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Reseña

Richard A. Horsley. Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Editorial Verbo Divino, Estella Navarra, 2003.

(Traducción y adaptación, Ricardo López Rosas)

Richard A. Horsley ha producido muchas obras sobre el contexto donde Jesús desarrolló su ministerio. En la que ahora presentamos, él mismo ha realizado una especie de paralelo entre aquel tiempo y el actual: el imperio romano y el imperio estadounidense.

La ambigua identidad de los EE.UU. Desde los primeros asentamientos en Nueva Inglaterra, los estadounidenses se han concebido como un pueblo bíblico: los emigrantes puritanos se miraban retratados en los relatos bíblicos del antiguo éxodo de Israel; más tarde así lo hizo la revolución que dio nacimiento a los Estados Unidos. La Constitución que dio origen a la nación fue también vista como la Nueva Alianza. Esta concepción se fue repitiendo con la liberación de los esclavos, que se imaginaban “pasando el Jordán” para llegar a la tierra prometida de la libertad, la lucha por los derechos civiles, la religión civil que impera en EE.UU., las mujeres por el voto, el Evangelio Social, el New Deal de los años 30, y otras luchas de liberación.
Sin embargo, recientemente, se ha transformado en la única superpotencia después del desplome económico de la Unión Soviética, asunto que viene aflorando desde comienzos del siglo pasado. La antigua nación de las virtudes democráticas republicanas ha llegado a ser el nuevo imperio, dice Horsley, creando, a su vez, un nuevo (des)orden mundial. “América” es ahora el nuevo imperio global de nuestros días. La colisión entre estas dos identidades se acentuó tras los sucesos del 11 de Septiembre de 2001 produciendo esta ambigua realidad. Muchos estadounidenses comienzan a sentir serias discrepancias y no convencen a otros de sus virtudes republicanas. “América” se parece más a la Roma Imperial que a la República y se ve a ella como Roma dominando a los pueblos del Medio Oriente.

Separando la religión y domesticando a Jesús. Las representaciones actuales, según Horsley, tenderían a decir que Jesús estaba promoviendo la no resistencia a las violencias romanas, ya que él sería sólo una mera figura religiosa: interpretaciones de “dad al César lo que es del César”, “amar a los enemigos” y otras frases descontextualizadas, podrían dar la sensación de que Jesús nada tenía que ver con la política de su tiempo. Pero, la coincidente analogía histórica es demasiado inquietante: el Imperio romano había conseguido controlar el antiguo Oriente Medio, incluyendo Galilea y Judea, donde Jesús operaba.
Sin embargo, desde el 11 de Septiembre de 2001, ya no se puede dormir en paz con esos retratos domesticados de Jesús.

Un Jesús despolitizado. Deriva de cuatro factores. 1) Creer que la religión está separada de la política y de lo económico, que no tiene en ellos ninguna incidencia. 2) Creer que el moderno individualismo occidental está integralmente conectado con el supuesto de que la religión es una esfera separada. 3) La orientación científica de sus intérpretes científicos según la cual Jesús fue un mero maestro religioso que pronunciaba sentencias sueltas. 4) La eliminación de cualquier incompatibilidad con sus bases de datos sobre los dichos auténticos contextualizados. Difícil entender, entonces, por qué crucificaron a un tipo así.
Sin embargo, estos presupuestos y procedimientos para conseguir este retrato de Jesús resultan indefendibles en la investigación y reconstrucción del Jesús histórico. He aquí algunas razones: 1) Es imposible separar la dimensión religiosa de la vida político-económica en aquellas sociedades. 2) El individualismo es una ideología occidental particularmente prominente en EE.UU., pero se trata de una ficción operativa. 3) El procedimiento que establece una “base de datos” para reconstruir la figura del Jesús histórico es problemático como método histórico. 4) La pretensión de que Jesús no predicó el juicio de Dios resulta de la aplicación de la dicotomía entre “sabiduría” y “apocalipticismo”, conceptos que no son aplicables a la literatura judía y Galilea y que Jesús, además, es extrañamente tan diferente de su mentor anterior y aun de sus propios seguidores después de él.

