Sembrar... para la fiesta que viene después
Pedro Lima Vasconcellos
Resumen
El artículo aborda la parábola del sembrador en la versión anterior a aquella consagrada por los evangelios sinópticos, que hace de ella una alegoría sobre las diversas recepciones de la Palabra por los grupos y comunidades seguidoras de Jesús. Se recupera aquí la originalidad del género “parábola”, y se busca rescatar la articulación de la predicación de Jesús de Nazaret con las condiciones de vida y de trabajo de la gente campesina de su tiempo. Se propone, con eso, percibir en la parábola la propuesta de construcción de pequeñas alternativas y posibilidades de realización de la dignidad y de la vida, forjadoras de un futuro transformado y promisorio.
Abstract
The article is about the parable of the sower in na anterior version to that which was consecrated by the synoptic gospers and which turned it into na allegory as to different ways of receiving the word by groups and communities made of followers of Jesus. The article re- introduces the original genre of "parable" and tries to recapture the connection between Jesus of Nazare´s discourse and the real conditions of work in the life of the small farmers of his time. The article proposes in this way, to perceive in the parable a project for constructing small alternatives, and possibilities for building up a sense of dignity and "aliveness" - new pathways so necessary for a transformed and promising future.
Introducción
En este fin/pasaje de milenio, somos sacudidos, los seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret y todos aquellos que piensan en un mundo diferente, por la llamada crisis de las utopías y por la ausencia de proyectos viables de transformación de la sociedad en que vivimos. El neoliberalismo aparece con un aliento gigante, destruyendo vidas humanas y trabajos, faunas, floras y aires, legitimando corrupciones de todo tipo y condenando a gran parte de la humanidad al abandono, junto con todo el planeta. En este escenario realmente trágico, al cual la contribución histórica del cristianismo institucional no puede ser escamoteada, queda la pregunta, en verdad doble: ¿es posible aún pensar utopías, por pequeñas que sean? ¿O estamos condenados a no poder soñar más? ¿Y es posible buscar inspiraciones en las fuentes que engendraron el cristianismo? ¿O será que éste está condenado a tener como expresiones apenas aquellas emanadas de las instituciones e iglesias, las cuales las más de las veces solo están preocupadas por su propia reproducción y perennidad, sin contar que proporcionaron (y todavía lo hacen) sustento ideológico y teológico a ésta y tantas otras tareas destructivas?
Pensamos, en este sentido, que un retorno a las parábolas de Jesús puede ser alentador. Proponemos aquí un ejercicio sobre una parábola específica, la llamada “del sembrador” (cuya primera versión escrita se encuentre tal vez en Marcos 4,3-8), en que se armonicen los procedimientos exegéticos que nos permitan acceder al sentido posiblemente querido por el maestro de Nazaret y las preocupaciones que hoy tenemos ante el escenario que presentamos arriba, en busca de alternativas, a fin de poder respirar. Estimamos que en las parábolas de Jesús hay verdaderos tesoros escondidos, encubiertos por la forma convencional en que han sido leídas en estos veinte siglos. Su carácter inusitado, provocador, bajo una capa de aparente ingenuidad, ¿será capaz de desafiar a lectores y lectoras que viven en un mundo que da prioridad a los datos exactos, precisos, técnicos, que somete a sus intereses la imaginación y que condena lo episódico, o sea la vida real, a la fosa común? ¿De qué valdrá contar la historia de alguien que parece lanzar su semilla aleatoriamente, tan distante de los valores establecidos, como el no desperdicio, la disminución de costos y el planeamiento de actividades?
Con estas inquietudes nos aproximamos, entonces, a este sembrador anónimo, que por el hecho de haber sido transformado en historia por un andariego maestro galileo, fue alzado a la gloria y convertido en señal, pero que las generaciones siguientes pronto consiguieron ocultar, aun habiendo leído de forma ininterrumpida su saga.
1. Perspectivas exegéticas
Este artículo no es propiamente exegético, aunque se extienda inicialmente en algunas consideraciones de este tipo, básicamente dos, para justificar el abordaje que haremos de la llamada “parábola del sembrador”.
