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¿Casa del tesoro o casa de la provisión? - Una lectura de Malaquías 3,10

Esteban Arias Ardila

Resumen

En el presente artículo se pretende mostrar que en Malaquías 3,10 "la casa de la provisión" no debe formar parte del templo, ni del palacio del rey, sino de la aldea campesina. Por eso, el mensaje no consiste en exigir el pago de los diezmos al templo sino en proponer un sistema económico cuyo centro de gestión es la casa de las provisiones. Así, el diezmo es librado del fraude sacerdotal.

 Introducción

Es una alegría tener la oportunidad de participar en el presente número de RIBLA. El tema seleccionado es de gran significado, en primer lugar, porque obedece a la libre escogencia de un asunto que me llama poderosamente la atención en un momento en que en el mundo se requiere de paradigmas alternativos al actual modelo económico de mercado globalizado. En segundo lugar, es un desafío trabajar en un libro que ha llamado poco la atención en el concierto de la interpretación latinoamericana y de la exégesis en general , y en tercer lugar, se vuelve interesante tocar un tema que por ser tan cotidiano en la vida de las iglesias, pareciera que pierde interés en los ámbitos de reflexión más teológica. El plan de trabajo en el presente artículo comienza por abrir la discusión respecto de una pequeña muestra a la interpretación actual acorde con el espacio disponible. En un segundo momento se aborda una propuesta de estructura literaria que, a nuestro juicio, se adecua perfectamente a nuestra hipótesis de trabajo sobre el fraude de los sacerdotes y la alternativa profética de la “casa de la provisión” sobre lo cual intentamos argumentar en el tercero y cuarto párrafo.

 

1 - Una aproximación a la interpretación actual

Las interpretaciones casi generalizadas de este texto, ponen el énfasis en la exigencia al pueblo de llevar los diezmos y las ofrendas al "alfolí" o a la "casa del tesoro" del templo, como requisito para que Yahvé derrame bendición. Así, algunos ponen el énfasis en el hecho que los israelitas debían pagar una parte de sus productos e ingresos para el mantenimiento de sacerdotes y levitas y para repartir entre los pobres, el forastero, el huérfano y la viuda (Dt 14,28-29; 26,12-13). Según quienes interpretan de esta manera, esto debía considerarse una ofrenda para el Señor. En esta misma dirección se entiende que lo que el profeta denuncia es que "el pueblo está bajo maldición de Dios (3,9), porque lo defrauda en sus diezmos y ofrendas”. El profeta ve en esto un delito grave, un despojo a Dios" porque, además, "los diezmos y tributos son también un mandamiento, son parte de la alianza. Ello hace posible la existencia del servicio divino, tema fundamental para Malaquías" y, según éste enfoque, "también es un robo a los hermanos que deben vivir de esas ofrendas", aludiendo a una crítica del profeta contra quienes no dan sus diezmos al templo para que puedan vivir sacerdotes y levitas.

Otras aproximaciones no muy diferentes al anterior, entienden que al igual que Jeremías (2,5; 7,25-26; 11,7-8; 16,11), Malaquías recuerda la larga historia de pecado. La solución que Dios promete es traer todos los diezmos a su almacén. Se ilustra esta interpretación con algunos textos de Nehemías que también menciona el almacén de los diezmos y ofrendas (especialmente 10,38-40). Aquí también Dios invita al pueblo a que lo ponga a prueba, de este modo, para ver si Él no derrama dones sobre ellos. Esta propuesta de lectura se reafirma si se tiene en cuenta que también en Ag 1 se prometen sobre la tierra frutos si se reconstruye el templo. Otra muestra de este tipo de interpretación es la que considera que la tacañería del pueblo con Dios se manifiesta en el regateo de los diezmos. Ahí demuestra el pueblo que su relación con Dios se basa en la trampa. Se dan, pues, dos actitudes en esta relación: la de Dios, que no cambia en su fidelidad; la del pueblo que no cambia en su engaño. La única solución para una relación nueva es el cambio de actitud del pueblo, su conversión, que Dios estimula con la exhortación típica que incluye el verbo volver. La aportación de los diezmos sería signo de esa vuelta; y la bendición del Señor se expresaría en el alejamiento de los desastres que ahora aquejan al pueblo: la sequía y la carestía.