Judea y Galilea despolitizadas. Hay intérpretes que tienden no sólo a despolitizar a Jesús sino también a los propios contextos de Judea y Galilea. 1) Jesús sólo se confrontó con “líderes religiosos” y esa confrontación no tuvo connotaciones políticas. 2) Se ignoran las formas sociales en las que la vida estaba inmersa. 3) Se define la identidad del judaísmo de entonces en términos apolíticos, como si todos los “judíos” hubieran tenido la misma cultura, el mismo punto de vista y las mismas prácticas.
Pero, 1) más que de judaísmo se debería hablar de “judaísmos”. Hubo un período formativo con mucha diversidad antes del surgimiento del judaísmo rabínico posteriormente normativo, pudiendo considerarse quizás, al inicio, sólo la autoridad del templo de Jerusalén y sus sumos sacerdotes, incluso por algunos muy cuestionados. 2) Jesús trató con individuos en contexto de sus familias y de sus comunidades rurales, con influencias en costumbres y tradiciones culturales diferentes e impactadas por relaciones de dominio y explotación. 3) Si se concibe a las gentes de las antiguas Judea y Galilea como “judíos”, sin otro calificativo, se oscurecen las diferencias significativas entre ellas, sus posiciones de poder, de riqueza y privilegio.

Un imperio romano despolitizado. 1) Cuando Jesús nació ¿para qué se había realizado el censo? Se trataba de pagar tributo a los conquistadores. 2) Desde el punto de vista judío como pueblo conquistado, ¿era lícito pagar tributo al César haciéndolo así Señor? 3) El imperio romano, ¿fue facilitador de la misión cristiana primitiva, como a veces se dice? Hay que recordar que para el imperio ya había un divino salvador, el augusto césar que había traído “paz y salvación” a la humanidad y que era adorado con fiestas e himnos por parte de los que “tenían fe” en él (cf. Hch 17:7).

El estudio de Jesús y el Imperio. La despolitización practicada en la teología cristiana occidental y arraigada en los estudios del NT ignora las circunstancias históricas particulares en las que Jesús actuó. Por eso, el autor del trabajo estudia: 1) cómo respondió Jesús al orden imperial; 2) las agitaciones, protestas, movimientos y levantamientos contra el orden imperial; 3) cómo Jesús introdujo la idea del Reino de Dios en las curaciones, en los exorcismos, en los demás milagros, enseñando la Alianza en cuanto juicio a los gobernantes y como renovación de Israel. Además, condenó a los gobernantes clientelares; 4) la potencia colonizadora era derrotada de modo que el régimen romano estaba siendo vencido; imperaría la independencia y la autodeterminación con un orden social alternativo de cooperación y justicia social libre de toda opresión.

El imperialismo romano: el nuevo (des)orden mundial. La victoria de Actium fue recibida con alborozo, riqueza y privilegios. Se estableció la pax romana como nuevo orden mundial visualizado por los que eran sometidos como un gran desorden mundial confuso y devastador.

El surgimiento de una superpotencia única: el ascenso de Roma. El minúsculo asentamiento fundado a las orillas del Tíber, fue creciendo poco a poco y conquistando toda Italia; luego se transformó en la potencia dominante en el mundo mediterráneo occidental a fines del s. III a.e.c. Aniquiló a su rival Cartago y se fue extendiendo hacia el Oriente, primero contra el dominio macedonio con el objeto de controlar Grecia, para lo cual expolió, esclavizó y repobló con veteranos de guerra, libertos e indeseables romanos. Al entrar en ocaso los imperios helenísticos, Ptolomeos en Egipto y Seléucidas en Siria, y Mesopotamia tuvieron que pagar indemnización a estos nuevos amos. Roma persiguió a los piratas del Asia Menor. Pompeyo los “pacificó”. La retórica patriótica contra los “latrones” incrementó el imperium de la “paz y prosperidad” que significaba los frutos de la conquista para la metrópoli. El mismo Pompeyo incursionó en Siria y Mesopotamia y así la tierra de Galilea, Samaria y Judea quedó bajo su dominación. Los Partos dominaron más allá del Eúfrates. Con la victoria de Octavio sobre Antonio, el cesarismo se consolidó. Y Octavio fue llamado Augusto. Se estableció una especie de globalización con una concepción estereotipada de los pueblos extranjeros, con diferentes calificativos peyorativos. Por ejemplo, a los griegos se les llamaba “taimados e indolentes, orientales, ricos y fastuosos pero decadentes, cobardes y esclavizados a reyes despóticos”; a los partos, “polígamos, promiscuos, impúdicos e infieles”; a los sirios y judíos, “aptos para la esclavitud, supersticiosos y excluyentes, exóticos como los árabes”. La globalización constituyó uno de los principales mensajes: “las hazañas del divino Augusto”. Los límites de la tierra y del imperio coincidían para salvaguardar los tributos y aumentarlos.