En primer lugar, debe ser resaltado el hecho de que ya hace buen tiempo se viene afirmando la independencia de las parábolas frente al contexto literario en que se hallan insertas en los diversos evangelios. Son palabras de Joachim Jeremias:
A la investigación de la historia de las formas (Formgeschichte) debemos el reconocimiento de que el encuadramiento de la historia de Jesús es ampliamente secundario, lo que vale también para el encuadramiento de las parábolas. La mayor parte de las imágenes fue transmitida por la tradición con más fidelidad que la introducción, la interpretación y el encuadramiento más amplio .
Esto significa, en lo que toca a la parábola del sembrador y su comprensión en el contexto del ministerio de Jesús de Nazaret, que debe ser descartada la contextualización que a ella le fue dada por Marcos, y después y a partir de él por Mateo y Lucas. No debemos considerar, para nuestros propósitos, inclusive el carácter paradigmático que Marcos confiere a la interpretación de esta parábola, iluminadora de la comprensión de las demás parábolas . Y, en consecuencia, la explicación alegórica de la parábola, que asocia el trabajo campesino con el dinamismo de la Palabra y su diversificada recepción, debe asimismo ser considerada secundaria, posiblemente de responsabilidad redaccional . Este procedimiento se ve legitimado por el hecho que el evangelio según Tomás, descubierto en tiempos recientes en Nag Hammadi, trae en su párrafo 9 la parábola sin la correspondiente explicación alegórica. Tal evangelio, que la investigación más libre de los preconceptos canónicos reconoce, lo mismo que tantos otros textos apócrifos, como testimonio calificado de procesos de la tradición relativos a memorias de Jesús dentro del multifacético cristianismo naciente , confirman el carácter originariamente parabólico de la trama concerniente al sembrador. Esto es, permite percibirla libre de la alegoría que el texto de Marcos trae como su interpretación. Al mismo tiempo, conserva con bastante fidelidad el tenor fundamental de la narrativa, como podremos ver más adelante.
La otra observación se refiere al género literario de nuestro texto. Si no cabe leerlo originalmente como alegoría, lo que solo va a ser sugerido con lo que sigue al nudo parabólico, ¿cómo interpretarlo? Uwe Wegner, resumiendo la tipología de Bultmann respecto a los géneros literarios encontrados en la tradición sinóptica, lo inserta en el ámbito de las narrativas parabólicas que,
...al contrario de las parábolas propiamente dichas, no narran situaciones o hechos típicos y regulares, sino únicamente casos peculiares interesantes. Ellas no contienen fórmulas introductorias ni términos de comparación. Por eso no expresan con que deber ser comparada la narrativa, y sí presentan el contenido a ser comparado de manera directa en forma de narrativa. Ellas también poseen un punto central de comparación, sin embargo no identifican cuál es ese punto. Es necesario que el oyente y el lector lo descubran por sí mismos .
El problema de esta propuesta hermenéutica, es en verdad doble: induce al mismo tiempo a que no se considere el conjunto de la trama parabólica y a que se busque establecer un punto de comparación, por lo cual la parábola, arbitrariamente, estaría vinculada a otra realidad. Si el establecimiento de un punto único de comparación sería el medio capaz de hacer distinta la parábola de la alegoría, está hecha de innumerables puntos de comparación. Nos parece que la distinción se encuentra en otro lugar: la alegoría es hecha en realidad por un proceso de fragmentación de un texto o imagen, mientras la parábola exige el abordaje de éstos en su conjunto, formando una totalidad, derivando de ahí la posibilidad de la comprensión de su contenido .
Partiendo de esas premisas, desarrollamos otros aspectos que intervendrán en nuestro acercamiento a la parábola del sembrador. Lo que caracteriza la parábola es su plausibilidad dentro de la lógica de la vida, a la vez que es portadora de un contenido sorprendente, no porque sea absurdo, sino porque rompe con los patrones normales. El carácter de realismo de la parábola es uno de sus aspectos fundamentales. Y, consecuentemente, el siguiente dato: la parábola, la fábula y otros géneros semejantes, a diferencia de la alegoría, tienen “carácter autónomo. Son historias que hablan desde sí y por sí mismas”. Más aún:
Es la red de relaciones internas de los distintos elementos, son el curso, la secuencia escénica y el movimiento de la acción los que llaman nuestra atención, sin necesidad de una referencia situada fuera del relato .
