Poder y violencia a partir de la óptica de la mujer
Karen Bergesch
Resumen
A partir de la teoría de Foucault se propone discutir las dinámicas de las relaciones de poder y violencia contra las mujeres. Con esa propuesta metodológica es posible analizar algunos ejemplos de historias de mujeres en la Biblia y su ejercicio de liderazgo.
Abstract
Starting from the theory of Foucault the proposal is to discuss the dynamics of the relationship between power and violence against women. With this methodological proposal it is possible to analyze some examples of the history of women in the Bible and their exercise of leadership.
El presente artículo tiene como objetivo tematizar la cuestión del poder y de la violencia a partir de la óptica de la mujer, al inicio de este siglo. Por lo tanto, el texto sigue un esquema de cuatro puntos, a saber, ¿por qué discutir sobre el poder?, ¿qué se busca con esta discusión?, la metodología foucaultiana, y, al fin, ¿por qué es interesante la propuesta de Michel Foucault para esta discusión de hoy?
El primer punto demuestra cómo y por qué las mujeres participan hoy intensamente de la discusión sobre el poder. ¿Qué lugar ocupa la mujer, al inicio de este siglo, en la sociedad, para cuestionar el concepto de poder? El segundo punto (¿qué se busca con esta discusión?) tiene como objetivo demostrar que hay o que hubo una construcción discursiva que desfavoreció a las mujeres a lo largo de la historia cristiana occidental. Por ejemplo, los personajes bíblicos de Lidia, Priscila y Miriam fueron líderes comunitarios, pero los relatos bíblicos nos ofrecen pocas informaciones sobre estas mujeres. Por eso, al discutir el poder, las mujeres buscamos la inclusión.
El tercer punto, la metodología foucaultiana, propone un nuevo concepto de poder, basado en las relaciones humanas. El carácter dinámico del concepto de poder desarrollado por Michel Foucault trae una nueva contribución para la discusión sobre este asunto, incluyendo el saber, el cuerpo, el micro y macro poder y la violencia. Al final, el cuarto punto, ¿por qué la propuesta de Michel Foucault es interesante para esta discusión de hoy?, relaciona el concepto de poder foucaultiano con la discusión propuesta por las mujeres, hoy, con el fin de revisar el saber en la dinámica de las relaciones del poder, específicamente en contextos de violencia.
¿Por qué discutir el poder?
La discusión sobre el poder parece ser más larga que nunca. En todas las partes, las personas cuestionan, preguntan y proponen nuevas alternativas para este tema. Las mujeres traen una contribución específica, pues, además de cuestionar las relaciones actuales, cuestionan también la forma como se ejerce el poder, o sea, cuestionan la formación de su concepto y la autoridad de quien lo construye. Esta postura es el resultado de las conquistas políticas y sociales de las mujeres en los últimos siglos.
Las conquistas políticas de las mujeres, se suman al derecho al voto, al estudio, a la independencia financiera y a la autonomía frente a la autoridad masculina/paterna. Hoy las mujeres representan el 44,4% de la población económicamente activa. El 26% de las familias se sostienen solamente por mujeres. El 40% de los carros vendidos contemporáneamente son adquiridos por mujeres. Ellas también frecuentan más la universidad, buscando calificación profesional: el público femenino representa el 55,6% de los universitarios. En la política, además de la conquista del derecho al voto, adquieren el derecho a las candidaturas. A cada partido político brasileño, se le recomienda una plantilla con cerca del 30% de candidatas. Así, las mujeres participan cada vez más de las actividades políticas, sea como electoras, o como candidatas y líderes (senadoras, prefectas, jueces, etc). A pesar de tantas transformaciones, la mujer todavía enfrenta preconceptos sociales y culturales.
