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¿Anti-judaismo o guía espiritual? - Las dos lecturas de la Biblia hebrea en los escritos patrísticos

Jorge Pixley

Resumen

La tesis de este ensayo es que hubo dos tipos de interpretación de la Biblia Hebrea (Antiguo Testamento) en la iglesia de los primeros siglos. Una de ellas, representado en su forma pura por Justino, haya el valor de las Escrituras en sus profecías del Cristo de los cristianos. La otra, representada en su mejor forma por Orígenes, haya en las Escrituras indicaciones acerca de cómo llegar a Dios, es decir, señalamientos para la vida espiritual. La primera de estas tendencias es la base de un anti-judaísmo posterior, ya que supone que las Escrituras que compartimos con los judíos no tienen valor intrínseco y solo sirven para señalar el camino hacia Cristo Jesús.

Abstract

The thesis of this essay is that there were two types of interpretation of the Hebrew Bible (Old Testament) in the Church of the first centuries. One of them, best represented by Justin, finds the value of the Scriptures in their prophecies of the Christ of Christians. The other, represented best by Origin, finds in the Scriptures indications of how to reach God, that is, pointers for spiritual life. The first of these tendencies becomes the basis of later anti-Judaism, since it supposes that the Scriptures we share with the Jews have no intrinsic importance but serve only to point the way to Christ Jesus.

Introducción

Mi tesis en este artículo es que existe en la lectura que hacen los Padres de la Iglesia una tensión entre dos lecturas contradictorias de la Biblia hebrea, Biblia que ellos leyeron en griego en la versión de los LXX. Propongo con ello que las dos lecturas coexisten en la mayoría de los autores, aunque hay algunos que presentan en forma más pura una de ellas. Podemos caracterizar las dos lecturas como, en primer lugar, una anti-judía, y, en segunda lugar, la otra como guía en el camino hacia Dios, una lectura espiritual. La comprobación plena de esta tesis requeriría de una investigación que el autor de este modesto artículo no ha podido realizar de manera que se podría leer este ensayo como una invitación para la tesis de algún estudiante que se interese en los Padres y en las Sagradas Escrituras.

Mis lecturas de los Padres me han llevado a pensar que Justino, conocido por su martirio como Justino mártir, y Orígenes representan los dos extremos, y tomaré Ireneo y Tertuliano como dos ejemplos de un camino intermedio. En un número de RIBLA, una revista dedicada a la interpretación de la Biblia, un número que pretende abrir una discusión con los intérpretes judíos, me parece importante confesar que entre los cristianos existe desde el principio una lectura anti-judía, pero para que no haya desesperación es igualmente importante reconocer que desde muy temprano existió también una lectura espiritual de esa colección de libros inspirados que los cristianos conocemos como Antiguo Testamento.

 

1.         Justino Mártir

Justino nació en Samaria de padres paganos, se dedicó al estudio y la docencia de la filosofía, y encontró en el cristianismo la verdadera filosofía. Su carrera pública la ejerció en Roma desde más o menos el año 140 hasta su muerte violenta en el 166 e.c. Para efectos de nuestro tema los escritos que nos conciernen son su Primera Apología y muy especialmente su Diálogo con Trifón, ambos escritos alrededor del 150. El primero es un escrito dirigido al Emperador Antonino Pío en defensa de los cristianos. El argumento es que se tortura y mata a los cristianos por el mero nombre que llevan, sin que se les pruebe delito alguno, y que esto no es justo. Además, el cristianismo es una enseñanza verdadera, dice Justino, por cuanto una lectura de las Escrituras de los judíos demuestra que muchas cosas respecto al Salvador Jesús el Cristo fueron en ellas predichas mucho antes que sucedieran. ¿Cómo es posible entonces perseguir a quienes enseñan la Verdad sin que se les pruebe acción delictiva alguna? El segundo escrito es un diálogo inspirado por los diálogos platónicos, sólo que no es la discusión entre un maestro y sus amigos o sus adversarios, como son los diálogos de Platón. Al contrario, aquí se trata de un diálogo entre el mismo autor Justino quien representa el cristianismo y un maestro judío llamado Trifón quien se demuestra ser un defensor muy tímido del judaísmo. Como varios de los diálogos de Platón menos logrados en términos literarios y usualmente calificados de tardíos este diálogo resulta poco más que una excusa para presentar el cristianismo como Verdad demoliendo a un adversario que no presenta resistencia. Sin embargo para Justino este ejercicio es crucial porque las Escrituras que usan los cristianos son las Escrituras que recibieron de los judíos ya que aún su Biblia no incluye los escritos apostólicos que posteriormente compondrán el Nuevo Testamento y serán parte de una misma Biblia. Siendo así, un maestro o filósofo cristiano tiene que proponer y justificar una lectura de la Biblia hebrea, o más bien su traducción al griego, frente a la lectura tradicional de los judíos. Si los cristianos no pudieran justificar una lectura distinta se verían obligados a conceder la Biblia a los judíos, que evidentemente no desean hacer. De ahí la importancia para Justino de este Diálogo con Trifón.

Justino no es, por supuesto, el primero en enfrentar esta problemática. En cierto modo ya lo hace el apóstol Pablo en sus epístolas a los Gálatas y a los Romanos. Pero en la vida de Pablo todavía la Iglesia cristiana no se había separado de las comunidades judías y era más bien una corriente disidente al interior de ellas. Para Pablo lo esencial era consolidar la experiencia del espíritu como algo que no requería de los paganos que confesaban a Jesús como manifestación de Dios en el mundo que se hicieran judíos y practicaran las costumbres judías. En cambio, los judíos que reconocen a Jesús como cumplimiento de las profecías de salvación no tienen porqué dejar de ser judíos como tampoco Pablo lo hizo. Es evidente que en la posición de Pablo respecto a los paganos ya se va reconociendo que el seguimiento de Cristo rebasa la tradición judía y, por lo tanto, las lecturas paulinas de las Escrituras son el inicio de la lectura que posteriormente será anti-judía.

