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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

La mujer que sin nombre y sin hombre se salva a sí misma
“Mujer, tu fe te ha salvado” (Marcos 5,25-34)

 Marcia Moya R. y Helmut Renard

Resumen
Nuestra lectura e interpretación de los evangelios ha llevado por siglos el peso de una cristología patriarcal, kyriocéntrica, sobre todo en lo que se refiere a los relatos de los milagros. Jesús camina con los marginados y sana enfermos. Él es siempre la figura central, el salvador y el sanador. Intentaremos leer un texto (Marcos 5,25-34) desde los marginados. Nuestro propósito es acercarnos a la narración de la mujer anónima con flujo de sangre y rescatar su protagonismo en su sanación. Ella rompe con el legalismo; sus deseos de sanarse pueden más que normas y prejuicios sociales. Con miedo se lanza a tocar la vestimenta de Jesús, el curandero. Su atrevimiento libera a Jesús, en camino con Jairo, jefe de la sinagoga, para sanar la hija de éste y le hace optar por los verdaderamente marginados, especialmente por las mujeres, quienes, como miembros de su movimiento en Galilea, le enseñaron mucho de sabiduría y medicina popular. Jesús reconoce y reconfirma la fe sanadora de esta mujer anónima y sin representante. “Tu fe te ha salvado.” Hay que seguir a esta mujer que nos ha dado una pauta para transformar la sociedad que estigmatiza y excluye al pueblo de Dios.

Abstract
For centuries our reading and interpretation of the gospels has been from a patriarchal christological viewpoint, “kyriocéntrica”, especially insofar as it relates to the miracles. Jesus walks amongst the marginalized and heals the sick. He is always the central figure, the saviour and the healer. Let us try to read one text (Mc 5,25-34) from the marginalized viewpoint. The idea is to approach the narration from the point of view of the anonymous woman who had the flow of blood in order to rescue her protagonism in her healing. She breaks with legalism; her desire to be cured goes far beyond the norms and social prejudices. With fear she touches the vestments of Jesus, the healer. Her boldness liberated Jesus, who was on his way with Jairus, the chief of the synagogue, to cure this man’s daughter, and it made him opt for those who are truly marginalized especially the women, who as members of his movement in Galilee taught him much about their wisdom and popular medicine. Jesus recognises and reconfirms the healing faith of this anonymous woman who is unrepresented: “Your faith has saved you”. We should follow this woman who has given us a lead in order to transform a society that stigmatizes and excludes the people of God.

 

Al leer y estudiar el Nuevo Testamento, desde otros puntos de vista, nos resulta difícil a las mujeres cristianas, dejar de lado el peso ideológico y simbólico de la cristología patriarcal en los textos kyriocéntricos . Esta cristología se ha centralizado durante siglos en Jesús, haciendo que las figuras femeninas sean dependientes o periféricas en relación con el personaje masculino central . El protagonista en cada uno de los relatos de milagros ha sido siempre Jesús.

Con los avances en los estudios bíblicos hemos podido constatar que Jesús era uno de los tantos taumaturgos de su época. Y las mujeres que estaban alrededor de Jesús no se mantenían como las mujeres que buscaban una acogida misericordiosa, sino que eran parte de un grupo que buscaba la liberación, tanto para hombres como para mujeres, de todo un sistema de opresión que se venía trayendo desde tiempos antiguos.

Tratar de imaginarnos un tiempo histórico y lejano, no es difícil para las mujeres, pues partimos de nuestra realidad. En el primer siglo de nuestra era, las limitaciones para las mujeres fueron vistas como normales en los espacios político-religiosos. En pleno siglo XXI aún persisten estas mismas limitaciones con la misma sutileza. Por eso, pensar en el primer siglo debe llevarnos a viajar con nuestra imaginación y desatar la creatividad que las mujeres en aquel entonces tuvieron y continúan teniendo. Por limitantes que sean los espacios, el camino sigue siendo siempre recorrido una y otra vez.

Así, en los relatos de milagros sería imposible trastocar la autoría de Jesús. Pero si dilucidamos un poco más profundamente, veremos que lo que sólo parece un acto de magia hecho por Jesús, en realidad se trata de toda una transformación integral como personas sociales y sagradas, tanto de Jesús como de las mujeres.