Consecuencias del imperio. El sistema fue expandido: crecieron el culto al emperador y las pirámides de patronazgo, tanto en Roma como en los territorios ocupados. Para la metrópoli había pan y circo; para los generales y militares conquistadores, la gloria de la victoria; para los pueblos subyugados, terror, venganza y humillación.
Israel bajo el imperio. Galileos, samaritanos y judíos estuvieron por 600 años bajo el yugo de un imperio tras otro, desde el Faraón hasta los romanos. Estos imperios determinaron las condiciones de vida en la Galilea donde Jesús vivió y realizó su misión. Los ejércitos romanos incendiaron poblados, esclavizaron a los sanos y mataron a los enfermos, designaron rey de Judea a Herodes, un rey clientelar. Lo mismo sucedió con su hijo Antipas, crecido en la corte imperial, quien construyó dos ciudades de estilo romano, Séforis y Tiberias, con los impuestos. Los gobernadores como Poncio Pilato ponían y deponían sumos sacerdotes para regir Judea desde el templo de Jerusalén, su base. Jesús fue muerto por crucifixión, forma de ejecución romana que intimidaba a los pueblos sometidos.

Gobierno indirecto mediante reyes y sumos sacerdotes. Luego de la conquista de Pompeyo, los romanos controlaban sus territorios conquistados por medio de reyes clientelares, dominados por la fuerza militar. El sumo sacerdocio y el aparato del templo fueron parte de su régimen (Herodes reconstruyó el templo al estilo helenístico para aún sirva como lugar turístico). Judíos, samaritanos y Galileos estaban sometidos a tres niveles de gobierno y de tributación: debían pagar un tributo para los romanos, impuestos para el rey clientelar y un tributo para el templo-estado (diezmos y ofrendas). Herodes tuvo un plan arquitectónico grandioso con fortalezas militares, anfiteatros, templos dedicados al emperador. El pueblo estuvo económicamente exhausto durante su largo reinado.

Resistencia y rebelión en Judea y Galilea. El Imperio romano envolvió la misión de Jesús, y ésta, en forma amplia, fue contra el (des)orden imperial. Galileos y judíos eran pueblos subyugados, pero también organizaron rebeliones como sucedió en otros lugares del imperio: en España, en las Galias y en el Norte de Africa. En el caso de Palestina resistieron durante dos siglos hasta que la milicia los pacificó.

La resistencia y las raíces sociales de la revuelta en la Palestina Romana. Hubo repetidas revueltas durante dos generaciones contra los romanos y sus gobernantes clientelares y contra el sacerdocio jerosolimitano. 1) La resistencia contra Herodes duró tres años con golpes triunfantes. 2) Al final del régimen la población jerosolimitana organizó revueltas exitosas: Judas de Ezequías, Atronges y sus hermanos. 3) En el 67 d.C. estalló una generalizada revuelta en Jerusalén, atacaron a las cabezas sacerdotales y asesinaron a la guarnición. Finalmente, los romanos horadaron los muros, asesinaron a los defensores y destruyeron el templo. 4) Más tarde, Bar Cojbá lideró una nueva rebelión por unos tres años (132-135 d.C.).