El preconcepto social y cultural se manifiesta, por ejemplo, en el salario diferente. Aunque posean el mismo grado de instrucción las mujeres, los hombres reciben, por lo general, un salario 50% superior. Muchas empresas dejan de contratar a mujeres casadas entre los 25 y 35 años, por considerar que se trata de un grupo de riesgo, en el cual la mujer desea tener hijos . El cuerpo de las mujeres cada vez es más explotado como objeto sexual para vender carros, bebidas, turismo, etc. El preconcepto cultural también se revela en la violencia contra la mujer. Aún con todas las conquistas arriba citadas, la violencia contra la mujer a nivel psicológico, económico, físico y sexual sucede sin discriminación de clase social y grado de instrucción. Por otro lado, en este campo, se ha construido una red de apoyo cada vez mayor para las mujeres en situación de riesgo, a través de delegaciones de mujeres, casas de protección y asistencia jurídica. De acuerdo con la investigación hecha por la Casa de Asistencia Viva María, de Porto Alegre, el 68% de las mujeres que recibieron protección a través de la casa no volvieron a sus relaciones violentas. Con la discusión sobre la problemática de la violencia, las mujeres están aprendiendo, a través del estudio/cualificación, a cuidar de otras mujeres en situación de riesgo. Pero la discusión sobre el poder no se restringe al ámbito público, se refiere también al ámbito de la vida privada.
Debido a las conquistas de las mujeres en el ámbito público, la vida en su aspecto privado, es decir, en el hogar, también ha sufrido cambios en los últimos siglos. La instrucción y el poder adquisitivo sacaron a la mujer del lugar de completa sumisión en relación al hombre, también ha llevado a una nueva distribución de tareas domésticas. Ahora, las tareas y responsabilidades referentes a la casa, los niños, las compras, etc, son en muchos casos, compartidas. El diálogo sobre cada uno de estos puntos se vuelve un desafío, pues hay una cuestión de poder referente al género. Por ejemplo, todavía es la mujer, en la mayoría de las veces, la que se responsabiliza por llevar los niños al médico. Todavía es la mujer la que, al llegar a la casa, encuentra tiempo para recoger y organizar la casa, asumiendo una jornada doble de trabajo. Además, la mujer continúa teniendo que pagar el precio por su belleza y sensualidad.
De esta manera, las conquistas en el mundo público influyen también en el mundo privado, exigiendo una remodelación de los papeles masculinos y femeninos. Por otro lado, todavía existe cierta dificultad en la búsqueda de modelos, pues las transformaciones sociales y políticas referente al género son relativamente recientes. Así, muchas mujeres todavía no entran en la renegociación de tareas y responsabilidades y tampoco se colocan el cuestionamiento siguiente: ¿será propio del hombre realizar tareas domésticas? ¿Será propio de la mujer tener una profesión? El resultado de la búsqueda de nuevos modelos refleja, muchas veces, experiencias positivas y felices para las personas que están envueltas en ellas. Otras veces, las experiencias de vida privada terminan en conflicto e insatisfacción, pues, al ser desafiados/as por nuevos modelos culturales, muchas personas prefieren reforzar los modelos tradicionales.
Infelizmente, para mantener y reforzar los modelos tradicionales, la violencia se hace presente en muchas relaciones. Al sentirse amenazados en su papel de hombres, muchos hombres eligen la agresión física para mantener su identidad. Utilizan el alcohol u otras drogas como disculpa. Esto es lo que nos relata Pablo: “…Yo sentía celos de la otra y me venían estas cosas. Yo, drogándome, lo que me viene a mi cabeza es eso. Que me están traicionando, ¿lo entiende?” . De acuerdo a su discurso, la violencia siempre está unida a las drogas. Las drogas crean el imaginario de la traición, lo cual genera celos y violencia. En otros términos, su violencia se dirige contra las mujeres que se envuelven con él afectivamente y que presentan un motivo de inseguridad para su masculinidad. Los motivos para desarrollar lo imaginario de la traición son diversos: la conversación de la compañera con alguien del trabajo, una llamada telefónica, un recado, una salida no muy clara. Esta actitud limita la libertad de la mujer que pasa al temor y a tener que vigilar todos sus actos con el fin de evitar cualquier conflicto.
