¿Reino o imperio de Dios?

 

Hilda Turpo Hancco

 

 

 

Resumen

El artículo estudia el texto de Nehemías 5,1-5, enfocando la actuación del pueblo y de las mujeres en Judá, a mediados del siglo V a.C. A partir del contexto histórico-social combinado con el análisis estructural literario, queremos descubrir cuáles fueron los elementos que motivaron y posibilitaron el grande clamor de los actores principales, y que dió margen para desvelar los proyectos que están subyacentes. Pondré de relieve a los actores sociales específicos.

 

Abstract

This article studies Neh 5,1-5 in the light of the doings of the people, and specially the women in Judah, during the V century BC. Out of the socio-historical context, in combination with the literary structure of the text, we want to search what elements were there that motivated the great protest of the people and made it possible, who were the main social agents of that movement, and how that permitted to shed light the different underlying projects.

 

 

Introducción

 

La historia de los sufrimientos, de los proyectos de esperanza de los sujetos de los diversos grupos sociales, parte del “clamor”/sa’aqah. Nuestro texto inicia con el clamor que, al ser analizado a través de métodos exegéticos,  nos va a mostrar elementos claves para resaltar, entre muchos, el proyecto de Dios.

 

 

1. Contexto literario de Nehemías 5,1-5

 

1.1. Sobre el libro y la localización del texto

 

La autoría del libro llamado de Nehemías se atribuye al propio Nehemías por tratarse de memorias. Las Memorias de Nehemías pueden ser consideradas como un documento próximo a los eventos en él contados, siendo así histórico. En general, el libro de Nehemías es una fuente muy bien preservada en el Primer Testamento. La fecha más indicada para la redacción final es el siglo III a.C.

 

A partir de las perspectivas del método histórico-cronológico, del contenido y del análisis del discurso, se puede percibir que la obra Esdras-Nehemías tiene tres momentos esenciales: a) la reconstrucción del templo, b) la re-organización de la comunidad, y c) la re-construcción de la muralla.

 

El capítulo 5 de Nehemías está situado en el conjunto del bloque de las Memorias de Nehemías (Ne 1,1 - 7,5a) que básicamente se define por tratar de la re-construcción del muro de Jerusalén. Tal cap.5 (v.1-5.6-13.7-19) se encuentra fuera de su contexto, pues en el comienzo del texto los enemigos y los muros de la ciudad, del capítulo anterior, desaparecen absolutamente de la escena para revelar un problema extremamente peculiar, vital y totalmente significativo, en el libro Esdras-Nehemías, el que de hecho llama la atención: personas amenazadas por el hambre y la explotación, una situación extrema de riesgo.

 

En ese contexto, las mujeres están ocupando diversos papeles sociales. El más acentuado es que ellas toman las iniciativas. No tienen nombre, pero son identificadas, desenvolviendo un papel muy relevante en la narrativa. Lo que constatamos en Ne 5,1-5 es que los problemas son dolorosos de tipo económico, social, político e ideológico. Esto nos muestra el rostro real de aquellos que ostentan el poder (judaítas y los persas). Se apunta para el eje inicial y, principal, para la época y su proceso de liberación y transformación. Por tales motivos y dada su relevancia pertinente, paso a concentrarme en la primera parte de nuestro capítulo; esto es, Nehemías 5,1-5.

 

 

1.2. Aspectos del texto

 

Se trata de una perícopa. Caracterízase por el género literario narrativo en prosa.  Se narra un episodio. Resulta interesante la manera cómo se desarrolla la narración en la medida en que se introducen nuevas temáticas.

 

Las frases nominales, la presencia de la conjunción “y” y el estilo marcado por el ‘imperfecto consecutivo’ hebreo predominan en el texto. El lenguaje narrativo y secuencial, que contiene discursos dialogados, se caracteriza por el tono coloquial. El estilo descriptivo permite visualizar las condiciones reales y la dinamicidad de los personajes, destacando al protagonista como sujeto actuante en el v.1. La trama y la acción se desenvuelven con frases cortas y simples.

 

Se percibe que esta narración recoge tradiciones, memorias y preocupaciones de contextos históricos. Por tanto, tiene su origen en la experiencia de la vida cotidiana y es a través de la que se enfatizan diversos aspectos significativos que marcan características propias del período pos-exílico.

