Entre la fragilidad y el poder.

Mujeres en el Apocalipsis

 

Violeta Rocha A.

 

 

                                                                        Una palabra en forma de galaxia.

                                                                                                Una galaxia en forma de palabra.

                                                                                                ¿Será el primer día del Génesis?

                                                                                                ¿O tal vez el último del Apocalipsis?

                                                                                                ¿Y si el Apocalipsis no es más que

                                                                                               el comienzo del Génesis y viceversa?

                                                                                                                                   M. Najlis

 

 

Resumen

Los roles de las mujeres en el Apocalipsis nos desafían a un proceso hermenéutico que cobra mucha vigencia en el contexto que vivimos hoy globalmente, y particularmente en nuestro contexto latinoamericano. Toda esa apariencia que muestra poderío, indicaría que tienen control, pero es ilusorio. Una crítica de género al texto mismo, sus símbolos, imágenes se hace necesaria para comprender que la relación dualista presente en el libro responde en parte a la situación política y socio-económica de la opresión. La profunda subjetividad presente en los relatos del Apocalipsis, evidenciada en la simbología, ¿no podría representar una alternativa del autor, una propuesta o necesidad de trascender esa realidad socio-temporal, generando otras resignificaciones de dichos símbolos e imágenes? Los roles de los sujetos colectivos, la comunidad profética (Ap 12), el poder imperial (Ap 17), la nueva creación en sentido cósmico (Ap 21,22) son también sujetos políticos que desarrollan relaciones sociales que darán lugar a una producción de subjetividad. Esta subjetividad se realizará desde las actitudes de dichos sujetos ante la vida, ante el poder, ante la crisis, y ante el deseo.

 

Abstract

The roles women play in the book of Revelation challenge us to think about a hermeneutical process that becomes relevant in the global process we live today, particularly, in our Latin American context. A gender criticism applied to the text, to its symbols and images, is necessary in order to understand that the dual relation present in the book responds, partly, to the political, social and economic situation of oppression. The deep subjectivity present in the narratives of Revelation, evident in those symbols, seems to propose whether they might represent the author’s alternative proposal or the need to transcend that socio-temporal reality by generating other “re-significations” for those symbols and images. The roles of the collective subjects, the prophetic community (Rev 12), imperial power (Rev 17), the cosmic sense of the New Creation (Rev 21,22) are also political subjects which develop social relations which will make space for a production of subjectivity. This subjectivity will be realized from the attitudes of such subjects vis-à-vis the crisis, life, power and desire.

 

 

 

Fragilidad y poder

 

Los roles de las mujeres en el Apocalipsis nos desafían a un proceso hermenéutico que cobra mucha vigencia en el contexto que vivimos hoy globalmente, y particularmente en nuestro contexto latinoamericano. El rol de la mujer del cap.12, el gran signo que aparece en el cielo, marca la situación inicial que describe a una “mujer vestida de sol, la luna sobre los pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas” (v.1). Estas figuras forman una isotopía celeste “sol-luna-estrellas” que definen su estado como celeste o estelar. La mujer tiene el rol actancial de sujeto de un programa de dar a luz. Pero también aparece otro signo en el cielo, descrito como un gran dragón rojo, que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas, siete diademas (v.3). Su poderío es marcado por su hacer: “su cola, arrastraba la tercera parte de las estrella del cielo, y las precipitaba sobre la tierra” (v.4a). Esta es la primera demostración de agresividad contra la mujer. Él juega el rol actancial de quien tiene un objetivo, es decir un programa donde el querer se precisa con su segundo acto que es el de situarse frente a la mujer, para devorar a su hijo (v.4b). Esta mujer-signo desarrollará su rol entre la dinámica de poder (apariencia) y la fragilidad ante las amenazas del otro signo en el cielo, el dragón, que la perseguirá hasta el final.

