www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Presentación

Jorge Pixley

Este número de RIBLA aborda el proceso de canonización del Nuevo Testamento, la colección de escritos que se presentan como apostólicos y que debían añadirse a la Biblia para completarla, según los seguidores de Jesús. Estamos con él completando un tríptico. En RIBLA 22, “Cristianismos originarios [palestinos] (35 a 70 a.C.)” hicimos una exploración de los diversos movimientos judíos en Palestina que se inspiraron en Jesús de Galilea para renovar su práctica de fe. Quisimos los autores reconstruir la situación palestina de colonia periférica del imperio romano como el contexto de Jesús y su movimiento. Y quisimos mostrar la diversidad de movimientos que no se pueden nivelar en una sola cosa. Estaban los seguidores galileos de quienes sabemos un poquito por Q, el evangelio que se puede reconstruir detrás de Mateo y Lucas. Y estaba la comunidad de seguidores en Jerusalén del cual dan testimonio el libro de los Hechos de los Apóstoles y la Epístola de Santiago. En una segunda colección, RIBLA 29, “Cristianismos originarios extra-palestinos (35 a 138 d.C.) ampliamos el horizonte geográfico y cronológico. Nuevamente, el énfasis era el contexto socio-político-económico, ahora de distintas regiones (Egipto, Edesa y Oriente, Antioquía, Ponto, Asia, Acaia y Macedonia, Roma), cada una de las cuales presenta sus peculiaridades. Quisimos mostrar la diversidad de los movimientos que se inspiraban en Jesús y que en este período y estos espacios fueron tomando distancia del judaísmo de Jesús y sus apóstoles.
Ahora, en este número de RIBLA sobre “La canonización de los escritos del Nuevo Testamento”, queremos variar un poquito el enfoque, dirigiendo la atención, más que en las dos colecciones anteriores, a los textos. Pero siempre con la intención de mostrar la diversidad de los movimientos que produjeron los textos y los aceptaron como autoritativos. Llegarían a ser en el fuego de las persecuciones del siglo III y con la instalación en el poder del siglo IV un solo movimiento religioso que sería llamado y se llamaría cristiano. Al enfocar los textos preguntamos sobre por qué estos cuatro evangelios fueron aceptados y los de Pedro, Tomás y otros no, por qué Hechos de los Apóstoles y no los Hechos de Pablo, Andrés, Juan o Pedro, por qué Hebreos y no Bernabé, por qué del Apocalipsis de Juan y no el Pastor de Hermas. Es decir, la clásica pregunta por el canon, por las listas de escritos “apostólicos”. Cada escrito refleja algún movimiento dentro de lo que devino con el tiempo cristianismo. Y algunos movimientos con sus textos fueron excluidos.
Pero queremos también abordar algunos desarrollos cuestionables que dejaron su impacto en el Nuevo Testamento. Dentro de un imperio como el romano donde el orden jerárquico en la familia, la ciudad, y las religiones era importante, constatamos que hubo un cambio desde una red de grupos solidarios como el movimiento de Jesús en Galilea y la red de iglesias asiáticas y griegas fundadas por Pablo hacia el episcopado monárquico que se refleja en las cartas de Ignacio de Antioquía, las Epístolas Pastorales, y la Carta de Clemente de Roma a la iglesia en Corinto. De una forma muy natural esta jerarquización significó también una patriarcalización de las iglesias originarias. Las líderes femeninas como Tecla, o Felicidad y Perpetua, o las profetizas de Frigia, fueron relegadas a las tinieblas de afuera (del canon). La autoridad del pater familias era básica en la sociedad romana, y en gran medida penetró también en las jóvenes iglesias de creyentes en Cristo Jesús. Este es el fondo de toda discusión del canon que pretenda, como RIBLA pretende, ser una contribución a la liberación dirigida por el pueblo. RIBLA quiere animar la lectura popular de la Biblia y usar la ciencia bíblica para nutrir este movimiento popular de liberación. Dentro de ello se encuadra esta contribución a los orígenes del canon.