Los evangelios relatan de diferentes maneras la relación de Jesús con las mujeres; eso nos da a entender que Jesús daba testimonio del aprendizaje que tuvo con ellas . No olvidemos que en todos los tiempos, las mujeres han sufrido una marginación mayor entre el grupo de marginados. Por eso, sus estrategias de reunirse, de compartir la medicina casera y de mantenerse atentas a los acontecimientos sociales para proteger la vida de ellas y de los que les rodeaban, eran más cotidianas. De las mujeres aprende Jesús a entender con facilidad la realidad de toda una sociedad empobrecida.

La cristología tradicional nos ha enseñado a postergar, a través del tiempo, el reconocimiento de la historia de las mujeres que estuvieron en el movimiento de Jesús. Los evangelios han sido testigos mudos de la marginación de las mujeres a la hora de entender los textos. Se ha dejado de lado la contextualización y se ha priorizado la inmediata interpretación, de acuerdo a la realidad actual donde las mujeres ya leen los textos domesticadamente, sin cuestionarlos, ni preguntarse por qué se encuentran escritos así. De esta manera, siempre hay una desventaja de las mujeres, tanto frente a Jesús como frente al resto de seguidores varones.

La figura de Jesús en las teologías europeas y norteamericanas, hechas, por lo general, por hombres blancos, hizo conocer, dentro del imaginario, una imagen de un Jesús de raza blanca. Y con los imaginarios de un grupo selecto, se iba construyendo también la identidad religiosa y teórica, aplicable a las otras culturas.

Por tantas barreras formadas por las construcciones cristológicas, resulta inimaginable para la mayoría pensar en el papel protagónico de una mujer anteponiéndose a Jesús.

El dualismo con el que siempre se lee los textos ha implicado que, de modo natural, al leer el evangelio se ponga como bueno lo masculino, lo varonil, y lo femenino como negativo. Y en la relación de Jesús con las mujeres, se coloca a él como el hombre bueno que las acoge aunque están impregnadas históricamente por el mal. Ha quedado en la memoria de hombres y mujeres, que Dios es un hombre que por intermediación de Jesús se acerca a las mujeres, pero con las que no tiene un contacto directo. El dualismo ha marcado lo puro y lo impuro. Lo puro como sinónimo de lo divino y lo impuro como la causa por lo que no se acerca ni se relaciona con lo divino. Para alcanzar lo puro, la impureza tiene que ser transformada sólo por el intermediario que es puro y que es capaz de hacer conocer lo divino.

Ha sido muy común mantener como tradición cristiana la miseria, con todos sus lados de despojo humano en el cuerpo sangrante de las mujeres. Quien sangra no es fértil, está enferma, esta debilitada, está despojada de sus tradiciones y no se le considera mujer; no es persona del pueblo Dios.

 

El peso de las tradiciones del entorno sagrado

El Nuevo Testamento tiene los mismos símbolos recogidos de los textos del Antiguo Testamento . Es claro ver la discriminación sexista de la época veterotestamentaria: la mujer es discriminada por ser mujer, por ser pobre y por estar considerada impura (Lv 15,19-31). La mujer empobrecida está aislada, en una situación de discriminación sexual que no conoce esperanza .

La determinación biológica y la ubicación por el género son las claves culturales con las que se maneja la estructura social y religiosa, excluyendo el actuar de las mujeres de cualquier posibilidad de reconocimiento público. Es más, las mujeres son el objeto pasivo de la sociedad y de la iglesia.

La discriminación de las mujeres en el mundo judío, justificada por la cultura, por normas religiosas impuestas, asimiladas también por el cristianismo, ha ocultado la lucha de liberación de las mujeres judías para salir del contexto que les silenciaba. También ha pasado lo mismo con las mujeres cristianas que, en su lucha por una liberación, solamente consiguieron el reconocimiento de su ayuda y colaboración y no del trabajo de un accionar apropiativo personal. El empleo religioso de estereotipos culturales de género, sobre todo el papel preponderante de la maternidad y el concepto del ser mujer valorada como esposa, ha llevado a que muchas mujeres, para reemplazar esos papeles, hayan optado por una vida de celibato. Se ha colocado a Jesús como el esposo, cayendo nuevamente en el acomodo del pensamiento dualista, donde cada mujer debe tener esposo y si no lo tiene en la esfera humana, lo debe asumir en forma espiritual. Esto pone en evidencia que al hablar de las mujeres y Jesús, se lleva la discusión al ámbito de la familia, ya que en la antigüedad, como en la actualidad, la posición de las mujeres en la sociedad y en la religión es siempre definida dentro del la familia “patriarcal” .

 

Situaciones en la vida cotidiana de las mujeres judías

En las sociedades antiguas, las mujeres tenían un papel fundamental en la casa o en la familia. En este contexto hay que indicar, que en el seno de la familia se distinguían roles específicos para los hombres y para las mujeres en virtud del sexo .