 

Según J. Calloud[1] hay dos programas narrativos que oponen a Dios y al dragón. Calloud precisa que el éxito de uno implica el fracaso del otro e inversamente. Él concibe los caps.12 y 13 como un conjunto, y el cap.13 parece mostrar el éxito de las bestias. Propone comprender los contenidos semánticos de estos capítulos a partir de la isotopía de roles familiares y de modelos de comportamiento. Pienso que el análisis discursivo, con el aporte de la crítica de las fuentes y de la intertextualidad, puede ayudarnos a desarrollar un poco más en detalle la figura femenina y su relación con las otras figuras, para intentar comprender los roles temáticos y los valores que son proyectados en el texto.

 

La figura de la mujer, de las 19 veces que la palabra aparece en todo el libro de Apocalipsis, se encuentra siete veces en el cap.12: v.1 aparece la mujer, v.4 mujer dando a luz, v.6 mujer huye al desierto, v.13 mujer perseguida por el dragón, v.15 mujer amenazada por los ríos, v.16 mujer salvada por la tierra, v.17 mujer y su descendencia.

 

Los trazos semánticos de la mujer se pueden representar de la siguiente manera:

 

Mujer en peligro                                                                Mujer sin calificación específica

Elipse: MUJER-SIGNO
 


Vestida de sol                                                                   Madre de su hijo

 


Mujer protegida                                                                “madre” de una descendencia

 

Si la mujer del cap.12 es un sujeto colectivo, es posible verla como una comunidad profética que vive su fe en un contexto de peligro constante, donde la tensión entre la vida y la muerte crea alternativas y estrategias de lucha para obtener la victoria definitiva. La imagen de la mujer es utilizada positivamente en dos sentidos: 1) por la herencia de una memoria colectiva de un pueblo que tiene una esperanza mesiánica, b) para asumir un rol profético que se vive en medio del dolor y del sufrimiento, donde el sistema de valores está determinado por la alegría y la fidelidad aun a pesar del precio a pagar (v.11). La mujer asume su rol en medio de las ambigüedades: por una parte su fragilidad, su impotencia, y por la otra parte, el deseo de dar al mundo la esperanza y el deseo para la lucha.

 

Por otro lado encontramos en el cap.17 a la gran prostituta que es aludida como misterio (v.7), que causa asombro. La mujer sobre la bestia viene de la tierra, no es celestial.[2] Está vestida de púrpura y escarlata, adornada de oro, piedras preciosas y perlas, toda una isotopía económica de la riqueza. El misterio es revelado por el ángel: es Babilonia (v.7). Otros grupos tienen nombres sobre sus frentes, los que tienen la marca de la bestia (13,16; 14,9), los 144.000 que tienen el nombre de su Padre escrito sobre su frente (14,1; 22,4). Varios autores señalan que las prostitutas romanas usaban sobre sus cejas rótulos inscritos con sus nombres.

 

Al considerar la identidad de la mujer, nos ayudan estros trazos semánticos:

 

La prostituta (vs. La novia)                                                   Es Babilonia (vs. la nueva   

                                                                                                                     Jerusalén)

Elipse: MUJER-PROSTITUTA-MISTERIO
 


La tentadora de los hombres                                                  Persigue a los santos

 

Sentada sobre muchas aguas                                                  Muy cercana a la Bestia          

(multitudes).

 

Comercio, poder y gran riqueza                                             Gobierna sobre los reyes y       

                                                                                               fornica con  ellos.   

 

Toda esa apariencia que muestra poderío, indicaría que tiene control, pero esto es ilusorio. Su fragilidad es evidente, la bestia misma la destruirá (v.16). La bestia aborrecerá a la prostituta... y la quemarán con fuego. En Lv 21,9 el castigo por ser una prostituta era ser quemada en el fuego. Su fin es el fuego, del que el humo que sale sube por los siglos de los siglos (19,3). El cap.18 detallará esta destrucción de Babilonia que es el imperio de Roma, hasta convertirla en desierto. Las imágenes son fuertes, impactantes para mostrar que no queda nada para ver la Babilonia-Roma.