 

 


1.3. Sobre la estructura[1]

 

  v.1a Y hubo

      A un grande clamor

      B del pueblo y de sus mujeres    

          contra

      C sus hermanos los judaítas

v.2 a Y hay aquellos que dicen:

                 b nuestros hijos y nuestras hijas nosotros (somos) muchos

                       c1     y nosotros vamos a tomar cereal

                       c2     y vamos a comer

                       c3     y viviremos.

v.3 a Y hay aquellos que dicen:

                 b nuestros campos y nuestras viñas y nuestras casas,

                     nosotros empeñamos

                        c      y vamos a tomar cereal en el hambre.

v.4 a Y hay aquellos que dicen:

                 b nosotros tomamos prestado plata según el tributo del rey,

                    nuestros campos y nuestras viñas.

v.5a Y ahora,

        como la carne de nuestros hermanos (es) nuestra carne,

  C’  como son los hijos de ellos, (son) nuestros hijos

              y he aquí que

        nosotros estamos sometidos a que nuestros hijos y nuestras hijas (sean) esclavos,

              B’        y hay entre nuestras hijas que (están) sometidas

  y no hay poder en nuestra mano

                          y nuestras viñas y nuestros campos (son) para otros.

 

En esta estructura, encontramos la presencia del narrador que determina las escenas representadas, así como también el factor tiempo (v.1a.5a). Los v.2a.3a.4a visualizan la frase que permitió caracterizar los grupos sociales dominados: de un lado, la dinámica de los v.2b.3b.4b indica la acción que ya fue hecha y prueba sus efectos mortíferos, y, de otro lado, en los v.2c.3c. se enfoca la reacción de los afectados. Curiosamente, esta misma dinámica se percibe en el v.5, pero de una forma conclusiva.

 

 

 

2. Re-haciendo los Rayos X de las quejas

 

Al mostrar los v.2-4 se observa lo siguiente: el primer grupo, según el v.2, es el grupo que no poseía tierras ni comida. Es el grupo que tuvo que empeñar sus hijos y sus hijas para recibir cereales[2]. Se sospecha que éstos eran representados por los jornaleros y otras personas que dependían de su propio trabajo. En el  v.2, las expresiones no’kelah[3] (“vamos a comer”) y nihyeh[4] (“vamos a vivir”) nos conducen a afirmar que estamos en el período de “plenitud” de la miseria en que vivía este grupo, pues existía un deseo muy grande de alimentarse. El ‘kl (“comer”) atípicamente aparece sólo ya que, generalmente, está al lado de htš[5] (“beber”). La alegría está, también, unida al comer. La ausencia de la bebida y de la alegría contradice, por un lado, lo que el Deuteronomio enfatiza sobre la obligación de comer los frutos de la tierra gracias a Yahweh (6,11 y 8,10-11), y, por otro lado, las estipulaciones de la alianza cuando la tierra produce cosecha suficiente (Lv 25,19 e 26,3-5). Este grupo era el más pobre y en sus palabras había vida; había plena convicción de que, si fuera necesario, saquearía las haciendas de los “hermanos judaítas”.

 

El segundo grupo, en el v.3, está compuesto por pequeños propietarios empobrecidos que poseían tierras (campos[6], viñas[7] y casas[8]), pero tuvieron que empeñarlas, esto es, dar en garantía de la deuda por causa del ‘tiempo de hambre’ para conseguir, básicamente, lo esencial: cereales. Eran dependientes de los grandes propietarios, y al perder sus tierras, trabajaban como arrendatarios. “Empeñar” ‘rq indica una seguridad. El bien empeñado era sólo entregado al acreedor en el vencimiento. Para Dt 24,6, era prohibido tomar en prenda objetos necesarios para la vida. Lo que daba seguridad era la prenda de mobiliarios como acontece en el v.3. Sin embargo, Ex 22,25-26 y Dt 24,12-13 pide que la prenda sea devuelta al “pobre” (Job 22,6 y 24,9). En Ex 22,24 se repudia el acto de mantener la prenda. Al faltar la prenda, el deudor incumplido debía entrar al servicio de su acreedor o venderse. Así, el incumplimiento resulta ser la causa de la esclavitud. Este grupo de empobrecidos fue obligado a vender sus hijos como esclavos. Además, algunas hijas ya se habían hecho esclavas de los gentiles. Esto merece ser tomado en cuenta ya que parece ser una práctica común (Jl 4,6-8).

