www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

Enfermedad y muerte – Experiencias en el exilio

Enfoques en Ezequiel 37,1-14

Milton Schwantes

Resumen
Dos son los énfasis principales de este ensayo sobre Ezequiel 37,1-14. De un lado, tomo los cuatro vientos como punto de partida de la interpretación. ¡Son los vientos que despiertan los huesos! Profecía y la ruah/Espíritu se sitúan en el espacio de la curación. De otro lado, destaco el objetivo de la acción de los vientos: crean “fuerza” en medio del pueblo postrado, consolidan “comunidades”. Los vientos no crean “ejército” (como en general se entiende el v.10), sino mucha gente con “fuerza”, un pueblo con poder.

Abstract
There are two principal emphases by this essay on Ezechiel 37,1-14: on the one hand, I take the four winds as my point of departure for interpretation. It is the winds that wake up the bones! Prophecy and ruah/Spirit occupy the place of the four winds: On the other hand, I pay attention to the objective of the action of the winds: they create “power” in the midst of the people, they consolidate “communities”. The winds do not create an “army” (as v.10 is generally understood), but many people with “force”, a people with power.

 

Comencemos por una traducción del texto bíblico que, en meditación, estudiaremos. En este caso, la traducción es literal, imita al hebreo. Una tal traducción –imagino- nos podrá ayudar a mantenernos en las proximidades del original. Ella, con todo, no es muy fiel a nuestra lengua portuguesa o española.

1Sobrevino sobre mí la mano de Javé. Me hizo salir por el espíritu de Javé. Me hizo descansar en medio del valle. Y éste estaba lleno de huesos. 2Me hizo caminar sobre ellos alrededor, alrededor.
Y, he aquí que eran muchísimo y numerosos sobre la planicie del valle.
Y, he aquí que estaban muchísimo secos.
3Y dijo a mí: “Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?”
Dije: “Mi Señor Javé, ¡tú lo sabes!”
4 Dijo a mí: “¡Profetiza sobre estos huesos! Dirás a ellos: ‘Huesos secos, oíd la palabra de Javé: 5Así dice el Señor Javé a estos huesos: He aquí que les estoy haciendo llegar en vosotros espíritu y viviréis. 6Pondré sobre vosotros tendones, haré subir sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, pondré en vosotros espíritu, y viviréis y sabréis que yo soy Javé’”

7Profeticé, como me fuera ordenado. Hubo un estruendo en cuanto profetizaba. Y, he aquí, un ruido y se aproximaron los huesos, hueso para su hueso. 8Vi y, he aquí: sobre ellos tendones, carne subida, se extendió sobre ellos piel por encima. Pero espíritu no había en ellos.

9Y dijo a mí: “Profetiza al espíritu, profetiza hijo de Adán y dile al espíritu: Así dice el Señor Javé: ‘De los cuatro vientos ven, espíritu y sopla en estos asesinados y vivirán’”
10Profeticé como me había sido ordenado. Entró en ellos el espíritu. Vivieron. Se irguieron sobre sus pies, grande fuerza, mucho y mucho.

11Y dijo a ní: “Hijo de Adán, estos huesos, ellos son toda la casa de Israel. He aquí que están diciendo: Se secaron nuestros huesos y sucumbió nuestra esperanza, estamos exterminados para nosotros. 12Por eso, profetiza y di a ellos: Así dice el Señor Javé: He aquí que estoy abriendo vuestras sepulturas, os haré subir de vuestras sepulturas, pueblo mío, y os haré llegar a la tierra de Israel. 13Sabrán que yo soy Javé al abrir vuestras sepulturas y al hacerles subir de sus sepulturas, pueblo mío. 14Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis y os estableceré sobre vuestra tierra. Sabréis que yo soy Javé. Hablé e hice, oráculo de Javé” .

 

1.         Sin valles, ¿qué sería de los huesos?

Qué bien que todos aquellos huesos estaban en un valle. Eso es cosa de la genialidad de Ezequiel: al ver los huesos en el valle – justamente en el “medio”, en su “centro”, como se lee en el hebreo- la profecía les atribuye una oportunidad.

