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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

La propuesta de Magdalena, Pedro, Jesús y María – Una lectura de género en los Apócrifos

Jacir de Freitas Faria

Resumen
La reflexión presente quiere ser una contribución a la reflexión de género en la perspectiva de los apócrifos. El punto de partida es que en el inicio del cristianismo había una disputa de poder entre los cristianos. Los personajes de María Magdalena, Pedro, Jesús y María los tomamos como paradigmas para el estudio. Los textos apócrifos analizados son sobretodo los gnósticos. Por eso, al inicio, se describe el perfil del movimiento gnóstico.

Abstract
The aim of this article is to be a contribution to the gender reflection from the apocryphal perspective. The starting point is that from the very beginning there were among Christians differences and struggles for power. Magdalene, Peter, Jesus and Mary are taken as models. The analyzed is especially based on the Gnostics apocryphal texts. Due to this, earlier in the article, the profile of the Gnostic movement is stated.

 

Introducción

Libros y más libros han sido escritos en los últimos años sobre los apócrifos, sobretodo aquellos del Segundo Testamento. Basta ver El Código Da Vinci que alcanzó cifras altísimas de venta en los Estados Unidos y en el mundo. Es claro que este libro no trata solamente sobre los apócrifos, pero trae referencias a ellos, cuando trata de María Magdalena a Jesús. También es claro que este libro debe ser leído como ficción, ya que este es su propósito. Por otro lado, desde otro punto de vista, él traza la inquietante cuestión de género en el inicio del cristianismo. ¿Hasta qué punto podemos afirmar que había una relación amorosa entre Jesús y Magdalena? ¿Cómo se daba la relación de poder en el inicio del cristianismo? Pedro y Magdalena protagonizaron, de hecho, una disputa por el poder? ¿Por qué se le relegó a Magdalena al papel de una prostituta arrepentida? Y, por fin, no podemos dejar de preguntarnos: ¿tienen valor histórico esas informaciones apócrifas de estos Evangelios y Hechos, que no fueron reconocidos canónicamente? Nos aventuraremos en la búsqueda de una respuesta a estas preguntas, teniendo como base la lectura de género.

1. En el origen de género, los gnósticos

Muchos apócrifos del Segundo Testamento hacen parte de los escritos producidos por una corriente del pensamiento, considerada por el poder eclesial hegemónico, como herética, y que llevó el nombre de gnosticimos. Los gnósticos influenciaron el cristianismo emergente (120 a 240 d.C.) y se extendió hasta el siglo VIII en varias ramificaciones. Como grupo, vivían de modo cohesionado y sectario. Tenían un modo propio de comunicarse y llevaban una vida ascética. Los adeptos tenían que pasar por un bautismo ritual. Gnosis es un sustantivo griego que significa “conocimiento”. Según el mito gnóstico de los orígenes, un “Salvador celestial fue enviado para ‘despertar’ a la humanidad gnóstica, para darle el conocimiento (gnosis) de sí misma y de Dios, para liberar a las almas del destino y de la esclavitud del cuerpo material, y para enseñarlas como escapar a la influencia de los malévolos ‘gobernantes’. Para contraponerse al mal espíritu de esos gobernantes, fue derramado sobre los gnósticos un buen espíritu. Conforme a la manera que adquiere el conocimiento, el alma escapa y vuelve a Dios, o se reencarna en otro cuerpo; un ‘castigo eterno’ especial está reservado para los apóstatas de la secta”.

Algunas corrientes gnósticas creían que Dios, en su esencia , tenía el elemento femenino y masculino. Se veía a Dios como “Madre-Padre”. Las mujeres eran maestras y sacerdotisas en algunos grupos gnósticos, no obstante considerasen, bajo la influencia de la filosofía de la época, que la materia creada era femenina. Grupos gnósticos llegaron a ser hostiles a la mujer. Miembros de este segundo grupo consiguen colocar en boca de Pedro el pedido a Jesús de que expulsase a la mujer Magdalena de en medio de ellos, pues ellas no eran dignas de la vida (Evangelio de Tomás, 114).

