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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

La revelación de “estas cosas” a los pequeños (Mateo 11,25-26)

Elsa Tamez

Resumen
En este artículo la autora propone recordar los fundamentos que impulsaron la creación de la revista RIBLA: acompañar la lectura popular de la Biblia. Para ello analiza el texto de Mateo 11,25-26 en el marco de la interpretación de la comunidad de Solentiname y de la recepción del texto en la academia. Termina recordando el desafío siempre vigente a biblistas de América Latina: hacer de las ciencias bíblicas un instrumento al servicio de la lectura popular o comunitaria de la Biblia, sabiendo que esta tarea será mucho más eficaz si se escucha primero a la gente sencilla.

Abstract
In this article, the author seeks to remember the fundamental concerns that motivated the creation of the journal RIBLA - to accompany the grass roots reading of the Bible - by analizing Mt 25-26 in the light of the interpretation of this text in the Soletiname community and its reception in the academy. The article concludes by reminding us of the ever present challenge to Biblical scholars in Latin America: to make the science of Biblical studies a tool at the service of the grass roots or community reading of the Bible, while realizing the task will be much more effective if we first listen to the people.

En una iglesita humilde rodeada de árboles de cacao, ubicada en el caserío de Papaturro, un grupo de Solentiname comparte el evangelio con la gente del lugar. El texto bíblico elegido es el de Mateo 11,25-26, que dice: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús dijo, ‘Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra porque ocultaste estas cosas a sabios y entendidos y las revelaste a los pequeños. Sí padre, pues así ha sido tu beneplácito’”. El grupo, coordinado por el padre Ernesto Cardenal comienza el diálogo sobre el texto. El contexto en Nicaragua es de guerra contra la dictadura de Somoza a finales de los 70.

Ernesto Cardenal le pregunta a Olivia: - ¿Qué decis vos, Olivia? Y ella responde: - A mí me parece que Jesús dice que la sabiduría del mundo para Dios no vale... Porque me parece que es una sabiduría basada en el dinero. El que no tiene dinero solo puede tener una sabiduría espiritual. El dinero es la base de esa otra sabiduría, y por lo tanto es una sabiduría contraria a la igualdad, al amor.

Felipe por su parte comenta: “Yo estoy viendo lo mismo que dice doña Olivia, que los que se creen sabios son en realidad de clase alta, los que pueden estudiar para ingenieros, para bachilleres, lo que sea. Y en realidad su sabiduría es para la desigualdad, para sus negocios.”

Más tarde el mismo Felipe observa: “Y en realidad la verdadera sabiduría es la que uno aprende para amar a su prójimo, aprende para compartir con él. En ideas, y en bienes también. La sabiduría falsa es la que uno aprende sólo para los bienes personales de uno”.
Un anciano de Papaturro interviene: “Es la sabiduría del egoísmo, ¿no?”

Elbis contesta, “Pero también a veces nosotros, los que tenemos el privilegio de haber recibido la otra sabiduría también somos egoístas y no la compartimos. Es necesario, a mi juicio, que la repartamos, y que trabajemos para que llegue a todos.”

En este vol.50 de RIBLA me pareció importante recordar los fundamentos que impulsaron la creación de la revista: acompañar la lectura popular de la Biblia; es decir, utilizar la ciencia bíblica al servicio de la relectura popular (comunitaria o pastoral). Ello implica que la exégesis y la hermenéutica tenga como punto de partida la opción por los excluidos y excluidas. Aludir a Mt 11,25-16 se presta para esto pues este texto marca esa manera extraña de ser de Dios de preferir a la gente sencilla.