En el judaísmo, la figura de la mujer es susceptible de las más diversas connotaciones, dependiendo las diferentes épocas .
La mujer judía no estaba habilitada para ejercer funciones cúlticas, no podía ser sacerdote. Su presencia en el templo se limitaba al “atrio de las mujeres” Esta dentro de la consideraciones rituales en las que juega la dialéctica de lo puro e impuro, por ejemplo con respecto a los flujos de la mujer (la menstruación) y el parto , que condicionan toda una serie de prescripciones.

La responsabilidad religiosa de las mujeres incumbe al padre o al marido. Solo los hombres estaban obligados a una plena observancia de la Torá. Por eso en la bendición matutina, los hombres daban gracias a Dios por no haberlos creado paganos, mujeres, ni esclavos .

Las hijas hasta su matrimonio, se quedaban con su madre y le ayudaban en las ocupaciones domésticas y el cuidado de las ovejas (Gn 29,6).

La costumbre mandaba que en lo posible la mujer no se mostrase excesivamente en público; por otra parte el tratar con las mujeres se consideraba como posible ocasión de pecado .

El hombre ejercía un poder absoluto sobre la familia, y la esposa era considerada como su propiedad. Aunque ella estaba protegida por la ley contra posibles abusos (Dt 21-22), jurídicamente quedaba siempre dependiente de su marido .

Sin embargo sabemos hoy que mujeres galileas se reunían para comidas comunes, reflexión religiosa y eventos de curación. Lo hacían porque tenían un “sueño” y seguían una visión de liberación para toda mujer en Israel.

El sistema imperial determinaba la vida de los varones y tenía un impacto mayor sobre las mujeres, ya fueran libres de nacimiento, estuvieran empobrecidas, fueran esclavas o liberadas, mujeres del campo o de la ciudad, viudas o vírgenes, esposas o prostitutas .

Era una situación prácticamente generalizada hasta épocas recientes. Desde mediados del siglo XIX, los movimientos feministas han promovido la emancipación de las mujeres, combatieron la concepción que su vida quedara reducida a la maternidad y a no tolerar más excepciones.

Pero el estado moderno de Israel, ha promovido una ley que somete el estado civil de las personas a la jurisdicción rabínica para impedir las pretensiones emancipatorias de los movimientos feministas actuales. En cambio en el judaísmo reformado se aceptan las diferentes concepciones y conductas modernas que rigen en casi cada país .

Aspectos generales del evangelio de Marcos

Damos ahora un breve vistazo al evangelio de Marcos en el cual encontramos el episodio que nos interesa. El testimonio más antiguo acerca del evangelio de Marcos es el de Papías (hacia el 140 d.C.), obispo de Hierápolis, y se encuentra en su obra “Exégesis de los oráculos del Señor”. Importantes fragmentos de esta obra los conocemos a través de la “Historia Eclesiástica” de Eusebio de Cesarea.
 “Y el Presbítero dijo también esto: Marcos, como intérprete de Pedro, escribió con exactitud, aunque sin orden, todo lo que recordaba de los dichos y hechos de Jesús. El personalmente no escuchó al Señor ni había sido discípulo suyo, sino que posteriormente había sido compañero de Pedro, como ya dije. El apóstol había adaptado su enseñanza a las necesidades (de sus oyentes), pero sin intención de componer un relato ordenado de las palabras del Señor. Así, pues, Marcos no se equivocó al poner por escrito las cosas tal como recordaba, porque su única preocupación fue no omitir ni falsear nada de lo que había oído” .

Si existió una relación entre Marcos y Pedro, de la que hablan los testimonios más antiguos, ésta tuvo que darse después de la composición del evangelio. Si la antepusieron, es porque se necesitaba avalar, con la autoridad de Pedro y de la Iglesia de Roma, un escrito que no tuvo acogida en la primitiva Iglesia .

El cristiano “desconocido”, llamado Marcos, reunió las diversas tradiciones e historias sobre Jesús de Nazaret en una estructura narrativa coherente; lo hizo para fortalecer la fe y la praxis de la comunidad cristiana a la que él escribía. Aunque los especialistas difieren en la valoración de las tendencias teológicas y la situación histórica del evangelio de Marcos, la mayor parte de ellos coincide en que “la tradición jesuánica pretendía dar respuesta en este evangelio a las necesidades, responsabilidades, concepciones, ansiedades, conflictos, y debilidades que caracterizaban a su comunidad en aquellos momentos” . El tipo de comunidad a la que Marcos se refiere, queda reflejada en la descripción de la relación de Jesús con sus discípulos, sus preguntas, reacciones y fracasos .