Más importante que Pablo para esta tradición es la Epístola de Bernabé de fecha indeterminada a fines del primer siglo o principios del segundo. Aquí las líneas se han endurecido y el tono es francamente agresivo. La interpretación anti-judía de las Escrituras que se refleja aquí tiene mucho de alegórico, concentrándose en las figuras de Cristo que se muestran desde los libros de Moisés hasta el final de la Biblia. Justino usará parte de este material pero su lectura bíblica, la que se volvió dominante entre quienes leían las Escrituras de forma anti-judía, se apartará de una dependencia sobre imágenes para concentrarse más bien en una lectura literal de las profecías que considera cumplidas en Cristo. De modo, pues, que Pablo y Bernabé son precursores de la lectura anti-judía pero no representan una forma desarrollada como la encontraremos en Justino, especialmente en su Diálogo con Trifón.

 

1.1.      La Primera Apología: los judios son los asesinos del Cristo de Dios

En I Apología 35.3 Justino cita Isa 65,2, “Yo extendí mis manos a un pueblo que no cree y contradice, a los que andan por un camino no bueno”, e inmediatamente al Salmo 22,17, “Ellos taladraron mis manos y mis pies”, que interpreta como acciones de los judíos contra Jesús a quien no reconocieron como el Cristo, todo esto en 35.6. Es preciso reconocer que algo de esto se insinúa en los evangelios, que Justino conoce aunque no como Escritura, pero en los evangelios quien crucifica a Jesús es en última instancia Pilato y no los judíos que, cierto, se lo pidieron. En I Apol 36.1 Justino da una interpretación de la profecía como, si bien dicha por los profetas, es el Verbo, el Cristo, que los mueve (hos apo prosopou akouete... all´ apo tou kinountos autous theiou logou). Es todo una teoría de la profecía, que en sí no tiene nada de anti-judío pero llega a tenerlo en las expresiones que siguen en 36.3, “Por no entender eso los judíos, que son quienes poseen los libros de los profetas, no solo no reconocieron a Cristo, ya venido, sino que nos aborrecen a nosotros, que decimos haber en efecto venido y mostramos que, como estaba profetizado, fue por ellos crucificado”. La culpa de los judíos está en haber crucificado al Cristo enviado por Dios debido a que no pudieron entender las profecías donde el Verbo ya les hablaba de su venida. Evidentemente, ¡al no entender al que hablaba en sus libros y al crucificarle, han perdido su derecho de posesión de esos libros que ahora se convierten en libros de quienes los entienden, los cristianos! La lectura profética que apunta a Cristo se convierte así en Justino en la descalificación de los judíos y una acusación contra ellos de ser los asesinos del Cristo de Dios.

 

1.2.      Diálogo con Trifón: los judíos no saben interpretar las Escrituras que Dios les encargó
           
Como ya se ha dicho, este diálogo es en el fondo un monólogo con respuestas mínimas del judío Trifón. Y es un monólogo anti-judío en el cual consiente Trifón. Es poco probable que refleje con fidelidad el diálogo que probablemente se realizó en alguna parte del mundo helénico. Su importancia es que es el primer ejemplar del discurso Adversus Iudaeos, que tendrá muchos sucesores aunque se abandonará el género diálogo que refleja la tradición filosófica de Justino. Hay que matizar. La forma de diálogo impide que este texto sea una diatriba anti-judía. Es más bien un debate sobre la interpretación de las Escrituras, donde éstas se presentan como profecías del Cristo de los cristianos. Se saca la consecuencia de que los judíos no saben interpretar las Escrituras que Dios les encargó. Es decir, con esta interpretación de sus Escrituras Justino pretende a nombre de los cristianos expropiarse los textos sagrados de los judíos para entenderlos como textos que apuntan a la fe de los cristianos. Es un primer esfuerzo en la larga tradición de descalificar a los judíos mediante la manipulación de sus textos sagrados. Entonces, aunque asume la forma de una conversación cordial entre un cristiano, Justino, y un judío, Trifón, en los hechos el primero le quita toda legitimidad al segundo, poniendo así la base para toda una tradición cristiana anti-judía.

Es en el capítulo 38 que Justino anuncia sus intenciones:
Y yo le respondí: Sé muy bien que, como dice la palabra de Dios, está oculta para vosotros esta grande sabiduría del Hacedor del universo y Dios omnipotente. De ahí que, por compasión de vosotros, pongo todas mis fuerzas en que comprendáis estas “sorprendentes” doctrinas (parádoxa) nuestras; y si no, por lo menos, yo seré inocente en el día del juicio. Pues escuchadme ahora palabras que parecen aún más “sorprendente”; y no os alborotéis, antes bien, cobrando nuevo ánimo, seguid oyéndolas y examinándolas, y despreciad la tradición de vuestros maestros, pues el Espíritu profético los arguye de incapaces para comprender las enseñanzas de Dios, y dados sólo a sus propias doctrinas. (Dial 38.2).

Trifón a esto responde muy apropiadamente, “Quiero que sepas que estás delirando al hablar así”. Y un poco más adelante, “Danos, pues, por fin la razón de que este que dices haber sido crucificado y que subió al cielo es el Cristo de Dios. Porque, que el Cristo es anunciado por las Escrituras como pasible, y que nuevamente ha de venir con gloria y recibir el reino eterno de todas las naciones, sometido que le será a El todo reino, suficientemente está demostrado por las Escrituras que tu has alegado; mas que ése sea Jesús, es lo que ahora tienes que demostrarnos” (Dial 39.7). ¡Sorprendente confesión!
           