Los gnósticos enseñaban que cada persona podía conseguir la salvación a través de la armonía y de la búsqueda interior. No eran necesarias las instituciones y sus práctica ritualistas para conseguir la salvación. Como consecuencia de esa visión, la salvación tenía un carácter más personal que colectivo. No importaría tanto la visión mesiánica y revolucionaria que defendía el cristianismo. Y es en ese contexto de liberación espiritual desde donde podemos comprender la negación del cuerpo. Los docetas y encratistas, grupos originarios de los gnósticos, enseñaban, respectivamente, que la encarnación de Jesús era solo aparente y que la abstinencia sexual, y la virginidad era un camino seguro para la salvación. El sufrimiento de Jesús en la cruz no podría, según los gnósticos, salvar a aquellos que se adhiriesen a la Iglesia de Cristo. Por ese y otros motivos, la Iglesia luchó férreamente contra los gnósticos, relegándolos a la herejía. Con ello, mientras tanto, el lado bueno y ruin del gnosticismo fue condenado al ostracismo.

El gnosticismo provocó disputas teologales y de poder en el inicio del cristianismo. No hay como hablar de género en el inicio del cristianismo, sin hablar de ellos. Otro desafío es el de purificar los textos apócrifos de la influencia gnóstica. ¿Sería necesaria esta purificación? Dejemos de lado esta polémica y veamos los personajes, aquí seleccionados por nosotros para hablar de género en los apócrifos.

2. Pedro versus Magdalena

El conflicto entre Pedro y Magdalena en el inicio del cristianismo es evidente. Pedro llega a ser considerado un misógino, esto es, un hombre que tiene aversión y desprecio por las mujeres. Misoginia significa también la repulsa enfermiza de un hombre al acto sexual con mujeres. No creo que ese sea el caso de Pedro, su aversión estaría relacionada propiamente al liderazgo y al consecuente poder que las mujeres ejercían en el inicio del cristianismo. Algunos pasajes de los evangelios apócrifos ponen de manifiesto esa relación conflictiva.

El Evangelio de Tomás termina diciendo que Pedro toma la palabra y pide a Jesús que expulse a María Magdalena de en medio de ellos, pues las mujeres no son dignas de Vida. Y como no podía ser de otra manera la respuesta irónica de Jesús a Pedro: “Acaso yo la llevaré a volverse hombre, para que se vuelva un espíritu viviente igual a nosotros los hombres. Pues toda mujer que se hace hombre entrará en el reino de los cielos”. Pedro refleja, en ese episodio, la mentalidad de algunos de la comunidad que juzgaban que la mujer no era capaz de comprender cosas del intelecto. María Magdalena, como toda mujer, sería incapaz de comprender cosas profundas y, por eso, no eran dignas de la vida. El elemento femenino presente en las mujeres actuaba como elemento perturbador que impedía el acceso al conocimiento, a la salvación. Así pensaban los gnósticos. El hombre, por sí mismo, era capaz de alcanzar ese camino. La mujer, mientras tanto, al recibir el conocimiento ofrecido por Jesús, se puede volver perfecta. El sustantivo hombre, usado en el texto, quiere significar ese pensamiento. Mejor sería traducir andrógino, pues los gnósticos entendían que el ser humano debía tener unido su lado masculino y femenino para ser perfecto, para, así llegar a la salvación, a la Plenitud (Pleroma). Lo masculino, aún estando más apto alcanzar la salvación, todavía no es perfecto, pues mientras está en el mundo tiene también en sí lo femenino. La unión perfecta de lo andrógino solo se daría en la vida celeste. Que una mujer se vuelva hombre es lo mismo que ser capaz de caminar hacia la integración a través del conocimiento. Cuando masculino y femenino están integrados, la salvación es posible. María Magdalena sería capaz de tal ‘proeza’ por su condición de maestra, recibida por Jesús.

La postura machista, representada en la figura de Pedro, le llevó a Jesús a dar esa respuesta no muy amable. Pedro, en ese episodio, se muestra contrario a las mujeres por el hecho de que ellas no son dignas para la salvación. Esa actitud, no muy saludable, se le atribuyó al jefe de los apóstoles. ¿No habría ahí la misma postura de los gnósticos para expresar el rechazo a la institucionalización del cristianismo? El objetivo no sería Pedro, sino la Iglesia que se institucionalizaba. Por otro lado, Jesús también, en contrapartida, aparece poco afectuoso con las mujeres cuando defiende esa idea gnóstica de que la perfección solamente está con los hombres y que el ser humano perfecto solamente existe en la condición espiritual. Por lo tanto, el cuerpo y sus necesidades de relación sexual son despreciables. ¿Esa idea no estaría presente en la manera de hablar del Jesús canónico, cuando se refiere a la condición de los célibes, eunucos del Reino para llegar al Reino de los Cielos (Mt 19,10-12)?