 

El tercer grupo, v.4, estaba formado, también, por pequeños propietarios de tierra (casa y viñas) que tenían algún préstamo de plata. La raíz lvh (“tomar prestado”) es un término puramente económico. Sólo aparece en Nehemías, refiriéndose a un acto financiero para pagar el tributo. En el texto, no se habla de trasgresión de la ley, ya que la práctica del préstamo de dinero por prenda y la esclavitud por deuda era autorizada por la ley basado en el Código de la Alianza (Ex 22,24), la ley deuteronómica (Dt 23 e Lv 25,35-38) que se refiere a préstamos sin intereses entre israelitas, y con intereses entre los pueblos vecinos de Israel[9]. Levítico exige no cobrar ningún interés al empobrecido. Este grupo, en Nehemías 5, hace un préstamo de “plata” (dinero) para pagar tributo. Un tributo, estipulado por el rey, al año correspondía a 350 talentos. Se destinaba a la 5a satrapía de Transéufrates. De ella hacía parte Judá. En Judá, una moneda de plata acuñada pesaba 2,08gr. Además de ser práctica, su valor era menor que la de oro[10]. Tal tributo era basado en la media de producción y en el tipo de cultura del propietario, puesto que el pueblo colocaba la producción de excedentes en las manos del propietario o intermediario de la tierra, lo cual implicaba que toda contribución suponía que los productores producían con excedentes. Estos servían para la alimentación familiar, para reposición de objetos destruidos, para donativos ceremoniales. Y el excedente era dado, de acuerdo con el principio de solidaridad, para los propios productores o podían ser vendidos por los aristócratas. Se añade a la carga tributaria el impuesto de 10% exigido por el templo, pues las comunidades de los siglos VI-IV a.C. formaban la ‘comunidad de los ciudadanos del templo’ que representaban una estructura de sobrevivencia de los judíos durante y después del exilio. Posibilitaba la manutención de la identidad étnica, aspecto que se hace más concreto en el tiempo de Nehemías. En los siglos VI-V, hubo un período de mala cosecha. En el caso de este grupo mejor situado se percibe que no hay indicios de escasez de alimentos, pero nada impide afirmar que, en tendencia, las condiciones eran precarias como para el primero y segundo grupo.

 

El Imperio Persa tenía por principio evitar los conflictos con los pueblos que tenía bajo su dominio, ya que su ‘novelera’ y fundamental estrategia política de dominación era la tolerancia religiosa y cultural. El tipo de jerarquía social de Judá se constituyó en el fundamento de la administración persa, pues la administración persa presuponía la desigualdad social en el sistema de parentesco judío y la reforzó.

 

El 5º siglo a.C. se revela como un período de renovación y desarrollo de estas regiones del Oriente Próximo y del Mediterráneo Oriental sin descartar la política de expansión de los griegos a través de Fenicia. También hay que tomar en cuenta que Judá ya ejercía el comercio con pueblos vecinos (Ez 27,17), inclusive occidentales, ofreciendo sus productos excedentes e importando oro, piedras preciosas, madera y cerámica griega.

 

Pero, ¿había crisis agraria en Judá durante el 5º siglo a.C.?

 

A grandes rasgos, Judá, región montañosa, dependía del agua. No era apropiada para la agricultura intensiva. Criaba ganado e introdujo la moneda como forma de pago. La exigencia del tributo pone de manifiesto que las familias no eran autárquicas. Eran obligadas a producir más de lo necesitaban para satisfacer sus propias necesidades. El tributo fue creado por la necesidad de producción de excedentes o por el sistema de prenda. Lo que queda claro, es que la reconstrucción de los muros de Jerusalén, el hambre, el sistema de prenda, la explotación financiera y la exigencia del impuesto durante el período persa la llevaron a la crisis. Luego, el proceso de empobrecimiento era una práctica normal que se iniciaba primero por la venta de los hijos y después de las propiedades[11].