La(s) tradición(es) israelita(s) y la ubicación social de la resistencia. Para estas revueltas era muy importante la tradición israelita: Moisés y la lucha contra el Faraón; Josué y la conquista de la tierra prometida, Gedeón y Débora, portavoces del Dios que los liberaba de cualquier yugo extranjero; David (el ungido), vencedor contra los filisteos; Elías, así como también los profetas como Amós, Miqueas, Jeremías, contra los reyes explotadores de Israel; la rebelión macabea contra Antíoco. Todos estaban enraizados en la tradición israelita de resistencia popular, cuyo esquema fundamental era la liberación o la restauración con la consecuente derrota o condena de los gobernantes extranjeros o domésticos de Israel.

Protesta, resistencia y terrorismo de los grupos escribas. La resistencia de los escribas a los regentes sacerdotales produjo una dramática crisis un siglo antes del control romano. Los maskilim opusieron resistencia a la occidentalización sobre la base de la Alianza mosaica, que demandaba una total sumisión y lealtad a Dios.

La comunidad de Qumrán, los fariseos, y otros círculos de escribas/sabios produjeron distintas rebeliones. Qumrán reaccionó contra el acomodo de los sumos sacerdotes asmoneos que estudiaban asiduamente la Ley y los Profetas. Promovieron la guerra de los Hijos de la luz contra los Hijos de las tinieblas y la guerra final contra los Kittim.

La llamada por Josefo “cuarta filosofía” rechazó el pago del tributo a los romanos por la lealtad a Dios como Amo y Señor. No pagarían tributo alguno porque creían en un gobierno teocrático. Concordaban con los fariseos en todo, pero tenían indómita pasión por la libertad. Los activistas permanecieron en la tradición de los maskilim.

El (contra)terrorismo de los sicarios. Estos buscaban aterrorizar a la gente con sus dagas curvadas que eran utilizadas para asesinatos subrepticios y secuestros. Su movimiento debería llamarse más propiamente “contraterrorismo o contraviolencia”, pues eran parecidos a ciertos movimientos anticolonialistas del siglo XX: el FLN de Argelia o el sionista Irgun Zvai Leumi. Las gentes acudieron a este tipo de método, cuando los canales de comunicación quedaron cerrados (tardíos años 40). La aristocracia sacerdotal colaboracionista regente no les dio importancia. Entre los años 40-50 los gobernadores romanos aumentaron su crueldad.

Protestas populares y distintivos movimientos israelitas. Para los romanos las protestas populares y los movimientos de resistencia representaban una amenaza más seria que las protestas de los grupos de escribas; aquéllos eran más frecuentes y estaban fuertemente enraizados en la tradición israelita.

Protestas de la turba de Jerusalén. Los sumos sacerdotes eran meras marionetas del clientelar Herodes. Cuando éste llegó a su fin, la turba jerosolimitana literalmente explotó, la gente estalló en peticiones. Hubo mártires que dieron lugar a nuevas protestas. Arquelao mató a miles. Las fiestas anuales como la Pascua daban lugar a las manifestaciones y al irreconciliable conflicto.

Protestas populares en la provincia. Se produjeron antes y después de Jesús. Pilato acantonó tropas en Jerusalén con sus estandartes lo que provocó revueltas y tuvo que desistir. Los campesinos Galileos realizaron una amplia huelga. Las tumultuosas protestas populares indican el conflicto entre el régimen imperial romano y los pueblos sometidos con sus reyes clientelares.

Movimientos mesiánicos y proféticos populares. Se basaron en la tradición israelita pero tomaron también formas revolucionarias helenistas. Las acciones eran todas de origen humilde, con dos metas: la libertad del régimen herodiano y romano y la restauración de un orden socio-económico más igualitario. Libertad para los esclavos y recompensas para los libres. No tuvieron éxito, pero muestra que la gente judía y galilea no quería sucumbir al nuevo orden mundial.

Formas ocultas de resistencia. Mucha resistencia popular permaneció intencionadamente oculta. Cada grupo subordinado, creó en su propio ámbito, una transcripción oculta que representaba una crítica al poder, pronunciada a espaldas del dominante. División principal entre el campesinado y sus gobernantes, entre herodianos y el alto sacerdocio junto con los romanos, y no generalmente entre “romanos” y “judíos”. La resistencia de la cuarta filosofía al tributo romano provocó el enfrentamiento contra los sumos sacerdotes encargados del templo; por ellos, casi todos los movimientos campesinos están dirigidos contra el templo y contra el sumo sacerdocio y el estamento romano gobernante.

