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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

ELLOS PASARÁN...YO...PAJARITA
Ensayo para una María-logía de resistencia

MARIA SOAVE BUSCEMI

Abstract
This article presents an historic and poetic description of the religious and political contexts for the definition of the Marian dogmas  (Mother of God, Eternal Virgin, Immaculate Conception, Assumption), searching for their possible relationship to the myths of other religions and their development within Christianity. The persistence of myths opens up theological alternatives  beyond the dogmas identifying the image  of Mary with the spirituality and the theology of Latin American women.

 

Introducción

Estos apuntes surgieron de la voluntad de compartir nuestra vida, nuestro ser mujer, nuestros cuerpos y sus relaciones, nuestras heridas y sueños... sueños largos y ecuménicos con la vida de María, sus relaciones, los relatos del Nuevo Testamento, la historia de la presencia de lo femenino en las religiones y en las tradiciones de las iglesias... Estas anotaciones no poseen la pretensión de ser una “mariología”, esto es, una sistematización de la teología al respecto de María, mas bien quieren ser humildemente, esto es, una “María-logía”, un compartir, una conversación, una construcción comunitaria del saber a partir de nuestras vidas, de la vida histórica de María y de la historia de la fe sobre María, para que nuestras vidas de mujeres y hombres puedan ser vidas plenas al rescate de lo femenino, suave, dulce, pacífico, misericordioso rostro de la divinidad y de la humildad. En estos tiempos de temores de guerras... Paz!

Agradezco a la pastora Elaine de la Iglesia Luterana, Nilva, amiga de los campos de la comunidad católica de Urubicí, a la pastora Nancy de la Iglesia Metodista, todas las mujeres de los caminos de la relectura popular de la Biblia; y a los hombres que construyen el “nuevo masculino” por incentivarme a profundizar en este estudio. De ellos y de ellas no conozco ni su rostro y ni sus nombres, mas hace algunos días atrás, en un viaje en barco carguero por el río Amazonas, vi escrito en una gran placa cerca de un puñado de casitas y canoas: “Proyecto de Electrificación de la Comunidad Evangélica Nuestra Señora de la Concepción”. Escribo para esta comunidad que hizo a mi cuerpo cansado de tantos días de barco, sonreír y soñar... Gracias, Madre mía, gracias por concederme continuar tu nombre, estoy aquí, soy yo... María Soave.

Anunciación

La visión... yo quise entenderla
Mas si entendiese
Ya no la vería.
Lo que oí... yo quise repetir
Mas si repitiese
Ya no oiría
La visita de un hombre
O un dios
Mas si yo lo revelase
No me visitaría
Vino cerca
Tan cerca que tuve miedo
Mas si yo le temiese
No lo tendría
Entonces me acosté
Me dijo del fin y su ira
Me llamó de hija
Y me puso en la boca
El nombre
Mas si yo lo dijese
Olvidaría
Me levanté así
Embarazada
Espero lo que no vi ni oí
En nueve meses
De misterio y pretensión
Yo quiero.
(Nancy Cardoso Pereira)

 

María la madre de Dios - El contexto político-religioso del Concilio de Éfeso (431 e.c.)

Entre el final del Concilio de Constantinopla, el año 381 (con Teodosio), y la reunión del Concilio de Éfeso, en el año 431, el imperio romano estaba sitiado, una situación que con el pasar del tiempo traería graves consecuencias para la iglesia cristiana.

En este período se fortalecieron en el mundo hasta entonces conocido, los pueblos “bárbaros”: los hunos, visigodos, godos, vándalos... atacando y sitiando el imperio en todos sus confines, en cuanto los emperadores prohibían sacrificios, reprimían cultos paganos, impedían a todas las personas paganas prestar servicios a la corte, de tener cargos civiles y militares, limitando los plenos derechos humanos y ordenando la destrucción de todos los templos de cultos campesinos.

En el tiempo de la convocación al Concilio de Éfeso, en gran parte del Occidente los germanos habían fundado nuevos reinos substituyendo la ley romana por la ley de los otros pueblos y profesaban el culto cristiano según la fe arriana (naturaleza del Hijo en dependencia de la naturaleza del Padre y concepción del Hijo sin naturaleza divina).

En este tiempo de la historia, la parte oriental del Imperio, con las fuertes murallas de Constantinopla, resistía contra los godos y los hunos. En el año 408 subió al trono Teodosio II, influenciado por la hermana Pulqueria y por la esposa, la filósofa Eudosia, ordenó la construcción de una nueva muralla en Constantinopla y recopiló la codificación de la ley romana que trae su nombre. Como su abuelo ya lo había hecho en Constantinopla, convocó esta vez en Ëfeso un concilio ecuménico en el 431.