En el evangelio de María Magdalena, Pedro aparece dialogando con ella. Primero, él le pide que explique el sentido del pecado del mundo (MM 7,11-13). Más adelante, Pedro reconoce que el Maestro prefería y amaba a Magdalena, con las palabras siguientes: “Hermana, nosotros sabemos que el Maestro te amó de manera diferente que a las otras mujeres” (MM 10,1-3). Y Pedro continúa, pidiendo a Magdalena que les diga las palabras que Jesús le dice, de las cuales ella se recuerda y que ellos, los discípulos no han tenido conocimiento. Pedro oye atento a Magdalena. Al final, explota de iras contra ella: “¿Será posible que el Maestro haya conversado así, con una mujer, sobre secretos que nosotros mismos ignorábamos?” Y pregunta estupefactos: “¿Debemos cambiar nuestras costumbres; escuchamos todos a esta mujer? ¿Será que él verdaderamente la escogió y la prefirió a nosotros?” (MM 17,14-20). Pedro se muestra molesto por el hecho de que una mujer sea la portadora de enseñanzas del Maestro. Cambiar nuestros hábitos significa pasar a escuchar a las mujeres. En la sociedad judía de aquella época, la mujer no tenía el derecho ni de aprender ni tampoco de enseñar. Pedro deja entrever sus celos. ¿Abría preferido Jesús más a María Magdalena que a los apóstoles? El rechazo de Pedro a María Magdalena crea una situación tensa. María Magdalena comienza a llorar al darse cuenta que Pedro la califica de mentirosa.
Leví, el apóstol corazón, toma la palabra y advierte a Pedro en forma dura: “Pedro, tú siempre fuiste irritable; ahora veo que te pones en contra de la mujer, como lo hacen nuestros adversarios. ¡Pues bien! Si el Maestro la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Seguramente, el Maestro, la conoce muy bien… Él la amó más que a nosotros” (MM 18,7-14). Y Leví continúa, llamando a los discípulos a que se conviertan y se vuelvan seres humanos integrados. En el evangelio de María Magdalena, Pedro es un adversario de Magdalena. El liderazgo de esa mujer lo incomodaba y, por eso, él intentó menospreciarla. Pero, he aquí un compañero en el apostolado, Leví, lo reprende y defiende a la mujer.

En el texto gnóstico Pistis Sophia, Pedro, el portavoz de los once apóstoles, reacciona de forma hostil al liderazgo que María Magdalena tiene en medio de ellos. Ese apócrifo trae una diálogo de Jesús resucitado con los once apóstoles y las mujeres: Magdalena, María madre de Jesús, Salomé y Marta. Magdalena se destaca en el grupo al dirigir la mayoría de las preguntas a Jesús. Ella recibe de él elogios por su sabiduría en preguntar y responder. Pedro, irritado con esa situación, “se precipitó al frente y le dijo a Jesús: ‘Mi Señor, nosotros ya no podemos más soportar a esta mujer, pues nos quita la oportunidad; ella no deja hablar a nadie de nosotros, sino que ella siempre es la que habla. Que las mujeres dejen ya de preguntar, de modo que también nosotros podamos hacer preguntas”. María Magdalena en otra oportunidad dijo a Jesús: “Por eso, yo tengo miedo de Pedro: él acostumbra a hacerme amenazas y odia a las de nuestro sexo” .

La misoginia de Pedro en los textos citados arriba está relacionada, como habíamos dicho anteriormente, con su rechazo al papel de la mujer Magdalena en la comunidad de los apóstoles. Pedro no acepta el liderazgo de las mujeres, por eso, intenta menospreciarlas. La tradición cristiana conservó esta mentalidad e hizo de Magdalena una prostituta arrepentida, cosa que no encuentra fundamento ni siquiera en los evangelios canónicos.