En los capítulos que siguen Justino argumenta que el Dios que se apareció a Abrahán cuando Dios anunció el embarazo de Sara era tres y que el Dios que se le apareció en la zarza a Moisés era dos. En fin, que el Hijo divino ya se manifiesta en los libros de Moisés. Y llegamos al cap 68, que comienza con la afirmación de Trifón, “Es que intentas demostrar algo increíble y poco menos que imposible, a saber, que Dios pudiera tolerar nacer y hacerse hombre” (68.1). Responde Justino, “Si me hubiera lanzado a demostraros eso apoyado en enseñanzas o argumentos humanos, bien que vosotros no me aguantarías. Pero es el caso que mientras yo os pido que conozcáis las Escrituras que hablan copiosamente a este propósito, recitándolas las más veces literalmente, vosotros os volvéis duros de corazón para comprender el pensamiento y la voluntad de Dios” (68.1). En este punto, que todo argumento sobre el Cristo debe demostrarse por las Escrituras, están de acuerdo ambos. El conflicto es más bien cómo interpretar las Escrituras. Después de citar varios pasajes, la mayoría sobre el rechazo por su pueblo de las promesas de Dios, Justino llega a su carta de triunfo, Isa 7,14, sobre la virgen que concebirá (71.3). Trifón desvía momentáneamente la atención pidiendo atención a aquéllos pasajes que los cristianos alegan han sido suprimidos por los judíos, seguramente para preparar la discusión de este texto donde el argumento cristiano descansa sobre la LXX y no tiene apoyo alguno en el MT. No se regresa al tema de la virgen hasta el capítulo 77, y en detalle en el capítulo 84, donde se dice, “Mas vosotros tenéis la audacia también en este pasaje de cambiar la interpretación que dieron vuestros ancianos que trabajaron con el rey de Egipto, Ptolomeo, y decís que el texto original no trae lo que ellos interpretaron, sino: Mirad –dice– que una mujer joven (neanís) concebirá; como si fuera cosa del otro mundo que una mujer conciba por trato carnal, cosa que hacen todas las mujeres jóvenes” (84.3). Y termina con su cañonazo, “No tengáis el atrevimiento de mudar ni interpretar falsamente las Escrituras” (84.4). Ya que Justino ni sabe hebreo ni posee una Biblia hebrea, mientras que Trifón no conoce las Escrituras más que en hebreo, esta discusión no puede llevar a nada. Son paralelas que jamás se encontrarán hasta que los cristianos con unos contados biblistas como Orígenes y Jerónimo de Belén lleguen a asomarse a la Biblia hebrea y vean que en este punto Trifón tenía la razón.

Verdaderamente, aunque la discusión es por ratos interesante, Justino hace poco por responder al reto de Trifón de demostrar que el Cristo que ambos concuerdan se anuncia por los profetas sea en efecto Jesús quien fue crucificado. En los caps 97 a 99 cita Justino el Salmo 22 para demostrar que David anunció mucho de lo que sucedió en el momento de la crucifixión en el Gólgota. , Esto ya parece un comienzo de respuesta al reto de Trifón en el capítulo 39. Cita también a Is 53. Pero en 115,2 llega a un dardo certero citando a Zacarías, “Y heredará el Señor a Judá, y su porción en la tierra santa y se escogerá todavía a Jerusalén. Tema toda carne ante la presencia del Señor, porque El se levanta de sus nubes santas. Y me mostró a Jesús, el gran sacerdote de pie delante el ángel del Señor, y el diablo estaba a su derecha para oponérsele [Zc 2,16-3,1; el nombre Jesús es de los LXX donde el TM dice Yehosúa, Josué]” (Dial 115.2). En este punto, Trifón calla.

En 121.4 Justino cita a Isa 49,6, “gran cosa es para mi ser llamado hijo mío, levantar las tribus de Jacob y reunir las dispersiones de Israel. Te he puesto por luz de las naciones, para que seas su salvación hasta los confines de la tierra”. Y comenta, “Es cierto que vosotros pensáis que esto se refiere a la geora y a los prosélitos; pero en realidad fue dicho para nosotros, los que hemos sido iluminados por Jesús”. Es una discusión que aún se lleva si el profeta se refiere a la dispersión (los guerim) o a las naciones extranjeras. Y Trifón no comenta. Justino añade más adelante en 123.6, citando a Ez 36,12, “Y engendraré para vosotros hombres, que serán mi pueblo de Israel. Y ellos os heredarán y seréis posesión suya, y no sucederá que estéis sin hijos de ellos”. A lo que Trifón comenta, quizás con sarcasmo o con ira contenida, “¿Cómo, conque vosotros sois Israel y de vosotros dice todo eso la Escritura?” (123.7). Es la protesta de muchos judíos a través de los siglos contra las pretensiones de muchos cristianos de suplantar a Israel y tomar posesión de sus Escrituras.

Más adelante (131.2) dice Justino: “Si vosotros quisierais decir la verdad, habríais de confesar que somos más fieles para con Dios los que hemos sido llamados por El gracias al misterio de la cruz, despreciado y lleno de oprobio. Nosotros, que por nuestra confesión de la fe, por nuestra obediencia y por nuestra piedad, somos condenados a tormentos hasta la muerte por los demonios y por el ejército del diablo, gracias a los servicios que vosotros les prestáis”. Y en 134,1: “Si, pues, en algo os conmueven las enseñanzas de los profetas y aun las de Jesús mismo, más vale que sigáis a Dios que no a vuestros rabinos, insensatos y ciegos, que aun ahora os permiten tener cuatro y cinco mujeres, y uno ve a una hermosa y la codicia, cuentan lo que hizo Jacob, el que fue llamado Israel, y los demás patriarcas, y afirman que no se comete pecado alguno haciendo lo que ellos hicieron. Miserables e insensatos aun en esto”.

¿Qué diremos de la última intervención de Trifón en 142? “Ya ves –dijo– que nuestro encuentro no fue de propósito; sin embargo, te confieso que me ha complacido extraordinariamente tu conversación y sé que lo mismo siente mis compañeros; pues hemos encontrado más de lo que esperábamos y aun más de lo que era posible esperar. Y si nos fuera dado hacer esto con más frecuencia, examinando estos mismos temas, aún sería mayor el provecho. Mas como estás, dijo, para embarcarte y a la espera de que algún navío se haga a la mar, si en efecto te vas, no te descuides en acordarte de nosotros como de amigos”. Aparentemente, el diálogo quedó allí por la partida de Justino del lugar. Si realmente quedó como Justino lo escribe no lo podemos saber. Si así fue, la impresión que deja Justino es que estos judíos están caminando hacia una “conversión” al cristianismo, si podemos hablar de conversión en esta temprana etapa sin anacronismo. Sea esto como fuere, la historia posterior ha demostrado que Trifón no representa a los miles y miles de judíos que nunca han sentido una atracción por la fe cristiana. No podemos presumir, como quizás lo hizo Justino, que los judíos seguirán el camino de Jesús y dejarán de ser un grupo aparte.

