www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

La relectura del Shemá Israel en
los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles

Jacir de Freitas Faria


Resumen

El presente estudio es un análisis de Deuteronomio 6,4-9, el Shemá Israel  “escucha, oh Israel”, en los textos de los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles. Ese tesoro de la fe de Israel quedó grabado en el corazón de los primeros cristianos, los cuales no pudieron dejar de vivir la experiencia de Jesucristo sin referirse al modo judío de ser el pueblo electo. Se analizarán los Hechos de Jesús y de sus discípulos/as en la perspectiva de Escuchar, Oír e Interpretar desde la fe en Jesús, como la presencia de Dios en medio de los suyos.

Abstract
This essay is an análisis of Deuteronomy 6,4-9, or Shemá Israel “Listen, oh Israel”, in the texts of the Gospels and the Acts of the Apostles.  This jewel of the faith of Israel remained ingrained in the hearts of the first Christians, who couldn’t continue living out the reality of Jesus Christ without reference to the Jewish way of being the chosen people.  The Acts of Jesus and his disciples will be analyzed in the perspective of Listening, Hearing and Interpreting from the standpoint of faith in Jesus, as the presence of God amongst his own people.

Introducción

 

  • La relectura del Primer Testamento (PT) en el Segundo Testamento (ST) nos conservó este tesoro del Shemá, verbo hebreo que en español significa oír, escuchar, interpretar. Los evangelios de Mateo y Juan interpretarán la vida de Jesús y de sus seguidores en la perspectiva del Shemá Israel. Basta releer los textos del ST en esta perspectiva y encontraremos algunas intuiciones que antes no hemos percibido . El Shemá estaba en el corazón de cada judío. ¡Quién, todavía hoy, no oyó o cantó las palabras de Dt 6,4: “¡Escucha (Shemá), oh Israel! Oh Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.” “Ese versículo constituye la profesión de fe israelita. Todo israelita debe recitarlo, tal y como se haya escrito en el ritual, todos los días, por la mañana y en la noche. Las primeras palabras que un niño o niña debe aprender a pronunciar son: Shemá Israel… y las últimas palabras que pronuncia un israelita moribundo son: Hashem Elohénu, Hashem Ehad (El Eterno es nuestro Dios, el Eterno es uno)” .
  •  
  • En Espíritu de diálogo con el pensamiento judío, intentaremos releer el Shemá en los Evangelios y Hechos de los Apóstoles. Pero, antes, vamos a demostrar el significado del Shemá y su relación con el tema de la presencia de Dios. El Shemá nos enseña que son necesarios tres modos para amar a Dios. El número tres significa la perfección. Siguiendo esa lógica, 3 x 3 significa, entonces, perfección x perfección. Por eso, escogemos 9 textos de los Evangelios y Hechos de los Apóstoles para nuestro análisis. Con seguridad, no será perfecto el análisis de los textos, pues solo Dios es UNO, perfecto y eterno.
  •  
  •  

I.          Preliminares

La relectura del Shemá en los textos del ST tiene dos antecedentes: la relación de esos con el tema de la Presencia de Dios y el significado judío de los términos, normalmente traducidos por corazón, alma y fuerza, los cuales forman el soporte de la profesión de fe en Dt 6,4-9. Y a ellos está ligada la Torá, señal visible de Dios que pide fe y amor al prójimo.

1.         El Shemá y la presencia de Dios

En tiempos del Primer Testamento, la presencia por excelencia de Dios estaba en el Templo de Jerusalén. Su destrucción, en el año 70 dC, obligó a judíos y cristianos a buscar un nuevo modo de hablar de la presencia visible de Dios. En verdad, los judíos creían que la presencia de Dios estaba no solo en el Templo, sino en todo lugar. No hay lugar que no tenga la presencia de Dios por eso, la destrucción del Templo, no fue tan problemática para Israel. Jesús, al decir: “Destruyan ese templo, y en tres días yo lo reconstruiré” (Jn 2,19) estaría en la misma línea de pensamiento. Se puede destruir el Templo en sus piedras, pero el Templo/Presencia de Dios que habita en cada uno de nosotros, jamás será destruido. En Jesús, las comunidades del Segundo Testamento comienzan una nueva experiencia de la Presencia de Dios. Jesús dice: “Donde dos o tres estuvieran unidos, yo estaré en medio de ellos”.

Una historia del tiempo de los rabinos dice que tres rabinos lloraban frente a la destrucción del Templo, pero Rabi Akiba reía. Los rabinos le preguntaron:

-           ¿Por qué ríes, cuando nosotros lloramos? Y Rabi Akiba respondió:
-           El Templo destruido nos muestra un nuevo camino. El Templo depende de la Torá. Ya no tenemos más el Templo, pero tenemos lo esencial: la Torá. Si en el Templo subía la humareda de los sacrificios, ahora sube la alabanza de nuestro corazón. Dios está presente en los corazones, allá donde habita la Torá, no la Torá de pergamino, sino la Torá encarnada.

Y los rabinos respondieron: una vez más eres tu Akibas el que nos consuela.