 

Una propuesta pedagógica para leer el Apocalipsis

 

El género de la apocalíptica nos introduce a un mundo pleno de narraciones, de visiones, oráculos, éxtasis, adoración, alegorías, sufrimiento, y de revisión misma de la historia y de la esperanza. Este mundo está puesto en imágenes donde el lenguaje juega un rol muy importante. El poder del lenguaje y el poder de las imágenes producen diferentes efectos sobre los lectores y lectoras. La semiótica, entre otros acercamientos exegéticos al texto, nos resulta útil, pero se impone una pregunta: ¿Cómo desarrollar una lectura del Apocalipsis donde la pedagogía y una didáctica del lenguaje de las imágenes puedan ofrecer otras aproximaciones hermenéuticas?

 

Propongo tres ejes para intentar responder a esta cuestión:

 

 

1. El lenguaje del Apocalipsis como reflejo de un contexto

 

a. El lenguaje del Apocalipsis

 

El lenguaje del Apocalipsis está considerado como un “anti-lenguaje”; es decir, como un lenguaje que responde a un contexto de crisis. Está caracterizado por la sustitución de antiguas palabras con nuevas de acuerdo a la misma gramática, que hace posible la creación de un nuevo vocabulario para nuevas identificaciones.[3] Encontramos así la utilización de diferentes palabras para expresar un concepto de base. Por ejemplo, los términos “Dios” y “Jesús” pueden ser empleados indistintamente, lo mismo Satanás que Imperio Romano.[4]

 

Así mismo, el lenguaje del Apocalipsis nos permite ver e identificar los grupos sociales al interior del texto. A través del análisis exegético de los capítulos12, 17 y 21-22, podemos reparar en símbolos colectivos, que pudiéramos también llamar “sujetos colectivos”.

 

Estos símbolos están organizados de forma binaria, de manera que forman un “cuerpo social” que evidencia los sistemas de valores presentes en el texto. Por ejemplo:

Dios                                                    Satanás

Jesús                                                    Las bestias

Los ángeles de Dios                           Los ángeles del Dragón (Satanás)

La mujer vestida de sol                       La mujer prostituta

Jerusalén                                              Babilonia

Los santos y mártires                          Los idólatras y asesinos

La nueva creación                               La vieja creación

 

Así mismo, la designación de personajes utiliza el artículo definido que ofrece no solamente un nexo de identificación posible, sino que también construye una relación anafórica.[5] El texto utiliza 17 veces el artículo definido para determinar los nombres o los sustantivos. Pareciera que el autor del Apocalipsis escribe utilizando la anáfora, porque hay referentes comunes y familiares que establecen la relación del lector/a con los personajes puestos en imágenes.

 

b. Un lenguaje expresado al masculino

 

Las relaciones de poder, la terminología sexual, y los elementos guerreros contribuyen a reforzar el aspecto masculino del lenguaje. Los poderes presentes designan relaciones simétricas y asimétricas. Algunas veces encontramos poderes equivalentes; ciertos actores o sujetos ganan la batalla, otros la pierden, y sus acciones se desarrollan hasta el momento final, donde no hay más que un vencedor. También hay poderes que son absolutizados: sea Dios, sea Satanás.

 

Si lo relacionamos al contexto, y aceptamos que el Apocalipsis está relacionado al reino de Domiciano,[6] percibimos que en Asia Menor, existían templos dedicados a Domiciano, uno en Efeso, y otro en Laodicea. El culto a la estatua del emperador de siete u ocho metros en Éfeso revela las relaciones de poder que tejen el fondo del Apocalipsis. Así como las frases que describen la apariencia de la gran prostituta, de la nueva ciudad con las piedras preciosas, evidencian el poder de los bienes materiales.

 

El lenguaje guerrero está asociado a la guerra santa, una temática conocida en las tradiciones judías, con la diferencia que el personaje “Jesucristo” está en el centro del tema. Parece ser que esta guerra se ha desatado a causa del grito o clamor por la justicia o por la venganza que se expresa en Ap 6,9-10. Los sentimientos de odio y la violencia son parte de este lenguaje guerrero. Las imágenes descritas en Ap 1,16; 2,12b y 19,15.21 presentan una espada afilada, símbolo de guerra y de muerte.[7]

 

La guerra se desarrolla en el cielo y en la tierra, y figuras distintas juegan roles diversos. Es decir, se trata de una guerra cósmica, y ningún espacio está libre de estos sucesos.