En Marcos, las mujeres que siguieron a Jesús desde Galilea a Jerusalén son calificadas de testigas apostólicas, mientras que en el libro de los Hechos de los Apóstoles se apunta a los doce apóstoles varones. “Las mujeres bajo la cruz” indica que la comunidad de Marcos, con sus dirigentes, no hacía discriminaciones sociales, religiosas, sexuales ni étnicas. No reconoce más las leyes de pureza cúltica y rechaza, para su organización, el esquema de dominio-sumisión, reflejo de la sociedad greco-romana que estaba dominando en aquel entonces .

Se considera que Marcos escribió para cristianos de origen no judío y que además no vivían en Palestina. El autor no hace énfasis en la Ley ni en la Nueva Alianza, sino que pone empeño en explicar las costumbres judías, en traducir las expresiones arameas y en subrayar el significado del evangelio para los paganos .

Teniendo en cuenta lo anterior, el lugar de composición del evangelio, según Clemente de Alejandría, Jerónimo, Eusebio y Efrén, sería Roma. Crisóstomo, en cambio, opina que fue en Alejandría. Otros argumentan que fue en Antioquia, por las razones de relación con Pedro en Antioquia y la mención de Simón de Cirene .

La mayoría de los críticos datan este evangelio entre los años 65-75 d.C. En 1972 la propuesta de J. O’Callaghan, al identificar el fragmento de papiro de la cueva 7 de Qumrán, conocido por las siglas 7Q5, como Mc 6,52-53, obligaría, de ser cierta, a datar el evangelio de Marcos antes del año 50. Dicha propuesta ha sido revisada por C.P.Thiede, llegando a la conclusión de que los argumentos de O`Callaghan están sólidamente fundados. A un idéntico resultado se ha llegado en el simposio celebrado en 1991 en la Universidad Católica de Eichstadt sobre esta cuestión . Pero la datación del evangelio a una época más temprana, puede darse también por ciertos datos que el mismo evangelio proporciona. En todo caso, todavía no se ha dicho la última palabra acerca de la datación del evangelio de Marcos.

 

Hilvanando el texto con énfasis en símbolos culturales

La sangre: “Una mujer que padecía flujo de sangre…”. La sangre que recorre el cuerpo es portadora de la fuerza en un sentido especial. Para los pueblos antiguos parecía incluso la materialización de la vida. Según tradiciones de Mesopotamia, la sangre era el elemento divino de los seres humanos, porque fueron creados de la sangre de los dioses sacrificados. El color rojo es el color de la vida .

En muchas culturas, la sangre siempre ha tenido un significado religioso y biológico de la vida. La sangre fue valorada como el mismo espíritu y aliento . En el pueblo judío la sangre ha sido considerada como la vida misma.

En el Antiguo Testamento la palabra sangre se emplea de diferentes y muy significativas maneras. Cuando se derrama la sangre, se ha terminado la vida de una persona; porque la vida está en la sangre. La vida es don de Dios, así que nadie debe derramar la sangre .

La sangre de la menstruación se consideraba impura y exigía un tiempo de impureza (Lv 15,19.30). En la sangre vive el alma (Lv 17,11). Puesto que la sangre es pura fuerza vital, puede gritar al cielo (Gn 4,10). El creador de la vida vengará toda sangre derramada .

En el cristianismo, la sangre mezclada con el agua que fluye de la llaga de Jesús crucificado, recogida en el Grial, es como brebaje de inmortalidad y como símbolo eucarístico.

Doce: “Una mujer que padecía... desde hacía doce años”. Es un número importante para diferentes culturas y en diversas circunstancias. La totalidad del pueblo de Dios se manifiesta en los doce hijos de Jacob, en las doce tribus de Israel. Doce es el número de los llamados “doce profetas”, y el número de los apóstoles elegidos por Jesús. La mujer vestida de Sol lleva “una corona con doce estrellas” (Ap 12,1). En el Apocalipsis el doce es el número de la plenitud .

La epopeya de Gilgamés está dividida en doce tablas. El templo de Marduk en Babilonia tenía doce puertas. Los egipcios atribuyeron al sol, conforme a su curso de doce horas de luz. Diversas religiones antiguas tenían doce dioses; en el mercado de Atenas estaba el altar de los doce dioses como centro de la ciudad. La ley de las doce tablas constituía la base de los derechos romanos .