Es en nuestros valles que se anhela por vientos que despiertan. Vientos que traen vida son vientos de llanuras. En ellos hay ternura, soplo agradable, hay un espíritu suave. Son cual tranquilos susurros de la madrugada, como los experimentó Elías (1 Re 19,12). Son vientos de llanuras que refundan los horizontes, como lo experimentó Lucas, en cuyo evangelio Jesús no habla de las bienaventuranzas en las alturas de la montaña de Mateo, sino en el valle, hacia el cual bajó (6,17), viniendo del monte (6,12).

En nuestros desiertos, los vientos son ruinas, desorientan, secan, cierran pozos, entierran a los oasis. Son sepulturas. No es por acaso que el chivo expiatorio sea botado, desierto adentro, muerte adentro (ver Lev 16). El viento del desierto, el siroco, es mensajero de muerte. Este viento oriental produjo el desmayo en Jonás; lo llevó a clamar por la muerte: “mejor me es morir que vivir” (4,8). Vientos desérticos derivan en sequedad, tuestan el alma.

Israel y Judá sufrieron en los desiertos, cuando lo de las deportaciones. Los asirios arrastraron millares de israelitas por los desiertos, rumbo al destierro. Otros tantos judíos fueron forzados a caminar por caminos de muerte, cuando fueron al exilio. Muchos habrán fallecido de sed y de horror. Los desiertos sepultan esperanzas, vidas. Cobijan violencia y crimen (vea el salmo 121).

Por el contrario, los valles dan vida. Hacen creer. Son como sedes de religión. Es verdad, que también los desiertos pueden serlo. Pueden ser focos de utopías, como lo vemos en los cuadros pintados por el Cantar de los Cantares: la sulamita viene del desierto (8,5), este verdadero reservorio de esperanzas (3,6-11); pues en medio de las casas, de las ciudades la pasión no tiene suelo. En medio de las casas, la amada es violentada (5,3-8). En este sentido, los desiertos son trillas de lo nuevo.

Sin embargo, no es que Ezequiel lo experimentara. Él y su gente fueron deportados por los desiertos, arrastrados y “masacrados” . En esta deportación por los desiertos que separan Israel de las tierras mesopotámicas, muchos murieron. Llegar, en fin, a la tierra babilónica no dejó de ser un pequeño alivio. Aquel era el lugar de sus suplicios y de su esclavitud. Era lugar de muerte, pero era también un valle de aguas abundantes, de vientos que soplaban en pro de la vida.

Nuestra fe, en esta perspectiva, es la de los valles. Pienso en la tierra de Gosen, en Egipto (Gn 11,2). Allá los hebreos resistieron frente a los señores faraónicos. Recuerdo la tierra de Israel, la que mana leche y miel, foco de esperanzas y de anhelos de la gente bíblica. Traigo a la memoria la planicie de Jezrael, en donde Débora, la madre de Israel, hizo fuerte a su pueblo, contra los reyes cananeos (Jueces 5).

En medio de tales valles, los altos están consagrados. En los montes que sobresalen, la fe levanta sus alas al horizonte. Fuentes y pozos que por ahí se encontraban, dan profundidad a la religión: ella se cimienta en la hondura de sus aguas. Pienso en Jerusalén y en las aguas de Siloé. Éstas irrigan la tierra entera, en palabras de Ezequiel (cap.47). Para Isaías “corren suavemente” (8,6). Recuerdo los altos de Belén y de Nazaret, y no olvido los espacios sagrados de la Meca y de Medina

Sí, en todas partes, los valles y sus altos son focos de fe, fuentes de la religión.

En tales valles, los huesos tienen cómo renacer.

Pues, al final, hay huesos que no renacen; se marchan sin memoria. Quedan por ahí, perdidos, como huesos de esclavos y esclavas, deportados hacia acá, como huesos de indias e indios. Quedan sin valles que les abriguen a pesar de que hayan vivido en valles verdísimos como los brasileños. Nuestra historia es igualmente de huesos sin valles que los acojan, aunque vivamos en un soleado y maravilloso valle, en el que, en palabras de Pêro Vaz de Carminha, “la tierra en sí, es de muy buenos aires” . Pero aquí hueso como que ¡no queda en pie! Se va al colador, al rollo del olvido fatal.