Según el Rabi Akiba la destrucción del Templo de Jerusalén fue un beneficio, ella sirvió para abrir un camino nuevo de servicio a Dios y de seguimiento a la Torá. Con la destrucción del Templo el judaísmo se vuelve con mayor fuerza hacia la Torá y el cristianismo ve en Cristo la realización de la promesa. Jesús es el Mesías, el Dios encarnado que debe ser anunciado a todos los pueblos. Israel, a su vez, toma conciencia que es el pueblo elegido con la misión de llevar a Dios a todos los pueblos. En verdad, un camino no desautoriza al otro. La diferencia se encuentra en la interpretación de la presencia de Dios. Y es por eso, que judíos y cristianos van a mantener el Shemá como experiencia vital de fe, y, a partir de él, van a hacer la experiencia de fe que busca interpretar la presencia de Dios.

2.         El significado del Deuteronomio 6,4-9

Este clásico texto que expresa la fe de Israel dice:

Escucha, oh Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Por lo tanto, amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que las palabras de los mandamientos que hoy te doy estén en tu corazón. Tú las repetirás a tus hijos y sobre ellas hablarás cuando estuvieres en casa y cuando viajes, cuando estuvieres acostado y cuando estuvieres de pie. Tú también las atarás a tu mano como una señal, y serán como un frontal entre tus ojos; tú las escribirás sobre los postes de la puerta de tu casa y en la entrada de tu ciudad”.

Para comprender la relectura de ese texto en el Segundo Testamento, es necesario entender el significado de Shemá, ehad, ‘hab, lêb, nêfesh e Me ‘ôd. Veamos:

Shemá = Oír: Interpretar, comentar la Torá. Es por eso que el Shemá está unido directamente a la Torá escrita y oral. Y, la Torá que no se comenta está muerta. Es un texto sin vida. El secreto, al comentar la Torá escrita, está en unirlo con la Torá oral. Las homilías, oraciones o sermones en nuestras iglesias deberían seguir ese principio judío de interpretación. Así, la homilía bien hecha es la que está en sintonía con la vida. Los judíos la llaman homilía de Midrashe. Ese fue el método usado por Jesús para hablar de la presencia de Dios. Él siempre hablaba a partir de la vida. Las parábolas de cuño rural no faltaron en sus predicaciones.

EHAD = UNO: Completo, sin división interior. Esta es una traducción mejor para el término hebreo ehad. Algunas Biblias traducen ehad por único, pero esa no es una buena traducción. Único siempre está en relación a alguien. Cuando digo: “Entre las mujeres de ese pueblo, Luciana Heloísa es la más bella”, automáticamente estoy comparando la belleza de las mujeres presentes y llamando la atención sobre la belleza de una de ellas. “¡La bella entre las bellas!” Así, decir que nuestro Dios es Uno es decir que Él no está en relación a otros dioses. No existen otros dioses para ser comparados al Dios de Israel. Dios es indivisible, es UNO.

‘HAD = AMAR: Es la tarea de todo judío. Amar exige integridad, donación, entrega, creer. Por eso, el amor pregonado en Dt 6,4-9 debe atravesar todos los momentos del día-a-día, estando sentado, andando, acostado o de pié. No es posible escapar de la tarea diaria del amor. Además, el amor es tridimensional. Debe ser practicado con el corazón, el alma y la fuerza (posesiones). Decir esas tres cosas es decir la perfección de un triángulo equilátero. Más tarde, ¿la fe cristiana no entendió como si fuesen tres en uno? Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero los tres son uno. ¿Se puede lograr mayor perfección? ¿Pero, qué es corazón, alma y fuerza?

LÊB=CORAZÓN: Sentimiento y razón integrados. En nuestros días, corazón simboliza a las emociones. Una persona enamorada dice a su amor: “¡Te amo con todo mi corazón!” Rápidamente el enamorado comprenderá el significado de tan bellas palabras. Pero en el tiempo de Jesús no era así. El pueblo de aquella época entendía el corazón más como la sede de la razón, del raciocinio. Nosotros, hoy, entendemos que el lugar de la razón es la cabeza. En el mundo semita, para expresar el sentimiento se usaba como símbolo el hígado, las entrañas. Una expresión de amor debería haber sido: “¡Te amo con todo mi hígado, con mis entrañas!” Cuando los evangelios dicen que María guardaba todo en su corazón, quiere decir que ella razonaba, razonaba y no comprendía tan gran misterio, pero más que a él, ella se entregó con razón y sentimientos integrados.

NEFESH=ALMA: Aquello que me hace ser, que me da dignidad. Aquello que hace también a otro ser. Alma y dignidad, personalidad, individualidad, vida, estado de ánimo, espiritualidad, bondad.

ME‘ÔD =FUERZA: Poder adquisitivo, dinero, posesiones. Me‘ôd no es fuerza en el sentido de vigor, conforme a las traducciones de nuestras Biblias, sino todo aquello que poseo, que tengo y que debe ser puesto al servicio de otro. Vamos a continuar usando el sustantivo fuerza por ser el más conocido. De todas formas, sería mejor decir posesiones.