Frente a las transformaciones en el ámbito público y privado, ¿qué desean las mujeres al discutir el poder?
Al proponer la discusión sobre el poder, las mujeres están buscando su lugar en la historia/pasado y en el presente. Así, como la participación en su construcción. Este deseo surge de la madurez profesional de la mujer en la esfera pública, y que tiene organizada la esfera privada/doméstica. A partir del último siglo, la mujer ha percibido que no basta ser una profesional competente, pues los modelos que debe seguir son eminentemente masculinos, y la forma cómo se construye estos modelos incluye la cuestión del poder y del saber. La discusión sobre el poder, a partir de la óptica de la mujer, presupone la inclusión de su perspectiva a partir del respeto por la diferencia. Es decir, las mujeres pretenden discutir la forma como se construyen los modelos de comportamiento, con el fin de rever su participación.
La religión es una de las principales esferas para la construcción de modelos de comportamiento. El saber sobre las mujeres, en la Biblia, por ejemplo, toma un lugar central. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, Priscila se destaca como líder comunitaria junto con su marido Áquila y de su amigo Pablo (He 18,2-18). Desgraciadamente, sabemos poco sobre Priscila, sobre su personalidad, su predicación y su nivel de instrucción, etc. A pesar de todo, sabemos que ella existió y que se convirtió en una personalidad tan importante al punto de registrarse su nombre oficialmente. Otro ejemplo es Lidia (He 16,11-15.40). Ella formaba parte de una comunidad que se reunía a la rivera de un río en la ciudad de Filipos. Al oír el mensaje del Evangelio, se dejó bautizar e invitó a Pablo y Timoteo para comer en su casa. El texto bíblico narra que Lidia era comerciante de púrpura, por lo tanto, una mujer financieramente independiente y líder comunitaria, pues acogió a los discípulos cuando huyeron de la prisión. Tampoco sabemos mucho sobre Lidia, sobre su temperamento, la forma como ella lideraba al grupo, sobre su trabajo, etc. Pero, como, Priscila, fue una mujer que destacó en su época.
En el Antiguo Testamento, hay varias historias que incluyen a mujeres. Opto por hablar sobre Miriam (Ex 15,20-21; Nm 12,1-16), hermana de Moisés y conocida por su canto. El texto de Números, presenta a una Miriam diferente, no a aquella que se comportaba como una mujer tradicional, cantando la victoria de los guerreros, sino como aquella que también hablaba con Dios, aquella que desafió a Moisés, y que, por eso, se la castigó. El castigo aplicado a Miriam lo podemos interpretar como un acto de violencia contra la mujer, pues, el otro hermano de Moisés también participó del cuestionamiento al poder de Moisés y no se lo castigó. Así, la práctica de la violencia contra la mujer a través del castigo físico parece ser común, o sea, el cuerpo de la mujer se vuelve una inscripción de la historia de la violencia contra la mujer, ya que el hombre no es expuesto a tal agresión/inscripción. Parece que las dos imágenes de Miriam no encajan una en la otra. O ella es una mujer tradicional que canta con otras mujeres, o ella es una líder comunitaria. La tradición destaca a la primera.
Así, es posible percibir, por los ejemplos traídos aquí, que la construcción de la imagen de la mujer como líder comunitaria es mencionada bíblicamente, pero no recibe la misma importancia atribuida al liderazgo masculino. En otros términos, el liderazgo femenino siempre existió, en la historia escrita, no recibió mucha importancia. Este hecho dificulta, a las mujeres de nuestro siglo, la investigación sobre la contribución de aquellas mujeres en nuestra discusión sobre el poder. La construcción histórica de las imágenes de las mujeres siempre destacó el papel de sumisión de estas. Esa construcción aporta, a los hombres, una posición de liderazgo y de poder, vedada, para las mujeres, el acceso a esa misma posición. Por eso, al hablar sobre el poder, contemporáneamente, las mujeres hablan también sobre su construcción discursiva. ¿Cómo comprender el poder? Michel Foucault contribuyó de forma decisiva en esta discusión, relacionando el poder directamente con el saber.
