El Apóstol Pablo y la Tradición Farisaica
Jacil Rodrigues de Brito
Resumen
La intención primera contenida en estas páginas que siguen, es apuntar la semejanza existente entre las reflexiones del Apóstol pablo y la de los sabios de la comunidad farisea, de la cual él proviene. Esas reflexiones hablan respecto a las realidades esenciales de las narraciones escriturísticas y riquezas de la tradición, acumuladas a lo largo de los siglos. Para ello, es necesario abordar la manera de ser de los fariseos, de leer e interpretar las Escrituras, actualizándolas y sacando de ellas las enseñanzas para la vida. La espina dorsal de todo se presenta en tres dimensiones: creación-alianza-redención, ampliándose en las promesas a los patriarcas y en el don de la ToRáH en el Sinaí. Utilizando los mismos métodos interpretativos y dentro de las mismas tradiciones Pablo demuestra como, a través de la persona de Jesús, tanto los judíos como los gentiles son los elegidos.
Abstract
The primary intention contained in the pages which follow is to point out the similarity which exists between the reflections of the Apostle Paul and those of the scholars of the Pharisaic community from which he comes. These reflections speak about the essential reality of the Scriptural narrations and the riches of Tradition accumulated throughout the centuries. To this end it is necessary to take on board the way of life of the Pharisees, to read and interpret the Scriptures, updating them and taking the teachings of life from them.. The backbone of it all is presented in three dimensions: creation-alliance-redemption, broadening out into the promises to the Patriarchs and the gift of the Torah in Sinai. Using the same interpretative methods and within the same traditions Paul shows how, through the person of Jesus, both the Jews and the Gentiles are the chosen ones.
Introducción
La expresión “tradición judía” o “farisea” abarca un mundo complejo y grande. Siendo así, se hace necesario, para no cometer ciertas exageraciones, delimitar el asunto, a la época y a las fuentes consultadas. Las reflexiones que siguen hablan respecto al período del Segundo Templo, época de crisis provocada por la destrucción del Templo de Jerusalén a cargo del Imperio Romano, en el año 70 de nuestra era (dC). Esa experiencia de destrucción y de muerte llevó a los judíos y a los judíos-cristianos a tomar nuevos rumbos. La comunidad judía se volvió hacia la ToRáH recibida en el Sinaí como centro y razón primordial de la vida. Y la cristiana se organizó alrededor de la persona de Jesús ya proclamado como resucitado.
Las dos comunidades se van a organizar en base a las reflexiones teológicas fundamentadas en las Escrituras y la Tradición milenaria de su pueblo. Si las Escrituras las unen, la interpretación de ella a partir de la experiencia de fe, las distancia y genera conflictos que se arrastran hasta nuestros días.
Lo que nos interesa en nuestra reflexión, en primer lugar, es el fondo cultural marcado por la presencia de la comunidad farisea, por su manera particular de leer e interpretar las Escrituras. Y el modo como ella saca de las Escrituras respuestas para cualquier eventualidad del tiempo presente, bien como lo que constituye la base de su fe: la creencia en la vida eterna, en el mundo que ha de venir, en la inmortalidad del alma, en la venida de un Mesías y en la resurrección de los muertos. Es por esa razón que los fariseos pudieron formular el judaísmo, posibilitando el seguimiento del pueblo desanimado frente a la crisis del año 70. Los sabios fariseos dejan Jerusalén y se mudan para Yavneh para, así, poder reunificar el pueblo alrededor de la ToRáH.
En ese momento nace y se estructura la comunidad cristiana que es hija de la farisea. Todos los textos del Segundo Testamento llevan las marcas de ese parentesco. Y es ahí donde vamos a encontrar al Apóstol Pablo que dice ser fariseo de la tribu de Benjamín . Aquí está el punto más importante de nuestra reflexión: las argumentaciones teológicas que los sabios fariseos desarrollan para llegar a poner en práctica los mandamientos de la ToRáH. Pablo, después de su adhesión a la fe cristiana, redirecciona ese objetivo hacia la persona de Jesús. Por esa razón, el hilo conductor de nuestro estudio será la elección de Israel y su alianza con Dios y el don de la ToRáH.
1. La ToRáH es escrita y oral
El vocablo ToRáH viene de la raíz yrh que quiere decir enseñar, instruir, orientar. Así, comprendemos la ToRáH, como sustantivo, como enseñamiento, instrucción, orientación. De ahí viene la designación de aquel que enseña (MoRêH) y que es el título que se da a Moisés el que nos transmitió esa enseñanza (MoSHêH MoReNu = Moisés nuestro maestro) recibido de Dios en el Monte Sinaí. La tradición es la que nos enseña de esta manera. Ahora, con respecto a MiSHNáH dice:
“Moisés recibió la ToRáH en el Sinaí y la transmitió a Josué, que a su vez transmitió a los ancianos. Estos la transmitieron a los Profetas, que la transmitirían a los hombres de la Gran Asamblea. Los hombres de la Gran Asamblea dijeron tres cosas: Sean moderados en el ejercicio de la justicia; hagan muchos discípulos y erijan una cerca en torno de la ToRáH” (Avot 1,2).
Cuando hablamos de la ToRáH es bueno recordar que esa manera de comprenderla puede abarcar varias dimensiones:
a) Los Diez Mandamientos;
b) Los cinco libros del Pentateuco;
c) El Pentateuco + Los Libros Proféticos y Sapienciales, esto es, todas las Escrituras;
d) Todas las Escrituras + los comentarios de los Sabios.
Frente a este cuadro vamos a ver como la ToRáH el Pentateuco (ToRáH de Moisés, como se llama comúnmente) y mirar, desde ahora, los Escritos Proféticos y Sapienciales como comentarios de ella. Ellos son una manera de orientar a la comunidad en la vivencia de sus mandamientos. Son como manuales de práctica de los mismos.