Con la muerte de Netario, obispo de Constantinopla, Teófilo, obispo de Alejandría, intentó poner uno de sus presbíteros en la cátedra dejada por Netario, pero el emperador en persona puso como obispo de Constantinopla al presbítero Juan de Antioquía, que sería conocido a partir del siglo VI como el Crisóstomo (boca de oro). Juan era muy fértil y duro en sus sermones, es por esto que muchos grupos se pusieron en contra de él, sobretodo grupos de la iglesia de Alejandría y de la emperatriz Eudosia. En el 404, por medio de las tropas imperiales Juan fue exiliado. Los obispos aliados de Juan fueron despedidos de sus sedes. Inútilmente el papa Inocencio I anuló las sentencias contra Juan e interrumpió la comunión con los perseguidores del obispo Crisóstomo. Juan murió en la cárcel en la lejana región del Ponto. En el 414, el obispo recién ordenado en Constantinopla incorporó de nuevo el nombre de Juan para ser recordado en la liturgia, readmitiéndolo después de la muerte, en la comunión. Así hizo la iglesia de Antioquia, pero no la iglesia de Alejandría, donde era obispo Cirilo, enemigo de Juan. Cirilo era hombre muy duro y fundamentalista.

En el 425, con la muerte de Ático, conciliador patriarca de Constantinopla, el clero de la ciudad escogió para la sucesión a Nestorio, elocuente prior de un monasterio. En su consagración en el 428, Nestorio atacó a todos los “herejes”, atacó a los “cuartodecimanos”, los que se recusaban a aceptar la norma del Concilio de Nicea sobre el cálculo del día de la pascua y los “macedonianos” que negaban la doctrina del Concilio de Constantinopla sobre el Espíritu Santo. Por ironía de tanto fundamentalismo él mismo sería acusado de herejía.

En solemnes definiciones eclesiásticas se había establecido la divinidad del Logos y, en presencia de los arrianos y Apolinario, la íntegra humanidad de Cristo. Ahora se trataba de determinar con mayor precisión la relación entre la naturaleza humana y naturaleza divina.

Dos escuelas políticas y teológicas estaban contraponiéndose en esta cuestión: La escuela de Alejandría y la escuela de Antioquia.

La escuela de Alejandría, acentuando fuertemente la íntima unión de las dos naturalezas, hablaba de una sunkrásis, una profunda mezcla entre las dos naturalezas. Atanasio afirmaba que no eran dos, y sí una sola naturaleza encarnada en el Logos divino. La escuela de Antioquia insistía en la distinción entre las dos naturalezas y su complementación.

Diodoro de Tarso hablaba de inhabitación del Logos en el hombre como un templo o como una vestimenta y distinguía dos hijos de Dios en Cristo, uno natural y otro adoptivo. Teodoro tampoco admitía una verdadera encarnación, reconocía sólo una inhabitación del Logos en el hombre Jesús. Influenciado por la filosofía aristotélica, Teodoro llegaba a admitir dos personas en Cristo (porque ninguna sustancia-naturaleza es perfecta si no tiene personalidad). En consecuencia esto hacía nacer de María no el Hijo de Dios, y sí un hombre en el cual habitaba Dios y llamaba a María “Madre de Cristo”. Nestorio fue discípulo de Teodoro. El nuevo obispo de Constantinopla comenzó a usar durante su predicación, diciendo que era la formación correcta, el término “María de Cristo”. Esta actitud provocó descontento entre el pueblo que hacía muchos años usaba el título de “María, madre de Dios”, la oposición popular a este obispo fue muy grande por causa, no de cuestiones cristológicas o de poder político, sino entre la Theotókos y la Jristotókos.

En la reflexión teológica, Juan de Antioquia (Crisóstomo) invita a Nestorio a aceptar la formulación Theotókos. En diciembre del 430, una citación a juicio del papa Celestino llegó hasta Nestorio. En noviembre el emperador Teodosio, no considerando definitiva la condenación papal respecto de Nestorio, convocó el Concilio general en Éfeso para el día 7 de junio del 431, sábado de Pentecostés. El emperador, como sus predecesores, reivindicaba el derecho de interferir en las cuestiones eclesiásticas porque afirmaba que el imperio era fundado en la ortodoxia del culto.

Las invitaciones del emperador para el Concilio especificaban el número (pequeño) de obispos para cada eparquía, pero Cirilo de Alejandría reunió 50 de sus obispos, un grupo del bajo clero y monjes destruidores de templos paganos. Llegaron a Éfeso y ya estaba Nestorio con 16 obispos, clérigos y hombres armados. En Éfeso, el obispo Memnón reunió 12 obispos de la Panfilia y 50 del Asia contrarios a Nestorio por causa de la primacía de la iglesia de Constantinopla. Memnón cerró las iglesias de Éfeso para Nestorio. El 12 de junio llegó Juvenal, obispo de Jerusalén con 15 obispos palestinos apoyando a Cirilo de Alejandría. Llegó Flaviano de Filipos con los obispos de Macedonia. Agustín de Hipona había muerto recién. El patriarca de Cartago no consiguió llegar por causa de las invasiones de los vándalos. El patriarca Juan de Antioquía (Crisóstomo) mandó una carta diciendo que llegaría un aliado para Nestorio... Cirilo no quiso esperar, si muchas fueron las reclamaciones de los obispos ligados a Nestorio, en el día 22 de junio Cirilo abrió el Concilio en la iglesia dedicada a María. Nestorio acabó siendo el gran “perdedor” del Concilio. Cuando los obispos salieron de la iglesia dedicada a María, el pueblo de Éfeso estaba allá aclamando con una procesión luminosa. Para el pueblo, María, la Madre de Dios, había ganado sobre el fundamentalismo herético del obispo “católico”, esto es primado de la Iglesia de Constantinopla.