Con estas citas el lector de este artículo se formará una idea de este importante libro de un precursor de mucho interpretación cristiana de la Biblia hebrea en los siglos posteriores. Ya con esta interpretación las bases del anti-judaísmo estaban puestas. Pronto los judíos cederían a los cristianos el espacio del imperio romano y se retirarían a refugios en el imperio parto en oriente. Desde Babilonia y Jerusalén se harán los grandes estudios que desembocaron en la Misná y posteriormente. en los talmudim, el babli y el jerusalmi. En el occidente se les fueron cerrando los espacios.

 

2 .      Ireneo: las Escrituras que comparten judíos y cristianos son revelaciones del mismo Dios

Ireneo escribe una magna obra contra las herejías en cinco libros (Elenjos kai anatrope tes pseudonómou gnoseos) que es conocido en tiempos modernos por el título del latín, Adversus Haereses (Adv Haer). Va dirigido en primer lugar contra los valentinianos y grupos egipcios similares que se confesaban cristianos pero quienes negaban que Dios el Padre de Jesucristo haya sido Creador de esta tierra. Ya que la tierra era mala, su Creador, el Dios de las Escrituras judías, tenía que ser un Dios inferior en una jerarquía de Dioses. Siendo esto así, el blanco de sus ataques no eran los judíos sino cristianos heréticos. No podemos esperar, pues, todo un argumento contra los judíos. Sin embargo, Ireneo es un admirador de Justino y usó sus trabajos bíblicos en su trabajo, de modo que debían revelar su manera de interpretar las Escrituras.

Primero convienen algunas palabras preliminares. Ireneo fue obispo de Lyons en Galia, donde tomó la dirección de la congregación después del martirio de Fotino su predecesor. Era originario de Asia, probablemente de Esmirna, y escribió en griego. Sin embargo, su magna obra se preserva solamente en latín. De la Demostración de la Predicación Apostólica (Epideixis tou apostolikou kerugmatos), la única otra obra de Ireneo que se preserva, existe solamente un manuscrito armenio descubierto en 1904 en la Iglesia de Santa María en Erevan. La obra tiene visos de una catequesis con algunos elementos más bien apologéticos. Tampoco es un tratado dirigido contra los judíos. Pero en ambas obras Ireneo utiliza abundantemente las Escrituras.

En el Adv Haer Ireneo cita en III.2-3 algunos de los mismos textos usados por Justino para convencer a los judíos del camino de Jesús, solamente que aquí el argumento es que, como en textos como Isa 7,14 (la virgen que concebirá) e Is 61,1 (el Espíritu está sobre mi...) se anuncia a Jesús como Cristo, es evidente que el Dios que inspira al profeta es el mismo que se hizo presente en Jesús. En Adv Haer IV.12.1 cita Ireneo a Is 1,22 como, “Los comerciantes mezclan vino con agua”, para decir que los ancianos tienen por hábito divulgar una tradición aguada, pues mezclan con la ley auténtica otras leyes espúreas.

En IV.17.1 y 3, el obispo recurre al contraste que los profetas comenzando con Samuel trazan entre los sacrificios, que Dios no necesita, y la justicia que El requiere. Cita varios textos de 1Samuel, Salmos, Isaías, Jeremías, Zacarías y Oseas que dan este mensaje. Este mensaje parece ir contra los judíos que practicaban sacrificios y no los cristianos que insisten en la práctica de la justicia. Hay una interpretación muy interesante en IV.20.9: ¿Cómo compaginar la afirmación que Moisés hablaba cara a cara con Dios (Nm 12,8) con el hecho que Dios se le ocultó en la peña y solamente permitió que su profeta viera su espalda (Ex 33,20-22)? Dice Ireneo que hablarse cara a cara es una promesa escatológica que se cumplió en la Transfiguración cuando se le permitió hablar de esa manera con Jesús. Esta será una afirmación no aceptable para judíos pero no es anti-judía. Una lectura similar se halla en IV.23.1, solamente que invertido, desde los evangelios hacia el Antiguo Testamento. Comienza con una cita tomada de Juan 4,35-38, cómo el Señor manda los suyos a levantar la cosecha de campos que ellos no han trabajado. ¿A quiénes se refiere, pregunta Ireneo? Pues a los patriarcas y profetas. Ellos prefiguraron nuestra fe. Nuevamente, es difícil ver una saña anti-judía en esto.

En IV.25.2 el obispo interpreta alegóricamente los gemelos de Tamar, la nuera de Judá. Zara quien recibió la banda escarlata por extender primero la mano en el parto vino después de Fares su hermano. Aquí tenemos una representación de judíos y cristianos. Es evidente que esta interpretación será inaceptable para judíos aunque tampoco parece llevar una carga anti-judía. Esta interpretación se resume de forma general en IV.26.1, que dice,
Si alguno lee las Escrituras de esta manera, encontrará una palabra sobre el Cristo y una prefiguración de la nueva vocación (de Christo sermonem et novae vocationis). Pues él es el tesoro escondido en el campo, es decir, en el mundo, pues el campo es el mundo. Tesoro escondido en las Escrituras, pues está significado por figuras y parábolas (per typos et parabolas significabatur) que, humanamente hablando, no pueden ser comprendidas antes que se cumplan las profecías, es decir, antes de la venida del Señor.

Finalmente, en V.8.3 tenemos la reflexión de Ireneo sobre la ley que dice que los animales puros son los que tienen las pezuñas divididas y que rumian (Lv 11,2ss); es una alusión a las personas que creen en el Padre y el Hijo y meditan en su ley día y noche (Salmos 1,2). La ampliación del comentario indica que Ireneo no piensa dirigirlo contra judíos tanto como contra cristianos no fieles, aquellos de quienes el Señor dijo, “aquellos que me llaman Señor, Señor pero no hacen lo que yo les digo” (Lucas 6,46), los que no meditan en su ley ni hacen obras de justicia .

Resumiendo, la interpretación de las Escrituras por este maestro y obispo está en la tradición cristiana que ve cumplimiento de las profecías en Jesucristo y sus seguidores y que busca en la línea de Bernabé y Justino tipos de Jesús y de su cruz en los libros de Moisés. Comparado con Justino se diría que parece escrupuloso en no descalificar a los judíos ni desacreditarlos. Esto seguramente tiene que ver con el hecho de que necesita demostrar que las Escrituras que comparten judíos y cristianos son revelaciones del mismo Dios quien creó un mundo bueno y se encarnó en ella para que los humanos pudiéramos vestir la naturaleza divina (III.2; IV.20.4), “que le sirvamos en santidad y justicia todos los días de nuestra vida para que unidos al Espíritu de Dios accedamos a la gloria del Padre (uti complexus homo Spiritu Dei in gloriam cedat Patris).