Pero todo lo que está contenido en las Escrituras como texto canónico es considerado ToRáH Escrita (ToRáH SHeBiCKTaV) en contraposición a todo lo que es comentario de los sabios que es entendido como ToRáH Oral (ToRáH SheBeHaLPeH). Por tanto decir que la ToRáH es , al mismo tiempo, Escrita y Oral significa entender que el escrito encuentra su real significado cuando se lee, interpreta, comenta y actualiza. La fuerza de un texto está en el ojo de lector y en la interpretación que le da éste a partir de otra realidad que puede no ser aquella de quien lo escribió. Es la interpretación que renueva el texto y la vida del individuo o grupo que lo lee.
Los sabios fariseos desarrollarán esa manera de leer las Escrituras, y lo mismo vale decir de las comunidades cristianas, pues seguirán el mismo camino.
Podemos decir que el “Escrito” y lo “Oral” son dos dimensiones de la misma realidad que es la ToRáH. Siempre van con las manos entrelazadas. Una no existe sin la otra. Además, en las Escrituras y en la Tradición las realidades esenciales concernientes a la vida se presentan siempre en dos dimensiones inseparables:
a) El mundo de Dios está formado de cielo y tierra; visible e invisible;
b) Los seres vivos se presentan como masculino y femenino;
c) El hombre (el ser humano) es cuerpo y espíritu;
d) La humanidad, después de la elección y de la alianza de Dios con Israel, es Israel y las Naciones;
e) La lengua escrita se presenta en consonante (visible) y vocal (que no se escribe. Por lo tanto es invisible).
Cuando se habla de visible e invisible, nótese que es lo invisible lo que da el movimiento vital a lo visible. El espíritu hace vivir al cuerpo, como las vocales dan vida y movimiento a las consonantes. En la lengua hebrea el vocablo usado para designar a la “vocal” (T’NuHáH) es el mismo que se usa para el movimiento). De esta manera, vamos a construir el argumento siguiente: así como el espíritu mueve al cuerpo, la vocal mueve a la consonante, la oralidad da movimiento y vida a los escrito.
Y es en esa perspectiva como entendemos las reflexiones teológicas de Pablo sobre la verdad y libertad que trae Jesús. Sobre todo cuando Él, usando esa metáfora típicamente farisáica, dice que la Letra está muerta y lo que le da vida es el Espíritu (2 Cor 3,6). Para expresar todo ese cuadro considerado nuevo por las primeras comunidades cristianas es necesario leer todas las Escrituras, utilizando la fuerza de la oralidad, y la luz de la fe en Jesús de Nazaret como Mesías.
2. Menciones de la ToRáH Oral en las Escrituras
En la tradición farisea todas las palabras de las Escrituras tienen el mismo valor en cuanto Palabras reveladas por el Dios vivo. Entonces, en la lectura interpretativa, se considera que, para las palabras de Dios, como para el propio Dios, no existe pasado ni futuro. Ellas siempre están en el presente, igual como Dios siempre Es.
Para los sabios el aspecto oral de las Escrituras ya está incluido en ellas. El efecto leemos “una vez habló Dios, dos yo oí” (Sl 62,12). Esto se comprende como: “una vez habló Dios” como don de la ToRáH en el Sinaí, es decir, como escrito y “dos yo oí” como las múltiples formas de leer e interpretar.
En esa misma línea de pensamiento está el texto de Lv 26,46: “Estos son los estatutos (HuKiM), las normas (MisHPaTiM) y las leyes (ToRoT) que el Señor estableció entre sí y los hijos de Israel, en el Monte Sinaí, por intermedio de Moisés”. Ahora, la palabra traducida por “leyes” en la lengua hebrea es ToRoT, que es el plural de ToRÁH. Si ella aparece aquí en el plural es porque existen más de una Torá, entonces la entendemos como Escrita y Oral. Podemos citar otros pasajes: Dn 9,10 “No escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios, para andar según las leyes (ToRoT) que él nos dio por medio de sus siervos, los profetas?” .
En efecto, en lo que respecta a este punto, encontramos en los Midrashim : Rabi Yehoshua ben Korha dice:
“Moisés permaneció cuarenta días sobre la montaña. Durante el día él leía el texto escrito (MiKRáh) y, durante la noche, él estudiaba el comentario oral (MiSHNáH)… Moisés permaneció cuarenta días sobre la montaña, sentado delante del Santo, bendito Él, como un discípulo delante de su maestro. Él estudiaba la ToRáH escrita durante el día y de noche la oral”.
Bem Betera dice:
“Moisés permaneció cuarenta días sobre la montaña. Él interpretaba (DoReSH) las palabras de la ToRáH y escuchaba las letras” .
Estos pasajes, en consonancia con los versículos del Sl 62 y del Lv 26, atestiguan la contemporaneidad de las dos dimensiones de la ToRáH. A pesar de todo, puede haber controversias. He aquí una paradoja que presenta la Tradición:
“La ToRáH Oral como interpretación de la Escritura le es anterior. Pero, en el momento de la revelación, la ToRáH Oral ya estaba presente. Gracias a deducciones lógicas, el hombre puede reconstruirla en su estructura original… La anterioridad de la ToRáH Oral se encuentra por las señales y los testimonios de la ToRáH Escrita… La ToRáH Oral cuenta que ciertos MiTSVoT (mandamientos) fueron observados por los israelitas antes de la formulación de la ToRáH Escrita. Los Patriarcas ya habían puesto en práctica las prescripciones de la ToRáH antes de que ellas fuesen ordenadas en el Sinaí. En plena esclavitud en Egipto los israelitas ya habían observado el sábado, habían estudiado y practicado los preceptos de la ToRáH” .