 

Una mirada hacia la historia de las religiones respecto de la Madre del Hijo divino

Según el historiador de las religiones Joseph Campbell existe una continuidad histórica en la adoración del rostro femenino de la divinidad. Desde el VI milenio a.e.c. aparece en la historia de las religiones sea la Madre del Hijo divino, sea la Madre-Esposa del Dios muerto y resucitado. El teólogo Karl-Heinz Deschner comprobaba ya hace 30 años atrás que “la generación divina de una virgen era conocida en Egipto, en Babilonia, en la India y en Persia, en Grecia y en Roma” .

El culto a la Diosa Madre era muy flexible, entraba inculturándose de forma sincrética, en los muchos mitos, ritos y símbolos religiosos de las diferentes culturas... así se identificaba con los muchos rostros femeninos de la divinidad alrededor del Mediterráneo... era Astarté de los fenicios, Asherá del antiguo Israel, Atenas, Hestia, Afrodita, Era, Deméter, Artemis del mundo grecorromano. Los santuarios de la Diosa madre existían en Asia Menor, en Atenas, en Italia y en Roma. La última procesión luminosa para la gran Diosa-Madre fue hecha en Roma en el año 394; el último templo para la Diosa-Madre fue cerrado solamente en el año 560.

La Madre de Dios era llamada también Trono de Dios. A partir de este Trono, el Hijo Horus, u otros hijos divinos, reinaban. El seno materno como trono y como “cátedra” de la divinidad recuerda el primer objetivo de culto del pueblo de Israel, que el pueblo llevaba consigo de la salida de Egipto. El Arca es llamada “Trono de Yavé”. María, en la letanía lauretana es llamada “Arca santa”. Trono, Arca, Seno materno... esta compleja relación nos lleva a un simbolismo religioso todavía más antiguo. Regresando más atrás en la historia encontramos, en lugar del trono, una montaña que abraza a través de una gruta... Muchas personas estudiosas de la historia de las religiones creen que el cuello protector de una gruta es el espacio arquetípico del Gran Femenino. Muchas son las grutas ligadas a las divinidades femeninas, por ejemplo en Chatal Hüyük, cuna, en el 7.o milenio en Asia Menor, de una civilización no centrada sobre la violencia- o en Lourdes, donde muchas personas enfermas buscan consuelo y alivio- o en Guadalupe, donde Tonanzín hablaba desde lo alto de la montaña...

En el templo de Jerusalén, donde al final el arca estaba en el lugar santísimo, está escrito sobre el tiempo de la reforma de Josías: “Destruyó las casas de las qedeshôt, que estaban en la casa de Yahvé, allá las mujeres tejían tiendas para Asherá” (2 R 23,7). Según el evangelio apócrifo de Santiago , también María fue entregada pequeña al templo, donde tejía. Tejer e hilar era una acción considerada de mujeres y diosas.

Sería interesante pasar un tiempo profundizando el campo semántico de la palabra qedeshä. Este término indica a las vírgenes que están al servicio del templo, muchas veces e impropiamente ligado a la prostitución sagrada. El sentido etimológico de la palabra indica “sagrado”, viene del hebreo qadôsh, o es posible un origen del babilónico qadishtu que significa “pura y santa”. Existen exégetas que consideran la figura de Rajab que, en la genealogía de Mateo es una de las antepasadas de Jesús, no como una prostituta, sino como una qedeshä del templo, que esconde a los espías y así permite la ocupación de Jericó. Rajab esconde a los espías debajo de la tienda de la gran Madre. Un antiguo midrás hace una conexión entre Rajab y Ana, la madre de Samuel; Ana es considerada en este midrás como una segunda Rajab, que en su origen sería una diosa del mar. Sería interesante ver cómo, en la época cristiana, María es Nuestra Señora de los mares, y su conexión interesantísima, a través del Magníficat, con Ana.

 

El desarrollo del dogma

En el 431, cerca de 400 años después que el apóstol Pablo había vivenciado la más grande derrota, fue proclamado, en Éfeso, el dogma de la Theotókos, la Madre de Dios.

En su tiempo Pablo, había escogido aquella ciudad para hacer el discurso apasionado en el cual anunciaba a Jesucristo, el Hijo resucitado de Dios, para conquistar finalmente para la nueva religión a las multitudes paganas y sacarlas del escandaloso culto a las diosas, practicado por estas multitudes. El pueblo parecía que casi se convertía al nuevo Dios que Pablo anunciaba, pero después de haberlo oído suficientemente, el pueblo se acordó de su Gran Diosa y de la ciudad de Éfeso que había consagrado a ella su gran templo. Entonces el pueblo expresó su profesión de fe: “grande es Artemis (Diana) de los moradores de Éfeso”.

María, Madre de Dios, transparece como mediadora de la realización del hombre y la mujer. Ella engendra un hombre que es Dios, maternidad divina. Ella engendra un Dios que es verdaderamente hombre, maternidad humana. En calidad de madre, María se sitúa como punto de unión entre el proyecto de Dios y el proyecto de la humanidad. Los caminos se cruzan en ella. Por esto ella posee un sentido que va más allá de ella misma, un sentido universal pertinente a la historia humana y a la historia divina. Su gloria está en el servicio a los otros. Su gloria está en la Kenosis, en el ser servidora y última para que las personas, sobre todo las más empobrecidas, puedan comparecer. Existe en María una verdadera maternidad humana, porque el fruto de su vientre es verdadero hombre, Jesús. Existe en María una verdadera maternidad divina porque el hombre por ella engendrado es realmente Dios. La maternidad humana teje una red de relaciones con Dios... una red de relaciones que se hace encarnación.

