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La función de Génesis 49 en la narrativa del libro de GénesisJosé Ademar Kaefer Resumen Abstract La exégesis clásica ha tenido enormes dificultades en comentar Gn 49 dentro de la secuencia narrativa del libro de Génesis. Para Claus Westermann, por ejemplo, este texto no es un componente original de la narrativa de los patriarcas, tampoco de la narrativa de la historia de José. Por esta razón, Westermann o separa la historia de José y la analiza en anexo, después de Gn 50,26. También la Biblia Hebrea Stuttgartensia, al presentar el texto en forma poética, distinguiéndola del conjunto de la narrativa, favorece esta interpretación. En fin, hasta el día de hoy no se ha encontrado una respuesta para la función de Gn 49 dentro de la narrativa de la novela de José, concluyendo el libro del Génesis. Para intentar descubrir la función de Gn 49 en la redacción final del libro del Génesis, que probablemente se dio en el mismo periodo de la redacción conclusiva de todo el Pentateuco, es necesario que se privilegie la lectura sincrónica. Por lo tanto, nosotros nos detendremos en el nivel sincrónico del texto. Génesis 49 en su contexto literario Si partimos del presupuesto de que Gn 49 es una bendición, como intenta hacer entender el v.28, entonces tenemos que buscar sus raíces en el principio de la historia de Abraham (Gn 12). Creemos, a pesar de todo, que no es necesario retroceder tanto, basta que nos orientemos a partir del momento en que comienza la historia del personaje que es el protagonista del texto en cuestión. Nos referimos a otra bendición, la de Isaac (Gn 27). Aquí sale del escenario un patriarca, Isaac, y entra otro, Jacob. Isaac, ya anciano y ciego, sabiendo que su muerte se aproxima, llama a su hijo preferido, Esaú (el más viejo), para que este le prepare un guisado sabroso y reciba la bendición (Gn 27,1-4). Mientras tanto, Jacob, con la ayuda de su madre, Rebeca, roba la bendición del hermano más viejo. Notemos que aquí sucede lo que ya había sido ensayado en Gn 25,29-34, donde Jacob compró la primogenitura a cambio de un guisado. Este mismo tema reaparecerá con mayor intensidad en Gn 49. Observemos que la bendición que Jacob recibe en Gn 27,28-29 es semejante a la que Judá recibe en Gn 49,8-12. Después de la bendición de Jacob y de la bendición de Esaú, es de esperar que Isaac “se uniese a los suyos”, pero no eso no sucede. Gn 27,40, que se supone concluirá con la muerte de Isaac, termina de forma extraña: “pero cuando te liberes, quitarás el yugo de tu cuello”. Este final no combina con el ritmo y el sentido de la sentencia anterior. Lo más normal sería situar la muerte de Isaac en este lugar de la narrativa. A partir de Gn 28 comienza la saga de Jacob. Primero, él es enviado junto a su tío Labam, en Padã-Aram, un largo recorrido que comienza en Berseba, al sur de Judá, y termina más allá del Río Eufrates (27,46-29,14). Allí, con el episodio del casamiento con las dos hermanas, Lía y Raquel (29,15-30), nacen los hijos de Jacob (29,31-30,24). Este texto está intrínsecamente ligado a Gn 49. La explicación de Gn 29,31-30,24 lanza luces sobre lo que será Gn 49, y viceversa. Después de haberse enriquecido (30,25-43), Jacob huye de Padã-Aram en dirección a Canaán (31,1-21). Llegando a Canaán, a la ciudad de Siquén, sucede el hecho de violencia a Dina, única hija de Jacob, y la venganza de los hermanos Simeón y Leví (34). Este suceso será la supuesta causa de la condenación de los dos hermanos en 49,5-7. De Siquén Jacob se dirige a Betel y a Efrata, donde nace Benjamín y muere Raquel (35,1-15). Aquí sucede una interrupción para introducir, muy brevemente, y probablemente más tarde, la aventura de Rubén (35,21-22b), que sería la causa de la pérdida de su primogenitura en 49,3-4. Es decir, al nacer Benjamín