No obstante, al mismo tiempo que la parábola surge de la realidad se separa de ella. Como dice Harnich respecto de un texto moderno que él considera parabólico, “el relato, de apariencia cotidiana, revela un fondo que cuestiona esta realidad cotidiana y que parece incluso eliminarla”. En la parábola hay un algo de impensado, de irrupción, de novedad, de escándalo:
Partiendo de la cotidianidad, y en el marco de lo real, el relato se presenta guiado por la intención de extrañar la realidad cotidiana .
Quizás haya que cuestionar la siguiente esquematización de John D. Crossan, sin embargo, para nuestros propósitos ella es sugestiva:
El mito establece el mundo. La apología defiende el mundo. La acción investiga el mundo. La sátira ataca el mundo. La parábola subvierte el mundo .
¿Cómo la parábola subvierte el mundo? Cabe notar que las imágenes utilizadas en las parábolas son recogidas de la vida cotidiana de las personas de la época, de modo particular de la realidad del trabajo y de la casa familiar. Es de ahí que surge la parábola para realizar su tarea subversiva. Por eso es absolutamente indispensable tomar en serio la materialidad de las imágenes recogidas por determinada parábola. ¡Es en el ser concreto de ellas que radica la potencialidad de la trama parabólica! Werner Kelber considera que una de las características más marcantes de las parábolas es “su poder de describir la vida cotidiana”, presentando de forma viva “el mundo predominantemente rural de los que hablan y de los que oyen”. Ellas expresan “experiencias recogidas de la sociedad campesina galilea” .
Se justifica, por tanto, que antes que busquemos el significado de cada parábola, nos preguntemos por las razones de que éstos y no otros elementos significantes hayan sido escogidos para la elaboración de cada una de las parábolas, así como que nos interroguemos respecto de las alusiones concretas hechas por estas imágenes recogidas. Tal investigación no debe ser vista como el resultado de una mera búsqueda de ilustración, sino que es indispensable para la propia comprensión de las parábolas. Ella se hace todavía más necesaria cuando se toman en cuenta algunos puntos arriba mencionados, es decir, que el contexto preciso que dio origen a cada una de las parábolas está perdido de manera irremediable, además del hecho que el contexto redaccional en que cada una de ellas se halla en los evangelios es manifiestamente secundario. Y si fue justo esta pérdida del contexto la que permitió que ellas se volvieran oscuras y, a partir de ahí, susceptibles de alegorización, la búsqueda del contexto histórico y material de las parábolas y sus imágenes se revela indispensable para su interpretación, inclusive para que la distinción de ellas por lo que toca a la alegoría quede en esto más clara . Luego, el contexto fundamental al cual la parábola se vincula es el sugerido por su propia trama.
Y, si es cierto lo que dijimos arriba, la parábola no reproduce simplemente lo real, sino que sobresale de él. En este trascender la realidad para transformarla se encuentra su objetivo. Ella se entiende como reacción y respuesta a la situación real, lo que proviene justamente del encadenamiento progresivo de la narrativa parabólica.
Establecido esto, cabe entonces renunciar de una vez a las interpretaciones de la parábola que la convierten en una “alegoría virtual”, para usar la feliz expresión de Jane E. y Raymond R. Newell . Decir que la parábola del sembrador quiere apuntar hacia la esperanza de Jesús en el éxito de su propia misión, aun frente a tanta oposición, o hacia expectativas de cuño escatológico, solamente es posible cuando se tiene, aunque sin percibirlo, el contenido alegórico como presupuesto, lo mismo que el encuadramiento dado por Marcos a su parábola ya alegorizada . Y si en otros textos de la tradición el sembrar y la semilla adquieren significado metafórico , en primer lugar eso no significa que este significado debe ser presupuesto en todos los lugares; además de eso, los textos en que tal significado aparece lo indican, al menos de forma implícita y/o por alusión .
En consecuencia, leer la parábola en cuanto parábola y no como texto necesariamente sujeto al proceso posterior de alegorización (lo que la versión de Tomás exige ) nos remitirá, si se toman en serio los principios arriba indicados, y si se lee el texto tal cual él se presenta a nuestra primera mirada, hacia el universo campesino, hacia su lucha cotidiana y los embates ahí originados.