Siendo hombre de sexualidad masculina, Jesús recibió biológica y psicológicamente una determinación fundamental de su madre María. Lo femenino entró en él en proporción especial, en la constitución de la existencia concreta de Jesús. Siendo Jesús simultáneamente Dios, podemos individuar una divinización encima de cualquier sospecha de lo femenino. Lo femenino es igualmente asumido por Dios, es vehículo de salvación de la humanidad y auto-revelación de Dios. Lo femenino conquistó así, de María en dirección a Jesús, una dimensión eterna.

Diferentes eran los intereses que llegaron hasta la proclamación del dogma. El dogma no expresaba sólo la veneración de los padres conciliares por María, fue el fruto de una política de alianzas respecto de la primacía de la iglesia de Constantinopla. Lo que más interesaba a los hombres de la Iglesia no era la posición de María sino la esencia divina de su Hijo, que en los primeros siglos del cristianismo no era pacífica.

Desde los tiempos antiguos es lo femenino lo que une al mundo: también en este caso, fue con la ayuda de la Virgen Madre de Dios que se consiguió unir a los dos mundos.

Es ella la que parece salir vencedora de la lucha que ha envuelto a los teólogos y al pueblo, ella era la garantía materna de la divinidad y de la humanidad de Jesús.

Nestorio decía que María podía ser llamada Antropotókos, “Madre del hombre”, o más aún Jristotókos”, “Madre del Cristo”, pero no Madre de Dios, porque Dios existió desde siempre. Este título daba para María una posición muy peligrosa para el patriarcado excluyente... y la elevaba a la posición de una de aquellas Diosas adoradas por los paganos. Con seguridad los temores de Nestorio tenían fundamento.

Para el pueblo de Éfeso, la Theotókos era algo silenciado que volvía a vivir. El pueblo esperó a los padres conciliares con una procesión luminosa... como era costumbre esperar la fiesta de Artemis y Hécate... era la posibilidad de volver a sonreír para el rostro femenino de la divinidad que había sido silenciado por este cristianismo fundamentalista. La proclamación del dogma aconteció en la iglesia de María, en Éfeso, iglesia recién constituida sobre las ruinas del enorme templo de Artemis, en el lugar del templo de aquella diosa que, 400 años antes, había provocado la derrota del sermón del apóstol Pablo.

Ella consiguió mantener en pie la fe en el amor y en la misericordia, ella, Nuestra Señora de la Misericordia. “Así, quien es acusado delante de Dios juez, se refugia en la Buena Madre del Dios clemente”, tales son las palabras de una oración a María del teólogo Anselmo de Canterbury, en el siglo XI.

El poder materno de la Madre, que viene del poder de su amor, no puede ser sofocado. Continuó surgiendo aún a despecho del iconoclasticismo y de la abolición del culto mariano por parte de los protestantes.

Así escribía durante la segunda guerra mundial una mujer protestante, Gertrud von Le Fort:

Déjennos rezar por la paz de nuestra tierra,
porque la paz de la tierra está mortalmente enferma.
Ayúdanos, Virgen María,
Ayúdanos a decir:
Acontezca la paz en este nuestro pobre mundo.
Tú, auxiliadora del que todo concilia,
Tú, dócil para quien todo perdona
Tú, luna de las afectuosas noches de los pueblos
Nosotros deseamos la paz.
Que los prisioneros sean finalmente libertados,
Que los exiliados encuentren finalmente una patria,
Que todas las heridas finalmente cierren,
Pide para nosotros la paz.
Tú, madre de quien no tiene protección,
Tú, enemiga de quien no tiene corazón
Tú, clara estrella entre las nubes oscuras,
Nosotros te pedimos la paz
Tú, que te quedas con nosotros aún cuando te sacan,
Tú, que permaneces poderosa aún cuando en la tierra
tu trono delicado estalla en mil pedazos,
Ruega para que renazca nuestra paz.”

 

María, la virgen eterna. El contexto político-religioso del Concilio de Calcedonia (451)

La convocatoria de este Concilio tuvo una historia tumultuosa. Continuaban las diatribas entre teólogos “cirilianos” y “nestorianos” respecto de las naturalezas o de la naturaleza y de las personas de Cristo Jesús. Continuaban también las luchas por el poder en la Iglesia y las guerras de los emperadores de los imperios de Oriente y Occidente contra los pueblos bárbaros.

El papa León formuló la opinión de que un próximo concilio debería ser en Occidente. El emperador y la emperatriz convocaron a un Concilio y fue, de nuevo, en Oriente, en la ciudad de Nicea, para el año 451.

