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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

¡Hay un tesoro escondido en nuestro campo! - Reflexiones sobre el reencuentro en la palabra a través de la lectura de la Biblia

Samuel Almada

 

Resumen
A partir de la presentación de varias metáforas y parábolas sobre el “tesoro escondido en un campo” se reflexiona sobre la interacción entre el campo de estudios bíblicos, sus lectores y exégetas (herederos y labradores), y el mensaje, Palabra o proyecto (tesoro) que se encuentra escondido en el mismo. Se plantean algunas sugerencias metodológicas para un acercamiento siempre renovado al texto bíblico y una articulación consistente con las realidades contextuales y/o caminatas específicas. Se propone una lectura bíblica en diálogo con otras tradiciones culturales y religiosas en busca de nuevos paradigmas que permitan una mejor compresión mutua entre grupos y sectores diferentes, prestando especial atención a la palabra y la realidad de aquellos/as que por diferentes motivos son oprimidos/as e ignorados/as. Finalmente, se presenta la necesidad de superar algunas dificultades y tensiones entre lo que se ha dado en llamar una perspectiva de Lectura Bíblica de tipo Popular y otra Académica, en la búsqueda de nuevas formas de convergencia y complementaridad en la tarea común.

Abstract
Having as an starting point some metaphors and parables about “the hidden treasure in a country field”, the article analyzes the interaction among the field of the biblical studies, its readers and biblical scholars (inheritors and peasants), and the message, word or project which is hidden on it. Some methodological suggestions are stated in order to get an always new approach to the biblical text and an its contextual articulations. It is proposed a new biblical reading in dialogue with another cultural and religious traditions. It is also pointed out the need to look for new models which allow a better comprehension among different sectors and groups, paying special attention to the reality of those, men a women, whom for different motivations are oppressed or ignored. Finally, the article pays attention on the need to overthrow some difficulties and tensions between on what has been called popular reading of the Bible and an academic one, in the search of new form of convergence in the common task.

1 - Caminando sobre metáforas y parábolas

La tradición sapiencial nos ofrece múltiples formas originales de reflexión. Una muy extendida en las tradiciones hebreas escritas es la que se puede encuadrar en los géneros literarios del mashal (comparaciones, ejemplos, metáforas) y de la agadá (leyendas, fábulas, parábolas). Apelamos por tanto a este marco literario sobre la temática del tesoro escondido en un campo, y compartimos cuatro aproximaciones diferentes y semejantes.

En primer lugar tomamos en consideración una parábola atribuida a Jesús en el Evangelio de Tomás (Logion 109):
“el Reino es comparable a un hombre que encontró en su campo un tesoro escondido, sin saberlo. A su muerte él lo dejó a su hijo; pero el hijo, que no sabía nada, tomó el campo y lo vendió. El comprador fue a trabajarlo y encontró el tesoro; entonces se puso a prestar el dinero a interés a quien él quería.”

Otro texto parecido es atribuido al Rabbi Simeón bar Yohay en el comentario del Midrash Rabbah sobre el Cantar de los Cantares 4,12, donde se habla de la amada como un “jardín cerrado”: compara la Escritura
“a alguien que heredó un campo en un basurero. Aquel heredero era perezoso y vendió la heredad a un precio irrisorio. El comprador, en cambio, se puso diligentemente a trabajarla y encontró un tesoro; entonces se construyó un gran palacio y se paseaba por el mercado con un séquito de criados. Cuando el vendedor vio aquello ardía de rabia.”

Una tradición literaria más occidental tenemos en la fábula de Esopo sobre el Labrador y sus hijos:
“un labrador rico, sintiendo próxima su muerte, hizo venir a sus hijos y les dio un consejo: ‘cuidense, les dijo, de vender la heredad que nos han dejado nuestros padres; hay un tesoro escondido allí. Yo no se dónde, pero tengan ánimo que llegarán hasta la meta y podrán encontrarlo. Remuevan vuestro campo en su tiempo, caven, rebusquen, no dejen ningún lugar donde la mano no pase y repase’. El padre murió, los hijos revolvieron el campo, por aquí, por allá, por todos lados, y al cabo del año el campo les produjo beneficio. No encontraron plata escondida en ningún lugar, pero el padre fue sabio en mostrarles, antes de su muerte, que el trabajo es un tesoro.”