 

II.        La relectura del Shemá en los Evangelios

No existe una persona sin estas tres dimensiones: corazón, alma y fuerza. Y es con ellas con las que el buen judío, el buen cristiano debería amar a Dios. Josías, rey de Judá, es un ejemplo de rey que siguió el Shemá. Así registró su memoria el libro de los Reyes: “Antes de él (Josías) no hubo rey alguno que se hubiese dirigido, como él, hacia el Señor, con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza, en toda su fidelidad a la Torá dada a Moisés, ni después de él hubo alguien que se le pudiese comparar” (2 R 23,25).

La comunidad del evangelio de Mateo, la más cercana al judaísmo, no dejó de analizar a Jesús y a sus seguidores desde la perspectiva del Shemá. Leamos algunos pasajes de este evangelio en la perspectiva del Shemá.

1.         El Shemá en Mateo 6,1-18 exige oración, limosna y ayuno

Ese texto es muy conocido por todos nosotros. Hace parte del Sermón de la Montaña. Jesús presenta a sus oyentes tres modos de vivir la justicia: limosna, oración y ayuno. Quien vive el Shemá practica esas tres cosas. ¿Cómo ellas corresponden al esquema del Shemá?

Corazón: oración. En el judaísmo, la liturgia es el servicio del corazón. Se llama a cada judío para amar a Dios con todo su corazón. La liturgia es el lugar para hacer memoria de la presencia de Dios entre su pueblo de ayer y de hoy. La oración nos coloca en el camino de la santificación. Y no es suficiente santificar a los otros, es necesario también que me santifique a través de la oración, del encuentro con Dios.

Alma: ayuno. El ayuno es la aflicción del alma, que sacrifica a sí misma a Dios y al prójimo, en la simplicidad y en el silencio. Los judíos hacen ayunos públicos de carácter penitencial, como en el “Día del Perdón” (yom kipur), o de memoria penitencial de los acontecimientos tristes ocurridos en la historia de Israel. El ayuno también está unido a la ofrenda como gesto de caridad para con el otro que pasa por necesidades económicas. El ayuno devuelve la dignidad al ser (alma) de quien lo hace, tal y como sucede cuando recibimos al otro, sea el mismo Dios o sea el pobre. No debemos ser hipócritas, fingidos, autosuficientes, sino sencillos en nuestro silencio.

Fuerza (posesiones): limosna. Lo que se ofrece como limosna forma parte de las posesiones de aquel que pone sus bienes al servicio del empobrecido. En hebreo, limosna se dice Tzedakah y justicia Tzedek. Limosna deriva de Justicia. Dar limosna significa cumplir la Torá, es decir, hacer justicia. Cuando un judío pobre gritaba por las calles Tzedakah, todos entendían: “¡Haga justicia! ¡Cumpla la Torá!” Y ese grito incomodaba a cualquier judío piadoso. La Torá no era cumplida, lo cual implicaba estar fuera del camino que Dios pedía. El judaísmo llama la atención de los adeptos que no dan limosna. Dar limosna (Tzedakah) es actuar con justicia respecto a lo que cada judío gana, gasta y comparte sus riquezas . En el pensamiento judío, limosna no tiene un sentido religioso moral ligado o relacionado a hacer caridad. Limosna es un modo de ser, más que de ofrecer o de dar. Tzedakah es más que caridad, es expresión de fe piadosa frente al sufrimiento del otro. Vivir en forma justa en relación con las personas es hacer Tzedakah. La limosna no puede estar en función de la vanagloria de aquel que da limosna, sino debe ser un gesto de solidaridad y justicia. Practicar la limosna, hacer justicia es mejor que dar limosna.

La comunidad de Mateo, al narrar esos tres modos de vivir la justicia, quiere dejar en claro que en el programa de vida propuesto por Jesús estaba incluida la más genuina tradición de la fe israelita, el Shemá, Israel.

2.       El Shemá en Mateo 4,1-11: El maestro Jesús fue tentado al inicio de su ministerio y probó que estaba preparado

Mateo 4,1-11 relata las tres tentaciones de Jesús. Jesús es llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches y después de esto tuvo hambre. El diablo aparece en escena y le ofrece pan, poder y riquezas. La comunidad de Mateo quiso, con este texto, mostrar como Jesús pasa por tres tentaciones y las vence. Él fue probado y se mostró preparado. Jesús ama a Dios de verdad, con todo su corazón, su ser y sus posesiones. La expresión “está escrito”, que aparece varias veces en la narración, forma parte del método judío de leer la Biblia, llamado raciocinio por analogía, es decir, aproximación de pasajes de la Escritura que presentan puntos comunes . Ese método tiene como objetivo mostrar la unidad de las Escrituras. Mateo conoce ese modo de razonar y lo usa para convencer a sus oyentes de que Jesús es el nuevo Adán, aquel que no sucumbe frente a la tentación.