El día 1 de septiembre del 451, centenas de obispo ya habían llegado a Nicea, y estaban solo esperando que el imperador Marciano abriera los trabajos. Pero el emperador, que estaba luchando contra las invasiones de los hunos, ordenó que el Concilio fuera convocado de nuevo en Calcedonia, separada de la capital Constantinopla solamente por el canal del Bósforo. Así, el día 8 de octubre del 451, comenzó el Concilio. Algunos historiadores dicen que estaban presentes 500 obispos, otros dicen 350. Respecto de las cuestiones marianas, así concluyó el Concilio:

Nosotros profesamos que el Unigénito Hijo de Dios, el mismo Dios que se hizo verdaderamente hombre, descendió y se encarnó gracias al Espíritu Santo y a María Virgen y Madre de Dios.

En el Concilio de Calcedonia fue dado a María el título de Aeì parthénos, “Virgen eterna”. Dos siglos después, en el primer concilio de Letrán , del 649, el papa Martín I proclamó dogma de la iglesia la perpetua virginidad de María.

 

Una mirada a la historia de las religiones respecto de la “siempre Virgen”. Vírgenes guerreras: las amazonas.

El más famoso estado de las amazonas fue localizado en las orillas del Mar Negro, donde grupos de mujeres vivieron cerca de 400 años (de 1000 hasta 600 a.e.c). Era una vida y una sociedad solo de mujeres. Dos veces al año invitaban a hombres y cuando quedaban embarazadas, éstos tenían que abandonar la aldea. Eran llamadas “el pueblo de las vírgenes”. A ellas se debe la fundación de la ciudad de Éfeso. Artemis era la diosa de las amazonas. En el templo construido par la diosa en la ciudad de Éfeso estaba la estatua de la diosa con muchos senos (muchas explicaciones para esta estatua: poder de fertilidad... los senos derechos de cada amazona cortados y ofrecidos para poder usar bien el arco y las flechas). El día de la fiesta de Artemis, diosa del pueblo de las vírgenes, era el 15 de agosto.

 

Las vírgenes amantes

Son las dueñas de sí mismas, “unas en sí mismas”. Estas mujeres tienen vida totalmente independiente. Viven en completo abandono amoroso. Las diosas de ellas son Astarté, Era, Vesta... todas diosas del amor, totalmente independientes. Las diosas y las sacerdotisas de las diosas, sin conocer al padre carnal concebían un hijo que era llamado hijo de dios y sería llamado Pontifex Maximus. Las sacerdotisas celebraban el gran misterio de la transformación cocinando pan y tortas que ofrecían a la diosa .

El desenvolvimiento del dogma

Oraciones de la iglesia primitiva y expresiones doctrinarias oficiales, atestiguan la fe en la “siempre virgen” que fue asimilada por todos los “credos” desde el comienzo del siglo II de la era común. Explícitos al respecto de esta doctrina son diferentes Concilios: el primero de Constantinopla (381), de Calcedonia (451), el V Concilio ecuménico y el II de Constantinopla (553). En esta última asamblea se declara con suprema autoridad que “sea excluido de la comunidad de fe aquel que considera que la santa, gloriosa y siempre virgen María (aeì parthénos) es madre de Dios sólo en un sentido impropio y no verdadero, o según una relación como si de ella hubiera nacido simplemente un hombre y no un Dios, Verbo encarnado nacido de ella”.

Un sínodo de obispos italianos y africanos, se dio en Roma, en la iglesia del Lerán, en 649, con el papa Martín I, explica el término “siempre Virgen” (aeì parthénos): “sea excluido de la comunidad de fe quien no confesara con los Santos Padres, en el sentido propio y verdadero, la santa y siempre virgen e inmaculada María como Madre de Dios. Ella, en el sentido especial y verdadero, concibió en los últimos tiempos sin semen, y del Espíritu Santo, y dio a luz incorruptiblemente (incorruptibiliter) al mismo Dios Verbo que nació de Dios Padre antes de todos los tiempos. Ella conservó después del parto la misma virginidad indisoluble y permanente.”

El sínodo de Toledo (675) y el IV concilio de Letrán (1215) refuerzan estas aclaraciones. El día 7 de agosto de 1555, en la Bula del Papa Paulo IV (Cum quorundan hominibus), contra una secta polonesa anti-trinitaria, aparece por la primera vez la formulación “antes, durante y después del parto”.

 

La Virgen enemiga de las mujeres

En la tradición de la Edad Media se cantaba, entre los benedictinos franceses: “el amor de las mujeres es paja, el verdadero grano es la Virgen María) (Chanson de la Vierge, de Gautier de Coincy, 1236).

Las mujeres comunes y corrientes no podían compararse a esta María. La veneración a la Virgen María servía para oprimir a las mujeres. Las atribuciones dadas por algunos hombres a la virgen, “dulzura, tierna, bondad, humildad, obediencia”, se transformaron en atribuciones fundamentales en la educación exclusivamente femenina.

 

La Virgen amiga de las mujeres

La resistencia de muchas mujeres al régimen opresor del padre, de los hermanos y del marido, fue en muchas épocas del pasado la vida en virginidad. El movimiento de Jesús y los primeros cristianismos fueron enriquecidos por la presencia ministerial de las vírgenes. Los fenómenos de los conventos, de la vida como Beguinas y de las grandes místicas de la Edad Media, fueron fenómenos de gran liberación y dignidad para la vida de las mujeres. Estos espacios y esta manera de vivir les permitía se “unas en si mismas”.

