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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Los caminos de la teología y de la anti-teología en el libro de Job

Luiz Alexandre Solano Rossi

 

Resumen
El libro de Job quiere mostrar que el sufrimiento del pobre no es una realidad escandalosa. Frente a una historia humana frecuentemente dominada por los malos y violentos es necesario rever la teología de la retribución y la teología de la prosperidad, a fin de que no construyamos una anti-teología que niegue el sufrimiento del pobre. ¡El justo también puede sufrir!

 
Abstract
The Book of Job aims to show the suffering of the poor is not a scandalous reality. Considering a human history frequently dominated by the bad and violent men it is necessary to revise the repayment and the prosperity theology in order to avoid the construction of an anti-theology which denies the suffering of the poor. The poor can suffer too!

 

Se puede afirmar que el sufrimiento del inocente es una ocasión que abre la puerta del drama en la narrativa de Job. Los amigos de Job (Elifaz, Bildad y Zofar) y más aún el conservador, un tanto atrevido (Eliú) se enfrentan ferozmente por una tesis: la de que el justo de Dios no sufre, no tiene padecimientos, no experimenta provocaciones y ni opresiones (4,6-8). En todo momento lanzan al rostro de Job que, si él pasa por dificultades y sufrimientos atroces, es porque está en pecado  (5,8; 8,4; 22,23). Sus amigos defienden la teología tradicional sapiencial que desea defender a Dios a costa del ser humano, aunque este sea despojado y sufra injustamente. Pero, Job rechaza todas estas provocaciones (21,30-34), calificando a sus amigos como mentirosos y diciendo que los tres son inventores de mentiras y consejeros de fracasados (13,4-5), consoladores que solamente saben molestar (16,1).

Los amigos argumentan según la tradición, acusan con el objetivo de defender su teología, no progresan en la discusión. Pero Job reflexiona a partir de su propia realidad en que vive y por eso su discurso presenta características innovadoras. ¿El Dios que presentan sus amigos sería en realidad el Dios verdadero? Durante el recorrido del libro percibimos que en los discursos de los amigos no hay alusión a la realidad que vive Job y mucho menos al problema de la injusticia que él había expuesto. Tal vez esa situación esté confirmando, como en tantos otros lugares del libro, que los discursos de los amigos representan la teología del orden y de la sumisión a un destino providencial que regula el cosmos, pero que no enfrenta las injusticias que padecen los seres humanos. Los amigos tienen, por lo tanto, ¡discursos típicos de ciertas prácticas consoladoras!

Cada amigo de Job hace tres discursos, que hacen un total de nueve. A cada discurso de sus amigos, Job da una respuesta conveniente y apropiada. Al final, hasta el mismo Dios respondió a los discursos de esos tres amigos (42,7-8). Los discursos de Elifaz, Bildad, Zofar y Eliú están recargados de bellas palabras, de aparente humildad, de afirmaciones elocuentes y grandiosas y todo eso con el propósito de defender a Dios. Pero son, en verdad, palabras que componen una antiteología. La antiteología se parece mucho con la teología, pero no es teología. Una parábola puede ilustrar esa situación muy bien. Mateo habla de dos casas (7,24-27): una construida en la roca y otra en la arena. Eran iguales en todo y servían de igual manera para cobijar a sus habitantes. La diferencia radical se mostró a la hora de la tempestad. Así es la antiteología de los cuatro interpeladores y críticos de Job. Sus bonitas y elocuentes palabras nacen de una visión distorsionada de Dios. Por eso, Job representa la teología, y sus cuatro opositores, la antiteología. Hoy en día, también se presentan muchas cosas como teología, pero no pasan de ser una caricatura de la teología. La teología es la confesión de fe en un Dios liberador que exige que tengamos con Él una experiencia viva y liberadora, fundamentada en hechos claros y seguros, hechos que sean capaces de guiarnos con firmeza a un conocimiento del Dios liberador. La antiteología desplaza a Dios del centro exacto en que debe estar y, de una u otra forma, coloca al hombre como si fuera el punto de partida para el conocimiento de Dios. La teología presenta lo que Dios piensa sobre el ser humano. La antiteología presenta lo que el ser humano piensa de Dios (42,7-9). También, percibimos una espiral de violencia discursiva en cada una de las palabras de los amigos de Job. Las palabras se hacen cada vez más agresivas. Los ataques se vuelven violentos y brutales. Aunque los discursos se presenten con una gran fuerza, Job nunca se da por vencido. El no se calla, sino que reacciona y rechaza la antiteología, que sus amigos le presentan con colores bellos.