Jesús es el maestro. En la mentalidad judía, el maestro debería ser probado tres veces. También, ese Maestro está unido a la tradición de su pueblo que estuvo 40 años en el desierto. El desierto fue el lugar de sufrimiento y prueba. De ahí viene la simbología de: Jesús estuvo durante 40 días y 40 noches en el desierto, lo cual no invalida el hecho de que haya estado, de hecho, en el desierto. Y en esa perspectiva, la relectura que el espíritu sinagogal da a la comunidad de Mateo hace, de hecho, que aparezca con claridad. Veamos:

Corazón: primera tentación, el hambre de Jesús. También el pueblo elegido, en el desierto, tuvo hambre. Dios le envió el maná (Dt 8,3). El hambre produce un sentimiento de impotencia. El deseo de alimento, el hambre produce rebelión consciente del pueblo en el desierto. Jesús sabe que tiene hambre, pero prefiere, con el uso de la misma razón que lo llevó al desierto a ayunar, a no aceptar la propuesta del tentador. El pueblo, en el desierto, clamó a Dios y pidió volver a Egipto.

Alma: Segunda tentación, sed de poder. El diablo pone a prueba a Jesús. También, en el desierto, en Massa y Meriba, el pueblo discutió con Dios y lo puso a prueba (Ex 17,1-7). La dignidad de Jesús permanece firme. Su ser no tiene sed de vanagloria. Él, Dios mismo, sabiendo que sería tomado por las manos de su Padre, no pretende ponerlo a prueba. El pueblo en el desierto no comprendió que Dios caminaba con ellos. Y ellos desafiaron a Dios en la persona de Moisés.

Fuerza (posesiones): tercera tentación, la riqueza. El diablo promete a Jesús la riqueza de los reinos, en caso de que Jesús lo adore. El pueblo, en el desierto, terminó cediendo a la tentación del becerro de oro (Dt 9,12). Moisés, después de pasar cuarenta días y cuarenta noches sin beber ni comer en el Horeb, desciende del cerro y ve al pueblo adorando un becerro de oro. Jesús, el maestro, no siguió el camino del pueblo infiel en el desierto. Él prefirió dar culto solamente a Dios antes que adorar a las riquezas del mundo.

Jesús, el maestro está preparado: el ayuno en el desierto le mostró el camino de Dios; él no está preocupado con la vanagloria; tampoco con las riquezas. Jesús es el nuevo Adán que resistió al tentador. Jesús es el nuevo Moisés que pasó por el desierto y cargó sobre sí la tentación del pueblo. Él resistió y, por eso, está preparado para reconducir a su pueblo a la Tierra prometida.

3.       El Shemá en Mateo 26,20-25.47-50 y 27,3-10: Judas no está preparado para el Reino

Judas es uno de los personajes del Segundo Testamento de notoria fama entre los cristianos. Todavía hoy, se practica la quema de Judas. Infelizmente, esa tradición nos trae algo de anti-semitismo. Se quema a Judas o la intuición de quemar al pueblo judío que no aceptó a Jesús. En esta actualización de la tradición tomó fuerza gracias a muchos políticos corruptos de nuestro tiempo.

La comunidad de Mateo conservó tres pasajes significativos de la vida de Jesús para mostrar que él no siguió la máxima del Shemá, es decir, no vivió las enseñanzas de la Torá. Los textos relatan que Judas come la pascua con Jesús, después lo entrega, con un beso, a los romanos y, por fin, devuelve el dinero recibido por la traición. Aquí también aparecen claramente los tres niveles del Shemá.

Corazón: comer en el mismo plato. Judas sabe que va a traicionar a Jesús. Él ya se había decidido, pero, come con el Maestro, demostrándole un sentimiento falso. Jesús conoce su proyecto y lo da a conocer. ¿Qué Maestro/Padre/Madre no conoce a su discípulo? No ha sido Dios el que ha escogido a Judas para traicionarlo, Judas es el que opta por actuar de este modo. Judas no ama de verdad a Jesús. Él utilizó su inteligencia para traicionar al Maestro, por eso, sus sentimientos solo podían ser falsos. Él mismo se entrega con sus actos falsos.

Alma: el beso al “Maestro” propicia el derramamiento de sangre inocente. Judas, cuando ve a Jesús, lo besa y lo llama Rabí. Jesús responde, llamándolo amigo. Ese modo de saludar podría pasar desapercibido si no tuviese el simbolismo que él carga. Llamar a alguien Rabí en el judaísmo es lo mismo que decir: mi maestro, mi amado. El maestro era todo para el discípulo. El maestro daba dignidad al discípulo. Judas actúa irónicamente con aquel que le enseñó la vida en Dios. La respuesta de Jesús no sigue la lógica de Judas. Él lo llama amigo. En hebreo, la raíz de los sustantivos amigo, pastor y amado son parecidas (re ‘êh, ro ‘êh e ra ‘îh). Llamar a alguien de amigo es decir esas tres cosas. Parece como si Jesús estuviera queriendo decir a Judas: “a pesar de que usted no me ama lo suficiente, usted continuará siendo para mí amigo, pastor y amado”.

Fuerza (Posesiones): Treinta monedas de plata. El final de la historia de Judas es dramático. Él buscó a los jefes de los sacerdotes y ancianos para devolver el dinero recibido por la traición. Ellos no hicieron caso del sufrimiento interior de Judas. Dijeron: “¿Qué tenemos nosotros que ver con eso? El problema es tuyo”. Judas, entonces, tiró las monedas en el Templo y se fue a ahorcar. Las monedas sirvieron para comprar un terreno y hacer un cementerio en él para los extranjeros. Ese lugar recibió el nombre de “Campo de Sangre”. El ejemplo de Judas muestra cómo el poder adquisitivo puede también usarse para oponerse al amor. Parece ser, que ese es el camino de tantos “Judas” que existen en nuestros días.