Amantísima y sola

Tiro el manto, la manta. Miento.
Experimento la mentira que me mantuvo
Santa tanto cuanto
Amantísima y sola.

Un vestido común
De una mujer cualquiera.
Desciendo del altar,
Salgo de la iglesia
Mezclada con las Marías de las calles
De los dolores de las gracias de Lourdes,
Fátimas, peñas y concepción.

Y, si todavía diese,
Si lo sagrado todavía me quisiera,
Vuelvo para casa, abro la ventana,
Me tiendo en el suelo y espero esperar.
Soy yo, soy María
Y es casi de noche en Nazaret.
(Nancy Cardoso Pereira)

 

María, concebida sin pecado - Contexto político-religioso del dogma católico de la Inmaculada.

La fe en la Inmaculada Concepción tuvo muchas controversias en la historia de nuestra Iglesia. Hasta los papas llegaron a no tener un pensamiento y un magisterio común respecto de la Inmaculada. El papa Sixto VI, ex-franciscano, fortaleció la creencia en 1482. En 1568 el papa Pío V volvió a prohibir el culto. Pero en el siglo XIX, la ciencia exacta tomaba cada vez más fuerza y el empirismo el poder. La Iglesia Católica perdía simpatías de las élites intelectuales de Europa. Todos los movimientos europeos e italianos de unificación y libertad estaban amenazados, también el poder político temporal de la Iglesia de Roma. Fue así como el papa Pío IX, hoy beatificado, respondió definiendo su fuerza. Declaró dogma a la Inmaculada Concepción de María. La fe en ella se convirtió en un “acto de resistencia” contra los nuevos métodos de pensamiento científico y a favor del poder del papa. Los intereses del papado estaban estrictamente ligados al culto mariano. Así fue lógico que, después de la Bula de 1854 que definía el dogma de la Inmaculada Concepción, en 1870 (en sincronía con la proclamación del estado italiano) Pío IX produjese otra Bula que elevaba a dogma la infalibilidad del papa.

El dogma afirma que María fue concebida por su madre Ana “sin mancha”, esto es sin pecado, entonces exenta de pecado original. Este es un dogma sin ningún fundamento bíblico.

Existe un texto entre los siglos II y III, los “Hechos de la pasión del apóstol Andrés”, en el que está escrito: “El primer hombre hecho de tierra intacta con el pecado que cometió a través del leño (árbol del conocimiento), introdujo la muerte al mundo. Por eso era necesario que el hijo de Dios, hombre completo e intermediario que creó el primer hombre, naciera de una virgen sin mancha. El, restituyó la vida eterna que Adán había hecho perder y con el leño de la cruz acabó con el leño del deseo”. Este paralelo Eva/María se encuentra por primera vez en los escritos de Justino Mártir, en el 155.

Los padres de la Iglesia no siempre concordaron con la pureza de María frente al pecado. Tertuliano decía que María no había creído plenamente en Cristo y otros padres atribuyen a María el defecto de la soberbia.

Desde el siglo VIII de nuestra era fue introducida la fiesta de la Inmaculada Concepción. En el siglo XII, Bernardo de Claraval, hizo una protesta contra los canónigos de Lyon que querían celebrar el día 8 de diciembre la fiesta de la Inmaculada Concepción. El gran teólogo de la Edad Media afirmaba: “¿Tenemos acaso que creer que tuvo deseo y no pecado? ¿Quieren proclamar que ella no tuvo parte en el pecado de concupiscencia carnal?”. Para Bernardo, celebrar la concepción de María, significaba celebrar la relación sexual de sus padres.

Contemporáneo de Bernardo, Tomás de Aquino aprobó el “astuto compromiso”, pensamiento ya elaborado por Pedro Lombardo. Tomás afirmaba: “María como persona humana fue concebida con pecado mortal, pero como madre de Dios fue liberada de todos los pecados hasta antes de nacer.” Así Tomás se escapa de la crítica de que el sacrificio de la cruz habría sido innecesario en María. La Virgen habría sido preservada del pecado desde el momento de su concepción hasta la redención de la cruz, entonces había sido salvada con toda la humanidad.

 

La Inmaculada en la historia de las religiones

Hace por lo menos 3000 años. que la Inmaculada es la diosa persa Anahita, diosa del agua siempre pura. Esta diosa fue llevada para Caná con el nombre de Anat - existen en la historia de Israel lugares como Anatot, Bet Anat.

En la iconografía de la Inmaculada Concepción, María está de pie sobre una cara de la luna, alrededor de ella está la serpiente. Es interesante como generalmente, en las imágenes no se percibe enemistad entre María y la serpiente. Nos parece claro que el antiguo mito que está por detrás de la serpiente es el mito de los árboles de la vida y del conocimiento. Sería interesante hacer algunas reflexiones respecto de la luna y de sus caras que están en la representación iconográfica de la Inmaculada .

La diferencia de la conciencia solar masculina, por la cual la luz y las tinieblas pueden ser enemigas y combaten entre ellas una batalla donde sólo una puede ser la vencedora, la conciencia lunar es capaz de iluminar la oscuridad de lo inconsciente, de la misma forma como la luna ilumina, sin hacerla desaparecer, la oscuridad de la noche.

El cielo nocturno y la luna no se excluyen. María también se mezcla en el Occidente con la sofía, la sabiduría que une lo claro y oscuro.