 

3.         Tertuliano: Adversus Iudaeos

Con Tertuliano nos encontramos con un polemista neto que escribió entre otras muchas obras de controversia una intitulada Adversus Iudaeos. Es una obra que poco aporta al tema que nos ocupa, a pesar de su título prometedor. Tiene muy poca interpretación bíblica específica. En el capítulo 2 alega que la ley fue anterior a Moisés pues fue conocida por Abrahán. En cambio, un asunto como la circuncisión no fue necesaria para la santidad de personajes como Enoc. Si Dios hubiera querido que el hombre fuera circuncidado hubiera creado así a Adán. En el capítulo 3 cita el famoso texto de Is 2,1-4, que habla de las naciones que fluirán a Sión y harán de sus espadas azadones. “¿De quién más debe entenderse sino de nosotros, quienes siendo enseñados la nueva ley observamos sus prácticas –siendo obliterada la vieja ley. Más adelante en el mismo capítulo aplica el dicho de Oseas sobre “no mi pueblo” que vendrá a ser “mi pueblo” (Os 1,10) a los cristianos. El siguiente capítulo descarta la práctica del sábado sin mucha discusión de las Escrituras y el 5 hace lo mismo con los sacrificios. Aunque el tratado contiene 14 capítulos poco ofrecen para el tema que nos ocupa. Tertuliano considera el judaísmo superado pero no lo desarma tan dramáticamente como Justino. No deja de ser sorprendente, considerando que escribe un tratado polémico y no un diálogo como lo hizo Justino. Nada indica, por lo menos en este tratado, que conoció la obra de Justino.

 

4.         Orígenes: el biblista
           
Orígenes es la primera persona cristiana que se puede llamar con propiedad un biblista. Como es de conocimiento general era alejandrino, nacido en el seno de una familia cristiana en esa gran urge alrededor de 185. Murió en Cesarea de Palestina, donde pasó sus dos últimas décadas de vida y actividad, en 253 e.c. Fue maestro muy respetado, predicador muy solicitado y un escritor prolífico. La mayoría de sus obras se perdieron o fueron destruidas a raíz de su condena por el Concilio de Constantinopla en 553 e.c. en el griego original, pero gracias a las traducciones de Rufino muchas se conservaron en traducciones latinas.

El autor de este artículo no tiene la capacidad de examinar y analizar su vasta producción. Por ello me limitaré a dos escritos representativos, uno un comentario y el otro una colección de homilías. Se trata de su Comentario sobre el Cantar de los Cantares, por un lado, y sus homilías sobre el libro del Éxodo por el otro. Ambos escritos se preservan únicamente en traducciones latinas hechas por Rufino alrededor del 400 e.c. Del comentario se preservan solamente dos y medio de los diez libros. Se preservan trece homilías de Orígenes sobre el libro del Éxodo.  

 

4.1.      Las homilías y sermones

Como introducción a la hermenéutica de Orígenes permítanme citar algunos comentarios de las homilías, textos dirigidos a laicos y laicas para su edificación en la vida cristiana. Dice la primera homilía, sección 5, “¿Te das cuenta que tu cometes tales hechos (como el rey de Egipto con los hebreos)? Sabe que combates por el rey de Egipto, es decir, que tu actúas bajo el impulso del espíritu de este mundo. Para penetrar más a fondo, uno puede ver en ese rey que ignora a José el diablo, ese necio que dijo en su corazón: No hay Dios”.

En la segunda homilía sobre el Éxodo, sección 1, encontramos una declaración muy significativa de método: “Para nosotros, sabemos que la Escritura no fue escrita para contarnos historias antiguas, sino para nuestra instrucción salutífera; así entendemos que esto que leemos es siempre actual y no solamente en ese mundo que representa Egipto sino en cada uno de nosotros”.

¡Verdaderamente esclarecedor! Se acostumbra despachar a Orígenes con el calificativo de alegorista, y por ende distorsionador de sentido literal de los textos. ¡Esto es demasiado fácil! Es evidente que Orígenes como muchos sabios alejandrinos recurre a la alegoría. Pero, ¿para qué? Aquí tenemos en una oración la respuesta, para edificación de los fieles. Sus lecturas alegóricas no son descontroladas. Comienzan con un respeto por el sentido literal, pero siguen con la convicción de que las Escrituras, hebreas y apostólicas, se escribieron para nosotros y nuestra salvación. El sabio puede interesarse en las complejidades de la historia; el predicador busca responder a la sed espiritual de sus oidores. Cuando la letra no dice nada para las luchas espirituales de los creyentes hoy, es preciso buscar un sentido más profundo. Para eso el Espíritu Santo escribió las Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento.
           
Orígenes era un hombre de iglesia. Se dejaba guiar por la “regla de fe” que resumía la fe trinitaria de la Iglesia. En sus clases en el equivalente de la universidad se permitía libertades especulativas donde la regla no tenía orientaciones específicas. Esto lo podemos ver especialmente en su Peri Arjón, una especie de texto universitario para orientación de sus alumnos. En sus sermones es mucho más cauto y sus especulaciones están dirigidas estrictamente por el sentido más lato de la regla de fe. Eso no quiere decir que no use su imaginación especulativa, pero ahora muy encaminada a la orientación de la vida espiritual de quienes le están oyendo desde el púlpito (o su equivalente). Veamos un ejemplo: Comentando Éxodo 1 se pregunta si cuando Séfora y Púa desobedecieron a rey al dejar vivos a los niños varones, también le desobedecieron matando a las niñas hembras. Varones, aunque sean uno en mil (Eccl 7,28), son aquellos que dirigen su mirada a lo duradero y eterno y se dedican a la contemplación de las cosas invisibles más que las visibles (II Cor 4,18). Evitan el lujo y practican la virtud, tales hombres Faraón, es decir, el diablo quiere matar. En cambio las hembras son las que gustan de las cosas temporales y que no elevan sus ojos al cielo. Cuando veas hombres pasar la vida en el placer y sumergirse en el lujo, pasar su tiempo en banquetes con vino, entiende que estos son los que el rey de Egipto quiere dejar con vida. Volviendo a la pregunta, “Las mujeres sabias significan el conocimiento razonable. Ellas son neutrales y favorecen el nacimiento tanto de varones como de hembras. Es decir, que este conocimiento ordinario de la ciencia razonable es la suerte de la mayoría de los hombres, ella instruye y nutre el mundo... Mi opinión personal es que, por las palabras de la Escritura, “temían a Dios y desobedecieron al rey de Egipto”, esas mujeres sabias se designan como figuras de los dos Testamentos... Para mi, siguiendo en ello el sentido de la Escritura, me atrevo a decir que ellas no dejaron con vida a las hembras” (2.2). ¡Muy interesante! Es especulación, no hay duda. Pero todo controlado por una intención de auxiliar a los cristianos en su vida espiritual. Y el predicador no engaña a sus oidores, sino que advierte cuando una interpretación es su opinión personal, o su conclusión a base de lo que el texto dice junto con lo que no dice.