Así mismo, el lenguaje sexual está desarrollado a dos niveles: a) conceptos como los expresados por los términos: seducción, adulterio, prostitución, alumbramiento, fornicar, purificar, b) roles correspondientes a estos conceptos: prostituta, vírgenes, madre, esposa, esposo.

 

Las oposiciones de puro e impuro, digno e indigno, están ligadas a la terminología sexual del libro. Los cuerpos de mujeres y de hombres y sus relaciones constituyen una llave hermenéutica para comprender los roles sociales que ellos representan.

 

 

2. El poder de las imágenes y de los símbolos

 

Elisabeth Schüssler Fiorenza describe el Apocalipsis como un discurso retórico que tiene por finalidad la persuasión.[8] Este poder de persuasión consiste en producir diferentes efectos de resonancia con el contexto general, con el lector y lectora implicados en su realidad, con las ideologías que están detrás y que hacen la interpretación de estas imágenes y símbolos. ¿Cómo se conciben estas imágenes y estos símbolos en una cultura patriarcal y en un contexto imperial? ¿Cómo se interiorizan las mismas en una cultura donde las imágenes representan un medio didáctico que facilita la comprensión y el aprendizaje? ¿Cómo estas imágenes determinan una ética y un comportamiento de vida?

 

a. Roles sociales

roles femeninos                                                               roles masculinos

prostituta                                                                        vírgenes

profetisa                                                                         servidores

esposa                                                                             esposo

madre                                                                             santos guerreros

 

¿Cómo identificarse con estos roles? Los roles femeninos se asocian a la seducción ejercida sea a nivel intelectual, como lo sugiere la enseñanza de Jezabel, o sea por la apariencia exuberante de la gran prostituta que conduce a la lujuria, que fornica con los reyes de la tierra, sea a través de signos y de prodigios que ejerce la bestia sobre los pobres, los ricos, los pequeños, los hombres libres y los esclavos (Ap 13,6). En cuanto al rol de madre y de esposa, las mujeres pueden también interiorizar el sufrimiento del alumbramiento de la mujer del cap.12, y la esperanza de la nueva creación a partir de la imagen de la mujer-esposa del cap.21.

 

De otra parte, los roles asociados a los hombres no son fáciles: guerreros santos, servidores, profetas y vírgenes. La imagen del guerrero representa el ideal de la fuerza, la estrategia militar, las armas y la muerte. Esta imagen nos conduce a otra imagen, la guerra.[9] Los hombres vírgenes muestran la virginidad como exigencia vital para seguir al Cordero. Es imperativo evitar la contaminación con las mujeres a través del contacto sexual.[10] Los otros roles que los hombres juegan como servidores y profetas, ancianos que cantan y adoran al Señor, parecen mostrar un escenario litúrgico y profético masculino.

 

b. Proposición de una ética de vida

 

Si aceptamos el Apocalipsis como un discurso retórico de persuasión, hace falta preguntarse: ¿De qué persuasión estamos hablando? ¿Cómo las imágenes y los símbolos se prestan para lograr el objetivo? Propongo establecer algunos temas éticos:

 

b.1. Grupos que se organizan alrededor de su memoria histórica y de su fe

 

El autor del Apocalipsis integra estas imágenes y símbolos de realidades concretas para generar una reflexión sobre el mundo por venir.[11] Podríamos hablar de una ética de vida que se construye a partir del recuerdo de promesas de un Dios que está presente en la historia (a diferencia de un dios cósmico de las corrientes helenísticas), y a partir de deseos colectivos mantenidos de generación en generación en gran parte por la cultura oral y popular.