Pecado y retribución eran uno de los problemas que más preocupaba a los sabios israelitas. También podemos observar esa preocupación en el libro de los Proverbios, libro que participa de esa concepción tradicional según la cual el mal es el castigo por el pecado y la retribución se aplica justamente en esa vida.  Por lo tanto la experiencia de lo cotidiano exige una lectura mejor. La realidad rechaza esta visión del destino humano. También los buenos sufren o mueren sin gozar de ninguna felicidad; los impíos triunfan en la vida, gozan y disfrutan de las riquezas y los placeres. Los sabios de la época bíblica  aguzaban su percepción teológica para hallar una solución a esta situación aparentemente paradójica, pero lo que consiguieron producir fue solamente una concepción negativa de Dios. La situación se volvió tan compleja que la expresión formulada por Epicuro y citada por Lactancio, se volvió emblemática: “Si Dios quiere erradicar el mal y no puede, es impotente; si puede pero no quiere, es cruel para los seres humanos; si no quiere y no puede, es impotente y cruel; si quiere y puede, ¿entonces por qué existe el mal y no se lo aniquila?” (apud TERNAY, 43).

Pero no aislemos el pensamiento bíblico, ya que también el pensamiento oriental había planteado el mismo problema (hay versiones sumerias y acádicas del tema sobre el “justo sufriente”), pero las soluciones que se dan son totalmente negativas. En esa situación de respuestas que no encajan el libro de Job desea esbozar una salida: no todo mal es el castigo por una falta o un pecado; también el justo puede sufrir. Dios desea que los justos vivan la vida en tranquilidad y felicidad, pero algunas veces ni Él mismo consigue que esto se realice. También los inocentes sufren en esta vida. Les suceden cosas peores de las que merecen: pierden los trabajos, vienen las enfermedades, sufren sus hijos. Cuando ocurre esto, no significa que Dios esté castigándolos por algo que hicieron  errado. Las desgracias nunca provienen, absolutamente, de Dios. Dios no es la causa de la tragedia ni tampoco es nuestro adversario. Al contrario, se presenta como nuestro aliado y la fuente donde podemos encontrar la fuerza para soportar, y la capacidad para superar los problemas y la determinación de continuar en dirección a los objetivos que tenemos cada uno.

Con su rebeldía, Job trata de responder a una de las cuestiones fundamentales que está presente en el texto, es decir, lo relacionado con la teología de la retribución. Según esa teología, Dios da la riqueza a algunos y a otros la pobreza. De esa manera, los ricos son ricos y continúan ricos porque son justos. Y los pobres son pobres y posiblemente continuarán pobres porque no confiaron en la justicia de Dios, o sea, son pecadores.

Podríamos decir que la vida sin sufrimiento solamente existe en sueños, pero no en la realidad. No es de extrañar que una vida saludable integra el sufrimiento, pero no de una forma dolorosa, sino como el efecto de la injusticia humana y como el punto oscuro de una existencia limitada que, en último caso, hace sufrir por que las cosas no se dan de otra manera. No es posible exorcizar el sufrimiento hacia fuera de la historia humana bajo el riesgo de dejar de ser humanos. Y, a causa de esto, debemos estar atentos a las teologías que todavía surgen en el ámbito cotidiano eclesiástico.

La “teología de la prosperidad” es una posible expresión de la teología de la retribución en el ambiente eclesiástico pos-moderno. Esta es una teología que afirma que el plan de Dios para el ser humano es hacerlo feliz, bendiciéndolo, saludable y próspero en todo. Pero, ¿dónde estaría la complejidad de esta afirmación? Su complejidad reside justamente en el hecho de que para esa teología, solo los que no tienen fe no serán prósperos financieramente ni tendrán salud ni serán felices en esta vida. Estos son los que no cumplen lo que dice la Biblia respecto a las promesas divinas y que están envueltos con el diablo, es decir, que están en pecado.

La posesión, la adquisición de bienes, la salud, las buenas condiciones y la vida sin mayores problemas se presentan como pruebas de espiritualidad y de fidelidad a Dios. Se valoriza, la fe en Dios como el medio de obtener la salud, la riqueza, la felicidad, el éxito y el poder terreno. Los males significan la falta de fe, incapacidad en confesarla, o son el resultado de actos que desobedecen a Dios. Hay situaciones que hacen que los fieles se vuelvan vulnerables a la maldad del diablo.