Todas estas lecturas dejan oculto el verdadero mensaje del profeta porque colocan su énfasis en la necesidad de llevar los diezmos y ofrendas a la casa de Yahvé para que vivan los sacerdotes y levitas y, talvez, para repartir lo que sobre entre las viudas, los extranjeros y los huérfanos y continuar así la estructura económica dependiente, tan útil al antiguo establecimiento de la monarquía. De esta manera, el pueblo obtendría la prosperidad prometida. Hay más aún: para explicar el énfasis del profeta, la Biblia de Jerusalén en sus notas consigna: "sobre el diezmo, cf. Dt 14,22, según los escritos "sacerdotales", Lv 27,30s; Nm 18,21-31, es un impuesto para la subsistencia del clero, centralizado en el único santuario".

A causa de los anteriores abordajes del texto que nos ocupa, en el presente artículo pretendo ensayar una interpretación diferente con algunos datos surgidos del texto masorético. Esta interpretación diferente consiste en proponer que en Malaquías 3,10, "la casa de la provisión" (bet ’osar) no está adscrita al templo, ni al sacerdocio que comete fraude con el diezmo, ni al palacio del rey, sino a la aldea campesina. Para esto, en primer lugar, apelaremos a la estructura literaria de Malaquías, para ver si logramos arrojar una primera pista sobre la interpretación que proponemos.

 

2 - Apelando a la estructura literaria

La estructura literaria de Malaquías se mueve en medio de un esquema redaccional que armoniza toda la obra. Tres son los elementos que caracterizan esta estructura: una aseveración de Yahvé a través del profeta, réplica de un auditorio y una sustentación de la aseveración con una serie de razones explicativas que justifican y reafirman la posición del profeta. La forma en que el texto está construido es una disputa cuyos protagonistas son Yahvé, el profeta y una audiencia conformada por un grupo de sacerdotes y tal vez un grupo de terratenientes, a quienes van dirigidas las aseveraciones y acusaciones.

La disputa comienza con una afirmación que, de hecho, desde el principio muestra a las claras la diferencia entre el carácter incondicional de Yahvé y la ingratitud de los sacerdotes y representantes del pueblo: "os he amado" (1,2a). Después de esta declaración y afirmación del amor de Yahvé, entre líneas, se lee un "a pesar de esto, miré lo que ustedes han hecho". Dos aspectos resaltan a lo largo de las acusaciones siguientes que componen la disputa: primero, es evidente que el auditorio está compuesto por sacerdotes: En la segunda escena, son nombrados explícitamente: "menospreciáis mi nombre dice Yahvé a vosotros sacerdotes" (1,6b). En la cuarta escena, ya no son nombrados los sacerdotes, pero se hace alusión a sus palabras, igual que en la sexta escena y esto acaba de confirmar que, efectivamente, el auditorio está conformado por sacerdotes quienes son los únicos que dirigen la palabra en el culto: "habéis hecho cansar a Yahvé con vuestras palabras" (2,17a) y "vuestras palabras contra mi han sido violentas" (3,13a). Segundo, en la tercera y en la quinta escena, las acusaciones ya no son contra las palabras de los sacerdotes en el culto, sino sobre el asunto del diezmo y la ofrenda, que también toca directamente con los sacerdotes quienes han cometido fraude con estos bienes que pertenecen a la comunidad: "no miraré más la ofrenda para aceptarla con gusto de vuestra mano" (2,13b) y "vosotros me habéis defraudado" (3,8b).