El Shemá no vivido en plenitud en la persona de Judas revela la ironía del destino de quien no sigue a la Torá: Al entregar a Jesús, él se entregó a sí mismo. Quién no sigue a la Torá encontrará el camino de la muerte sin retorno a la vida: la horca o el suicidio.

4.       El Shemá en Mateo 27,33-50: en la pasión, el fin del ministerio del maestro Jesús, él es tentado nuevamente – Su muerte fue la señal evidente de su amor por Dios

En la pasión, igual que al inicio del ministerio, Jesús, el maestro, nuevamente es tentado. La comunidad de Mateo muestra cómo Jesús vivió la agonía de la crucifixión. Ya crucificado, en un lugar llamado popularmente de “Lugar de la Calavera”, Jesús está expuesto a los transeúntes como cualquier bandido condenado a muerte por el Imperio romano. Él siente sed y recibe vino mezclado con hiel y vinagre. Despojado de sus vestiduras, él es crucificado. Los romanos usaban dos maneras de matar a los condenados: la crucifixión o el empalamiento. El primer caso fue el que se aplicó con Jesús. La persona era crucificada desnuda. La tela que normalmente vemos en el cuerpo de Jesús es una información piadosa y posterior, añadida por los evangelios apócrifos, pero no es de cuño histórico. El segundo caso, el empalamiento, consistía en sentar a la persona desnuda en una estaca de palo, de modo que la estaca pudiese atravesar el cuerpo del condenado y salir por su boca. Causando así, una muerte violenta y dolorosa. Cualquiera que fuese el tipo de pena de muerte, ambas eran crueles y humillantes. Y el maestro Jesús pasó por esa humillación demostrando que amaba a Dios con el corazón, el alma y la fuerza (posesiones).

La narración de la pasión en Mt 27,33-50 no es tan clara en relación a los tres puntos del Shemá, como en Mt 4,1-11. La comunidad de Mateo une la tentación inicial con la final, con la intención de mostrar que el Maestro vence nuevamente la tentación. Veamos en el pasaje ese modo de proceder.

Corazón: Tercera tentación: muerte violenta en la cruz y entrega total en las manos de Dios. En la tentación en el desierto, el pueblo tuvo hambre y prefería regresarse a Egipto. Jesús, sufriendo injurias, abatido sentimentalmente y, sabiendo que Dios jamás aceptaría su muerte en tal situación, él, en uso de su razón, renuncia a su propia voluntad. Él vence la tentación de impedir la muerte. Él renuncia a su propia voluntad.

Alma: Primera tentación: sed. En el desierto, la sed del pueblo lo llevó a discutir con Dios en Massa y Meriba. En la cruz, Jesús no se revela contra Dios. Esa hubiera sido la reacción normal de un condenado. La actitud de un pueblo en el desierto, que también se vio herido en su dignidad, fue la de rebelarse contra Dios que los había liberado de Egipto. Jesús venció la tentación de rebelarse, dando, al contrario, pruebas de amor.

Fuerza (Posesiones): Segunda tentación: vestido. Jesús es despojado. Las vestiduras de Jesús representan las posesiones, poder y dignidad del condenado. E incluso esa “irrisoria” posesión, él la pierde. Con eso, Jesús pierde el poder. Él se ve violentamente crucificado. No podría ser ese el final trágico de quien tanto amó. Jesús prefirió aceptar el yugo del Reino. ¿Qué significa eso? Después del matrimonio, los novios pasan a llamarse cónyuges, es decir, ellos asumen cargar juntos el yugo, la carga del matrimonio. Quien consigue hacer eso con amor, podrá decir que venció la tarea del amor inherente al matrimonio. Para los judíos y Jesús, el yugo se llama Torá. Ese es el matrimonio que cada uno realiza para seguir a Dios. “Mi yugo es liviano”, ya lo decía Jesús durante su vida misionera. Lo que hace al yugo liviano es el amor. Jesús sabía eso y, por ello, aceptó morir por amor a la Torá. Él no rechazó su yugo.

El Maestro que tanto amó, amó hasta el fin. ¿Podemos esperar una prueba de amor mayor que esa?

5.       El Shemá en Mateo 13,1-23: ¡quien siembra bien producirá frutos en el ciento por uno!

¿Quién no oyó la parábola del Sembrador y su explicación? Un sembrador salió a sembrar. Las simientes caían en tres lugares diferentes: al borde del camino, en suelo pedregoso y entre espinos. El cuarto lugar, la tierra buena, se coloca en contraste con los otros tres lugares. El recurso literario es 3 + 1. El simple hecho de numerar tres cosas ya nos remite al Shemá. El oyente, ciertamente, habrá comprendido que Jesús pedía el cumplimiento de la Torá expresado por el Shemá. La comunidad de Mateo estaba formada por personas que al oír la Palabra la acogían, pero también por los que la rechazaban. Las dimensiones del Shemá aparecen en el texto del modo siguiente:

Corazón: aquellos que están al borde del camino. Se refiere a quien es superficial, que no pone pasión en aquello que hace. La simiente sembrada será comida por los pájaros. El que está al borde del camino oye la Palabra y no la entiende, viene el Maligno y arrebata lo que fue sembrado en su corazón (v.19).