2. Versiones de una misma trama
Hechas estas observaciones, podemos proceder entonces a las consideraciones sobre el texto de la parábola. Cabe comenzar mencionando las aproximaciones entre las narrativas de Marcos y de Tomás. Podemos reconocer que entre ellas las diferencias son de relevancia menor. Veamos:
Marcos 4,3-8
Escuchad: he aquí que un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó a la orilla del camino, y vinieron las aves y la comieron. Otra parte cayó en suelo pedregoso y, no habiendo bastante tierra, nació en seguida, porque no había tierra profunda, pero, al salir el sol, se quemó luego y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre los espinos; los espinos crecieron y la sofocaron, y no dio fruto. Otras cayeron en tierra buena y daban fruto, creciendo y desarrollándose, y una produjo treinta, otra sesenta y otra ciento. |
Tomás # 9
Vean, el sembrador salió, tomó un puñado [de semillas] y las esparció. Algunas cayeron en el camino, y los pájaros vinieron y las tomaron. Otras cayeron en la roca y no echaron raíz en el suelo y no produjeron brotes de grano. Otras cayeron en espinos y éstos sofocaron las semillas y las lombrices las devoraron. Y otras cayeron en suelo bueno, y él produjo una buena cosecha: rindió sesenta por medida y ciento veinte por medida. |
No es difícil notar que algunos detalles de la redacción de Marcos se explican en función de la alegoría que habría de interpretar su relato acerca del sembrador y la semilla. Por ejemplo, la larga descripción de lo que ocurre a la semilla caída en terreno pedregoso (vv. 5-6) se justifica por la necesidad de corresponder al significado alegórico que recibirá más adelante, en los vv. 16-17 . No obstante, el cuadro anterior permite percibir que la estructura fundamental en un texto y otro es idéntica:
* un sembrador salió a sembrar;
* parte de la semilla cayó en la orilla del camino y los pájaros se la comieron;
* otra parte cayó en terreno pedregoso, brotó en seguida, pero con el sol se secó;
* otra parte cayó en medio de espinos que la sofocaron;
* finalmente, una parte cayó en tierra buena y produjo mucho fruto .
Podemos notar, al igual que en otras parábolas de Jesús, la existencia de aquello que se acostumbra llamar la “regla de tres” y/o “regla de contraste”. No para tratar de descubrir cualquier punto de comparación, como quieren tantos exégetas , sino para captar la dinámica interna de la narrativa. Así por ejemplo, si en la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37), la acción del samaritano solidario se sigue y está en contraste con la actitud manifestada por el sacerdote y el levita, al mismo tiempo que la parábola elogia la postura del samaritano, casi un paria, la acción reprobada del sacerdote y del levita realza todavía más el valor de aquel que obró con misericordia.
En el caso de nuestra parábola, no son tres elementos a ser destacados, con énfasis en el último de ellos, sino que tres elementos, a saber los primeros terrenos que recibieron las semillas, están en contraste con el último, el terreno bueno que hizo producir la semilla. En este sentido, no es suficiente decir que “es precisamente en este último [terreno] que Jesús parece estar particularmente interesado” ; es necesario advertir que la parábola resalta, por su dinámica dramática y tensa, la paradoja representada por la faena del trabajador, lo que en efecto lleva a preguntar por las causas de tal situación. Ciertamente la parábola tiene como punto de llegada la producción abundante alcanzada en el último terreno, sin embargo no tendría mucho sentido presentarla sin haber mostrado antes el fracaso en tres tentativas. Con seguridad, el impacto y el resultado pretendidos por la parábola serían diferenciados si la trama no siguiese, de modo paciente, su trayecto. De ahí que, afirmamos una vez más, no debamos seguir el procedimiento hermenéutico de preocuparse, en la lectura de la parábola, apenas por su imaginario “punto de comparación”, sino tratar de avistar el resultado de su trama entera, y de esta forma percatarse del alcance de sus pretensiones.
Dicho esto, cabe considerar nuestra parábola en tres momentos principales: la presentación del tema (v. 3, siguiendo el relato de Marcos 4), las tentativas infructuosas (vv. 4-7) y el emprendimiento con buen suceso (v. 8).