Rabbí Abahu dice respecto a Moisés: “¿Es posible que Moisés haya estudiado toda la ToRáH?” ¡Afirmar esto es decir que su dimensión sobrepasa el universo! En realidad lo que Dios reveló a Moisés son los principios (KlaLiM) . Aquí debemos entender que, según la Tradición, se le dio a Moisés las llaves y las reglas de la interpretación en el Monte Sinaí, después estas fueron transmitidas por la ToRáH Oral de generación en generación, sin descontinuidad, hasta llegar a los sabios del Talmud, donde se sistematizaron sucesivamente esas reglas por Hillel, el antiguo, Nahum de Gamzo, Rabbí Akiba y Rabbí Ismael” .
Así, para la Tradición Farisea, desde la revelación de la ToRáH en el Sinaí, los sabios poseen un método útil, auténtico, que les permite ir más allá de lo que está escrito, “más allá del versículo”. La ToRáH trae en su revelación las fuentes de su propio desarrollo. El texto está escrito de tal manera que requiere ser interpretado, desarrollado. La compilación del texto es pensada y trabajada por la voluntad de interpretar del lector: “invitación a escrutar el texto, al MiDRaSH , ya es una participación de lector en la revelación, en la Escritura” . Una vez que el texto está legible, según la ortografía, la pronunciación y la sintaxis correcta, todavía queda explicar el sentido de las palabras. Es verdad que la comunidad a la cual la ToRáH está destinada es de lengua hebrea, pero las formulaciones de los sabios en lenguaje técnico requieren explicaciones. Esas explicaciones que Moisés daba a las palabras, llegando más allá de una simple traducción. Según la tradición, Moisés explicaba los detalles que estaban alrededor de cada ley, detalles estos, que no están escritos en el texto bíblico.
Un aspecto importante que ya ha sido mencionado es el de que la lengua hebrea es consonántica, es decir, no aparece vocal alguna a fin de que el texto pueda ser leído con la certeza de la vocalización exacta de las palabras. Por eso, una misma palabra se puede leer de diversas maneras y puede adquirir cada vez un significado diferente. Además, los textos de las Escrituras fueron escritos en forma continuada, es decir, sin interrupción entre una palabra y otra y sin vocalización. Eso traía muchas dificultades. Por esa razón, hacia el siglo VIC aC los Masoretas intentaron resolver el problema separando las palabras y poniéndoles vocales. A pesar de que este hecho puso como fija una pronunciación y consecuentemente una interpretación, nada impide al lector para que pueda ignorar las señales de vocalización y jugar con las consonantes de los radicales de las palabras.
3. ¿Qué mismo es la ToRáH Oral?
Vale recordar que, en cualquier circunstancia, lo oral precede a lo escrito. Aún con el dominio completo de las técnicas de la lengua escrita, todo lo que escribimos es lo que, primero, ya habita en nosotros, como pensamiento listo para ser hablado o escrito. Hablar y escribir son dos formas de expresión del pensamiento. La expresión máxima de la libertad reside en el acto de pensar. Cuando hablamos restringimos el pensamiento y cuando escribimos duplicamos esa restricción. Esto se da, simplemente, porque es imposible hablar todo lo que pensamos, así como es imposible escribir todo lo que hablamos. Por lo tanto la escritura es como la forma de preservar con exactitud el pensamiento. Es como si lo congelásemos y él durmiera hasta que los ojos de un lector creativo vengan a posarse sobre el texto. Cuando él es leído e interpretado, se le devuelve su aspecto de oralidad.
Después de esto, podemos comprender con más facilidad, que, en la tradición farisea, la ToRáH, antes de ser escrita es oral, y recuperamos su oralidad cuando la leemos e interpretamos.
Pero, no es tan simple. Cuando hablamos de ToRáH oral es necesario tener en consideración que existe todo un mundo que debe ser comprendido. No es suficiente decir que todo lo que es comentario del texto escrito es ToRáH oral, porque usamos esa nomenclatura, más específicamente para los comentarios de los sabios que trataban de sacar de las Escrituras normas prácticas de vida para la comunidad. Esos comentarios se concentran en la MiSHNáH y en su extensión que es el Talmud de Jerusalén y de Babilonia y los MiDRaSHiM.
La MiSHNáH es una serie de enseñanzas que los sabios sacan de las Escrituras y que son aprendidas y conservadas en forma oral. Por esa misma razón se la llamó MiSHNáH, por el hecho de que se enseñaba y asimilaba por repetición. Las fórmulas eran sintéticas al máximo para poder guardarlas en la memoria. Esa MiSHNáH, en la época del Segundo Templo, a causa de la intensidad de la persecución del Imperio Romano, fue puesta por escrito por el Rabi Yehuda Hanassi (el príncipe). Después de eso, ella fue comentada por los sabios de la tierra de Israel, que es el Talmud de Jerusalén y por los de Babilonia, en el Talmud de Babilonia. De los dos, el de Babilonia asumió una posición de mayor importancia en el seno de las comunidades. La literatura del Talmud está compuesta de MiDRaSHiM. Un MiDRaSH puede ser de HaLaCKaH que busca esclarecer o resolver, a partir de las Escrituras, algún problema concerniente a la Ley Judía, y de AGaDaH que intenta orientar a la comunidad en el sentido moral y espiritual con la intención de llevarla a inspirarse en los héroes de la narración bíblica o de la comunidad.
Así, comprendemos que para la comunidad farisea no existe un solo libro (Biblia) como referencia. Junto con la Biblia se hace necesario el Talmud. Solamente la Biblia, iluminada por el Talmud nos introduce en una lectura judía de las Escrituras.
Así, de una forma bastante simplificada, podemos decir que entendemos por ToRáH Oral la búsqueda de leer las Escrituras e interpretarlas, sacando de ellas una enseñanza siempre nueva. Ella da vida y actualiza lo escrito.