Recordamos finalmente la parábola del evangelio en Mateo 13,44:
“el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, que un hombre al encontrarlo vuelve a esconderlo; y en su alegría va, vende todo lo que posee y compra aquel campo.”

 

2 - Reflexiones sobre nuestra herencia específica

Proponemos releer estas parábolas aplicándolas especialmente a la lectura de la Biblia. En este caso, el campo representaría la Biblia, los herederos y labradores los que la leen, y el tesoro escondido la Palabra, el mensaje, el proyecto. En la literatura bíblica sapiencial, esta imagen del descubrimiento de un tesoro escondido en un campo también se aplica a la Sabiduría misma percibida como el mensaje enviado por Dios a los seres humanos, la cual es procurada (por ejemplo Proverbios 2,1-5), o extraida del suelo como si fuera un metal o piedras preciosas (por ejemplo Job 28).

La Biblia es una herencia específica tanto como fuente de nuestra vida de fe, como fundamento y tradición cultural del lugar y situación donde nos encontramos. Ser Pueblo de Dios se confunde con ser Pueblo del Libro; y esto significa tener identidad, memoria y proyecto. Por tanto, en la perspectiva de la exégesis, la primera condición para encontrarnos con la Palabra y el mensaje, es no renegar de la herencia recibida, sino más bien conocerla para apreciar su valor desde contextos y caminatas específicas.

En algunos casos el tesoro se encuentra por azar (parábolas 1 y 4) y en otros por la búsqueda y el trabajo (parábolas 2 y 3); de cualquier forma, lo que se compra o se hereda es siempre el campo y no el tesoro. En este contexto, la idea del tesoro escondido en el campo se parece y funciona de manera similar a la idea de la levadura en la masa, que se encuentra en una parábola previa del evangelio de Mateo (13,33), donde una invisible porción de levadura hace que toda la masa fermente. Lo que importa no es la levadura aislada, sino su poder de fermentación que transforma la mezcla de harina en masa leudada. Lo mismo podríamos decir del tesoro escondido que transforma el valor del campo; es como si el tesoro debiera permanecer invisible e inasequible en beneficio de la fecundidad del campo.

Por otro lado, parece que el tesoro es indisociable del campo y no se puede extraer sin perjuicio. Esto recuerda otra parábola, la del trigo y la cizaña (Mateo 13,24-30.36-43), donde el trigo no se puede disociar de la cizaña, y si se quiere arrancar una se corre el riesgo de arrancar la otra; de igual manera el tesoro está escondido en el campo y no se lo puede aislar sin perjuicio. Algo similar se encuentra en la conocida fábula de la gallina de los huevos de oro, que su dueño mató para saber qué es lo que tenía en su vientre y extraer el tesoro que la hacía poner los huevos; entonces se quedó privado de su preciosa producción.

En relación con la lectura de la Biblia, estas parábolas y reflexiones estimulan nuestra imaginación y creatividad para acercarnos a la Biblia de una manera siempre renovada. Considerar la Biblia como palabra directa de Dios, en el lenguaje metafórico, sería como considerar que el tesoro es idéntico al campo. En algunos casos, el trabajo crítico ha privado a la Biblia de toda pretensión de transmitir una verdad absoluta; pero si se le priva del valor que le confiere el tesoro, el campo deja de ser atractivo. Entonces, la pregunta sería: ¿Por qué agarrarse de esta herencia si el tesoro se perdió o se pueden encontrar equivalentes por otro lado? Mucho también se ha intentado extraer del texto bíblico el mensaje que habría querido transmitir el autor, tratando de establecer una síntesis del pensamiento bíblico reformulado en lenguaje contemporáneo.