3. En medio de la tierra cautiva
Que nuestra parábola quiere realmente apuntar hacia una situación real e invitar a una reflexión respecto de ella, queda claro por la forma como se inicia su trama. Si el “escuchad” de Marcos indica una tendencia alegorizante, destacando la necesidad de que la palabra sea oída y acogida, tema dominante en todo el discurso de parábolas de Marcos 4 , una convocación al mirar abre los dos relatos (“he aquí que”, “vean”): “la parábola original convida a la percepción, al descubrimiento”; “conduce al oyente al lugar del acontecimiento” . A este propósito contribuye el carácter narrativo del texto, casi todo él en el tiempo aoristo, apropiado para la presentación de lo episódico, de una escena y su desarrollo.
El sujeto que inicia nuestra parábola es el sembrador, expresado en el texto griego en forma de participio, “el que siembra”. No es caracterizado como “obrero”, nombre dado a los trabajadores de Mt 20,1-15, ni como “agricultor”, término utilizado en Mc 12,1-9. Lo que se resalta aquí es el propósito definido del campesino, que el infinitivo verbal va a explicitar casi que de manera redundante: “salió el sembrador a sembrar”. Así pues, la apertura de la parábola presenta su escenario inicial e indica con claridad la trama que nos aguarda: lo que se dará en este proceso de siembra. El personaje de nuestro texto es aquel que lucha, o quiere y precisa luchar, directamente con la tierra, esperando obtener de ella su sustento.
Y he aquí que, súbitamente, el sujeto de la narrativa se modifica; su foco pasa a dirigirse hacia la semilla y sus puñados que van tomando destinos diferentes, indicados por el verbo “caer” y los diversos terrenos en que se ven situados.
Los tres primeros puñados de semilla son presentados en la forma de un neutro singular (“una parte”, “otra parte”). Se refieren a las semillas lanzadas en lugares inhóspitos. La observación de Joachim Jeremias, de que en aquellos tiempos se sembraba antes de preparar la tierra , es sin duda válida para mostrarnos cómo la trama de la parábola está inserta en el cotidiano campesino de la época. No obstante, no puede desviar a los oyentes y lectores de la sorpresa y de lo inusitado: el campesino allí retratado lanza su semilla en regiones poco promisorias. La “orilla del camino”, por ejemplo, ¿por qué precisa ser necesariamente indicación del lado del sendero hecho por los campesinos de tanto ir y venir en la labranza ? ¿No puede indicar realidades más precarias, como la dificultad de tener acceso a una tierra en mejores condiciones, más apropiada para plantar? De manera semejante se puede hablar y preguntar en lo que atañe a los terrenos pedregoso y espinoso que recibieron otros puñados de semilla.
Lo que aquí se quiere afirmar es que, si de un lado el proceso de siembra descrito en la parábola es en apariencia normal, no teniendo nada de extraordinario, ¡eso solo acontece a fuerza de estar este trabajador en situación precaria o suficiente para necesitar sembrar en cualesquiera lugares! No se puede idealizar aquí la situación y atribuir a la falta de técnica y de recursos el trabajo extremadamente penoso, y muchas veces infructuoso, del campesino, so pena que las pretensiones de la parábola se vieran comprometidas.
Estas inquietudes parecen ganar consistencia cuando se piensa en las circunstancias en que se realizaba tal trabajo. Varias informaciones, inclusive del propio Nuevo Testamento, dan cuenta de que la situación en el campo era de extrema penuria. Había grandes extensiones de tierra en manos de pocos, particularmente romanos o sus representantes. Recojamos aquí algunas informaciones al respecto:
Debemos ser conscientes que no solo el valle superior del Jordán, y probablemente también las márgenes norte y noroeste del lago de Genesaret, sino asimismo gran parte del altiplano galileo tenían en aquel tiempo carácter de latifundio, y que estos latifundios galileos se hallaban en manos de extranjeros .
Las aristocracias de Tiberíades y Jerusalén eran igualmente propietarias de muchas tierras, en general las más fértiles. La producción se orientaba de modo especial a la exportación. Más aún:
Fue probablemente una progresiva concentración de la propiedad la que agudizó la lucha por su distribución en el siglo I d. C. Mediante confiscación, Herodes se había adueñado de muchísima tierra. Estas propiedades fueron más tarde vendidas por los romanos. Como compradores solo tenían oportunidad personas con gran capital. Los ricos se enriquecían todavía más. Sus tierras podían producir para la exportación... Los grandes propietarios de cualquier forma ya detentaban los terrenos más fértiles .