Sin valles estas vidas se secan, sin esperanza, quedan del todo exterminadas (¡v.11!).

¡Qué bueno que haya valles! En ellos se renace. Se regresa. Se da la vuelta para comenzar de nuevo .

¡Qué vivan los valles, como ese de Ezequiel, y tantos otros! Eso es bueno y vale, porque en el valle no hay control. El viento va y viene. Por todos lados se nace, se crece. Valles del Espíritu no son, ah, no son igualmente uniformes. No se alinean, crían y recrían. Es en ellos que los huesos surgen de entre vertederos y basuras.

Los valles son igualmente plurales; después de todo, en aquellos valles de Babilonia soplaban muchos vientos , espíritus, ruhot (plural de ruah). Los vientos (ruhot) son “espíritu” (ruah); en efecto, son ¡“espíritus”! Todo pliegue del camino tenía allí su fe, su viento. Aquellas tierras eran de abundantes dioses, plurales. Los valles tienen formas plurales de religión, de fe. Los vientos que ahí actúan, proceden de los “cuatro vientos”, de todas las esquinas de la tierra, ¡como lo afirma nuestro profeta (v.9)! Vienen hablando, a su modo, de Dios, testimoniando del Espíritu de variadas maneras.

No es por casualidad que, en la historia de la interpretación de este fragmento ezequieliano , algunos lo entienden bajo la influencia de la magia, otros del zoroastrismo . Es que, en los valles, las culturas se encuentran, interactúan, se ramifican en nuevas direcciones.

2.         Sin Espíritu - ¿qué sería de nosotros?

Nuestro capítulo toca variados aspectos de la palabra “espíritu”, ruah. Ya lo veíamos anteriormente: pues, eso de que la ruah venga de los cuatro vientos le da “muchos buenos aires”. Se vuelve tan especial. Esa ruah fue asimismo sabia. Fue fuerte. Se desdobló en cuatro.

En su empeño de hacer voltear los huesos en gente, esta ruah –que se articulan por los valles como las ruhot “espíritus”- revoloteó, de maneras variadas, entre aquellos huesos:

Se alude a ella como “espíritu”, como lo que es desconocido, sin artículo definido (v.5-6), tal vez hasta se pudiera decir como un/algún. No tiene “todavía” definición, así parece. Es como si “todavía no” fuese conocido. Él “llega” (o “entra”) –el hebreo comporta los dos sentidos para el verbo bv’- y luego, inmediatamente es “dado”. Aunque sea ‘un/algún’ es dádiva divina. Al fin y al cabo, desde el comienzo está claro que aquel un/algún “espíritu” es el de Javé (¡v.1!). Por lo tanto, en su acción concreta, aquella ruah, que es el de Javé (v.1), permite lecturas diversas, actúa como ruhot, como“espíritus”.

Es así que la profecía se da; acontece por la ruah de Javé. Fue ella, pues, que en el v. 1, puso al profeta en movimiento. Está así, según el mismo v.1, al origen de esa visión profética que surgió “en la ruahde Javé”.

Este “en” (be en hebreo) llama la atención. Allá, en el v.1, puede ser entendido como un “por medio de”/”por el”: el profeta fue obligado a salir al valle “por la” ruah divina. Diferente es el sentido de este “en” en los v.5-6; ahí la ruah llega y es dada “en vosotros”. Aquí este “en” me parece tener un doble sentido: tiene tanto el sentido de “en”/dentro, como el de “en”/”en torno de”. Puesto que la ruah, al llegar “en vosotros” hace surgir “en”/dentro “tendones” y “carne”, y “en”/en torno de “piel” . Ella constituye la ligadura de los huesos y su entorno, para que pudieran volver a tener vida.

Así pues, aunque sea el “espíritu” que se expresa por medio de estos tales tendones, carnes y pieles, su apariencia es distinta de éste. Él, “el espíritu”, o ella, la ruah, son básicamente vida: huesos que se juntan con huesos y que articulan tendones, y que dan origen a carnes y pieles, curiosamente, todavía no son vida. Les falta aún la profecía del espíritu en plenitud (ver al respecto Génesis 2).