El método foucaultiano
La discusión filosófica sobre el poder, hasta la época de Foucault, se realizaba en la polaridad entre “poder” y “no-poder”. Se entendía que este era el privilegio de un grupo minoritario, y que el otro grupo sufría las consecuencias del abuso del poder, es decir, la soberanía del Estado juzgaba al pueblo a través de las leyes. Se entendía al poder como una institución, como estructura o como una cierta fuerza que poseían algunas personas. A partir de Foucault, esa discusión se vuelve más compleja, pues su análisis ya no parte del binomio dominadores-dominados, sino de los lugares que construyen la dinámica del poder.
Foucault entiende el poder como una relación dinámica de estrategias siempre presentes. Su presencia proviene de todos los lugares, al contrario de lo que se entendía anteriormente: una unidad invisible. Los lugares son una multiplicidad de correlaciones de fuerza, del juego que, a través de luchas y enfrentamientos incesantes, transforman, refuerzan e invierten; corresponden a los apoyos que surgen a partir de la correlación de fuerzas. Foucault desarrolla cinco proposiciones para especificar las relaciones de poder:
1. El poder se ejerce siempre a partir de innumerables puntos y en medio a relaciones desiguales y movibles. No es algo que se adquiere o posee, por eso, no es posible guardarlo o dejarlo escapar.
2. Las relaciones del poder son inmanentes, pues son el resultado inmediato del compartir, de las desigualdades y del desequilibrio que se producen en las mismas; poseen entonces, un papel directamente productor.
3. En el principio de las relaciones de poder, no hay una oposición binaria y global entre los dominadores y los dominados. Al contrario, “las correlaciones de fuerzas múltiples que se forman y actúan en los estamentos de producción, familias, grupos restringidos e instituciones, sirven de soporte a grandes efectos de selección que atraviesan el conjunto del cuerpo social” .
4. Las relaciones de poder son siempre intencionales y objetivas. Eso no quiere decir que estén enfocadas a un sujeto o grupo, sino que, en ellas, los intereses se encuentran dirigidos por un dispositivo de conjunto. En este momento, no hay una formulación sistemática del proceso o de la perspectiva deseada. Ese es el carácter implícito de las grandes estrategias anónimas.
5. Toda la relación de poder trae consigo una relación de resistencia. Esta muestra el carácter relacional de las correlaciones de poder. Como no existe un lugar de poder, tampoco existe un lugar de resistencia, pero sí puntos de resistencia. Estos puntos cumplen el papel de interlocutores irreducibles, que son distribuidos de forma irregular.
De acuerdo con Foucault, esas cinco propuestas forman el modelo estratégico que se opone al modelo del derecho, basado en el sistema Soberano de la Ley que, por mucho tiempo, dirigió el pensamiento político. El filósofo propone, así, la sustitución del modelo de derecho por el modelo estratégico, justificándolo por el hecho de que las sociedades occidentales han rechazado a unos pocos a la guerra, que era su principal forma de expresión de correlación de fuerzas, desplazándose en dirección al poder político. Visto que las sociedades occidentales expresan su correlación de fuerzas a través del orden del poder político, ya no es más posible hacer un análisis de la realidad política a través de un método que estas sociedades, en su mayoría, ya no usan más. Solamente un nuevo método va a permitir conocer un nuevo sistema político.