Alma: aquellos que siembran entre piedras. El amor a la Palabra puede exigir hasta el martirio. Quien tiene miedo de la persecución no está preparado. Morir por causa del Reino es dar dignidad a la Palabra sembrada. Quien no tiene profundidad en su modo de ser, oye la Palabra, pero frente a la persecución, rápidamente sucumbe (v.21).

Fuerza (Posesiones). Aquellos que siembran entre espinos. Sembrar entre espinos significa tener apego a los bienes materiales. El que así actúa es sofocado por el dinero. Y la Palabra escuchada deja de dar frutos de vida y esperanza. La seducción de la riqueza sofoca la Palabra y ella se vuelve estéril (v.22).

Todos oyen la Palabra, pero no todos dan frutos en plenitud. Hay quien produce el ciento por uno al amar a Dios de corazón, alma y fuerza. Quien produce sesenta por amar a Dios con el corazón y las fuerzas, no es capaz de sacrificar su alma por el reino. Quien produce treinta por uno ama a Dios solamente con el corazón. Por otro lado, amar a Dios es amarlo con mi limitación, de la manera que me es posible. En eso también está el desafío.

6.         El Shemá en Mateo 19,16-22: poco le faltó al joven rico

Este clásico texto narra el encuentro de Jesús con un joven rico y bueno, que buscaba vivir el Shemá de modo profundo. El joven llama a Jesús de Maestro y le pregunta por las actitudes buenas que él debe practicar para, así, obtener la vida eterna. El joven sabía que su vida ya era un intento de ser bueno, pero quiso saber del Maestro lo que le faltaba para encontrar la plenitud. Jesús le responde diciendo que Bueno es solo Uno. En eso está el Shemá cuando afirma ser que Dios es Uno. La respuesta de Jesús es simple: “Guarda los mandamientos”. Eso ya lo hacía el joven. Y Jesús añade: “Eso no es suficiente, ahora vete y vende tus bienes y dalo a los pobres. Después, ven y sígueme”. Pero el joven no fue capaz de eso. Esto es lo que nos muestra el pasaje, leído en la perspectiva del Shemá.

Corazón: mandamientos relacionados a Dios. El joven rico no adoraba a otros dioses; no hacía imágenes de Dios; no pronunciaba el nombre de Dios en vano; guardaba el día del sábado.

Alma: mandamientos relacionados al prójimo. El joven rico honraba, cuidaba de sus padres queridos; no mataba al prójimo; no cometía adulterio; no robaba; no cometía falso testimonio contra su hermano; no codiciaba las cosas de su prójimo.

Fuerza (Posesiones): vender los bienes y dar lo recaudado a los pobres. Ese fue el gran problema para el joven rico. Él no fue capaz de vivir el Shemá en plenitud. Jesús sabía que ese mandamiento de la fe israelita es muy difícil de cumplirse. Son pocos los que consiguen vivir esa dimensión de la justicia equitativa. El siguiente pasaje muestra cual es el discurso de Jesús acerca de las riquezas. “Es más fácil a un camello entrar por el hueco de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios” dijo Jesús después que el joven partió triste.

El episodio del encuentro de Jesús con el joven rico concluyó con una simple constatación: amar con el corazón y el alma es un camino muy fácil. Amar con las posesiones es muy difícil para un rico. De ahí la conclusión: “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de los Cielos” (Mt 19,24).

7.       El Shemá en Jn 3,1-21; 7,40-52 y 19,38-42: Nicodemo aprendió a vivir según el Shemá

El buen fariseo e intérprete popular de la Torá, Nicodemo, aparece tres veces en el evangelio de Juan. El conjunto de los tres textos muestra, en crescendo, que Nicodemo intentaba vivir el Shemá en sus tres dimensiones.

Corazón: diálogo de Nicodemo con Jesús. Esto es lo que nos relata Jn 3,1-21. Nicodemo reconoce a Jesús como Maestro. Nicodemo afirmó respecto de Jesús: “Rabí, sabemos que vienes de parte de Dios como un Maestro, pues nadie puede hacer las señales que tú haces, si Dios no estuviera con Él” (v.2). Nicodemo, usando la razón, sabe lo que está afirmando. Él tiene sentimientos de pertenencia a Jesús. Aunque, él todavía tiene miedo de declarar públicamente que ama a Dios con su corazón. Nicodemo lo busca durante la noche. La noche simboliza su imperfección y su miedo a exponerse. Y Jesús le indica el camino: “Es necesario nacer de nuevo, Nicodemo”. Con toda seguridad, Nicodemo salió pensativo de ese encuentro con Jesús. Fue necesario el uso de la razón (corazón) para comprender el sentido de las sabias palabras del Maestro.

