
La enfermedad y la sanación entre los Barghwes de Mozambique
Romão F. J. Capossa
Introducción
Siempre es embarazoso hablar de África o de algún asunto relacionado con ella, sobre todo cuando es un africano el que tiene que hablar acerca de este continente. Los historiadores, antropólogos, periodistas, turistas y otros (todos ellos extranjeros) ¡hablan de África como si fuese una aldea donde toda la gente se conoce y es consanguíneo uno de otro! Un hecho que sucedió en un determinado punto de este vasto continente, con una superficie de 30.335.000 km2, 53 países, se entiende e interpreta como si hubiese sucedido en todos los lugares y al mismo tiempo y que todas las personas tuviesen conocimiento de ese acontecimiento. Por lo tanto, infelizmente se tiene una imagen distorsionada, y, hasta cierto punto, repleta de preconceptos, de lo que es verdaderamente la madre África. Esto es evidente en los reportajes periodísticos y televisivos. ¿Acaso alguien nunca lo vio? ¿Y usted lo vio? ¿Con qué imagen quedó sobre el África?
Algunas personas sabiendo que soy de África, emocionadamente me preguntan acerca de las selvas y de los animales, como si ellas formaran parte de mi legado familiar, ya que el concepto de familia en África es muy amplio. Otras veces la pregunta es sobre la violencia, muerte y pobreza como si en ninguna otra parte del mundo no hubiese muerte y asesinatos, guerras, miserias, enfermedades, hambre, etc. Quiero tomar una actitud apologética sobre el África y decir que ninguno de esos males existe. Existen, pero no en la misma forma como se piensa y se habla. Es raro que la gente pregunte por las cosas maravillosas que existen allá.
A priori, me parece que esa forma de pensar no tiene nexo, aunque tiene su razón de ser: no sería lícito ni justo decir en este pequeño artículo, que las informaciones sobre la sanación y la enfermedad entre los barghwes de Bozambique, África, es común en todas las partes de África; no es esta la finalidad de este artículo. Quiero situar el asunto en este grupo clánico concreto: los barghwes. Aún así, soy consciente de que muchos aspectos quedarán fuera, pues, a pesar de ser africano, y descendiente de los macombes, no soy perito en cuestiones relacionadas con la cultura y la filosofía bargwe. Por lo tanto, sólo pretendo tocar uno que otro elemento. No es un estudio detallado.
1. La concepción de lo humano
No se puede hablar de sanación y de enfermedad prescindiendo de la idea que este grupo clánico tiene respecto a lo humano. El ser humano es visto como un ser finito, limitado en el espacio y en el tiempo; pero es limitado en la medida en que vivir como verdaderamente humano es vivir para siempre en compañía de sus padres, los antepasados. Ese humano tiene un cuerpo, el soplo y la sombra. La interacción entre esas realidades tiene un nombre: fuerza vital. Los barghwes viven de tal suerte que esa interacción, la fuerza vital, no quede debilitada. El debilitamiento de ella produce enfermedad, muerte.
La persona humana, como núcleo de relaciones, busca hacer todo lo que esté a su alcance para sostener la fuerza vital. En principio, toda la relación debe estar en función de la fuerza vital. Todo lo que es contrario debe ser proscrito, pues, constituye la puerta de entrada de la muerte, de la enfermedad. Por lo tanto, cualquier falla en esta interacción del cuerpo, soplo y sombra disminuye la fuerza vital y puede ser fatal.