Estas cinco proposiciones se explican tanto en el macro, cuanto en el micro-poder. Como el objetivo de este artículo es estudiar las relaciones de poder y violencia en lo cotidiano contemporáneo, enfocaremos apenas las relaciones transversales del micro-poder. A partir de las relaciones transversales del micro-poder es posible entender que la naturaleza del poder no es apenas una relación entre compañeros, individuos o grupos, sino que es una forma donde ciertas acciones modifican a otras acciones. Son acciones modificando a acciones, consecuentemente, personas. La violencia, en estas luchas transversales de micro-poder, de acuerdo con el filósofo, se comprende como un medio de ejercer el poder, no apenas sobre acciones, sí sobre el cuerpo de otra persona. “Una relación de violencia actúa sobre un cuerpo o sobre objetos; ella fuerza, ella dobla, ella quiebra el círculo, ella destruye, o ella cierra la puerta para toda posibilidad” . Según Foucault, aún cuando se ejerce la violencia, el poder permanece intrínseco a ella, pues la persona que sufre la violencia permanece siempre con una posibilidad de acción. La libertad de actuar dentro del enmarañado mundo de las relaciones de poder caracteriza la manera de relacionarse del poder, aunque haya violencia. De acuerdo con el filósofo, hay dos elementos que identifican una relación de violencia como relación de poder: primero, es que “el otro (aquel sobre el cual el poder se ejerce) es completamente reconocido y mantenido hasta el fin como una persona que actúa” ; segundo, es que, “frente a una relación de poder, una esfera entera de respuestas, relaciones, resultados, e invenciones posibles pueden surgir” . La dinámica del poder no se da cuando una de las partes no es libre, pues ésta, entonces, sería una relación de dominación de una persona sobre otra. Según el filósofo, la relación de poder “no es en sí misma una renuncia de libertad (…); la relación de poder puede ser el resultado de un consentimiento previo o permanente, pero él no es por naturaleza la manifestación de un consenso” .
Al estudiar las micro relaciones de poder, Foucault afirma que no hay relación en que el poder no esté presente, sea a nivel político/público, sea a nivel de las relaciones cotidianas domésticas, afectivas, de trabajo, etc. La dinámica de las relaciones en el micro-poder se concretiza en el cuerpo del individuo. El cuerpo pasa a ser, por lo tanto, el lugar de inscripción de la historia. De acuerdo con el filósofo, la violencia que participa de estas relaciones no anula completamente la dinámica de poder, sino pasa a caracterizarse prioritariamente por ser una relación de dominación en la cual una de las partes no es libre para actuar. A pesar del estudio sobre la violencia en el ser, el enfoque principal en la investigación foucaultiana, la contribución del filósofo permite comprender la dinámica entre poder y violencia en las relaciones cotidianas contemporáneas. Así, en una relación de violencia, la mujer no está destituida de poder, pero su libertad pasa a estar limitada debido a la relación de dominación que se establece. Cuestionar el poder a esta mujer significa hablar sobre libertad, dominio, violencia, cuerpo, etc. Es decir, poder y violencia son aspectos concretos en lo cotidiano de las mujeres en general, y específicos, en lo cotidiano de aquellas que viven en relaciones abusivas.
¿Por qué el método foucaultiano auxilia en la discusión sobre el poder y la violencia en la óptica de la mujer de hoy?
El método de Michel Foucault es importante para comprender el poder, porque el filósofo redimensiona su concepto, equiparándolo al saber y colocándolo en la dinámica de las relaciones humanas. Es decir, no se ve el poder como un concepto estático, sino que lo considera dinámico, valorizando el proceso de su formación y no solo apenas el resultado.
Esta propuesta ayuda en la discusión sobre el poder a partir de la óptica de las mujeres, porque, primero, valoriza el saber y, segundo, permite abordar tanto la dimensión del macro cuanto del micro-poder. A las mujeres, hasta recientemente en nuestra historia, les fue negado el acceso al saber, y, consecuentemente, a los lugares de producción del saber, como las universidades o determinadas profesiones relacionadas con la ciencia. Durante el último siglo, las mujeres invirtieron este cuadro, pero percibieron que la discusión sobre el poder toma el lugar central, pues su participación activa en la política, en la enseñanza, en la economía, entre otros, toca directamente en la dinámica de las relaciones de los géneros tanto en el mundo público cuanto en el doméstico.