La inestabilidad climática (tenemos noticias de sequías dramáticas en el período) solamente vino a agravar un cuadro de empobrecimiento y carestía que el latifundio (¡y es bueno recordar que en el pequeño Israel, cualquier concentración un poco mayor de tierras ya era alarmante!) se encargó de suscitar .
Así pues, nuestra parábola tematiza el trabajo campesino en un contexto de concentración de tierras, proceso éste que provoca cambios sensibles y dramáticos en lo cotidiano de las familias. Otra parábola, la que leemos en Mt 20,1-15, muestra bien la situación: desempleo, regímenes precarios de trabajo (en el caso, el de jornalero). Otra menciona además el régimen de arrendamiento (Mc 12,1-8); la esclavitud aparece asimismo en este contexto. Son situaciones resultantes del proceso de pauperización de la gente campesina, las cuales tienen como motor la concentración de tierras, además de los extorsionadores impuestos que la dominación romana incrementó.
Es en ese cuadro que, volviendo a nuestra parábola, debemos considerar al trabajador “libre”, cuya intensa lucha es descrita en medio de amenazas de toda suerte, desde la imposibilidad de pagar tantos tributos, hasta el endeudamiento y la pérdida de la poca tierra que le quedaba. El hasta entonces indisculpable absurdo de su forma de trabajar es mejor comprendido en el ámbito de las pretensiones de la parábola: llamar la atención hacia las duras condiciones de trabajo de los campesinos pobres, a la percepción de una dramática realidad.
4. Buena tierra, ¡al fin!
Finalmente, después de una faena infructuosa, la trama nos presenta una situación en la que el sembrador logra alcanzar los resultados pretendidos, y hasta mucho más, a juzgar por los números que concluyen la parábola. La regla del contraste arriba presentada, ya apuntaba hacia alguna forma de solución positiva a aquel callejón sin salida. Y el propio desarrollo del texto parecía sugerir algo en ese sentido: el primer puñado tuvo resultado nulo, del segundo surgió algo, en seguida desaparecido, y del tercero se dice que produjo, aunque este resultado haya sido sofocado. Un crecimiento hace esperar una producción vigorosa y una lucha victoriosa. Veamos en qué términos.
El último puñado de semillas es presentado por un neutro plural (“otras”), a diferencia de lo que ocurriera hasta entonces. La cantidad que se siembra aquí es mayor, como recompensando la lucha tan desgastante y sufrida. Y si hasta ahora lo que importaba eran los detalles de la narración, por la vía del aoristo, en un momento la dinámica sugerida por la secuencia verbal se modifica: al hablar de la producción, el texto apunta hacia lo continuado: “daban fruto...”, seguido de dos participios que resaltan con exactitud el éxito de la empresa, para después concluir con un aoristo más: “produjo”. Por otra parte, este último verbo contrasta de manera clara con el final del v. 7, término de la secuencia de fracasos. Se destaca aún el valor ciertamente exagerado de los números que explicitan el monto de la producción. ¡Ellos no están ahí inicialmente para prestarse a cualquier figuración alegórica , sino para realzar la abundancia del resultado alcanzado!
Tal presentación del momento en que el trabajador obtiene al fin el resultado ansiado por su trabajo, y aun más de lo que pretendía, está en obvia contradicción con aquello que las familias campesinas realmente vivían, conforme el cuadro descrito más arriba. Si los tres primeros pasos del trabajo expuesto hacían una dramática presentación de la situación vivida, este último parece hablar de una realidad idealizada, diríamos utópica. Pero no por eso desligada de lo efectivamente experimentado. Este cuadro animador deja en el aire preguntas intrigantes e incómodas: ¿qué ocurre con la producción que con tanto costo se consigue? ¿Por qué trabajamos tanto y vivimos en penuria? Los impuestos y tributos que nos diezman la cosecha solo sirven para usurparnos el pan de cada día...
Tantos datos caracterizan este versículo, que llevan a concluir que en él se encuentra en efecto el objetivo de toda la parábola. Si en él se halla la inversión de las realidades vividas en lo cotidiano de la gente campesina, eso no se debe a ninguna pretensión escapista, sino al esfuerzo de trascenderlas para mirar más lejos, para arriesgar utopías de libertad, saciedad y bienestar. Y con eso poder celebrar, si no la hartura presente, inimaginable, aquella que ciertamente vendrá, fruto del rechazo a perder la dignidad, de la terquedad por mantenerse libre y erguido, de la persistencia en buscar solo lo viable para tejer alternativas de futuro, frente a políticas globalizantes (¡sí, ya en aquella época!) y excluyentes.