Hacia una aproximación relacional con Jesús. En las investigaciones sobre el Jesús histórico el método usual comporta los efectos despolitizadores del individualismo occidental y de la separación entre la religión y la vida económico-política de los siglos XVIII-XIX. Hay que estudiar al Jesús que curó y exorcizó y al que enseñó en su contexto sociopolítico. No es correcto aislar los propios dichos de Jesús de sus contextos literarios lo que significaría aislarlos de sus contextos sociopolíticos.

Aspectos múltiples en un líder histórico. Siempre hay que considerar las circunstancias históricas particulares. En el caso de Jesús hay cinco aspectos interrelacionados: 1) Las Crisis en Judea y Galilea que 2) impactaron en la tradición cultural israelita; 3) Jesús surgió como líder; 4) asumiendo o adaptando papeles sociales e 5) interactuando con gentes particulares para formar un movimiento que resultó significativo. Su crucifixión fue el motivo reverenciado de la causa. Estos factores relacionales a veces han sido ignorados.

Circunstancias históricas y tradiciones culturales de y para un Jesús-en-movimiento en la Palestina romana. Éstas son conocidas por otras fuentes, además de los evangelios que son nuestras únicas fuentes para Jesús y su(s) movimiento(s).

Divisiones de clase y de región: gobernantes (romanos, herodianos y sacerdotes), gente común, y los ciudadanos (campesinos, gente de Jerusalén y otras aldeas y ciudades). Los de afuera no tenían esta distinción y todos eran judíos. Regiones: Galilea, por 800 años independiente de Jerusalén hasta que en 104 a.C. los reyes sacerdotes asmoneos la controlaron, pero en el 4 a.C. Roma designó sus gobernadores (por ejemplo, Antipas) por lo cual Galilea no era jurisdicción de Jerusalén en el tiempo de Jesús; y Judea, otra región.

Formas sociales fundamentales. Caseríos y pequeñas aldeas (agricultura y pesca). Los gobernantes expropiaban un porcentaje. Las comunidades eran semi-autónomas.

Las circunstancias bajo el gobierno romano. La imposición de gobernantes clientelares hizo surgir revueltas, protestas, movimientos de renovación en tres etapas: primera, antes de Jesús, el asesinato, esclavizamiento y devastación produjeron traumas sociales colectivos; segunda, rigurosa administración para recaudar impuestos de Galilea con mayor eficacia que con los asmoneos; tercera, Antipas ubicó su administración en Galilea, haciendo más rigurosa su recaudación de impuestos con una gran presencia inspectora y presión económica. Los deudores no podían pagar a los prestamistas (élite herodiana) que se apoderaban de la tierra legalmente.

La tradición cultural. Los galileos, aunque analfabetos en su mayoría, no eran ignorantes de sus tradiciones. Podían depender de la “tradición menor” en las comunidades rurales de índole oral, si bien la élite podía conocer la “tradición mayor” de característica escrita en los círculos de escribas. Sin embargo, eran ambas israelitas, con base en la Alianza y en el Decálogo, por lo cual la codicia, el robo y el asesinato eran condenables y la cooperación y la cancelación sabática de las deudas eran conocidas.

Jesús-en-movimiento en las fuentes evangélicas. Por lo visto, podemos tener un enfoque mejor apoyado sobre cómo usar los evangelios y las tradiciones evangélicas para saber cómo Jesús, adaptando un papel distintivo, formó en ese contexto un movimiento en interacción con galileos.

Los evangelios como comunicación y fuentes históricas. En la vida real nadie se comunica con dichos aislados, sin conexiones que den significado relacional. Los más primitivos estratos del EvMc y Q, primero fueron comunicación oral en contextos comunitarios. La sociolingüística y la ejecución de lo oral son necesarias para entender la comunicación. Así hay texto, contexto y tradición cultural.