En esa teología, la salud y la riqueza, siempre representan a la voluntad de Dios para con la persona fiel. Consecuentemente, ¡si el fiel es pobre y/o está enfermo es por ser un pecador! Esa posición teológica es mucho más fácil y simple. Censurar a la víctima es una manera de asegurarnos a nosotros mismos que el mundo está mejor de lo que parece, y que nadie sufre sin que haya una buena razón. Hace que todos se sientan mejor, a excepción de la víctima, que pasa a sufrir el doble con su condición social aumentando la desgracia original. Una de las maneras que encontramos para dar sentido al sufrimiento humano es el suponer que somos merecedores de lo que nos sucede, que de algún modo, las desgracias nos sobrevienen como castigos por nuestros pecados. Este tipo de teología, o mejor diríamos de antiteología, resuelve los problemas de los amigos de Job, pero no resuelve los problemas del propio Job y de los millares de Job que continúan naciendo.

Se debe dar una señal de alerta para que el cristianismo no corra el riesgo de perder su sensibilidad para con el sufrimiento humano. Cualquier teología que no parte del sufrimiento del inocente no dejará de ser el lenguaje de los amigos de Job, es decir, el lenguaje de los consoladores inoportunos que prefieren defender a Dios antes que dejarse interpelar por el dolor del hermano que sufre y que, en realidad, no defienden a Dios, sino a sí mismos y a su sistema teológico.

Es necesario tener un cierto cuidado con las teologías que andan por nuestros espacios eclesiales. Muchas funcionan como una antiteología. No hablan de Dios, sino de un anti-Dios. Por eso podemos decir que toda teología cumple algún papel social en la organización social. No existe una teología neutra por más intentos que hagamos en construirla. Toda la teología habla a partir de su propio lugar social. ¿Cuál es la función social de la teología? ¿Cuál es su mensaje? ¿Quién es el sujeto que está detrás de su construcción? ¿Qué intereses defienden? Estas son algunas preguntas que no podemos dejar perdidas en nuestras cabezas sin correr el riesgo de andar por caminos de antiteología. A fin de cuentas en Job, ¡Dios y el sufrimiento no son contradictorios! Así, es inapropiado leer a Job como si fueses una teología apocalíptica, convencidos de que el presente se desarrolla bajo el signo de la tribulación y del desasosiego, demoliendo lo existente para en su lugar, construir una nueva y perfecta orden de relaciones y, finalmente, instaurar una alegría sin fin. Por eso, debemos leer a Job como si fuese una teología de la historia humana, es decir, Job permanece en la historia y busca, insistentemente, no la eliminación catártica pura y simple del dolor, sino fundamentalmente su interpretación teológica.

Siguiendo la teología de la retribución, los maestros y doctores de la religión pedían paciencia a los justos que estaban sufriendo. Los sufrimientos eran pasajeros y su fidelidad y paciencia serían recompensadas al final de todo. De esta manera se pasa a colocar a Dios en los cielos con el objetivo primero de vigilar para retribuir a cada uno de acuerdo con la ley. Por lo tanto, en los moldes de la teología de la retribución, era inconcebible pensar en un Job pobre y miserable que simultáneamente fuera justo e íntegro. De esta manera, la situación concreta de una persona, es decir, su prosperidad o su desgracia se entendían como indicadores de su práctica. Y de sus acciones. Pensando así es significativo el hecho de que el libro de Job esté dentro del canon, ¡ya que es un texto que representa una crítica a la sabiduría tradicional y a la teología teórica de su tiempo!

Nos encontramos frente a una nueva tesis: no todo mal es el castigo por una falta cometida. También puede sufrir el justo. De hecho, el libro de Job quiere mostrar que el sufrimiento del justo no es una realidad escandalosa. ¿Acaso no es verdad que muchas veces la historia humana está atravesada por el clamor del justo victimado y del inocente que sufre? También, ¿no es verdad que la historia humana frecuentemente se instaura como un campo de dominación de los malos y de los violentos?

 

Luiz Alexandre Solano Rossi
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Evité notas bibliográficas a lo largo de este artículo. Pero estoy en deuda con algunos autores. Los indico como bibliografía: DIETRICH, Luis J., O grito de Jô, São Paulo: Paulinas, 1996. STORNIOLO, Ivo, Como ler o livro de Jó - O desafio da verdadeira religião. São Paulo: Paulus, 1992. TERRIEN, Samuel, , São Paulo: Paulus, 1994. TERNAY, Henri, O livro de Jó – Da provação à conversão, um longo processo, Petrópolis: Vozes, 2001.

 

 
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