2. Causas de la enfermedad
La enfermedad tiene dos causas principales, a saber, natural y provocada (intencionalmente), científicamente hablando. Pero entre los barghwes la idea de causa natural no tiene mucho peso, ya que la enfermedad no aparece por casualidad, como veremos más adelante. La intención de provocar la enfermedad puede ser malévola o pedagógica. Es malévola cuando el agente causador está imbuido del deseo de debilitar la fuerza vital. El hechicero o la hechicera son quienes tienen esa intención. Usan negativamente los poderes en detrimento de otras personas. Las razones pueden ser el odio, la envidia, los celos, que orquestan las fuerzas de muerte en perjuicio de otros. Pero, la intención pedagógica tiene como agente causador a alguien que fue humano pero que ya no lo es, que hace parte de una dimensión sobrehumana; por ejemplo, el espíritu del antepasado. ¿En qué consiste la pedagogía? Entre los barghwes hay una creencia según la cual los muertos no están muertos. Éstos continúan haciendo parte de la familia de forma diferente. Su presencia es para ayudar a los vivos a vivir de tal modo los aspectos tradicionales (religión, ética, moral) que garanticen la gracia de vivir en la otra vida en compañía de los espíritus de los antepasados.
Cuando esos espíritus del más allá notan que los humanos se olvidan de lo esencial, les mandan alguna enfermedad. El enfermo busca sanar su enfermedad. Va a un curandero. El curandero le dice que la enfermedad se ha hecho presente porque la familia o la persona enferma no han sido fieles a su tradición. La víctima no hará otra cosa que buscar restablecer la comunión con los antepasados observando fielmente lo que manda la tradición. Por lo tanto, el espíritu, en ese sentido, no tiene la intención de perjudicar, de matar, sino de ayudar a la persona a guardar los preceptos preestablecidos culturalmente. La función es pedagógica, correctiva. La finalidad no es debilitar, sino fortalecer lo que la trasgresión puede provocar.
3. La enfermedad y la sanación
La enfermedad es una preocupación de todos los pueblos y culturas. Siempre constituye una amenaza, un atentado a la integridad de la vida. Ella puede causar el sufrimiento y posteriormente la muerte; es decir, la disminución parcial o total de la fuerza vital.
La enfermedad siempre tiene su causa. El pueblo barghwe busca las causas de la enfermedad. No descansa mientras no tiene claro lo que la provoca. Para este grupo clánico es inútil combatir las manifestaciones de la enfermedad. El problema no son las manifestaciones, sino las causas. Por lo tanto, cada enfermedad tiene siempre su causa. El preguntarse por las causas de la enfermedad revela que en el imaginario de ese pueblo, enfermedad y muerte nunca son casuales. Siempre están provocadas por algún agente. En otras palabras, no sucede por casualidad. Por detrás hay una razón que necesita ser descubierta. Mientras no se conocen las causas es inútil comenzar un tratamiento.
El proceso de la sanación comienza exactamente con la búsqueda de las causas de la enfermedad. Es importante conocer las causas. Igual si, a priori, la causa pueda parecer obvia, como una mordedura de cobra venenosa, o la herida con un hacha. La pregunta que se hace es: ¿por qué justamente yo o aquella persona, en aquel momento y en aquellas circunstancias? Por lo tanto, esa mordedura y esa herida con un hacha apenas son una manifestación objetiva de algo subjetivo. Por eso, la manifestación objetiva no satisface.
Puesto que no es fácil saber las causas subjetivas, se recurre a personas específicas, curanderos y curanderas, que identifican la causa de la enfermedad. Y sólo mediante la identificación de la causa puede continuar el proceso de sanación y éste puede tener sus efectos.
¿Cómo y por qué el curandero es capaz de identificar las causas y los causadores de la enfermedad? La respuesta es muy simple. ¡Mediante el trance! Necesitamos recordar aquí que el trance no siempre es usado por los curanderos para identificar las causas y los causadores de la enfermedad. En efecto, el verdadero curandero es un ser humano dotado de ciertos poderes y virtudes. Tiene una mirada penetrante . Esto es lo que lo distingue de un simple mago.