Si esto es cierto, entonces sería absolutamente absurdo que el profeta estuviese acusando al pueblo de cometer el "pecado" de no llevar el diezmo y la ofrenda a la casa del tesoro del
 templo. Esto es justamente lo que se quiere evitar a partir del mensaje que se pretende transmitir. La casa del tesoro abscrita al templo, o a la casa real, se ha convertido en lugar de fraude. Hay que evitar a toda costa que continúe ocurriendo este fraude; es necesario buscar otra alternativa más coherente con el código deuteronómico (Dt 14,28-29; 26,12-13). A continuación intentaremos argumentar alrededor de esta hipótesis.

 

3 - "Casa del tesoro" del templo o "casa de las provisiones" de la aldea?

La expresión hebrea bet ’osar es traducida en Malaquías 3,10 por algunas versiones en español como "alfolí" (Reina Valera); esto es, "granero" o "almacén"; "casa del tesoro" (Jerusalén); "tesoro del templo" (Dios Habla hoy). En la mayoría de los textos donde aparece en el Antiguo Testamento, el término ’ozar se refiere a los tesoros o provisiones de la "casa de Yahvé" o de la casa real (Js 6,19; 1Re 14,26; 2Re 14,14; 2Cro 12,9). Sin embargo, en Malaquías 3,10 esta expresión, tal como aparece, no parece tener ninguna relación con el templo ni con la casa real, es decir, no se habla de un depósito o almacén que se encuentre como parte de una edificación mayor sino como una casa independiente que sirve para almacenar provisiones. Es claro que este tipo de casas para almacenar cereales y demás productos del campo existían en las ciudades y en las aldeas como lo atestigua 1Cro 27,25: “Azmawet, hijo de Adiel, tenía a su cargo los depósitos reales. Sobre los depósitos del campo, de las ciudades, de las aldeas, y de las torres estaba Jonatán, hijo de Uzzías”.

Almacenar la décima parte de los productos del campo entonces más que una actividad religiosa debía ser una política de autoprotección de los campesinos para enfrentar los tiempos de sequías y el ataque de las plagas que, como la langosta de Joel, bien puede ser una categoría sociológica relacionada con una invasión militar, y de paso, librarse de paso de una política tributaria que exprime al campesino al estilo de los reyes, o de una acción de fraude que en lugar de estimular el modelo de autoprotección popular, de acuerdo a las necesidades de la comunidad, se utiliza para los lujos del templo y el bienestar personal al estilo de los sacerdotes y levitas. Es por eso que el papel del mensajero de Yahvé (3,1-5) consistirá en purificar a los hijos de Leví y acrisolarlos como el oro y la plata para que puedan ser "para Yahvé los que presentan la oblación en justicia". En consecuencia el "Mensajero de Yahvé" será "un testigo" "contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero" sin ningún temor de Yahvé (3,5).

Así las cosas, la bendición de Yahvé no vendrá como un pago espiritual que transforma automáticamente el desgreño económico causado por el fraude , sino como una consecuencia natural de una medida de solidaridad en donde todo el mundo aporta de acuerdo al cumplimiento de un compromiso consigo mismo, con el prójimo y con Dios. El milagro de la abundancia y de la prosperidad económica se hará efectivo cuando al abrir las compuertas de la casa de las provisiones, éstas inunden el patio de las casas vecinas, lo cual hará necesario que todo el mundo recoja para sí y para su familia el sustento diario sin límite. Tal será la abundancia producto de la permanente solidaridad comunitaria que, el profeta se atreve a compararlo con lo que ocurrió cuando se abrieron las “compuertas de los cielos” y se inundó la tierra con las aguas del diluvio (Gn 7,1). Esa bendición, entonces, no vendrá infortunadamente para las élites sacerdotales, de la intervención espiritual del templo ni de sus estructuras religiosas sino de la creatividad que surge de las aldeas organizadas alrededor de la casa de las provisiones.

 

4 - ¿Una coyuntura propicia?