La interpretación de los de Solentiname

El comentario de la gente de Solentiname es espontáneo y sencillo. Y es que para los no “profesionales de la Biblia” este texto presenta palabras obvias que casi se entienden por sí mismas. Tal vez por eso los comentaristas de Solentiname no se centran en las palabras obvias. El nivel de la discusión se vuelve, en cierto sentido, más sofisticado. El nivel de la denotación del discurso (Jesús alaba al Padre porque revela “estas cosas a los pequeños” y no a los sabios) se pasa de largo y se opta por profundizar en algo que el texto apunta solo indirectamente. El diálogo se centra en la sabiduría. Es un giro nuevo en el texto pues éste en realidad no habla de sabiduría sino de que a los sabios se ocultan “estas cosas”. La frase “estas cosas” reveladas a los pequeños se convierte en sabiduría que los sencillos reciben. Parece ser que hay un supuesto que lleva a concentrar el tema en la sabiduría y es que justamente por causa del ser sabios, del tener sabiduría, se les ocultan “estas cosas”. De allí el enfoque en esta sabiduría como obstáculo. En los diálogos se observa que se distingue entre sabiduría falsa y verdadera, la del mundo y la espiritual, aquella basada en el dinero que crea desigualdades y aquella basada en el amor y la igualdad; la egoísta y la que se comparte. Llama la atención el hecho de que no hacen alusión explícita “al ocultamiento” deliberado de esa sabiduría a los sabios y entendidos, siendo que la lectura se hace en un contexto polarizado y conflictivo.

Lo más sorprendente de la interpretación es que sin ningún problema ni comentario, esta gente sencilla automáticamente se ubica dentro de los privilegiados de haber recibido la sabiduría que vale ante Dios. Dice Elbis: “...los que tenemos el privilegio de haber recibido la otra sabiduría también somos egoístas y no la compartimos”. Eso ni se discute, se sobreentiende. El texto lo dice claramente para ellos. Se reconocen como depositarios de esa sabiduría de Dios porque se reconocen como pobres, humildes y sencillos. También ven el peligro de que esa sabiduría recibida se convierta en sabiduría egoísta si se guarda solo para ellos y no se comparte. De acuerdo a Elbis, se debe repartir y trabajar para que llegue a todos. Se deduce que esa sabiduría es el compartir el evangelio liberador de Jesucristo. Para eso llegaron a Papaturro.

El texto

Mateo 11,25-26 aparece al inicio de tres dichos de Jesús (logia) independientes que Mateo unió (11,25-30). Este dicho (logion) de acción de gracias junto con el siguiente verso sobre la relación del Padre y el Hijo (v.27) proceden de la fuente Q (en Lc 10,21-22), el tercer dicho sobre el descanso que ofrece el seguimiento de Jesús a los cansados de sus trabajos y cargas (v.28-30), aparece solo en Mateo. Contrario a lo que algunos piensan los dichos no son inconexos, en la redacción de Mateo tienen una relación muy estrecha que refuerza la esencia misma del dicho que habla de la revelación de “estas cosas” a los pequeños (nepioi). O sea, todos los demás dichos apuntan hacia la doxología de Jesús del 11,25-26. Incluso hay una relación estrecha con la perícopa anterior, Mt 11,20-24, en la cual Jesús recrimina a las ciudades por no haberse convertido, a pesar de los milagros que él hizo. El término “responder” (apokritheis) que aparece en v.25 (“en aquel tiempo, respondiendo Jesús dijo...”) tiene un acento polémico en los evangelios. Las ciudades no fueron capaces de reconocer a Jesús como el Mesías En las ciudades están las élites seculares y religiosas que se distinguen del pueblo sencillo. La secuencia de los tres dichos siguientes (11,25-30) invita al lector a no ver como una derrota de Jesús el que en las ciudades no se hayan reconocido las señales del Mesías. Al contrario, al ser una alabanza a Dios por revelar estas cosas” a los pequeños, esta oposición entre “ciudades” (v.20) y pequeños (v.25) señala la singularidad del evangelio que es la buena nueva para los excluidos.