 

Jesús, uno de los curanderos de su tiempo

Magos, curanderos y taumaturgos han existido siempre y no sólo en la tierra de Israel. En la región oriental del Asia Menor, en el siglo I d.C., se conoce de Apolonio de Tiana y de Simón, el mago de Samaría. En la lectura posbíblica se atribuye exorcismos a Abraham y a Tobías. Flavio Josefo habla de un exorcista llamado Eleazar. En Israel son conocidos dos famosos taumaturgos Honi y Hanina ben Dosa que se caracterizan, en la tradición de Elías, por los prodigios mágicos realizados con la oración. Esto corresponde, en ciertos aspectos, a la presentación de Jesús realizada por la tradición sinóptica . En el Talmud se cita a Yohanan ben Zakkay a quien, según la tradición rabínica, se le atribuye milagros obtenidos con la oración, curaciones milagrosas y, en particular, una curación a distancia como la que hizo Jesús .

En tiempos de Jesús, se conocía también hermandades de curanderos y lugares famosos de curación. La piscina de Betesdá (Jn 5,2-3) fue considerada como dotada de un simbolismo muy particular por su maravilloso poder de curación. El dios “Serapis” tenía un santuario allí. Una tradición judía veía en el borboteo del agua el efecto de una intervención angelical. La acción de Jesús y su poder de sanar va a eclipsar la fama de muchos terapeutas locales . El NT permite reseñar un gran número de enfermedades y dolencias tales como la ceguera, la sordera, la mudez, la esterilidad, los reumatismos, las hemorragias, la apoplejía, la afecciones de los nervios como epilepsia, la locura, etc. Las enfermedades se propagaban fácilmente, a pesar de las prescripciones de la ley sobre la limpieza. La profesión de médico “curandero”, al parecer, no era muy apreciada, por estar en contacto con los impuros, ya que la enfermedad se relacionaba también con los pecados y con el castigo. Jesús cura a los enfermos (Mt 10,8; 11,5; Jn 9,3). Sus seguidores asumen como un carisma el don de curar (1Co 12,28). La imposición de las manos que se relata varias veces en los evangelios, también era una técnica taumatúrgica frecuentemente empleada en la época .

Jesús procura curar a los dolientes con los medios de la medicina popular. Sus discípulas y discípulos colocan sus conocimientos de medicina casera al servicio de las personas que sufren enfermedades y buscan desesperadamente la curación. El poder de Jesús no es el de un simple curandero o realizador de milagros, aunque, en el momento de colocar las acciones de Jesús a favor de los enfermos y enfermas, ése es el énfasis dado por los evangelios.

 

La mujer que “padecía flujo de sangre” se sana y salva a Jesús

El texto de la hemorroisa (mujer con flujo de sangre) aparece en el tercer relato de “resurrección”, como cuenta el texto. Jairo, el jefe de la sinagoga y padre de la niña, desea que Jesús le imponga las manos a su hija que esta moribunda. Ella tenía doce años. Era la edad en que las mujeres judías podían casarse; y también doce años sufría de flujo la mujer, probablemente el tiempo de mejores condiciones para la fertilidad. Estas historias se entrelazan tanto por el número doce como por los estados de impureza de ambas al ser tocadas (Nm 19,11).

En el camino, cuando Jesús acepta acompañar al padre de la niña, de pronto, en medio de la multitud, un incidente irrumpe el cortejo que va a casa de Jairo. Una mujer en medio del apretujamiento de la multitud busca curación en Jesús. Algunos describen la enfermedad de la mujer como una metrorragia crónica; son las opiniones comunes en torno a la enfermedad de la mujer basada en lo que dice el Levítico, que además de atormentarla físicamente, le hacía legalmente impura y además transmisora de la impureza . Según el Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo, la mujer quizá sufría una hemorragia vaginal por fibroma .

Los tres evangelios sinópticos cuentan la historia de esta mujer sin nombre ni representante, ya sea éste el padre o el marido. “Sufría de flujo de sangre desde hacía doce años” (Mt 9,18-22; Mc 5,25-34; Lc 8,43-48). Pero Marcos coloca la historia más dramática. “Había gastado todos sus bienes consultando a muchos médicos” pero “sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor”; estas palabras dejan ver la situación de empobrecimiento económico al que está sometida la enferma incurable. Para ella los problemas están en su dolencia corporal, al tener una enfermedad incurable, y en su permanente estado de impureza ; se habrá sentido impura hacia su interior y con todo lo que tenía contacto (Lv 15,19-31). Por su estado de impureza estaba excluida de la comunidad, del pueblo de Dios . La ley le obligaba a evitar todo contacto con las demás personas y a éstas de evitarla . Ella no es considerada persona dentro del ámbito cultural, donde los papeles y roles sociales eran impuestos a las mujeres.