Es interesante observar, en nuestra Iglesia, el fenómeno de Nuestras Señoras negras (Chestocowa en Polonia, por ejemplo). La Iglesia sólo explica estos fenómenos religiosos con incendios o humo de velas. Nosotros queremos apuntar también para lo oscuro de lo femenino. Este rostro femenino de la divinidad que abraza luces y sombras, rompe con el violento proceso de patriarcalización.

 

Desenvolvimiento del dogma - La Inmaculada enemiga de las mujeres

Nos parece claro que una mujer concreta se sienta excluida mirando a la Inmaculada. “El dogma de la Inmaculada Concepción separa oficialmente a María de todas las demás mujeres, la hace única e inaccesible.” (Mary Daly). “Se dice que María fue concebida sin mancha para que fuera digna de ser la madre del divino Jesús. Este dogma vuelve a estructurar las castas en relación al sexo.” (Mary Daly). De esta forma no es posible, para la gran mayoría de las mujeres, imitar a María... la gran mayoría de ellas pertenece a la casta de Eva (Nilva Dircksen). Es interesante verificar cómo en las hijas de Eva, por obra del patriarcado, la pureza fue substituida por la capacidad y la obsesión de la limpieza.

 

La Inmaculada amiga de las mujeres

María sin pecado original puede tener un sentido diferente. Puede ser entendida como negación del mito del mal femenino, como la negación de la caída pecaminosa de la religión en la esclavitud patriarcal. Eva = María, las dos igualmente obedecen a la rûaj, el principio femenino del ser (parir fuera de las normas del patriarcado, desobedecer la ley que mandaba no comer del árbol del conocimiento). Las dos desobedecen al patriarcado y ayudan en la construcción del nuevo masculino.

 

El dulce misterio de María

En cada corazón
Una caverna

Hombre o Mujer

Un día el ser fecunda
Y renace la luz de María
Eterna
Y el ángel de nuevo anuncia
En la pobreza y en el abandono
El misterio se cumple
En cada uno
Que se descubre su hijo
Lejos de la cruz
Lavada en la misma sangre
Jesús
Y la Reina ve por nosotros
Su manto azul
Es escudo de la tierra
Protege y perdona
Aún el que yerra
Madre. Mater
Materia divina
Que vibra y aplasta
Serpientes y dragones
Y rescata al peregrino
De un desierto de aflicciones
A de saber un día
Librarnos de toda miseria
Salve María
Salve Reina
(Fauzi Arap)

 

María, reina del cielo - El contexto político-religioso del dogma de la asunción de María al cielo.

El último dogma por lo menos hasta hoy en la Iglesia Católica, posee una historia bastante larga. Comenzó con una misteriosa leyenda que dice respecto de la desaparición del cadáver de María y de cuentos transmitidos respecto de su sepulcro vacío.

En el siglo V aparece una serie de fragmentos que son recogidos con el título de “leyendas del tránsito”. De muchas y diferentes formas estos fragmentos narran el fin de María, su tránsito, su paso para la gloria del cielo. Me parece que estas “leyendas” tienen la intención, en el contexto de los primeros cristianos, de presentar a María con los mismos derechos de su Hijo, subrayando las amplias analogías entre los dos.

El monje Teognosto (final del siglo XII), en una breve homilía sobre la Asunción, consideraba que aquella que “desde el comienzo, gracias a una santa oración, fue concebida a través de una santa intervención en el vientre de su santa madre y que, santa como era, fue alimentada en el templo por los ángeles, y por un mensaje del ángel supo que había concebido de forma santa, y vivenciado de la misma forma un parto santo, ella tuvo también una santa partida de este mundo”.

También Jorge de Nicomedia (después de 880) motivaba así la plena asunción de María: “Siendo que ella era completamente íntegra de cualquier pecado o mancha (Dios) la hizo pasar en cuerpo y alma de la muerte a la vida y la acogió en el altar del sacrificio espiritual y celeste”.

Si en estos discursos María es aproximada a Cristo, no faltan otros que llaman la atención sobre esta forma de procedimiento. Uno de éstos es Juan de Damasco, que en el siglo VIII se dirigía de esta manera a la comunidad: “Nosotros no celebramos una diosa, como hacen las historias fantásticas de los griegos, nosotros anunciamos su muerte”.

En el siglo XII, una monja mística de nombre Elizabeth von Schoenau proclamó, en base a una particular revelación divina, que el cuerpo de María había resurgido y había sido asunta al cielo. Cerca de 700 años después fue de nuevo una mujer, la reina de España, Isabel, que pidió al papa en 1863 una definición del dogma de la Asunción. Todo eso sucedía después que, desde la Edad Media, la fe en la Asunción física de María al cielo había sido transformada en patrimonio común de la teología y de la devoción popular. Así en el Concilio de 1870, 204 obispos firmaron numerosos pedidos de definición del dogma.

Después de una serie de apariciones de la Madre de Dios (Salette 1846, Lourdes 1858 y Fátima en 1917) acontecieron apariciones para el santo Padre. En octubre 30 de 1950, en cuanto paseaba por los jardines vaticanos, el papa Pío XII vio en el cielo “el milagro de Fátima”. Esta aparición se repitió en los siguientes dos días. La experiencia vivenciada por el papa contribuyó para demostrar la urgencia del dogma.