La pregunta que surge inmediatamente es ¿en qué época pudo tener auge este pensamiento que pretendía crear una alternativa frente a las estructuras políticas, económicas y religiosas? ¿cuándo pudo tener auge una manera tan prodigiosa de pensar, una coyuntura tan necesaria y propicia? ¿No será posible que esta propuesta tan creativa obedezca a una interacción de una tal escuela de profetas con proyectos como los que quieren ser revindicados en obras como la de Ruth? Por lo menos allí (especialmente en capítulo 2) se nota una preocupación concreta a favor de la viudas y los extranjeros al igual que en Malaquías 3,5. Ellos y ellas, tienen derecho a ser beneficiados con las leyes del rescate y con las provisiones salidas de la cosecha de cereales sin que necesariamente tuviera que ser el diezmo sino, más bien, una contribución generosa (Rt 2,16), que no tenía nada que ver con una actitud paternalista para calmar la conciencia de gente acaudalada en un sistema económicamente desigual, sino con una actitud coherente de una sociedad comprometida con la transformación de las estructuras corruptas y fraudulentas, hacia la configuración de una economía solidaria, alrededor de un sistema comunitario, cuyo centro de gestión es la casa de las provisiones.

Esta hipótesis referente a la época en que pudo ocurrir algo así, es planteada por algunos valiéndose de argumentos de la contraparte , en épocas posiblemente cercanas a las de la obra de Ruth. Así se argumenta que los horizontes de Malaquías encajan bien con el siglo 5º antes de las reformas de Esdras y Nehemías. Desencanto con el establecimiento religioso y sociopolítico, expresado en forma tan incisiva en Isaías 56-66, se nota también en Malaquías, señalando las graves confrontaciones entre facciones de la comunidad. Malaquías muestra afinidad con las tradiciones deuteronómicas, aunque no es seguro que la referencia a la alianza de Yahvé con Leví (2,4) sea un rechazo explícito de las pretensiones aaronitas. Sin embargo, es evidente que el profeta considera el sacerdocio reconocido como totalmente corrupto, pronto a ser reemplazado y radicalmente reformado.

Conclusión

El objetivo del presente artículo queda cumplido si hemos podido mostrar que en Malaquías la prosperidad del pueblo no pasa por una acción automática de Dios como retribución por llevar los diezmos y las ofrendas al templo. Proponemos en lugar de esto, que en el mensaje del profeta, hay una exigencia de ruptura que apunta a transformar desde adentro las estructuras económicas reproducidas por el templo y el sacerdocio. Esto es así porque la “casa de las provisiones” donde hay que llevar los diezmos y las ofrendas o las primicias de los productos de la tierra y el ganado, en la propuesta del profeta, no debe estar ubicada bajo la influencia del templo ni del sacerdocio sino de la comunidad. De esta manera, la abundancia prometida no vendría como retribución de Dios por el cumplimiento de este precepto religioso y legal, sino como consecuencia natural de una verdadera economía solidaria.

Esteban Arias Ardila
Kra 46 # 48-50
Baranquilla
Colômbia
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Véase la nota de pie número 46 del artículo de Claudia Mendoza, “Malaquías - El profeta de la honra de Dios”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, Quito, Recu, vol.35/36, 2000, p.241.

Claudia Mendonza, “Malaquías - El profeta de la honra de Dios”, p.225-242.

Adrian Graffy, “Malaquías”, en Comentario Bíblico Internacional, Estella (Navarra), Verbo Divino, 2000, p.1089-1095.

Pedro Jaramillo Rivas, “Malaquías”, en Comentario al Antiguo Testamento, Madrid, 1998, vol.2, p.387-391.

Sobre la palabra defraudar Luis Alonso Schökel dice que “el texto se apoya en una paronomasia patente y otra latente de los dos personajes que actúan, Jacob y Yahveh. El primer nombre se explica con el verbo defraudar: y’qb/yqb’, imitando la paronomasia de Oseas 12,2-9 (Luis Alonso Schökel y José Luis Sucre Diaz, “Profetas”, Madrid, Ediciones Cristiandad, vol.2, 1987, p.1217).

Esto quiere decir que la obra del cronista en general y particularmente la obra de Nehemías, no estaría en la misma dirección de Malaquías.

Norman K. Gottwald, La Biblia Hebrea - Una introducción socioliteraria, Barranquilla, STP, 1992, p.411-412.

 

 
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