Se consideraba el flujo menstrual de las mujeres como una figura simbólica de la infidelidad del pueblo. La enfermedad era juzgada por los círculos rigoristas como el signo presente para excluir al pueblo no observante que lo mantenía en continuo estado de inferioridad y marginación .

La mujer padecía desde hacía “doce años”, cantidad que conecta también con la edad de la hija de Jairo. Las dos figuras no tienen nombre propio ni rasgos personales; ellas representan al grupo de los y las marginadas sociales por las instituciones religiosas que son las que determinan los valores socio-político-religiosos.

La mujer con flujo de sangre está en impureza continua. La ley de Moisés le aleja de la estructura socio-cultural y del derecho de ser heredera de la memoria de sus antepasadas; por su sangrado permanece estéril, sin futuro que proveer, ni memoria que dejar. La sangre como símbolo de vida se pierde sin poder contenerla, experimentando una muerte lenta. La ley mantiene a este sector del pueblo imposibilitado para recibir la protección de Dios y la aceptación de la comunidad, quedando los y las marginadas en la indigencia y sin poder tener salud. Pero el texto también deja ver la insistencia de esta mujer para salvar su vida a lo largo de doce años, periodo en el cual ella recurrió a muchos médicos y terminó con todos sus bienes. Muchos médicos se han beneficiado en muchas oportunidades de todos sus bienes y en lugar de mejorarla la empeoraron, la dejaron cada vez más imposibilitada para lograr la salud/vida. Así, un sector del pueblo quedaba cada vez más reducido a la miseria. Ni el esfuerzo, ni el dinero de la enferma eran valorados por los mediadores de la salud, quienes, gracias a su ineficacia profesional, podían mantener un nivel de vida que les incluía entre el pueblo elegido.

Por doce años la mujer se ha mantenido dentro de las concepciones que la ley religiosa imponía y actuaba como “Dios manda”, aceptando que su marginación estaba justificada y era parte de ese sistema. Todo esfuerzo que hacía se volvía cada vez más inútil.

Cuando ella terminó con todos sus bienes (para el sistema social ella ya no tenía nada, pero había escuchado hablar de Jesús y sus curaciones milagrosas) se puso en camino para formar parte de la muchedumbre de enfermos, que apretaba a Jesús cuando él iba a la casa de Jairo. Esta mujer sacó la fuerza para abrirse paso y pensaba “si toco tan sólo las vestiduras de él seré sanada”.

El contacto, tanto con el taumaturgo como de los enfermos y enfermas es importante para la curación. Se habla que un gran número de estas personas acudía a Jesús para tocarlo o eran llevados hasta él para tocarlo. Se consideraba que el taumaturgo estaba cargado de una fuerza curativa . La mujer sólo deseaba tocar sus vestiduras; no le tiene que explicar su padecimiento, sino que ella sabe que con sólo tocar será sanada/salvada, aunque tocar a un desconocido, no obstante sea un sanador popular, puede considerarse indigno o malo .