El ser humano de mirada penetrante no siempre necesita entrar en trance para diagnosticar la causa de la enfermedad y su causador, y de lo que se necesita para sanar. Se sirve de la iluminación interior y profunda que tiene. Quizás sea por eso que algunos, en África, en el intento de esbozar una cristología africana, aprovechan esa imagen para referirla a Jesús, el Hombre de mirada penetrante o simplemente curandero, que tiene gestos y palabras que generan vida abundante, en la medida en que restablece la armonía rota entre el cuerpo, el soplo, la sombra, el corazón, la mente.
Ese ser humano de mirada penetrante no usa el proceso científico para identificar al agente causador de la enfermedad. Tiene una fuerza que lo ilumina y lo impulsa a hacer lo que hace. No sólo confía en sus fuerzas, en sus capacidades. Tiene el poder de entrar en comunión con la dimensión espiritual de tal forma que su actuar es de un humano con espíritu.
Cuando hablo que el humano de mirada penetrante no usa el método científico quiero referirme al cientificismo como se lo conoce en occidente. El curandero sí tiene cientificidad, pero a su modo. Por ejemplo, la mezcla o combinación de varios medicamentos y su aplicación no es hecha en forma aleatoria o arbitrariamente. Supone un conocimiento científico propio envuelto con una dosis de intuición y espiritualidad.
El curandero, ese humano con mirada penetrante, después de identificar la causa y al causador de la enfermedad, entra en la segunda fase del proceso de sanación. Prepara los medicamentos con hierbas, hojas o cáscaras de árboles medicinales. Es lo que algunos antropólogos llaman black medicine.
Después de preparar los medicamentos, se administra estos al paciente. La administración sigue su propio ritual. Tiene gestos, hechos acompañados por palabras. Esas palabras tienen un poder eficaz, el poder de las palabras. Por lo tanto, en la sanación tradicional, la virtud de las plantas, de las cortezas o de cualquier otro medicamento está reforzada y orientada por la fórmula que conjura el mal y que induce el proceso de sanación. Este poder de las palabras es, de hecho, el del terapeuta, y los africanos lo consideran como innato y adquirido al mismo tiempo . Esta praxis de gestos acompañados por palabras para la eficacia de la sanación tiene un cierto paralelismo con aquello que la Iglesia, al menos la católica, recomienda para la eficacia de un sacramento: algunos gestos necesitan estar acompañados por palabras. Caso contrario serán gestos sin sentido y hasta cierto punto, ineficaces. También se asemeja a alguna de las prácticas de Jesús en la realización de algunas sanaciones: coloca los dedos en los oídos, escupe, toca la lengua con la saliva, levanta los ojos, suspira y habla (cf. Mc 7,31-4). Podemos afirmar que para la sanación hay tres fuerzas o poderes que interactúan intrínsecamente: las cosas en sí, los gestos y la palabra.
Con el poder del lenguaje el humano del mirar penetrante conjura los malos espíritus y las fuerzas negativas que causan la enfermedad; anula e impide que la voluntad malévola se repita no sólo para la persona enferma como persona individual, sino también para todos sus parientes, e invoca la presencia del poder espiritual, su socio invisible, y se ejecutan cantos apropiados. Por lo tanto, la curación se hace en dos dimensiones, personal y comunitaria, pero con la asistencia del poder espiritual. El espíritu invocado es bueno en la lucha contra las fuerzas ocultas y negativas de la desgracia.
“La sanación no sólo está direccionada a la parte enferma. Ella se extiende a la persona enferma como un todo (cuerpo, soplo, sombra, mente, corazón, espíritu…). Se vuelve absurdo pretender cuidar ahora lo físico y luego lo mental: es toda la persona la que está enferma, aunque la afección enfermiza sólo se manifieste en esta o en aquella región” .
4. Excurso: La mujer como ministra de sanación
En algunas culturas africanas, la mujer también tiene la función de gobernar como reina (= mambo mukadzi), ejerciendo la autoridad sin autoritarismo, es decir, ejerce su ministerio sin la pretensión de dominar y hacer sentir su poder. También las mujeres se implican en el proceso de sanación como protagonistas, como curanderas. Ellas están vinculadas a la sanación, no sólo porque conciben la vida y la llevan dentro de sí, por un período determinado, siete a nueve meses, sino también porque la cuidan, la alimentan con su propio cuerpo y la hacen autónoma. Luchan para preservar y mantener la vida, aunque para ello tengan que contradecir las órdenes de los poderosos (cf. Ex 1,15-21).