Se diría que les falta algo por dentro, ¿un algo ’¡espiritual!’? Pues, no es que no lo sea. La ruah faltante no es la que se localiza dentro, sino que pone en pie y se mueve alrededor. Es lo que el v.10 nos ayuda a entender. Él menciona, nuevamente, que “la ruah” (¡ahora con artículo!) “llegó”/”entró” en los huesos, tendones, carnes y pieles, porque les faltaba ésta (v.8). Como en los vv.5-6, también en este v.10 “(el) espíritu” ‘llega’ y ‘entra’. Pero ahora, la ruah tiene otra apariencia, se consolida de otro modo: hay vida. ¡Es vida, es estar de pie! Véase: “el espíritu” no espiritualiza, sino que da estatura, firmeza. Si usted se arrastra por ahí, humillándose, dejándose someter, usted no es, ciertamente, ‘espiritual’; más aún, digamos, ‘carnal’, ‘óseo’. Gente ‘espiritual’ es gente erguida, con “gran fuerza, mucha y mucha” (v.10)

Huesos en pie - ¡qué visión!

 

3.         ¿Huesos? ¡Gente!

Huesos amontonados, mezclados por los vientos de los valles, remecidos por el Espíritu de profecía, se transforman, se reciclan.

El profeta se esmera en describir el reciclaje de estos tales huesos. Estaban en los montes, por los valles. ‘¡Llenaban’ (v.2) hasta los extremos del valle! Eran “muy numerosos” (v.3).

Me acuerdo del Salmo 32. También en él, los dolores se concentran en los huesos. Cuando el mal se apodera de la gente, hasta los huesos duelen. Cuando “pecado” y “culpa” se embolatan dentro de la gente, entonces no hay cómo caminar adelante. Los huesos se niegan. Muchos exploradores testimonian sobre esto: su vida, en medio de sus injustas riquezas, era dolores. Su fachada hermoseaba lo que les descomponía por dentro.

Ahora bien, aquellos huesos allá, en los valles de Babilonia, antes de ser deportados, habían sido los de las élites de Jerusalén. En 598 a.C., habían sido arrastrados unos diez mil de la élite de la capital hacia el destierro. Quien los veía sufrir así, carretera adelante, azotados y desnudados por la soldadesca babilónica, hasta podría olvidar que aquella gente despellejada –‘macerada’- fuera otrora el señorío de Jerusalén. Del grupo sólo sobraba dolor, huesos. ¡No es raro que a los expoliadores les duelan los huesos!

Y estaban también “secos” los huesos que Ezequiel veía por los valles (v.4), “muy secos” (v.2), sepulcrales (v.12-13), requemados. Entre ellos no se agitaba vida alguna.

En esta sequedad de sepultura, la profecía, venteando por los valles, ¡hace surgir lo nuevo! Éste es el don propio de la profecía . Después de todo, se necesita un profeta para afirmar que en la vida los huesos llegan a la victoria, que las sepulturas no se imponen. A la gente, al mediano consumidor no le falta profeta. Él se basta con los tontos que lo confirman. Los profetas no. Causan alboroto: “ruido”. Escalofrío: “barullo” (v.7). El Espíritu tiene gusto por el “barullo”, para hacer que el hueso se choque con otro hueso, hasta que “cada hueso encuentre a su hueso”.

Y, de pronto (v.8), ya están ahí los ¡“tendones”! ¡Tendones resultan de visiones! El v.8 tiene el cuidado de percibirlo, al iniciar con las palabras: ¡“Vi y, he aquí, tendones”!

Juntar huesos; eso no es tan difícil. Nuestras tierras están llenas de ellos: huesos de indios e indias colonizadas, de negras y negros esclavizados. Sin memoria, es eso lo que somos. Hicimos silenciar los huesos de nuestra desviada historia. Para verlos, buscar las profecías, si no, nos quedamos en la ignorancia de los horrores que se dieron en los ‘porões’ y ‘senzalas’ . Sí, más y más necesitamos de profetisas-palabras para tocar tendones y conexiones Ahí, sólo con visión, con ojo experto, centelleante, relampagueante. ¡Ojo vacío no ve tendón alguno! Prefiere un enlatado a más de algún importado global. Únicamente el ojo experto ve tendones en vertederos de escombros. ¡Profecía no es poca cosa para boquiabiertos! ¡Sea experto!”.

