y niños-niñas desplazados a fin de desarrollar las necesarias estrategias.
También hay que destacar la participación de niños y adolescentes en el conflicto. No sabemos la edad de Jonatán y Ahimaas, pero sí sabemos que hoy día en muchas partes de América Latina niños, niñas y jóvenes se ven involucrados, desde una participación secundaria como la de estos muchachos, hasta militancia de grupos alzado en armas. La creciente preocupación internacional sobre esta situación y medidas tomadas por los diversos grupos en conflicto para control la participación de menores de edad es otra área de esperanza que pide ampliarse cada vez más.
Esperanza frente al terror, la pérdida, la pobreza
El desplazamiento forzado es una realidad en muchos de nuestros países. Millones de hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas se encuentran entre dos fuegos, víctimas del terror, la violencia, la pobreza y la discriminación. ?Qué esperanza les podemos brindar?
Muchas de sus necesidades sólo se solucionarán mediante negociaciones del más alto nivel para corregir problemas de gobernación y judicatura, exclusión de indígenas, negros y otros grupos empobrecidos de la vida política y económica, distribución inequitativa de tierras y, en algunos casos, una cultura de violencia.
Pero está dentro del poder de cada latinoamericano y cada latinoamericana en los países donde se da el fenómeno del desplazamiento forzado dar pasos en la vida cotidiana que les abren esperanzas para el futuro,
• Anticipando las necesidades básicas de los desplazados y proporcionándoles ayuda humanitaria
• Recibiéndolos sin prejuicios ni discriminaciones a fin de afirmar su dignidad humana y su autoestima como personas de valor
• Animando y acompañando la organización de los desplazados para retomar control de sus vidas y defender sus derechos
• Promoviendo sensibilidad a los problemas de género de parte de los que trabajan con comunidades de desplazados y desplazadas.
Protestando la incorporación de niños, niñas y adolescentes en los conflictos armados
Finalmente, como dicen muchos desplazados y desplazados, "No habría podido hacerlo si Dios no hubiera estado conmigo", debemos reconocer un compromiso con los desplazados como fruto de nuestra fe en Dios para que cada quien tenga la oportunidad de vivir la vida abundantemente, tal como Dios quiso cuando nos creó en su imagen y semejanza. Huyendo de su hogar, traicionado por su propio hijo, temiendo que estallara un conflicto armado de gran envergadura, y sufriendo maldiciones y ataques por enemigos en el camino, David manifiesta la esperanza que queremos para cada persona que haya sufrido el desplazamiento forzado cuando dice,
Quizá cuando el Señor vea mi aflicción, me envíe bendiciones en lugar de las maldiciones que hoy escucho.
Alicia Winters
Apartado Aéreo 6078
Barranquilla
Colombia
Cohen, Roberta y Gimena Sánchez Garzoli, El desplazamiento interno en las Américas: Algunas características distintivas, IIHR/UNHCR ,2001.
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