4. La ToRáH es el punto central de la comunidad de los hijos de Israel
La ToRáH como enseñanza que Dios da en el Monte Sinaí a través de Moisés, es el corazón de su existencia como pueblo de Dios, que vive una relación de intimidad con él. Podemos decir que es a los pies del Sinaí que Israel pasa a existir con la consistencia de ser pueblo cuando, en consenso, afirma su compromiso: “Todo lo que el Señor habló, nosotros lo haremos y obedeceremos” (Ex 24,8). La vivencia de esas cláusulas va a hacer de Israel un pueblo diferente a sus propios ojos y a los de los otros (de las Naciones). Es la práctica de esos mandamientos lo que va a hacer esa diferencia. Tal como está escrito: “Por lo tanto, cuiden de ponerlos en práctica (los mandamientos) pues eso les hará sabios e inteligentes a los ojos de los pueblos. Al oír todos esos estatutos, ellos van a decir: Solo existe un pueblo sabio e inteligente: ¡es esta gran nación!” (Dt 4,6). Y la secuencia del texto es una especie de comentario, evidenciando que esta práctica eliminará la distancia entre Israel y Dios.
De forma que, la base de la Biblia es la ToRáH (del Génesis al Deuteronomio). Los libros Proféticos y Sapienciales, que vienen a continuación, son comentarios de la ToRáH. Ellos son, como ya se dijo, manuales para la práctica de la ToRáH. La figura, tanto del profeta como del sabio, solo existe en función de la orientación del pueblo en los caminos del Señor, es decir, de la práctica de los mandamientos de la ToRáH.
Lo que percibimos es que, a partir de ahí, la comunidad de Israel se fue estructurando en torno de realidades esenciales que podemos llamar como pilares de la Revelación:
a) ToRáH (Centro de la Revelación).
b) Pueblo (Sujeto de la Revelación).
c) Tierra (Lugar donde se va a vivir la Revelación).
d) Templo (Lugar de la presencia de Dios, por lo tanto, lugar del encuentro en tres dimensiones: con uno mismo, con los otros y con el propio Dios).
De estos cuatro items citados, el Templo está muy próximo de la ToRáH. Él adquirió una posición central en el seno de la comunidad. Todas las tribus se dirigen hacia él son sus ofrendas de acción de gracias, de reconciliación y de súplicas. Es muy difícil imaginarse la vida sin él. Sería como imaginar la vida sin la presencia de Dios, porque es exactamente eso lo que representa el Templo. La tragedia de su destrucción y la de Jerusalén en el año 70 dC se indican y fundamentan nuevos rumbos para una forma diferente de leer e interpretar las Escrituras. Esto es lo que vamos a ver enseguida.
5. La crisis del año 70 dC y la novedad para los judíos y cristianos
La destrucción del Templo y de Jerusalén, como acontecimiento trágico, toca no solamente a la comunidad judía, sino también a la cristiana, ya que ella nació en el seno de la judía. Años más tarde estos continúan frecuentando la sinagoga y, por ello, sufren el mismo dolor de su destrucción y de la ausencia de Dios.
5.1. La novedad para la comunidad judía
El hecho es que la destrucción provocó una transformación al interior de la comunidad judía. Los sabios fariseos, viendo a Jerusalén y al Templo en ruinas y al pueblo desesperado y desorientado, se trasladan para Yaveh. Y ahí, ellos orientarán al pueblo alrededor de la ToRáH, mostrando que ella es más importante que el Templo (en cuanto construcción) y que los romanos no la pueden destruir. Aunque consiguiesen quemar los libros no la destruirían porque está viva en la memoria y podría ser reescrita. Ella no está fijada a ningún lugar, y allá donde vaya un judío también ella irá. Y, en lo referente a la presencia de Dios, los sabios entenderán y dirán que allá donde un judío abra la ToRáH Dios va a estar presente.
Este momento se nos presenta como una especie de relectura de caminar del pueblo por el desierto siempre acompañado de la presencia de Dios en la Nube, en la Columna de Fuego, en la Tienda de Reunión. Lo cual nos hace ver que el pueblo es nómada, Dios es nómada. Cuando Israel se establece en la tierra y construye casas y ciudades, Dios también tiene ahí su casa (el Templo). Pueblo sedentario, Dios sedentario. Ahora, ya no tenemos Templo y Jerusalén está en ruinas. Volvemos a la diáspora, igual que nosotros, Dios también viene con nosotros a través de la ToRáH. En ningún momento estuvimos destituidos de su presencia y no será en este momento que lo vamos a estar.
Los sabios reorientan a la comunidad alrededor de la lectura e interpretación de las Escrituras y escriben sus propios comentarios (MiSHNáH).
5.2. La novedad para la comunidad cristiana
Ya mencionamos arriba que la comunidad cristiana, así como la judía, sufre con la destrucción del Templo y de Jerusalén y, también ella, va a encontrar una manera de estructurarse frente a esa enorme dificultad. El aspecto nuevo para ella es su fe en la persona de Jesús de Nazaret como Mesías prometido en las Escrituras y la Tradición, resucitado de entre los muertos y presente en medio de ellos. En Él convergen todas sus esperanzas: Él es la Palabra de Dios encarnada (por tanto ToRáH). Él es la presencia de Dios vivo en medio de nosotros (por lo tanto es el Templo) . Y, ahora, resucitado irá con nosotros donde quiere que vayamos .
6. Los fariseos y la resurrección de los muertos
La comunidad farisea, usando sus métodos de interpretación y actualización de la Escrituras, deducen que ellas nos enseñan que Dios resucitará a los muertos. Ya vimos que esta práctica nos introduce en la ToRáH Oral. En el tratado Sanhedrin del Talmud de Babilonia encontramos muchos comentarios de textos de las Escrituras que tratan de clarificar esas enseñanzas acerca de la resurrección de los muertos.