Como ya vimos más arriba, el proceso de sanación no se priva del carácter espiritual, religioso, y de invocación a los espíritus protectores, los socios invisibles. Cuando una persona está enferma y va a tratarse con una curandera, ésta, además de diagnosticar la enfermedad y su causa mediante el proceso de trance, que es una de las formas de comunicación con el espíritu que la ilumina en su trabajo, exorciza todo el cuerpo del paciente al pronunciar palabras con autoridad contra la enfermedad, y palabras de expulsión del hechizo que podría ser la causa del sufrimiento de la persona enferma.
La profesión de sanar está básicamente bajo el dominio de las mujeres y “hay todo un conjunto de sabiduría que se transmite de madre a hija. En cada poblado también hay mujeres sabias que transmiten algunos secretos. Por eso, frecuentemente, en la historia, los hombres tuvieron miedo de la capacidad de las mujeres en materia de salud, vida o muerte” . Tienen un don especial: saben lidiar con la muerte. Tal vez esto se deba a su capacidad de saber lidiar con la vida y con la muerte. En efecto, la historia testimonia el trato bárbaro hecho a las mujeres: vistas “como brujas y la cacería de brujas duró siglos, pues los hombres, viendo la manera cómo las mujeres sabían usar los poderes, tanto de los remedios como de las fuerzas sobrenaturales, siempre temieron que usaran esos conocimientos para matarlos” .
5. ¡Jesús, ese curandero!
Es interesante notar que entre los muchos títulos dados a Jesús, en los evangelios y en las comunidades que se formaron después, no encontramos referencias a Jesús como curandero o médico, aunque sutilmente se lo compara a un médico que busca a los enfermos (cf. Mc 2,17). Hay más pasajes donde toda la aldea lleva a sus enfermos para que Jesús los cure, a pesar de que a Jesús no se lo conoce con el título de curandero. Creo que no sería menos teológico atribuir ese título a Jesús y discutir como se ha discutido sobre los títulos Hijo de Dios, Hijo de David, Hijo del Hombre, etc. Tampoco aparece este título en los manuales o tratados de teología del Nuevo Testamento. Yo me pregunto: ¿por qué razón no aparece? ¿Será que no aparece explícitamente como tal? En ese sentido, admiro a algunos teólogos africanos que toman ese título muy en serio, presentando a Jesús como un curandero, aquél que sana todo tipo de enfermedades.
¿Por qué ese título no se encuentra explícitamente en las Escrituras? A Jesús se lo compara con aquél que carga con las enfermedades y los sufrimientos (cf. Mt 8,16-17). ¿Será que en su tiempo era una profesión despreciable? Creo que no. No hay dudas que en el tiempo de Jesús había muchos curanderos o médicos (cf. Mc 5,26), muchas personas que trabajaban procurando restablecer la salud de los débiles y enfermos. Los evangelios hablan de la mujer que había gastado toda su riqueza con médicos que le habían hecho sufrir, y que no se curó (cf. Mc 5,25-34). Ésta es una señal evidente de la existencia de curanderos que trabajaban con sus limitaciones y con los medios que tenían a su disposición. Los médicos trabajaban más con las enfermedades que se manifestaban, sobre todo, exteriormente, como fiebre, heridas, erupciones de la piel, agitaciones. La gente veía algunas enfermedades como castigos de Dios, y nadie se atrevía a sanarlas, a no ser un curandero que seguía otra religión diferente. La enfermedad podía darse debido a una afrenta a Dios, y éste, por medio de la enfermedad, quería castigar al infiel o redimirlo del pecado de sus antepasados. Es cierto que la transmisión del conocimiento se hacía de padres/madres a hijos e hijas, y probablemente era un conocimiento hereditario. No tengo conocimiento de la existencia de escuelas donde se aprendía a lidiar con los enfermos y a sanarles las enfermedades.