El segundo dicho (v.27), bastante teológico y de tinte joanino, se une al primero (11,25-26) por los términos “Padre” y “revelar”. “Todo me ha sido entregado por el Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. A nivel de los sentidos, este dicho comenta el dicho anterior, es decir, quiere explicar cómo Dios revela al Hijo y el hijo a los suyos. Indirectamente leemos que para conocer a Dios hay que reconocerlo en el Hijo. El tercer dicho, de lenguaje sapiencial, invita a fatigados y sobrecargados a seguir a Jesús y aprender de él. El sentido de este logion se vincula al primero al presentarse Jesús también como manso y humilde de corazón, como un “pequeño”; este dicho daría a entender que la revelación de “estas cosas” a los pequeños no es para guardarse sino para ponerla en práctica y seguir profundizando en ella.

Todo lo mencionado hasta aquí lleva a afirmar la centralidad de la revelación de “estas cosas” a los pequeños, en esta sección del evangelio de Mateo. “Estas cosas” se refiere a la presencia de Jesús como Mesías que anuncia e inaugura con sus obras el Reino de Dios. El término “pequeños” (nepioi), literalmente significa “infantil”, “menor de edad”, metafóricamente significa “ignorante”. Aquí en el texto el sentido es claramente metafórico ya que lo contrasta con “sabios y entendidos”.

El dicho de Mt 11,25-26 es presentado bellamente en estructura quiástica.
A   Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra
B    porque ocultaste estas cosas a sabios y entendidos
            B’   y las revelaste a los pequeños.
A’  Sí, Padre, pues así ha sido tu beneplácito”.

En A la frase “te alabo” (eksomologoumai) en griego tiene la fuerza de las fórmulas de confesión, es de hecho una confesión de fe y no solo una simple alabanza o doxología. Esto indica la potencia de un credo. El credo aquí es que Dios revela el misterio del Reino de Dios a la gente ignorante, y no a quienes se espera, de acuerdo a los parámetros de las élites de la ciudad, es decir a los sabios y educados. El Padre quien está íntimamente relacionado con el Hijo (v.27), es nombrado Señor del cielo y de la tierra, es, por lo tanto no solo creador sino soberano. En B y B’ aparece la razón de la doxología de Jesús: su soberanía frente a los sabios y entendidos, que esperan o creen ser los depositarios del misterio de Dios, se manifiesta en la preferencia de su revelación a los ignorantes. Con esto los educados quedan en vergüenza frente a los ignorantes, en este caso los campesinos (al contraponerlo a las ciudades). Jesús alaba al Padre no tanto porque oculta a los sabios “estas cosas” (aunque no se puede negar cierto placer frente a este hecho inesperado) sino porque la soberanía o señorío de Dios se manifiesta en la solidaridad con los pequeños.

En un principio los sabios y entendidos para Israel eran diversos grupos, entre ellos maestros, miembros de sectas (por ejemplo los del Qumrán) o de grupos apocalípticos (en Daniel 2,20-23 se alaba por dar la sabiduría a los sabios), los letrados etc., pero, como indica Luz, “En el curso del tiempo, el lenguaje primitivo judío se hizo más ‘técnico’: los sabios son un determinado grupo, una clase social que se contrapone al pueblo ‘ordinario’”. El cierre con A’ apunta nuevamente a la identidad de este Dios, su manera de ser: Dios se complace con ser de esa manera inesperada para los paradigmas de las sociedades estratificadas. En el cierre el Padre (A’) y el Hijo (A) se unen “sentimentalmente” por el hecho de la revelación a la gente sencilla: uno alabando-confesando y el otro teniendo un gran beneplácito. Esta confesión alegre de Jesús y esta complacencia alegre de Dios forman el marco de la centralidad de los destinatarios de la revelación de “estas cosas”. De hecho, la alabanza-confesión está cargada de alegría. Lucas lo expresa abiertamente al introducir el dicho con las siguientes palabras: “En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo....”.