“Todo Israel tendrá parte en el mundo venidero porque se dijo: Y tu pueblo será compuesto de justos que poseerán para siempre la tierra; es el renuevo que planté, obra de mis manos para servir a mi gloria (Is 60,21). Los que no tendrán parte en el mundo que va a venir: aquellos que afirman que no se puede deducir de la ToRáH la resurrección de los muertos y que ella no fue dada por el cielo…” (T.B. Sanhedrin 90ª).
Y en la secuencia encontramos:
“…Los Saduceos preguntaron a Raban Gamaliel: ¿Cómo sabemos que el Santo bendito Él resucitará a los muertos? Este respondió: Por la ToRáH, por los Profetas y Hagiógrafos. Ellos no admiten que la resurrección se deduzca de este texto: El Señor dijo a Moisés: he aquí que tú reposarás con tus padres y tú te levantarás (Dt 31,16)” .
Pero los saduceos argumentaron que tal vez sea necesario leer: Y este pueblo se levantará y se prostituirá (como dice la secuencia del versículo).
Por los Profetas está escrito: Tus muertos volverán a vivir, tus cadáveres resucitarán, despierten y canten, ustedes los que habitan en el polvo porque tu rocío será un rocío luminoso (Is 26,19).
Pero ellos argumentaron que tal vez se trate solamente de los muertos que Ezequiel resucitó.
De los Hagiógrafos está escrito: Tu paladar es un vino delicioso que escurre para mi amado, soltando los labios de los que duermen (Ct 7,10).
[Ellos replicaron] tal vez sus labios solamente se van a mover como dice R. Yohanan…
…Fue ahí que Raban Gamaliel citó a los saduceos: [Esta tierra] que el Señor juró dar a sus padres (Dt 11,9). No se dijo “de dar a ustedes” sino “de dar a sus padres”. He aquí un texto de la ToRáH que atestigua la resurrección de los muertos, les dijo [y no pudieron replicar más] (T.B. Sanhedrin 90b).
Es interesante notar que, en este pasaje del Talmud, los que argumentan contra los sabios fariseos son del grupo de los saduceos. Y esto porque ellos no leen las Escrituras en la misma perspectiva. En el evangelio de Marcos encontramos un texto muy semejante, en el cual la respuesta de Jesús al interlocutor saduceo es completamente farisea. Se trata de una mujer que se casó con siete hermanos y al final ella también murió. La pregunta es: ¿en la resurrección de los muertos de cuál de ellos será la esposa? En este texto Jesús responde, no solamente citando las Escrituras sino recriminando por su desconocimiento al fariseo, por lo menos, por no interpretarla en esa dirección.
El hecho es que la respuesta de Jesús solo es convincente después de la comprensión de la argumentación que proviene del factor interpretativo. La frase que él cita de las Escrituras es: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob (Mt 12,26b) y lo que viene enseguida en el v.27: Ahora bien, Él no es Dios de muertos, sino de vivos; se trata de un comentario. En realidad tenemos que comprender que si Dios hizo promesas a esos patriarcas que todavía no fueron cumplidas es porque él va a resucitarlos de entre los muertos para cumplirlas. O ellos (los patriarcas) no están muertos sino vivos, como afirma el comentario.
6.1. La experiencia de la resurrección de Jesús
La novedad que la comunidad cristiana nos presenta no es, en sí, la resurrección de los muertos porque ese dato ya forma parte integrante de la fe de los fariseos . Lo que es nuevo es el hecho de afirmar que Jesús resucitó de entre los muertos y que Él es el Mesías prometido en las Escrituras y en la Tradición. Esa experiencia apunta hacia otros rumbos para ese grupo que ahora va a interpretar todas las Escrituras con esa nueva luz.
6.2. La figura de Pablo y el paso desde el mundo judío al de las naciones
Cuando se habla del paso del mundo judío al de las naciones se está sobreentendiendo un gran choque antropológico, es decir, choque de dos realidades muy diferentes en lo que respecta a las características culturales. Ese paso se da por el hecho de que el grupo de los discípulos de Jesús, habiendo realizado la experiencia de su resurrección y no encontrando la aceptación de la comunidad judía, se va a abrir al mundo de las Naciones. Así, la experiencia de la resurrección de Jesús lleva a sus discípulos a:
a) A una relectura, diferente de la realizada hasta entonces, de todas las Escrituras y a la luz de la resurrección de Jesús y motivada por razones litúrgicas y catequéticas;
b) A adaptar lo esencial de las Escrituras y de la Tradición judía a las gentes de las Naciones.
Encontramos algunos rasgos de ese paso del mundo interno de los judíos al mundo externo de los gentiles en diversos pasajes de los Evangelios , en los Hechos de los Apóstoles y principalmente en los escritos de Pablo .
Es, en esa concreta encrucijada, en que vamos a encontrar al Apóstol Pablo. Él es el instrumento, por excelencia, en ese momento de crisis y de transición. Él es la puerta, por decirlo de alguna manera, que posibilita la salida de las riquezas del mundo judío hacia los gentiles. Esto es posible gracias a su formación farisea que le va a permitir leer las Escrituras paso a paso, mostrando con argumentaciones lógicas que, en Jesús de Nazaret, se da el cumplimiento de las promesas de Dios a los Patriarcas y que, esas promesas están referidas a todas las naciones del mundo, como lo veremos seguidamente.
7. La elección de Israel y de los gentiles
Vamos a limitarnos aquí a Rm 9,1-5. En este pasaje, Pablo habla de su dolor por el hecho de que tantos de su pueblo no dieron el paso que él acababa de dar: reconocer en Jesús al Mesías. Seguidamente, él enumera una serie de puntos desde la adopción filial hasta las promesas a los patriarcas. De esa manera señala el amor de Dios por Israel. De esos puntos, considerados como privilegios de Israel, nos vamos a detener solamente en algunos que nos son más queridos.