se completa el número de los hijos de Jacob; lo más lógico sería que entonces continuasen los versículos 22c-26, que tratan de la lista de los doce hijos. Por lo visto, los versículos 21-22b fueron incluidos en la narrativa para justificar el derecho a la primogenitura de Judá en Gn 49. De aquí en adelante Jacob pierde el protagonismo. También en este punto hubo una gran interferencia en el texto. Jacob ya está viejo, no tiene más hijos, su esposa preferida ya está muerta y la lista de los doce hijos está concluida. Por consiguiente, es de esperar que seguiría el relato de la muerte de Jacob. O sea, la bendición y muerte de Jacob (Gn 49,1-33). Sorprendentemente lo que sigue es el relato de la muerte de Isaac, que había desaparecido desde el momento de la bendición sobre Jacob. La pequeña mención de la muerte de Isaac (32,27-29), parece indicar que él tomar el lugar del relato de la muerte de Jacob. En fin, aquí en 37,27 debería estar en principio Gn 49. Sintetizando, dos aspectos convienen resaltar. Uno es la conclusión del ciclo de Jacob, que, en lugar de terminar con la bendición y muerte del mismo, termina con la muerte de Isaac, que ya estaba hacia mucho tiempo fuera de escena. Otro aspecto es la relación intrínseca entre el ciclo de Jacob y Gn 49. Parece un río que, con sus varios afluentes, desemboca en un único canal: Gn 49. La novela de José será diferente. 1. Los once hermanos y José El inicio de la novela de José (37,2-11) diseña el contorno de lo que seguirá. Es lo que podemos llamar como una auténtica introducción. Él muestra de frente cuál es la función ideológica de todo el texto. La “túnica real” que Jacob mandó hacer para José y los sueños de este apuntan hacia el domino que uno tendrá sobre los otros: “…el sol, la luna y las once estrellas se prostraban delante de mí” (37,9). El gobierno sobre los demás incluye también a su madre, que ya está muerte (35,19-20). El hambre, que también afectaba a Canaán, hace que Jacob envíe a sus hijos a Egipto, al lado de José, en busca de alimentos. El hambre provoca el reencuentro. Y este sucede conforme lo insinuó el sueño que José tuvo al inicio (37,5-10): “Llegarán los hermanos de José y se postrarán delante de él con el rostro a tierra” (42,6b). En el largo proceso de ir y venir de los hermanos hasta el establecimiento de toda la familia en Egipto (42,1-47,12), existe una actuación siempre conjunta de los hermanos. A excepción de Benjamín, que se encuentra casi todo el tiempo al lado del padre, los diez hermanos siempre son abordados como un todo. Hay una clara intención de contraponer, por un lado, José y por otro lado, sus hermanos. Después del establecimiento de Jacob en Egipto, la narrativa se interrumpe (47,13). Aquí volvemos al inicio, cuando José estaba organizando la política agraria del Faraón, antes del encuentro con sus hermanos (41,57). Es decir, podríamos muy bien juntar 41,57 con 47,13-26, pues aquí José concluye lo que había comenzado allá. Gn 47,13-26 es, sin duda, el mayor modelo de extorsión presente en la Biblia. A través de la imposición del tributo, o sea, de la quinta parte de toda la producción, Jesús pone en manos del Faraón a todo el país (47,20b). Inicialmente, se apropia de todo el dinero a cambio de cereales que él había usurpado del pueblo (47,14); después, cuando se agotó el dinero, José exige el ganado (47,15-17); terminado el dinero y el ganado, José se apodera de las tierras (47,18-20); y, finalmente, se hace señor de las personas, reduciéndolas a la servidumbre (47,21). Solamente quedan intocables las tierras y los bienes de los sacerdotes (47,22.26c). Este texto concentra toda la ideología de fondo que intenta justificar el dominio de José sobre sus hermanos: dos sistemas en conflicto, el monárquico y el tribal. A partir de 47,27, se vuelve a la narrativa que fue