Ahora, la vida espiritual tiene para Orígenes un sentido preciso, resumido en la expresión “apokatástasis panton”, restauración de todas las cosas. Esta expresión, tomada de un sermón de Pedro en el libro de los Hechos de los Apóstoles 3,21, Orígenes la entiende a la luz especialmente de 1Cor 15, donde se dice que el último enemigo será destruido (1Cor 15,25-26) y Dios será “todo en todos” (ver Peri Arjon III.6.5-8). Que Dios sea todo en todos se entiende como una meta de un camino largo de disciplina en la que el alma va expulsando todo lo contrario a Dios y poco a poco alcanzando a Dios, lo cual nunca se logra plenamente en esta vida. Hay que saber que cuando el apóstol dice todo significa también nuestros pensamientos y deseos, que también tienen que llegar a ser solamente Dios. La vida cristiana es un camino de toda una vida de disciplina espiritual donde vamos habituándonos a que Dios nos llene y sea el objeto de nuestros deseos. Una vez entendemos esta comprensión de la vida espiritual podemos entender aquello que motiva la predicación de Orígenes y orienta la interpretación “espiritual” que aparece en sus homilías.

4.2.      Comentario al Cantar de los Cantares

El Comentario al Cantar de los Cantares comienza con una introducción donde el autor plantea sus métodos. Y las primeras frases tienen que ver con el sentido literal de este libro maravilloso. El libro debe leerse como un drama donde los esposos están inflamados por el amor. Pero este amor es también, dice Orígenes, un amor entre Dios y el alma piadosa. Moisés al escribir el Génesis habló sin duda de la hechura y formación de dos hombres (caps 1 y 2, respectivamente) Pablo, quien sin duda entendía a Moisés mejor que nosotros, habló de dos hombres, uno interior que se va renovando día a día, y otro exterior, que se va corrompiendo y debilitando “incluso en santos de la calidad de Pablo” (Pról 2.5). Asimismo, debemos entender los amores del Cantar a la vez como amores carnales del hombre (y la mujer) exterior, pero más aún del hombre interior. Creo que aquí podemos recordar lo que Orígenes comentaba en su segunda homilía al Éxodo sobre que toda Escritura se hizo para nuestra salvación. Para la salvación es más importante leer los Cantares como cantos del alma (hombre interior) y Dios que de los cónyuges que se expresan amor. No quiere ello decir que lo segundo sea falso, sino simplemente que no es tan útil al creyente que lo primero. Dice más adelante en Prólogo 2.17, “Ahora bien, el alma es movida por el amor y deseo celestes cuando, examinadas a fondo la belleza y la gloria del Verbo de Dios, se enamora de su aspecto y recibe de él como una saeta y una herida de amor”. Y luego: “Nos conviene saber que, de la misma manera que el hombre exterior puede caer en un amor ilícito y contrario a la ley, de modo que ame, por ejemplo, no a su prometida o a su esposa, sino a una ramera o a una adúltera, así también el hombre interior, es decir, el alma, puede caer en un amor, no hacia su legítimo esposo, que dijimos era el Verbo de Dios, sino hacia algún otro, adúltero y corruptor” (Pról 2.18).

El libro de Cantares es un libro, más que de amor de deseo. Ella lo desea a él y él la desea a ella, y hay mucha lamentación sobre la separación, poca o ninguna celebración del amor consumado. De esto dice Orígenes: “Debemos saber que el amor de Dios siempre tiende hacia Dios, del que se origina, y mira al prójimo, con el que tiene parte por estar asimismo creado en incorrupción. Así pues, todo lo que está escrito sobre el amor tómalo como dicho del deseo, sin preocuparte en absoluto de los nombres, porque, de hecho, en los dos se pone de manifiesto el mismo valor (Pról 2.32). Dice más: “El nombre del amor se aplica en primer lugar a Dios, y por eso se nos manda amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, como origen que es de nuestra misma capacidad de amar. Y, sin duda alguna, en ese mismo amor va ya incluido también nuestro amor a la sabiduría, a la justicia, a la piedad, a la verdad y a todas las virtudes, pues una sola y misma cosa es amar a Dios y amar el bien” (Pról 2. 35). Y más: “Debemos saber que todo aquel que ama el dinero o cuanto en el mundo hay de materia corruptible abaja la fuerza del amor, que proviene de Dios para cosas que Dios no quiere. Efectivamente, Dios no concedió a los hombres el amor de tales cosas, sino el uso” (Pról 2.37).

Para completar esta visión del método del Comentario a los Cantares conviene mencionar la forma en que Orígenes entiende la obra de Salomón. Este sabio escribió tres tratados de Escritura, que corresponden a un plan de estudios de alto nivel. Comienza por la ética (Proverbios), seguido por la física (Eclesiastés) para desembocar en la contemplación (Cantares). Creo que no es errado decir que para Orígenes el libro de los Cantares es el libro más espiritual de las Escrituras. Entonces, su comentario a este libro quiere ser un guía para el alma piadosa en su camino hacia Dios. ¿Alegoría? Sí, por supuesto. ¿Es por lo tanto inservible hoy? ¡De ninguna manera! El problema de los intérpretes no es si respetan el sentido literal o no. La pregunta obligada es si saben anclar su lectura espiritual en la realidad de la vida o no. O si, por otro lado, su búsqueda de lo concreto e histórico no les permite discernir el sentido profundo de las Escrituras. Me parece que la diferencia entre el supuesto literalismo de Antioquía y la alegoría de Alejandría no es tan grande como se le ha pintado. Los mejores intérpretes antioqueños, como Teodoro de Mopsuesta y Juan Crisóstomo y los mejores de Alejandría, como Orígenes y sus sucesores supieron apreciar lo literal sin estar atado a ello. Y de unos y otros Orígenes fue el gran maestro, por más que se le haya despreciado después de su condena por supuesta herejía en Constantinopla trescientos años (!) después de muerto.