La adopción filial: Pablo necesita partir de la comprensión de Israel como hijo de Dios en las Escrituras (Ex 4,22; Dt 14,11; Os 11,1) para después tratar de la cuestión referente a los Gentiles.
La ToRáH: A través de ella Dios se revela, se da a conocer a Israel. Ella le da la vida y le educa y orienta en los caminos del Señor. En consonancia con el don de la ToRáH están las figuras de los Patriarcas con sus respectivas promesas que Dios les hace.
Lo que Pablo les hace ahora, con una argumentación que es propia de los sabios fariseos en lo que concierne a la lectura interpretativa de las Escrituras, es retomar todo lo que se dice de Israel en las Escrituras y en la Tradición y aplicarlo a los que hacen su adhesión a la fe cristiana. A continuación vamos a comparar textos que tratan de Israel y las Naciones en la literatura rabínica y en San Pablo.
7.1. La Carta a los Romanos y los Sabios Fariseos
El tema de la aceptación de la ToRáH por parte de Israel y el rechazo por parte de las Naciones está bastante difundido en la literatura rabínica. Es necesario justificar, desde el punto de vista teológico, porque Dios escoge un pueblo y se ocupa de él con tanto esmero. ¿Pero, y el resto de pueblo de la tierra, que también pertenecen a Dios? Es aquí, donde necesitamos decir y comprender que esta elección es un don de la ToRáH y que no depende solamente de Dios, sino de la aceptación de este don. Esta es, practicamente la misma argumentación de Pablo, como veremos en el capítulo 10 de la Carta a los Romanos.
7.2. “Ellos no oyeron” (Pablo e Rabi Ishmael)
Vamos a mirar un poco más de cerca lo que dice el apóstol Pablo en Rm 10,14-21.
“¿Pero, cómo podrían invocar a aquel en quien no creyeron? ¿Y cómo podrían creer en aquel que no oyeron? ¿Y cómo podrían oír sin predicador? ¿Y cómo podrían predicar sino fueran enviados? Conforme está escrito: ¡cuán maravillosos son los pies de los que anuncian buenas noticias! (Is 52,7). Pero no obedecieron al evangelio. Dice, en efecto, Isaías: ¿Señor quién creyó en nuestra predicación? (Is 53,1) Pues la fe viene de la predicación y la predicación es por la palabra de Cristo. Ahora, yo digo, ¿será que ellos no oyeron? Mientras tanto, su voz corrió por toda la tierra , hasta los confines de la tierra sus palabras (Sl 19,5). Pero yo pregunto: ¿Israel no habría entendido? Moisés ya decía: yo haré que te pongas celoso de un pueblo que no es pueblo; contra un pueblo sin inteligencia excitaré vuestra ira (Dt 32,21) . E Isaías se atreve a decir más: fui hallado por aquellos que no me buscaban; me hice visible a los que no preguntaron por mí (Is 65,1). Y a Israel dije: todo el día extendí la mano a un pueblo desobediente y rebelde (Is 65,2)”.
Al inicio, Pablo evoca la fuerza de la palabra evocada y oída. Pero acaba diciendo que “ellos no obedecieron al evangelio” (v. 16). En el v. 18 viene la cuestión que va, aquí, a orientar nuestra reflexión: “¿será que ellos no oyeron?” Y cita los Salmos: “Por toda la tierra corrió su voz , hasta los confines del mundo sus palabras”. Pablo clarifica ahora quién es el que no oyó la voz, ya que, anteriormente, apenas había dicho “ellos”: “Yo pregunto: ¿Israel no habría entendido?
Pablo está construyendo su argumentación dentro de la manera farisea de leer e interpretar. El telón de fondo es la Escritura, en las cuales él se pasea y escoge, allá donde encuentra, el versículo que viene a justificar, con precisión, lo que él quiere decir. No le importa si ese versículo viene de la ToRáH, de los Profetas o de los Escritos Sapienciales. Así, él construye un texto nuevo, armonizado, con una nuevo mensaje.
El hecho es que las semejanzas entre los textos de Pablo y los de los sabios fariseos son muy semejantes. Lo cual no es ninguna sorpresa, en el momento que tomamos en consideración sus orígenes. Pasemos a un texto de la literatura rabínica que trata del mismo tema.
Meckilta de Rabi Ishmael – “Ellos no oyeron”
Ellos acamparon en el desierto (Ex 19,2). La ToRáH fue entregada públicamente, abiertamente y en un lugar que no pertenecía a nadie; porque si ella se hubiera entregado en la tierra de Israel, ellos (los israelitas) podrían haber dicho a los otros pueblos del mundo: ustedes no tienen parte en ella. Pero ella fue entregada en un desierto, públicamente y en un lugar que no pertenecía a nadie. Por lo tanto, todo aquel que quiere recibirla que venga y la reciba. ¿Acaso fue entregada durante la noche? La Escritura dice: En la mañana del día tercero (Ex 19,16). ¿Acaso fue entregada en el silencio? La Escritura dice: Hubo truenos y relámpagos… (ibid). ¿Acaso no oyeron la voz? La Escritura dice: La Voz del Señor en la fuerza, la voz del Señor en la Majestad… (Sl 29,4-5) .
El punto fuerte aquí, en Rabi Ishmael, es demostrar por medio de los propios textos de la Escritura, sin hacer ejercicios forzados, que los gentiles no pueden presentar ninguna disculpa porque no la tienen, también ellos, han recibido el don de la ToRáH. Este texto, como toda la Meckilta tiene un tono fuertemente universalista, y muestra a la ToRáH, como el propio Dios extrapola cualquier realidad. Ella no pertenece solamente a quien no tiene la conciencia de haberla recibido, sino a quien desea aproximarse a ella, amarla y aprovecharse de su infinito tesoro.