Encontramos que los evangelios están llenos de milagros de sanación. Si sacamos los milagros de sanación, el evangelio nos queda muy disminuido.
Jesús es sensible a esa problemática humana. No pierde el tiempo tratando de dar explicaciones sobre el origen de la enfermedad como tal. Es un mal que hace sufrir. Jesús se compadece de las personas enfermas, y no sólo se compadece, sino que interviene y sana. El cura las enfermedades que se manifiestan externamente y también las otras que no se manifiestan; es decir, Jesús cura “la enfermedad natural y la posesión diabólica, él expulsa a los espíritus y sana a los que están enfermos” (Mt 8,16). Las dos acciones van juntas. De igual manera manifiestan su poder (cf. Lc 6,19) y tienen, en último análisis, el mismo sentido: significan el triunfo de Jesús sobre Satanás y la inauguración del Reino de Dios en el mundo, conforme a las Escrituras” (cf. Mt 11,5) .
El mismo Jesús da respuesta a los que habían llegado para preguntarle acerca de quién era él. Jesús les contesta sencillamente, después de haber sanado a muchas personas, lo siguiente: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia la Buena Nueva a los pobres” (Lc 7,22), la sanación entra en su programa pastoral y salvador (cf. Lc 4,18). Es decir, ¡Jesús se muestra como el enviado mediante la sanación que obra entre los enfermos, marginados y débiles!
La sanación que Jesús realiza se diferencia de la sanación que los profetas realizaban; estos tenían que suplicar la sanación como una gracia. Mientras tanto, el enfermo confesaba sus pecados (cf. Sl 6; 41; 102). Aunque hay una cierta semejanza. Entre los profetas o sacerdotes se pedía perdón con anterioridad. Algunas veces también Jesús perdona los pecados antes de la sanación; otras veces él sana y después dice: “tus pecados son perdonados” (cf. Mc 2,5). Algunas sanaciones están precedidas por gestos y seguidas por palabras que son una orden contra la enfermedad (cf. Mc 7,31-35).
6. Algunos relatos y referencias de sanaciones
6.1. Relatos de sanación en el evangelio de Mateo
- Sumario de sanación: Jesús sana y enseña: 4,23-25
- Sanación de un leproso: 8,1-4
- Sanación del siervo de un centurión: 8,5-13
- Sanación de la suegra de Pedro: 8,14-15
- Sumario de diversas sanaciones: 8,14-17
- Sanación de los endemoniados gadarenos: 8,28-34
- Sanación de un paralítico: 9,1-8
- Sanación de una hemorroísa: 9,20-22
- Sanación de dos ciegos: 9,27-31
- Sanación de un endemoniado mudo: 9,32-34
- Sumario de sanaciones: 9,35
- Sanación como testimonio de la misión de Jesús: 11,4-5
- Sanación de un hombre con la mano atrofiada: 12,9-13
- Referencia de sanación del ciego y mudo: 12,22
- Sanaciones en la tierra de Genesaret: 14,34-36
- Sanación de la hija de una mujer cananea: 15,21-28
- Numerosas sanaciones junto al lago: 16,29-31
- Sanación del endemoniado epiléptico: 17,14-21
- Sanación de los dos ciegos de Jericó: 20,29-33
6.2. Relatos de sanación en el evangelio de Marcos
- Sanación de un endemoniado en Cafarnaúm: 1,23-28
- Sanación de la suegra de Pedro: 1,29-31
- Sumario de muchas sanaciones: 1,32-34
- Expulsión de demonios en Galilea: 1,39
- Sanación de un leproso: 1,40-40
- Sanación de un paralítico en Cafarnaúm: 2,3-12
- Sanación del hombre con la mano seca: 3,1-5
- Sumario de diversas sanaciones: 3,10-12
- Sanación del endemoniado geraseno: 5,1-20
- Sanación de la mujer hemorroísa: 5,25-34
- Sumario de algunas sanaciones en Nazaret por falta de fe de la gente: 6,5.