5. ¡Quien tiene oídos, que oiga!
Aquí está el objetivo de la parábola, su interés principal: ella osa registrar nuevas perspectivas de vida, nuevas relaciones entre los seres humanos y de ellos con la tierra. Ella sueña, al mismo tiempo que provoca. Y lo hace en el contraste de situaciones, en el apuntar decididamente hacia la siembra del cuarto puñado, en la manera de describir este momento. Nuestra parábola se atreve a proponer la utopía de la tierra liberada, al no mencionar ni de lejos en su narración los impuestos que de forma violenta arrancaban de la gente productora sus condiciones de sobrevivencia. Podríamos preguntarnos por la resonancia que no habrá tenido en los oídos de gente arrancada de su tierra o que sobrevivía de modo precario en ella.
Y, principalmente, podemos imaginar cómo resonaría esta parábola en la sensibilidad de quien, ayer y hoy, está dispuesto a correr detrás de su futuro, sin esperar la hora, ocupando tierras improductivas, soñando edenes aquí y allá, tejiendo con sus azadas y hoces, en las veras de los caminos y, cuando es necesario, al frente y dentro de espacios que hace mucho dejaron de ser públicos, un futuro distinto de aquel que amarga. Por eso se construyen, de manera subversiva, las pequeñas esperanzas y se celebran pequeñas conquistas, grandes victorias, como la de aquel sembrador que no desistió, no se rindió a la lógica vigente, aceptándose esclavo o jornalero, prefiriendo sembrar a la orilla del camino, entre piedras, en medio de los espinos, convencido de que tales enemigos son pequeños ante los humanos, y de que la tierra buena habrá...
Pedro Lima Vasconcellos
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13273-390
Brasil
Joachim Jeremias, As parábolas de Jesus. São Paulo, Paulinas, 1980 (3a ed.), pág. 98.
Ched Myers, O evangelho de são Marcos. São Paulo, Paulinas, 1992, págs. 215-218.
Ched Myers relaciona los diversos pasos de la interpretación alegórica de la parábola con aspectos desarrollados en otros pasajes del evangelio (Ibid., págs. 219-221).
Una tendencia que va ganando fuerza es considerar el evangelio de Tomás como un testimonio independiente de la tradición sinóptica, portador de memorias relativas a Jesús fijadas por escrito en períodos a veces anteriores a aquellos registrados en los sinópticos. A este propósito se puede leer: Helmut Köster, Ancient Christian Gospels: Their History and Development. London-Philadelphia, SCM Press-Trinity Press International, 1990, págs. 75-128; John S. Kloppenborg, Marvin W. Meyer, Stephen J. Patterson y Michael G. Steinhauser, Q. Thomas Reader. Sonoma, Polebridge Press, 1990, págs. 77-123. Cf. también Marvin W. Meyer y Harold Bloom, O evangelho de Tomé. As sentenças ocultas de Jesus. Rio de Janeiro, Imago, 1993, págs. 13-29.
Uwe Wegner, Exegese do Novo Testamento. Manual de metodologia. São Leopoldo-São Paulo, Sinodal-Paulus, 1998, págs. 207s.
Desarrollé éstas y las consideraciones que siguen en “E lhes falava em parábolas”. Introdução à leitura das parábolas. São Paulo, 1995 (Mosaicos da Bíblia No. 19), e más extensamente en Uma parábola rebelde. Textos e contextos na história da parábola dos vinhateiros. São Bernardo do Campo, Instituto Metodista de Ensino Superior, 1994 (disertación de maestría), sobre todo en el capítulo 3.
Wolfgang Harnich, Las parábolas de Jesús. Salamanca, Sígueme, 1989, pág. 55.
Ibid., págs. 126s. Werner Kelber se expresa de la siguiente manera: “aunque las parábolas versen sobre el nivel de la vida normal, frecuentemente esta normalidad es puesta bajo sospecha” (Werner Kelber, The Oral and the Written Gospel. Philadelphia, Fortress Press, 1983, pág. 59).
Citado por William R. Herzog II, Parables as Subversive Speech. Jesus as Pedagogue of the Opressed. Louisville, Westminster-John Knox Press, 1994, pág. 47.