La recepción del texto en la academia

La centralidad de este dicho o logion de Q se fue desdibujando a través de la historia a medida que el círculo de los seguidores de Jesús abarcaba cada vez más gente sabia y entendida y menos campesinos. Ya hacia el año 85, la comunidad de Mateo verá en “los pequeños” del v.26 a su pequeña comunidad y no tanto a los ignorantes. El v.27, como dijimos arriba será una “dicho-comentario” que Mateo aplicará, y con razón, a los suyos, el Hijo da a conocer el Padre a quien quiera revelarlo, aquí a la comunidad mateana. El autor de Mateo actualizará el dicho de Q a su contexto y lo que le parece pertinente: su comunidad pequeña (micros) y perseguida, en la cual, muy factible, se incluye en ella a sus escribas. Con esto se reduce el destinatario “pequeños” (v.26) que originalmente es “gente no preparada intelectualmente”, a una comunidad pequeña y perseguida, independientemente de ser sabia y entendida. Esto está bien, es el proceso de la relectura que marca la pertinencia del mensaje. Sin embargo, hay que reconocer que ya hay una cierta reducción.

Parece que el v.27 ha eclipsado la centralidad de v.25-26 en la historia de la interpretación. En la patrística (entre ellos Ireneo, Tertuliano, Atanasio, Cirilo de Alejandría, Agustín), casi ni se toma en cuenta este dicho, más bien se lee a partir del v.27 que habla sobre la relación filial del Padre y el Hijo en lo referente al “conocimiento entregado”, todo ello para debatir sobre el misterio de la Trinidad. Siglos más tarde los estudios de los eruditos en Biblia se centraron en discusiones tales como “el plan de salvación que el hijo conoce”, “la conciencia divina de Jesús”, “el misterio de su personalidad”. En la exégesis actual se discute si el dicho del v.27 es o no es de Jesús. Como se puede ver, aunque las discusiones bíblico teológicas son interesantes, muy lejana está la discusión del sentido original del dicho de Q retomado por Mateo: la revelación del Reino de Dios a la gente sin educación académica.

La recepción del texto en los de Solentiname

En América Latina, la lectura popular de la Biblia rescata este dicho de Jesús en su sentido obvio. Los comentaristas de Solentiname retoman lo esencial del mensaje, sin nada de rimbombancia exegética. Olivia inmediatamente ve en la sabiduría de los sabios y entendidos, una sabiduría que marca la posición privilegiada a partir de la clase. No esta tan equivocada al decir que el dinero está detrás de esta sabiduría adquirida y que marca desigualdades. Las elites de la ciudad en la antigüedad se reconocen por su riqueza, poder y estatus. A ellas pertenecen los educados. Su posición es de superioridad frente al pueblo sencillo, ordinario. Véase como la hermenéutica de Felipe, basada en la experiencia nicaragüense percibe justamente eso.

También los comentaristas de Solentiname observan que la revelación del Reino de Dios a los sencillos no es para guardarla sino para compartirla. A esa conclusión llegan, no por el texto mismo, que no dice nada al respecto en este, sino por su discusión sobre la sabiduría adquirida por entrenamiento gracias a una posición de privilegio. Esta, dicen, se adquiere solo para el bien propio (“bienes personales”). Felipe la califica de “falsa” y un anciano de Papaturro la llama “sabiduría del egoísmo”. Si esto es así, para ellos es obvio que “la revelación” que reciben del Reino es una sabiduría contraria a la de los sabios y entendidos, la reciben por gracia y por lo tanto no marca ni desigualdades y ni puede ser solo para el bien propio. Se adquiere una sabiduría que exige ser compartida. La experiencia de las buenas nuevas del Reinado de Dios no se guarda. Elbis advierte del peligro de esta posibilidad.

Según nuestro análisis del texto arriba, los de Solentiname no se equivocan al ver en la recepción de “estas cosas” la importancia de compartir y trabajar en ellas. Es verdad que no aparece en el dicho de v.25-26, pero en el tercer dicho (v.28-30), que habla de la invitación de Jesús a los cansados y sobrecargados, se invita al seguimiento y a aprender de Jesús. El es el Mesías paciente y de corazón humilde. Uno parecido a los de la comunidad de Papaturro y de Solentiname.