 

Pablo Richard señala que la apocalíptica es un tema ético muy discutido a causa de la violencia y de la hostilidad que distintos textos parecen transmitir.[12] A.Yarbro Collins afirma que el Apocalipsis es una forma para expresar las angustias, los sufrimientos; es concebido como una catarsis, que tiene el propósito de sanidad. C. G. Jung habla de ordenar el caos a través de la simbólica de la “mandala”.[13] El libro nos invita a ser parte y destinatario de ese mundo simbólico que nos llama a comprender los símbolos y los mitos a partir de contextos históricos. Una ayuda puede ser la polisemia de mitos. El saber discernir hace parte de un proceso pedagógico que puede conducir a la movilización y a la organización de grupos, de pueblos que viven una ética de valores nuevos y comunitarios.

 

b.2. Establecimiento de nuevas relaciones

 

En tanto los adoradores de la bestia proclaman el poder del imperio global diciendo: “¿Quién como la bestia y quién podrá luchar contra ella?” (13,4), los seguidores del Cordero proclaman “Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Mesías...” (Ap 12,10). Esta afirmación del reino de Dios se cristaliza en el descenso de la ciudad santa, la nueva Jerusalén, donde otras relaciones son posibles.

 

El lector y lectora del Apocalipsis encontrará imágenes positivas y negativas. Estas imágenes se constituyen en símbolos y anti-símbolos, como lo hemos visto anteriormente. El texto ofrece también la imagen de mujer-esposa que se transforma, en su recorrido figurativo, en la ciudad nueva. La expresión “el Espíritu y la esposa dicen: Ven!” (22,17), presenta a la mujer-esposa como un sujeto colectivo: la comunidad de mujeres y hombres que creen en esta nueva creación y que la esperan activamente.

 

 

 La dimensión celeste es interpretable/visible/tangible/terrestre

 

Una ciudad construida con la herencia de la fe y la memoria de otros

 

Un cambio de valores económicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mujeres y hombres que viven su pluralidad juntos/as en la gloria de Dios sobre la tierra

 

Hombres y mujeres que tienen el mismo acceso a la vida sin restricciones

 

Poderes que rinden gloria a Dios

 

 

 

3. El lenguaje simbólico como medio pedagógico

 

Si seguimos la propuesta de A. Yarbro Collins, que considera el Apocalipsis como una catarsis, es necesario decir que esta catarsis es organizada. El autor construye el texto como un gran diálogo desde el principio hasta el fin. La introducción del libro muestra la revelación de Jesucristo que es dada a su servidor Juan a través de su ángel, y Juan que la transmite a aquellos que escuchan las palabras de la profecía. Pero Juan no solamente habla, sino que escribe, discierne, y deja espacios de apertura para otros y otras. La estructura del libro parece estar organizada a partir de estas preguntas básicas: ¿Para qué? ¿De qué? ¿De quién? Es así que el libro presenta una pedagogía de la apocalíptica, de la profecía, de carácter epistolar. Pero, ¿cómo afirmar que el libro está organizado de manera pedagógica cuando conocemos la mala reputación del griego del texto?[14] Si la tesis de Porter es válida, estaríamos frente a grupos populares que escriben para otros grupos populares con una metodología y una didáctica pensadas de manera simbólica y participativa.

 

Pablo Richard considera el griego del Apocalipsis como una protesta y una resistencia a la helenización y al helenismo. Si consideramos esta posición como posible, estaríamos en frente a opciones eminentemente populares para desarrollar el discernimiento y la movilización de grupos de mujeres y hombres en una situación de conflicto.

 

El proceso que nos presenta Juan el Visionario: 1) ver, 2) entender, 3) escribir, indica que hay etapas que parecen constituir una pedagogía de la profecía. El lenguaje simbólico invita a desarrollar el proceso de construcción y deconstrucción de símbolos, a partir de técnicas pedagógicas como la numeración, las imágenes, los tiempos, los lugares, los movimientos ascendentes y descendentes, las acciones, las cartas, la liturgia, los signos, los escenarios del cielo, tierra y mar. El nivel de oralidad presente en el libro como la “voz fuerte”, los himnos, las profecías de personajes ayudan a decodificar y a comprender. U. Vanni habla del motivo literario del Apocalipsis que es organizado como una gran obra literaria.[15] Es la pedagogía del diálogo, la pedagogía de la liturgia, la pedagogía de imágenes que permiten una lectura y una interpretación a nivel de grupos para que puedan dialogar, y mantener la utopía.