Jesús caminaba acompañado del jefe de la sinagoga y de sus discípulos; había una muchedumbre. Pero él tenía en mente una petición determinada que cumplir. Ella lo tocó y al instante, se secó el flujo de sangre y conoció en su cuerpo que había sido sanada. “Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud…” Hubo algo que le hizo sentirse a sí mismo. “Reciprocidad” es la clave para descubrirse a sí mismo a través del otro/a. La mujer con la fuerza de la sanación que requería su cuerpo, estimulaba a Jesús como sanador, que en el momento de ser tocado sentía una fuerza interior que sólo experimentó con ella y no con toda la muchedumbre que también le estaba tocando. Él reaccionó con asombro y de modo diferente al ser tocado. “¿Quién me tocó las vestiduras?”. La vestidura no es algo casual sino que refleja algo del ser interior de la persona . “¿Quién ha tocado la profundidad de mi ser?, ¿Quién ha hecho de mí su sanador?”. Pero le respondían también con extrañeza sus discípulos ya que la muchedumbre le estaba tocando. Mujeres y hombres socialmente enfermos lo tocaban, buscando ser sanados. Jesús no estaba satisfecho con la explicación que le daban y se mantenía en actitud de espera, hasta que salió un cuerpo tembloroso por los efectos de la curación, un cuerpo de una mujer que sólo conocía el dolor; ella estaba adquiriendo fuerza para revelarse a sí misma, se acercaba y caía ante Jesús; contaba su historia de padecimiento como una denuncia de su marginación, y que, a pesar de doce años de enfermedad, nunca se había dejado abatir por la desesperanza. Deseaba un día estar libre para contar su historia. Tenía temor de revelarse en medio de la muchedumbre enferma, donde sólo ella había sido sanada/salvada. Tenía temor de revelarse ante Jairo, el jefe de la sinagoga que iba con Jesús, porque en una sociedad de clases, los primeros favores recibían los de influencia y no los que por vida estaban destinados a ser los últimos/as. Pero el jefe, que representaba al legalismo que excluía a esta mujer de la sociedad, tenía que aprender de la fe de ella, para obtener un milagro más grande en su hija . La mujer con flujo de sangre recordaba a Jesús que también ella era parte del pueblo de Dios y su acción le exigía a la muchedumbre tener más fe en sí mismas/os, porque quien tiene fe en sí mismo está capacitado para tener fe en la otra persona. Quién ha sido sanado/a está capacitado/a para ser sanador/a.

El episodio no concluye con preguntas sino con afirmaciones. “Hija, tu fe te ha sanado, vete en paz y sé sana de tu aflicción”. Esta mujer por su perseverancia y su fe, ha sido reconocida públicamente por Jesús, el sanador, como hija de antepasados/as, heredera de las tradiciones y de la Alianza, ha sido sanada y salvada de las humillaciones de ser empobrecida por los médicos, aislada por impura, lo que le había provocado aflicciones corporales, mentales y sociales. Esta mujer se insertaba en la sociedad como un sueño por fin alcanzado con su perseverancia y fortaleció a Jesús no sólo para sanar sino para resucitar a la hija de Jairo. El relato de esta mujer nos clarifica que el encuentro y la transformación de la enfermedad en sanación, era la práctica de las mujeres y de Jesús en su movimiento.

Fue una de tantas mujeres en el movimiento de Jesús, olvidadas y silenciadas en la historia y en el anonimato, que por su fe confirma a Jesús como sanador y le sana en el descubrimiento de su verdadera misión.

 

Arrumando nuestras memorias

En estos tiempos, se hace necesario restaurar los imaginarios femeninos históricos. Es importante para las y los creyentes de Jesús, ampliar la fe hacia las mujeres que estuvieron, al igual que él, en el movimiento de transformación por una sociedad judía más justa.

Al igual que el hombre Jesús, debemos creer en la mujer y reconocer sus valores que le hacen transgresora y libre a la vez. No se puede esperar que venga un salvador como la tradición ha pregonado por siglos, sino que hay que sacar a la salvadora que está dentro de toda mujer, para superar las barreras patriarcales. Con el gesto “tocar la vestimenta”, hay que tocar más allá de las fronteras que la sociedad patriarcal nos impone. No es en el templo, no es en la sinagoga donde esta mujer protagoniza su salvación, ni sana a Jesús de su ceguera frente a los demás necesitados que no tienen un Jefe que les represente. Es en la calle, donde al paso se puede ir experimentando el contacto con los que no entran dentro de la institución, con los que son rechazados y son abandonados a su propia suerte.

La mujer representa al pueblo, un pueblo que sufre continuamente y siente desangrarse; sus fuerzas se agotan buscando sanación, una sanación/salvación que le hace ser reconocido como personas, como los que dicen no estar enfermos. La mujer necesita de Jesús, un hombre conocido y reconocido, para hacer evidente su integración en su medio cultural y tanto él/ella se sanan/salvan. Lo importante en ella es que nos hace notar que nunca se sintió perdida, sino que perdida está la sociedad patriarcal que envenena con tantos prejuicios contra las mujeres; estos prejuicios, que son el miedo a perder el poder, son puestos en evidencia a través de la historia rescatada de las mujeres. Y el texto de Marcos deja claro que Jesús está en el centro y que la mujer es sólo un objeto para hacer notar más sus prodigios como hijo de Dios, que acoge a la mujer, la no-persona.

En nuestras vidas cotidianas, hemos comprobado que no todo lo que vemos nos ve; por eso, Jesús queda sanado/salvado por la mujer con flujo de sangre, porque él sufre de ceguera social. La mujer le posibilita una mirada para reconocer a los que también son parte del Pueblo de Dios y crea sensibilidad en su cuerpo como sanador/salvador.