3. Magdalena y Jesús

La tradición apócrifa gnóstica conservó, para la relación entre María Magdalena y Jesús, conceptos, por lo menos controvertidos. La comunidad de Felipe describe así: “Eran tres las que siempre acompañaban al Señor: su madre Maria, la hermana de ella, y Magdalena que la llaman su compañera. En efecto, era “María” su hermana, su madre y su consorte” . La interpretación de ese texto es diferente entre los traductores. Algunos entiende que María era el nombre de la hermana de María, la madre de Jesús. Otros dicen que María era también el nombre de una hermana de Jesús, tradición anotada por Epifanio. También los Apócrifos sobre María, afirman que ella, la madre de Jesús, tenía otra hermana, de nombre María, que llegó a ser la esposa de Cleofás, esta información también está recogida en Jn 19,25. La verdad es que las tres Marías son importantes en la vida de Jesús: su madre, su hermana y su compañera. El último apelativo se refiere a María Magdalena. En el evangelio de María Magdalena, Pedro reconoce que Jesús amaba a Magdalena de manera diferente a las otras mujeres (Página 10,1-3). El pregunta con pavor: “Será que Él verdaderamente la escogió y la prefirió a nosotros?” (Página 17,20). Leví, en defensa de Magdalena, y reconociendo que Jesús la amaba, da un estirón de orejas a Pedro cuando le dice: “Pedro, tú siempre fuiste irritable; ahora veo que te pones en contra de la mujer, como lo hacen nuestros adversarios. ¡Pues bien! Si el Maestro la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Seguramente, el Maestro, la conoce muy bien… Él la amó más que a nosotros” . En el Evangelio de Felipe, otra información sorprende a los oídos menos atentos: “La compañera de Cristo es María Magdalena. El Señor amaba a María Magdalena más que al resto de los discípulos, y repetidas veces la besaba en la boca. Los discípulos le dijeron: ¿Por qué la amas más que a nosotros? El Salvador respondió diciendo: ¿Cómo es posible que yo no les ame tanto como a ella?” (Página 63,34-64,5) . El apócrifo Perguntas de Maria y otros escritos de la época revelan que ciertos gnósticos admitían que Magdalena fuera amante, pareja sexual o esposa carnal de Jesús. Esta opinión es considerada exagerada, y está respondida en Pistis Sophia. Estos textos nos colocan, inevitablemente, en la discusión referente a la relación matrimonial entre Jesús y Magdalena. La discusión sobre esa temática se a ampliado en los últimos decenios. Han sido planteadas muchas hipótesis. ¿Qué decir de todo ello? Seguramente la duda siempre permanecerá. De los evangelios canónicos deducimos que Jesús era muy cercano a las mujeres, despreciadas por las corrientes machistas de la sociedad judía. Jesús fue humano con ellas, se mostró compasivo con Marta y María, liberó a Magdalena de la posesión diabólica, etc. Dos evangelios apócrifos revelan un Jesús que no solo está cercano a las mujeres, sino que las ama con su sexualidad, no necesariamente genital. Para los gnósticos, la unión entre masculino y femenino se la entendía en la esfera espiritual de superación de la división corpórea. Se veía a Jesús y a Magdalena como ejemplo de esa integración. El beso entre ellos es la expresión de ese deseo espiritual. Por eso, se dice que el beso transmitía el saber. Una persona se transformaba en la otra. Así, Magdalena podía transmitir las enseñanzas del Maestro/Amado.

Ese modo de explicar el hecho del beso no tiene como objetivo de suavizar nuestra visión ‘puritana’ y ‘negativa’ del cuerpo ni decir que el beso entre ellos era simbólico. También son posibles otras explicaciones. Lo que debemos de comprender es que en los apócrifos, se ve a Jesús como a un hombre que ama a una mujer, como todos los hombres de su tiempo. ¿Hay en ello algún error? Jamás Jesús tuvo prohibido esa relación humana y divina. Hasta podría haber dicho que algunos, para dedicarse de forma total al Reino, pueden optar por una vida sin relación sexual. No hay duda que eso sea posible. Por otro lado, no podemos negar el cuerpo. La sexualidad está en todos nosotros. En nuestras relaciones siempre necesitamos despertar el Eros. Jesús supo hacer eso; no necesariamente de forma genital. Así, creo en el amor entre Jesús y Magdalena. Un amor que integra todo en todos. Un amor sublime y humano.

4. Magdalena versus María

Los apócrifos rescatan a Magadalena como Mujer integrada, líder, apóstola de la primera hora del cristianismo. María, la madre de Jesús, de la misma manera es la mujer que tiene intimidad con Jesús, como la del hijo respecto al maestro. Es sorprendente el hecho de que María, y no la Magdalena, tuvo el primero contacto con Jesús resucitado. En ese momento, ella exclamó: “¡Así que, resucitaste, hijo mío! ¡Feliz resurrección!”. Después de la muerte de Jesús, María organiza a los apóstoles y los envía a la misión. Se presenta a María como apóstola. Se ve su liderazgo ya desde que era niña, cuando vivió en el templo como consagrada.

Por otro lado, en relación al cuerpo, los apócrifos, en este caso, cristianos, y no gnósticos, presentan a María como virgen, santa y pura desde el nacimiento. Desde una perspectiva de género, estos textos no nos ayudan mucho. Ver a una mujer solamente en esta perspectiva no ayuda en la liberación de preconceptos contra la mujer.