Esta es exactamente la reflexión que Pablo hace sobre Judíos y Gentiles en lo que concierne a la persona de Jesús. Él pertenece a quien lo busca. La ToRáH se entregó el tercer día durante la mañana y ahí nació la comunidad judía. Jesús resucita al tercer día en la mañana y de ahí nace la comunidad cristiana.
Rabi Ishmael parte de la propia ToRáH para decir que ella fue entregada en un lugar que no era de nadie, por esa razón ella puede ser de todos, sin cercas ni fronteras. Ella fue entregada en la luz del día para que todos pudiesen verla; fue entregada acompañada de voces y relámpagos para que todos pudieran darse cuenta de que algo nuevo estaba sucediendo. Y él concluye usando el Salmo 29, que, en el mundo de los sabios, es usado, por excelencia, para cantar el don de la ToRáH en el Sinaí. Él cabe perfectamente aquí porque menciona la “Voz del Señor” siete veces. Este número está en consonancia con el número 70 que es, según la Tradición, el número de las naciones de la tierra que estaban también a los pies del Sinaí, venidas de los cuatro vientos y, todas ellas, oyeron en sus lenguas maternas.
También Pablo cita la ToRáH (Dt 32,21), donde Dios dice que buscará otro pueblo para despertar celos en Israel que lo cambió por otros dioses. Pablo parte del hecho de que en otros tiempos, a los pies del Sinaí, Israel oyera la voz de Dios y las naciones cerraran sus oídos a ella. Ahora se invierten los papeles: quien en otros tiempos oyó ahora no oye, y quien no oyó en el pasado ahora oye. La argumentación gira en torno al hecho de que el rechazo de la ToRáH por parte de las naciones en el Sinaí resultó en aceptación y surgimiento de Israel que la aceptó ahora, Israel rechaza aceptar a Jesús como Mesías y ese rechazo desemboca en la salvación de las naciones .
A diferencia de Rabi Ishmael, Pablo, para hablar de la “Voz” no utiliza el Salmo 29, que en la tradición judía se utiliza como referente al don de la ToRáH. Él prefiere el Sl 19,5 y aplicar la voz de los predicadores al evangelio que resonó por toda la tierra (cuatro vientos).
Conclusión
Concluyendo se puede decir que las dos comunidades, tanto la judía como la cristiana, hicieron la experiencia de dolor de ver algo central (el Templo) destruido. Pero también vivieron, como siempre sucede en la historia del pueblo en la narración bíblica, la oportunidad y las condiciones de tomar el camino de la recomposición, de la reestructuración de todos los aspectos de la vida. Podemos percatarnos y decir que las dos comunidades no permanecieron enclaustradas en la desorientación. La comunidad judía se volvió hacia la ToRáH y la cristiana hacia la persona de Jesús.
Podemos decir que tanto Rabi Ishmael, cuanto Pablo, parten del mismo principio: demostrar por la Escrituras que Dios ofreció un presente y que unos aceptaron y otros rechazaron. En el primer caso el presente es la ToRáH entregada en el Sinaí. Ella fue rechazada por los gentiles y aceptada por Israel. Rabi Ishmael dice que las Naciones no tienen como disculparse porque oyeron la voz de Dios en el trueno. En el segundo, el presente es Jesús, que la mayoría de Israel rechaza y los gentiles aceptan. Pero también Israel, para Pablo, no tiene disculpas porque oyó la voz de los predicadores del Evangelio.
Pero, es necesario tener en consideración que tanto Rabi Ishmael cuanto Pablo no excluyen a los que rechazaron. Rabi Ishmael dice que la ToRáH se dio en un lugar de nadie para que pudiese ser de todo aquel que se interesa por ella. Y Pablo dice que Dios nos prepara para su gloria y nos llama tanto de entre los Judíos como de entre los Gentiles (Rm 9,24).
Jacil Rodrigues de Brito
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Rm 11,1; Fl 3,5; Hch 22,3; 23,6.
De la raíz SH.N.H que quiere decir repetir y, por consecuencia, estudiar, aprender por repetición. Será aclarado más adelante.
Ver también 2 Cr 29,25; Ez 9,10-14.
Pirke de Rabbi Eliezer, cap. 46.
Marc-Alain Ouaknin, Le livre brûlé, Lieu Commun. Paris, 1987, p.104.
Comentario rabínico de los textos de la Escritura teniendo como finalidad explicitar puntos jurídicos u orientar a la comunidad en cuanto a la moral y la espiritualidad. El vocablo viene de la raíz D.R.SH que quiere decir buscar, interrogar, estudiar y, por extensión, orar. Cf. Dictionnaire Encyclopédique du Judaïsme. Éditions Robert Laffont S.A., Paris, 1996, p.672.
E. Levinas, L’Au-delà du verset, Éditions de Minuit, Paris, 1982, p.162.
Grupo de sabios que, hacia el siglo VI aC, crearon señales de vocalización (matres lectiones) para ayudar en la lectura y fijar una manera de pronunciar las palabras. Esas señales pueden estar presentes (la palabra es plena) o ausentes (la palabra defectiva). La tradición oral transmite también esas precisiones que son consideradas importantes.
El término proviene de la raíz H.L.CK que significa andar. En ese caso andar en los caminos de la ToRáH por la práctica de sus mandamientos.
De la raíz NG.D. que quiere decir contar, narrar.
Tenemos en el Evangelio de Juan un pasaje bastante curioso en el cual Jesús se irrita con los vendedores de animales destinados a los sacrificios en el Templo y en seguida dice: “Destruid este Templo, y en tres días yo lo levantaré” y se hace un comentario que dice que él hablaba del Templo de su cuerpo (Jn 2,13-22). Este texto es tardío, esto es, posterior a la destrucción del Templo y apunta hacia una comunidad ya centralizada en la persona de Jesús como lugar de encuentro y de la presencia de Dios, y todos los sacrificios que los animales puedan representar se concentran en uno solo, en aquel de Jesús. En los escritos atribuidos a Pablo vamos a tener la Carta a los Hebreos que retoma este mismo tema.