- Sanación de la hija de la siro-fenicia: 7,24-30
- Sanación de un sordo-tartamudo: 7,31-37
- Sanación de un ciego en Betsaida: 8,22-26
- Sanación de un epiléptico endemoniado: 9,14-29
- Sanación del ciego a la salida de Jericó: 10,46-52
6.3. Relatos de sanación en el evangelio de Lucas
- Sanación de un endemoniado en Cafarnaúm: 4,33-37
- Sanación de la suegra de Simón: 4,38-39
- Sumário de diversas sanaciones: 4,40-41
- Sanación de un leproso: 5,12-14
- Sumário de sanaciones: 5,15
- Sanación de un epiléptico: 5,17-26
- Sanación de un hombre con la mano atrofiada: 6,6-11
- Sumario de sanaciones: 6,18-19
- Sanación do servo de un centurión: 7,1-10
- Referencia a sanación de algunas mujeres: 8,2
- Sanación del endemoniado geraseno: 8,27-39
- Sanación de la mujer hemorroísa: 8,43-48
- Autoridad concedida a los discípulos por Jesús: 9,1-2
- Sanación del endemoniado epiléptico: 9,37-43
- Referencia a alguien que expulsa demonios, sanación, aunque sin seguir a Jesús: 9,49-50
- Discusión sobre el poder con el cual Jesús expulsa a los demonios: 11,14-22
- Sanación de la mujer encorvada: 13,10-17
- Sanación de un hidrópico: 14,1-4
- Sanación de los diez leprosos: 17,11-19
- Sanación del ciego de Jericó: 18,35-43
- Sanación de la oreja cortada del siervo Sumo Sacerdote: 22,51
6.4. Relatos de sanaciones en el evangelio de Juan
- Sanación del hijo del funcionario real: 4,46-54
- Sanación junto a la piscina de Betesda: 5,1-18
- Sanación del ciego de nacimiento: 9,1-6
- Referencia a la incredulidad que no lleva a la sanación: 12,40
6.5. Relatos de sanación en los Hechos de los Apóstoles en nombre de Jesús
- Sanación de un alejado: 3,1-9
- Sumario de sanación de multitudes: 5,15-16
- Referencia a sanaciones hechas por Felipe: 8,6-8
- Sanación de un paralítico en Lida: 9,32-35
- Pedro faz memoria de sanaciones de Jesús: 10,38
- Sanación de un alejado en Licaonia: 14,8-10
- Sumario de sanaciones realizadas por Paulo: 19,11-12
- Sanación del hombre con fiebre y disentería en Malta: 28,8
- Sanación de enfermos en Malta: 28,9
Conclusión
La enfermedad y la sanación no son realidades que se deban tratar separadamente. Una supone y postula la otra. La enfermedad es una realidad que preocupa a los pueblos. Cuando ella surge, la búsqueda de la sanación se vuelve incesante mientras la salud y la sanación no se realiza. Existen personas que ayudan a restablecer la salud. Son los curanderos, los humanos del mirar penetrante, los que usan gestos, medicamentos y la fuerza de la Palabra. La enfermedad, dentro del contexto clánico Barghwe, siempre tiene una causa. La sanación se hace después del conocimiento del agente causador, siempre que la enfermedad no se dé por casualidad.
La sanación no sólo acontece en la parte enferma, sino en toda la persona (cuerpo, soplo, sombra). La sanación tiene dimensión personal, social y espiritual. Tiene como finalidad el restablecimiento de la fuerza vital, la vida en su profundidad.