 

 

 

Conclusiones

 

Partimos de algunas situaciones para reconstruir el Sitz im Leben del Apocalipsis, y la función de un lenguaje lleno de símbolos e imágenes que parecen ser un proceso pedagógico para un grupo de mujeres y hombres en un contexto específico:

 

1. A la literatura apocalíptica se la define frecuentemente como una literatura evocada por una crisis.

 

2. El análisis retórico no es sólo un análisis literario o estructural, sino un medio para analizar cómo textos e interpretaciones bíblicas crean o mantienen oprimidos valores teo-éticos de liberación y prácticas socio-políticas (E. Schüssler Fiorenza).

 

3. Una crítica de género al texto mismo, a sus símbolos e imágenes se hace necesaria para comprender que la relación dualista presente en el libro responde en parte a la situación política y socio-económica de la opresión. Es un desafío para la hermenéutica feminista crítica construir estas imágenes y recuperar esa dimensión liberadora de mujeres y hombres en el texto.

 

4. Esta estructura retórica del libro, pletórica de imágenes y simbología, puede llevarnos a una praxis de liberación, en el contexto actual de un imperio que pretende ser permanente, eterno y necesario.

 

5. La profunda subjetividad presente en los relatos del Apocalipsis, evidenciada en la simbología, ¿no podría representar una alternativa del autor, una propuesta o necesidad de trascender esa realidad socio-temporal, generando otras resignificaciones de dichos símbolos e imágenes?

 

6. Hay un horizonte de justicia y de esperanza en el Apocalipsis. Tal como apunta Ap 19,2, la gran ramera que corrompía la tierra con su fornicación ha sido juzgada. Este horizonte hallará su realización con los capítulos 21 y 22, que señalan la llegada de ese nuevo orden, donde Dios habitará con su pueblo.

 

Los roles de los sujetos colectivos, la comunidad profética (Ap 12), el poder imperial (Ap 17), la nueva creación en el sentido cósmico (Ap 21,22) son también sujetos políticos que desarrollan relaciones sociales que darán lugar a una producción de subjetividad. Esta subjetividad se realizará desde las actitudes de dichos sujetos ante la vida, ante el poder, ante la crisis, y ante el deseo.[16]

 

Me parece que una frase puede resumir todo el Apocalipsis: “corre, corre, el viejo mundo va detrás de ti”. Un viejo mundo que pone desafíos, que pone en crisis los valores y los sistemas, que reclama la llegada del nuevo mundo. Esta frase fue un slogan durante los movimientos de protesta en Francia en 1968, y pienso que todavía es válido. En América Latina, la temática apocalíptica ha sido central a partir de los movimientos de liberación de los pueblos. La apocalíptica es un medio de expresarse, de elevar una protesta, de ver nuevos tiempos: no es por casualidad que el verbo “ver” aparece 47 veces en el Apocalipsis de Juan. Este último libro de la Biblia ha inspirado la literatura, la iconografía, las diferentes artes, la cultura popular.

 

 

 

Violeta Rocha A.

P.O. Box 3322

Managua

Nicaragua

viole43@hotmail.com

 

 



[1] J. Calloud, “Apocalypse 12-13 - Essai d´analyse sémiotique“, en Foi et Vie -  Cahiers Bibliques 15 (1976) 28.

[2] Jean Pierre Charlier nos ofrece una sinopsis de ambos capítulos donde se muestran los puntos de encuentro y las oposiciones entre las descripciones de ambas mujeres (J.P. Charlier, Comprender el Apocalipsis, vol. 2, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1993, p. 69).

[3] El Apocalipsis nos presenta un ejemplo en el cap.2 que pone en evidencia la problemática de las siete iglesias y sus adversarios, los falsos maestros que se pretenden judíos pero que, en realidad, pertenecen a la sinagoga de Satanás; allí Antipas, el testigo fiel, ha sido asesinado (2,13) (J. E. Hurtgen, Anti-language in the Apocalypse of John, Lewiston, Mellen Biblical Press, 1993, p. 13).