A quien, en visión, es dado vislumbrar tendones, en acto continuo caen en la cuenta que ya hay hasta carnes y pieles para cubrir aquellos huesos arrimados: “cada hueso a su hueso”.

Pero, aun así todo aquello, aquellos huesos ya no a los montes, sino ordenados hueso por hueso, aquellos tendones, aquellas carnes y pieles, todo aquello no pasa de un osario, cosa de sepulcro. Es que sin la ruah que sople por los valles, nada hecho.

Alguien, audaz, ahora podría respirar aliviado: al fin, el Espíritu. Podemos, pues, hablar, finalmente de lo espiritual, sin estos tales huesos con sus historias adoloridas, sus cuerpos macerados, sin estos tales huesos que provocan barullo, estas carnes que quieren comida. ¡Qué bueno, lo espiritual! Alguien que tuviera poco afecto a la Biblia empezaría a delirar.

Pues no es que el Espíritu no se desvanece en ojos a lo alto, cantares cualesquiera, huesos etéreos. A él le interesan también los pies. Imagina: ¡los pies! ¡Pies espirituales! ¿Puede ser esto así? Pues, ¡no es que puede!

¡Lo espiritual está en los pies!

Es en eso que se ve su vida, la acción del Espíritu. De aquellos numerosísimos huesos resultan innumerables personas, puestas en pie.

El profeta Habacuc, unos años antes de nuestro Ezequiel, propone, conforme a la traducción de Almeida, una postura similar: lo que importa es “andar altaneramente” (3,19) .

El Espíritu de la vida desea gente que esté en pie. Nada de silencio sepulcral o de ojos etéreos hacia lo alto.

¡Huesos, en pie! Esa es, por ejemplo, la maravilla del educar: sirve para fortalecer los pies. El proceso educativo siente gracia en los pies . “Es necesario caminar”, afirma el poeta. Y otro nos encantaba en medio del régimen militar:”Caminando y cantando y siguiendo la canción” .

Qué bueno sería si en todas las iglesias, como moda ecuménica, el sueño fuera el de acompañar la acción del Espíritu en su obra, de que estemos en pie, a pie. Maravillarse con los huesos que el Espíritu pone en pie. Dejarse encantar por las maravillas que el Dios Trino realiza con las personas, con la gente. Andar con autonomía, a cuenta del Espíritu de los valles -¡He aquí la cuestión!

Atención andar, ¡con pie firme! No marchar “sin sentido”. ¡El Espíritu no es favorable al uniforme, ¡al ejército!

 

3.         ¿¡Un ejército!?

‘Pero, un momento’, alguien podría interrumpir: ‘el propio profeta, en el v.10, ¡¿no hace desembocar su visión en un ejército?!’

Lo menos es lo que se lee en las traducciones de la Biblia en uso por ahí; en ellas se repite, como si de una letanía se tratase: ¡al final el Espíritu convoca el ejército! En las traducciones del v.10 consta: “un ejército sobremanera numeroso” , “un ejército numeroso” , “un ejército inmenso” , “un ejército grande, muy grande” . Al respecto parece haber hasta una ‘tranquila’ unanimidad: ¡el Espíritu puso en pie un ejército! Al fin y al cabo, ésta es también la opinión del comentario exegético clásico sobre Ezequiel: “ein sehr, sehr grosses Heer” . Frente a tamaña ‘unanimidad’ casi se tendría que silenciar. Además, la traducción latina (la Vulgata) también testifica “exercitus” para nuestro versículo . Es como si lo mejor fuese el someterse a esta visible consensualidad y admitir que, de acuerdo con estos señores, está ahí, en el v.10, es decir que el Espíritu crea ejército. ¡Ah, amigos míos, eso sería un horror! Mejor sería que los huesos quedasen por ahí, en los valles, sequísimos, sin vida ni movimiento. Puesto que, si la acción del Espíritu está en pro del ejército, entonces su función más apropiada sería la de crear cementerios. Pues los ejércitos son asociados inveterados de sepulturas. Entonces: ¿será lo mismo que el Espíritu, como si tonto fuese, promueve ejércitos? Constantino, el gran emperador, acabaría teniendo razón: ¿¡el cristianismo sólo es bueno cuando pasa por las armas!? ¿La cruz sólo salva cuando es hecha espada?