 

Bibliografía

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Marcia Moya R.
Robles 610 y Juan León Mera
Quito
Ecuador

Helmut Renard
P. Damian 195 y Obispo Díaz de la Madrid
Quito
Ecuador

Término usado por Elisabeth Schüssler Fiorenza en sus diferentes aportes, para resaltar la visión de Jesús como “Señor”. Vea la Bibliografía al final.

Elisabeth Schüssler Fiorenza, Cristología feminista crítica - Jesús hijo de Miriam, profeta de la sabiduría, Editorial Trotta, Madrid 2000, p. 122.

Elisabeth Schüssler Fiorenza, Cristología feminista, p. 114.

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Johan Maier, “Diccionario del judaísmo”. EVD, Estella 1996, p. 292.

Ibid. p. 334.

Ibid. p. 292.

Xavier León-Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento, DDB, Bilbao 2002, p. 70.

Johan Maier, op.cit., p. 292.

Xavier Leon-Dufour, op.cit., p. 68.

Elisabeth Schussler Fiorenza, op.cit., p.134.

Johan Maier, op.cit., p. 292.

Juan Mateos y Fernando Camacho, El evangelio de Marcos - Análisis lingüístico y comentario exegético, Ediciones El Almendro, Córdoba 1993, p. 1.

Juan Mateos y Fernando Camacho, El evangelio de Marcos, p. 3.

Elisabeth Schüssler Fiorenza, En memoria de ella, Desclée de Brouwer, Bilbao 1989, p. 378.

Cf. Elisabeth Schüssler Fiorenza, En memoria de ella, p. 379.

Ibid, p. 384.

Augustin George y Pierre Grelot, Introducción crítica al Nuevo Testamento, Herder, Barcelona 1992, p. 291.

Ibid, p. 292.

Juan Mateos y Fernando Camacho, El evangelio de Marcos, pp. 3-4.

Hilvanar se refiere a una acción inacabada, porque todavía hay más elementos que se podría utilizar para abordar el texto, como un paño que se puede cocer de muchas maneras.

Manfred Lurker, Diccionario de imágenes y símbolos de la Biblia, Ediciones El Almendro, Córdoba, 1994, p. 204.

Jean Chevalier-Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Herder, Barcelona 1999, p. 910

Diccionario bíblico abreviado, EVD, Estella 1989, p. 271.

Manfred Lurker, Diccionario de imágenes, p. 204.

Ibid, p. 990.

Ibid, pp. 89-90.

Ibid, p. 89.

E. W. Stegemann, Historia social del cristianismo primitivo, EVD, Estella 2001, p. 228.

Ibid, p. 230.

Un dios greco-egipcio de la época ptolomeica, adorado en casi todo el área del Mediterráneo como un dios salvador de ultratumba, fecundidad y de oráculos

Maurice de Cocagnac, Los símbolos bíblicos, DDB, Bilbao 1994, pp. 382-383.

Comentario bíblico internacional, EVD, Estella, 1999.

Luise Schottroff, Mulheres no Novo Testamento, Edições Paulinas, São Paulo 1995, p. 29.

Juan Mateos y Fernando Camacho, El evangelio de Marcos, p. 472. Derret, “Mark’s Technique”, pp. 475-479, adoptando un punto de vista historicista, especula si se pudo tratar de hemorroides.

NCBSJ – NT, EVD Estella 2004, p. 33.

Elisabeth Schüssler Fiorenza, En memoria de ella, p. 169.

Ibid, p. 168.

Lv 15,25: “cuando una mujer tenga flujo de sangre durante muchos días, fuera del tiempo de sus reglas o cuando sus reglas se prolonguen, quedará impura mientras dure su flujo como en los días del flujo menstrual. Todo lecho donde se acueste mientras dura su flujo será impuro como el lecho de la menstruación, y cualquier mueble sobre el que se siente quedará impuro como durante la impureza menstrual. El que la toque quedará impuro.”

Juan Mateos y Fernando Camacho, El evangelio de Marcos,p. 473.

Joachim Gnilka, El evangelio según San Marcos, vol.1, Editorial Sígueme, Salamanca 1986, p. 251.

Elisa Estévez López, El poder de una mujer creyente, EVD, Estella 2003, p. 398.

Manfred Lurker, Diccionario de imágenes, pp. 240-241.

Elisa Estévez López, El poder de una mujer creyente, p. 427.

Maurice de Cocagnac, Los símbolos bíblicos, p. 380.

 
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