interrumpida en 47,12, o tal vez convenga conectar este reinicio como secuencia de 47,6b . Después de establecerse en Egipto, en la región de Gesen, Jacob vivió ciento cuarenta y siete años (47,28b). Al sentir que la hora de la muerte le está llegando (47,29ª), Jacob llama a su hijo José y le pide ser enterrado en la tumba de sus padres (47,30ª). José promete cumplir la voluntad de su padre (47,30b). A pesar de ello, el patriarca no parece estar muy convencido y, por ello, renueva el pedido (47,31ª). Esta vez José jura (47,31b). Inmediatamente se esperaría la lógica conclusión: la bendición sobre José y la muerte de Jacob. Pero, nuevamente tenemos un final confuso. Así termina el versículo 47,31c: “y se inclinó (cayó) Israel sobre la cabecera de la cama”. La pregunta obvia es: ¿Murió Jacob? Esta sería la conclusión lógica. Mientras tanto, en el cap. 48, Jacob reaparece junto a los hijos de José: Manasés y Efraín. La historia sigue. En 48,1-20 sucede algo curioso: Jacob adopta a los hijos de José y los bendice (48,9-20). Ellos parecen recibir la bendición que estaba destinada a José, al final del cap. 47. Concluyendo el relato de la adopción de Manasés y Efraín, Jacob promete a José “un Siquén más que a los hermanos” (48, 22a) . Esta promesa es extraña, pues la bendición se dirigía sobre los hijos de José, y no sobre José. En verdad, este último versículo parece ser un resquicio de lo que sobró de la bendición que estaba destinada a José. Así termina el remendado cap. 48. En este punto la narrativa de la novela de José sufre una gran ruptura: se introduce la bendición sobre todos los hijos de Jacob (Gn 49,1-28). 2. Génesis 49 y la historia de José Conforme vimos, en la novela de José los once hermanos representan un papel antagónico y despreciable. Su función es únicamente mostrar el mal que hicieron, en oposición al bien que representa José. Gn 49 intenta cambiar eso. El primer impacto es que en Gn 49 el resto de los hijos vuelven a aparecer. Ahora con espacial énfasis sobre cada uno, como no se había visto hasta el momento. José, a pesar de que todavía sobresale (49,22-26), pierde el protagonismo. Pasa a ser uno entre los demás. Ahora en énfasis ya no es “José y sus hermanos”, sino “los hijos de Jacob” (49,1-2). En otras palabras, según la secuencia del camino recorrido hasta aquí, lo que tiene que prevalecer sería la descendencia de José. A pesar de todo, esto no sucede. Al contrario, hasta parece que José se queda sin descendencia, pues Jacob adopta a sus hijos (Gn 48). El escenario cambia completamente. Gn 49 no tiene nada que ver con el ambiente en el cual se encontraba la narrativa en la historia de José. Con Gn 49 ya no estamos más en Egipto. El contenido, indudablemente, surge en Canaán. En fin, parece que volvemos al principio, cuando Benjamín nace, Rebeca muere morre (Gn 35,16-20) y la lista completa de los doce hijos se presenta (Gn 35,22c-26), antes del inicio de la novela de José. Esto nos lleva a deducir que, conforme al camino que veníamos siguiendo, el lugar más lógico de Gn 49 sería al final de Gn 35. Todo parece indicar que él fue trasladado de allá hasta aquí. El segundo aspecto que nos llama la atención, y que está relacionado al primero, es el tema de la bendición. El final del texto en cuestión, más allá de identificar por primera vez a los hijos como “las tribus de Israel” (49,28ª), indica que “a cada uno los bendijo, con una bendición que le correspondía” (49,28c). Esta bendición, mientras tanto, solo la recibe José (49,25-26). Sobre nadie más, en particular, hay alguna bendición. Aquí el texto deja traslucir una fuerte manipulación. Esto nos hace deducir que la bendición que se esperaba aconteciera en 47,1, donde José hace el juramento a su padre, se transfirió junto con los “dichos” en Gn 49. Y es que la bendición que, en el