Ahora, la jerarquización de la iglesia y su patriarcalización, ausentes ambos del movimiento galileo de Jesús, se hacen presentes en el Nuevo Testamento en varias manifestaciones y muy notoriamente en las Epístolas Pastorales y en interpolaciones en I Corintios y otros textos. Debemos entender con ello que no es la institución misma una caída en pecado. Los humanos no podemos sostener la vida social sin instituciones que organicen nuestra convivencia y éstas tienen que ser gerenciadas de alguna manera que siempre es la introducción de algún tipo de jerarquía. Y una sociedad ordenada requiere leyes, tácitas o escritas. ¡Esto es un proceso avalado por el canon! ¡Pero no se borró la igualdad solidaria de los movimientos originarios! Para expresarlo en términos paulinos, la ley es santa y buena, pero la ley mata (Rm 7,12-13). No podemos vivir sin ley, pero, la ley (normas de la institución), además de posibilitar la vida, lleva en sí la semilla de la muerte. Ya que normalmente el estudio de la Biblia está controlado por la jerarquía eclesial tiende a leer los textos como validaciones de la jerarquía, que es una verdad a medias. Con este tríptico de estudios sobre los cristianismo originarios pretendemos reintroducir la necesidad del carisma que no pide permiso, el del Jesús que dice, “El sábado fue hecho para los humanos y no los humanos para el sábado” (Mr 2,27). Podríamos aplicar este dicho al tema que nos ocupa así, “El canon fue hecho para los fieles y no los fieles para el canon”. Lo cual no significa que neguemos validez al proceso de canonización que fue un proceso de inclusión y de exclusión por algunas autoridades aún incipientes. Los libros canónicos del Nuevo Testamento han servido para nutrir movimientos dinámicos de fe así como para mantener vivo el espíritu libertario.
Esta colección se podría organizar de distintas maneras. He aquí la organización que hemos adoptado. Diez artículos se organizan en tres secciones. Una primera sección de cuatro artículos plantea la problemática del canon, iniciando con los artículos de Sandro Galazzi y Diana Rocco sobre jerarquización y patriarcalización, respectivamente. Luego sigue un nuevo estudio sobre el teólogo Marción del Ponto, un gran paulinista, que fue importantísimo en aceptar para las iglesias una colección apostólica como compleción de la Biblia hebrea. La solución de Marción, un Evangelio y una colección de “la Epístola” no fue aceptable para los obispos, pero su propuesta de un “nuevo” testamento lo fue. Y luego, el debate en torno a un fragmento que parece ser una lista canónica que muchos investigadores piensan se originó en Roma en el siglo II. Violeta Rocha nos presenta este debate que incluye una novedosa tesis, que el Nuevo Testamento fue un hecho más editorial que decisión eclesial (Trobisch).
Propiamente, la canonización fue un proceso, aún si fuera acertada la propuesta de David Trobisch de que fue por criterios editoriales puntuales de mediados del siglo segundo, que llegó a ser lo que es. El proceso fue diverso y ya para Ireneo (fines del Segundo Siglo) estaba prácticamente concluido (totalmente concluido si aceptamos la tesis de Trobisch). La segunda sección sobre “algunos trayectos” señala estas diversas corrientes. El estudio detallado de Ricardo Pietrantonio es fundamental. El libro de los Hechos de los Apóstoles se escribió como segundo tomo del Evangelio de Lucas, pero mientras el evangelio pronto llegó a ser parte de una colección ampliamente usada, los Hechos quedan en el silencio hasta aparecer en plena luz en los escritos de Ireneo. De la colección de epístolas paulinas se puede saber mucho más de su trayectoria y este es el objeto del artículo de Jorge Pixley. Pedro Lima Vasconcellos trabaja la curiosa trayectoria juanina que está manifestada en tres epístolas y un evangelio que son parte de una trayectoria, aunque siempre circularon en colecciones diferentes (epístolas apostólicas las unas, evangelios la otra). Néstor Míguez trabaja con textos ya más influenciados por las tradiciones intelectuales judías y helenísticas que tienen mucho en común, Hebreos y Bernabé, solamente que uno entró al canon y el otro no.
Terminamos con una sección más pequeña de dos estudios que enfocan la experiencia religiosa de grupos periféricos de los cuales salió el Apocalipsis de Juan que entró al canon y varias obras que no entraron, pero que no por ello dejan de reflejar experiencias religiosas dignas de todo respeto.
No pretendemos ser exhaustivos con esta colección. Faltan la trayectoria de los evangelios sinópticos y las trayectorias santiaguina y petrina-Judas, y alguien podrá pensar en otros temas pertinentes. Pero creemos ofrecer a los/las lectores/as de RIBLA un buen banquete intelectual y espiritual.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.