Texto es el mensaje en comunicación, el contexto determina qué se ha de comunicar y de qué manera, la tradición cultural es el ámbito en que se mueve el texto y el lector original. Por eso, los Evangelios son declaraciones expresas de un movimiento popular, surgen de la tradición israelita popular y son desarrollados, refinados y actualizados en las comunidades que todavía no son escuchadas por sus gobernantes.

Asumir el Evangelio entero. Constituye nuestra principal guía. El autor toma el EvMc como relato más antiguo paradigmático del discipulado cristiano, para realizar, con la presencia del Reino de Dios, una renovación de Israel contra los líderes y sus patronos romanos. Por otro lado, la secuencia de discursos de Jesús conocidos como Q también trata sobre el Reino de Dios. El interés y significado es la renovación de Israel. La contrapartida de la renovación de Israel, en cuanto realización del Reino de Dios, es el juicio de los líderes opresores de Israel por la ley regia de Dios.

La condena profética de Jesús contra el templo, los sumos sacerdotes y el gobierno imperial. El rostro del imperio era el de los gobernadores clientelares y del sumo sacerdocio asentado en el templo. En Q hay un pronunciamiento profético del juicio de Dios sobre los líderes de Jerusalén (Q Lc 3:7-9, 16-17; 6:20-49; 10:2-16; 22:28-30; 13:28-29, 34-35; 14:16-24). En EvMc Jesús expresa la renovación de Israel abiertamente enfrentándose a los sumos sacerdotes y a sus padrinos imperiales romanos (11:15-17; 11:27-13:2; 14:1-2, 53-64, esp. 58; cf. la controversia sobre el tributo al César, Mc 12:13-17). El gobierno imperial romano está implicado en los exorcismos de Jesús (Jesús vence al espíritu inmundo o a la Legión Mc 5:1-20).

Comunidad de Alianza y cooperación. Con la confianza de que el orden imperial romano estaba bajo el juicio del inminente Reino de Dios, Jesús lanzó una misión de renovación social entre las gentes subyugadas. Dios estaba actuando ya en la vida de las gentes y de las comunidades. Un programa de revolución social para establecer un igualitarismo justo y unas relaciones de mutuo apoyo socio-económico en las comunidades rurales.

Jesús se dedicó a sanar los efectos del imperialismo entre los Galileos en cuatro formas:

1) Expulsando a las fuerzas ocupantes extranjeras al derrotar a las fuerzas demoníacas en sus exorcismos: a) liberada de las extrañas fuerzas “ocupantes”, la persona vuelve a su correcto estado mental y a la vida social (Mc 5:15, 20); b) estar poseído era una condición socio-espiritual al encontrarse bajo el ataque o incluso bajo el control de una destructiva fuerza sobrehumana: Satanás, comprometido en controlar la sociedad y la historia; c) en el nivel político, Satanás/Belial (representado/s por los romanos), posee al pueblo.

2) Sanando el cuerpo social con las curaciones porque cada curación era la curación de una persona particular y una “curación” continua del “cuerpo” social de las comunidades subsecuentes de oyentes que trajo el imperialismo romano.

3) Infundiendo esperanza en una situación desesperada, al eliminar la tristeza que deriva de la situación (Q Lc 6:20-22), al remitir a la plenitud de las expectativas creadas (Q Lc 7:18-23) y al desborde de la justicia que invierte el orden (Q Lc 7:24-28) o al seguro de los bienes compartidos (Q Lc 12:22-31).

4) Contrarrestando la desintegración social. Lejos de invitar a las gentes a abandonar a sus familias y a dejar sus costumbres sociales y sus normas, Jesús quiso reforzar la familia y la solidaridad social; por ejemplo, consagrando los bienes no al templo por el corbán sino a socorrer a los padres ancianos.

La misión de Jesús se centraba en las comunidades rurales; él iba las asambleas semanales locales en las sinagogas donde no se trataban lo que modernamente se llaman asuntos “religiosos”, sino los intereses políticos-económicos de las comunidades, incluso temas como el de la hospitalidad.

