www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Intuiciones para abrir la historia - Mujeres, conocimiento y Biblia

Sandra Nancy Mansilla

 

Resumen
Los actuales paradigmas epistemológicos plantean nuevas cuestiones a la Lectura Popular de la Biblia. El presente articulo pretende socializar algunas reflexiones abiertas provenientes de las experiencias de las mujeres en dialogo con la Biblia presentadas en el IX Encuentro Nacional celebrado en Buenos Aires en noviembre de 2003.

Abstract
Current epistemological paradigms bring about new questions to the Popular Reading of the Bible. The present article is intended to socialize some open reflections coming from experiences of women in dialogue with the Bible developed during the IX National Meeting that took place in Buenos Aires in November 2003.

La posibilidad de una opción ética

La complejidad atraviesa el saber, el querer, el poder, el deber. En el lugar de las certezas, hay incertidumbres, inseguridad. En el lugar de los deseos hay frustraciones, postergaciones. En el lugar del poder, impotencia, desidia, dependencia. La ética parece no tener ninguna posibilidad. En su lugar hay injusticia e iniquidad.

Una opción ética será posible si somos capaces de construir conocimiento a partir de la incertidumbre, de la frustración, de la impotencia, de la injusticia. Urge visibilizar nuestro métodos exegéticos y nuestras hermenéuticas a la luz de esta afirmación. Nuestro locus epistemológico latinoamericano es otro, es único, es inédito y es legítimo. A quienes trabajamos en sectores populares con personas excluidas y golpeadas por el sistema, con su dignidad quebrada, especialmente mujeres, niños y jóvenes, que hemos emprendido en nosotras y con otros un camino de recuperación de nuestra identidad y reafirmación de nuestro ser, se nos han impuesto estas cuestiones tan cruciales en relación al conocimiento.

Estas discusiones ciertamente filosóficas han surgido de la experiencia dolorosa y doliente del deseo de vida de nuestra gente. Porque no solo necesitamos, en América Latina también deseamos. Y frente a tanta necesidad y deseo frustrados nuestro primer paso de humildad es reconocer que no tenemos todas las respuestas ni para nosotras y menos para los otros, y tampoco están las respuestas en la Biblia. Tenemos más bien “crisis de certezas” y apenas tenemos algunas “intuiciones” para ofrecer. Y esto, lejos de paralizarnos, nos alienta la esperanza, nos alivia, nos libera de todo mesianismo. Nos mueve a la construcción de lo posible, de lo nuevo, de lo inédito.

Es como la esperanza de las visiones y sueños de los apocalípticos, que se empeñan en ver la vida aún en medio de la muerte. En el clamor, en la denuncia, en la profecía, en la resistencia, en las visiones, en los sueños, en los ángeles, en los demonios, en las cegueras, en las sorderas, en las parálisis, en los milagros, en las lamentaciones, en los anuncios, leemos las formas que tiene el relato bíblico de comunicar cómo las personas en aquel mundo viven cotidianamente sus dolores, sus clamores, sus crisis, sus frustraciones y también cómo van hallando senderos (caminos angostos, indefinidos, a veces desdibujados, oscuros) que son esas intuiciones, pequeñas certezas que nacen en el deseo profundo del pueblo creyente. La historia cerrada se abre, la esperanza brota, el demonio es expulsado, la muerte vencida.

Así, el camino que emprendimos las mujeres de una de-construcción y una re-construcción de conocimientos ha significado la posibilidad de un lenguaje creativo, recuperando prácticas y saberes, con una opción ética por la justicia, por la paz, desde la libertad y la responsabilidad. Camino que muchas veces realizamos en las fronteras donde tiene su límite lo debido, lo aprendido, lo aceptado, lo permitido, lo normal. Y atravesando fronteras, también transgrediendo y provocando, dibujamos otros caminos, otras lógicas, hacia otro lugar.

La complejidad nos invita a leer los textos bíblicos desde esta clave: lo inesperado, lo desconocido, las crisis que hacen crecer, la búsqueda del conocimiento de la realidad, el cumplimiento del deseo, la apertura a lo imposible, el asombro, la experiencia de liberación y plenitud, que en definitiva no es otra cosa que el encuentro con la gracia de Dios, la Buena Noticia de la Salvación.