El desafío

Los de Solentiname no saben que han comentado un logion de la fuente Q, ni que está presentado en un hermoso quiasmo, ni que la comunidad mateana redujo los destinatarios de “estas cosas” a su comunidad pequeña que incluía gente educada, como escribas. Tampoco sabe que las otras dos logia siguientes, así como la recriminación a las ciudades refuerzan el dicho que están comentando. Y me pregunto, ¿se han perdido de mucho?, aquello que “nosotros los sabios y entendidos” hemos aprendido de los libros de ciencias bíblicas en nuestros estudios? Pienso que este número 50 de RIBLA puede ser una oportunidad para repensar nuestra labor en el acompañamiento de la lectura popular de la Biblia. No vaya a ser que a nosotros y nosotras, biblistas de América Latina se nos empiezan a ocultar “estas cosas”, por nuestro entusiasmo con todos los avances en la academia de las ciencias bíblicas y se nos vaya de las manos lo esencial del mensaje sencillo y espontáneo de Jesús. Este es verdaderamente un riesgo, lo observamos en la historia de la influencia del texto. .

Los de Solentiname comentaron este texto allá por el año 1979. ¿Será que lo comentarán de manera totalmente diferente ahora en tiempos postmodernos donde las verdades absolutas son cuestionadas y la subjetividad tiene su espacio? En parte sí, pero no en lo esencial. La situación en Nicaragua ciertamente ha empeorado, los pobres son más pobres en número y en pobreza y los ricos son menos en número pero más ricos. Lo que no hay seguramente, es ese espíritu revolucionario, de lucha y optimismo, que estaba muy presente en sus diálogos y hacía fácil ver la solidaridad de Dios con ellos y el seguimiento de Jesús. Sería muy interesante saber cómo interpretarían estos textos ahora en tiempos con horizontes nada halagüeños para la gente sencilla del pueblo.

Reconocemos que el estudio científico de la Biblia es indispensable en nuestro medio para evitar el fundamentalismo de cualquier tipo; por esa razón el desafío sigue vigente: hacer de las ciencias bíblicas un instrumento al servicio de la lectura popular de la Biblia, sabiendo que esta tarea será mucho más eficaz si escuchamos primero a nuestra gente. Esto será solo posible si creemos y con alegría que Dios ha revelado el misterio del Reino de Dios a los pequeños y que Dios se complace inmensamente por ello.

Elsa Tamez
apartado postal 389-2070
Sabanilla
San José
Costa Rica

El diálogo es sacado de CÁRDENAL, Ernesto, El evangelio en Solentiname, Costa Rica: DEI, 1979.

Este texto también es de Q. Posiblemente la secuencia de Mateo corresponde a la de Q. Lucas no sigue esa secuencia, la incluye después (Lc 10,13-15). Mateo la une con la frase “en aquel tiempo”.

BONNARD, Pierre, Evangelio según San Mateo, Madrid: Cristiandad, 1976, p.257.

Según Luz, se trata de un dicho-comentario postpascual; la comunidad leería en v.25-26 lo que el Padre entregó al Hijo y este a los suyos (LUZ, Ulrico, El Evangelio según San Mateo - Mt 8-17, Salamanca: Sígueme, 2001, vol.2, p.280).

LUZ, Ulrico, El Evangelio según San Mateo, p.278.

Compare LUZ, Ulrico, El Evangelio según San Mateo, p.281.

Luz, el experto en el evangelio de Mateo, hace un recorrido por la historia de la influencia de v.25-30 en Mateo. De allí sacamos algunos datos de nuestras afirmaciones (LUZ, Ulrico, El Evangelio según San Mateo, p.272-276).

Tampoco se reflexiona sobre la Trinidad, cuando se menciona el v.27 que habla del Padre y el Hijo. Olivia es la única que interviene con sabiduría al decir que cuando se ama verdaderamente al prójimo se ve a Dios, porque Jesús en eso lo da a conocer (CÁRDENAL, Ernesto, El evangelio en Solentiname, p.143).

 

 
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