 

En la comunidad judía, en ese período, reinaba la pobreza y la urgencia de reconstruir los muros defensivos. Ésta no era una obra majestuosa para mantener ciertos proyectos de intereses personales (de los judíos) e imperiales al mismo tiempo. Con esto, quiero decir que el proyecto del pueblo y sus mujeres buscaba otros intereses ajenos a los judíos y a los persas. Específicamente en Judá había un proyecto de reconstrucción, pero también existía otro proyecto de reconstrucción en proceso que tenía como objetivo la vida.

 

 


3. ¿Hermanos contra hermanos?

 

Enfocando C y C’, en el v.1 los llamados “judaítas” son reconocidos concretamente como los “nobles y magistrados” (v.7), el estrato más rico de la población, los que volvieron del exilio como personas simples[12] y que en el libro de Esdras y Nehemías adquieren liderazgo.

 

Al hablar de “carne” besar[13] en el v.5 C’, hay que señalar que este término tiene el sentido de “pariente carnal”. En general, la palabra hebrea en cuestión tiene un sentido fundamental de carne y cuerpo, pero con un énfasis de igualdad  puesto que es lo común que tienen todas las personas[14]. La igualdad era el término muy característico entre los judíos. Concretamente, en el sentido antropológico, aparece como la unidad de la persona en el sentido de un todo, legalmente de un “pariente”. El término explicita proximidad máxima, “hermanos de tribu”. Tal igualdad es complementada, aún más, por el hecho de afirmarse que los hijos vienen de una misma ascendencia (C’), refiriéndose al parentesco que existe entre ellos. Finalmente, la estructura de parentesco unía las familias en una jerarquía basada en prerrogativas de hermanos. Existía la preocupación del ‘conservar’, ya que el sentido de hijos se interpretaba como “herederos”.

 

 

 

4. “...y no hay poder en nuestra mano”

 

Dejando que el texto se exprese, B y B’ se presentan con claridad. En el v.1B, “el pueblo” ha-’am judío indica consanguinidad y origen común. Se constituía de hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos y viejos del estrato empobrecido. Y sus “mujeres” našim, que no pierde la característica hebrea de ser presentadas e identificadas a partir del hombre (son “de ellos”), están como líderes, fuertes de bendición (Pr 18,22) y honra (Pr 12,4) para la familia. Están vestidas de fuerza y dignidad, como buenas administradoras de la casa. Son solidarias con el pobre. Hablan con sabiduría (Pr 31,10-31) y también son fuente de contiendas (Pr 19,13-14; 21,9 e 27,15). En el libro de Esdras-Nehemías, las mujeres ocupan el segundo plano. El hecho de haber sido identificadas muestra el papel importante desempeñado en aquel exacto momento, aunque se afirme que pertenecían al estrato social de extrema pobreza.

 

Estos protagonistas de la narración ponen en evidencia, en el v.5B’, los problemas que oprimen (v.2-4), en especial la coerción debido a la situación socio-económica. Sus hijos e hijas son llevados a la esclavitud (‘ebed).

 

El hecho es que ninguno debe ser esclavo del hermano. Esto está prohibido por la ley (Lv 25,39-40). Las clases ricas y poderosas debieron haber intensificado la explotación de los pequeños y débiles propietarios, adueñándose de los hijos mediante la prenda. Cabe señalar que la situación de las “hijas” se hacía crítica por ser “esclavas”. Como esclavas, ellas podían ser compradas, vendidas, cambiadas, alquiladas, dadas en dote, presentadas como oferta para el templo. Además de los trabajos típicos de todo esclavo, las mujeres esclavas eran exigidas en su cuerpo. Sin embargo, la ley del Código de la Alianza sobre la venta de hijas las protegía. A pesar de perder su derecho y dignidad como esclava, la mujer encuentra amparo en la ley para la afirmación de su dignidad y la adquisición de su libertad en el caso que fuese agredida en su integridad física.

 

La fuente principal, entre otras, de la esclavitud entre hermanos está constituida por factores de orden económico. Es el estado de miseria e insolvencia lo que explica la venta de la persona humana que pasa a no tener ninguna autoridad. Pierde la condición de rescatarse a sí misma y de rescatar sus bienes. Esclavas eran cuerpos humanos que contaban absolutamente con ‘nada’. Entonces, lo que sobraba era esa energía que sale de lo más profundo del ser, de cada uno y de cada una: el clamor.