Werner Kelber, op. cit., pág. 59.
No se quiere decir con esto que la alegoría no tenga vinculaciones con una realidad material específica (véanse al respecto las consideraciones de Ched Myers, op. cit., págs. 213-218.369). Pero la relación es de estilo distinto y sufre el influjo de otros autores, como por ejemplo las Escrituras.
Jane E. y Raymond R. Newell, “The parable of the wicked tenants”, en Novum Testamentum (Leiden) No.14 (1972), págs. 226-237.
Joachim Jeremias, op. cit., pág. 153; Rudolf Pesch, Il vangelo di Marco. Brescia, Paideia Editrice, 1980, Vol. 1, págs. 377s. Véanse otras formas de interpretación que tienen la influencia de la alegoría posterior, en Milton Schwantes, Ensaios sobre uma teologia do Antigo Testamento. São Leopoldo, mimeo, 1980, págs. 76s.
Rudolf Pesch, op. cit., pág. 373.
Las diversas preguntas que Rudolf Bultmann se hace en lo que atañe al significado de la parábola son debidas, salvo tal vez la primera (“¿Es ella [la parábola] un consuelo para el ser humano cuando su trabajo no alcanza el fruto esperado?”), a la alegoría posterior, la cual se mantiene interfiriendo en la comprensión de la parábola que la originó (L’histoire de la tradition synoptique. Paris, Éditions du Seuil, 1973, pág. 250).
Ediberto López, “As origens cristãs e o evangelho de Tomé”, en RIBLA (Petrópolis, Vozes) No. 22 (1995), págs. 151s. [edición castellana: Los orígenes del cristianismo y el evangelio de Tomás”, en RIBLA (Quito, RECU-DEI) No. 22 (1995), págs. 139-152].
Adoptamos aquí la traducción de la Biblia de Jerusalén (São Paulo, Edições Paulinas, 1985,edición revisada). Hacemos apenas un pequeño agregado en el v. 8 del importante “y daban fruto”, inexplicablemente omitido en el texto del que nos servimos, pero presente en todos los manuscritos antiguos que conservan el texto de Marcos.
Nos servimos de la traducción hecha por Marvin W. Meyer en el volumen ya mencionado (Marvin W. Meyer y Harold Bloom, op. cit., págs. 34s.).
Véase Rudolf Pesch, op. cit., págs. 375s. La siguiente cita resume bien la problemática: “Dentro del propio texto de la parábola, los agregados tienen una tendencia de explicación del comportamiento ético de las personas y su reacción ante la Palabra de Dios” (Ana Flora Anderson y Gilberto Gorgulho, Parábolas: palavra que liberta. São Paulo, s. e., 1989, pág. 58).
Las observaciones de Uwe Wegner (op. cit., pág. 271) por lo que toca a estas reglas, quedan un tanto comprometidas por estar reducidas a este propósito.
Uwe Wegner, op. cit., pág. 271.
Rudolf Pesch, op. cit.,págs. 372s.; Milton Schwantes, op. cit., págs. 74s.
Milton Schwantes, op. cit., págs. 75.77.
Joachim Jeremias, op. cit., págs. 7s.; véase además Milton Schwantes, op. cit., pág. 78.
Como pretende Jeremias, op. cit., pág. 8.
Ibid., pág. 78. Y si se puede objetar algo acerca de la utilización de términos como “latifundio” para referirse a la situación agraria de Israel, tan poco extenso, se debe concluir, justamente por eso, que cualquier proceso de concentración de tierras se mostraría extremadamente dañino y violento.
Gerd Theissen, Sociologia do movimento de Jesus. São Leopoldo, Sinodal-Vozes, 1989, pág. 40 (el énfasis es del autor). Cf. también Ched Myers, op. cit., pág. 77.
Para un amplio cuadro de la situación del campo en Israel en el tiempo de Jesús, véase Richard Horsley y John S. Hanson, Bandidos, profetas e messias. Movimentos populares no tempo de Jesus. São Paulo, Paulus, 1995, págs. 60-69.
Si bien en el proceso vinculado con la tradición ellos tendrán esa función: véanse las diferencias entre los números en cada una de las versiones alegorizadas (las sinópticas) y sus respectivas interpretaciones.
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