5. En el final de nuestra reflexión: Magdalena, Pedro… somos nosotros

El conflicto entre Pedro y Magdalena, presente en los textos apócrifos, debemos comprenderlo de forma crítica. Más que revelarnos una oposición y rechazo entre esos dos personajes importantisísimos del cristianismo emergente, sus actos, verdaderos o no, revelan la disputa política del poder eclesial de las comunidades que ‘crearon’ esos textos y los atribuyeron a ellos. La literatura alternativa gnóstica contribuyó grandemente para la creación de estos textos.

María Magdalena pasó a la historia como el símbolo de la mujer que rescató la castidad. Ella se arrepintió, llegando a parecerse a María, la madre de Jesús, que era virgen casta, antes, durante y después del parto. Esos modelos de mujer, basados en el cuerpo y en su anulación, no son los más logrados para nuestros días, a pesar de que la tradición insista en perpetuarlos. La afirmación de que “Magdalena no era prostituta” puede sonar extraña para los oídos que están acostumbrados a la afirmación contraria. El rescate de la otra Magdalena beneficia la liberación de nuestros cuerpos. Seríamos injustos con esa mujer, si continuásemos perpetuando su función histórica de ‘pecadora, prostituta arrepentida’.

Magdalena fue una mujer de fe. Enfrentó los desafíos. Estuvo al lado de Jesús y lo amó profundamente. Magdalena es de Magdala, la ciudad de la Torre. Magdalena es de todos nosotros. Mujer que lleva en su sangre la esperanza de días mejores en la relación hombre-mujer. Magdalena aprendió de Jesús que eso se hace con justicia social, pero también con amor integrado, con pasión y ternura, vigor y carisma.

La lectura de género aplicada a los apócrifos nos ayuda a comprender nuestros cuerpos en relación. Magdalena siempre será eterna. Prostituta o no. Mujer apasionada. Mujer del pueblo. Exaltada para ser despreciada. Despreciada para ser acogida por Dios, en Jesús. Magdalena vive y vivirá eternamente, porque Jesús vive dentro de ella. Él no murió. Magdalena vive… Pero, el apócrifo, impide que la vida viva, pero él también vive dentro de nosotros. ¡Nosotros, Pedros y Magdalenas, tenemos que vivir! Antes, a pesar de todo, muchas Magdalenas y Pedros tendrán que morir dentro de nosotros…

Jacir de Freitas Faria
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30710-350
Brasil

 

Ver LAYTON, Bentley, As escrituras gnóstica, São Paulo: Loyola, 2002, p.17.

Ver FARIA, Jacir de Freitas, O outro Pedro e a outra Madalena segundo os apócrifos. Uma leitura de gênero, Petrópolis: Vozes, 2ª edição, 2004, p.36-51.

Ver PINERO, Antônio, O outro Jesus segundo os evangelhos apócrifos, São Paulo: Paulus/Mercuryo, 2002, p.109.

Para una comprensión del evangelio de María Magdalena, vea nuestro libro: As origens apócrifas do cristianismo - Comentário ao evangelho de Maria Madalena e de Tomé, São Paulo: Paulinas, 2003.

Ver LELOUP, Jean-Yves, O evangelho de Maria: Miriam de Mágdala, Petrópolis: Vozes, 1998.

Leví en hebreos significa mi corazón. Corazón para el semita tenía la connotación de razón y sentimientos integrados.

Ver Pistis Sophia, ANT I/V, 413.415, citado por SEBASTIANI, Liliani, Maria Madalena: de personagem do evangelho a mito de pecadora redimida, Petrópolis: Vozes, 1995, p.61.

Ver Pistis Sophia.

Ver Vangelho de Filippo Página 32, Pampolini, Geno, La Fatica della Storia; I vangeli apocrifi, Turim: Einaudi, 1990, p.517.

Ver Adv. Haer. 78,8, citado por SEBASTIANI, Lilian, Maria Madalena de personagem do evangelho a mito de pecadora redimida,Petrópolis: Vozes, 1995, p.57.

Ver LELOUP, Jean-Ives, idem, p.39, Página 18,7-14.

Ver MÉNARD, J.E., L’Évangile selon Philippe - Introduction, texte, traduction e commentair, Strasbourg, 1967, p.67.

Citado por PINERO, Antônio, O outro Jesus segundo os evangelhos apócrifos, p.113.

 

 
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