Constatamos que los procesos de conocimiento son diversos y múltiples. Y decimos “procesos de conocimiento” porque no podemos seguir afirmando la posibilidad de un solo conocimiento único, totalmente cierto, extático y eterno. Conocimiento es esa tarea de indagar la lógica que nos permita la vida que deseamos, imaginarla para poder construirla.

Nuestro conocimiento desde nuestra experiencia de mujeres

  • Es siempre parcial: nunca podemos abarcar la totalidad, ya que estamos condicionadas por nuestra propia experiencia vital y existencial.
  • Es selectivo: porque se interesa por algunas cuestiones más que por otras, por eso también es diverso y requiere el intercambio y el dialogo de saberes.
  • El conocimiento incluye la imaginación. No se le opone, más bien se complementa con ella, ya que la imaginación es la que nos permite “conocer” lo que no conocemos. El juego, el arte en general, todos los lenguajes que desarrollan y despiertan nuestros sentidos y nuestra creatividad lúdica, la meditación, el baile, la música son caminos valiosísimos para acceder a nuevas formas de conocimiento.
  • Es provisorio ya que todo conocimiento queda superado por la realidad misma. Y es que la vida es dinámica, está siempre en movimiento. Pensar en un conocimiento fijo y permanente es creer que el cielo, el cosmos, el átomo, la célula, la historia, el mundo es como aparece en las fotos de los libros de ciencias. Le damos tanto poder a esas representaciones que terminamos pensando que la realidad es verdaderamente así.

Una complejidad colmada de posibilidades

Decir complejidad es decir tensión, conflicto, diversidad, contradicción, contraste. Y esto nos sitúa, pues, ante la necesidad de mirar la vida cotidiana con otros ojos para no terminar creyendo que, si la realidad no es como yo la pienso o la quiero, no es realidad.

Asumir la complejidad supone mirar para conocer la vida cotidiana del derecho y también del revés, en el entramado de sus múltiples relaciones, causas y efectos. Supone mirarla críticamente, aceptarla en su complejidad para descubrir que es paradójica, inesperada, incluso fragmentada, con cortes y no siempre con avances. Es allí donde frecuentemente nos descubrimos frágiles, llenas de enormes vacíos y sedientas de profundidades. Y, sin embargo, es allí, en lo pequeño, en lo confuso, en lo ambiguo e invisible de lo cotidiano, donde se entreteje la dimensión comunitaria y política de nuestra vida de fe, donde se hace posible nuestra salvación, en tanto lo cotidiano y su complejidad sean también el lugar de lo eterno, de la trascendencia.

El cuerpo aparece como el territorio donde transcurre nuestra vida cotidiana. Es en nuestro cuerpo donde experimentamos que nos atraviesa la complejidad, donde sentimos los nudos y tensiones. Es el cuerpo el que nos confronta constantemente con la diversidad, con la novedad y también con el conflicto. La vida cotidiana transcurre en esa tensión de ser un poco el todo y un poco la parte; la individuación personal y la unidad con el mundo.

La vida se reafirma en la insistencia del cuerpo por vivir: tenemos hambre, tenemos sed, tenemos frío o calor, nos cansamos, amamos con pasión, desde las entrañas, sufrimos y odiamos con pasión y desde las entrañas. Esa insistencia del cuerpo por la vida también condiciona nuestro conocimiento de la realidad, porque buscamos conocer y comprender principalmente aquellas cosas que nos permitan vivir y vivir cada día un poquito mejor. Nuestro cuerpo tiene un lenguaje, su lenguaje propio, que tenemos que saber escuchar para saber cuál es la vida que nos está faltando, qué nos está pidiendo: más espacio, más serenidad, más descanso, distancias, acercamientos, cuidado, encuentro con otros/as.

Por todo esto hemos reconocido que el cuerpo es como nuestro propio texto sagrado que también tenemos que aprender a leer en sus complejidades. El cuerpo, nos ofrece un conocimiento imprescindible, holístico, por la cual integramos los clásicos opuestos “cuerpo-mente” reconociéndolos a ambos como necesarios y complementarios, ninguno por encima del otro.