Repasemos algunos ejemplos concretos de la interpretación que hace Orígenes. En la homilía 9 sobre el Éxodo, que comenta el tabernáculo, dice lo siguiente en la sección 3: “La razón que motivó la construcción de ese tabernáculo está indicado más arriba [donde siguiendo a Hebreos habla de Cristo que entró en el tabernáculo en el cielo], porque el Señor dijo a Moisés: Vosotros me haréis un tabernáculo y me apareceré en medio de vosotros. Dios deseó que le hagamos un tabernáculo, y promete que si se lo construimos le podremos ver”. Sobre las partes del tabernáculo dice de las tablas verticales recubiertas de plata que anuncian la Palabra de Dios. Y también, “Estos son los apóstoles, que tienen por bases de su predicación los profetas... Los capiteles son, pienso yo, aquellas de las que dice el Apóstol que son la cabeza del hombre, el Cristo... Las barras que juntan las tablas, ya hemos visto, son las manos enlazadas de la comunidad apostólica “(9.3). “Cada quien puede también construir en su alma un tabernáculo para Dios” (9.4). Sobre el candelabro: “Este candelabro está colocado al sur de manera que mira el aquilón. Porque allí ilumina la lámpara, es decir cuando el corazón viejo, uno debe siempre mirar al norte para observar la venida de aquel que viene del norte [el enemigo que menciona Jeremías” (9.4). Y sobre la mesa: “La mesa que lleva los doce panes de la proposición se colocará al septentrión, mirando hacia el mediodía. Estos panes son la palabra apostólica, tanto por su número como por sus efectos... El Señor viene de Temán, está escrito [Hab 3,3], es decir del sur” (9.4). En esta interpretación alegórica del tabernáculo que construyó Moisés se puede apreciar el afán de hacer de un material árido algo que inspire a sus oidores en el trayecto de sus vidas espirituales.

Más importante, por su enorme influencia sobre el movimiento monástico posterior, es el Comentario al Cantar de los Cantares. Veamos algunos ejemplos concretos: Dice en términos generales, “Esta esposa que habla representa a la Iglesia congregada de entre los gentiles. Las hijas de Jerusalén, en cambio, a las cuales va dirigida la plática, son las almas que, gracias a la elección de los padres, se dicen queridísimas, cierto, pero son enemigas por causa del Evangelio: son las hijas de la ciudad terrenal de Jerusalén” (Com Cant 2.1.3). Sobre Cant 1,5, donde la mujer se dice ser negra pero hermosa, comenta, “Negra soy, en efecto, hijas de Jerusalén, puesto que no desciendo del linaje de varones ilustres ni recibí la iluminación de la ley de Moisés, pero tengo conmigo mi propia belleza. Efectivamente, en mi está aquella primera creación que en mi se hizo a imagen de Dios, y ahora, al acercarme al Verbo de Dios, he recibido mi belleza” (2.1.4). Y más adelante, siempre comentando el mismo texto, “¿Cómo ignoráis que la apariencia de aquella imagen tiene ahora en mi su plena realidad? Yo soy aquella etíope, soy negra, ciertamente, por la condición plebeya de mi linaje, pero hermosa por la penitencia y por la fe, pues en mi he acogido al Hijo de Dios, he recibido al Verbo hecho carne” (2.1.6). Y luego adelante, “Mi opinión es que se dice que está allende los ríos de Etiopía el que está ennegrecido por la enormidad y sobreabundancia de sus pecados y así, impregnado del negro tinte de su maldad, se ha vuelto negro y tenebroso. Y sin embargo, ni siquiera a éstos rechaza Dios: Dios no rechaza a nadie de cuantos le ofrecen sacrificios de espíritu contrito y de corazón humillado, es decir, de cuantos se convierten a El por la confesión y la penitencia. Por eso nuestro pacífico Señor dice: Al que viene a mi, yo no lo echo fuera” (2.1.44). Orígenes ha hecho en este inciso un repaso de muchísimos textos en la Biblia hebrea que hablan de negrura, asunto que no hemos creído conveniente citar aquí, con una concentración en la relación entre Salomón y la reina de Saba (o Etiopía como se creía), probablemente influenciado por la temprana existencia de una iglesia cristiana en aquella región africana. Todo lo concluye en 2.1.55-56 de la siguiente manera: Por otra parte, en cuanto al hecho de que parece hablar un solo personaje y sin embargo, se compara con muchos en la negrura, bien con las tiendas de Cedar, bien con los pabellones de Salomón, debe entenderse del siguiente modo: parece, efectivamente, una sola persona, pero son innumerables las iglesias que están dispersas por el orbe de la tierra e innumerables las asambleas y muchedumbres de pueblos: de la misma manera que el reino de los cielos se dice no ser más que uno, pero se mencionan muchas mansiones en la casa del Padre. Sin embargo también puede decirse de cada alma que después de muchísimos pecados se convierte y hace penitencia: es negra, ciertamente, por sus pecados, pero hermosa por su penitencia y por los frutos de la penitencia. En fin, de esta misma que ahora dice: Soy negra y hermosa, porque no persiste hasta el fin en la negrura, de esta misma dirán luego las hijas de Jerusalén: ¿Quién es ésta que sube blanca, recostada sobre su amado? [8:5].