principio se dirigió solamente sobre José, ahora se intenta conferir a todos los hermanos. Esta sospecha está confirmada por Gn 49,29-33, versículos que siguen a los “dichos” y que relatan la muerte del patriarca. Allí Jacob ya no se dirige únicamente a José, como en 47,29-31, cuando se preparaba para morir y le pedía que lo enterrase en la tumba de sus padres. Ahora todos los hijos están implicados en el entierro para enterrar al padre en la tierra de Canaán. Además de ello, al pedir que fuese enterrado en la gruta en que fueron enterrados sus antepasados, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob menciona que fue también allí que él enterró a Lía, dejando fuera a Raquel, la madre de José. O sea, no nos parece de que haya duda en que Gn 49 desprecia a José y rescata la imagen de los demás hermanos. Siguiendo el texto, las cosas quedan más evidentes. Acabadas las instrucciones a los hijos (49,33), Jacob “recogió sus pies sobre la cama, expiró y se reunió a su pueblo”. Aquí se da la muerte de Jacob, que ya se esperaba en 49,31, donde la narrativa se interrumpió. Creemos que encontramos la respuesta a la pregunta que hacíamos allá. Curiosamente, el final de 49,33b –“recogió sus pies sobre la cama”- es idéntico al final de 47,31c: “se inclinó Israel sobre la cabecera de la cama”. Si añadiésemos a 47,31c el versículo 49,33c (“él expiró y se reunió con su pueblo”), tendríamos el final que no sucede en el cap. 47: “se inclinó Israel sobre la cabecera de la cama, expiró y se reunió con su pueblo”. En síntesis, el acomodo final del libro del Génesis consiste en tres aspectos principales. Primero, la elaboración del cap. 48 a partir de la bendición de José, que estaba en el final de Gn 47 y que fue dada a Efraín y Manasés. Segundo, la inclusión de Gn 49,1-28, transportado desde el final de Gn 35. Tercero, la transferencia y la acomodación de la bendición de José en Gn 24b-26, con la sustitución de Afraín por José (49,22). De este modo, pierde valor la figura de José y se rescata la importancia de los hermanos/tribus. Así, el fin que estaba previsto con un único protagonista, termina con doce: las “doce tribus de Israel” (Gn 49,28) . Se cambia la imagen de un Israel monárquico, centrada en la persona real-faraónica de José, con un Israel colectivo. Mirando en el conjunto, Gn 49 tiene, por lo tanto, la función de ser una alternativa a la novela de José. La misma función tendrá Dt 33, en oposición al cántico de Moisés (Dt 32,1-44), cerrando todo el Pentateuco. Pero, dejemos este asunto para un estudio próximo.
José Ademar Kaefer O también en Gn 9,25-26, como sugiere, por ejemplo, G. J. Wenham, Genesis 16-50, Dallas, WBC, vol.2, 1994, p.469-470. Recordemos que, en 27,1-4, el viejo Isaac llama a su hijo Esaú para darle la bendición porque ya se encontraba a las puertas de la muerte. También es este el sentido de las palabras de Esaú cuando se siente robado: “se acercan los días de luto por mi padre, entonces mataré a Jacob, mi hermano” (27,41b). Que, a nuestro modo de ver, es una prueba contundente de la inserción tardía de la novela de José en el relato del Génesis. De aquí en adelante comienza la historia de José, que solo está interrumpida por la intrigante historia de Tamar, la nuera de Judá. Es curioso que todos los hechos negativos de los hijos de Jacob están mencionados en Gn 49, este no. Es importante percibir que, entre los diez hermanos, se destaca al inicio el liderazgo de Rubén, el primogénito (42,22.37), pero, en el desarrollo de la historia, ella está desplazada por Judá (43,1-15; 44,18-34). Este conflicto por la primogenitura retornará con mayor intensidad en Gn 49. En Gn 47,5-6 hay algunas diferencias entre el texto hebreo y el griego. Las traducciones normalmente siguen a la Septuaginta. |
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