Uno de los textos más significativos en este sentido y que viene como resolución del problema de la forma de presencia de Jesús después de la muerte es Jn 20,24-29. Aquí, el evangelista presenta a Jesús entrando con las puertas y las ventanas cerradas. Lo cual puede significar que, ahora, presente en la liturgia, él va a estar presente allá donde estuvieran aquellos que hicieran la experiencia de adhesión a él.
El texto dice: “Y este pueblo se levantará”. Pero el comentario es construido por el hecho de que el verbo “levantarse” en el texto original se puede leer refiriéndolo tanto a la primera parte del versículo respecto a Moisés, cuanto a la segunda parte concerniente al pueblo.
La expresión “vuestros padres” hace referencia solamente a los patriarcas. Dios les juró dar la tierra, y como esa promesa no puede fallar, solamente por la resurrección él puede cumplirla ya que los patriarcas están todos muertos.
Lucas, después de hablar del vino nuevo y de odres viejos, ropa nueva y remiendo viejo dice: “No hay quien, después de haber bebido el vino viejo, quiera del nuevo. Después dice: ¡el viejo sí que es bueno!” (Lc 5,37-39). Aquí, es necesario simplemente recordar que el vino es uno de los símbolos más fuerte de la ToRáH. Él proviene de la uva que es fruto de la viña que, a su vez, es alegoría muy conocida en las Escrituras y la Tradición para designar la comunidad de los hijos de Israel. Hay otros textos significativos en el escrito de Lucas. Son las alegorías: a) De la higuera estéril (13,6-9); b) del hijo más viejo y del joven (15,11-32); c) de los viñadores malos (20,9-19).
Los capítulos 10 y 11 narran el hecho de la aparición del ángel del Señor a Cornelio, centurión romano, por lo tanto gentil. El ángel manda llamar a Pedro para administrarle el bautismo, juntamente con todos los de su casa. Es curioso que el ángel se haya aparecido a Cornelio a la hora nona (tres de la tarde) y después de tres días llega Pedro. Esa narración de tiempo corresponde al de la muerte y resurrección de Jesús que muere a la hora nona y resucita tres días después. Es importante también mirar que 10,34-35 dice que Dios no hace acepción de personas sino que se complace también con aquellos de entre las naciones que lo temen y practican la justicia. En la secuencia, v. 44-48 narra el descenso del Espíritu Santo sobre esos gentiles para espanto de Pedro y de sus compañeros. En 11,17 viene el reconocimiento de parte de Pedro del don del Espíritu Santo también para los gentiles y en el v.18 está la conclusión: “¡Luego también a los gentiles Dios concedió al arrepentimiento que conduce a la vida!” Esa narración está en perfecta consonancia con la del capítulo 15 que trata de la cuestión de sí se debe o no exigir a los gentiles que abrazan la fe cristiana el mismo comportamiento de los de origen judío, en lo que concierne a sus costumbres.
Principalmente la Carta a los Romanos (9-11); la bendición de Dios a Abraham se extenderá a los gentiles a través del sacrificio de Cristo (Gl 3,14); en la persona de Jesús todas las naciones del mundo son unificadas: “No hay más griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, ciudadano, esclavo, libre sino Cristo es todo en todos” (Col 3,11).
En el texto original está escrito LiSHMuHaTeNu, lo cual corresponde más a “en lo que oímos” y no “en lo que predicamos” como dice la traducción de la Biblia de Jerusalén utilizada aquí.
También aquí no es tan claro de esta manera, porque en el texto original en hebreo en lugar de “KoL” que designa la voz, tenemos “KaV”, que significa “norma”.
El texto hebreo dice: “Provocaron mi celo con un falso dios y me irritaron con sus ídolos; así pues a despertar también su celo con un pueblo falso, irritarlos y con una nación idiota”.
La voz de los predicadores del evangelio porque antes él había hablado que ellos no obedecieron al evangelio. Cf. También Lc 24,47.
El término Meckilta significa medida o método. Existen otras Mechiltas de otros sabios. Esta de Rabi Ishmael es del periodo de los Tanaim. Es un comentario sobre el libro del Éxodo, comenzando a partir del capítulo 12. En este sentido, la Carta a los Romanos podría ser llamada también Meckilta del Apóstol Pablo.
Mechilta de Rabi. Ishmael, ed. HOROVITZ-RABIN, p.205-206.
Jn 20,1; Mt 28,1; Mc 16,1; Lc 24,1.
Talmud de Babilonia, Suká 55b: “Rabi Eleazar dice: ¿a qué correspondía [el sacrificio] de los setenta toros? A las setenta naciones”.
En efecto en Sifrê sobre el Deuteronomio leemos: “Cuando el Santo se reveló para dar la ToRáH a Israel, no fue en una sola lengua que él hablo, sino en cuatro lenguas, como había sido dicho: El Señor viene del Sinaí: es la lengua hebrea; él brillo para el Seir: es la lengua romana; él se mostró desde el Monte de Fará: es la lengua árabe; Él viene de las miríadas (grupos) de Cades; es la lengua aramaica”. Cf. Sifrê Dt 343, sobre Dt 33,2.
Este tema es bastante común en la literatura rabínica: “Cuando Israel aceptó la ToRáH, las Naciones del mundo sintieron celos (NiTKaNHu). Yakult Shimoni I, 733. Y en el Talmud de Babilonia encontramos: “¿Por qué el nombre Sinaí? Porque la ira (destino) de las Naciones paganas nació en este lugar” (Shabat 89ª).
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