Nuestra cultura necesita recrear urgentemente los imaginarios sobre los cuerpos y sus relaciones, es decir las ideas, las creencias, los estereotipos, los moldes y modelos de relación que tenemos desde nuestros cuerpos. Síntomas de esa urgente necesidad son la tensión, el estrés, las angustias y fobias, el insomnio, y a nivel social la violencia, la agresión, la inseguridad, el miedo.

No se trata de forzar esta forma de conocimiento, sino de hacerla posible. El lenguaje del cuerpo básicamente es el movimiento, como expresión de nuestro mundo interior. A veces basta tan solo con abrirlo y se desencadena la comunicación. Liberar, flexibilizar nuestro cuerpo nos puede ayuda a liberar y flexibilizar nuestra postura ante la vida, ante nosotras mismas y ante los demás. Dejándonos fluir, dejando de ser rígidas podremos más fácilmente adaptarnos a los cambios y se irán reduciendo los miedos a ser transformadas por la realidad, a no resistir algunas transformaciones o los miedos a no poder nosotras mismas transformarla y transformarnos.

Trabajar físicamente para adoptar actitudes flexibles a partir de la liberación del movimiento del cuerpo puede también hacernos reencontrar con las raíces de aquellas rigideces, lo cual puede implicar el desafío de reelaborar convicciones muy profundas, arcaicas, míticas de nuestra propia personalidad.

Vamos a la Biblia con estas lecturas previas sobre nuestra experiencia cotidiana, nuestros saberes del cuerpo, reconociendo la diversidad, la complejidad, dispuestas a escuchar y comprender con respeto la experiencia de otras. Y allí en la Biblia comenzamos a descubrir otros rostros, nos damos cuenta de que también hay complejidades que atraviesan los escenarios, hay juegos de poder, hay clamores de los cuerpos, hay confrontaciones entre diversos grupos. Allí hay sujetos que desde la vida cotidiana van entretejiendo la historia, muchas veces desde los márgenes, lo invisible, lo oscuro, lo ambiguo, lo negado. Aprender a reconocer la complejidad en nuestra experiencia nos enseña a reconocer también la complejidad simbólica y existencial de los relatos bíblicos y sus múltiples sentidos.

Una clave de abordaje a la lectura será el presupuesto de que la predicación y la acción de Jesús ofrecen un paradigma o para-deiknumi ¨que está puesta para hacer ver¨ , luz que no se conoce en sí sino que está para ¨hacer conocer¨, impregnando con su forma y su corazón todo lo que se ve en la luz. Así podremos comprender que el acontecimiento de Jesús en la historia constituye un kairós, tiempo de gracia, tiempo de oportunidad de hacer visible múltiples procesos de conciencia hasta ese momento silenciados, postergados e invisibilizados. Entonces, hablar de una persona, Jesús, y su relación con un colectivo de género, las mujeres, implica situarnos en los procesos que acontecieron en ambas partes, en el marco de un nuevo paradigma, el del Reinado de Dios.

La resistencia de las mujeres no es un tema nuevo sino que venía creciendo desde tiempos del Antiguo Testamento. Esta resistencia y también otras encontraron eco y acogida en Jesús y su predicación. Un movimiento se reúne en torno a este Maestro que predica el tiempo cumplido de un Reino en tanto orden de relaciones de justicia demasiado largamente esperado por muchos y muchas y, que con su presencia se convierte en criterio de juicio decisivo.

Nuestro desafío hoy será atravesar las complejidades desde la construcción del sentido de nuestra lucha por la justicia, más allá de toda certeza, o más bien con la certeza de la fe, superando los dogmatismos dualistas y jerárquicos, remarcando las conexiones y las mutuas dependencias entre las partes, entablando nuevos diálogo de saberes, complejizando nuestras comprensiones del mundo y de nosotras mismas.

Sandra Nancy Mansilla
Catamarca 2134 dep.4
1246 Buenos Aires
Argentina


Carlos Luís Susin, “Teología y nuevos paradigmas”, en Revista Alternativas, Editorial Lascasiana, Managua, año 8, vol.18/19, enero-junio, 2003, p.11-34.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.