 

Los trazos de la Reina del Cielo en la historia de las religiones

Existe una forma de pensamiento en la historiografía de las religiones que hace de forma estereotipada la “división del trabajo” de las divinidades: encima el masculino, abajo lo femenino. Diferentes mitos e imágenes de la historia de las religiones desmienten esta concepción.

Por ejemplo, la práctica de la diosa del cielo Neit o Nut que, abrazando el mundo, se tiende sobre la tierra y forma con su cuerpo la bóveda celeste. Firmemente plantada con los pies en la tierra, con las puntas de los dedos de las manos une el “encima” con “el abajo”. Ella es una madre celestial del dios sol.

Analógicamente en la cultura griega, se dice que la Vía Láctea tuvo origen con leche derramada del seno de Era, reina griega del cielo. En todas las culturas del Mediterráneo se encuentran las diosas que unen la tierra y el cielo, las diosas “una-todo”; Anat, Anahita, Asherá, Astóret, Astarté, Ishtar, Inanna, Hera... Los escritos del antiguo Israel lidian de forma conflictiva con algunas de estas divinidades.

En la historia de Israel, un rey mandaba a destruir los santuarios de las diosas. Obraba “por voluntad de Yahvé”. Era entonces considerado un buen rey. Quien garantizaba el pueblo libertad religiosa era considerado un rey malo y contra él estaba la “ira de Yahvé”.

Es claro que en la historia de Israel, hubo una mezcla de reyes y de actitudes respecto de la “monolatría”, la posibilidad de dar culto sobre la misma experiencia de liberación con diferentes rostros y maneras, pero el pueblo permaneció con la memoria de la Reina del Cielo. En el 722 a.e.c. hubo una primera experiencia de exilio con la invasión de Samaria y la destrucción del Reino del Norte por parte del ejército de los asirios. Siglos después el mismo destino corrió con las tribus del sur por obra de los babilonios.

Un pequeño grupo de clase pudiente fue al exilio de Babilonia; la gran mayoría, sobre todo la gente empobrecida, se quedó en Judá. De este grupo que quedó en Judá, una parte fue al exilio en Egipto, junto con el profeta Jeremías. En Egipto este pueblo recomenzó la práctica del culto a la Reina del Cielo. Esta Reina del Cielo no quiere sacrificios de sangre de animales pero sí tortas y panes perfumados y productos del trabajo de los hombres y mujeres. Las mujeres estaban cansadas de guerras santas en nombre del Dios de los ejércitos. Querían rescatar el rostro femenino, dulce, pacífico de la divinidad.... protegerse en su manto de estrellas.

 

Desenvolvimiento del dogma

Para el mundo protestante existen serias dificultades en aceptar a María Inmaculada y a María Reina del Cielo por causa de la total ausencia de relación bíblica. Más que fundamento bíblico, la Asunción posee fundamento dogmático, por esto usa la cita del libro del Apocalipsis. Importante en este momento es el estudio del Ap. 12 en paralelo con Jr 7,16-20 y 47.

La visión de la Mujer vestida de sol adornada de lunas y estrellas es anunciada en el libro del Apocalipsis, en una época en la cual la comunidad de Jesús vive violentas luchas de poder. El que tiene poder decide respecto de la “verdadera” doctrina. Las mujeres en este sentido, son un problema. Sería interesante en este caso ver el paralelo con la primera carta a Timoteo que es de este mismo período del Apocalipsis.

El “nuevo masculino” está amenazado (interesante ver el paralelo con Herodes), y la mujer lo defiende. La Gran Mujer defiende el “nuevo masculino” amenazado.

La mujer posee alas de águila para huir pero no para alejarse de la tierra. La Madre Celeste está ligada con la Madre Tierra.

Los descendientes de ella, de esta mujer, son los verdaderos enemigos del poder destruidor. Sólo quien desciende de ella puede ser testigo de Jesucristo.

Se discute entre los teólogos si María haría muerto o no. Por eso el texto dogmático dice, con cautela, “terminado el curso de su vida terrenal”. Muchos teólogos afirman que María murió, también porque sólo así puede hablarse verdaderamente de resurrección.

Lejos de eso, María está totalmente asociada al destino de su Hijo. Por su vida y muerte, Jesús nos libertó. Por su vida y muerte María participó de esta obra mesiánica y universal.

Existen personas
Que ven las cosas
Así como ellas son
Y se preguntan:
¿Por qué?
Yo vi las cosas
Que nunca fueron hechas
Y me pregunté:
¿Por qué no?

Gracias Madre mía, soy yo, María Soave.

Bibliografía

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Maria Soave Buscemi
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Brasil
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Parafraseando un texto del poeta Mario Quintana.

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Maria Soave Buscemi, “Nós que temos asas e sabemos voar – Uma hermenêutica ecofeminista de Isaías 34,8-17”, RIBLA 41 (2003).
No CD “Cânticos, Preces, Suplicas à Senhora dos Jardins do Céu na voz de Maria Bethânia”, Ed. Biscoitofino, 2003.

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No CD “Cânticos, Preces, Suplicas à Senhora dos Jardins do Céu na voz de Maria Bethânia”, Ed. Biscoitofino, 2003.

 

 
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