 

 

 

5. El proyecto pasa por resistencias, propuestas y esperanzas

 

Llamo la atención sobre este extremo; a él se refiere la introducción de la perícopa – el gran clamor. Contiene el mensaje principal: en A, en el v.1, sa’aqah (“clamor”) expresa fuertes emociones que mueven a las personas a tomar conciencia nuevamente y a buscar nuevas salidas en situaciones difíciles. El término sa’aqah, como sustantivo, se ubica en el ámbito jurídico y como tal es una legítima protesta de los oprimidos según Dt 15,9. El sustantivo en cuestión toma realce, cuando va acompañado del adjetivo gedolah, entendido como “grandeza”, “sublimidad soberana”. El adjetivo tiene, como tal, un sentido positivo. Es producto del sufrimiento y de la angustia expresada en alta voz. En esa medida, el clamor nace para revelar la marcha de una revuelta muy seria que debe llevar a la liberación. Con respecto a la liberación, implícitamente se manifiesta la no aceptación pasiva de tal situación; se exigen cambios para que las prácticas sociales, de hecho, estén de acuerdo con las prácticas del Código de la Alianza (Ex 23,2) y del Código del Deuteronomio (Dt 15,1-18).

 

La vivencia de la opresión es una consecuencia directa de la dominación. Este tipo de relación – dominación/opresión - no se dio ni se da sin lucha. Por eso, las personas oprimidas desarrollan una serie de mecanismos sutiles de resistencia, sea a nivel individual, sea a nivel grupal, para combatir los hechos de opresión. Darse cuenta de la real actuación se constituye fundamental para conseguir un cambio. Sin embargo, no basta tomar conciencia; es necesario querer transformar la realidad de forma radical. Es necesario que haya conciencia revolucionaria delante de una situación injusta que debe llevar a un proceso de liberación.

 

Tal clamor revolucionario comienza desde la identidad. La identidad es, sobre todo, resultado de un proceso histórico-cultural, un proceso de reconstrucción que depende de la adquisición de un conjunto de derechos que sean capaces de garantizar a todos, hijos e hijas, hombres y mujeres, el ejercicio de una plena ciudadanía, el ejercicio pleno del proyecto de Dios. Se hace necesario, por consiguiente, luchar por una sociedad que practique la solidariedad, luchar para que la igualdad y la fraternidad sean los patrones de referencia, puesto que todos somos personas humanas y, por tanto, tenemos el privilegio de gozar de los derechos a la vida, a la alimentación, al trabajo digno, a la salud, dentro de una sociedad multicultural y pluriracial.

 

Cuando Dios oyó el clamor del pueblo (Ex 2,23-25 e 3,7), buscó una nueva organización, una transformación, basada en la igualdad, en la fe, en la esperanza. La autonomía productiva, la descentralización del poder basado en el principio de subsidiariedad y de solidariedad, la defensa de la ley por el sistema igualitario, la búsqueda del bien de todos se constituyen en características perennes del proyecto de Dios.

 

Ciertamente el proyecto descansa sobre la debilidad, mientras que la sociedad se reconstruía a partir del proyecto basado en el egoísmo y en la individualidad que busca beneficios de ganancia, optimación de lucros valorizados en las cosas materiales. En una sociedad así, la fuerza de la vida y del Dios de la vida no se revela en el poder de los opresores que aplastan la vida, sino en el poder de una vida sufrida y combativa. Entonces, el pueblo y las mujeres se acordaron y supieron escuchar el clamor de Dios, porque es el poder, la fidelidad, la presencia y la justicia de Él que resucita de la muerte para una vida nueva y fraterna.

 

Dios llama a buscar otro sistema de vida, saliendo y viviendo el éxodo. El éxodo es el camino que nos lleva al desierto y nos hace capaces de confrontarnos con los conflictos. Es en el desierto donde nace el coraje de creer en la propia experiencia. Y, exactamente, es en ese paso por el desierto donde se perfeccionan los valores que sustentan la mística, donde se profundiza la práctica que se desprende de estos valores. Es en esta práctica que el pueblo se identifica como “pueblo”, generador de una experiencia diferente, creada por la fuerza y acción del Espíritu Santo de Dios.

 

Empeñarse y participar en el proyecto de Dios tiene futuro, pues el proyecto culmina en su reino que no tiene fin, porque él es infinito. Diferente es el proyecto del imperio, obra del ser humano que es finito. Por tanto, se trata de buscar una lógica en la cual haya un espacio para todos. El proyecto que Dios tuvo y tiene aún sigue siendo una óptima opción.