Esto, a mi ver, ya en sí es cosa inicua, pero tal vez fuera el caso de tener que admitirla como bíblica: ¿¡el Espíritu de los valles y de las cuatro esquinas de la tierra como promotor de ejército!?

¡Pero no es así! Y no lo puede ser. ¡El Espíritu no es dado a los ejércitos! Eso no sería profético. Ahora bien, Isaías ya promovió, en el siglo 8º, la transformación de ¡“espadas en arados” (2,4)! En la misma época, Oseas intentará refutar la tesis de que Javé sería un guerrero (cap. 11)! Jeremías, en el siglo 6º, poco antes de Ezequiel, aconsejará no resistir con armas en la mano, la invasión babilónica (cap. 37-45). Y el Déutero Isaías, en tiempos de Ezequiel, celebra al esclavo sufridor como modelo y “luz de las naciones” (49,6). Por lo visto: ¡el espíritu está igualmente por la paz!

Por lo demás, en esta dirección, la traducción griega (la Septuaginta ) de nuestro v.10 nos ofrece una pista muy interesante: ella traduce la palabra hebrea en cuestión por ¡“sinagoga”! ¡Alabado sea Dios por estos traductores griegos! Para ellos, la obra del Espíritu de los valles se da en la reunión de personas. La Asamblea/”sinagoga” es lo que el v.11 llama “la casa de Israel”, y los v.12-13 designan “mi pueblo”. Ahí sí, el resultado alcanzado; es decir, la sinagoga/asamblea, la casa de Israel o mi pueblo, es compatible con la gente en cuestión, el Espíritu de Dios. Sus obras no son ejércitos y armas, sino gente de pie, gente reunida, en asamblea, en sinagoga, en comunidad. ¡Ahí queda bien! ¡Ahí, la vida tiene valor!

La traducción griega ya atribuyó, pues, un interesante significado a nuestro v.10. Aun así, el texto hebreo permite todavía un sentido más preciso. Y éste tiene que ver con el sustantivo usado en el v. 10: hayil. Es a este término que los traductores, a partir de la Vulgata, dieron el sentido de “ejército”. Y, de hecho, hayil/fuerza puede tener también estesignificado. Pero no es habitual, puesto que hayil es “capacidad”, “fuerza”, “poder” , de donde hasta que puede derivar, a mi parecer, aunque raramente, el significado de “ejército”. En nuestro versículo, queda ciertaemnte excluido que se trate de “ejército”, puesto que en nuestros v.11-14 este hayil es “la casa de Israel, y “mi pueblo”.

De otra parte, hasta es posible que este sustantivo hayil tenga relación con la raíz hyl “tener dolores de parto”

Por lo tanto, el Espíritu no originó un ejército: sino que con personas “paradas sobre sus pies” (v.10) formó “un gran poder, mucho y mucho”, como se podrá traducir el hebreo en modo literal. Gente en pie es poder. Ejército no es propiamente poder, sino ¡miedo! Las personas con armas en la mano esconden su miedo. Posan como fuertes, pero allá en sus pantalones, las piernas están temblando: ¡miedo! Sobre este asunto veáse el film: “El rescate del soldado Ryan”.

Podrán ser personas con tendones, con pies firmes, juntas, reunidas a modo de “la casa de Israel”, de “sinagoga”, de asociación, y de tantas otras formas.

De todos modos, al colocarnos en pie, el Espíritu apuesta por lo comunitario. Al hacernos ver tendones, el viento de los valles promueve también la unión de las personas.

Que vivan tales “tendones” con mucho “poder”, para que nos libre del “ejército”. Los huesos del valle no necesitan de él.