[4] Otro ejemplo está en Ap 1,5 “y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra”, y también en Ap 12,9 “y fue lanzado fuera el gran dragón rojo, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”  (J. E. Hurtgen, Anti-language in the Apocalypse of John, p. 13).

[5] Se dice que un segmento de discurso es anafórico, porque se hace necesario dar una interpretación (aunque sea literal) que nos lleva a otro segmento del mismo discurso “interpretando” el segmento al cual se reenvía por el anaforismo.

[6] Hay una diversidad de hipótesis sobre el tipo de persecución en el Apocalipsis.  A. Yarbro Collins propone que en esta época había problemas con los diferentes grupos sociales y religiosos tales como los de los judíos y los de la sinagoga de Satán (2,9); los grupos de Jezabel, Balaam y los nicolaítas. La muerte de Antipas (2,13) es interpretada como un martirio a causa de su testimonio de fe. Yarbro Collins propone los años 95-96 como fecha posible para la redacción del libro (A. Yarbro C., Crisis and Catharsis - The power of the Apocalypse, Philadelfia, Westminster Press, 1984, pp. 84-106).

[7] J. G. Heintz hace un análisis de correspondencias simbólicas y escribe: “la espada corresponde al fuego, el fuego devorador, que más que un elemento natural es la expresión mayor del poderío divino en las más antiguas tradiciones semíticas” (J. G. Heintz, Rencontres de l´Ecole du Louvre - Image et Signification - La documentation francaise, París, 1983, p. 65).

[8] Elisabeth Schüssler Fiorenza escribe: “rhetorical analysis seeks to explore the persuasive power of Revelation´s symbolic language within th book´s overall structure of meaning as well as within the rethorical situation that is inscribed in the text and rooted in a particular sociohistorical matrix” (E. Schüssler Fiorenza, Revelation. Vision of a Just World, Fortress Press, 1991, p. 20).

[9] Qui desiderat pacem, praeparet bellum, “quien desea la paz, debe armarse para la guerra”, decían los romanos.

[10] Existen diversas interpretaciones en este aspecto: un sentido alegórico, un sentido literal, un llamado al ascetismo, una exigencia para un pequeño grupo, etc. Carlos Mesters interpreta a estos militantes como aquellos que no se contaminan con los falsos dioses (Carlos Mesters, Esperanza de un pueblo oprimido - Apocalipsis: una clave de lectura, México, Ediciones Dabar, 1992 [Colección Biblia y Vida].

[11] Hermann Gunkel dice que las imágenes son símbolos tradicionales que expresan: los ritmos de la naturaleza, los conflictos humanos, la identidad y el origen de un pueblo (J. Gager, The attainment of millenial bliss through myth: the book of Revelation, Prentice-Hall, Etat Unis, 1975, p. 50).

[12] Pablo Richard, Reconstrucción de la esperanza, San José/Costa Rica, DEI, 1994, p. 201).

[13] Es interesante el artículo de Rose Kitzberg, “Wasser und Bäume des Lebens - Eine feministch-intertextuelle Interpretation von Apk 21/22”. Ella retoma la propuesta de Jung de la mandala como una estructura que presenta una imagen del mundo que pasa del caos al orden perfecto. Se trata de una tentativa de auto-sanación de la naturaleza, que no resulta de una reflexión consciente, sino de una pulsión instintiva (C. G. Jung, Psychologie et Orientalisme, París, Albin Michel, 1985, pp. 103-104).

[14] J. Pierre Prevost recoge algunos argumentos como el de S. E. Porter que propone comprender el Apocalipsis como uno de los registros posibles de la lengua griega popular, en usanza en el primer siglo (De bien des manières, la recherche biblique aux bords du XXI siècle, Montreal, Actes de Cinquantenaire de l´ACEBAC/Editions FIDES-CERF, 1995, p. 446).

[15] U. Vanni, L´Apocalypse: ermeneutica, esegesi, teologia, Bologna, Dehoniane, 1988.

[16] Me apoyo en el pensamiento de Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, Barcelona, Paidós, 2002.