 

 

 

Bibliografía

 

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BLENKINSOPP, Joseph, Ezra-Nehemiah - A Commentary to the Old Testament, Philadelphia, Library the Westminster Press, 1988.

 

CROATTO, José Severino, “A dívida na reforma social de Nehemías - Um estudo de Nehemías 5,1-19, en Revista de Interpretação Bíblica Latino-Americana 5/6 (1990) 25-39.

 

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GOTTWALD, Norman K., As tribos de Iahweh - Uma sociologia da religião de Israel liberto - 1250-1050 a.C., São Paulo, Edições Paulinas, 1986.

 

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WOLFF, Hans Walter, Antropologia do Antigo Testamento, São Paulo, Edições Paulinas, 1993.

 

 

Hilda Turpo Hancco

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São Paulo-SP

03542-100

Brasil

 



[1] Hay que notar que el texto propuesto aquí es una traducción literal de la Biblia Hebraica.

[2] dagan es “cereal”, pero no especifica el tipo. Siempre representa una cosecha valiosa. Tanto el cereal como los otros productos debían estar sujetos al diezmo que obligaba dar el 10% a los sacerdotes y levitas (Nm 18,12 y Dt 18,4). Los diezmos de cereales no debían ser comidos en casa, sino delante del Señor (Dt 12,17 y 14,23).

[3] Ne 5,2; Nm 11,13; Dn 1,12.

[4] 2Re 6,2; Ne 5,2.3; Jr 20,10.

[5] Cf. 1Cr 12,40; Ecl 3,13; Job 1,14; Est 4,16.

[6] sadeh “campo” tal vez se encontraba en la región montañosa de la provincia. Predominaba el cultivo de la tierra por aguas de lluvia, así las rentas eran menores, ya que la cualidad de tierra era diferente. En el Primer Testamento, de 45 veces que aparece el término, aquí aparecen dos (v.3.5). Intuitivamente, los campos eran tierras pequeñas de las clases pobres que reconocían el valor que esas representan en la vida y en la comunidad.

[7] keramim “viñas”. Las uvas eran una de las más importantes frutas. Se plantaba la viña más en los declives de las colinas. Ellas eran protegidas contra la destrucción de animales; para ello se construía incluso un muro.

[8] bayit “casa”, indica también la familia. Destaco que el grupo familiar tiene alto grado de importancia, como la célula básica en la sociedad judía.

[9] Sobre préstamos sin intereses véase: Sl 37,21; 112,5; Eclo 29,1-7. Sobre la práctica con los pueblos vecinos véase: Dt 23,21 e 15,6.

[10] Con una dracma de oro se podía comprar 300 libras de cebada, con un siclo de plata, 200 libras de cebada. En Judá una moneda de plata acuñada valía 74 libras de cebada.

[11] Hans Kippenberg afirma que la esclavitud comienza cuando se pone en prenda a los hijos (v.5), y termina convirtiéndolos en esclavos (Religião e formação de classes na antiga Judéia - Estudo sociológico sobre a relação entre tradição e evolução social, São Paulo, Edições Paulinas, 1998). Norman K. Gottwald señala la tierra como mercadería vendible (As tribos de Iahweh - Uma sociologia da religião de Israel liberto - 1250-1050 a.C., São Paulo, Edições Paulinas, 1986).

[12] Las tierras fueron compradas por judaítas que habían regresado de Babilonia, y de ese modo llegaron a ser dueños de ellas. La concentración de tierras en pocas manos ya había comenzado antes de este período.

[13] La palabra “basar” aparece 270 veces en el AT: en el Pentateuco 138 veces, 61 de ellas en el Levítico, 24 veces en Ezequiel, 18 veces en Job, 17 veces en Isaías, 16 veces en los Salmos, 10 veces en Jeremías y 2 veces en Nehemías.

[14] Por ejemplo: el creador (Is 64,7), la descendencia de los padres (Sb 7,1-2), el origen (Job 33,6), el comienzo y fin de la vida (Job 34,15; Sb 7,5), el nacimiento (Job 31,15) y la naturaleza común (Job 10,10-11; Sl 33,15).