La renovación de la comunidad de la Alianza es un tema mayor tanto en EvMc como en Q, principalmente para salvaguardar la viabilidad económica de cada familia en su comunidad (relación con el Decálogo) por medio de la “economía moral” de las sociedades campesinas, en discrepancia con el establecimiento del servicio principal y fundamental a Dios en el templo establecido por la monarquía davídica. En consonancia con la alianza mosaica se declara la independencia en relación con los líderes sacerdotales de Jerusalén. Incluso en la “oración del Señor” se encuentran peticiones sobre materias económicas concretas para el sostén de la vida (pan, deudas) incluyéndolas en el “¡Venga tu Reino!” o “Hágase tu voluntad ...” que significaba observar los mandamientos de la Alianza.

La alternativa de Jesús al orden imperial romano. Con acciones y enseñanzas, Jesús se opuso al mismo y a sus efectos sobre los pueblos subyugados. Anunció que tanto los gobernadores imperiales como sus explotadores clientes herodianos y sacerdotales de Jerusalén estaban bajo la condena de Dios: sanó de la violencia imperial, renovó el espíritu corporal y cooperativo en las comunidades que se desintegraban por el impacto del orden imperial romano. “Amar” se refiere no a un sentimiento o a una actitud, sino a prácticas económicas concretas en la comunidad, como la cancelación de deudas y el generoso compartir mutuo de los recursos económicos. Jesús llama a renovar el compromiso con los valores económicos y políticos de la alianza y a comportarse así en las comunidades.

El Imperio Cristiano y el Imperio Estadounidense (Cristiano). “Desde el pasado, imperios, educación y religión han estado viajando desde Oriente a Occidente, y este continente es su última forma occidental... Aquí Dios está construyendo una morada donde exhibir las maravillas de su Reino” (Thomas Brockaway, 1784, citado en Anders Stephanson, Manifest Destiny: American Expansion and the Empire of Right, Nueva Cork, Hill & Wang, 1995, 19).

El Imperio no tiene la última palabra. Al menos por lo que toca a sus seguidores que extendieron su movimiento entre otros pueblos sometidos al imperio. Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abraham de que todos los pueblos recibirían las bendiciones divinas por su simiente, ahora reconocida como Cristo Jesús (Gal. 3). Siendo todos herederos, era posible conformar relaciones sociales más igualitarias que rompieran con las jerarquías sociales fundamentales del orden imperial, fueran griegos o bárbaros, incluyendo a los judíos, libres o esclavos, varones o mujeres.

...¿O si? Las que se convirtieron en formas ortodoxas del “cristianismo”, sin embargo, se comprometieron y acomodaron con el orden imperial. Esto ya se nota incluso en los escritos tardíos del NT, los que las modelaron y establecieron una autoridad con los obispos monárquicos. Tras varios intentos de someter o suprimir el movimiento, el Estado imperial romano decidió que era mejor utilizarlo. Tanto Roma como Constantinopla lo convirtieron en la religión del imperio. Si antes el Emperador era rey divino, ahora, sólo se subordinaba a Cristo, rey divino eterno. Y así las Sagradas Escrituras que tenía origen “subversivo”, incorporaron materiales correctivos que apoyaban el orden imperial, dice Horsley: primero, el Canon Judío (AT) en razón del Estado-templo judío; luego, el Canon Cristiano (NT) en razón de la religión imperial. Hubo, sin embargo, en la historia posterior personas que cuestionaron esas lecturas e interpretaciones acomodaticias.

El imperio estadounidense. Cual nueva Roma, y repitiendo su historia, los que en su origen se consideraban un pueblo perseguido, se transformó de república en imperio, que era su destino manifiesto, según algunos, desde su origen. Ahora es la única superpotencia, del imperio global, que despliega fuerzas militares o gobernantes clientelares por doquier, que lidera y propone el nuevo (des)orden mundial. Si la globalización romana era política con consecuencias económicas, el moderno poder imperial es primeramente económico, estructurado por el sistema capitalista que concentra monstruosas concentraciones de capital y que se ocupa de sus “necesidades” antes que del “bienestar” de las personas.

Prof. Dr. Ricardo Pietrantonio
Gutenberg 3167
1419 Buenos Aires
Argentina

 
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