Una manera de transformar estas dinámicas impuestas al texto y a los lectores por parte de la tradición es volver a privilegiar la relación entre el texto y los lectores. Esto implica que no se puede considerar la Biblia como un depósito de enseñanzas doctrinales que habría que sintetizar, ni como una colección de testimonios sobre acontecimientos esenciales; sino al contrario hay que recibirla como una obra abierta donde el sentido no se encuentra preestablecido, una obra viva que invita a sus lectores a entrar en lo que ella quiere decir.

La herencia que nos dejaron nuestros antepasados (la Biblia) sería entonces como un campo donde se percibe confusamente que contiene un tesoro, pero un tesoro escondido, indisociable de ese campo y del trabajo que se hace en él. Y si por fortuna se cree haberlo encontrado, lejos de descubrirlo y sacarlo, hay que volverlo a esconder y enterrarlo en esta tierra como abono indispensable, como se pone la levadura en la masa para hacerla leudar. Porque un verdadero tesoro siempre está escondido; y en este caso, además se encuentra disuelto en el suelo del campo, y es variable según las estaciones, las circunstancias y el trabajo de los labradores. Entonces resulta como si el campo visible fuera fecundado por aquel tesoro invisible que, junto al trabajo del labrador, le confiere su fertilidad. De esa manera podríamos imaginar también que la Palabra fecunda las palabras del libro, que solo produce sus frutos a partir de la implicación recíproca entre los lectores y el texto.

 

3 - Reencuentro en la palabra

Con “reencuentro en la palabra” queremos evocar principalmente dos aspectos. Primero, el lugar, motivo u objeto del reencuentro, que es la Palabra, mensaje, proyecto, y nuestro enamoramiento con ella; y segundo, deseamos remarcar el reencuentro de los sujetos entre sí en el camino de la lectura de la Biblia. Hablamos de “reencuentro” porque nunca partimos desde cero en ninguno de los dos aspectos mencionados anteriormente; siempre hay un conocimiento previo sobre el cual se construye, una memoria que eventualmente se ignora pero que igualmente permanece allí. También nos reencontramos con nuestros antepasados que nos legaron sus tradiciones que sirven de mojones en el camino, pero especialmente nos reencontramos con nuestros hermanos y hermanas de hoy que buscan la liberación de todo tipo de opresión y sueñan un Reino de justicia y libertad.

Sobre el primer aspecto hemos reflexionado en los puntos 1. y 2. a través de las metáforas y las parábolas; sobre el segundo queremos extendernos brevemente a continuación ofreciendo algunas pistas y sugerencias para los nuevos desafíos del trabajo en común de lectura bíblica.

 

3.1 - Lectura bíblica en clave de diálogo

Hoy debemos reconocer que la Biblia no es una referencia absoluta de nuestras sociedades; y aunque es una herencia específica de la fe cristiana, el suelo sobre el cual ha nacido y se ha desarrollado su teología, al mismo tiempo, ella tampoco es más la herencia exclusiva del judaísmo o de un cristianismo dominante, sino que es de dominio público y patrimonio de la humanidad. Por tanto hoy resulta cada vez más pertinente leer la Biblia en diálogo con otros textos sagrados, otras teologías, otras tradiciones culturales, que son igualmente válidos.

En este sentido, la exégesis bíblica debería prestar más atención a los esfuerzos que se están haciendo en otras areas de la teología y de las ciencias de la religión en la búsqueda de nuevos paradigmas que interpreten la realidad actual y promuevan el diálogo pluralista, intercultural e interreligioso. Las palabras claves de esta agenda son diálogo, intercambio y negociación de saberes y creencias.

Nuestra lectura bíblica no debería perder de vista la perspectiva ecuménica del diálogo entre diferentes religiones y del cuidado responsable del planeta. También debe estar especialmente atenta a la palabra y la teología de los sujetos que por diversos motivos y circunstancias han sido y continúan siendo oprimidos, negados en las historias oficiales e invisibilizados en los textos sagrados (ver por ejemplo la situación de los pueblos originarios y de las mujeres).