El primer punto del método foucaultiano, el poder se ejerce siempre a partir de innumerables puntos y en medio a relaciones desiguales y movibles, se puede comprender en el sentido de que todas las personas ejercen el poder de una forma u otra, también aquellas aparentemente destituidas de poder. Así, las mujeres también lo ejercen, no solo siendo víctimas pasivas de todo lo que les ocurre. El primer paso a ser dato consiste en asumir las capacidades de participación en las transformaciones en que están implicadas, sin lastimarse por lo que no poseen.
En cuanto al segundo punto, las relaciones de poder son inmanentes, poseyendo un papel directamente productor, se puede decir que, en la dinámica de las relaciones humanas, siempre hay un resultado, una solución. Es importante estar informado del proceso para comprender los resultados. Así, por ejemplo, el resultado inmediato de que las mujeres entrasen en la esfera pública y de su independencia financiera y la adquisición de un saber profesional.
Es común clasificar las relaciones entre personas, clases, etc, de forma binaria, o sea, entre dominadores y dominados. Pero, conforme al tercer punto de Foucault, en el inicio de las relaciones de poder, no hay una oposición binaria y global entre los dominadores y los dominados, en la dinámica de las relaciones, no siempre sucede una división tan clara. Toda persona, individualmente, actúa en diversos papeles sociales, como padre, madre, hijo, secretario, administradora, entre otros, que refuerzan o niegan disputas por el poder en diversos niveles (cultural, social, doméstico, público, etc).
A la luz del cuarto punto, las relaciones de poder son siempre intencionales y objetivas, pero, esto no quiere decir que estén dirigidas a un sujeto o grupo, sino que, en ellas, los intereses se encuentran dirigidos por un dispositivo de conjunto. Se puede decir que la lucha por el derecho de voto no estaba dirigida a una persona o lugar, sino que tenía el objetivo de igualar los derechos políticos de las mujeres con los de los hombres. El movimiento por el sufragio, entonces, se encontraba unido por un dispositivo de conjunto, aunque hubiese diferencias entre las mujeres que integraban ese movimiento.
Segundo o quinto y último punto, toda relación de poder trae consigo una relación de resistencia, como no existe un lugar de poder, tampoco no existe un lugar de resistencia, pero sí puntos de resistencia. La resistencia hace parte de las relaciones de poder, a pesar de que su objetivo no siempre sea explícito; por eso, no siempre está relacionado con el tema en cuestión, sino que puede estar relacionado con la promoción o no de una determinada persona, por ejemplo.
A partir de los cinco puntos descritos por Foucault, es posible percibir que el sujeto participa de las relaciones de poder, a pesar de que no siempre ejerza un papel determinante, pues el poder está envuelto en una telaraña de intereses que se relacionan de forma dinámica. Tal comprensión ayuda en la discusión del poder bajo la óptica de la mujer, pues permite apreciar que todas las relaciones están injertas en una dinámica y que el sujeto está diluido en ellas. Significa que las mujeres, como sujetos, no están destituidas del poder, sino que participan en las relaciones de poder de acuerdo con la dinámica de los cinco puntos citados arriba. Así, es posible comprender por qué las mujeres de la Biblia, aquí citadas, ejercen un papel de liderazgo en sus comunidades, pero reciben poco protagonismo en los relatos bíblicos.
En relación a la violencia contra la mujer, el método foucaultiano permite apreciar que, muchas veces, en la disputa por el poder, la violencia se hace presente como un medio para lograr un fin. Pero, la violencia no está caracterizada como demostración del poder, pero sí de dominación. En una relación de dominación la libertad de una de las participantes es drásticamente reducida. Por lo tanto, al hablar sobre el poder y la violencia, la mujer propone la discusión de aspectos concretos de su cotidiano como el saber, derechos en el trabajo, relaciones afectivas, cuerpo, sexualidad, hogar, etc.
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Karen Bergesch
Caixa postal 14
São Leopoldo/RS
93001-970
Brasil
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Sílvia ROGAR, Ponto para elas, p.105.
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