A Cant 1,8, que en la LXX dice, “Si no te conoces, tu, bella entre las mujeres, sigue las huellas de los rebaños, y apacienta tus cabritos entre las tiendas de los pastores”, Orígenes dedica otra capítulo entero, el 2.5, que comienza con una cita de Sócrates, “De uno de los siete que la fama celebra entre los griegos como señeros en sabiduría, se ha transmitido, junto con otras, esta admirable sentencia: Entérate de ti mismo o conócete” (2.5.1). Entre lo mucho de interesante que contiene este capítulo, como se podrá imaginar el lector de este artículo, escojo alguno: “En cuanto descuida la ciencia, necesariamente se verá zarandeada por todo viento de doctrinas hacia el engaño de los errores, de suerte que plantará su tienda ahora junto a aquel pastor, es decir, maestro de la palabra, luego junto a otro; y así andará en continuo vaivén apacentando, no ovejas, que son animales simples, sino cabritos –los sentidos lascivos e inquietos, dedicados al pecado–, y frecuentando la compañía de diversos maestros buscados expresamente para esto. Y tal será la pena para la culpa del alma que no se esfuerce en conocerse a sí misma y por seguir al único pastor que dio su vida por sus ovejas” (2.5.17). Y más adelante, “Esta alma, por el hecho de estar progresando, es llamada bella, sin embargo, para que pueda también llegar a la perfección, necesita de esta advertencia: si recorriendo cada uno de las interrogantes que hemos propuesto no se conoce a si misma y no se ejercita vigilante en la palabra de Dios y en la ley divina, le tocará andar cosechando sobre cada punto opiniones bien diversas e ir a la zaga de hombres que no han hablado palabra notable ni que proceda del Espíritu Santo” (2.5.29).

 

5.       Conclusión: el diálogo pide descartar las actitudes prepotentes de un Justino y sus sucesores

Pienso que con estas citas de las homilías sobre el Éxodo y del comentario sobre Cantares hemos dado a los lectores y lectoras de este ensayo elementos para hacer una apreciación preliminar de la interpretación del gran alejandrino. Tratemos ahora de vincularlo a nuestro tema, el de la actitud hacia los judíos. Recordarán que tratando el tabernáculo Orígenes leyó imágenes sobre la Iglesia fundada sobre los apóstoles, cuya cabeza es Cristo, imágenes paulinas (o deuteropaulinas). Sin embargo, también abunda la interpretación de estas Escrituras por otros textos en la misma Biblia hebrea, como vimos con la interpretación de la orientación del candelabro según las profecías de Jeremías o de la negrura de la protagonista de Cantares por la reina etíope que visitó Salomón. Con todo, la de Orígenes es una interpretación cristiana de las Escrituras de los judíos (y las judías). Sin embargo, no encontramos en los textos que hemos examinado ni el autor de este ensayo ha encontrado en sus sondeos limitados de la vasta producción de este biblista nada expropiatorio como lo que vimos en Justino. Para Justino EL significado de las profecías es su referencia a Jesús, y los judíos y las judías tienen sus corazones endurecidos al rehusarse a reconocerlo. Por el contrario, Orígenes frecuentemente da a entender que su interpretación es UNA, es su propia opinión. Esto me parece una diferencia muy importante entre estos dos escritores que representan diferentes corrientes de pensamiento en la Iglesia primitiva. La conveniencia de la lectura alegorizante de Orígenes se puede discutir (su utilidad en innegable). La lectura de Justino es ofensiva y debe repudiarse. El autor de este ensayo no está en la capacidad de trazar el impacto de estos escritores sobre sus sucesores pero sospecha que en sus respectivas esferas ambos tuvieron una post-vida considerable –Justino en Occidente y Orígenes en Oriente. Los escritos de Orígenes fueron condenados en el Concilio de Constantinopla de 553 y en su mayoría perecieron en griego. Su impacto en Oriente posterior al siglo VI fue, entonces, limitado, aunque a través de su admirador Evagrio Póntico se conocieron muchas de sus ideas. Muchos escritos se preservaron en latín, gracias a la diligencia del traductor Rufino de Aquilea del siglo V. Tanto en un lado como en el otro su obra más influyente, el Comentario a los Cantares con su interpretación del camino espiritual del cristiano tuvo su impacto principal mediante su admirador Dionisio el Areopagita de principios del siglo VI, cuyos escritos fueron traducidos al latín y muy estudiados en los conventos de Occidente. Estas no son más que pinceladas que habría que comprobar con estudios precisos de muchos autores de la antigüedad.

Para efectos de un diálogo con judíos y judías sobre las Escrituras tenemos que descartar las actitudes prepotentes de un Justino mártir y sus múltiples sucesores. No es claro cuál sea la utilidad de Orígenes, quien hoy representa una interpretación ajena al afán moderno de analizar todo en su contexto histórico. Pero por lo menos es uno de los próceres del estudio bíblico que debe ser estudiado. Al ir superando la confianza total en el racionalismo que caracterizó mucho del pensamiento académico de los siglos XIX y XX una de nuestras necesidades es volver a estudiar los primeros estudiosos de la Biblia.

Jorge Pixley
Apartado postal 2555
Manágua
Nicarágua

Hoy es común suponer que las dos apologías son en realidad sólo una. Para nuestros efectos no importa.

Siempre que cite a Justino será de la edición bilingüe de los Padres apologistas griegos preparado por Daniel Ruiz Bueno (Madrid, BAC, 1954).

Nosotros usamos la traducción al inglés de M.Dods en Ante-Nicene Fathers (1885, con una nueva edición de Grand Rapids, Eerdmans, s.f.), excepto para el tercer libro del cual existe una traducción al español editado en Sevilla por el Apostolado Mariano en 1994.

Para esta obra uso la traducción al francés por L.M. Froidevaux (Paris: Du Cerf, 1959).

Hasta donde yo sepa la obra de Tertuliano no está traducida al español. Uso la traducción al inglés de S. Thelwall en la colección antes mencionada de Ante-Nicene Fathers.

Para el primero uso la traducción al español de Argimiro Velasco Delgado en Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, (Madrid: Ciudad Nueva, 1994), y para el segundo la traducción al francés de P. Fortier en Origene, Homélies sur l´Exode (Paris: De Cerf, 1947).

Para una discusión más amplia de esta temática puede consultarse el artículo de Jorge Pixley, “Apokatastasis Panton”, XILOTL 19 (1997), 71-102.

Aquí Orígenes comenta Cantares 2,5 en la traducción de los LXX. El hebreo habla de estar enferma y no herida. de amor.

 

 
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