Alma: Defensa de Jesús por Nicodemo frente a los jefes de los fariseos y sacerdotes. El contexto de Jn 7,40-52 es la discusión entablada entre el pueblo y sus doctores: fariseos y sacerdotes. Era a plena luz del día. El texto anterior hablaba de noche. Algunos del pueblo reconocían a Jesús como profeta. Los fariseos y sacerdotes no aceptan la opinión del pueblo. Un seguidor de la Torá no podía pensar así. Se creó una confusión en torno al hecho. Unos querían prenderlo. Por eso es que Nicodemo sale en defensa de Jesús, afirmando que no se puede prender a nadie sin antes oírlo. Nicodemo, el maestro de la Torá, es acusado y aconsejado de estudiar la Torá. ¡Qué ironía! Esa actitud de Nicodemo fue muy audaz, él arriesgó su vida, su posición en el Sanedrín. Nicodemo mostró que amaba a Jesús con su alma. Él defendió la dignidad de Jesús. Jesús se salvó por su gesto.

Fuerza (Posesiones): Mirra y perfumes llevados por Nicodemo a la tumba de Jesús. Jn 19,38-42 narra como Nicodemo usa sus posesiones para comprar cien gramos de mezcla de mirra y aceites para colocarlos en el cuerpo de Jesús. Esa cantidad de aromas era muy costosa y solo se usaba en funerales de un rey. Para Nicodemo, no importa el valor de los aromas. Con el Maestro, él había aprendido la lección del amor sobre las posesiones. Nicodemo, que ahora es llamado como discípulo de Jesús, muestra todo su amor por el Maestro, con el cual él tanto aprendió.

En su itinerario espiritual, Nicodemo se parece a tantos que luchan a lo largo de su vida con todo el corazón, alma y posesiones.

8.       El Shemá en los Hechos de los Apóstoles 2,42-47: las primeras comunidades cristianas vivían según el Shemá

Los primeros cristianos trataban de colocarse en el camino del Shemá enseñado por el Maestro Jesús. Esto es lo que nos muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles. La comunidad de Jerusalén fue quien primero estableció las líneas para seguir la Torá. Hechos 2,42-47 es el testimonio vivo de los cristianos y cristianas de la primera hora, los cuales entendieron a Jesús a partir de la fe judía en el Shemá. No es muy difícil percibir el corazón, el alma y la fuerza (posesiones) en este pasaje.

Corazón: Oración comunitaria en el Templo y enseñanzas de los apóstoles. Los primeros cristianos eran asiduos a las oraciones. La liturgia, según el pensamiento judío, consiste en el “servicio del corazón”. Los apóstoles y apóstolas enseñaban a las comunidades para que permanecieran en sus enseñanzas, lo cual no nos impide el considerar que entre sus líderes había discordias, peleas por el poder de conducción ideológica de la comunidad. Por otro lado, la simplicidad de corazón formaba parte del proceder de los miembros de la comunidad de Jerusalén.

Alma: Tener todo en común, repartir los bienes con los necesitados. El modo de ser de los primeros cristianos no excluía a nadie. Todos se sentían hermanos. No había necesitados entre ellos. Partían el pan y tomaban el alimento con alegría. Eran personas simpáticas al pueblo. La dignidad de cada uno de ellos hacía crecer también la dignidad de los otros.

Fuerza (Posesiones): Vender las propiedades. El colocar las posesiones al servicio de los necesitados, con seguridad, ayudó a resolver el problema económico de muchos cristianos pobres de aquella época. En eso consistía la fe judía que ellos habían aprendido de los padres y de las madres de la fe.

La comunidad de Jerusalén, modelo de vida cristiana según el Shemá, continúa viva en nuestros días cuando nos esforzamos por eliminar toda y cualquier situación de injusticia. De esta forma, el Dios que se reveló en el Primer Testamento renace en nosotros y nos impulsa en el camino de la fraternidad, de la dignidad y del compartir.

9.       El Shemá en Lucas 10,30-37: el samaritano es bueno porque siguió los preceptos del Shemá

Así como en la Parábola del Sembrador, el recurso literario 3 + 1, reaparece para hablar del Shemá. Son tres personajes, el levita, el sacerdote y el samaritano, los cuales actúan en relación a un hombre que fue víctima de los asaltantes y yacía machacado y herido en el camino entre Jerusalén y Jericó. Cada una de esas ciudades y sus personajes tienen un significado muy especial en este relato que, a nuestros ojos, puede parecer una historia ingenua. La Torá, venerada en Jerusalén por el sacerdote y el levita en el Templo de Jerusalén, no se percibió en el hombre caído en el camino. Jericó era una ciudad de levitas. Los levitas recibieron Jericó de Josué, cuando la tierra prometida fue ocupada y repartida entre los hijos de Jacob. Los levitas eran descendientes de la tribu de Leví. Los levitas eran servidores en el Templo de Jerusalén y catequistas ambulantes de la Torá. El sustantivo hebreo Levi quiere decir “mi corazón”. Y recordemos que liturgia en el pensamiento judío es “servicio del corazón”. Los samaritanos no eran bien vistos por los judíos. Se los consideraba judíos de segunda categoría. Los samaritanos eran fruto de la mezcla de razas que los persas colocaron en Samaria, cuando la tomaron en el 722 aC. Estas informaciones nos ayudan a comprender el Shemá en esta parábola conservada para nosotros por la comunidad de Lucas.