No sólo nos referimos a los bienes que traen la vida, la sanación, la salud, sino a la armoniosa relación con uno mismo, con el otro, con el cosmos, con los espíritus de los antepasados, con los socios invisibles y con la trascendencia o con Dios (=Mulungu ). Por lo tanto, toda sanación “para tener éxito, necesita de alguna forma tomar en consideración las preocupaciones reales de la persona enferma y no sólo los síntomas físicos” . Y Jesús en muchas sanaciones añade una palabra que indica que la sanación se extiende también a la dimensión espiritual: “tus pecados están perdonados” (cf. Mt 9,1-8).
En los evangelios y en el libro de los Hechos encontramos muchas referencias de sanación. ¿Qué es lo que quedaría si quitásemos todos los relatos de sanación de todos los evangelios? Ellos ocupan gran parte del anuncio de la Buena Nueva. Muchas de esas sanaciones generan polémicas, sobre todo con los jefes religiosos de entonces que no acogían de buen grado la actitud de Jesús de sanar incondicionalmente. Y a partir de esa práctica, Jesús anuncia la liberación, la salvación, el perdón de los pecados y la vida.
Ya que la práctica de sanación de Jesús fue importante en su misión, creo que sería pertinente referirse teológicamente sobre la posibilidad de atribuir a Jesús el título de: “el curandero”. Y quizás, desarrollar ese ministerio en las comunidades cristianas; es decir, no reservarlo sólo a unos pocos sacerdotes, exorcistas, designados por el prelado. En efecto, el Espíritu concede muchos dones a los fieles cristianos y uno de los dones concedidos es el de sanación (cf. 1 Cor 12,9.28).
Bibliografía
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Mena López, Maricel y Nash, Peter Theodore (org.), Abrindo sulcos - Para uma teologia afro-americana e caribenha, São Leopoldo, Sinodal, 2a edición, 2004
Mcguire, Meredith B., “Religião, saúde e doença”, en Concilium 234 (1991/2).
Vocabulário de teologia bíblica, Petrópolis, Vozes, 1987
Romão F. J. Capossa
El grupo clánico Barghwe se sitúa en el centro Mozambique, en la costa orienta de África. Es descendiente de los makombes, el último grupo resistene a la ocupación portuguesa.
La expresión “mirar penetrante” es de Ezequiel Gwembe, sacerdote jesuita, teólogo y antropólogo mozambicano.
HEBGA, Meinrad. “A cura na África”, en Concilium 234 (1991/2) 70 [210].
HEBGA, Meinrad. “A cura na África”, art.cit., 75 [211].
Para profundizar esa idea, ver: MENA LÓPEZ, Maricel y NASH, Peter Theodore (organização). Abrindo sulcos - Para uma teologia afro-americana e caribenha, São Leopoldo, Sinodal, 2a edição, 2004. La teóloga y biblista Maricel Mena López defiende la tesis de que la reina de Sabá, de la que habla la Escritura (1Reis 10,1-13), era africana, de la región de Cuch, Etiopía. En muchas regiones africanas la mujer tuvo un papel político fundamental. Por ejemplo, entre los Teve de Chimoio, Mozambique, y entre los haussas de Tchad y Níger, baganda de Uganda. Los mismos compiladores del libro referido más arriba defendieron la tesis de que la Biblia contiene muchas raíces afro-asiáticas.
Más del 70% de los que trabajan como curanderos son mujeres.
José COMBLIN, “Perspectivas de uma teologia feminista”, en SOTER, p. 299.
CULLMAN, Oscar. A formação do Novo Testamento, São Leopoldo, Sinodal, 2003, p. 299.
Vocabulário de teologia bíblica. Petrópolis, Vozes, 1987, p. 246.
“Mulungu” quiere decir Dios en chibarghwe, la lengua del grupo clánico barghwe, centro de Mozambique.
McGUIRE, Meredith B “Religião, saúde e doença”, en Concilium, 234 (1991/2) 102
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