Esta línea de trabajo implica un diálogo interdisciplinar y un esfuerzo de correlación entre la teología y otras ciencias humanas como sociología, antropología, fenomenología de la religión y estudios culturales. Desde nuestro contexto particular, también sería conveniente y provechoso un mayor diálogo con obras representativas de la literatura latinoamericana y sus autores.

 

3.2 - Lectura bíblica contextualizada y comprometida

El ejercicio del diálogo no solo fortalece la identidad, hace madurar las ideas propias, obliga permanentemente a repensarse uno mismo en función de los demás, sino que también ayuda a una contextualización más pluralista del trabajo de lectura bíblica y estimula un compromiso más profundo en la perspectiva de los que sueñan y trabajan por un mundo más justo y solidario.

Nuestro campo requiere un compromiso total de parte de aquellos que buscan y esperan encontrar el tesoro; no solamente que vendan todo para adquirir el campo, como en la parábola, sino que se entreguen a un trabajo apasionado que le agregue valor; un trabajo exegético siempre renovado en sus métodos, estimulado por la relación con el texto y el deseo de sus resultados; recordando que no siempre es necesario buscar un tesoro para encontrarlo, ni hace falta descubrirlo para preservarlo.

Hoy también se hace necesario un renovado espíritu crítico, con nuevas claves ideológicas que ayuden a interpretar las nuevas situaciones sociales y articular los nuevos proyectos. Es indispensable atreverse a enarbolar un pensamiento própio preñado de creatividad e iniciativa para superar las dificultades, malos entendidos y confrontaciones estériles.

Una de las dificultades que se ha puesto de manifiesto en el trabajo de lectura bíblica durante los últimos años en América Latina es la de cierta oposición y conflicto entre lo que podríamos denominar la Lectura Popular de la Biblia y la Lectura Académica, o de otra manera, la oposición entre la manera de hacer teología de los sujetos o rostros emergentes (ver teologías de género, indígena, ecológica, campesina, pentecostal, etc) y de las instituciones teológicas reconocidas. Para empezar, con pocas excepciones, no se ha planteado un debate amplio y maduro sobre el asunto; lo cual sería oportuno y saludable. Entonces, deberíamos reflexionar sobre quiénes son los que elaboran estas supuestas diferentes formas de hacer exégesis y teología, cuál es su origen; y por otro lado, quién define que un tipo de trabajo sea considerado popular o académico. Quizás aquellas representen vertientes y dinámicas diferentes, pero no por eso deberían estar enfrentadas de modo excluyente, al contrario es más conveniente establecer parámetros de complementaridad, que apunten a un enriquecimiento mutuo y a un fortalecimiento de la tarea común.

Lamentablemente este tipo de tensiones, en gran parte estériles, muchas veces nos llevó a dividirnos y a generar competencias mezquinas, tanto personales como institucionales, y esto es uno de los aspectos principales que hay que superar. Quizás es tiempo de buscar la huella del consenso y la convergencia para llegar a ser mejores parceros y socios en busca del objetivo común.

¡Hay un tesoro escondido en nuestro campo! Su descubrimiento puede ser inesperado y su naturaleza no es muy precisa; pero el efecto del trabajo sobre el campo produce beneficios, la levadura hace que la masa se leude, inclusive el efecto del hallazgo hace que el descubridor rebose de alegría.

Así, los/las lectores/as de la Biblia nos podemos comparar a un/a labrador/a que va en busca de un tesoro escondido en el campo, creyendo muchas veces que ya sabe de qué se trata, y que sin embargo muchas veces descubre una cosa muy diferente a aquello que buscaba.

Samuel Almada
Camacuá 252
1406 Buenos Aires
Argentina

Datación probable: hacia fines del siglo II d.C..

El Midrash Rabbah sobre el Cantar de los Cantares habría que ubicarlo en el siglo VI d.C. en Palestina, aunque el personaje legendario, Rabbi Simeón bar Yohay a quien se atribuye la parábola, sería de mediados del siglo II d.C.

Esopo es un fabulista griego legendario de los siglos VII-VI a.C. La actual colección de Fábulas de Esopo se atribuyen al monje Planudes del siglo XIV d.C. y fueron redactadas en griego.

 

 
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