¡Es lo mismo! Los huesos, vistos por Ezequiel en el valle, eran subproductos de ejércitos. Los babilonios –señores en sus tiempos- tenían gusto en mutilar y deportar, “exterminar” en el lenguaje del v.11. Eran eximios torturadores, como lo habían sido sus antecesores, asirios y como lo fueron y son sus sucesores hasta el día de hoy. Producir huesos es su especialidad. Y quien, con armas, se opone a tales máquinas de hacer huesos, que son los ejércitos, no hace otra cosa que, igualmente, producir huesos. Fue por esto lo que Isaías ya decía: quien no cree (es decir: apuesta por el ejército) , no permanece. (Vea ¡Is 7,9b!) ¡Transforma los huesos!


Milton Schwantes
rua Camilo José 78
Vila Dom Pedro I - Ipiranga
 São Paulo – SP
04125-140
Brasil


Sobre este capítulo y el libro de Ezequiel consulté, de seguido, el amplio comentario de Walter Zimmerli, Ezechiel, vol.1 y 2, Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1969, 1272p. [traducción al inglés: Ezequiel 1+2, Philadelphia, Fortress Press,1983]. Además de este extenso comentario exegético, ver también: Juan Snoek, “Un mensaje de resurrección desde Babilonia –Análisis de Ezequiel 37,1-14” en Xilotl, Managua, 1991, vol.4, pp. 21-29; Mariano Marchitiello, “Espirito de Deus – Fôlego do povo”, en Mosaicos da Bibli 2 (1991) 7-11; Milton Schwantes, “Quinto domingo da cuaresma-Ezequiel 37,1-14”, en Proclamar Libertação 18 (1992) 103-108; Fausto Beretta y Luiz Pirotti, “Ezequiel – A reconstrução pelo Spírito”, en Estudos Bíblicos 45 (1995) 20-30; José Luis Calvillo Esparza, “Palavra de Yavé-De Ezequiel a Chiapas”, en RIBLA 26 (1997) 111-122.

En nuestros valles hay agua: Dt 8,7; hay fuentes (Is 41,18); hay oportunidad de vida (Gn 11,2). En el valle de Jezrael, Israel renacerá (Os 2,1-3).

Vea la tesis doctoral de José Luis Calvillo, Do corpo macerado ao corpo profético – Visões e gestos corporais como linguagem profética a partir de Ezequiel 3,22-5,4 ,São Bernardo do Campo, Universidade Metodista de São paulo, 1999, 252p.

Pêro Vaz de Carminha, A carta de Pêro Vaz de Carminha- Primeiro relato oficial sobre a existência do Brasil, adaptada por Jaime Cortesão, São Paulo, Publifolha, 1999, p. 19.

Véase también, en este contexto, el ensayo de Ludovico Garmus, “Traços apocalípticos em Ezequiel 38-39”, en Estudos Bíblicos 65 (2000) 26-34.

Hay referencias a los cuatro vientos también fuera de Israel. Al respecto, ver Wallther Zimmerli, Ezechiel, vol.2, Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1969, p. 895 [Traducción al inglés:Ezequiel 2, Philadelphia, Fortress Press, 1983].

Es un intérprete, ver en el v.9 Harald Martin Wahl, “ ‘Tood und Leben’ – Zur Wiederherstellung Israels nach Ezechiel 37,1-14”, en Vetus Testamentum 49 (1999) 225.

Ver Bernhard Lang, “Street Theater, Raising the Dead, and Zoroastrian Connection inEzekiel’s Pprophecy”, en Ephemerides Theologicae Lovanienses 74 (1986) 227-316.

En términos poéticos, las frases y repeticiones de los versos 5-6 conforman un bello esquema. De él se desprende que la llegada o dádiva del Espíritu se conforma en la constitución de tendones, carne y piel. Por esto el Espíritu “en vosotros”, en concreto, es el Espíritu “en torno de vosotros.”:
                4Dijo a mí:
                ¡Profetiza sobre estos huesos!
                Dirás a ellos:
                                Huesos secos, oíd la palabra de Yavé:
                                                5Así dice el Señor Yavé a estos huesos:
                                                    He aquí que estoy haciendo llegar en vosotros un espíritu y viviréis.
                                                                6Pondré                 sobre vosotros tendones,
                                                                 haré subir             sobre vosotros carne,
                                                                 extenderé             sobre vosotros piel,
                                                    pondré en vosotros espíritu,
                                                                y viviréis y sabréis que yo soy Yavé.