Corazón: Compasión del samaritano. Al encontrar al necesitado caído por el camino, el samaritano se siente conmovido frente a él. Los seguidores de la Torá, el levita y el sacerdote, regresando del culto en Jerusalén, es decir, del “servicio del corazón”, no fueron capaces de cumplir la Torá, en la voz del pobre que les decía: “¡Cumpla la Torá!” “¡Haga justicia!” Cuando el judío veía a un pobre en las calles le venía automáticamente a su cabeza la Torá y su falta de cumplimiento. Ese hombre caído era un pobre, pues fue víctima de un asalto. Había perdido todo y yacía semimuerto a la vereda del camino. El levita y el sacerdote no amaban a Dios con el corazón, a pesar de que trataban de demostrar eso en el servicio religioso en Jerusalén.

  •  

Alma: Asistencia prestada por el samaritano. El texto dice que el samaritano “se aproximó, curó sus llagas, derramando aceite y vino, después lo colocó en su propio animal, lo condujo a la hospedería y dispuso que lo cuidaran” (v.34). El gesto de acogida del samaritano le da dignidad al “pobre” del camino entre Jerusalén y Jericó. El samaritano comprendió que estaba frente a su prójimo. El sacerdote y el levita, tal vez hubieran pensado: “Este está muerto y no me voy a contaminar con un muerto”. Quien tocaba un muerto quedaba impuro, según el pensamiento judío. Levita y sacerdote nunca podían quedar impuros. Ellos eran hombres del altar. Para hacer valer el precepto, no importaba ni siquiera estar junto al prójimo necesitado.

Fuerza (Posesiones): Dinero usado por el samaritano para pagar los cuidados recibidos por el hombre. Esa actitud del samaritano está relatada así: “Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al hospedero, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes demás, a mi regreso te lo pagaré” (v.35). El samaritano usó sus posesiones para salvar la vida del hombre que cayó en manos de los asaltantes. Su misericordia fue humana y material.

Jesús contó la parábola del buen samaritano para mostrar que la misericordia es el mayor mandamiento dado por Dios. Quien vive el Shemá sabe esto. Basta repetir el gesto del samaritano para que también nosotros nos volvamos buenos, así como Dios es bueno.

III. Conclusión

Los evangelios releyeron el Shemá como itinerario espiritual para las comunidades cristianas. Nicodemo tiene miedo, la comunidad tiene miedo. Nicodemo arriesga su prestigio de maestro fariseo, la comunidad se arriesga frente a lo nuevo. Judas traicionó al Maestro de la Torá. Judas somos nosotros. El joven rico casi llegó allá. Las riquezas, siempre riquezas. Cosa buena y querida por Dios, desde el momento que sea fruto de la justicia y del compartir. Jesús, judío plenamente. Plenamente vivió el Shemá. Fue tentado y resistió. Pero también él es el Maestro, el Amado, el Bueno, el UNO. Con él queda el desafío de aprender a sembrar en tierra buena. Quien sabe si un día también nosotros produciremos el 100 por 1.

Las comunidades hicieron la experiencia de intentar vivir el Shemá en profundidad. Seguramente no fue una empresa fácil. Así es la vida: siempre un camino a recorrer en busca de la dignidad perdida, con amor en el corazón y esfuerzo siempre necesario para aprender a compartir los bienes materiales, lo cual exige el uso pleno de la razón. En ese peregrinar, muchos caen o los tiran en el camino entre el occidente cristiano y el oriente judío e islámico. Solo Dios permanece Eterno, Bueno, Uno… Muchos mueren sin conseguir esa hazaña de amar a Dios/Próximo con todo su corazón, su alma y sus posesiones. Lo importante, es que cada uno procure mantenerse en la dinámica del oír (Shemá) para interpretar bien (Shemá) y amar según sus posibilidades, sus limitaciones. El camino de la fe está siempre incomodándonos con el grito: “Escuchen, oh judíos, oh cristianos, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno…”

Jacir de Freitas Faria
Rua dos Contadores 269
Bairro Alípio de Melo.
Belo Horizonte/MG
30840-010
Brasil

Cf. Frédéric Manns, Israël de Dieu - Essais sur lê christianisme primit, Jerusalém: Franciscan Printing Press, 1996, p.24-32. Nuestra reflexión debe mucho a las intuiciones de Frédéric Manns.

Cf. Meir Matzliah Melamed, A lei de Moisés - Ttradução de comentários, Rio de Janeiro: Gráfica Danúbio, 1980.

Cf. Rami Shapiro, “Simplesmente Judaísmo. Ser judeu no século XXI?”, Pardes, n.1, p.15, 2001.

Jacir de Freitas Faria, “Judaísmo e cristianismo: dois caminhos, duas culturas afins”, Estudos Bíblicos,n. 61, p.54, Vozes: Petrópolis, 1999.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.