Sobre “lo nuevo” en la profecía, ver, en especial: Gerhard von Rad, Teologia do Antigo Testamento, vol.2, São Paulo, ASTE, pp. 167-178 [“O novo na profecia do 8º século”].

Porões’ era un pueblo de negros africanos, llegados a Brasil; este pueblo vivía en unas cabañas, llamadas ‘senzalas’ (N.d.T.)

Respecto a este v. 19 del cap.3º de Habacuc, se refiere el minucioso estudio de Domingo Sávio da Silva, Habacuc e a resistência dos pobresTradução critica do profeta Habacuc, Aparecida, Editora Santuário, 1999, 343p. Sobre Habacuc, vea, ahora, Luiz Alberto Teixeira Sayão, O problema do mal no livro de Habacuc, São Paulo, Universidade de São Paulo, disertação de mestrado, 2000, 145p.

Pienso en Paulo Freire, Pedagogía do oprimido, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 27ª edição, 1999, 184 p. (Coleção O mundo Hoje, 21) y recuerdo también un bello libro de Clodovis Boff, Teologia del pie-en-el-suelo, Petrópolis, Editora Vozes, 1984, 4ª edição, 227p.

Geraldo Vandré.

Ésa es la traducción de João Ferreira de Almeida, A Biblia Sagrada – Antigo e Novo Testamento, Río de Janeiro, Sociedade Bíblica do Brasil, 1969, p. 853.

Biblia – Tradução Ecumênica/TEB, São Paulo, Edições Loyola, 1994, p. 856.

Biblia Sagrada – Edição Pastoral, São Paulo, Edições Paulinas, 1990. 1128; A Bíblia de Jerusalém, São Paulo, Paulus, 1995, p.1660; Bíblia Sagrada, Petrópolis, Editora Vozes,1982, p. 1072.

La Biblia Latinoamericana, Madrid, Ediciones Paulinas/Verbo Divino, 1989, p. 581.

Veáse Walter Zimmerli, Ezechiel, vol.2 Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1969, p. 885+896 (Biblicher Komentar Altes Testament 13/2).

Retomada también por Harald Martin Wahl, “Tod und Leben’ – Zur Wiederherstellung Israels nach Ezechiel 37,1-14”, en Vetus Testamentum, vol.49, Leiden, E.J. Brill, 1999, p. 236

Biblia Sacra – Vulgata, Stuttgart, Württembergische Bibelanstalt, 2ª edição, 1975.

Con respecto a la paz en Isaías y en otros fragmentos del Antiguo Testamento, ver Hans Walter Wolf, Frieden ohne Ende – Eine Auslegung von Jesaja 7,1-7 und 9,1-6, Neukirchen, Neukirchener Verlag, 1962, 90p.

Septuaginta (editada por Alfred Rahlfs), Stuttgart, Würtenbergische Bibelanstalt, 8ª edição, 1965, p. 838. De acuerdo con la Septuaginta de Göttingen no existen variantes importantes con relación a nuestro versículo 10. Ver Septuaginta – Vetus Testamentum Graecum (editada por Joseph Ziegler), Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 2ª edição, 1977, p. 268.

Walter Baumgatner, Hebräisches und aramäisches Lexikon zum Alten Testament, Leiden, E.J.Brill,1967, pp. 298-299 [traducción al inglés: The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament,
Leuven, E.J.Brill, 1994, pp. 311-312], idéntico significado encontramos en Wilhelm Gesenius, Hebräisches und aramäisches Handwörterbuch, Berlín, Springer Verlag, 17ª edición,1962, p.228. Para Luis Alonso Schökel, el primer sentido de hayil es militar; pero él no cita a Ez 37,10, expresamente, entre los textos que el término tendría el significado de “ejército”.

Ver al respecto de las torturas asirio-babilónicas, el artículo de Erika Bleibtreu, “Grisly Asirían Record of torture and Death”, en Biblical Archeology Review, Washington, Biblical Arqueological Society, 1991, pp.53-61.

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.